Historia basada (adaptada) de la novela de la autora Drew Jennifer
Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling y a la Warner Bros.
Nota de la autora:
!Dios mio! La recta final, ya casi se acaba el fic. Gracias a todos x su apoyo, disfruten lo mas que puedan y sin mas que hablar a leer!
"Puedes escudarte diciendo que es mejor la realidad a un falso sueño,
pero aun así duele despertarte"
Capítulo 10
¿Cómo era posible qué, después de cómo la había besado, Draco no la llamara?
Hermione pasó el martes como pudo, sintiéndose apenas capaz de contar una docena de rosas sin pincharse los dedos. Estaba en un continuo estado de agitación, esperando ver a Draco entrando en la tienda cada vez que se abría la puerta.
Después del trabajo volvió rápidamente a casa. ¿Debía llamarlo? Su último consejo había sido que fuera ella misma, y la verdadera Hermione Granger era demasiado cobarde como para llamar a un hombre y decirle que estaba loca por él. ¿Pero cómo podía saberlo Draco si no se lo decía? Él aún pensaba que estaba totalmente centrada en la idea del matrimonio, y ella sabía que él no quería saber nada al respecto.
Sin embargo, la noche pasada la había deseado y ella le había correspondido. Estuvieron tan cerca que Hermione aún podía sentir las chispas. Lo que Draco no quería era comprometerse, y no podía saber que ella esta iba dispuesta a conformarse con lo que quisiera darle.
«¡Olvida las invitaciones de boda!», se dijo. Ya las había elegido una vez con el hombre equivocado. ¿Cómo podía decirle a Draco que él era el adecuado sin hacer que saliera corriendo en dirección contraria? No hacía falta que fueran a por anillos de compromiso se conformaba con hacer manitas en el cine o con que se llamaran por teléfono simplemente para charlar.
La luz de su contestador parpadeaba cuando entró en el apartamento. Deseaba con tal desesperación que fuera Draco que temía escuchar el mensaje. Finalmente, apretó el botón.
Era Draco. Hermione deseó abrazar a alguien, pero se tuvo que conformar con un almohadón del sofá.
—Anoche estuviste muy bien—dijo la voz grabada de Draco. Algo en su tono de voz la hizo pensar en un profesor entregando un aprobado. No era aquello lo que quería oír—. El entrenamiento ha finalizado, no puedo enseñarte nada más. Puede que alguna vez volvamos a vernos.
¿Cómo podía haber dejado un mensaje como ése en el contestador? Hermione sintió que el corazón le iba a estallar en mil pedazos. ¿Cómo podía besarla de aquella manera para luego echarla de su vida?
Permaneció varios minutos quieta donde estaba, más aturdida que enfadada. No podía decirse que Malfoy la hubiera dejado, porque ni siguiera habían llegado a tener una relación sentimental. El sólo le prometió ayudarla para buscar al señor Perfecto. No era culpa suya que ella se hubiera enamorado del señor No Interesado.
—No comprendo—dijo en voz alta.
La noche pasada, el quiso hacer el amor con ella. No necesitaba lecciones para saber eso. Probablemente pensó que, renunciando a lo que ambos querían, estaba siendo noble. Ahora era demasiado tarde para hacerle saber que ya no estaba obsesionada con el matrimonio.
Nunca sería una auténtica «mala chica». El mismo se lo había dicho. ¿Significaba eso que nunca haría el amor con un hombre al que realmente amara?
Ignorando las lágrimas que rodaron por sus mejillas, se prometió una cosa si alguna vez tenía la oportunidad, experimentaría todo lo que una mujer debía experimentar. Draco había sido la segunda gran decepción sentimental de su vida, y ésta vez era su corazón el que había resultado herido, no su orgullo.
Harry la llamó el jueves para decirle que ese fin de semana debía dar un seminario sobre ventas en Milwaukee, y que no podría verla el sábado. Hermione no supo si sentir alivio o decepción.
—Esas son las malas noticias—dijo Harry, entusiasmado. —La buena es que he sido el máximo vendedor de éste último trimestre y he ganado un fin de semana con los gastos pagados en Las Vegas.
—Felicidades, Harry. Me alegro por ti.
—Aún hay más. El viaje es para dos. ¿Qué te parecería venir conmigo?
—No sé...
—Espectáculos, juego, diversión... Será fantástico.
—Yo no...
—No rechaces mi propuesta ahora mismo. Sin ataduras. Si quieres, podemos pedir habitaciones separadas. En serio.
Cuando, finalmente, Hermione colgó, tuvo que admitir que Potter era realmente un buen vendedor. Ella no había dicho sí, pero él la había convencido para que se lo pensara. Y lo cierto era que le gustaba aquel tipo. Lo pasaban bien juntos. El no tenía la culpa de no ser Draco.
Las ventas de la tienda de muebles marcharon muy bien en marzo, tanto, que Draco decidió tener abierto hasta tarde durante una semana. Él mismo trabajó las horas extras, tras jornadas de doce y catorce horas, acababa demasiado agotado como para hacer algo más que caer rendido en la cama por las noches. Eso era mejor que estar solo en su apartamento echando de menos a Hermione.
Durante las tres semanas pasadas había descolgado el teléfono para llamarla al menos una docena de veces, y ¿pero qué podía haberle dicho? Hizo lo correcto, aunque cobardemente, dejándole un mensaje en el contestador.
Estaría bien cuando el dolor pasara. Entretanto, no podía arriesgarse a volver a ver a Hermione ni siquiera a hablar por teléfono con ella.
También hizo lo posible por evitar a Theo y sus informes sobre los progresos que hacía Potter con Hermione.
Estaba solo en la parte delantera de la tienda cuando, la puerta se abrió. Cuando se volvió para saludar al cliente, vio que se trataba de su hermana. Selene tenía un aspecto magnífico y sus ojos relucían.
—Hola, nena—saludó estás muy guapa. Sólo te sobra un poco de trasero, pero a algunos les gusta eso.
—Si alguna vez dijeras algo agradable sin añadir "nada a continuación, parecerías casi un ser humano"
Draco sonrió cariñosamente. —Sólo bromeaba. ¿Qué te trae por aquí? Mamá se ha ido a las dos.
—No he venido a verla a ella.
—Eso resulta amenazador.
—Quería arrinconarte personalmente, ya que últimamente pareces estar desarrollando ciertas tendencias antisociales.
—Se llama adicción al trabajo.
—Nunca has sido un adicto al trabajo. Siempre has sabido encontrar tiempo para divertirte.
Draco se encogió de hombros, sin molestarse en buscar argumentos para discutir con una mujer con la que había compartido la bañera, la cuna y el biberón hace más de veinticinco años atrás.
—Theo y yo vamos a dar una fiesta el sábado. Nos gustaría que vinieras.
—¿Una gran fiesta?
—Tanto como permita nuestro apartamento. Algunas de mis compañeras de vuelo tienen un puente este fin de semana.
—¿También... ah...?
—¿Daphne? No, no va a venir. No la impresionaste demasiado.
Draco podía comprenderlo. —¿Y Hermione?
—No la he invitado. ¿Podemos contar contigo?
—Sí, claro—Draco sabía que tenía que volver a ponerse en circulación en algún momento, y las amigas de Selene eran una oportunidad ideal—. Llevaré cerveza y patatas fritas.
—Ven hacia las ocho. Theo se alegrará de verte.
—¿El león enjaulado recordando sus días de libertad?
—Tú caerás en la trampa cualquier día de estos.
Selene se fue. A Draco nunca le había gustado que su hermana siempre tuviera la última palabra.
El espacioso apartamento de Selene y Theo estaba abarrotado cuando Draco llegó, después de las nueve. Llevó dos grandes bolsas de patatas y cervezas a la cocina, dejó su chaqueta sobre otro montón de éstas en la cama del dormitorio y luego se unió a la fiesta.
Tenía para elegir entre rubias, morenas y pelirrojas, y parecía que había pocas parejas. Estaba dispuesto a pasarlo bien como fuera. De hecho, le alegraba volver a estar en circulación.
Eligió a la pelirroja porque le gustaba su minifalda azul y su ceñido jersey, Se encaminaba hacia e1la cuando vio a Hermione con el brazo de Potter posesivamente apoyado sobre sus hombros.
Desvió su trayecto antes de verse obligado a saludar y fue a la cocina, donde encontró a su hermana.
—¿Qué hace aquí? ¡Dijiste que no la habías invitado!
—¿A quién?
—¡Sabes muy bien a quién me refiero! ¡A Hermione!
—No la he invitado. Supongo que Theo invitó a Harry y éste la ha traído. Por si no lo sabías, últimamente salen mucho juntos.
—Estupendo, me alegro por e1la. Es exactamente lo que necesita—Draco sentía la lengua espesa, y ni siquiera había probado una cerveza todavía.
—No sé—Selene le alcanzó una bandeja con patatas fritas y frutos secos—. Pasa esto entre los invitados, por favor.
—¿A qué te refieres con que no sabes?
—Viendo juntos a Harry y a Hermione tengo la sensación de que la química no funciona.
—Lo próximo que me dirás es que sus vibraciones no vibran. ¡Sé más seria! Nunca has sido una casamentera.
—No, pero he visto lo suficiente a Hermione como para preguntarme...
—¿Qué?
—Si no estará interesada en otra persona.
—Sí, probablemente en el cretino de su ex prometido.
—No creo.
—Supongo que es tu intuición femenina la que te hace pensar todo eso—Draco rió, pero su risa fue más parecida aun bufido que a otra cosa.
—Ya veremos.
Draco dejó la bandeja en la mesa del salón, se puso a charlar con la pelirroja y logró evitar a Hermione.
Desafortunadamente, Selene tenía una voz que podía oírse de un extremo a otro del Concorde, de manera que Draco no pudo evitar escuchar lo que decía cuando arrinconó a Potter.
—¿Serías tan encantador de ir al Mini Mart para traer un poco de hielo, Harry?—preguntó, en el tono que solía utilizar para los pasajeros que pensaban que el límite de dos bebidas en el avión sólo debía aplicarse al piloto.
—No tienes por qué dejar la fiesta—dijo Harry a Hermione cuando ésta se ofreció a acompañarlo—. Sólo tardaré unos minutos.
El corazón de Hermione ya había dado un vuelco cuando vio por primera vez a Draco. Ahora iba a ser imposible evitarlo. Había sido una locura decidirse a acudir ala fiesta que daba su hermana, pero no podía permitir que él dictara adónde podía ir ya quién podía ver. Ya no.
Miró a su alrededor, frenética, esperando ver algún rostro familiar que no fuera el de Draco. Pero la única alternativa que encontró fue huir al servicio.
«¡Cobarde!» se auto acusó. Eso era precisamente lo que Draco habría esperado que hiciera huir y ocultarse.
No debería haber ido a la fiesta, pero Harry había insistido. Estaba al borde de iniciar una relación seria con él, pero una voz interior la prevenía que era un error estar con Harry aunque fuera un hombre dulce, atento y atractivo, genuinamente agradable pero ella sólo era capaz de pensar en Draco.
Respiró profundamente, irguió los hombros y borró mentalmente todas las reglas que Draco le había dado para hacerse la inaccesible. Tenía que volver a poner la pelota en su campo. Si permitía de nuevo que se fuera, tendría que dejar de pensar en él y darle una auténtica oportunidad a Harry. Este la estaba presionando para que le respondiera sobre el fin de semana en Las Vegas.
Una buena chica diría no a ese viaje una mala chica iría. Hermione ya no sabía bien cuál de ellas era y todo gracias a su confuso tutor. Aún se ruborizaba al recordar cómo había acariciado su entrepierna con el pie, sobre todo porque podría jurar que sintió cómo se endurecía.
Draco había creado aquel dilema. Era culpa suya que hubiera conocido a Harry, y era él quien la había entrenado para hacerse más deseable a los ojos de éste. No podía decidirse respecto al asunto de Las Vegas, así que, ¿por qué no pedir consejo a su tutor?
Harry no tardaría en regresar, de manera que debía actuar deprisa.
Salió del baño, fue al salón y localizó enseguida a Draco, que estaba hablando con una atractiva pelirroja.
—¿Puedo hablar contigo un momento, Draco?—preguntó Hermione, haciendo acopio de todo su valor.
La pelirroja le dedicó una mirada que podría haberla atravesado.
—Por supuesto. Discúlpame, eh... Candy—dijo Draco.
—Mandy—corrigió ella, mirando ya a su alrededor en busca de una nueva presa.
—Tienes muy buen aspecto—dijo Draco cuando se quedaron a solas.
Hermione llevaba el vestido rojo, pero éste no reforzaba tanto su confianza como el día de la boda.
—¿Podemos hablar a solas?
—Será complicado. Vamos a ver si hay alguien en el dormitorio—al ver que Hermione dudaba, Draco añadió—La última vez que he entrado, había dos metros de abrigos y chaquetas apilados sobre la cama.
—Ni siquiera estaba pensando en eso—mintió Hermione, deseando poder concentrarse en algo más que en la perfección con que encajaría el cuerpo de Draco en el suyo.
—¿Qué sucede?—preguntó él, una vez en el dormitorio.
—Sólo quería darte las gracias por toda la ayuda que me has prestado.
—No hace falta. En realidad no estoy seguro de haberte servido de ninguna ayuda.
Draco parecía tan incómodo como Hermione se sentía.
—Espero que hayas disfrutado de los pases.
—He visto muy buenos partidos.
—Si no te importa, querría pedirte consejo una vez más.
Draco permaneció un momento en silencio.
—Si me importara, ¿no me lo pedirías?—preguntó, finalmente.
—No, no si esa es tu actitud—
Hermione trató de rodearlo para dirigirse a la puerta, pero él se lo puso difícil. De hecho, se lo estaba poniendo todo difícil, y ella había empezado a ponerse nerviosa incluso antes de que Draco se mostrara reacio.
—Pregunta—la tomó por un codo y la retuvo lo suficientemente cerca como para que pudiera oler su loción para el afeitado, pero no tanto como para que pudiera sentir el calor de su cuerpo.
—Harry me ha pedido que vaya con él a Las Vegas a pasar el fin de semana. ¿Debo ir?
Draco la soltó y, por un instante, ella creyó que no iba a contestarle.
—Haz lo que quieras—dijo al cabo de un momento.
—No estoy segura—confesó ella, necesitando que le dijera algo más—. ¿No hay alguna regla para esta clase de situaciones?
—Lo siento, pero ya me he quedado sin reglas.
—Bien.
Hermione le dio las gracias entre dientes, sabiendo que estaba derrotada, pero aún se negaba a caer.
Ninguno de los dos se movió, pero Draco se negó a mirarla a los ojos.
—Bueno, gracias por nada—dijo, tras un incómodo silencio.
No pretendía mostrarse sarcástica. Tampoco tenía planeado lo que sucedió a continuación, pero incluso mientras fruncía el ceño, los labios de Draco siguieron siendo igual de carnosos y sensuales que los que la perseguían en sueños. Se puso de puntillas y trató de besarlo en la comisura de los labios, pero falló. Sus bocas conectaron de lleno, y Hermione lo besó con tanta fuerza como pudo, cerrando los ojos y sintiendo unas oleadas de placer que no se parecían a nada de lo que había experimentado hasta entonces.
Luego lo rodeó y se acercó a la puerta.
—Creo que deberías ir a Las Vegas—dijo Draco, en tono tenso, sin hacer nada por detenerla.
Hermione no sabía qué más decir al hombre que había rechazado con tanta rigidez su oferta final. Salió del dormitorio y estuvo apunto de darse de bruces con Harry, que ya había vuelto con el hielo y la estaba buscando.
—Ya me he decidido, Harry—dijo, ignorando el dolor que atenazaba su corazón—. Me encantaría ir contigo a Las Vegas el próximo fin de semana.
¡Al diablo con Draco Malfoy! Ya estaba cansada de sus reglas. De ahora en adelante, sólo iba a seguir las que ella misma dictara.
Harry parecía feliz. Estaba moviendo los labios, pero el dolor que sentía Hermione le impidió escuchar sus palabras. Dejó que le pasara un brazo por los hombros, olvidando lo pesado que le había parecido hacía un rato.
Había sellado su destino. A pesar de sí misma, se volvió a mirar por encima del hombro. Draco estaba justo detrás de ella. Sabía que se iba a Las Vegas. La mirada, que le dedicó podría haber marchitado una flor.
Hermione se tambaleó bajo el impacto de su dolor, pero Harry la sujetó con firmeza.
Draco pasó junto a ellos. Hermione no volvió a verlo esa tarde, pero Draco no abandonó su mente ni un instante.
Que tristeza por Hermi y cada dia confirmo mas q Draco tiene un corazon de piedra...
Pero no lo jusguen tan duramente, ya que la causa de ser tan duro para el amor sera revelada en el siguiente capi, donde contaremos con la aparicion estelar de Pansy (zorra)Parkinson y un regreso especial al pasado.
P.D.: Si alguien le gusta Parkinson (Me tendria que decir seriamente por que O_O) no deberian de leer el siguiente capi x q ella es la razon de que Draquito se volviera un monstruo, asi que la van a odiar.
ya saben comenten y diganme que esperan para el final.
nos leemos pronto!
XOXO!
