Historia basada (adaptada) de la novela de la autora Drew Jennifer

Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling y a la Warner Bros.

Nota de la autora: Hola a todos. Espero que este capitulo los deje satisfachos a todos... hasta que llegue el siguiente. Disfruten y a leer.


" Un flirteo es como un remedio,

nadie puede predecir sus efectos secundarios "


Capítulo 6

—¿A qué viene esa repentina urgencia por ir a la bolera?—pregunto Blaise Zabinni desde el asiento trasero de la furgoneta de Draco—. Creía que íbamos a ir al Bar.

—Podemos ir más tarde—dijo Draco. Blaise no era fácil de convencer.

—Pensaba que no te gustaba jugar a los bolos.

—Sólo quiero ver a alguien. Luego nos iremos—dijo Draco, tratando de dar un mínimo de explicaciones—. No esperaba que esta noche vinieras con nosotros, Theo.

—Selene ha tenido que sustituir a una amiga enferma. Ha volado a Londres. De todos modos, su semana de vacaciones ya ha terminado—dijo, con evidente pesar.

—Anímate, tronco—Blaise alargó una mano y apretó amistosamente el hombro de Theo.

— Un hombre casado necesita un poco de tiempo libre, pero me sorprendió que Selene te dejara llamarme.

—Ella no me dice lo que tengo que hacer o dejar de hacer. Lo único que me dijo antes de irse fue:

«Mantente alejado del mujeriego de mi hermano, andar con el solo te metera en problemas».

—Que encanto por eso en momentos como este me pregunto por que te casaste con ella—murmuró Draco.

—A un hombre enamorado no se le puede decir cualquier cosa—bromeó BLaise—. Hey, seguro que los marcianos pueden ver esta bolera desde el espacio.

Las luces del enorme cartel de la bolera iluminaron el interior de la furgoneta mientras entraban en el aparcamiento.

—No me avergüencen ahí dentro, amigos—rogó Theo—. Nada de bromas sobre la luna de miel, ni de tratar de encasquetarme algún pimpollo.

—Somos demasiado maduros para eso—aseguró BLaise con burlona seriedad.


Draco guió la marcha y encontró justo lo que esperaba un montón de chicas simulando estar allí para jugar a los bolos y más o menos el mismo número de chicos sin simular nada.

Era un buen lugar para ver si Hermione ponía en práctica algunas de las tácticas de «chica mala». Eso, contando con que estuviera allí. ¿Quién podía predecir lo que haría una mujer? Y menos aún, un grupo de ellas.

Hermione era dulce e inocente, pero tan sexy y provocativa que algún miserable acabaría aprovechándose de ella algún día. Ella no sabía hasta que punto era deseable, y precisamente en eso radicaba su atractivo. Si llegara a saber manejar aquella cualidad, tendría a los hombres cayendo a sus pies como moscas. ¿Pero estaba preparada para ello? ¿Peor aun lo estaba él?

—¡Mira eso!—Blaise silbó con suavidad y dio con el codo a Draco—. Menudo bombón.

—A ver si maduras de una vez—dijo Theo. Draco asintió, pero había llamado a Blaise porque sabía que estaba dispuesto a ir a cualquier sitio a intentar lo que fuera y mas aun si en el habían chicas bellas y fáciles de conquistar. De todos sus amigos, Blaise era el que más se había resistido a crecer.

—Voy a apuntar nuestros nombres en la lista para reservar una pista—dijo Theo.

—Vayan ustedes. Yo voy a echar un vistazo—dijo Draco, y dejó a sus amigos junto al mostrador.

No había estado allí antes, pero se trataba de la típica bolera, con las pistas en la parte delantera y el bar con mesas y asientos en la parte trasera.

Sintiendo cómo se aceleraban los latidos de su corazón, recorrió con la vista pista por pista, empezando a pensar que aquello era una pérdida de tiempo. Entonces la vio, tan bella y sensual en su inocencia, que lo dejo pasmado.

Blaise y Theo se reunieron con él y fueron hasta la parte trasera de las pistas.

—Tendremos que esperar una media hora—dijo Theo.

Draco apenas escuchaba lo que decían sus amigos; estaba demasiado ocupado pensando en lo que iba a decirle a Hermione. Era posible que no se alegrara de verlo sobre todo después del apagón del día anterior, el cual le había dejado un problema tan grande que paso la noche teniendo sueños húmedos, Dios ni de adolescente le había pasado esto tan seguido como le estaba pasando con la inocente Hermione Granger, esa mujer definitivamente iba hacer su perdición.

Se sentó tras la pista en que jugaban ella y sus amigas, sin prisa para que se fijara en él. Estaba con una chica alta y esbelta con el pelo rojo intenso, y, sorpresa, sorpresa, con un par de gemelas pelinegras con piel canela y el pelo sujeto en una larga trenza. Ambas llevaban ceñidos pantalones negros y camisetas de rayas horizontales, sólo distintas en la mezcla de colores. Las dos eran guapas, pero él no podía apartar la mirada de Hermione.

Ésta llevaba una falda corta ¿acaso no sabía lo que estaba provocando? y sus piernas resultaban espectaculares, toreadas y delicadas tal y como le gustan, incluso con los patosos zapatos que había que ponerse para jugar a los bolos.

Theo fue al bar y Blaise a mirar a una rubia que se hallaba unas pistas más allá. Draco sólo quería ver cómo se manejaba Hermione en un lugar como aquel, especialmente pensado para encuentros entre solteros.

Parecía totalmente concentrada en el juego, que era más de lo que se podía decir sobre los tipos que jugaban en la pista contigua. Estaban haciendo de todo para atraer la atención de las mujeres. Sus bufonadas hicieron que Draco se sintiera cansado y demasiado viejo para aquel juego de niños.

The regresó con una bandeja de patatas fritas con chile y se sentó a comerlas. Draco se preguntó si el matrimonio haría que Theo se convirtiera en un tipo gordo como tío Ted. No sería el primer amigo que entraba de cabeza en la madurez. Se alegraba de que su hermana tuviera un buen marido, pero estaba más decidido que nunca a no ser el siguiente en convertirse en un perrito domesticado.

No sabía qué le irritaba más: los tipos que trataban de ligar con Hermione y sus amigas, o el hecho de que ella no aprovechara la circunstancia para practicar las tácticas de flirteo. No tenía por qué ser una mala chica para ejercitar las típicas tretas femeninas. Si quería llamar la atención de los tipos que jugaban a su lado, debería pedirles ayuda en lugar de dedicarse a apabullarlos con su juego. Podía aprender un poco de las gemelas.


Cuando volvió a llegar el turno de Hermione, Draco se levantó y se acercó a las gemelas.

—Hola—saludó, sonriente—. Yo también soy mellizo. ¿Asisten alguna vez a la convención anual de gemelos?

Él no había ido nunca, por supuesto. Selene habría preferido bañarse en el lago Michigan en invierno antes que acudir a una de aquellas convenciones.

Hermione estaba recogiendo su bola, pero se volvió repentinamente al oír la voz de Draco. Asintió rígidamente con la cabeza y luego lanzó la bola, errando completamente la dirección.

—Vamos casi todos los años—dijo la más animada de las gemelas—. Prácticamente tengo que arrastrar a Padma para que me acompañe, pero luego siempre lo pasamos en grande.

Hermione estaba avergonzada con su lanzamiento y furiosa con Draco. ¿Cómo se atrevía a ponerse a ligar con sus amigas delante de ella? Las tres estaban a su alrededor, evidentemente entusiasmadas, parloteando como unas tontas descerebradas. Terminó su última ronda, lanzando una bola que dejó dos bolos en pie.

—Hermione, éste es Draco. Es un mellizo—dijo Paarvati, sin mostrar el más mínimo interés por seguir con su turno.

—Sí, lo conozco y a su hermana melliza también—replicó ella, alegrándose de aclarar a sus amigas que no había dos como él.

—¿Dónde has tenido escondido a éste hombre?—preguntó Ginny, la más antigua y querida amiga de Hermione, aunque pareciera mentira—. Es tu turno, Parvati.

Terminaron el juego, que fue el peor de Hermione en muchos años. La bola no era lo único que trataba de controlar bajo la atenta mirada de Draco. Estaba tan enfadada que la sangre le hervía.

¿Qué diablos hacía entrometiéndose en su cita con sus amigas? ¿Tendría aquello algo que ver con la desastrosa noche anterior?

Padma empezó el tercer juego, pero Hermione se rajó.

—Ya he tenido suficiente—dijo—pero sigan ustedes.

—Te invito a beber algo—ofreció Draco, tomándola por el brazo sin demasiada suavidad y empujándola hacia el bar, donde Hermione vio a Theo comprando un plato de nachos con queso.

—¿Qué hace Theo aquí?—preguntó, sorprendida—. ¿Y tú? No debí decirte que veníamos aquí. ¡No puedo creer que hayas tratado de ligar con mis amigas!

Draco respondió a la primera pregunta, que era la más fácil.

—Selene tuvo que sustituir a una amiga y Theo se sentia solo en casa.

—y Theo y tú han venido aquí por casualidad, ¿claro?

—No. Estamos con otro amigo. Creo que ahora está jugando a los bolos y lo único que he hecho ha sido presentarme a tus amigas. He venido a observarte.

—¡A observarme! Draco pidió dos refrescos y le entregó uno a Hermione. El primer impulso de ésta fue arrojárselo encima, pero su madre no la había educado para hacer algo así en público, estúpida educación.

—Me pareció buena idea. Piensa en ello—Draco dio un lento trago a su refresco—. ¿No te parece que la noche en que quedas con tus amigas es una oportunidad ideal para conocer hombres?

—No necesariamente. ¿Es que tú y tus amigos sólo saben dedicarse a conocer mujeres?

—En estos momentos, tú eres a la que más desean conocer. Les causaste una gran impresión en la boda. Pero si no estableces un contacto permanente a través de mí, volverás a estar sola. Acéptalo; no eres muy apta para conocer a los hombres adecuados.

—Gracias por potenciar mi confianza—replicó Hermione en tono helado.

Dio un sorbo a su refresco para no tener que mirar a Draco a los ojos. ¿Cómo podían estar manteniendo aquella conversación después de lo sucedido la noche anterior? Ya era suficientemente malo que Draco la hubiera besado; pero le mortificaba aún más haberle correspondido, haberlo tocado y querer más después de eso.

Todo había cambiado entre ellos. Ya no podía simular que sólo era un conocido que trataba de ayudarla.

—Sólo trato de ayudarte—dijo él, como si hubiera leído la mente de Hermione.

La sinceridad de su tono fue tal, que ella quiso creerlo.

—Respecto a anoche —Hermione fue encaminada por el hacia la parte trasera de la bolera, donde nadie podía oírlos.—Lo siento.

—¿Lo sientes?

—Ser amigo de una mujer es difícil—Draco sonrió, un poco avergonzado—. Sobre todo de una tan guapa como tú.

Hermione sintió una calidez especial en su corazón. Tal vez, su amistad no había quedado totalmente arruinada.

—El vino...

Draco la interrumpió.

—El vino no tuvo nada que ver—dijo, con una sonrisa maliciosa—. Sólo bebiste un vaso durante toda la comida.

—¿Te fijaste?

—Sí, me fijé.

Hermione podía sentir los ojos de Draco en ella, pero no se animaba a mirarlo directamente al rostro. ¿Y si llegaba a creer que estaba interesada en él? ¿La estaría animando a conocer más hombres para dejarle claro que él no estaba disponible para el matrimonio y mucho menos con ella?

—Respecto a tus técnicas...

Hermione dio un sorbo a su refresco, bastante segura de que no le iba a gustar el análisis de Draco.

—¿Qué técnicas?—preguntó.

—Precisamente a eso me refiero. No tienes ninguna—Draco miró a su alrededor—. Fíjate en la pista siete. Mira a la mujer que está recibiendo lecciones de uno de los tipos que antes trataba de ligar con tus amigas.

—Era aborrecible y aún no estoy tan mal como para conformarme con cualquier cosa. Además, esa chica sabe jugar perfectamente a los bolos. Puede lanzar la bola con suficiente fuerza como para romper los bolos. ¿Me estás diciendo que debería simular que no sé jugar?

—No, sólo te estoy indicando cómo actuaría una mala chica.

—Claro, es fácil ser una mala chica cuando tienes el equipamiento adecuado. Dijo Hermione al ver la delantera que tenia la chica antes mencionada.

—No es lo que tengas; es lo que haces con lo que tengas.

Draco volvió a tomar a Hermione por el codo y la condujo hasta la pista en que jugaban sus amigas.

—Fíjate. Una de las gemelas es una mala chica y la otra no.

—¡Eso es ridículo! Son gemelas idénticas. Las tienes que conocer muy bien para saber cuál es Parvati y cuál es Padma.

—Quédate aquí. Enseguida vuelvo. Draco fue al bar y volvió enseguida con tres refrescos que llevó a las amigas de Hermione. Esta no sabía qué trataba de probar, pero se sentía muy escéptica respecto a toda aquella farsa.

Draco le entregó un refresco a cada chica y éstas, que ya habían terminado el último juego, se apartaron de las pistas. Ginny y Padma tomaron sus bolsos para pagar a Draco por los refrescos, sonriendo agradecidas cuando éste se negó a que le pagaran. Sin embargo, Parvati se limitó a absorber lentamente su refresco a través de la paja. Incluso desde donde estaba, Hermione pudo ver que su amiga estaba batiendo las pestañas.

Se quedó asombrada. Era amiga de las gemelas desde el último curso del colegio. ¿Cómo se le había pasado por alto aquel detalle? ¿Sería esa la razón inconsciente por la que le gustaba Padma un poco más que su gemela?

Los dos amigos de Draco se reunieron con el grupo, y los siete ocuparon una de las mesas grandes de la parte trasera. Hermione notó que Parvati se las arreglaba para sentarse entre Theo y Blaise. Recordaba haber visto a éste el día de la boda, aunque no recordaba haber hablado con él.

Draco desapareció unos minutos y regresó con una bolsa de palomitas y los zapatos rojos y negros de la bolera puestos. Dejó las palomitas en la mesa, pero no le dio tiempo a Hermione a probarlas.

—¿Ves ahora la diferencia que hay entre las gemelas?—preguntó, tras tomar a Hermione de la mano y alejarla del grupo.

—De todas formas, me temo que vas a tener que explicármelo.

Draco asintió.

—Las dos son guapas, pero Parvati acepta con toda naturalidad lo que se le ofrece porque sabe que es atractiva. Y eso la hace aún más atractiva.

—No sé qué tiene que ver eso conmigo. ¿Vas a hacer luego un concurso, o algo así?

—Vamos, es hora de que recibas más lecciones.

—¿Sobre cómo atraer a los hombres?—Hermione ya había tenido suficiente en ese terreno.

—No. Lecciones sobre cómo jugar a los bolos. La pista diecinueve está libre.

—Pensaba que no habías venido a jugar.

Draco pasó un brazo por los hombros de Hermione, olvidando lo poco que le gustaban los zapatos alquilados mientras iban a la pista.

—Tú primero—dijo, sentándose para observarla.

—Ya me has visto lanzar antes.

Hermione se sentía incómoda y avergonzada, pero Draco le sonrió, mostrándose complacido cuando vio cómo lanzaba, consiguiendo tirar todos los bolos menos uno.

—Muy bien—dijo—. Pero déjame darte algunos consejos.

Draco se situó tras ella y le ayudó a colocar la bola, apoyando una mano en su cintura. Tenía su pelo tan cerca que pudo percibir el sutil aroma floral de su champú.

—Mantente así—deslizó una mano por su hombro y acarició la parte alta de su brazo bajo la manga del jersey.

—No creo que esta postura vaya a hacer que mi juego mejore—dijo Hermione, en un ronco susurro que provocó un escalofrío de placer a Draco, al imaginársela en otra situación con esa voz.

—Confía en mí.

—Esto me recuerda al baile de la boda.

—Ahora, cuando sueltas la bola—continuó él, manteniendo aquella simulación de clave de técnica para poder seguir rodeando a Hermione con el brazo.

—¿Tratas de atraer a otros hombres para mí? ¿Es esta la versión de bolera del baile íntimo?—preguntó Hermione con cierta aspereza, apartándose.

—Estoy enseñándote a tomar lecciones. A los hombres les encanta enseñar.

—De acuerdo, señor profesor. Veamos si tú puedes lanzar esta cosa bien.

Draco fue a la hilera de las bolas, tomó una pesada y la lanzó con más fuerza que maña.

Tuvo suerte: consiguió un pleno. Hermione frunció el ceño.

—Seguro que no puedes repetirlo.

En la siguiente tanda, Hermione consiguió otro pleno. Su forma de lanzar no era sensacional, pero era muy buena; muy buena para el nivel de Draco. No estaba nada seguro de poder ganarla.

Hermione lo retó a un juego de verdad. Draco no se sentía cómodo con la bola, y los zapatos le apretaban los pies, pero no podía darle la satisfacción de oírle excusarse.

Tuvo que esforzarse mucho para acabar ganando por un punto.

—¿Tratabas de dejarme algo claro?—preguntó Hermione cuando acabaron.

—Tú me lo has aclarado a mí. Pero si quieres atraer a los hombres, es mejor que simules cierto desvalimiento.

—¿El tipo de actuación que tanto practicaban las chicas en el último curso del colegio?

—Algo así.

—¿Para luego acabar en la cama del capitán del equipo de fútbol?

—¡No! ¡Claro que no! Si resultas fácil, no hay reto.

—Pero debería ser la clase de chica que falla el último punto para dejar que gane el hombre, ¿no?

—¿Eso has hecho?—Draco tenía la desagradable sospecha de que así había sido.

—Eso nunca lo sabrás, ¿verdad? – dijo ella con una sonrisa maligna.


Lo cierto era que Hermione empezaba a entender exactamente lo que trataba de explicarle Draco, pero sus lecciones empezaban a deprimirla. Dudaba que alguna vez pudiera llegar a ser algo más que ella misma, una persona normal, agradable y aburrida.

Fueron al mostrador y Hermione se negó a dejar que Draco pagara.

—Tu puntuación de chica mala acaba de caer de un notable a un aprobado—bromeó él—. La próxima clase versará sobre cómo resultar misteriosa y seductora.

—Justo lo que necesito.

Hermione pensó que lo que de verdad necesitaba era una aspirina, pero era ella la que había pedido a Draco que la ayudara. Lo que resultaría realmente útil sería que se convirtiera de repente en una rana, de manera que ella pudiera concentrarse más en las lecciones y menos en su atractivo profesor.

—Deja que te ayude a quitarte los zapatos—dijo Draco, conduciéndola a un banco y arrodillándose ante ella para desatarle los cordones.

Se tomó su tiempo, alzándole el pie para quitarle el zapato izquierdo, pero manteniéndola sujeta por el tobillo más tiempo del necesario.

—Llevas medias bajo los calcetines—dijo, deslizando las puntas de los dedos por sus pantorrillas.

—Hacía frío—logró decir Hermione, conteniendo la respiración mientras sacaba sus botas de la bolsa.

Draco tardó aún más en quitarle el otro zapato, y Hermione tuvo que apretar los puños para no alargar una mano y no terminar por acariciarle el pelo y luego agarrarlo por el cuello para atraerlo hacia sus labios. Era la clase de hombre que hacía que una chica olvidara su promesa de no hacer el amor antes del matrimonio. Sin embargo en lo único que podía pensar era en tenerlo desnudo y dentro de ella, haciéndole el amor de manera ardiente y salvaje. Los besos que compartieron la noche pasada eran castos comparándolos con lo que estaba imaginando.

Después de quitarle los zapatos, Draco se sentó tan cerca de ella para quitarse los suyos, que Hermione temió que estuviera pensando lo mismo. Pero eso no era posible; ella sólo era un proyecto para Draco, no una mujer a la cual el le haría el amor.

—Creo que mis amigas están listas para irse—dijo. Su voz sonó diferente incluso a sus oídos. Draco debió percibir su ronco tono, porque le pasó un brazo por los hombros y la atrajo hacia sí.

—Esperarán—dijo.

—Debería recoger mi abrigo.

—Yo voy a por él.

Hermione le alcanzó la ficha de resguardo y esperó a que volviera. Draco regresó con la cazadora ya puesta y abierta. Al verlo, ella no pudo evitar recordar su duro pecho, su plano estómago, su estrecha cintura. Miró más abajo y él lo notó. Había un claro bulto en su entrepierna, al descubrirlo envés de apartar la mirada se mordió el labio con deseo.

—Eso es lo más sexy que te he visto hacer—dijo Draco con suavidad, colocándose tras ella para ayudarla con el abrigo.

Hermione se alegró de estar de espaldas, porque se había ruborizado intensamente.

—Mis amigas me esperan—murmuró.

—Sé mala esta noche. Haz lo que quieras.

—Quiero irme—mintió.

—Esperarán.

—Pero...

—Vamos a darles algo de qué hablar mientras esperan.

Draco le hizo darse la vuelta y bajó lentamente la cabeza hacia ella. La besó de lleno en los labios, haciéndole entreabrirlos con la lengua, provocándole una vibración interna que le llegó hasta los tobillos.

Cuando se apartó de ella, Hermione se quedó sin aliento, deseando más, y ni siquiera había tenido la posibilidad de devolverle el beso.

—Buenas noches.

Las palabras de Draco acariciaron sus oídos; nunca había oído una voz tan sensual.

Alargó una anhelante mano, pero él ya no estaba a su alcance.

Draco se fue tan deprisa como pudo sin llegar a ponerse a correr. A medio camino de la salida vio a sus amigos y les hizo una seña para que lo siguieran, sin esperarlos. Necesitaba enfriarse antes de que le diera por hacer algo cuyas consecuencias no estaba preparado para afrontar.

Estaba siendo un miserable arrogante, tratando de enseñar a Hermione cómo ser sexy. Mientras esperaba a sus amigos en la furgoneta, se recriminó por ser tan vulnerable a su inocencia.

Camino de casa, apenas habló con sus amigos. Éstos sentían curiosidad, porque también habían visto la escena del beso. Tuvo que aguantar alguna broma, pero nunca se había sentido de peor humor para seguirles la corriente.

Dejó a Blaise y a Theo en sus casas y luego fue a su apartamento. A pesar de sus buenas intenciones, ni siquiera había tocado el tema de la primera cita de Hermione. El la había metido en aquel lío con Ronald, un tipo con reputación de ir directo al grano con las chicas con las que salía. Hermione no necesitaba consejos para atraer a Ronald; lo que necesitaba era un curso rápido de defensa personal y una licencia para portar armas sino Ronald tendría la mano bajo su falda antes de que supiera lo que estaba pasando.

Esa noche la había fastidiado de verdad. ¿Le habría dejado ganar Hermione la partida a propósito? Empezaba a cansarse de aquel asunto de las «malas chicas».


ya ven el que con fuego juega se quema. Espero que les haya gustado por que el siguiente las va dejar de muerte sino me creen vean:

¿Te ha besado?

—Me ha dado un besito.

—¿En los labios?

—Cerca.

—¿Qué significa «cerca»?

Hermione bajó las piernas del sofá, pero no sin revelar antes una larga extensión de pierna que produjo un sobresalto a la entrepierna de Draco.

—Más o menos así—se puso en pie de puntillas, apoyó las manos en los hombros de Draco y lo besó en la barbilla.

—Sólo por si te estabas preguntando cómo había sido—ronroneó, sin apartarse.

Espero ver sus comentarios.

Ha por cierto estoy subiendo seduccion en el caribe por si lles gusta un Draco siendo un abogado en divorcios cinico y seductor y una Hermione psicologa de parejas estricta y fiel a sus principios, solo que en una isla en el caribe, el le hara perder todos los estribos.

Asi que se me cuidan y nos leemos pronto

XOXO!