Capítulo 18: "Miedo"

"El miedo es el más ignorante, el más injurioso y el más cruel de los consejeros." (Edmund Burke)

Hermione se dio la vuelta en la cama y abrió los ojos de inmediato. Miró a su alrededor y se pasó la mano derecha por la frente para apartar unos rizos que se habían posado allí. No había sentido esa primera impresión que a veces se daba cuando despertabas en un lugar extraño. Desde el primer momento había sabido donde estaba; en casa de Draco, para variar. Pensó con ironía.

Se deslizó por las sábanas hasta que consiguió poner los pies en el suelo y bufó con fastidio cuando sus pies rozaron la bonita y sin duda, increíblemente cara, alfombra del suelo. Un Malfoy seguiría siendo un Malfoy aunque la vida se le redujera a escombros. Frunció el ceño al mirar a su alrededor buscando la puerta. Todo estaba oscuro. ¿Cuánto tiempo había estado durmiendo? Ni siquiera lo sabía pensó mientras se ponía los zapatos en la más absoluta oscuridad. Su mente le dijo que habían unos preciosos candelabros de plata a ambos lados de la cama, los había visto cuando Draco la había, prácticamente, tumbado para que descansara, sin embargo no quería llamar su atención y pondría la mano en el fuego sin miedo a quemarse a que él aparecería en el momento en el que tuviera un mínimo indicio de que estaba despierta.

Con sensación de torpeza de puso en pie y comprobó en medio del juego de luces y sombras que había en la habitación que no entraba luz por debajo de la puerta. Soltó un poco del aire que había estado conteniendo y abrió la puerta teniendo cuidado de no hacer ningún ruido. No quería cruzarse con Draco en aquel momento, posiblemente si se tomaba una infusión y se tranquilizaba evitaría entrar en su habitación y lanzarle una maldición o arrojarse a sus brazos. Sus labios se movieron formando una pequeña sonrisa. Aún no estaba segura de cuál de las dos opciones era la menos adecuada.

Con sigilo salió al pequeño pasillo que, según se había fijado antes de entrar al baño, daba directamente a la sala de estar. Al llegar allí comprobó que todo seguía a oscuras. Aún no había amanecido, mejor. Draco estaría profundamente dormido y no tendrían que verse. Cuando llegó al lado de uno de los sillones de orejeras que el hombre había situado en medio de la habitación se detuvo e hizo que de la punta de su varita surgiera un pequeño haz de luz, que iluminó tenuemente la sala. Se encaminó a la cocina y sonrió cuando vio que por una de las ventanas se introducían sin pedir permiso algunos rayos de luna.

Sabiendo que aunque encendiera allí una luz, Draco no se enteraría, hizo aparecer una esfera luminosa de tamaño mediano y la dejó flotando en medio de la cocina. Después se dispuso a buscar con paciencia una tetera y alguna bolsita de té por los distintos armarios de nogal. No le sorprendió encontrar el contenido de éstos perfectamente ordenado. El hombre podía haber sido un mortífago, haber jugado con las artes oscuras antes de comprenderlas, podía ser un pedante y desesperar a la persona con mayor paciencia del mundo, ya fuera mágico o muggle, pero había algo que era innegable; Draco Malfoy tenía clase y elegancia. Sólo hacía falta dar una vuelta por esa casa o por la mansión de Londres para darse cuenta.

Casi de manera automática, sin prestar atención colocó una bolsita de té en una taza verde que había encontrado y puso el agua que previamente había echado en la tetera a calentar. Miró a su alrededor y decidió dar una vuelta por la casa. Se dijo que aquello no era cotillear, sino conocer el lugar al que la habían llevado para descansar.

Salió de la cocina con el mismo sigilo con el que había entrado y recorrió con la mirada la sala de estar. Era una habitación amplia comparada con el resto de la casa. Sabía que a Draco no le gustaban los lugares pequeños y la casa, a pesar de parecer pequeña y acogedora desde fuera, por dentro había sido diseñada para que las habitaciones no resultaran agobiantes. Se caracterizada casi por completo por la falta de puertas lo que daba la sensación de estar en todos los lugares de la morada a la vez.

Se acercó a la chimenea situada frente a unos cómodos sillones de cuero negro y desde allí contempló maravillada, a pesar de la poca luz que surgía de su varita, las paredes de ambos lados de la sala. Las dos paredes estaban cubiertas de punta a punta por estanterías repletas de libros. ¡Por Merlín! Ron se diferenciaba de Draco hasta en aquello. Ambos eran como la noche y el día. "Y nunca mejor dicho" pensó. Mientras que Ron no entendía porque según él "perdía" el tiempo leyendo cuando ya no tenían que hacer ningún examen, Draco creaba en su encantadora casita una mini librería en la que poder pasar allí sentado toda una tarde de invierno junto al fuego, leyendo.

Con un suspiro de resignación se giró para observar las fotos que estaban situadas encima de bordillo de la chimenea. Echó una ojeada a aquellas en las que aparecía Scorpius a lo largo de sus dieciséis años. Había una foto de él siendo un bebé, en brazos de Draco moviéndose para intentar coger algo que le hacía objeto que estaba situado detrás de su padre. Ambos estaban rodeados por unos divertidos Pansy, Zabini y Nott. En otra aparecía Draco unos cuantos años más joven sentado en una alfombra que había en el suelo con un bebé regordete de unos siete meses que reía encantado mientras su padre le hacía pedorretas en el cuello. No pudo evitar que se le encogiera el estómago al ver cómo, ambos, padre e hijo levantaban la cabeza y sonreían a la cámara. Mostraban una imagen perfecta; los dos con el pelo rubio y los ojos grises; Scorpius en aquella fotografía era un Draco en miniatura.

Se obligó a apartar la vista de aquella imagen y sus ojos se fijaron en la última foto que había sobre la chimenea. En ella aparecía un Draco joven, Hermione calculó que tendría dieciséis años, con la cúpula de Slytherin, pero lejos de ser una de esas imágenes serias en la que todos miraban a cámara totalmente rectos y sin apenas sonreír, aquella fotografía llamaba la atención porque irradiaba felicidad. Pansy aparecía tumbada boca abajo en una cama, supuso que de la habitación de los chicos, mirando entretenida como Draco jugaba al ajedrez mágico con Nott en el suelo hasta que de repente se sobresaltaba al caer en la cama en la que ella se encontraba Zabini riendo a carcajadas y a él se le unían Draco y Nott mientras Pansy les lanzaba una mirada furibunda a todos hasta que empezaba ella también a reír, encantada.

Sonrió al ver la imagen y recordó aquella vez en la que había salido de una clase riendo con Harry y Ron por algo y había sentido los ojos de Draco en su nuca. Aquello había ocurrido poco después de que hubiera descubierto que para ella la Amortentia olía exactamente a él.

"Harry, Ron y ella aun continuaban riéndose de las orejas de burro que le habían salido a Goyle en la clase de Transformaciones cuando sintió la mirada de alguien clavada en su nuca. Se había girado levemente sin que sus amigos se dieran cuenta de que lo hacía y había comprobado que se trataba de Malfoy. Entonces no supo por qué pero poniéndoles a sus amigos una pobre escusa había vuelto al aula en la que ya sólo se encontraba Draco apoyado despreocupadamente sobre la mesa que había utilizado.

La muchacha entró aparentemente sin prestarle atención y se dirigió hacia el pupitre que había utilizado durante la clase. No sabía qué demonios estaba haciendo allí. Por Merlín aquello eran ganas de buscar problemas, pero estaba furiosa con él. Furiosa por cómo la había sujetado de aquella manera al lado del lago, furibunda por lo que había descubierto y frustrada porque Malfoy no parecía alterado en absoluto. Desde luego, quería pagar con él parte de esa rabia.

No tuvo que esperar mucho para que él hablara.

-¿Qué, Granger, inventándote una excusa para estar a solas conmigo? –

Draco la había mirado con intención de que se enfadara. No le gustaba nada la actitud que estaba manteniendo con él desde su último encuentro en el lago. Prácticamente ni le veía. Cuando había estado lo suficientemente cerca como para escucharlo había soltado sus frases más hirientes y ella ni siquiera había reaccionado, no le había dirigido ni una sola mirada, nada. Bien, podía ignorarlo cuanto le diera la gana pero si conseguía hacerla desconcentrarse durante las clases, Granger no se mostraría tan impasible. Y eso era lo que había estado haciendo durante toda la clase de Transformaciones; socavar su autocontrol. En algún momento debía darse cuenta de que alguien la estaba mirando y eso la haría desconcentrarse.

-Resulta, Malfoy, que él que no ha dejado de mirarme en la hora y media que ha durado la clase has sido tú. –

Draco formó una sonrisa de regocijo que enmascaró con una mirada de suficiencia.

-Me aburría –comentó encogiéndose de hombros, gesto que desesperó profundamente a Hermione. –Y cuando me aburro me da por imaginar las mil y una maneras que conozco para hechizarte. –

Aquella respuesta fue para Hermione como una bofetada en plena mejilla pero si él pensaba que aquello la iba a amedrentar estaba muy equivocado, se dijo. Sin comentar nada se acercó a él en unos cuantos pasos y cuando estuvo lo suficientemente cerca para que Draco pudiera escuchar sus susurros dijo:

-No eres el único que conoce tantas maneras de hechizar a alguien, Malfoy. –comentó con voz tranquila –Que no sea tan estúpida como para utilizar la magia negra no significa que no la conozca y no sepa usarla –sonrió con regocijo al ver como él entrecerraba sus ojos grises preguntándose si aquello era verdad o no –En la biblioteca hay muchos libros… -comentó antes de alejarse de él con la cartera al hombro.

Sin embargo, cuando llegó a la puerta se giró de nuevo hacia el joven.

-Recuérdalo la próxima vez que decidas perder el tiempo intentando desconcentrarme. –

Hermione sonrió satisfecha al cruzar el umbral de la puerta. Era sumamente gratificante dejar a Draco Malfoy sin palabras."

-Scorpius era muy despierto a esa edad –

El sobresalto de Hermione solamente fue equiparable al ruido que hizo el cristal del marco que contenía la foto de Draco y Scorpius riendo, al caer al suelo y romperse.

-¡Maldita sea! –dijo mientras se agachaba para recoger los trozos de cristal que habían salido disparados en todas direcciones. –Lo siento –

Draco sonrió al ver lo atolondrada y preocupada que se encontraba la mujer por haber roto el marco. Era como si se hubiera olvidado de que podía recomponer el desastre con un sencillo conjuro aunque después todo lo que habían vivido aquellos días no le extrañaba que se encontrara confusa.

-Hermione, eso se puede… -

-Lo siento, Draco te juro que ha sido sin querer. En seguida lo recogeré y te compr… -

-¡Suficiente! –exclamó de manera imperiosa el hombre. Pero Hermione no le hizo caso y continuó, de rodillas, recogiendo cristales con las manos a riesgo de costarse. -¡Granger! –

Hermione alzó la cabeza, más sorprendida por el apelativo que por la orden que había en él. Aún no se acostumbraba a que la llamaran por su apellido de soltera aunque viniendo de Draco debería estar acostumbrada. Observó confundida como Draco se acercaba a ella para ayudarla a levantarse.

-Por lo visto se está haciendo una costumbre esto de levantarte del suelo. Y no me gusta –añadió mientras la llevaba cogida del brazo hasta la cocina donde le apartó un taburete para que se sentara.

-Siento haber… -

-¡Basta! –fue la frialdad en su voz lo que hizo que se callara. –Discúlpate una vez más y te lanzaré un hechizo. –Draco entrecerró los ojos cuando vio que ella abría los ojos desmesuradamente –¡Vaya! Veo que ya recuerdas que existe el hechizo "Reparo" –

-Yo… -Hermione frunció el ceño –Me ha venido un recuerdo a la mente y… Ni siquiera me había dado cuenta de que tenía la fotografía en las manos… -

Draco tenía una necesidad imperiosa de abrazarla. Verla tan alterada, tan confusa era demoledor, sin embargo, en vez de hacerlo se levantó del taburete en que se había sentado frente a ella y se puso a llenar la taza vacía que había dejado Hermione sobre la encimera de humeante té.

-¿Por qué te has levantado a estas horas? ¿Has tenido alguna pesadilla? –preguntó mientras le tendía la taza caliente.

Hermione negó con la cabeza con la vista fija en el líquido marrón cuando vio que él no iba a decir nada se obligó a hablar.

-Me he despertado y ni siquiera sabía qué hora era. Sabía que estaba aquí, en tu casa pero no quería verte –dijo levantando la cabeza para mirarlo. Si Draco se sentía herido o enfadado por sus palabras, no dio muestras de ello.

Él no dijo nada mientras continuaba mirándola de espaldas a la encimera, apoyado en ella con los brazos y con las piernas cruzadas a la altura de los tobillos.

-Siento mucho haberte armado ese jaleo cuando estábamos en el jardín, podría habernos pasado algo. Si ese hombre hubiera estado ahí fuera podría habernos disparado o habernos lanzado alguna maldición. Te pido disculpas, no pensaba con claridad. –

-Disculpas aceptadas –aceptó Draco sin ningún tipo de emoción en la voz. -¿Qué te pasa? –preguntó directamente.

Draco la vio entrecerrar los ojos como si le costara entender lo que él le estaba preguntando. Estaba preocupado, y no era fácil preocupar a Draco Malfoy. Sabía que en otras circunstancias posiblemente se habría burlado de su aspecto; con el pelo totalmente alborotado, casi igual que cuando estaba en su segundo año en Hogwarts, y la ropa que había llevado durante todo el día, ahora, arrugada y descolocada le daba un aspecto algo estrafalario.

-¿Por qué te estás comportando así? –Hermione lo miró confusa -Te escondes. La Hermione Granger que yo conocí era capaz de mantener la calma cuando un lazo del diablo la estaba estrangulando. Ahora te encoges como una niña pequeña bajo las mantas esperando que alguien venga y le haga el trabajo sucio. Pues te voy a decir una cosa, nadie va a venir a hacerlo. Tienes que ocuparte tú sola. –

-Estoy asustada –dijo en un susurro apenas audible. Su vista clavada de nuevo en la infusión ya fría –No sé qué me pasa, Draco. Me da miedo salir a la calle, que Hugo o Rose estén fuera de mi vista me provoca nauseas. Me paso las veinticuatro horas del día aterrada pensando que de un momento a otro me van a llamar al teléfono móvil o me van a enviar un patronus diciéndome que han secuestrado a alguno de los dos. –

Draco suspiró antes de hablar.

-Estas bloqueada por el miedo. Has olvidado cómo hacer tu trabajo porque estas muerta de miedo. –

Escuchó la voz de Draco pero no percibió en su tono muestra alguna de compasión o de burla. Era curioso que de todas las personas con las que podría estar hablando sobre aquel tema tuviera que estar contándoselo a él, en su casa. Se sobresaltó al sentir sus manos sobre sus hombros, masajeándolos, acariciando los músculos tensos. No lo había escuchado acercarse, ni siquiera había oído el susurro de los pantalones al caminar sin embargo, pese a la sorpresa poco a poco sintió como se iba relajando.

-No vas a conseguir dormir más esta noche. –susurró Draco después de tragar saliva. Tenerla tan cerca, tocarla y sin poder hacer lo que quería iba a provocarle una combustión espontanea. Desechando esa idea en su cabeza comentó:

-¿Por qué no te duchas y yo mientras preparo café? Después haremos esa lista de tus pretendientes. –dijo con una sonrisa ladeada e irónica al pensar en estos últimos.

Hermione que había echado la cabeza hacia adelante durante el pequeño masaje se enderezó en la silla.

-Está bien –comentó mientras se levantaba y se dirigía hacia el baño, sin embargo, a medio camino se giró con los ojos abiertos como platos. -Draco… -llamó.

El mago supo por el tono imperioso de su voz que ella se acababa de dar cuenta de la cuestión principal. Se giró para mirarla con una sonrisa bailándole en los labios.

-¿Qué sucede? –preguntó despreocupadamente.

-Yo aquí no tengo ropa –dijo al tiempo que jugueteaba con las manos.

Draco la miró de arriba debajo de una manera que a Hermione le dio la sensación de que la estaba escaneando.

-Creo que algo mío te servirá, después de todo no es la primera vez que te dejo algo. –La mujer, azorada, se dio la vuelta hacia el baño sintiendo que las mejillas comenzaban a arderle. –Te lo dejaré encima de la cama en la que has dormido –Draco se contuvo para no soltar una carcajada cuando vio como se alteraba –Aunque claro, siempre puedes optar por pasearte desnuda por la casa, yo no me ofendería –

No pudo contener una carcajada cuando escuchó como la puerta del baño se cerraba de golpe y la voz de Hermione amortiguada por ésta llegaba hasta sus oídos.

-¡Vete al infierno! –

-Cielo, ya he estado allí y créeme, no tengo intención de volver –

El "estúpido" que soltó Hermione seguido de dos o tres insultos más no llegó a oídos del hombre, que se encontraba en la cocina con una taza de café entre las manos. Satisfecho de si mismo Draco sonrió. Por lo menos le había dado otra cosa en qué pensar aunque no estaba seguro de que a Hermione le gustara pensar en la idea de mantener sexo ardiente con él en breve.


Blaise tenía la sensación de que se estaba metiendo en una situación bastante comprometida pero no podía decirse que le preocupara especialmente. Gracias a su puesto, el cuál le había sido asignado para vigilar los departamentos policiales muggles de Londres, conocía todas las contraseñas y todo lo que necesitaba saber para acceder a archivos clasificados. Por eso, después de que Pansy se hubiera marchado de su casa había llamado a Theo. Por lo visto, también él había oído hablar de Patrick Meyer y eso no era algo que dejara en muy buen lugar al encantador padre de familia.

Por la mañana tendría que ir a hablar con Pansy. Apoyó la espalda en el sofá y formó una sonrisa mientras cerraba los ojos para descasar un poco. Había sido interesante volver a ver a Pansy a pesar de que su presencia le sacaba de quicio. No había cambiado demasiado desde la última vez que la había visto. Posiblemente debido al ejercicio físico seguía conservando un cuerpo escultural. El cabello lo seguía manteniendo oscuro como el azabache y quizás algo más largo de lo que lo había llevado nunca. Era curioso que de todas las chicas a las que había conocido en Hogwarts y fuera de él, solamente le hubiera interesado de verdad ella, justo la persona que estaba enamorada de su mejor amigo. Por supuesto, ni Pansy ni Draco se lo habían dicho nunca, pero él se daba cuenta de esas cosas. Siempre le había gustado observar a la gente y como Slughorn le había dicho en una de sus reuniones; el que observaba obtenía información, si bien, esa información no tenía por qué ser siempre agradable.

Y eso era algo que una y otra vez se demostraba en su trabajo, como se acababa de demostrar esa noche.


Harry había leído tantas veces aquellas palabras que había terminado por memorizarlas. Había intentado interpretarlas desde todos los puntos de vista posibles y no parecía encontrarles sentido alguno.

"Agua que todo lo protege y todo lo destruye, a la hora del crepúsculo donde las almas aprenden, una desaparecerá"

Junto con los demás miembros de su equipo que quedaban después de que Hermione y Malfoy se hubieran ido y tras muchas discusiones; todos se habían puesto de acuerdo en que el mensaje se refería a Hogwarts, sin embargo el problema se hacía patente cuando intentaban interpretar el resto del mensaje.

-Deberías dormir –

Harry no se sorprendió al escuchar la voz de Ginny a su espalda y la caricia de su mano en la cabeza. No era extraño verla despierta cuando él también lo estaba, era como un radar que había tenido desde siempre y que no parecía desaparecer con los años.

-No puedo dejar de darle vueltas al asunto del mensaje. Si se trata de Hogwarts, ¿Cuándo va a llevar a alguien allí? –Rodeó la cintura de Ginny con sus brazos cuando ésta se sentó en su regazo. –El curso aún no ha empezado, no le será fácil acceder antes de que comience. ¿Va a esperar a que los chicos lleguen para elegir a alguno allí? –preguntó, frustrado.

-No creo que su intención sea secuestrar a ninguno de los alumnos mientras estén en Hogwarts, además, no es que sea muy fácil entrar en la escuela sin ser detectado; con Dumbledore no era posible y no creo que Minerva sea mucho más permisiva en lo referente a la seguridad que él. ¿No te parece? –Preguntó rozando con sus labios la mejilla de su marido.

La pregunta de Ginny hizo que Harry sonriera. No se imaginaba a la Directora Minerva McGonagall dejando a nadie traspasar sus conjuros de protección y salir impune de ello. Estaba cavilando sobre aquello cuando sintió como Ginny se ponía tensa entre sus brazos y vio que entrecerraba los ojos en dirección al mensaje que él había transcrito en un papel cualquiera, por si acaso se le ocurría algo nuevo.

-¿Qué ocurre? –le preguntó.

-Agua que todo lo protege… todo lo destruye… -murmuró para sí misma –Agua… -De sopetón, Ginny se levantó de su cómodo asiento y miró con los ojos abiertos de par en par –No puedo creer que hayamos tardado tanto en descubrir esta parte. Harry, ¡agua! –Al ver que su marido negaba con la cabeza bufó -¿Dónde hay agua en Hogwarts? ¡El lago! –contestó sin darle tiempo a contestar.

Harry en respuesta frunció el ceño. No estaba seguro de aquello. Él también lo había pensado en algún momento pero ¿acaso, no resultaba demasiado obvio para alguien que se jactaba de jugar con sus puntos fuertes? ¿No habían tenido una demostración de ello cuando Hermione se había tenido que poner aquella maldita bomba? Aquello parecía demasiado fácil para su gusto, no obstante, asintió con la cabeza cuando advirtió que Ginny iba a preguntarle por su silencio.

-Yo también lo había pensado. Por esta noche deberíamos dejarlo así. Mañana lo hablaremos con los demás –comentó mientras le pasaba un brazo por los hombros –Creo que deberíamos irnos a dormir ¿no crees? –preguntó.

Sin esperar respuesta condujo a la mujer hacia la puerta de su despacho. Podía dejar que por unas horas ella descansara con aquella satisfacción, aunque, en su opinión, no fuera del todo real.

Y cuando minutos después antes de darse media vuelta en la cama para descansar le dio un beso en la frente y ella suspiró con tranquilidad, Harry supo que había hecho lo correcto.


Hermione hacía tiempo que había dejado de ser una chiquilla tímida e ignorante en lo referente al sexo. O eso pensaba. Suspiró antes de mirarse en el espejo que había frente a la cama en la que estaba sentada. No había vuelto a pensar en las relaciones sexuales prácticamente desde que se casó. Con Ron había cumplido, desde luego, dos hijos lo podían atestiguar perfectamente pero hacía años que no tenía ese tipo de intimidad con él y no era algo que hubiera echado de menos. No obstante, un solo comentario de Draco Malfoy había hecho que se pasara todo el tiempo que había durado la ducha pensando en esa parte olvidada de su vida.

Con pesar se levantó de la cama y observó su reflejo desde el pelo hasta los pies. Verse con aquella apariencia le resultaba extraño. Se había vestido en otras ocasiones con ropa de Draco, era cierto, pero en ninguna ocasión había sentido la incomodidad y a la vez la tranquilidad que experimentaba en aquel momento. No quería salir de la habitación porque él la vería y ella estaba convencida de que, aunque solamente fuera por una milésima de segundo Draco pensaría en ciertas tardes que habían pasado en Hogwarts y no sabía si estaba preparada para soportar todo eso.

"Tendrás que aguantarte" pensó con burla, a fin de cuentas no podía quedarse allí escondida eternamente; en algún momento tendría que salir y Draco estaría fuera esperándola. Tomó aire un par de veces para tranquilizarse. "De acuerdo" pensó "Sal de aquí, Granger y haz como si no te importara ir vestida con una camisa que te llega hasta las rodillas y un pantalón deportivo en el caben dos como tú" Por última vez miró su reflejo en el cristal.

-Tienes un aspecto de lo más estúpido… y tú preocupada porque lo relacione con Hogwarts. Hermione Granger necesitas un psiquiatra. –claudicó en voz muy baja antes de salir de la habitación y encararse a futuro más inmediato.


Garret había trazado su plan de manera que no cupiera ni siquiera un pequeño error. Sabía muy bien que los malditos aurores solamente necesitaban un pequeño fallo para atrapar a alguien. Los había estudiado bien durante mucho tiempo. Habían sido años analizando sus movimientos, sus investigaciones. Se había trazado los planes de tal manera que estaba seguro de que obtendría el éxito. Se desharía de la chica, después se ocuparía de Malfoy y su hijo no podría faltar al espectáculo.

¿Hasta donde serían capaces de llegar esos dos para salvar a las mujeres a las que decían amar? Estaba deseando averiguarlo.


¡Hola! Son las dos de la madrugada y yo aquí escribiendo. La verdad espero que os haya gustado el capítulo. A mí la parte de Hermione y la magia negra por no hablar de su "problema" con la ropa de Draco me ha resultado graciosa.

Sé qué en este capítulo no ha habido demasiada investigación policial, pero tenía ganitas de escribir mas sobre Hr/Dr

Pregunta: ¿Qué opináis de los lemon? ¿Os interesaría leer alguno incluido en la historia o voy directamente al día después? Jajaj Creo que la historia lo requiere pero no me gustaría herir sensibilidades asi que en vuestra mano queda.. :D

Gracias a: luna-maga, sailor mercuri o neptune, sra. moka , Princessmalfoy10 y a malfoy19dani

¡Nos leemos!

PD: Los reviews son más que bien recibidos :D