Historia basada (adaptada) de la novela de la autora Drew Jennifer
Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling y a la Warner Bros.
Nota de la autora: Gracias a todos mis fieles seguidores ya sean que dejen reviews o sean lectores anonimos. espero que disfruten este capi y a leer.
" Si quieres algo con todo corazon,
no pierdas el tiempo deseando enves de actuando"
Capítulo 8
—¿Quien ha enviado la cesta de flores?—Ginny divisó el ramo en cuanto entró en el apartamento de Hermione—. ¡Qué bonito! ¡Tenemos mucho de que hablar! No te veo desde que quedamos en la bolera.
—Las ha enviado Harry. ¿Has disfrutado de tus dos semanas en la soleada Florida?
—Mi padrastro se ha portado como un bruto, como de costumbre, pero mamá y yo nos hemos divertido. Te he traído algunas caracolas—Ginny le alcanzó a Hermione una bolsa de plástico llena de caracolas y luego se quitó la cazadora—. Ya se te ocurrirá algo que hacer con ellas.
—Estupendo, muchas gracias.
– ¿Qué ha pasado desde que me he ido? Supongo que tu cita con Harry fue bien.
—Es un hombre muy agradable. Pasamos un buen rato.
—¿Has vuelto a salir con él?
—Una vez más. El fin de semana pasado estaba fuera de la ciudad pero el sábado por la noche vamos a ir al Club Now. Va a tocar un nuevo grupo de música alter nativa. Supongo que quiere que piense que está al día.
—Suena divertido. ¿Y qué tal fue tu cita con la comadreja?
—¡Un desastre! Se puso como loco porque su beicon no estaba suficientemente crujiente y echó una bronca a la camarera. Lo he pasado mejor quitándome una astilla.
—Ahora háblame del macizo—Ginny se sentó en el sofá y cruzó las piernas sobre él, aparentemente dispuesta a tener una prolongada sesión de cotilleo.
—¿Macizo?
Hermione sabía que Ginny no le iba a dejar hacerse la tonta, pero no quería hablar sobre el tema, sobre todo cuando no había nada que decir. Draco la había llamado algunas veces más para ofrecerle consejo, pero no había vuelto a verlo desde la noche que salió con Ronald.
—No te hagas la tonta conmigo. Vi cómo te besaba, y tengo más de cien testigos. Si alguien me besara así a mí...
—Te sentirías tan avergonzada como yo me sentí. Ahora cuéntame que hiciste en Florida.
—Me puse morena y conocí aun montón de hombres; algunos incluso tenían su pelo y sus dientes originales. Volviendo al otro tema...
—Harry es realmente encantador. Es un importante Gerente de una agencia bienes raíces.
—¿Es tan alto como Draco?—la altura era el criterio número uno para Ginny.
—No, pero es suficientemente alto para mí.
—Así que es bajito... Olvídalo. ¿Qué hace Draco cuando no está incendiando boleras?
—Es dueño de una tienda de muebles, pero entre nosotros no hay nada, nada en absoluto.
—Vi tu cara después de que te besara. Tu arrebolada expresión significaba que, o acababas de hacer el amor, o estabas deseando hacerlo.
—¡Eso te lo estás inventando!
—Somos amigas íntimas. No te engañaría. Hermione, tienes veinticinco años. ¡Ya va siendo hora!
—Tú no estabas precisamente lanzada cuando tuviste tu aventura con Cedrid.
—Cedrid era alto. Eso es todo. No puedes compararlo con Draco. Vi las chispas que había entre vosotros.
—Eso no significa nada. Hermione había echado mucho de menos a su amiga, pero se alegró cuando se fue. Por primera vez en su larga amistad no quería confiar en ella. Ya era suficientemente duro admitir la afectada que se sentía por Draco.
Había perdido muchas horas de sueño deseando que fuera el primer hombre en hacerle el amor, pero eso no iba a suceder. Draco nunca se involucraría románticamente con una mujer que quería casarse. Ella la había sabido incluso antes de que él la dejara bien claro con sus actos. Tal vez se sintiera un poco atraído por ella, pero no iba a hacer nada al respecto. Llevaba dos semanas evitándola.
Se acercó al festivo ramo rojo, rosa y blanco que Harry había enviado y enterró la nariz en él. No olía demasiado, pero debería estar agradecida a un hombre que se preocupaba lo suficiente como para enviarle flores. Posiblemente, Harry no era seductor como Draco, pero era considerado, una combina. Cualquier mujer apreciaría sus atenciones.
Ignorando el tenso sentimiento que atenazaba su garganta, reorganizó las flores para darle al ramo su toque especial. Tenía una cita con Harry al día siguiente por la noche, y no había motivo para que no se divirtiera.
El viernes a media noche, Draco decidió que no le importaba quién ganara el partido de hockey que estaba viendo por la televisión. Apagó ésta, fue hasta el teléfono y pasó las hojas de su gastada agenda telefónica, pero ya era demasiado tarde para llamar a nadie, incluso aunque hubiera querido llamar a alguien además de a Hermione.
A pesar de que había evitado verla desde su cita con Ronald, no lograba sacársela de la cabeza. Las breves llamadas que le había hecho, le habían dejado un vago sentimiento mezcla de dolor y vacío. Estaba tratando de ayudarla a ser irresistible con los demás hombres, pero era él el que no podía dejar de pensar en ella. Ni siquiera había seguido adelante con su plan de retomar su vida social.
El teléfono sonó mientras estaba sentado en el borde de la cama, mirando sin ver una página de su agenda. Sintió la tentación de dejar que saltara el contestador, pero los estridentes timbrazos acabaron por penetrar su indiferencia. Siempre existía una posibilidad entre mil de que fuera Hermione con un informe sobre una cita o una petición de consejo.
Descolgó el auricular.
—Hola. Si te debo dinero, estas hablando con el contestador—cualquiera que llamara a media noche merecía una burla, y Draco no estaba precisamente de buen humor.
—¡Hola, Draco! Soy Parvati Patil. ¿Me recuerdas?
—Ah...
—Nos conocimos en la bolera.
—La gemela—la gemela «mala chica», pensó, irónicamente.
—Sé que tú y Hermione sólo son amigos, o no se me habría ocurrido llamar.
«Por supuesto» pensó el, escéptico.
—Padma y yo íbamos a ir a Wisconsin a esquiar, pero tiene un catarro terrible. Me he quedado sin plan y me estaba preguntando qué hacer este fin de semana—estornudó aparatosamente junto al auricular.
—Tal vez convendría que te pusieras una bata—aconsejó Draco.
—Sé que esto es un poco precipitado, pero Padma está tan enferma y yo estaba deseando escuchar a Whiskey Flowers en el Club Now.
—Las Whiskey Flowers. Sí, las he oído.
Draco ya había decidido que era mala idea seguir manteniendo en suspenso su vida social a causa de Hermione. Parvati se estaba esforzando mucho y había logrado captar en parte su interés. En cualquier caso, tenía que empezar en algún lugar.
—He oído decir que producen escalofríos cuando se calientan tocando.
—Así que escalofríos—el había obtenido los mismos resultados últimamente dándose duchas de agua fría.
—Lo bueno es que tengo un amigo que conoce al dueño del club, y me ha dado dos pases para ir cuando quiera. Pero una chica no puede ir sola al Club Now sin conseguir una mala reputación.
—La reputación de una chica es muy importante—dijo el en tono de burlona seriedad.
—Bueno... sí, por supuesto. Draco decidió que si Parvati quería convencerlo para que la acompañara tendría que sacar la artillería pesada.
—Sé que llamo con muy poco tiempo de antelación...
¡Vaya! Draco recordaba muy bien lo que le había dicho a Hermione: que no aceptara ninguna cita propuesta después del jueves. Si se enterara de que decía sí a Parvati esa noche, podría despellejarlo vivo. Pero esa cita no era una auténtica cita. En cualquier caso, sería un encuentro terapéutico, una forma de sacarse a Hermione de la cabeza durante unas horas.
¿Significaba eso que era un miserable por utilizar a alguien que ni siquiera sabía si le gustaba? Tal vez, pero era ella la que había llamado.
—No sería una cita—dijo Parvati, precipitadamente—. Sólo dos personas con una amiga mutua conociéndose mejor—puso más énfasis en lo de «conociéndose mejor» que una bailarina de streptease contoneándose en el escenario—. Si te apetece, claro—añadió, con disimulada coquetería.
—Claro, ¿por qué no?—Draco se sentía más resignado que entusiasmado.
—Si de verdad quieres...—Parvati sonó burlonamente petulante.
—Puede ser divertido—dijo Draco, en el tono más animado que pudo—. Pasaré a recogerte. ¿Dónde vives?
Tras anotar la dirección, Draco colgó el teléfono y contempló el póster de Michael Jordan que había en la pared de su dormitorio. Bueno, tenía una cita. Por algún sitio había que empezar.
Por fuera, el Club Now parecía un viejo almacén que llevara años sin ser utilizado. El interior era como una caverna profusamente decorada. Una gran pista de baile de baldosas tenía un pequeño escenario en un extremo y estaba rodeada de pequeñas mesas abarrotadas de gente. Ya había unas cuantas parejas bailando.
—¡No es adorable!—dijo Parvati. Draco se limitó a asentir sin demasiada convicción.
Una cantante cantaba una lánguida pieza que hablaba de amor, traición y del hombre que la había dejado, mientras las parejas, la mayoría más jóvenes que Draco, se esforzaban en encontrar un paso de baile compatible con la llorona letra.
Incluso en aquel brumoso ambiente en el que valía cualquier cosa, la forma de vestir de Parvati resultaba fuera de lugar. Su corpiño blanco de encaje era demasiado chic para el gusto de Draco, y además lo había empeorado poniéndose debajo un sujetador negro. Sus braguitas eran visibles a través de rajas estratégicamente situadas en sus gastados vaqueros. Si había pretendido impresionarlo con aquella vestimenta, lo que había conseguido era darle la impresión de ser una bailarina Exótica.
Draco se sentía como un oso saliendo de su periodo de hibernación, gruñón e insatisfecho. En el pasado cualquier chica que se pusiera eso tenia una noche segura de sexo, tenia dos teorías con respecto a su comportamiento o se estaba volviendo viejo para esto o Hermione ha hecho mas mella en el que cualquier otra mujer.
Encontraron una mesa y charlaron de cosas intranscendentes hasta que una camarera en pantalón corto y top se acercó a su mesa.
—Yo te llamé, así que yo invito—dijo Parvati, y encargó una cerveza japonesa de la que Draco no había oído hablar. Cuando supo que no la tenían, se puso de morros y pidió un vino blanco.
—Cualquier cerveza—pidió Draco.
Parvati estornudó y sacó una botellita de su bolso. Tras dar un sorbo de ésta, dijo:
—¡Qué ambientazo!
Draco asintió rígidamente. —¿Qué es esa medicina que tomas?—preguntó.
—Oh, es sólo para mi alergia. No hay problema.
El pensó que el único problema era haber aceptado aquella cita. Dios si se drogaba delante de el en pleno inicio de la velada, ya se podía imaginar lo que le esperaba en el transcurso de la noche.
Ni había iniciado y ya estaba aburrido, además, no estaba de buen humor. No quería estar allí; no quería estar con nadie que no fuera Hermione. Pero salir con ella no era una opción. No lo era. Miró a su alrededor, fijándose en una pareja de aspecto familiar que buscaba una mesa libre en el otro lado del club. No tuvieron ningún éxito, de manera que empezaron a cruzar la pista, sorteando a los bailarines.
Draco dejó de respirar un instante y luego asintió con la cabeza como respuesta al entusiasmado saludo de Hermione al distinguila entre la multitud, estaba preciosa, la podía detallar con la vista sin importar la baja luz que había en el lugar.
Draco aplaudió en silencio la vestimenta elegida por Hermione. Tenía un aspecto magnífico con aquella rebeca negra y la camiseta blanca que llevaba debajo. Los pantalones negros ceñidos y los zapatos sin tacón le hacían parecer pequeña y delicada junto a Harry.
¿Por qué diablos la habría llevado éste a su mesa? Si Hermione fuera su cita, habría buscado el rincón más oscuro del club, la habría sentado en su regazo, y mejor no pensar en eso ahora por que sino Draquito Jr. Haría una de sus inesperadas apariciones y en ese lugar, daba por sentado que no iba poder disimular una tienda de campana.
Harry Potter desplegó su mejor sonrisa de Boy Scout y saludó a Draco como a un viejo amigo, sin apenas dirigir una mirada a Parvati. Debía estar realmente interesado en su cita como para pasar por alto todo lo que la Patil mostraba bajo el encaje.
—¿Os importa si nos sentamos con vosotros?—preguntó haciendo un gesto para que Hermione se sentara frente a Draco. Ésta dudó, pareció mirar a Draco en busca de consejo, y luego, lentamente, ocupó el asiento. Las dos mujeres se saludaron y hablaron un rato, pero Draco estaba demasiado aturdido como para fijarse en lo que decían.
—Vamos a bailar—dijo a Parvati, negándose a mirar a Hermione a los ojos. Temía lo que pudiera ver en ellos a pesar de que tenía todo el derecho del mundo a salir con quien quisiera, fuera o no amiga de ella.
¿Por qué le había dicho a Hermione que no estaba interesado en ligar con sus amigas? ¿Y por qué le importaba tanto que pensara que era un mentiroso? En cualquier caso, él no había iniciado esa cita. No era culpa suya que su amiga fuera una «mala chica» agresiva.
El grupo dejó de tocar justo cuando él y Parvati encontraron un espacio libre en la pista para bailar. Casi todas las parejas abandonaron la pista. Draco también quiso volver a la mesa, pero Parvati insistió en bailar al son de la música grabada.
—Esperemos a que el grupo vuelva—dijo Draco, pero Parvati ya estaba contorsionándose, moviendo los brazos en el aire mientras sus caderas giraban como una balanza. Sus movimientos no pasaron desapercibidos a los hombres que había a su alrededor.
Draco se sentía totalmente avergonzado, sin saber muy bien como adaptarse a los espasmódicos movimientos de su pareja. Tras un periodo interminable de ligero balanceo frente a ella, tratando de convencerla para que se fueran de la pista, hasta que ella acepto debido a un ataque de tos, después de eso Draco estaba listo para irse a casa.
Parvati volvió a la mesa en busca de su medicina, donde Hermione seguía sentada con su cita.
Hermione observó a Harry mientras éste pedía un agua mineral para ella y una cerveza de importación para él. Draco se estaba retorciendo y ella disfrutaba viéndolo. Sabía que la forma de bailar de Parvati era una broma. Si hubiera llamado a Padma, la otra gemela, habría conseguido una pareja de baile más elegante. Ella le podría haber aconsejado al respecto.
¿Pero por qué iba a pedirle él consejo a ella?
—Discúlpame un minuto, cariño—dijo Harry—. Estoy tratando de vender una casa a esa pareja que está ahí. No hará ningún daño que me vean por aquí. ¿Cuándo se había convertido en su «cariño»?
Draco y Parvati se encaminaban hacia la mesa, y Hermione simuló estar buscando algo en su bolso para evitar mirarlos.
—Tengo que ir al servicio—anunció Parvati. Tomó su bolso y a continuación se alejó caminando sobre sus altos tacones de manera que su trasero se balanceara ostensiblemente de un lado a otro.
Si Padma no fuera tan encantadora, no me juntaría con su hermana ni que me pagaran pensó Hermione.
—Fue ella quien me llamó—murmuró Draco, avergonzado, mientras se sentaba frente a ella.
—Entonces Parvati te llamó...
—El viernes por la noche—admitió Draco, cabizbajo.
—Así que las citas de última hora están bien para los hombres. Nunca voy a aclararme del todo respecto a tus reglas.
—Debería haber dicho no—Draco frunció el ceño y Hermione deseó suavizárselo con una caricia.
Nunca había visto un rostro como el suyo. Todos sus rasgos eran suficientemente normales y equilibrados, pero, combinados, daban un resultado mucho mejor que el de la media. Le habría encantado ser escultora y elegirlo como modelo.
Pero se estaba engañando a sí misma. Lo que de verdad quería era acariciar su mejilla, sentir su aliento en los dedos, presionar los labios contra sus párpados y besar esa boca tan sensual con todo su amor.
Lo amaba. No podía negar la verdad por más tiempo.
—Tu vida social no me importa—mintió, preguntándose si la expresión de su rostro la habría traicionado. Las personas enamoradas tenían un brillo especial, pero esperaba que eso sólo fuera así cuando sus sentimientos eran correspondidos.
—Lo importante es cómo te van las cosas con Harry—dijo Draco, cambiando descaradamente de tema—. ¿Te ha propuesto matrimonio ya?
—No seas tonto. Apenas lo conozco.
Draco asintió y se puso a tamborilear con los dedos en la mesa, mirando su propia mano en lugar de a Hermione.
—¿Estás disfrutando de los partidos?
—¿Qué partidos?
—Los de los Bulls. ¿Cuáles si no?
—Sí, claro, los Bulls. La semana pasada ganaron.
—Gran partido.
La mayoría de los hombres se habrían lanzado a hacer un relato minucioso del partido, o, al menos, habrían hecho un resumen de dos minutos. Draco pensó que aquello se complicaba más y más cada vez que veía a Hermione. Cuanto antes encontrara un futuro marido, mejor para él. Se estaba metiendo realmente bajo su piel, y eso no le gustaba. La cosa estaba llegando tan lejos que la estaba imaginando vestida semitransparente como Parvati, sólo que sin sujetador y sin braguitas. Peor aún, nada le gustaría más que desnudarse con ella, pero ya había repasado aquella escena mil veces en su mente. No iba a suceder.
—Me alegra que estén teniendo una buena temporada—dijo Hermione.
¿Le estaba recordando que aún le debía algo por las entradas? No, ese no era el estilo de Hermione. Lo liberaría de su compromiso sin exigirle nada. No era de extrañar que le gustara tanto.
Le gustaba inmensamente. Era una experiencia nueva para él sentir tanto entusiasmo por una mujer. De momento no había encontrado nada en Hermione que no le agradara.
No sólo le gustaba su aspecto. Le gustaba todo: su calidez, su sentido del humor, su sinceridad.
—¿Por qué estás sonriendo?—preguntó Hermione.
—No sabía que lo estaba haciendo.
—Debe haberte divertido algo.
—No exactamente.
¿Cómo podía explicarlo? No había forma de decirle a una mujer que te gustaba sin que pareciera que querías romper con ella. Aunque él ni siquiera podía dejarla porque no la tenía.
Cometió el error de alzar la vista y mirarla a los ojos, sabiendo que podía perderse en sus azules profundidades. Deseó estrecharla contra sí, aspirar su fragancia y besarla hasta dejarla sin aliento.
Si no dejaba de pensar de aquella manera, iba a saltar sobre la mesa que los separaba. Hermione debería estar con él, no con Potter.
—Hermione...
—Draco...
«Di algo para romper esta tensión»; quiso gritar él, pero ella se limitó a repetir su nombre.
—Draco...—murmuró y alargó una mano para acariciar su puño cerrado.
—Parvati me pidió que viniera aquí con ella. Fue una equivocación aceptar.
—Sé bastante sobre equivocaciones. – Hermione sonaba triste, y Draco quería que fuera feliz.
—No vuelvas a hacerlo—dijo.
—¿Hacer qué?—Hermione apartó la mano como si Draco la hubiera abofeteado.
—No trates de ser una mala chica. Cualquier tipo que no te aprecie tal y como eres no te merece.
La suave risa de Hermione reverberó por todo el cuerpo de Draco.
—Me temo que soy incapaz de no ser yo misma.
—Eso no es malo. Eres preciosa, dulce... Harry regresó en ese momento.
—Siento haber tardado tanto, pero mis clientes tenían muchas preguntas que hacerme respecto a la financiación.
—No importa—dijo Hermione—. Has llegado justo a tiempo para la actuación.
Draco sintió nauseas cuando Potter se puso a acariciar el brazo de Hermione. Afortunadamente, Whiskey Flowers entraron en ese momento en el escenario, distrayéndolos a todos.
El grupo estaba formado por cinco mujeres rubias y delgadas que en esos momentos se preparaban para interpretar su música, fuera ésta cual fuera Hermione rió. Aparentemente divertida por algún comentario de Potter. No había nada malo en su técnica.
Escuchar un informe posterior a la cita no era demasiado malo, pero Draco no quería volver a ser un testigo directo de los acontecimientos. Tuvo que hacer verdaderos esfuerzo para no tomar a Potter por el cuello de la chaqueta y sacarlo a rastras del club.
Parvati regresó finalmente, con un vaso de vino en cada mano.
—Ese camarero rubio tan guapo se ha empeñado en darme dos por uno—dijo riendo. Dio un sorbo a uno de los vasos y dejó caer parte del otro cuando estornudó violentamente.
—Si no te sientes bien tal vez deberíamos irnos—sugirió Draco.
—Me encuentro bien pero antes no he logrado llegar al servicio de las chicas.
Se alejó de nuevo olvidando aparentemente que se estaba muriendo por oír a las Whiskey Flowers. El grupo bombardeó el recinto con un redoble que atronó en los oídos de Draco. Y a continuación se lanzaron a interpretar un número que parecía combinar música y violencia.
Harry insistió en unirse a los bailarines que saltaban en la pista al ritmo de la canción. Hermione dedicó a Draco una mirada que podría haber significado. «¡Sálvame!» Él pensó que probablemente sólo era imaginación suya, de manera que se quedó solo acunando una cerveza ya caliente y observando como meneaba Hermione su precioso trasero.
Según sus cálculos aquella era su tercera cita con Harry. Repasó los avances de éste; un besito en la primera cita; manitas y algún beso en los labios en la segunda. ¿Daría el gran paso esa noche o esperaría hasta la cuarta cita?
Hermione no iba por el buen camino, ¿pero qué podía hacer él al respecto?
Luego de 20 minutos Parvati no regresó, cosa que a Draco no le importó en lo más mínimo, aunque eso lo obligó a mirar a Hermione bailando, a Hermione sonriendo a Potter, a Hermione riendo como nunca le había sonreído a el. Cuando terminó el primer pase, la pareja regresó a la mesa.
La música grabada puso de los nervios a Draco, pero no más que Potter ufanándose ante Hermione de las grandes ventas que había realizado.
Ya había tenido bastante de aquella doble cita del diablo. Se levantó y localizó a Parvati en la barra, coqueteando con un musculoso camarero. Se despidió rápidamente y fue a recoger a su supuesta cita.
—Vámonos, Parvati.
—¿Bromeas? Esto sólo acaba de empezar a animarse.
La mirada de Parvati parecía levemente extraviada; el frasco de medicina que tenía en la barra, junto a su bebida, estaba casi vacío.
—Yo me voy. Deberías venir conmigo.
—No eres tan divertido como pensaba—protestó ella—. Esta noche quiero divertirme.
—Me parece muy bien, pero yo me voy. Si vienes, vámonos ya.
—No quiero.
Draco se planteó la posibilidad de hacer una escena y arrastrar a Parvati a la fuerza fuera de allí, pero decidió no hacerlo. No iba a pelearse con un camarero de mirada acerada por una mujer que ya era lo suficientemente mayorcita como para cuidar de sí misma.
Sintió una punzada de remordimiento cuando fue a recoger su abrigo y luego salió del viciado ambiente interior al frío exterior, aspirando el aire fresco como si necesitara oxígeno. Estaba a punto de abrir la puerta de la furgoneta cuando Hermione lo alcanzó.
—¡No puedes dejar a Parvati aquí!—dijo, enfadada.
—¿Por qué no?—preguntó Draco—. Se niega a venir conmigo, y no creo que vaya a tener problemas para encontrar a alguien que la lleve a casa.
Hermione lo miró con gesto de reproche, y él supo que tenía razón. Parvati había ido al club con él, y cualquier mujer con un poco de cerebro habría vuelto a su casa con el hombre con el que había salido. Pero si ella no quería hacerlo, el no la iba a obligar.
—Lo que le ha sentado mal es la medicina, no la bebida, por si eso es lo que crees.
—Creo que es una combinación de ambas cosas. Si estás preocupada por ella, tú y Potter podéis llevarla a casa.
Draco sabía que estaba equivocado, pero era demasiado testarudo como para volver al interior del club por Parvati.
—Ni hablar. Tú la has traído, así que es tu responsabilidad.
—De acuerdo, pero tendrás que venir conmigo para ocuparte de ella.
—¡Eso no es justo!—exclamó Hermione, pero comprendía el punto de vista de Draco.
Quién sabía lo que podría hacer Parvati, muy pronto su ex amiga, con la cabeza ida a causa de la medicina y el alcohol.
Volvieron al interior. Draco sabía que Harry no iba a saltar precisamente de alegría cuando supiera que tendría que cargar con Parvati.
Entre los tres lograron convencer a la gemela para que se fuera con ellos, y, probablemente, sólo accedió porque su camarero había decidido ponerse a ligar con una pelirroja que había en la barra.
—No quiero que se vomite en mi coche—dijo Potter, cuando, finalmente, lograron llevarla hasta el aparcamiento.
—Yo no pienso ir solo con ella en mi furgoneta—insistió Draco—Es tu amiga.
¡Hombres! A Hermione le habría gustado entrechocar sus cabezas.
—Yo iré con Draco y con Parvati–dijo.
—No creo que Malfoy necesite protección—protestó Harry.
—La que me preocupa es Parvati—insistió Hermione—. ¿Quién sabe lo que había en la medicina? Será mejorque vaya con ella.
—De acuerdo—dijo Harry, de evidente mala gana. Parvati dejó escapar una risita tonta cuando Draco le puso el cinturón de seguridad en el asiento de pasajeros, donde Hermione había insistido que fuera.
—¿Al hospital o a casa?—preguntó Draco, malhumorado.
—A su casa—contestó Hermione—. Que Padma decida luego lo que es más conveniente.
Afortunadamente, Parvati se quedó completamente dormida unos minutos después. Hermione podía ver las luces del coche de Harry siguiéndolos. ¿Pensaría que había sido secuestrada, o algo parecido?
—¿Qué tal ha ido tu cita?—preguntó Draco tras un largo silencio.
—Espléndida—si no reconocía el sarcasmo cuando lo oía, que creyera lo que quisiera, pensó Hermione. Hicieron el resto del trayecto en silencio.
Parvati despertó cuando llegaron a su apartamento, que, afortunadamente, se hallaba en la primera planta. Como si se tratara de una actriz de Hollywood, requirió de la ayuda de Draco y Harry para llegar hasta la puerta. Antes de entrar soltó una retahíla de disculpas mezcladas con protestas y acabó balbuceando que denunciaría a la empresa farmacéutica que hacía la medicina.
—Deberías haber hecho caso de las indicaciones del prospecto—dijo Draco.
Harry se limitó a gruñir. Parvati tenía unos cuantos kilos de más empaquetados en su ceñida vestimenta. Finalmente la dejaron en manos de una acatarrada y enfadada Padma y una solicita y siempre fiel amiga Ginny.
Draco se despidió de Hermione con un seco «buenas noches», como si hubiera sido culpa suya que Parvati hubiera tomado tanta medicina para poder mantener su cita con él.
Harry llevó a Hermione a casa, protestando casi todo el camino. Al menos, ella pudo comprobar así que, aunque resultara agradable pasar el rato con él, no podría contar con su ayuda cuando las cosas se complicaran.
—Buenas noches—murmuró Harry cuando llegaron al apartamento, sin molestarse en bajar para acompañarla hasta la puerta.
«¡Menuda noche!», pensó Hermione, que estaba deseando meterse en la cama. Pero cuando lo hizo, no logró desconectar su mente. Dio mil vueltas en la cama. ¡Se iba a volver loca! ¿Cómo no se daba cuenta aquel testarudo de Draco que las Parvatis del mundo no eran para él? Si quería una mala chica, ella podía serlo. Para él. Para nadie más. ¿Le daría alguna vez la oportunidad?
Que les parecio? despues de esto deberian de tomar en cuenta estos sabios consejos para tener una cita agradable:
1. No salir con alguien que es amig intimo de la persona que te gusta (Por el simple y llano hecho de que la idea en si es estupida).
2. Si lo vas hacer, no salir con tan poco tiempo de antelacion (mejor aun no lo haga).
3. Si ves que tiene cara de enfermo a la hora de salir NO esperes a confirmar en plena cita que el susodicho SI esta enfermo (por que seria estupido), Solo dale una excusa convincente y un hasta luego.
4. Si al despues de las advertencias anteriores decides seguir adelante (es por que eres un idiota), ve a un sitio donde no puedas encontrarte con alguien conocido (asi te ahorraras la verguenza) .
5. Si en dado caso obvio las pautas antes mencionas ( es x que sufre de un serio problema mental) y se encuentra con algun conocido, evite que se quede y que se formen citas dobles o grupos grandes por que la humillacion sera peor.
6. Si ya esta metido en el medio de este lio ( Es x que su estipidez es cronica y se lo merece) tengan en cuenta que las cosas que puedan salir mal, lo haran y sera en el peor orden posible.
7. Despues de todo lo demas sigue aun esta en la cita de demonio y ve que se acerca la persona que le gusta, no espere a que se le acerque (imbecil) eso solo complicaria todo aun mas rapido, mejor que digan que aqui corrio que aqui quedo.
Sorry pero pude resistirme ^_^.
Otra vez no voy a dejar avance sino pistas:
Draco
Familia
Amor
Verdad
Selene
Arrepentimiento
Hermione
Asi que piensen que podria formarse con todo esto ynos leeremos pronto.
XOXO!
