Historia basada (adaptada) de la novela de la autora Drew Jennifer
Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling y a la Warner Bros.
Nota de la autora:Gracias especiales por su apoyo a esta historia. Claro que actualizare pronto tanto como pueda y dependiendo de como avance con la historia.
"Las chicas agradables sienten
un rechazo natural
hacia las todas las chicas malas del mundo"
Capítulo 4
Esa noche, Hermione hizo un pacto consigo misma: si la llamaban el miércoles para pedirle una cita diría sí; si la llamaban el jueves, no.
¿Por qué se sentía como si hubiera hecho un pacto con el diablo?
Ni siquiera estaba segura de que le gustara Malfoy, de manera que, ¿por qué hacía caso de su consejo? ¿Y por qué había interrumpido él su cita con la dama de honor para ir a decirle que se hiciera la difícil?
Debería haberle vendido los pases. Así, Draco no se sentiría obligado a ayudarla y ella no estaría moviendo distraídamente los macarrones en el plato, sin apetito e imaginando cómo daba la cabalgata horizontal sobre Daphne.
—Tal vez han ido al cine—dijo en voz alta, mientras vaciaba casi todo el plato en la basura.
¿Pero qué más le daba? Una cosa era imaginar las largas y musculosas piernas de Draco entrelazadas con las suyas, y otra muy distinta arriesgarse a perder el corazón por un macizo cuyo gusto por las mujeres era como el de Victor. Por cada hombre bueno y fiable que existía, parecía haber cien que pensaban que una profesional del striptease era una diosa.
No podía soportarlos, así que más le valía unirse a ellos. Su éxito en la fiesta demostraba que los hombres se sentían atraídos por las chicas que hacían sus propias reglas; reglas de malas chicas. Pero no necesitaba lecciones para darle la vuelta a su vida, sólo valor, y estaba lo suficientemente enfadada como para intentar cualquier cosa. Enfadada con Victor por ser un cretino y enfadada con Draco por tener tan mal gusto respecto a las mujeres.
Aunque eso no le importaba. El teléfono sonó y su primer pensamiento fue que Draco había dejado a Dientes Grandes. Enseguida tuvo deseos de darse cabezazos contra la pared por haber tenido una reacción tan tonta, ni que tuviera quince anos y estuviera en secundaria.
Descolgó el auricular, agradeciendo cualquier llamada que la volviera a la realidad.
—Hola, ¿eres Hermione Granger?—preguntó una voz desconocida.
—Sí—admitió ella con cautela.
—Soy Ronald.
—¿Ronald?—repitió ella.
— Ronald Weasley. Charlamos en la boda, ¿recuerdas?
—Oh, sí, claro. Hola, Ronald.
—¿Cómo te va?
—Bien, muy bien.
—Había pensado animar un poco tu vida, por ejemplo, el sábado por la noche.
Miércoles, sí; jueves, no. Pero tampoco era un pacto sellado con sangre. Pero si daba marcha atrás ahora, no avanzaría en lograr su meta.
—Lo siento, Ronald. Es muy agradable que me propongas salir, pero tengo otros planes.
—¿Qué otros planes?
—Una cita—demasiado vago—. Una cita con un viejo amigo.
—¿A dónde vais a ir?
—Aún no lo hemos decidido.
—Soy un auténtico noctámbulo. ¿Qué te parece si te recojo cuando él te deje?
—No me parece buena idea.
—No sabes lo que te estás perdiendo, cariño.
—Me hago una idea. Adiós, Ronald.
¡Tampoco hacía falta una descarga tan fuerte de realidad!
La nieve cubría la ciudad al día siguiente, y Hermione podría haber llegado a casa antes empujando el coche. Cuando, finalmente, llegó, su madre la llamó por teléfono y le habló sin parar sobre una amiga que iba a divorciarse tras treinta y siete años de matrimonio.
—No puedo comprenderlo—dijo, por enésima vez—. ¿Por qué ahora, después de tantos años juntos?
—Mamá, lo que sé sobre el amor cabría en el bolsillo de un mosquito.
—No creo que los mosquitos tengan bolsillos.
—Probablemente tengas razón. Hablamos luego, mamá.
Su madre se tomaba las cosas demasiado literalmente. Cuando prometió en su boda obedecer a su marido, lo dijo en serio, y no había dejado de hacerlo desde entonces.
Hermione se preguntó si ella habría nacido con ese estigma, pero aquella inútil línea de pensamiento fue interrumpida por otra llamada.
—Hermione, soy Harry Potter.
—Oh, hola, Harry—Hermione sonrió hasta que recordó que era jueves.
—Había pensado que tal vez podíamos quedar el sábado por la tarde.
—El sábado... el sábado... me encantaría...—«el jueves es demasiado tarde», insistió una voz masculina en su cabeza pero me temo que tengo otros planes...
—Oh, qué lástima. Harry sonaba tan decepcionado que Hermione deseó poder palmearle la cabeza y consolarlo.
—Lo siento de veras—dijo, con toda la suavidad que pudo, sin saber cómo se tomaría Harry su rechazo.
—La próxima vez tendré que llamar antes—contestó él, en tono suficientemente animado.
Hemione pensó que había hecho una tontería no aceptando pasar una tarde con un tipo encantador a causa de un mal consejo.
Hizo sus propios planes para el sábado, pero cuando éste llegó, no se sintió con ánimos para probar una nueva laca y limpiar las baldosas del baño, que patética podía ser a veces su vida. Se preguntó si sería como su madre, que se inclinaba ante la voz de la autoridad sólo porque era grave.
¡Ni hablar! Estaba dejando que un hombre prácticamente desconocido manejara su vida amorosa... o lo que parecía serlo. Estaba sentada asolas en casa porque... bueno, porque producía cierta satisfacción estar sin hacer nada, vestida de chándal, con el pelo sujeto en una coleta y esperando ver la llorona película de amor que aguardaba en su vídeo y si necesitaba más compensaciones por haber renunciado a una tarde de diversión con un tipo agradable, había helado de chocolate esperándole en la nevera.
—No estoy en casa porque Draco me aconsejara que me quedara—dijo a sus violetas mientras las regaba—. Tiene sentido no mostrarse ansiosa.
Por mucho que le doliera admitirlo ahora, probablemente había sido un desatino estar disponible las veinticuatro horas cuando Victor quería verla. Ahora sólo estaba siguiendo sus buenos instintos al hacerle ver a Ronald y Harry que tenía sus ocupaciones.
De manera que, ¿por qué se sentía como una tonta quedándose sentada en casa cuando podía estar por ahí pasándolo bien?
La película era melodramática y anticuada, pero siguió viéndola hasta su lloroso final. Desafortunadamente, aún eran las nueve y media cuando terminó, demasiado pronto para acostarse y demasiado tarde para ponerse a limpiar azulejos.
No esperaba visita, de manera que el sonido del portero automático la sobresaltó, haciéndole preguntarse si debía ignorarlo o contestar.
La curiosidad ganó la partida.
—¿Quien es?
—Draco Malfoy. ¿Puedo subir?
Hermione tardó tanto en contestar que Draco supuso que lo iba a mandar a paseo.
—Bueno, sí, supongo que sí.
—Gracias—murmuró él, pensando que Hermione tenía un talento especial para sugerir a un hombre cuando no era bienvenido. Al menos, había seguido su consejo. Un amigo le había comentado lo decepcionado que estaba Ronald por su falta de éxito para conseguir una cita con Hermione. ¿Le sucedería a ella lo mismo?
El asunto de los consejos tenía su lado malo. Había dejado a una mujer muy dispuesta a quitarse sus ceñidos vaqueros sólo para ver qué tal le iba a Hermione. Cuanto antes lograra apartarla de su mente, mejor. Envió a paseo a Daphne con su ramito después de comer, aunque luego se arrepintió.
La amiga de su hermana jugueteó furiosamente con sus pies por debajo de la mesa durante toda la cena, y, a pesar de que una parte de la anatomía de Draco había estado muy atenta a sus evoluciones, no consiguió apartar de su cabeza a Hermione con su tierna y rosada bata de trabajo.
Sabía que no le había gustado el consejo que le había dado, pero Hermione era un cordero entre los lobos en lo concerniente a su vida amorosa. ¿Cómo iba a conocer al tipo adecuado si ni siquiera podía manejar su primera cita? Si tenía que reducir su vida social para conseguir que Hermione encontrara al señor Perfecto, a la larga, merecería la pena.
—¿Qué haces aquí?—preguntó Hermione desde el umbral de la puerta, antes de que Draco pudiera recuperar las respiración después de subir las escaleras.
—Sólo pasaba por aquí.
—Sí, pero, ¿por qué?
Draco se hizo esa misma pregunta. Al menos, ella se apartó y lo dejó pasar.
—Iba camino de casa—dijo él, a modo de explicación. Hermione no tenía por qué saber que se había desviado bastante de su camino después de dejar a su cita «caliente».
—No me digas que no tenías una cita para hoy sábado.
—Sólo para comer.
—¿Te han dado calabazas?
—No. Vivo sólo, pero no me gusta comer solo, sobre todo si tengo que cocinar.
—¿Disfrutasteis tú y la dama de honor de vuestra cena?
—Fuimos aun chino—Draco no quería hablar sobre Daphne. Lo más probable era que ésta aún estuviera maldiciéndolo, después de todo el jugueteo y los cariñitos que hizo para el en publico—. Luego le deseé un buen viaje. -Y Daphne se quedó echando humo.
Hermione parecía más feliz tras oír aquello, pero Draco sabía que no era debido a los celos. Las chicas agradables como ella sentían un rechazo natural hacia las Daphne del mundo. Se alegraba de haber ido a ver qué tal estaba. No había mirado más de dos veces a una chica con cola de caballo desde su pubertad, pero Hermione estaba atractiva incluso con ella y el amplio chándal que llevaba puesto.
—Me pediste ayuda.
—He cambiado de opinión.
—Es demasiado tarde. Si quiere encontrar alguien que te cuide, necesitas toda la ayuda que puedas conseguir.
—No sé qué ayuda supone convencerme para que me quede en casa el sábado por la noche.
Draco sospechó que Hermione trataba de hacerle picar el anzuelo. Sospechaba que tenía un malicioso sentido del humor, pero había dado con la horma de su zapato si creía que podía tomarle el pelo fácilmente.
—No creo que llegar a ser la quinta cita de la semana de Ronald te convierta en ganadora. Siento haberte estropeado la diversión, pero tienes que ver las cosas con una perspectiva global.
—Estás haciendo que una simple cita parezca una operación militar.
Ella sonrió, y Draco se alegró de haber ido, sólo para comprobar qué tal le iba a su pupila, por supuesto.
—Me pediste ayuda y yo acepté, así que ahora no voy a echarme atrás. El primer paso es ponerte en circulación. El segundo es reducir el campo de acción. Así acabarás dando con el tipo adecuado.
—¿Y vas a controlar todo el proceso sólo para pagarme los pases?
—Eso también. Pero, además, me gustan los retos.
—Muchas gracias—dijo Hermione en tono irónico—. Tal vez deberías anunciarme en la sección de contactos personales en el periódico, o en alguna revista para novias por encargo.
—No lo decía en ese sentido. El problema no está en que no atraigas a los hombres, sino en que no sabes elegir a los adecuados.
—Si dices una palabra sobre Victor...
—Ese tipo es historia—Draco alzó las manos en señal de rendición y se sintió aliviado al ver que Hermione dejaba de fruncir el ceño.
— Deja que te compense por haber hecho que te quedaras en casa. Vamos a tomar una pizza y mientras te daré algunos consejos para tus citas de la semana que viene.
—Asumiendo que tenga alguna.
—Conmigo como consejero, necesitarás una agenda para tener organizadas tus citas. ¿Te apetece que vayamos a comer una pizza?
—Sí, claro, ¿por qué no? Dame un minuto para cambiarme.
Draco estuvo apunto de decirle a Hermione que estaba muy bien así, pero, ¿quién era él para interponerse entre una mujer y su guardarropa?
Hermione fue a su dormitorio y se puso unos vaqueros y un jersey grueso, recordándose que aquello no era una cita y que no debía hacer que lo pareciera vistiéndose de modo especial.
Unos minutos después estaban en el coche, camino de una pizzería que se hallaba bastante cerca y ambos conocían.
—Siento que haga tanto frío en el coche—dijo Draco—. Tengo la furgoneta en la tienda.
—Oh, no importa—contestó Hermione.
Draco oyó como le castañeteaban los dientes y se saltó varios semáforos en amarillo para llegar pronto a su destino.
Armando's Pizza Palace era una pizzería brillantemente iluminada y en la que casi siempre había mucho bullicio. A aquella hora, y siendo sábado, estaba llena de ruidosos adolescentes, y Draco eligió una mesa en el fondo para estar más tranquilos.
—¿Cómo quieres la pizza?—preguntó.
Hermione se quitó el chaquetón sin hacer de ello una exhibición y no se molestó en mirar el menú.
—De salchichas, champiñones y pimientos verdes.
—A mí también me gusta así. Podemos pedir una grande a medias. Mi vicio secreto es la cerveza de hierbas. Me encanta desde que era un crío. Aquí la sirven en copas heladas.
—Ese es un vicio que puedo compartir. Hace siglos que no tomo cerveza de hierbas.
Cuando sugirió que fueran a tomar pizza, Draco no había pensado en el tiempo que transcurriría entre pedirla y que se la sirvieran. Tendrían que aprovechar el tiempo hablando sobre nuevas tácticas de acercamiento a los hombres.
—Me siento mal por haber fastidiado tu cita con Ronald, pero...
—¿Más adelante te lo agradeceré? El pensó que Hermione miraba directamente a los ojos, sin agitar las pestañas ni simular timidez. No utilizaba trucos femeninos, como arrugar la nariz, o deslizar un dedo por la barbilla hacia su cuello para atraer la atención hacia su bonito rostro. Trataba de hablarle como si fuera un amigo más, pero era él el que estaba inquieto.
—Estoy seguro de que no has desanimado a Ronald por no aceptar su cita—dijo—. Sólo has establecido algunas reglas básicas para su futura relación.
—Al principio estaba enfadada, pero supongo que tienes razón. Con Víctor, solía dejar que él marcara las reglas, como hace mi padre. Es militar, mayor retirado, y se nota en su forma de comportarse.
—¿Qué hace ahora?
—Se dedica a los seguros. Aunque parezca difícil de creer, mi madre nunca ha trabajado. Juega al Bridge. ¿Y tus padres?
—Papá es bombero. Mi madre me ayuda ahora en la tienda, pero solía trabajar en una guardería. Viene de una familia numerosa y quería tener por lo menos seis hijos, pero después de que naciéramos Selene y yo no pudo tener más. Ahora está deseando tener nietos, y yo espero que mi hermana me libere de esa presión.
—Mi hermano Dean tiene dos hijos, pero creo que las abuelas nunca tienen suficiente.
—Se quedan con los buenos y mandan a los malos a casa con sus padres—dijo Draco.
—Eso suena bastante cínico.
—Tal vez—Draco sonrió, dispuesto a cambiar de tema—. ¿Qué sueles hacer para pasar el rato, Hermione? Averiguó que ella tenía amigas; eso estaba bien. Le gustaban los deportes; aún mejor.
Para cuando llegó la pizza, había decidido que ningún problema de carácter serio se interpondría en su carrera hacia el altar. Y cuanto antes terminara su curso para cazar maridos, mejor se sentiría él. Hermione lo tenía entre la espada y la pared. Aún le atraían las otras mujeres, pero pensar en los problemas de ella le distraía seriamente de otras cosas, como el sexo de una noche.
Normalmente, estar con una mujer y pensar en otra no estaba mal, pero aunque no había duda de que Hermione tenía un gran cuerpo, la evidente tendencia hacia el matrimonio que manifestaba se había metido bajo su piel. Estaba fuera de su círculo de acción, pero a su libido le costaba recordarlo.
La pizza acababa de ser sacada del horno y el queso se deshacía en tiras cuando Draco sirvió las dos primeras raciones.
—¿Vas a comer la pizza con tenedor?—bromeó.
—Sólo los primeros bocados, hasta que se enfríe el queso derretido.
Hermione atrapó con la lengua una tira de mozzarella y logró enrollarla para metérsela en la boca. Draco la observó, fascinado, y olvidó por unos instantes dar un bocado a su trozo.
—Quema—dijo Hermione—, pero está deliciosa. Me encantan las cosas calientes.
Un poco de salsa colgaba de su labio superior. Sin pensarlo, Draco alargó una mano y se lo limpió con una servilleta de papel, pero deseando en su interior retirársela con su boca envés de con la servilleta.
—¡Oh, vaya! Debes pensar que soy una patosa comiendo. ¿Estoy rompiendo alguna regla básica?
—En absoluto. Draco no tenía intención de decirle lo sexy que resultaba verla comer, Dios esta mujer lo va a matar.
Hermione tenía un don natural para relacionarse con la comida de forma erótica. Víctor, su ex prometido, debía ser un egomaníaco para creer que iba a poder encontrar algo mejor que Hermione; o, tal vez, le daba pánico dar el gran paso. Draco no podía culpar a ningún hombre por sentir ese pánico; a él también le producía un miedo mortal la idea de pasar por el altar.
Hermione no podía creer que se hubiera comido media pizza. Draco no había dejado de animarla, y ella había caído fácilmente en la tentación. El cierre de los vaqueros le apretaba, y comer de noche le hacía sentirse somnolienta.
El frío aire exterior, y el del volkswagen, la reavivó, pero no lo suficiente como para que se le ocurriera un hábil plan para volver a su apartamento sin escolta. Aunque tampoco se esforzó demasiado. A pesar de que aquello no fuera una cita, debía reconocer que había disfrutado demasiado para su paz mental.
—¿Te apetece pasar a tomar un poco de helado?—dijo, cuando ya estaban ante la puerta de su apartamento.
—De acuerdo.
—Sólo tengo helado de chocolate, con mucha azúcar pero sin grasa. Lo digo por si te importa.
Al parecer, a Draco no le importó. La siguió al interior y Hermione empezó a arrepentirse de haberlo invitado. No quería que pensara que lo estaba tratando como si aquello se tratara de una cita en toda regla, sobre todo después de que el se hubiera negado a que pagaran a medias.
Incluso antes de encender las luces vio que la luz de su contestador parpadeaba furiosamente. Quiso ignorarla, pero pensó que a Draco le parecería extraño que lo hiciera. De todas formas, lo más probable era que se tratara de su madre, o de Ginny, que querría ponerla al corriente sobre su primera cita con un nuevo tipo.
—Supongo que será mejor que compruebe quién ha llamado—dijo en tono de disculpa mientras apretaba el botón.
—Hola, Hermione. Soy Ronald. Sé que te parecerá raro, pero no llamo para comprobar si estás en casa. Puede que me esté pasando, pero esta noche sólo me apetecía salir contigo. Así que, si no tienes ningún compromiso para el sábado que viene, ¿te importaría reservarlo para mí? Volveré a llamarte. Adiós.
—Supongo que ahora me crees—dijo Draco, en un tono que sólo podía pasar por sarcástico.
—¿Qué quieres decir?
—Que mostrarse un poco distante al principio tiene sus compensaciones. Aunque puede que tampoco sea conveniente comprometerse con tanta antelación.
—¡No se puede tener todo, Malfoy! Primero pensaste que Ronald llamó demasiado tarde. Ahora te parece que lo ha hecho demasiado pronto.
—Puede que sólo quisiera comprobar si era cierto que no habías salido.
—¡Eres imposible! Creo que ha sido un gesto muy agradable por su parte llamar esta noche. ¿Cómo puede parecerte mal que me llame con una semana de antelación?
—No me parece mal—Draco frunció el ceño—. En cualquier caso, creo que estoy demasiado lleno como para tomar chocolate.
Hermione lo miró con una sonrisa irónica.
Creo que lo que sucede es que estás enfadado porque Ronald ha llamado pronto.
—No. Lo que creo es que la clase de hoy ya ha sido suficientemente larga.
—Tienes razón. Gracias por la pizza.
Draco se fue antes de que Hermione pudiera acompañarlo a la puerta. Al principio se puso de morros, pero luego sonrió.
El consejo de Draco había dado resultado, pero, tal vez, no en el sentido que él había esperado.
—¿Qué juego se traía Malfoy entre manos? ¿Y por qué le importaba lo que él pensara?
Bueno aqui esta el capi de hoy. Se que se ha quedado el punto de intriga pero ya saben, ay que dejarlos deseando un poco mas asi que aqui tienen su avance:
Hermione no se había dado cuenta de lo cerca que estaba de Draco.
—Una chica mala sabría qué hacer ahora—dijo él, en un ronco tono de voz que Hermione no había escuchado antes.
—¿Buscar una linterna?
—Respuesta equivocada.
Hermione alargó una mano y la apoyó sobre el pecho de Draco. Este contuvo el aliento.
—Suponiendo que estuviera con alguien que no fuera un potencial marido—dijo.
—En ese caso, las reglas cambian mucho.
—Una mala chica se aprovecharía de un apagón.
—Yo lo haría—susurró Draco.
Gracias por todo y ya saben make me happy!
nos leemos pronto.
XOXO
