Historia basada (adaptada) de la novela de la autora Drew Jennifer
Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling y a la Warner Bros.
Nota de la autora:Dios nunca pense que llegaria tan lejos, pero estoy feliz.
Si no he actualizado mi otra historia es por que quiero terminar esta primero, lo cal lamentablemente sera pronto, asi que disfruten esta historia con toda la intensidad con que se las publico. asi que a LEEERRR!
"El amor es la guerra perdida entre el sexo y la risa"
Ricardo Arjona
Capítulo 9
¿Quéte pasa?—preguntó Selene, extrañada.
—Que me has coaccionado para trabajar en la cocina, eso es lo que me pasa—contestó Draco, tratando de guardar los últimos restos en la nevera de sus padres.
—No querrás que mamá tenga que recoger la cocina el día de su cumpleaños, ¿no?
—No, ¿pero por qué no utilizas tu propia ayuda doméstica en lugar de a mí?
—Theo lleva toda la semana esperando a que llegara el partido de hockey.
—Claro, y yo odio los deportes—dijo Draco en tono sarcástico.
—No he tenido tiempo de hablar contigo un poco en serio desde la boda. Algo te preocupa.
Draco no estaba de humor para ser analizado, sobre todo por su hermana. Lo conocía demasiado bien. —Sí, he apostado cinco dólares por los Red Wings y voy a perderlos.
—No eres tú mismo—dijo Selene, pensativa—. ¿Tiene algo que ver lo que te pasa con Hermione Granger?
—No. Draco lo negó demasiado rápido y con demasiada vehemencia. Por lo cual Selene no iba a dejarlo en paz.
—¿Por qué sale con Potter si tú estás interesado en ella? No puedo creer que te haya dado calabazas.
—No me las ha dado porque nunca hemos sido pareja—Draco cerró la nevera de un portazo, haciendo que se balanceara la figura de cerámica que había sobre ésta.
—Si te atrae tanto...
—¡No me atrae tanto! No es mi tipo.
—¡Tu tipo!— Selene rió burlonamente—. Tu tipo es cualquier mujer con pechos.
—¿Sabes que desde que te casaste resultas a veces realmente molesta?
—Ya resultaba molesta antes de casarme. En serio, Draco, me gusta Hermione. Tal vez ha llegado la hora de que te dejes de tanto ligoteo.
—Tal vez ha llegado la hora de que te metas en tus propios asuntos.
—Estás muy irritable. Y me parece que tampoco te sientes muy feliz.
—Escucha, Selene...
—Solíamos hablar de todo.
—No quiero herir tus sentimientos, hermanita, pero no hay nada de qué hablar.
—He oído cotillear que a Potter le gusta mucho Hermione, pero que todavía no sabe si tiene ese algo especial.
—El imbécil de Potter no sabría lo que es especial ni aunque lo tuviera delante de los ojos.
—Así que es cierto—dijo Selene.
Draco odiaba la mirada de sabionda que le dirigió su melliza, sobre todo porque, normalmente, significaba que tenía razón.
—Déjalo ya—gruñó.
—Puede que haya llegado el momento de que madures—replicó su hermana, sin rencor.
—Tengo que irme.
—Estás enfadado.
—No.
No estaba enfadado, pero no tenía palabras para explicarle a su hermana lo que sentía por Hermione. Ni siquiera Selene entendería su necesidad de permanecer sin ataduras.
La mayoría de las mujeres habían nacido para casarse y hacer lo posible para que los demás se casaran. Veían a los hombres como cañones sueltos, peligrosos hasta que quedaban bien sujetos y bajo control.
Pero le habría gustado que Hermione encontrara a alguien mejor que Potter. Sin duda, éste era un tipo decente, para ser un cretino. Tenía un buen trabajo y parecía que Hermione le gustaba de verdad, ¿pero era él lo mejor que ella podía encontrar?
Un rato después, mientras conducía, sintió que aún le dolía el comentario de su hermana sobre su inmadurez pero era Hermione la que estaba volviendo su vida del revés.
Si Potter era el hombre que quería, tendría que asumirlo. Tal vez había llegado el momento de averiguar cuánto quería Hermione a Harry, y hacer algo para que su relación avanzara. Estaba viviendo en el limbo, y la única forma de volver ala normalidad sería sabiendo que estaba emparejada. La tenía metida dentro de la cabeza, bajo la piel y maldita sea en su corazón tambien, pero él no era hombre de una sola mujer. Definitivamente, no lo era.
Sin haberlo premeditado, se encontró conduciendo por Higgins Road, en dirección al apartamento de Hermione. ¿Dónde creía que iba?
Se echó abruptamente a la derecha y redujo la marcha, golpeado por un inesperado pensamiento. Tal vez, el problema residía en sus consejos. Potter quería una buena chica con la que casarse, y él había está do enseñando a Hermione a ser una mala chica. Era posible, incluso probable, que el tiro le hubiera salido por la culata.
Era peor que el doctor Frankenstein. Había tomado a una bella y dulce mujer y había tratado de convertirla en una mala chica. No era de extrañar que Potter tuviera dudas respecto a ella.
Una vez aceptada su responsabilidad, supo lo que debía hacer.
Cuando sonó el teléfono, Hermione esperó que fuera su madre o su abuela, o algún vendedor, alguien que no supiera sobre la existencia de Draco. Estaba enamorada y no quería estarlo. ¿Cuánto tiempo le iba a llevar superar lo de Malfoy? Reacia, descolgó el auricular.
—Hola.—Hermione, soy Draco. ¿Puedo pasar por ahí para hablar contigo?
—¿Me lo estás pidiendo? ella estaba asombrado. Aquello no encajaba con Draco. Su estilo consistía en dejarse caer por allí cuando le apetecía para estropearle el día recordándole que no estaba disponible. Por mucho que le apeteciera estar con él, resultaba demasiado doloroso seguir con la farsa de profesor alumna.
—Si no te importa. Creo que deberías probar otra vía de acción.
—¿Qué vía?
—Es complicado de explicar. Preferiría hacerlo en persona.
Hermione sintió cómo se aceleraban los latidos de su pecho. No quería tener a Draco en su apartamento. Su presencia parecía abarcarlo todo y cortar el suministro de oxigeno y siempre existía el peligro de que... de que... No pienses en sexo ahora, Por Dios…
—No subas—dijo—. Podemos quedar a medio camino, en la pastelería panadería que hay en Hoover junto al vídeo club.
—Conozco el lugar. ¿Sería demasiado pronto que nos viéramos en veinte minutos?
Hermione pensó que veinte años serían demasiado pronto si tenía intención de darle más consejos respecto a cómo atrapar a un hombre, pero murmuró su asentimiento.
La tienda estaba medio vacía; los domingos cerraban temprano. Draco ya estaba sentado a una mesa junto a la ventana, partiendo un pastel de hojaldre que, al parecer, había pedido como excusa para ocupar el sitio, pues no lo estaba comiendo.
Se levantó y apartó una silla cuando Hermione se acercó.
—¿Te apetece tomar algo?
Él no había tocado su café.
—No, gracias.
Draco fue directo al grano. Hermione tuvo la incómoda sensación de que tenía preparado lo que le iba a decir.
—Algo va mal...—dijo, sosteniendo con tal fuerza un trozo de hojaldre en la mano que lo quebró.
—Draco, no tienes por qué.
—Sí tengo.
¿Cómo podía explicarse?, se preguntó. Podía intentar el estilo directo. «Hermione, te he dado un consejo estúpido». O, tal vez, sería mejor utilizar la sutileza. «Hermione, hay más de una manera de conseguir las cosas».
Tonterías.
—Lo que pienso...—empezó. El problema era que apenas podía pensar teniéndola delante, con sus mejillas rosadas, sus labios entre—abiertos, mostrando sus bonitos dientes.
—He pensado que podíamos salir juntos.
Draco se asombró a sí mismo más que a la propia Hermione, pero lo que había dicho tenía sentido. Debía salir con ella para convencerla de que era mucho más atractiva siendo ella misma que tratando de comportarse como una mala chica.
—Hagamos como si tuviéramos una cita a ciegas—empezó a explicar—. Yo reaccionaré como lo haría en un primer encuentro de verdad. Tú puedes mostrarte totalmente desinhibida conmigo, para que podamos decidir qué funciona y qué no.
—¿Desinhibida?—repitió ella, mirándolo con gesto escéptico—. No comprendo bien para qué.
No sabía qué hacer. Los hombres no estaban cayendo precisamente a sus pies como moscas, pero tampoco estaba descontenta de sus progresos, sólo con lo que sentía por Draco. ¿Seguiría decidido a convertirla en una mujer fatal? y aún más importante, ¿por qué?
—Dame esa satisfacción—dijo el. Sonrió un poco avergonzado, pero para Hermione fue como si un millón de velas se encendieran para ella. El sentido común le advertía que dijera que no. No necesitaba más frustración en su vida, pero sí necesitaba a Draco. Si una cita era su mejor oferta, no se sentía lo suficientemente fuerte como para negarse.
—De acuerdo. ella sonrió, pero el corazón le dolía. Cuando pidió la ayuda de Draco, pensó inocentemente que él no significaría nunca nada para ella. Los hombres como él nunca se interesaban por las chicas agradables como ella. Conocer su actitud hacia el matrimonio debería haberla inmunizado contra él.
Lo cierto era que estaba totalmente enamorada de él, pero no sabía cómo decirle que había perdido interés en encontrar un marido. Quería estar con él, aunque eso significara vivir día a día sin la esperanza de un compromiso permanente.
—¿Mañana te parece bien?—preguntó el.
—¿Una cita el lunes?—aunque, por supuesto, no es una verdadera cita.—De acuerdo, mañana.
Draco pareció aliviado. —Trataremos de averiguar que conviene hacer para que Potter se anime a hacerte una proposición.
Hermione no dijo nada. Ella no quería una proposición de Harry. ¡Lo que quería era una verdadera cita con Draco!
—Te recogeré a las ocho. ¿Te parece bien?
—Sí.
—Limítate a ser tú misma—dijo Draco, mientras se levantaba para irse.
Hermione no entendió por qué dijo eso, pero aquel no era el momento ni el lugar de entrar en el tema. Quería irse antes de cometer alguna tontería, como decirle lo que sentía realmente.
¿En qué había quedado lo de mostrarse seductora y misteriosa? , se preguntó, camino a casa. ¿Iba a ser aquella cita su examen final con el profesor Malfoy? Si era así, tenía la sensación de que iba a suspender.
Apenas pudo concentrarse en el trabajo al día siguiente. El lunes era día de colada, de pagar los recibos, de limpiar el baño. Nadie tenía una auténtica cita el lunes, de manera que lo único que debía querer Draco era acabar con sus clases.
Para cuando llamó al portero automático de su apartamento, Hermione estaba decidida a demostrarle todo lo que había aprendido durante el mes pasado. Estaba decidida a no dejarle saber lo que sentía por él.
—Hola, soy Draco.
—Hola, soy Hermione, tu cita a ciegas—contestó ella, entregándose de lleno a su papel.
—Estás guapísima.
—Tú también.
Ella nunca había visto a Draco con mejor aspecto. Llevaba una elegante chaqueta marrón, pantalones marrones oscuros y una camisa de hilo a juego. Se había cortado un poco el pelo, y olía a una fragante loción para después del afeitado.
—Déjame arreglar esto—dijo Hermione. Interpretando a la perfección su papel de chica mala, se irguió y simuló ajustar el cuello de la camisa de Draco, rozándole levemente la barbilla con los dedos.
—Así está mejor. Entregó a Draco su abrigo y se dio la vuelta para que le ayudara a ponérselo. Cuando bajaban las escaleras, enlazó un brazo con el de él.
Draco la llevó a un asador que se hallaba a unos veinte minutos. Aquel tipo de restaurante no era precisamente la idea que ella tenía de un lugar romántico, pero, al menos, no estaría abarrotado un lunes por la noche.
—Su especialidad es la carne de Ternera, pero también hay otras cosas entre las que elegir—dijo Draco.
Hermione hizo un pícaro comentario sobre las hormonas de la carne. No sabía cuál era su puntuación hasta el momento, pero estaba echando toda la carne en el asador, riendo las bromas de Draco, fueran o no divertidas, pegándose a él lo más posible.
Una vez sentados a la mesa, recordó alisar su jersey mientras se sentaba frente a él. Habría preferido ponerse una camisa blanca con la falda plisada, pero el jersey rosa que llevaba era más sugerente y tenía tendencia a ceñirse en las curvas.
—¿Te gusta mucho comer chuletones?—preguntó, recordando que se suponía que no sabía nada sobre su cita a ciegas.
—Supongo que sí—Draco estaba estudiando el menú, sin ofrecerle ninguna clase de ayuda o ánimo. ¿Estaría probando su agresividad permaneciendo allí sentado con aquella impenetrable actitud?
Hermione se esforzó por mantener la conversación fluida sin contar con su ayuda.
Finalmente, desesperada por llamar su atención, buscó su pierna bajo la mesa y frotó su pantorrilla contra la de él. Si aquello no lo hacía reaccionar, no sabia que lo haría.
Se quitó un zapato y deslizó la punta de los dedos por la pierna de Draco.
—Ya es suficiente—dijo él—. Aquí está el camarero.
—Hola, soy Todd. ¿Habéis decidido ya qué vais a tomar?
Hermione dejó que Draco pidiera por ella, agradecida cuando sugirió escalopes en lugar de media Ternera.
«¿Qué más puedo hacer?», se preguntó. Quería gritar, o saltar arriba y abajo; cualquier cosa que borrara la aburrida expresión del rostro de Draco.
El lugar estaba casi vacío; tenían una esquina en semi penumbra para ellos solos. Cuando el camarero les trajo las ensaladas, Hermione decidió que iba a hacer que desapareciera de una vez la pétrea expresión Draco.
Se inclinó hacia delante, y, mientras hacía un inocuo comentario sobre las clases de flores que los hombres encargaban en la tienda para sus novias, alzó una pierna y dejó que los dedos del pie se apoyaran directamente en la entrepierna de el.
¡Draco estaba conmocionado! ¡Y más que eso! Los ágiles deditos de los pies de Hermione se enterraron en su entrepierna, provocando una reacción más intensa de la que ella habría podido imaginar. En un gesto de mera autodefensa, tomó el pie y lo apartó. Pero su erección ya era tan evidente que tuvo que cubrirse con la servilleta para disimularla.
—Come tu ensalada—probablemente, aquella era la tontería más grande que había dicho en su vida.
Se culpó a sí mismo. Hermione estaba intentando ser vacua y frívola, halagándolo y coqueteando con él, forzando la situación, comportándose de manera que supiera que estaba disponible.
La había entrenado bien, pero no estaba nada orgulloso de su trabajo. Siempre salía con mujeres del estilo que estaba imitando Hermione y en la mayoría de los casos, cuando las dejaba, éstas pasaban a otros hombres con muy pocas quejas. Pertenecía a la clase de hombres que las «tomaba y las dejaba», y siempre elegía a mujeres fáciles de olvidar.
Si cualquier otra mujer le hubiera hecho lo que acababa de hacer ella, lo habría tomado como una invitación y habría disfrutado inmensamente del resto de la velada. Pero había tomado a una chica que era perfecta, dulce, encantadora, inocente, y le había enseñado una serie de trucos baratos que para nada necesitaba.
Se sentía demasiado avergonzado como para mirarla a los ojos.
—¿Me vas a dar un sobresaliente, profesor?—preguntó Hermione, sin lograr ocultar del todo la vergüenza que sentía.
—Eso no ha estado bien, Hermione. ¿Quién era él para reprenderla?, se recriminó. Se sentía asqueado consigo mismo.
—Lo siento—dijo ella, bajando la mirada al plato. Parecía tan infeliz como Draco se sentía.
—No, es culpa mía. Todo lo que te he enseñado sobre las normas para ser una mala chica es una tontería. Sólo los tontos como yo son capaces de dejarse llevar con trucos tan baratos. Olvida todo lo que te he dicho, Hermione. Por favor. Eras perfecta antes de que yo empezara a marearte con todas estas tonterías.
—No comprendo. Ella parecía anonadada. Draco no habría podido sentirse peor que si la hubiera abofeteado.
—Sí entiendes. Eres una persona dulce y cariñosa y yo he tratado de convertirte en una réplica de tu amiga Parvati. Olvida todo lo que te he dicho.
—Pero tus reglas parecen funcionar. Draco habría querido alejar con un beso el dolor y la confusión que había en el rostro de Hermione, pero cualquier cosa que hiciera en ese momento sólo serviría para empeorar la situación.
—No. Has logrado impresionar a Potter a pesar de mis «lecciones». Voy a devolverte los pases. Lo cierto es que aún no los he utilizado. Quédate con Potter. Quédate con quien quieras. No necesitas mis consejos, y nunca los necesitaste. Victor fue un estúpido. Pero que te dejo y con ello dejó pasar una oportunidad de oro de tener una maravillosa relación, y tú no deberías cambiar por haber tenido una mala experiencia con él. Eras perfecta tal como eras.
Hermione se quedó boquiabierta, incapaz de hablar. La charla de Draco había sido abrumadora, y notaba lo enfadado que estaba consigo mismo, no con ella.
—Ese es el motivo por el que te he traído aquí esta noche; para decirte eso—añadió él, taciturno.
—Creo que no voy a poder comer nada. Lo siento, sobre todo por... ya sabes.
—Eso lo has captado muy bien—Draco sonrió con gesto de arrepentimiento—. Aún no estoy en condiciones de irme.
—Me quedo si olvidas lo de devolverme los pases—dijo Hermione con suavidad—. No me debes nada.
—Gracias—Draco no le estaba dando las gracias por los billetes, sino por ser la clase de persona que era—. Supongo que ahora es cuando debería preguntar si podemos seguir siendo amigos.
Ni él mismo sabía lo que estaba haciendo. Sabía que debía dejar de verla, pero aún no estaba preparado para apartarla de su vida; al menos, no hasta que encontrara alguien adecuado. Aún le debía eso; se la debía a sí mismo. No se quedaría tranquilo, ni sería capaz de retomar su vida social, hasta que viera a Hermione con un hombre apropiado para ella.
Sorprendentemente, el resto de la tarde fue realmente divertido, al menos para él. Hablaron de sí mismos, no de sus citas, ni de reglas a seguir durante éstas. Draco contó cómo empezó con su tienda, y Hermione le reveló que ella también tenía intención de abrir su propia floristería con un dinero que le había dejado su abuelo, cuando tuviera suficiente experiencia para ello. A los dos les gustaban los juegos de tablero y los festivales de música étnica.
Con cada minuto que pasaba, Draco se daba cuenta de cuánto le gustaba Hermione. Y eso la asustaba.
Cuando la acompañó a la puerta de su casa ya era casi media noche.
—¿Puedo subir?—preguntó, pasando con ella al vestíbulo.
—Lo siento, no en la primera cita. Hermione se estaba divirtiendo con él, y eso resultaba aún más erótico que sus pies acariciándole las piernas.
—¿Sólo unos minutos?—ser rechazado siempre estimulaba a Draco, pero aquello era diferente. Quería estar más rato con ella.
—No, no creo.
—¿Puedo darte un beso de buenas noches? Fue el diablo quién le hizo preguntar eso o tal vez el recuerdo del piececito de Hermione jugueteando con él.
—Uno pequeño, en la mejilla—dijo ella, señalando un punto intermedio entre su barbilla y su boca.
Estaba jugando con fuego y podía salir quemada. Draco la sabía, pero era difícil preocuparse cuando lo estaba volviendo loco. Quería tenerla entre sus brazos, en su cama.
Inclinó la cabeza y la besó con suavidad en la comisura de los labios, prolongando un momento el beso mientras la rodeaba con los brazos. Hermione llevaba el abrigo abierto y sus pechos presionaron contra él, firmes y deliciosamente mullidos bajo el jersey.
Draco se quedó asombrado de su propia reacción; ni siquiera la había besado de verdad y ya estaba duro y palpitante. Trató de culpar de ello a la vida célibe que llevaba últimamente, pero sabía que era Hermione. Sólo ella.
Ella alzó los brazos y rodeó con ellos su cuello. Draco no pudo aguantar más. La besó dura y apasionadamente, haciéndole entreabrir los labios con su lengua y tomando casi a la fuerza lo que quería, sosteniendo la cabeza de Hermione en sus manos para que no se apartara.
No era un beso de primera cita; estaba yendo demasiado lejos y demasiado deprisa, anhelando tanto sentir la dulzura de la boca de Hermione que se olvidó de sí mismo.
Utilizando todo el auto control que le quedaba, se apartó un instante, dándole la oportunidad de apartarse e irse. En lugar de ello, Hermione tiró de él hacia abajo con firme suavidad, presionando su pelvis contra él, debilitando por completo su voluntad.
Draco deslizó el abrigo de los hombros de Hermione y deslizó las manos por su espalda hasta apoyarlas en su trasero. La presionó contra su dura excitación hasta casi alzarla del suelo.
Oyó cómo jadeaba en busca de oxígeno. No sabía cómo habían llegado tan lejos. Aquello era una fantasía hecha realidad.
—Tal vez podrías subir unos minutos—dijo Hermione con voz ronca, sin el más mínimo matiz de afectación.
Draco la besó con suavidad y dejó caer las manos a los costados. Aquello no era sólo sexo. Era... no sabía. Fuera lo que fuese lo que estaba sucediendo, quería que siguiera para siempre. El mejor sexo del que hubiera podido disfrutar en su vida no era nada comparado con la sensación de la boca de Hermione en la suya.
Anhelaba estar dentro de ella, pero un cálido y desconocido gozo lo estaba sobrepasando. Apenas podía respirar; las rodillas le temblaban.
No podía subir a su apartamento. Hermione no se resistiría, pero no podía hacerle el amor; no, sabiendo como sabía todas las connotaciones que tendría para ella y tal vez, para él.
¿Cómo podía sentirse tan feliz y tan triste a la vez? El esfuerzo de separarse de Hermione fue lo más doloroso que había hecho en su vida. —No puedo—dijo.
Ella pareció aturdida y dijo algo, le dio las gracias por la cena, tal vez, pero él ya estaba saliendo al frío aire de la noche.
No podía tener una aventura con Hermione. Debía dejar de verla. Sus hormonas, y su corazón, estaban hechos un caos. Si pudiera tener relaciones sexuales con ella, sacársela de debajo de la piel.
No. Esa no era la respuesta. Estar con ella no seria sexo, seria hacer el amor con todas sus letras. Caminó hasta la furgoneta, sabiendo que podría haberla convencido para hacer cualquier cosa, todo. Lo deseaba tanto como él la deseaba a ella.
Puso el vehículo en marcha, temiendo marchitarse y morir si no hacía el amor con Hermione. No era demasiado tarde para volver atrás. Sólo una vez. Si pudiera hacerle el amor una vez, tal vez se rompería el embrujo que lo tenía prisionero. Podría volver a llevar su vida normal; podría volver a sentirse como un individuo separado.
—No te engañes—dijo en alto. Una vez no bastaría. No con Hermione. Se había metido bajo su piel y en su corazón. La quería en su cama y fuera de ella, pero no podía aceptar su necesidad de «tuyo para siempre».
Tenía que terminar con aquello.
Debía dejar de simular que no había nada que terminar entre ellos.
Al día siguiente le diría adiós para siempre. Tenía que hacerlo.
Que les he dicho los hombres son unos tontos de primera y no por que ellos quiera sino por que la neurona no le da para pensar y respirar al mismo tiempo.
No les quiero dejar avance no por que sea cruel sino, por que ya se esta acabando y quiero que se mantenga en intriga!
Este Son consejitos mios para ser feliz, el cual me surgio ponerlo, a causa de lo que le dijo Draco a Herm, es el siguiente:
1. Solo se puede ser feliz por vias de uno mismo con la aceptación de quienes somos y realizando nuestros sueños por nosotros mismos, sin esperar que las personas que nos rodean aporten las herramientas que necesitamos para hallar esa felicidad.
2. Es cierto que estar rodeado de seres queridos nos colma de alegrçia y buenos momentos, pero hay que recordar que primero tendríamos que valorarnos y querernos a nosotros mismos, aunque creo firmemente que quien nos puede dar la plena felicidad es Dios, ahora siempre y cuando lo tengamos a ÉL en nuestro corazón supuesto que es quien dirige nuestros pasos en la vida.
3. Es bueno que nos pongamos a meditar "que tenemos que tener para ser feliz", es un tema supe interesante, pero como amar a otro y ser feliz si no aprendemos a amarnos a nosotros mismos, tenemos que aprender a valorarnos, saber dar sin esperar recibir, porque existe el sentimiento de amor entre familia, ellos nos dan todo ese sentimiento que poseen pero sin esperar recibir nada a cambio, cuando aprendemos esto creo podemos ser felicies en nuestra vida.
4. Personalmente la felicidad es única e intransferible y la tienes tú, y nadie más que tu, realmente por añadidura.
5. La labor para ser feliz es ciertamente de todos, pero debemos empezar por nosotros mismos, pero a la voz de... ¡ya!, tenemos que poner entusiasmo en todo lo que realicemos y poco a poco se irá notando el cambio, ver las cosas de diferente manera y nos daremos cuenta de que NUNCA ES TARDE PARA SER FELICES Y DAR FELICIDAD A MANOS LLENA A LOS DEMÁS.
6. Nuestra felicidad no se siente de afuera hacia dentro, sino todo lo contrario, de adentro hacia fuera, pase lo que pase y suceda lo que suceda.
NOs leemos, Pronto.
XOXO!
