Historia basada (adaptada) de la novela de la autora Drew Jennifer
Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling y a la Warner Bros.
Nota de la autora: gracias a todos por su apoyo me han sorprendido mucho los animos que me envian para que suba el capi mas rapido y por sus animos para continuar la historia, pero aquien le deberian dar las gracias es a tezzy'rouses ella me animo a subir el capi antes de lo que tenia pensado. asi que sin mas disrfuten
"Las chicas buenas van al cielo
y
las malas a todas partes"
Capítulo 5
Hermione no podía creer que ya fuera jueves. Afortunadamente, los días se habían sucedido con fluidez, porque estaba deseando que llegara el fin de semana. Ronald acogió su aceptación con entusiasmo. La llamó el lunes y el miércoles para confirmar los detalles de su cita y no sólo eso. También había quedado para almorzar el domingo con Harry Potter. Sólo lo recordaba como un par de anchos hombros, ojos verde esmeralda y el cabello desordenado, pero la aburrida vida social de Hermione se había convertido de repente en una aventura.
Ni siquiera le importaron los cuarenta y cinco minutos que se tomaron tres octogenarios para elegir una corona de flores y luego dividir el coste entre los tres. Acababa de poner el cartel de cerrado en la puerta cuando un cliente de última hora golpeó insistentemente la ventana. Su jefa no quería que abriera cuando ya había cerrado, pero Hermione siempre se sentía incómoda al pensar que la observaban desde fuera cuando aún tenía todas las luces encendidas. Lo menos que podía hacer era señalar el cartel y decir sólo con los labios que estaba cerrado.
Pero cuando vio quién llamaba, rompió la norma y abrió la puerta.
—Draco.
—Hola—Draco trajo consigo el frío de febrero al interior de la tienda.
—Si necesitas otro ramo, tendrás que comprar uno que ya esté hecho. Se supone que no debo dejar pasar a los clientes cuando ya ha pasado la hora del cierre.
—¿Estás rompiendo la regla para dejarme pasar?—el sonrió ampliamente—. Eso está bien. Hace que me sienta especial.
—Haría la misma excepción por cualquier conocido.
—Eres demasiado sincera.
—Haces que eso parezca un defecto—Hermione dejó escapar una risita que más pareció un hipo—. Si no vas a comprar flores para tu ligue de turno, ¿qué haces aquí?
—¡Sincera y brutalmente directa! ¿Sabes lo letal que puede resultar esa combinación para la vida amorosa de una chica?
—Me hago una idea—dijo ella con ironía—. Pero supongo que tengo que darte las gracias por mi regreso a la tierra de las citas.
—¿Volvió a llamarte Ronald?
—Dos veces. El lunes y anoche.
—Está demasiado ansioso.
—Gracias a tu consejo. Nunca había dejado de estar disponible para una cita sólo porque la semana ya estuviera avanzada. Mi recompensa son dos citas para este fin de semana.
—¿Dos? ¿Has aceptado una segunda cita con Ronald antes de tener la primera?—preguntó Draco en tono quisquilloso.
—No, claro que no. El domingo voy a salir con otro de tus amigos, Harry Potter.
Draco frunció el ceño.
—Potter—repitió, y Hermione sintió un ligero escalofrío al mirarlo; no querría que nunca se enfadara de verdad con ella—. No es amigo mío.
—Pero estaba en la boda. No dejaba de comer caramelos de menta.
—Oh, sí. Trabaja con Theo, mi cuñado. Supongo que está bien.
—¿Se supone que sólo debo salir con los tipos que tienes en tu lista de candidatos?
Hermione no trató de ocultar su enfado—. ¿O tengo permiso para salirme de ella?
Draco no se molestó en contestar.
—¿Conoces a muchos tipos aquí?—preguntó, señalando a su alrededor.
—A muchos—dijo Hermione, sin molestarse en añadir que casi todos iban a comprar flores para otras mujeres.
—¿Fue aquí donde conociste a Victor?
En ese momento Hermione pensó que Draco se estaba pasando de la raya.
—No. Era el amigo de un amigo—dijo, con toda la frialdad que pudo.
—Me estoy pasando al sacar a relucir ese tema, ¿verdad?
La traviesa sonrisa de Draco hizo que ella también sonriera.
—Sí. Pero supongo que estoy en deuda contigo.
—¿Por todos mis buenos consejos?
—No, por haberme llevado a la boda.
—Hablando de consejos...
—No recuerdo haber mencionado esa palabra—replicó Hermione. Ella también sabía jugar.
—Pero sí recuerdas que me los pediste, ¿no? Aquello parecía una de las viejas películas de espadachines que tanto gustaban a ella, y, sin duda, Malfoy sabía cómo penetrar su guardia.
—Sí, te lo pedí.
—Entonces, ¿cuándo podemos vernos para dar otra clase?
—Ya sabes que estoy ocupada el sábado y el domingo.
Miércoles, sí; Jueves, no. Draco le había aconsejado que no estuviera demasiado disponible. Había llegado el momento de hacerle probar su propia medicina. ¡Aunque sabía que no le estaba pidiendo una cita, por supuesto!
—Entonces, ¿qué te parece mañana por la noche?
—No, mañana no es posible. Es la noche en que salgo con las chicas.
—¿Y no puedes cancelar la cita? Podrías ver a tus amigas en cualquier otro momento.
—Nos vemos una vez al mes, pase lo que pase. Somos amigas desde el colegio, y la norma está grabada en piedra: cuando quedamos, cumplimos con nuestra cita aunque tengamos mejores ofertas.
—¿Así que mi oferta es mejor? Draco creía que la había atrapado.
—¿Una conferencia sobre el comportamiento adecuado durante una cita? ¡No creo!
—Cuando ibas al colegio, ¿no te fijaste en que las malas chicas tenían mejores ofertas y las aceptaban? ¿Y qué hacéis tus amigas y tú que resulta tan divertido?
—Salimos a comer y luego vamos a una bolera, a menos que haya algún otro acontecimiento especial.
—Si son como mi hermana y sus amigas, probablemente pasan la mayor parte del tiempo hablando de hombres.
—Nos dedicamos a fortalecer nuestros lazos de amistad, no a diseccionar a los hombres—dijo Hermione, pensando que no debería haber abierto la puerta.
—Te pones muy guapa cuando haces morritos.—Draco deslizó un frío dedo bajo la barbilla de Hermione, provocándole auténticos escalofríos.
—Volviendo al tema de antes, ¿no te inspira cierta cautela que un tipo te llame un sábado por la noche para quedar contigo al otro sábado?
—A mí me pareció muy listo.
—Listo—Draco frunció los labios y expresó desaprobación con una desabrida expresión.
—Me aconsejaste que no aceptara una cita cuando me llamaran ya avanzada la semana. Ahora quieres que me muestre suspicaz porque Ronald me llama con demasiada antelación. ¡Creía que las chicas malas hacían sus propias reglas!
—Si de verdad quisieras ser una mala chica, olvidarías la cita con tus amigas.
—¿Por una oferta de última hora? ¡Me estás volviendo loca!
—No quiero que dejes plantadas a tus amigas por una cita. Sólo creo que necesitas algunos consejos más antes de que tu vida se complique demasiado.
—Ya he tenido primeras citas antes. Sé cómo manejarlas—aseguró.
Draco no podría haberla mirado con más escepticismo si hubiera dicho que salía con un marciano.
—De acuerdo—concedió Hermione sin demasiadas ganas—. Tienes razón. Te pedí ayuda.
—De hecho, pagaste por ella. Estoy deseando que llegue la semana que viene para ir al primer partido.
—Así que necesito tus consejos. ¿Y por qué no me los das esta noche?
Hermione se tomó la indecisión de Draco como respuesta. Sintió una pequeña punzada en el corazón al preguntarse como sería la chica de la semana: ¿rubia, morena, o pelirroja?
Se desanimó visiblemente, y Draco se sintió un poco perverso.
Llevo saliendo con chicos desde que me pusieron las brakets en los dientes.
—Salí con una chica que...—Draco se interrumpió, diciéndose que Hermione no tenía por qué enterarse de sus hazañas de adolescente.
— No importa. ¿Podrías sobrellevar una cena a base de espaguetis con mi clan?
—Podría, pero...
—Bien, entonces, vamos allá.
—No he dicho que fuera a ir.
—Tampoco has dicho que no—Draco sonrió amplia y seductoramente.
—Quita esa tonta sonrisa de triunfo de tu cara— exigió ella sonrojada por su acción.
—Esta no es una sonrisa de triunfo—dijo el pícaramente.
—Si esa es una sonrisa de triunfo...
—No, sólo es una sonrisa optimista.
—No sé, Draco. Una persona más a comer...
—Ese argumento no es válido. Mi tía siempre cocina suficiente para un ejército.
—Tendría que ir a casa a cambiarme.
—No hace ninguna falta—todo lo que Draco podía ver bajo la bata rosa de Hermione eran unos pantalones de color azul marino, pero sabía que tenía buen gusto vistiendo.
— Es una cena totalmente informal.
—¿Dónde vive tu tía?
—En el este, a una media hora de aquí. ¿Estás lista?
—¿No te resultará incómodo tener que traerme a casa luego?
Draco pensó que Hermione no era la primera mujer a la que no le hacía gracia la idea de helarse en su coche.
—Tengo la furgoneta y no pienso aceptar un no por respuesta.
Ni siquiera estaba seguro de querer que ella fuera, pero allí estaba, empeñándose en convencerla, Dios el mundo se esta volviendo loco, definitivamente tengo que sacarla de circulación cuanto antes.
—Con una condición—dijo ella—. Te seguiré en mi coche.
—No es necesario.
—Esto no es una cita, ¿no?—Hermione rió; Draco no podía replicar nada a aquello.
—No, por supuesto que no.
—¿Estás seguro de que no quieres llevar a otra persona?
¿Acaso creía Hermione que salía todas las noches una mujer diferente para sexo casual?, se preguntó Draco. Sí, probablemente lo creía.
—Si así fuera, no te habría pedido que vinieras.
—Bueno, de acuerdo. Podemos irnos, pero no quisiera interferir en tu vida privada.
—No te preocupes, no te dejaría.
Menuda mentira, pensó Draco. Estaba viviendo como un auténtico monje para ayudar a Hermione a encontrar un marido, y ella se dedicaba a juzgar su vida sexual. Salió de la tienda y esperó en la furgoneta a que ella saliera.
Afortunadamente, a sus parientes les encantaban los invitados inesperados. Les libraba de tener que hablar entre ellos todo el rato, aunque su madre y sus tías eran capaces de extraer un par de horas de conversación de un caso de herpes. Cada enfermedad conocida por la humanidad había golpeado a alguien que conocían, y recordaban los síntomas mejor que los médicos.
¿Qué hacía llevando de nuevo a Hermione a una reunión familiar? Se palmeó la frente y vio cómo se acercaba a la furgoneta, sorteando con agilidad los parches de hielo. Tenía un delicioso contoneo al andar.
Debía conseguirle algo mejor que Ronald Weasley. Casi estaría mejor con Teddy, su primo recién divorciado. Gimió en alto al imaginar a Teddy haciendo su gracia de mover las orejas mientras absorbía los espaguetis.
Mientras ponía el coche en marcha, volvió a preguntarse si llevar a Hermione a ver a su familia no sería un gran error.
Su tía Andromeda y el marido de ésta, Ted, compraron una casita cuando se casaron y habían pasado treinta años embelleciéndola. Draco condujo a Hermione hacia la puerta con la mano apoyada en su cintura.
La puerta se abrió antes de que pudieran llamar. La madre y las tias de Draco asaltaron a Hermione en cuanto entró en la casa, dándole la bienvenida como si fuera ella la que regresara de su luna de miel... o la chica destinada a arrastrar a un feliz soltero a su Waterloo particular.
—Claro que me acuerdo de ti, Hermione—dijo tía Andromeda—. Ven a ver si conoces a todo el mundo. Estamos encantados de volver a verte.
Draco la siguió, reacio; no podía dejarla sola en las garras de su familia.
—Por supuesto que la recuerdo—estaba diciendo Hermione a tía Bella—. Llevaba aquel precioso vestido color coral en la boda. Tía Bella sonrió, radiante.
Hermione le caía bien a la familia. Draco gruñó interiormente, preguntándose qué tenía aquella mujer para despertar su afán protector. ¡Y ojalá fuera ese el único afán que despertara en él! A quien engañaba. Fruta prohibida, pensó, descontento. Sólo por haber decidido que Hermione no estaba en su campo de acción no podía dejar de pensar en ella de un modo que nada tenía que ver con ser su tutor o su colega.
Captó un destello de sus perfectos senos bajo el jersey rosa que llevaba puesto y tuvo que secarse el sudor de las palmas de las manos en los costados de los vaqueros. No era la mujer más sexy que había conocido, y había salido con varias más sexis que ella.
Tal vez, su inquietud se debía al hecho de que nunca había tenido la oportunidad de mirar aquellos hipnóticos ojos marrones mientras estaba desnuda. Posiblemente, si viera todo lo que había que ver y sintiera aquellas sensuales curvas retorciéndose y gimiendo debajo de él no se sentiría tan amenazado.
Si no tenía cuidado, sería él el que acabaría al final del largo pasillo de una iglesia, vestido de esmoquin y viendo pasar su vida ante sus ojos.
¡Ni hablar! Hermione era preciosa y encantadora, pero no era lo que él quería. Ella no buscaba algunas noches de sexo pasional, como él. Ambos sabían qué terreno pisaban, de manera que todo lo que tenía que hacer era guiarla desde su primera cita al altar. Sencillo. O eso esperaba.
—¡Guárdate la lengua en la boca, atontado!—Selene se colocó junto a Draco y le palmeó sonoramente un hombro—. Esto no es nada típico en ti.
—¿De qué estás hablando?
—Del feliz día en que tendrás que tragarte tus palabras. Ya sabes, todas esas tonterías sobre vivir en libertad, sin ataduras, etc.
—¿No has engordado un poco?—replicó Draco burlonamente, tratando de cambiar de tema—. ¿No deberías estar por ahí haciendo un bebé, en lugar de cotilleando con la familia?
—Es la chica que te vendió el vestido de novia, ¿no? ¿Cómo es que pasó casi toda la noche bailando con Ernie Mcmillan si tú estás interesado en ella? No puedo creer que Ernie sea competencia seria.
—No puedo creer que me estuvieras vigilando en tu propia boda—replicó Darco—. ¿Qué tal te va la vida de casada?
—¿Respondiendo a una pregunta con otra?—acusó su melliza—. Conozco todos tus trucos.
Draco suspiró.
—Sólo la estoy ayudando con algunos consejos. Ha tenido mala suerte con los hombres y va a salir este fin de semana con Ronald.
—En ese caso, supongo que te he interpretado mal—aquello era lo más cerca que podía llegar Selene a una disculpa para Su mellizo.
—Tus kilos de más sólo se notan por debajo de la cintura—dijo Draco, para igualar el marcador.
De pronto, tuvo un inquietante pensamiento. ¿Acabaría Selene tan gorda como una de sus tías?
—Será mejor que vaya a rescatar a Hermione. Me temo que Teddy está haciendo su truco Con las orejas—dijo, casi esprintando a lo largo del salón para salvarla.
—Tía Andromeda es una cocinera estupenda—dijo Draco en la mesa, tratando de sugerir un lado brillante al caos de aquella cena familiar—. Sus menús son un poco raros, pero todo sabe muy bien.
Draco se sirvió un poco de remolacha picada y un huevo junto a sus espaguetis y se preguntó por qué habría insistido su madre en que fuera su padre. Este casi nunca asistía a aquellas reuniones familiares.
—Oh, se me ha caído la servilleta—susurró Hermione.
—Yo la recojo—dijo Draco.
Pero decirlo era más fácil que hacerlo. La mesa estaba completamente abarrotada de gente y detrás de ellos había una pared. Tras estrujarse contra ésta, Draco logró introducir una mano bajo la mesa.
Lo que agarró era delgado, firme y torneado.
—Hey, eso es mi tobillo—dijo Hermione.
—Lo siento—Draco deslizó la mano hacia abajo, por encima del zapato de Hermione, y estiró los dedos, esperando encontrar la servilleta—. No la encuentro—dijo, irguiéndose—. Puedes quedarte la mía.
—Podemos compartirla. Son tan grandes como sábanas.
—Nadie que no sea pariente tendría que pasar por esto—susurró Draco junto al oído de Julie, aunque no era probable que alguien lo hubiera oído. Habría hecho falta hablar a gritos para hacerse oír por encima del bullicio general.
— ¿Prefieres irte?
—No, lo estoy pasando bien—contestó Hermione.
Incluso mientras lo decía, se dio cuenta de que era cierto. Su familia era más reducida y estaba muy dispersa. Los parientes de Draco hablaban alto, reían mucho y parecían quererse de verdad. También sabían hacer que ella, una desconocida, se sintiera bienvenida y relajada, pero intuía cuál era el motivo: que fuera ella la que por fin atrapara al casanova de la familia. Pero ella ni siquiera quería pensar en eso.
Draco había dejado bien claro que el compromiso y el matrimonio no estaban entre sus planes y ella se sentía todavía demasiado frágil como para caer en un enamoramiento sin esperanzas.
En otras palabras, colarse por Draco sería una locura. Desafortunadamente, el tobillo aún le cosquilleaba, y no le importaba en lo más mínimo que la pierna de Draco acariciara la suya, pero sólo porque estaban apretujados en torno a la mesa.
—Un brindis—propuso Ted, alzando su vaso de vino tinto—. Por los recién casados. La luna de miel ha terminado, Theo. Cualquier día de estos, tendremos buenas noticias de Selene.
—Amen a eso—dijo Draco en voz tan baja que sólo Hermione pudo oírlo.
Cuando, tras varios brindis más, la comida terminó, sólo algunos comensales se levantaron de la mesa, y Draco se unió a ellos rápidamente. Hermione lo siguió, apretujándose entre las sillas de los que seguían sentados y la pared. Mientras lo hacía, se sorprendió pensando que Draco no lo habría logrado si hubiera estado excitado y firme como una tienda de campana.
¿Cómo podía pensar en él de aquella manera? cuando Draco apoyó una mano en su brazo, lo apartó como si hubiera recibido una descarga. Estaban rodeados por una horda de parientes, incluyendo a la madre de Draco, mientras ella vibraba literalmente de deseo. «Llámalo por su nombre», se reprendió estaba tan excitada. De algún modo, terminaron en la cocina solos.
Hermione se distrajo momentáneamente al ver la profusión de aparatos y electrodomésticos. El mostrador estaba lleno de pequeños aparatos de cocina que nunca había visto.
Draco leyó sus pensamientos.
—A tío Ted le gustan mucho todos esos utensilios. Si Andrómeda recibiera algo más por navidades o en su cumpleaños se desmayaría.
—¿Por qué hay tres microondas?—preguntó Hermione, que aún seguía perpleja.
—Por si dos se estropean—Draco sonrió y ella rió—. Vamos a buscar algún lugar más tranquilo.
—Para hablar—Hermione se lo estaba diciendo a sí misma, no a él, Dios lo que la falta de sexo le podía hacer pensar a una mujer.
Bajaron al sótano, pero también estaba abarrotado. La habitación de recreo tenía un bar y una mesa de ping pong, pero ambos estaban en uso.
Draco condujo a Hermione a otra habitación en la que encontraron a dos primos pelinegros jugando a una vieja máquina de pinball que conservaba tío Ted.
—Se supone que no deberían estar jugando a eso—dijo Draco—. Pero, si se dan prisa, pueden utilizar el vídeo de tío Ted en el dormitorio. Miren en la caja que está a la derecha. Creo que encontraras una copia de Space Babes from Planet junto a las cinco copias de Saturday Night Fever de tía Andromeda.
—Sabes tratar a los niños—dijo Hermione, riendo mientras los primos salían corriendo de la habitación—. ¿Por qué cinco copias?
—Mi tía es una devota de Travolta.
—Tienes una familia muy divertida.
—Por favor...
—No, lo digo en serio—dijo Hermione, mientras se sentaba en un sofá.
—Bueno, espero que no tengamos que seguir Con tu entrenamiento demasiado tiempo.
—No.
Draco acababa de darle un golpe verbal, y ella se preguntó por qué le había dolido tanto.
—Lo que quiero decir...
—Sé lo que querías decir.
—No, no lo sabes. Disfruto ayudándote, pero ya casi no me queda nada que enseñarte—Draco movió la cabeza con pesar—. A veces soy un poco bruto.
—Un bruto encantador.
Hermione pensó que, si alguna vez encontraba al hombre adecuado, sería agradable que se pareciera a Draco. No tenía por qué tener su mismo pelo, pero le encantaría que tuviera las piernas de Malfoy. Vio el contorno del músculo de su pantorrilla cuando apoyó un tobillo en la otra pierna, y su muslo parecía fuerte y firme bajo los ceñidos vaqueros.
No se atrevió a mirar bajo el cinturón. Ya era bastante duro recordar cómo contorneaban los pantalones su firme trasero. Y su pecho, si alguna vez llegara a verle quitarse la camisa, probablemente se desmayaría.
—Tu hermana parece muy feliz.
—Sí.
—Y se nota que su marido la adora—Hermione suspiró—. Creo que nunca encontraré un hombre adecuado para mí—era su peor temor, y se le escapó sin querer.
—No te rindas tan pronto. Tienes al mejor entrenador del mundo. Y te aseguro que no acabarás con un perrito faldero como Theo.
—¿No te gusta tu cuñado?
—Claro que me gusta. Es uno de mis mejores amigos.
—En ese caso, no quiero ni imaginar lo que dirías sobre alguien que no te gustara.
—No es cuestión de gustos. Theo se comporta como un mono sujeto a una cadena.
—Cuando Selene dice «salta», él obedece. Solía ser un tipo divertido. Ahora está domesticado.
—Puede que sólo quiera hacer feliz a Selene.
—Sí, claro.
—O puede que te asuste la posibilidad de que te pase lo mismo.
—Se supone que soy yo el que da los consejos—dijo Draco, sonriendo sin humor—. Me gusta mi vida tal y como es.
—Felicidades. ¿Por qué hacer feliz a una sola mujer pudiendo distribuir alegría a todo lo largo y ancho de este mundo?
—Creo que nos estamos saliendo del tiesto, Hermione.
—Sólo trato de conseguir que no vuelvas a cometer el mismo error que cometiste con Victor.
—¡Vaya!
—No pretendía decir que tú fueras la culpable de laruptura.
—Pero sí de elegir a un perdedor.
—Será mejor que nos centremos en tu cita, o en tus citas de este fin de semana.
—Claro, ¿por qué no?—Hermione miró la mano de Draco, deseando que la tuviera apoyada en su rodilla. Pero se odió enseguida por sentirse atraída por otro hombre que no le convenía.
—En tu cita—dijo Draco con firmeza—, asegúrate de ser tú la que termina. Una mala chica siempre toma la iniciativa. El encuentro termina cuando tú lo decidas y no dejes que dure demasiado. Hazle ver a Ronald que consideras muy valioso tu tiempo.
—Y que le estoy haciendo un regalo compartiendo con él algunas horas.
—Exacto.
—¿Y si me estoy divirtiendo?
—Sé fuerte. Manda. Y ahora, respecto al beso de despedida...
—No quiero consejos respecto a eso.
—Lo sé. Mayor motivo para seguir mi regla. Sé tacaña.
—Creía que a las chicas malas les gustaba el sexo.
—Aún no hemos llegado a eso. Sólo hablamos del primer beso de buenas noches en la mejilla.
—¿O en la frente?
Draco tuvo el detalle de parecer incómodo.
—Si busca tus labios, sólo deja que te los roce y lo peor que puedes hacer es invitarlo a pasar a tu apartamento en vuestra primera cita.
—Tus consejos suenan muy anticuados, Draco. Esperaba que fueras a decirme algo más útil.
—Si quieres que hable claro, lo haré. La mayoría de los tipos sólo están interesados en meterse entre tus piernas.
—¿Habla la voz de la experiencia?
Draco ignoró el comentario de Hermione. Era uno de sus rasgos más irritantes.
—Es una constante en la cosa hombre mujer.
—En la relación no, en el sexo si.
—Lo que más desean los hombres es lo que les parece inaccesible.
—Eso ya lo sabía en el jardín de infancia.
Hermione estaba enfadada con Draco, pero furiosa consigo misma. ¿Por qué permitía que un soltero profesional le diera consejos sobre cómo conservar a un hombre? ¡Ya ni siquiera estaba segura de querer uno!
—Una cosa es saberlo y otra llevarlo a la práctica.—Me voy a casa.
—Puedes huir—dijo Draco—. Pero cometes un gran error si crees...—las luces de la habitación parpadearon y, un segundo después, se apagaron—. Seguro que los niños han vuelto a jugar con la máquina—escucharon unos ruidos apagados, pero la puerta cerrada los mantenía apartados de quienes estaban en la habitación de recreo.
—¿Dónde están los fusibles?—preguntó Hermione, levantándose instintivamente, a pesar de que no parecía prudente moverse por el sótano de una casa desconocida.
—Probablemente estarán en la cocina. Alguien se ocupará de darles.
Hermione no se había dado cuenta de lo cerca que estaba de Draco.
—Una chica mala sabría qué hacer ahora—dijo él, en un ronco tono de voz que Hermione no había escuchado antes.
—¿Buscar una linterna?
—Respuesta equivocada.
Hermione alargó una mano y la apoyó sobre el pecho de Draco. Este contuvo el aliento.
—Suponiendo que estuviera con alguien que no fuera un potencial marido—dijo.
—En ese caso, las reglas cambian... mucho.
—Una mala chica se aprovecharía de un apagón.
—Yo lo haría—susurró Draco.
Hermione sintió el aliento de Draco en su frente, luego sus labios.
—¿Sólo estás practicando?—lo retó Con descaro. Se humedeció los resecos labios con la punta de la lengua y se inclinó hacia delante justo cuando él la rodeaba con sus brazos.
—Oh... La boca de Draco cubrió la de Hermione. Ella entreabrió los labios, ignorando todos los motivos por los que aquello no debería estar sucediendo. Su conciencia le advirtió, pero no quiso detener el sensual tanteo de la lengua de Draco ni el ansia de sus besos.
Draco deslizó una mano bajó el jersey de Hermione e introdujo los dedos bajo los elásticos del sostén, prolongando el momento antes de liberar sus pechos del confinamiento de encaje. Todas sus ideas preconcebidas se estaban esfumando Como humo. No podía enseñarle nada sobre cómo encajar su cuerpo Con el de él, sobre cómo frotarse contra una docena de sitios distintos, todos insanamente eróticos.
Ahora ella era la agresora, la que mordisqueó sus labios entre beso y beso, la que deslizó las manos por su pecho hasta encontrar sus tetillas para acariciarlas.
—Oh...—el gemido de Draco surgió de lo más profundo, y no pudo esperar un momento más a abarcar los pechos de Hermione en sus manos.
—No deberíamos...—murmuró ella, sin oponer ninguna resistencia cuando Draco deslizó una rodilla entre sus piernas.
—No, aquí no...—dijo él, pero no sabía si podría esperar hasta que estuvieran de vuelta en su casa.
—Draco...
La luz volvió en aquel momento, mostrando a Draco los húmedos e inflamados labios de Hermione.
—No podemos...—ella se apartó, sorprendiéndolo con la fuerza que notó tras su asustada retirada.
—Podemos ir a tu casa.
—¡No! - Hermione se volvió y salió corriendo como un conejito asustado, dejando la puerta abierta a sus espaldas.
¡Menuda mala chica!, pensó Draco, con una mezcla de diversión y pesar, sabiendo que no estaba en condiciones de salir tras ella entre un montón de familiares curiosos.
¿Cómo iba a manejar Hermione sus citas si bastaban unos besos para hacerle salir corriendo? Por supuesto, era él quien debería huir de Hermione Granger tan deprisa como se lo permitieran sus piernas. Hacia tiempo que no se ponía tan caliente con tanta rapidez.
Su trabajo había quedado interrumpido. Tenía que lograr que Hermione resultara irresistible para sus amigos, sobre todo para los que querían casarse, por escasos que fueran, y totalmente «resistible» para él.
Respiró profundamente, tratando de calmar sus pensamientos y el impacto que Hermione le había causado a su libido.
Sí, su trabajo había quedado cortado en seco. Él y algunos amigos iban a darle a Hermione una o dos sorpresas el día que había quedado con sus amigas.
Huuuuuuuu! se esta poniendo bueno el asunto y quien sabe como van a avanzar las cosas o hacia donde.
En el proximo capitulo de su historia:
Hermione era dulce e inocente, pero tan sexy y provocativa que algún miserable acabaría aprovechándose de ella algún día. Ella no sabía hasta que punto era deseable, y precisamente en eso radicaba su atractivo. Si llegara a saber manejar aquella cualidad, tendría a los hombres cayendo a sus pies como moscas. ¿Pero estaba preparada para ello? ¿Peor aun lo estaba él?
—¡Mira eso!—Blaise silbó con suavidad y dio con el codo a Draco—. Menudo bombón.
asi que no se lo pierda, aqui a la misma hora y por el mismo canal!
jajajaja no me pude resistir usar el cliche de toda telenovela.
asi que se me cuidan y ya saben
XOXO
