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Wolfram & Hart
Edificio de Wolfram & Hart.
Centro de Los Ángeles. Amanecer.
Cruzar una ciudad en ruinas e infestada de zombis es todo un logro. Sin embargo, el camión donde Parker, sus soldados, Novak, Ángel y Kate viajaban estaba reforzado y reformado para resistir el asalto de legiones de muertos vivientes que los asediaban.
Lo mismo que el edificio al que se dirijian.
Cuando la Pandemia zombi asoló al planeta, hace meses atrás, Wolfram & Hart ya estaba lista para hacerle frente. Recientemente, Ángel y su grupo habían firmado un contrato con ellos para hacerse cargo de la rama de Los Ángeles y no bien pasaron un par de días de instalarse allí, los muertos comenzaron a abandonar la paz de sus tumbas.
La crisis, de origen indeterminado, había tomado al vampiro con alma y a sus amigos desprevenidos, pero no sucedió así para la Firma en la que ahora trabajaban. Cerrándose al mundo por inviolables sistemas de defensa y siguiendo un protocolo estricto en caso de Apocalipsis zombi, Wolfram & Hart salvaguardó las vidas de sus leales empleados y familias de las hordas hambrientas de cadáveres vivientes que asolaron la Tierra.
Casi a regañadientes, Ángel había llegado a apreciar la eficiencia con la que sus antiguos enemigos se movieron; muchas vidas fueron salvadas en el proceso.
Lamentablemente, el Mal nunca descansaba y mientras el planeta entero a su alrededor se derrumbaba, los empleados de Wolfram & Hart hicieron aquello de "A río revuelto…"
Con impunidad, intentaban ofrecer la salvación y seguridad del edificio a costa de entablar negocios con los sobrevivientes. Para ganarse una plaza, comida, agua caliente y una cama abrigada en sus instalaciones, la gente debía pasar arduas pruebas o firmar contratos donde se vendían y entregaban posesiones y el alma misma a la Firma.
Para qué Wolfram & Hart quería seguir con esas tonterías, mientras la Tierra pasaba a manos de los muertos, Ángel no lo entendía, pero desde ya lo repudiaba. Tanto él como sus amigos hacían todo lo posible por dar asilo y ayuda gratis a quienes pudieran.
Era, sin embargo, una tarea muy difícil.
Entrar al edificio fue fácil. El camión militar traspasó la barricada con seguro electrónico que con precisión, los militares contratados por la Firma habían colocado y dejó fuera a los cientos, quizás millones de cadáveres ambulantes que pululaban por ahí.
Entrando en una "Zona Segura", el vehículo descendió por la rampa del estacionamiento subterráneo y se unió a las filas de automóviles y demás que permanecían estacionados en sus lugares, esperando el momento de su uso, algún día.
-Encarguense de que coma algo, se duche y descanse – ordenó Ángel, no bien el camión se detuvo. Miró severo a Parker y sus soldados – y quiero dejar BIEN en claro una cosa, señores… si le tocan un solo cabello, recen para que los zombis se los coman antes de que yo los agarre – y para dar mas énfasis a sus palabras, transformó su rostro por el de vampiro un momento, enseñando los colmillos, mientras gruñía - ¿Quedó claro?
Los soldados guardaron un tenso silencio. Parker contestó por ellos, con un seco "si, señor".
-Estarás bien – el vampiro recobró su cara humana. Kate estaba muy sorprendida por lo que había visto. Sin embargo, lo aceptó sin más.
En un mundo donde los muertos se levantaban de sus sepulturas, convertidos en salvajes maratonistas, no era difícil creer en la existencia de vampiros.
Amanecía en Los Ángeles.
Mientras el ascensor lo llevaba a los pisos superiores del edificio, Ángel se descubrió pensando irónicamente con que aquel era un "Amanecer de los Muertos", como el titulo de aquella película vieja de terror que había visto en 1978.
…Y no era una idea desencaminada. Fuera de las protegidas paredes de Wolfram & Hart, millones de zombis saludaban a la mañana con salvaje indiferencia.
El vampiro todavía no lo asimilaba. No del todo. El concepto de "muertos vivientes" que él tenía distaba mucho de la realidad…
Siempre creyó que aquellas cosas eran lentas, descerebradas y torpes, que el Vudu traía a la vida con su magia. La realidad, sin embargo, era más bien distinta. Los muertos que se habían alzado, transformando la vida de miles en una pesadilla, no eran ni remotamente parecidos a los zombis aquellos ni a los de las películas.
Estos eran un verdadero peligro. Una amenaza patente y real, imposible de parar.
Sus orígenes quedaban en la duda y si bien ya tenia a Wesley, Fred y los recursos de Wolfram & Hart trabajando en ello, nada se había sacado en concreto hasta ahora.
El súbito ruido del elevador llegando a destino lo liberó del hilo de sus pensamientos. Al abrirse las puertas, lo recibió un cuadro insólito: el vestíbulo principal de la Firma de abogados, atiborrado de gente trabajando.
Como si tras sus muros no pasara nada, hombres y mujeres iban y venían, ocupados en sus quehaceres ordinarios. Ángel caminó entre ellos, sintiendo sobre sus hombros el peso de la ironía que suponía aquello. En la cuna del Infierno en la Tierra, había más paz y tranquilidad que en el resto del globo.
"Es de locos", pensó, encaminándose hacia su oficina. Harmony lo recibió, sentada tras su escritorio, limándose las uñas despreocupada.
-Hola, jefe. ¿Qué hay? – dijo - ¿Alguna novedad?
-Lo de siempre – fue la escueta respuesta que recibió.
Harmony señaló a la puerta de su despacho.
-La señorita Eve te espera en tu oficina – informó – Esta muy molesta.
Ángel frunció el ceño y entró. No le gustaba Eve. Ni de lejos. Era el enlace con los Socios Mayores de Wolfram & Hart y eso siempre significaba problemas.
La encontró parada ante el amplio ventanal del despacho, mirando hacia el horizonte de rascacielos de Los Ángeles. El sol de la mañana iluminaba su bello y juvenil semblante. Al ver al vampiro, sonrió, mordaz.
-¿Qué quieres, Eve? – preguntó Ángel, cruzándose de brazos – no tengo tiempo para tus estupideces…
-Que simpático – Eve meneó la cabeza – Me comunicaron que hubo un nuevo ingreso no autorizado al edificio hoy – caminó hasta el escritorio de Ángel y tomó un legajo. Lo abrió – Kate Frost. Profesión: actriz porno. Vaya elección singular para adquirir una sobreviviente…
-No importa lo que hiciera en el pasado, Eve. Importa el ahora. Casi la matan esas cosas hoy.
-Mal para ella, pero me temo que no puede quedarse. Comprende que lo que nos sobra no es precisamente el espacio…
-Me importa un rábano, la verdad. Ella se queda.
Se produjo un tenso silencio. Siempre sonriente, Eve dejó el legajo sobre la mesa y se dedicó a jugar con una lapicera entre sus manos. Ángel esperó, desafiante.
-Tendré que comunicárselo a los Socios Mayores – dijo la muchacha, al fin.
-Hazlo – el vampiro se sentó en su sillón, dándole la espalda – y de paso, pregúntales si no tienen que ver con el reciente Apocalipsis zombi que padecemos.
-Ángel… ¿De verdad crees que deseamos que un puñado de cadáveres podridos nos arruinen los negocios? – Eve chasqueó la lengua - ¡Vamos! Este no es el Apocalipsis que los Socios deseaban para el mundo.
-Me imagino que no, pero perdóname por no creer que no están contentos con lo que pasa – hizo un gesto con la mano, despidiéndola – Fuera. Vete de aquí. Quiero estar solo.
Eve obedeció, no por que le temiera, sino porque su turno de hablar se había terminado. Era el momento de ir y comunicarles las novedades a los Socios Mayores.
Una vez solo en la oficina, Ángel dejó que la calidez del sol le recorriera la piel. Gracias a los cristales especiales que rodeaban el edificio, la luz solar pasaba filtrada, sin hacerle daño.
Observó el paisaje urbano de Los Ángeles, soñadoramente. Muchos edificios se habían venido abajo. Otros se mantenían en pie. El aspecto de todo ello era de una completa desolación, de abandono.
Mas abajo en las calles, lo sabia, los zombis las recorrían a sus anchas.
Era bizarro y curioso estar allí, seguro y resguardado mientras afuera millones morían. La conciencia de Ángel lo atormentaba, con pensamientos como ese. Al igual que Buffy en su momento, él sentía todo el peso del mundo sobre sus hombros.
Un mundo que hacia rato había colapsado, a decir verdad.
-Es una mierda – dijo en voz alta y enterró la cara entre las manos, abatido.
