Historia basada (adaptada) de la novela de la autora Drew Jennifer
Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling y a la Warner Bros.
Título: El vestido de novia.
Nota de la autora: !Muchas Gracias!. Su apoyo me ha dejado sorprendida, mas aun siendo este mi primer fic que publico en toda la vida y x q no esperaba tanta efusividad el primer dia.
Este capitulo se lo dedico especialmente a las siguientes lectoras que me dieron animos a publicar ante de lo previsto x sus comentarios (eso si no se a costumbren, esto solo x ser la primera vez):
Yumii Girl
Gabylmutis
Giselle Lestrange.
Nalnya
Cristtine
Leroa Malfoy Hang
Grax ladies por su apoyo y espero que lo disfruten y me sigan dando animos con la historia.
" No le asignes el papel de tu verdadero amor a cualquiera
solo porque necesitas desesperadamente alguien especial en tu vida,
solo espera al indicado este peleara por el puesto"
Capítulo 2
Me encantaría ir, pero tengo otros planes—dijo Hermione, sujetando el auricular con el hombro mientras terminaba de arreglar el centro de flores que iba a llevar a la boda como regalo.
—¿Planes? ¿Le estás diciendo a tu mejor amiga desde tercer grado que tienes «planes»?—preguntó Ginny—. Eso me suena a cita.
—Sólo voy a una boda.
—¿Por qué no lo has dicho antes? ¿Quién va a casarse?
Hermione tomó el auricular con la mano. En cualquier otra ocasión, habría estado ansiosa por contarle a Ginny lo de su cita, ¿pero cómo podía explicarle lo de Draco? Aún no podía creer que le hubiera pedido que la ayudara a atraer a los hombres.
—Es sólo el amigo de un amigo. Si puedes esperar hasta mañana, iremos al centro comercial y te pondré al tanto de todo.
—Mi madre me espera a comer. Cuéntame algo más de la boda. ¿Vas con un amigo o con una amiga?
—Es un tipo que ha necesitado una acompañante en el último momento.
—¡Eso es estupendo, Herms! Incluso aunque no funcione...
—No funcionará. Es más bien un arreglo comercial que otra cosa. Si vuelvo a casa temprano te llamaré para contarte qué tal ha ido todo. Ahora tengo que colgar. Luego te llamo. Ella tenía la palma de la mano sudorosa cuando colgó el auricular. Se concentró en el regalo, pero el teléfono volvió a sonar enseguida.
—Hermione, soy Draco Malfoy. Ella supuso de inmediato que llamaba para cancelar la cita.
—Si has cambiado de opinión... podía ver la secuencia: fiesta de despedida de soltero, chica haciendo striptease, cita cancelada. Estaba condenada a quedarse en casa sola mientras cada hombre que conocía sucumbía a los encantos de una bailarina semi desnuda.
—¿Por qué iba a hacerlo? Sólo lamento no haber podido darte algunas indicaciones más antes de ir. Ayer recibí un gran pedido y no tuve tiempo de llamarte. Luego tuve que ir al ensayo de la cena y a la fiesta de despedida de soltero.
—Si quieres echarte atrás, no voy a obligarte a mantener tu palabra.
—Ni hablar. Un trato es un trato. Sólo quería darte algunas indicaciones básicas antes de que vayamos. Por ejemplo, ríe siempre las bromas de los hombres, pero no demasiado. Lo mismo con las sonrisas. Haz pensar al tipo que tengas delante que sonríes porque tienes un secreto.
—Creo que no deberíamos hacer esto, Draco... y no te escondas en un rincón con algún perdedor, simulando escuchar atentamente todo lo que diga con el único fin de no estar sola. Estar sola es bueno no te muestres desesperada. Tú eres la compradora, no la mercancía.
—¡Ya lo he captado! Pero todo eso ya lo aprendí en el colegio.
—Lo siento. Espero servirte de más ayuda después de verte en acción. Necesito saber qué estás haciendo mal. Es difícil entrenarte sin conocer tu técnica.
—No tengo técnica.
—No te preocupes. Te recojo a las dos y media.
Era posible que ella se sintiera como la más fea del baile, pero no tenía intención de parecerlo. Había invertido parte del dinero del vestido de novia en otro vestido pequeño y precioso que había visto rebajado en Woodfield Mall. Nunca se había comprado nada tan caro.
Diez minutos antes de que apareciera Draco, se miró en el espejo de su armario y vio a una desconocida con un vestido rojo de manga larga que dejaba uno de sus hombros desnudos. El dobladillo terminaba a mitad del muslo, demostrando que no necesitaba ser alta para tener el aspecto de una supermodelo de largas piernas.
Tal vez llevaría el abrigo puesto durante la ceremonia. O tal vez no. Practicó a caminar, mirando por encima del hombro su reflejo en el espejo. Pensándolo bien, aún estaba a tiempo de ponerse el vestido azul que le llegaba a la mitad de la pantorrilla. El portero automático sonó cuando aún no había llegado al armario.
Draco subió las escaleras lentamente, preguntándose si merecía la pena sufrir aquel dolor de cabeza por pasar el bárbaro rito de la despedida de soltero. Los zapatos alquilados le oprimían los pies; habría jurado que no eran los mismos que se probó dos semanas atrás en la tienda de alquiler de esmoquin y para colmo, tenía que ayudar a Hermione a conseguir un hombre.
Llegó frente a la puerta y respiró profundamente, preparándose para lo peor. Si ella tenía problemas para ligar teniendo un cuerpo como el suyo, podía deberse a que se vestía como su abuela de noventa años. Si ese era el caso, tendría que pasarse toda la recepción con ella. Las únicas que se alegrarían de ello serían sus tías.
En esa ocasión, Hermione le hizo llamar a la puerta. Sintió una leve esperanza. Tal vez había decidido echarse atrás.
La puerta se abrió lentamente, y el no estaba preparado para lo que vio.
—Desde luego, no voy a poder enseñarte nada respecto a cómo vestirte—dijo, sin pensar—. Estás preciosa.
—Gracias. Eres muy amable por decírmelo.
—No trataba de ser amable. El vestido es precioso—y también el cuerpo que lo llevaba. De pronto, la cabeza su no era lo único que estaba palpitando—. ¿Puedes darme un par de aspirinas y un vaso de agua?
—No tengo aspirinas, pero sí algo parecido.
—Lo que sea.
Hermione se puso el abrigo mientras Draco tragaba dos tabletas blancas junto al fregadero. El abrigo azul oscuro de lana de ella tenía un cinturón en la parte trasera y un pañuelo negro sujeto bajo el cuello; exactamente lo que el había esperado que llevara: algo elegante, pero no llamativo. El vestido era otra cosa. Bebió otro vaso de agua, esperando que su hermana no lo culpara por que su futuro marido se hubiera empeñado en seguir de fiesta hasta el amanecer.
—¿Lista?—preguntó.
—No estoy segura. Me refiero a que, ¿cómo voy a conocer a otros hombres si se supone que voy a estar contigo? Tal vez deberías ir sin mí.
Eso era lo que habría querido el unos minutos atrás, pero ahora no estaba seguro. Llevando aquel vestido, ella necesitaba un guardaespaldas; lo menos que podía hacer era orientarla hacia algún tipo decente.
—Pensaba que habíamos hecho un trato—dijo.
—Sí. Toma los pases.
Hermione alcanzó a Draco un sobre, pero él se lo devolvió.
—Te los compro o me los gano. No me los puedes dar como un regalo.
—¿Por qué no? Así fue como los conseguí yo.
—No es lo mismo. Déjalos aquí y ven a la boda conmigo. Veremos cómo salen las cosas, pero cada vez me cuesta más creer que necesites mis consejos.
—¿Cómo van a saber tus amigos que estoy contigo, pero que no lo estoy?
—Yo me ocuparé de eso— logró esbozar una débil sonrisa, y luego esperó mientras ella desaparecía para dejar los billetes.
Fuera lo que fuese lo que hubiera estado bebiendo esa noche, le había dado visión de rayos x, porque cuando Hermione volvió, pudo verla en su vestido rojo a pesar de que llevaba el abrigo abotonado.
Un rato después, en la iglesia, Draco tuvo que dejarla sola para cumplir con su papel de anfitrión. Ella firmó en el libro de invitados, hizo un viaje innecesario a los servicios y simuló leer atentamente el boletín de la iglesia.
Sintiéndose más y más incómoda Con cada minuto que pasaba, empezó a buscar con la mirada la puerta de salida, pero Draco se adelantó a ella e insistió en conducirla a una de las filas de asientos que se hallaban tras las reservadas para los familiares de la novia.
—¿No quieres quitarte el abrigo?—preguntó—. Puedo ir a colgártelo.
—Hace un poco de frío—mintió ella.
—¿Ocultando tus atractivos?—bromeó, y volvió a sus ocupaciones de anfitrión.
Hermione se puso colorada pensando en las brillantes respuestas que podía haberle dado.
Los invitados empezaron a llegar y el ambiente empezó a caldearse mientras ocupaban sus asientos. Hermione se desabrochó el abrigo y sacó los brazos, pero la mantuvo sobre sus hombros. No se atrevía a sentarse allí con un hombro desnudo; no estaba hecha para ser una «mala chica». Sólo seguía allí porque sabía que llamaría más la atención si se iba... y porque su mentor estaba bloqueando la puerta. Parecía firmemente decidido a ganarse los pases para los Bulls.
Finalmente, la ceremonia empezó. Una niña con un vestido de color blanco y un pequeño ramo de flores iniciaba la marcha, seguida de un grupo de damas de honor ataviadas con unos ceñidos y bonitos vestidos de terciopelo verde. Ella nunca había visto tantas damas de honor y tan guapas en una sola boda. Su vestido rojo iba a llamar demasiado la atención entre tanta elegancia.
Todo el mundo se levantó para recibir a la novia, pero Hermione olvidó enseguida su curiosidad por la melliza de Draco. De pronto, comprendió que la novia iba a llevar su vestido.
Había ido a docenas de tiendas para encontrar su vestido de novia ideal, y debería ser ella la que caminara por aquel pasillo tomada del brazo de su padre. Cerró los ojos, rechazando repentinamente la idea de ver a una desconocida con su vestido, pero los abrió enseguida, diciéndose que sería de cobardes no mirar y que además le serviría como terapia para dejar atrás lo que paso.
Era perfecto. Ni llamativo ni exagerado, sino un sueño de vestido con un delicado corpiño de seda ciñendo los senos y la cintura de la novia y una falda que flotaba maravillosamente a su alrededor sobre la alfombra, como una nube brillante.
Los ojos de Hermione se humedecieron y se obligó a mirar a la novia al rostro. Era una auténtica belleza, cosa nada sorprendente, teniendo en cuenta que su hermano era el hombre más sexy que había conocido. Debía haber estado loca, y un poco desesperada, para pedirle ayuda. ¿Qué le había hecho pensar que Draco querría interpretar el papel de Henry Higgins con ella como Eliza Doolittle? Cuando aquello acabara, y eso sucedería en cuanto pudiera tomar un taxi para escapar de allí, le enviaría los pases con una disculpa por haberse entrometido en la boda de su hermana.
El novio era guapo, cosa nada sorprendente, pero, o tenía resaca de la fiesta de despedida de soltero, o estaba muerto de miedo. Pero cuando avanzó y sonrió a su prometida, sus rasgos cambiaron dramáticamente.
Hermione pensó que Victor nunca la había mirado así. Para su sorpresa y alivio, comprobó que eso ya no le importaba. Victor solo quería a Victor, y, en realidad, ella había escapado por poco. Le había asignado el papel de su verdadero amor porque necesitaba desesperadamente alguien especial en su vida, pero él la había fastidiado. Él, no ella.
Acudir a aquella boda estaba siendo un auténtico tratamiento de shock. Ver cómo se casaba otra mujer con su vestido de novia era devastador, pero despertaba en ella una sana y constructiva rabia. Ella era una persona agradable, y no merecía que la dejaran plantada. Dejó que el abrigo se deslizara de sus hombros. ¡Se había acabado lo de quedarse sentada en casa sintiendo lástima de sí misma! Estaba dispuesta a averiguar si las chicas malas se divertían más.
Cuando terminó la ceremonia y los recién casados desfilaron de vuelta por el pasillo, Hermione permaneció junto a Draco mientras éste despedía fila a fila a los invitados. Algunos hombres parecían incómodos y rígidos en sus esmoquin, pero Draco estaba totalmente a sus anchas con él. Su pelo rubio se curvaba levemente sobre el cuello de la chaqueta y caía lo justo sobre su frente como para suavizar el empuje de su fuerte mandíbula y altas mejillas.
Hermione estaba lo suficientemente cerca de él en esos momentos como para no poder verle el rostro sin alzar la mirada, pero lo que tenía a la altura del ojo le producía pequeños escalofríos. El plano estómago y el musculoso cuerpo de Draco habían hecho que su imaginación se desbocara.
—Es tu turno—susurró el, inclinándose hacia ella—. Me alegra que te quitaras el abrigo.
Hermione se lo puso mientras se unía a la gente que fluía por el pasillo hacia la salida, donde los recién casados saludaban a los invitados. Sintiendo una repentina timidez ante la idea de presentarse sola a la novia que llevaba su vestido, encontró un hueco junto a la mesita en que se hallaba el libro de invitados.
—Veo que estás con Draco. La rubia que a la entrada se había encargado del libro de invitados le dedicó una mirada a medias hostil.
—Así es—contestó Hermione. Cualquier afán de explicar la naturaleza de su cita con Draco desapareció al ver la competitiva mirada de la rubia.
Cuando Draco se reunió con ella, insistió en presentarle a Selene, y el momento no fue tan difícil como ella había temido.
Luego fueron en coche a la sala en la que iba a tener lugar la fiesta de celebración. Cuando entraron en el vestíbulo, el trío que iba a amenizar la fiesta estaba afinando sus instrumentos. Hermione se desabrochó el abrigo junto al guardarropa y Draco le ayudó a quitárselo. Al sentir el roce de sus dedos en su hombro desnudo, un escalofrío de placer recorrió todo su cuerpo.
—Resérvame un baile, Draco. Una de las damas de honor, alta y con el pelo color miel, saludó a Draco moviendo los dedos cuando pasó junto a ellos.
—Magnífico trabajo, Hannah—dijo Draco.
«¿Qué trabajo?», quiso preguntar Hermione. Todo lo que tenía que hacer una dama de honor era caminar por el pasillo y luego quedarse quieta.
La rubia del libro de invitados arrinconó a Draco en cuanto entraron en la sala.
—Tienes un aspecto magnífico con el esmoquin.
—Lo mismo les pasó a los cincuenta tipos que se lo pusieron antes que yo, Daphne.
—Seguro que estás deseando quitártelo.
—Si necesito ayuda con los botones, prometo avisarte.
—¿Es ella una «mala chica»?—preguntó Hermione cuando la rubia se fue en busca de una presa más fácil.
—Daphne es... muy divertida—Draco sonrió maliciosamente y pasó un brazo por la cintura de Hermione.
— ¿Puedo traerte una bebida? Se supone que no podemos empezar a divertimos hasta que la feliz pareja haya posado para que les hagan las suficientes fotos como para empapelar su cuarto de estar.
—Un refresco de limón estará bien, gracias.
—¡Error! Deberías pedir un vino blanco o una ginebra con tónica, aunque tuvieras intención de vaciarla en algún tiesto cuando me diera la espalda.
—¿Incluso aunque me estuviera muriendo de sed y la ginebra haga que se me hinche la nariz?
—¿La nariz?—Draco examinó atentamente el rostro de Hermione.
—Sólo bromeaba. Puedo apañármelas con un vino si es necesario. ¿Las malas chicas tienen que beber?
—No, no tienen que hacer nada. Esa es la cuestión. Voy a por tu limonada. A fin de cuentas, en un vaso de plástico no se distingue qué bebes.
Draco se unió a un pequeño grupo de gente que había en tomo al bar, dejandola sola. Ésta miró a su alrededor, deseando conocer a alguien. Al margen de las reglas para ser una mala chica, cualquier fiesta solía resultar mucho más divertida desde el punto de vista de un grupo de amigas.
—¿Te he visto con Draco?—preguntó un hombre. Draco tenía razón. Estando sola era más fácil.
—Sí, pero sólo somos amigos—ella tenía preparada aquella respuesta por si a Draco no le daba tiempo a avisar a todos sus amigos.
—Entonces Draco es más tonto de lo que creía. Soy Collin.
—¿Collin, como Madonna? ¿O tienes apellido?—preguntó Hermione, sorprendiéndose a sí misma con su inspiración.
—Me alegra que lo preguntes. De hecho, estoy orgulloso de mi apellido familiar, aunque sea un poco raro. Creevy. Collin Creevy. ¿Te apetece bailar?
—Pero aún no está sonando la música...
—Yo hago mi propia música, y me gusta bailar sucio.
—Adiós, Creevy—dijo Draco, acercándose a éste por detrás.
—Sólo me estaba presentando a tu amiga, Draco. Parece muy divertida.
—No lo es.
—No importa. No creo que vayan a faltar posibilidades con todas esas azafatas amigas de tu hermana.
Creevy se alejó con las manos en los bolsillos, mirando a su alrededor.
—No tenías por qué hacerte el hermano mayor—dijo Hermione, aceptando el vaso que le ofreció Draco.
— Sé cómo librarme de los hombres. Lo que me cuesta es conservarlos.
—¿Recuerdas lo que te dije? No te quedes con un pelmazo sólo por no estar sola.
—Sé lo que no hacer—dijo Hermione—. Ahora dime lo que debo hacer.
—Nada.
La sonrisa de Draco hizo que un fuego apagado reviviera dentro de ella; deberían ponerle una multa por golpear por debajo del vientre.
—¿Nada? No dejas de decirme eso. Lo próximo que me dirás es que sea yo misma, y eso ya sé cómo funciona.
—¿Bailarás conmigo si me quito los zapatos?
—Claro, supongo que sí.
—Odio los zapatos alquilados.
Draco se quitó los zapatos y los dejó contra la pared que había a sus espaldas.
—Todavía no podemos bailar. El novio y la novia no han llegado—dijo Hermione.
—¿Oyes música?
—Sí, acaban de empezar a tocar. Pero...
—Una mala chica tiene que estar dispuesta romper la tradición. Además, mi hermana me culpará a mí, no a ti.
Draco acompañó a Hermione al centro de la pista de baile y la tomó en sus brazos. Antes de empezar a bailar, dudó.
—Dame tus zapatos.
—No voy a pisarte. Soy una buena bailarina.
—Me alegra saberlo—el se agachó, alzó uno de los pies de ella y le quitó el zapato. Consciente de las miradas de curiosidad de las personas que más cerca estaban, Hermione sacó rápidamente el pie del otro zapato y Draco guardó cada uno en un bolsillo.
—Ahora todos sabrán que estás aquí—dijo, maliciosamente, y empezó a bailar.
Hermione sintió que nunca la habían llevado con tanta ligereza. Draco tenía una mano apoyada en su cadera, y su cálido aliento le acariciaba la frente. No podrían haber bailado más sincronizados ni aunque hubiera estado sobre las puntas de sus pies.
Nadie se unió a ellos en la pista.
Todo lo que habrían necesitado habría sido un foco para ser considerados la atracción de la, tarde. Cuando, finalmente, la banda terminó la pieza, Hermione tomó sus zapatos y salió corriendo de la pista. Se ocultó en los servicios durante quince minutos y luego salió, decidida a demostrarle a Draco lo rápido que aprendía.
—A ver si te gusto ahora, doctor Frankenstein—murmuró para sí.
Fue más fácil de lo que había imaginado. Después del baile con Draco no tuvo que pasar un momento a solas. Comió con un jugador de la liga menor de béisbol que luego le pidió el teléfono y bailó con tantos hombres que empezó a olvidar sus nombres. Pero no olvidó el de Ernie Mcmillan. Tenía el pelo oscuro y hoyuelos, y, sin duda, era el más guapo de los padrinos de boda. Después del cuarto baile, no se separó de su lado.
Draco estuvo observando a su protegida, sin sorprenderse de la atención que recibió, pero tampoco precisamente encantado con ella. Aunque tampoco le importaba. Desde luego, Hermione no era su tipo, pero tampoco quería ser el responsable de que se liara con un perdedor. Cuando Ernie Mcmillan empezó a tomarse demasiadas confianzas con ella en la pista de baile, el supo que había llegado el momento de intervenir.
—¿Qué tal van las cosas?—preguntó, mirando a Hermione a los ojos y preguntándose si tendría las mejillas ruborizadas a causa del champán o de la popularidad que había alcanzado a lo largo de la fiesta—. Veo que te has puesto los zapatos.
—Se me estaban enfriando los pies.
Draco sintió que la mano de Hermione era casi como la de una niña en la suya, pero el balanceo de sus caderas no tenía nada de infantil. O estaba un poco bebida o había aprendido muy rápido. Se derretía contra él, haciéndole sentirse grande, patoso... y tan excitado. Entrecerró los ojos, repasando mentalmente la lista de invitados para apartar a los cretinos integrales de los posibles candidatos. Haría un gran servicio a su libido reuniendo cuanto antes a Hermione con algún tipo decente.
Debía recordarse que el vestido rojo, el rubor del champán y el sensual contoneo eran sólo apariencia. Hermione buscaba mucho más que pasar un buen rato, y el no estaba en la lista de candidatos, por mucho que le apeteciera bajarle las braguitas y enseñarle todo lo que había que saber sobre cómo ser realmente una mala chica.
—No tienes por qué molestarte en llevarme a casa. Ernie va a hacerlo—dijo Hermione.
—Ernie ha estado comprometido cuatro veces.
—Oh, ya me lo ha contado.
Hermione no era una buena mentirosa. Tampoco era la mujer más seductora con la que Draco había bailado esa tarde, pero sí con la que mejor se sentía. Sus firmes senos estaban aplastados contra su pecho, y la rígida camisa del esmoquin no era armadura suficiente para evitar que imaginara sus pezones rozándole la piel desnuda.
Estaba tratando de apartarse un poco, sin dejar de bailar, una técnica que nunca había tratado de dominar, cuando ella lo rodeó con ambas manos por el cuello y atrajo su cabeza hacia abajo.
—Gracias por todo lo que has hecho por mí—susurró. Su cálido aliento en el oído de Draco envió oleadas de sensuales sensaciones hasta su entrepierna, pero Hermione se apartó enseguida. Era dolorosamente atractiva en su inocencia, y ese era precisamente el motivo por el que el prefería a chicas no tan inocentes.
Miró hacia su nuevo cuñado, su amigo desde el colegio, y tuvo una clara imagen mental de una bola de metal y una cadena atada a su tobillo. Se alegraba por su hermana, pero las noches de su marido con los chicos iban a quedar dramáticamente reducidas de ahora en adelante.
La canción terminó y Hermione se deslizó de sus brazos a los de Ernie. Entonces, la intensidad de la luz bajó para el último baile de la tarde. draco no tuvo ningún problema para reclamar a Daphne Greengrass como compañera. Trabajaba con Selene, pero acababan de conocerse. La había escogido en el ensayo de la boda como la dama de honor más apta para... Ahora, aquella chica le estaba enviando todas las señales adecuadas. Draco estaba deseando marcar al menos un par de goles, y si ahora la fastidiaba, quién sabía cuándo volvería a verla. Vivía en Atlanta y hacía vuelos internacionales, un escenario perfecto para pasarlo bien de vez en cuando sin compromisos.
—Me alegro mucho de haber conocido por fin al sexy hermano de Selene—ronroneó Daphne. Su pelvis rozó la entrepierna de Draco, y él supo que iba a odiarse por la mañana... por no mencionar la mayor parte de la noche.
—He venido con alguien—admitió de mala gana—. Ella esperará que la lleve a casa.
—Oh, que decepción.
—Yo también me siento decepcionado, pero no pensaría muy bien si dejara en la estacada a mi cita, ¿no?
—Pensaría que eras terrible... al menos durante treinta segundos—Daphne rió y todo su cuerpo se estremeció bajo las manos de Tom.
Este tuvo la sensación de que era una chica «muy» mala.
El baile terminó, las luces se encendieron y la fiesta concluyó oficialmente. Draco fue a por Hermione, la apartó de Ernie, a pesar de las protestas de ambos, y la sujetó con firmeza mientras iban a por sus abrigos.
—No sé por qué insistes en llevarme a casa. Ernie estaba perfectamente dispuesto...
—Ernie siempre está dispuesto. Sobre lo de «perfectamente» no estoy tan seguro. En cualquier caso, necesitas muchas más lecciones antes de que te permita meterte a solas en el coche con un hombre que podría vender máquinas para hacer nieve en Florida.
—No habría tenido ningún problema con Ernie.
—Tal vez... si hubiera estado sobrio— mejor aún, sedado, pensó Draco.
—¿Recibiré un diploma cuando termine el entrenamiento? ¿O será entonces cuando me presentes al señor Perfecto?
Draco pensó que ella le gustaba más aun cuando se le soltaba la lengua. Las mujeres dóciles y sumisas no eran para él... pero tampoco lo era Hermione Granger. Tenía que salir y enfriarse pronto... o volver con Daphne.
Soltó a Hermione el tiempo justo para tomar los dos abrigos. Luego se acercó con ella a una zona libre junto a la pared.
—¡Llevarme a casa no es parte de nuestro trato!—insistió ella.
Sus ojos destellaron de rabia. Draco temió estar metiéndose en un lío.
—Yo te he traído. Yo te llevo. Así son las cosas.
—¿Qué cosas? Tú y yo no estamos saliendo juntos.
—Es lo que exige la etiqueta.
Era una tontería decir aquello, pero ella no le creería la verdad. Draco no sabía por qué había dejado a Daphne, y todas las posibilidades que su compañía implicaba, para llevar a Hermione a casa.
Desde luego, aquello no iba a contribuir en nada a su paz mental ni a su entrepierna.
Espero que les este gustando la historia como va y un adelanto para que se emocionen es que vienen mas personajes que le daran el picante a la historia.
para que vean que no soy cruel un avancito:
Terminó de recoger el mostrador y llevó algunos tiestos con plantas al cuarto trasero, con la intención de poner el cartel de cerrado en cuanto regresara. En ese momento sonaron las campanillas de la puerta, advirtiendo que acababa de entrar alguien.
Minerva, la dueña, estaba en su oficina, de manera que Hermione salió a recibir al recién llegado... y se quedó petrificada a medio camino.
—Draco—su corazón latió más deprisa al verlo, pero hizo un esfuerzo por controlarse—. ¿Puedo ayudarte en algo?
—Sólo quería hablar contigo.
—Estoy trabajando.
Hermione no podía imaginar qué querría decirle, pero, fuera lo fuera, no quería que Draco supiera cuánto había pensado en él desde que se despidió dándole un beso en la frente.
Ya saben comenten su apoyo me inspira a seguir y 10 reviews a publicar mas rapido asi que espero que mas gente se una.
Nos leemos luego se me cuidan.
XOXO
