Hola!! este es el Primer capitulo de mi nuevo Fic, espero que os pueda gustar...todavia está en construccion así que si os llega a interesar espero tengais paciencia y podais esperar a que cuba todos los capitulos uno por uno.
Un Ángel sin Alas
Capítulo I : El comienzo
Sentada en un banco del parque, sus mejillas estaban húmedas tanto por su llanto como por la fina lluvia que le caía encima. Debía de ser muy tarde pues todo estaba muy oscuro y no había ningún coche en la calle, había un silencio ensordecedor, pero de pronto sintió como alguien se le acercaba, no giro la cara, bien podría ser un asesino, en ese momento nada le importaba.
- pequeña te estas quedando calada – dijo una voz juvenil de varón, ella alzo la vista y se quedó emocionada. Un joven de cabello rubio platino y ojos dorados la miraba fijamente.
- ¿eres un ángel?¿vienes para cuidarme?- pregunto a un alo de esperanza
- ¿cuidarte? – pregunto el alucinado
- sí, ahora que mi abuela no está
- lo siento princesa… no puedo hacer eso.. seguro que en casa te están buscando
- pero yo no quiero ir con ella!! – dijo la niña haciendo que su llanto fuese mas fuerte – no, quiero estar con mi abuela… pero no quiero ir con ella
- lo siento pequeña - dijo el ángel abrazándola – pero lo único que puedo hacer es llevarte a casa, ¿hay alguien con quien puedas quedarte?
- mi tía – dijo la niña asintiendo con la cabeza – debe de haber llagado hace tiempo a casa
- ¿y no crees que te estará buscando? – pregunto intentando animarla
- no, no creo - ella le miro una vez mas – aunque eres un ángel no puede salvarme de la desgracia? Pues que ángel mas raro eres!
- lamento desilusionarte chiquilla
- me llamo Tomoyo y no soy ni una chiquilla ni una pequeña… ya tengo 7 años… me tengo que ir – la pequeña iba a empezar a llorar en cualquier momento
- no llores pequeña amatista- dijo el ángel haciendo hincapié en sus ojos – se fuerte y sonríe siempre… seguro que tienes una sonrisa muy bonita
- ja! - la niña hizo un amago de sonreír – no lo creo tengo los diente torcidos… adiós ángel – y después de eso salio corriendo en dirección a su casa.
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El sol despuntaba en el horizonte y el ruido del tren le despertó. Hacia mucho tiempo que no tenía ese sueño, seguro que lo había recordado porque ahora volvía a su casa… Su Casa, que bien sonaba, durante mucho tiempo tuvo que vivir con ese tía suya tan insoportable, o estar en ese estúpido internado donde la había inscrito para no tener que verla todos los días. Ahora después de estar fuera 18 años por fin podía volver a su preciado pueblo, a su amada Tomoeda, a su infancia y sus años felices. Al igual que cuando se fue, ahora solo llevaba una maleta, nada más tenia al irse y nada más tenía al regresar. Solo que ahora tenía la certeza de que iba a ser feliz, por una vez después de la muerte de la persona que mas había querido en el mundo, su abuela, ahora iba a vivir feliz. Tenia un lugar donde vivir y en la escuela del pueblo le esperaba el puesto que durante tanto tiempo había deseado, profesora de primaria.
Observo el paisaje que pasaba a toda velocidad por delante de ella, los campos verdes, las casitas, las vacas, los bueyes, caballos y otros animales que pastaban tranquilamente entre los árboles de naranjas o limones. Una amplia sonrisa se abrió paso entre sus labios… hacia mucho tiempo que no lograba sonreír sinceramente pero sabía que por fin sus años de tristeza se iba a acabar. E incluso seria posible encontrar a su ángel, rió para sus adentros. Durante algunos de los años que siguieron a su partida de Tomoeda los ojos de su ángel la mantuvieron en pie para poder sobrellevar la tristeza que en ella se anidaba, pero después de un tiempo esa imagen tan perfecta se fue convirtiendo en una sombra que la acompañaba, hubo veces que incluso pensaba que todo había sido un sueño que nada de lo que ella creía haber vivido ese día era real, pero el hecho de no poder olvidar la voz de él, la voz de ese ángel tan raro. Había noches que pensaba que hubiese pasado si en lugar de ser un ángel el que la vio hubiese sido un ladrón o un asesino, seguramente no se hubiese resistido a que la llevaran lejos o a que incluso la mataran, para ella ese día había muerto toda esperanza de ser feliz, pero ahora agradecía al joven haber sido solo un joven que la alentó a seguir viviendo y a sonreír a pesar de tener los dientes torcidos. Nunca olvidaría el apelativo cariñoso que le dio y que nadie más le había llamado "pequeña amatista". Al día siguiente de haberse encontrado con él busco en el diccionario que era una amatista y descubrió que era una piedra preciosa, y siempre que estaba triste o que le pasaba algo que le deprimía abría el diccionario y pensaba que alguien creía que ella era un piedra muy valiosa, que valía mas que nadie y además era preciosa que era un plus.
Media hora después decidió que era hora de ir al vagón restaurante para tomar un desayuno que le pusiera las pilas, pues en solo dos estaciones estarían en su hogar. Se levantó, cogió su bolso, la chaqueta no le haría falta puesto que el clima dentro del tren era tan calido como el que había fuera de este. Por suerte ese día no habían muchos pasajeros, al contrario de lo que la gente se pudiese imaginar a Tomoeda iba muchos extranjeros en verano, pero ahora que empezaba Septiembre casi todos se habían ido y la vida tranquila del pueblo y sus habitantes volvía a la rutina. Rutina a la que ella estaba encantada de poder sumarse. El pasillo hasta el vagón restaurante era estrecho y alargado. Cuando llego, divisó que aun quedaban algunas mesas libres, localizó una junto a la ventana y se sentó.
- ¿Qué le puedo traer? –pregunto el camarero
- uhm… por favor podría traerme unas tostadas con queso de rulo francés, y unas lonchas de bacon muy hechas?
- En seguida. Y para beber que va a querer?
- un zumo de naranja por favor.- el camarero se alejo
Se recostó en el asiento y miro a través del cristal de la ventana admirando el tan familiar paisaje…"Dios, cuanto he echado de menos esto… en la ciudad no hay nada que se le pueda comparar a la belleza de la naturaleza". Sus pensamientos fueron interrumpidos por el eficiente camarero que le traía a la mesa su pedido, junto con la cuenta a abonar en el momento de acabar su comida. La acidez del zumo le recordó que hacia mas de doce horas que no probaba bocado, desde que había salido de la casa de su tía no había tenido estómago para tomar nada "malagradecida" "mala persona" "in merecedora de tanta atención" estas solo eran unas de las muchas palabras que su tía le había dedicado el día anterior cuando ella había decido que se iba… recordaba claramente la discusión:
-- Flash Back--
- ¿Cómo que no te vas a casar con Kenji? ¿Después de todo este tiempo que has pasado en Mí casa, que te he cuidado y te he dado de comer? Y ahora me dices que no puedes hacer tal pequeñez? Y simplemente porque no estas enamorada de él! ¿Qué esperas que llegue tu príncipe azul?
- no tía, no espero que llegue ningún príncipe azul simplemente espero poder enamorarme. No puedo casarme con alguien por el que no siento nada.
-¿Cómo que no sientes nada? En un matrimonio no se valora solo el amor, también está el respeto, el orgullo, y la atracción física.
- Es verdad tía, pero yo no siento nada de eso por Kenji… lo siento mucho, pero he decidido que voy a irme a Tomoeda… ahí he decidido que voy a vivir a partir de ahora.
- ¿¿Que te vas a ir!! Niña malagradecida ¿¿te vas?? Y después de todo lo que hemos hecho por ti… eres mala, una mala persona, in merecedora de tanta atención, tenía que haberte dejado en un internado o haberte dado en adopción. ¿¿QUE HACES AHÍ PARADA!! ¿¿NO TE IBAS A IR?? ¡¡VETE DE UNA VEZ!! Pero que sepas que si sales por esa puerta no vas a volver a ser bien recibida en esta casa… que te quede claro, después de cruzar ese umbral no vas a contar conmigo para nada.
En ese momento Tomoyo entendió que no quedaba nada por decir, las palabras se habían acabado. Subió a su habitación y lleno su pequeña maleta con las únicas pertenencias que tenia: un par de vestidos, vaqueros, unas camisas, dos pares de zapatos, y las joyas que le había dejado su abuela. Bajó al despacho de su tío para poder despedirse. Él era lo único que le alegraba las vacaciones que salía del internado.
Lo encontró sentado en su butaca, con sus pantuflas y su bata de seda, la miro, y una mezcla de tristeza y satisfacción pasó por su rostro
- Al final te vas ¿eh?
- Sí tío, al final me voy.
- Me alegro que no aceptaras ese matrimonio… te hubiese hecho muy desgraciada. Te echaré de menos…pero mantendremos el contacto.
- Gracias por todo lo que has hecho por mi.. tu eres la única razón por la que no acabe en un centro de acogida, y me has querido todo lo que ella te ha dejado.
- Eres la hija de mi hermana, mi única sobrina y te quiero… te mereces algo mejor que esto
- Gracias Tío- dijo Tomoyo con lágrimas en los ojos. Lo abrazó- Intentaré mantener el contacto… Te quiero
- Yo también te quiero princesa.
Después de esto, Tomoyo tomó su maleta y miró a su tío, el asintió con la cabeza, y ella cerró la puerta de su despacho sabiendo que allí dejaba a la única persona que le quería, a la única persona por la que hubiese hecho cualquier cosa. Se aproximó a la puerta de entrada, puso la mano en el pomo, hecho una ultima mirada a la durante un tiempo había sido su casa, un sitio frío del que solo guardaba unos pocos recuerdos felices, y soltando un suspiro salió por la puerta sabiendo que iba a empezar realmente su vida a partir de ese momento.
-- Fin Flash Back
