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Charla con Fred
Solo habían pasado un par de horas desde que Ángel regresara y lo primero que el vampiro hizo una vez que se tomara unos minutos para él en privado, fue visitar el laboratorio de Fred.
Como de costumbre, esa mañana encontró a su amiga científica dedicada de lleno pura y exclusivamente a lo que desde hacia meses venia prestándole todo su interés: el fenómeno zombi.
-Es interesante, realmente – dijo la muchacha, mientras lo guiaba por su laboratorio – He descubierto cosas sorprendentes sobre los zombis en estas semanas, después de meses de analizarlos.
-Vamos despacio, Fred – pidió el vampiro – No estoy teniendo una buena mañana hoy. Dime todo desde el principio. Finge en que, por un momento, no sé nada sobre zombis. Dime, ¿Qué descubriste?
La chica se detuvo a meditar. Luego, condujo a Ángel hacia el centro de la sala. Allí había montada una camilla quirúrgica, en donde sostenido por correas fuertemente apretadas, un zombi de sexo femenino yacía contenido.
Al verlos llegar, gruñó con furia. Ángel dedujo que en vida había sido una mujer bella, pero ahora con la piel reseca, acartonada, de color gris y el rostro cadavérico, con las encías retraídas y el poco cabello que le quedaba, lucia espantosa. Unos ojos blancos le miraban, desde unas cuencas oculares hundidas.
-Bien…hum… ¿Por donde empezar? – Fred, ignorando los gruñidos de la criatura, pensó un instante – Bueno, lo que aquí tenemos es un caso extremadamente curioso. Un cuerpo en avanzado estado de descomposición que, sin embargo, se mueve y actúa como si estuviera vivo. Desde el vamos, es una imposibilidad biológica y física… pero es un hecho innegable.
La científica hizo una pausa. Le mostró a Ángel unas radiografías que había tomado, junto con varios electroencefalogramas.
-De acuerdo con los análisis que he hecho, la circulación sanguínea se ha reactivado, lo mismo que la actividad cerebral, pero ésta ultima a un nivel… diferente al que tenía en vida.
-¿Qué tan diferente?
-Muy diferente. Para empezar, la actividad mas usada es en las regiones del cerebro donde se ejecutan los procesos de las emociones básicas, en especial las de la rabia o la ira. Están como sobreexcitadas. Después, las regiones destinadas al control del reflejo alimenticio también están en desorden.
-En limpio…
-Los zombis solo pueden sentir una emoción: ira. Y un hambre atroz, lo que los lleva a alimentarse de otros seres, en especial, vivos.
-Pero no se comen ni se atacan entre ellos. ¿A que se debe?
-Bien, ese punto sigue sin estar claro… del todo – se disculpó Fred – Pero tengo teorías. Una de ellas es que los zombis tienen la capacidad de percibir entre seres vivos y otros organismos muertos. Puede ser por olfato o por percepción del calor. Como te comentaba antes, no está claro… del todo aun.
Ángel pensó un segundo. Acercó una mano a la criatura cautiva y esta castañeo los dientes, con voracidad. De haber acercado mucho más la mano a su boca, la zombi se la hubiera mordido.
-Dices que pueden distinguir entre seres vivos y muertos – repitió él – Pero esta cosa quiere devorarme tanto como lo haría con cualquier ser humano. Soy un vampiro. En parte, estoy muerto. ¿No debería saberlo y no atacarme? ¿No debería ser como invisible a sus ojos?
-Buena pregunta. Se supone que así tendría que ser. Francamente hablando, desde el punto de vista biológico, no tiene explicación. Pero recuerda que los vampiros, en parte también son organismos vivos. Tú vives y piensas como lo hago yo o cualquier ser humano.
-Lo que nos lleva al siguiente punto: ¿Son incapaces de razonar los zombis?
-De acuerdo con los encefalogramas y al monitoreo en general del cerebro que le he hecho a estas criaturas, las zonas relacionadas con el raciocinio, la conciencia y el habla están apagadas. Lo que los reactivó los proveyó de una gran ira, un gran apetito… pero los privó del razonamiento y la inteligencia necesaria para darse cuenta de que lo que están haciendo es… bueno, inhumano. No son concientes de sí mismos – aseguró Fred.
La criatura capturada gemía, ahora. Ángel pudo adivinar el motivo: hambre. El hambre atroz que sentía y del que Fred había hablando. La científica permaneció en silencio, compadeciéndose de la zombi, pese a que sabía que de haber estado suelta, el espectro la habría matado sin vacilar para comerse su carne y órganos internos.
La charla se reanudó con otra tanda de preguntas de Ángel.
-¿Qué les reactivó? Después de tantos meses, ¿lo sabes ya?
-Bien… investigué la sangre y tomé muestras de tejidos. No encontré rastros de agentes patógenos extraños en ellas, salvo las usuales en la descomposición corporal. Porque el deterioro físico sigue. Está como ralentizado, de alguna manera, pero sigue su marcha.
-O sea que no es cosa de un virus…
-No. Al menos, no de virus que conozca y que se pueda descubrir en los análisis médicos y forenses que he hecho. Está Knox, mi ayudante de laboratorio. Él también te puede corroborar el resultado de las pruebas, ya que se encargó de ello…
-No hace falta… pero si no es cosa de un virus, ¿entonces…?
-Lo ignoro. Pero fuera lo que fuera, he descubierto que se propaga entre mordidas. Es decir: un zombi original ataca a una persona. La mata y devora parcialmente su carne y órganos, pero no daña al cerebro. En un par de minutos, se produce la reanimación de la victima, convertida en otro zombi caníbal.
-Suena a la transmisión de una enfermedad.
Fred sonrió.
-Es exacto a como se transmite el virus de la rabia, pero te repito que no he encontrado virus extraños en mis análisis. La fuente debe ser… otra.
Ángel frunció el ceño. La criatura atada, en tanto, berreaba con ansias.
-¿Eso concluiría que la fuente puede ser sobrenatural? – preguntó.
Fred tardó en responder.
-Sabemos los hechos. Biológica y físicamente es imposible pero ocurren: los muertos han vuelto a la vida. Sabemos que atacan solo porque sienten ira desmedida, mas allá de todo limites, y que sienten un hambre sin control… pero todavía no hay nada claro o definible en cuanto al origen de esta Pandemia – hizo una pausa – En lo que a mí respecta, sé cuando la Ciencia ha dado todas sus posibilidades… lo que no quiere decir que bajemos los brazos. Es cosa de seguir investigando. Los recursos de Wolfram & Hart ayudan y mucho.
-Está bien, Fred. Otra pregunta y te dejo con tu paciente: ¿Por qué estas cosas son tan rápidas y fuertes? ¿No deberían ser lentas, torpes y débiles? ¿A que se debe?
-Menos mal que era solo una pregunta – Fred suspiró – La parte del cerebro que se dedica a la coordinación motora del cuerpo también está sobreexcitada. Corren rápido porque los han capacitado para hacerlo. El rigor mortis, al volver la circulación sanguínea, queda eliminado. Y en respuesta a por qué son tan fuertes, pues es otro interrogante que sigo investigando. Supongo que tendrá que ver con la energía acumulada en el tejido muscular, también sobrexcitado, pero no puedo darte una respuesta cien por cien concreta. Lo lamento, Ángel – se disculpó.
-No tienes de qué. Has hecho muchos progresos, Fred. No sé que haríamos sin ti.
La científica se sonrojó.
-Vamos, Ángel… Al menos puedo dar por cierta la creencia popular de que para matar a estas cosas hay que destruir el cerebro – suspiró – Ojala todos mis conocimientos médicos nos hubieran ayudado antes, cuando toda esta locura comenzó. Tendríamos a Lorne y a Cordelia con nosotros, de ser así…
La mención del viejo miembro verde de la pandilla y de la chica que amara Ángel en su momento, que habían caído victimas de las ansias caníbales de los zombis cuando la plaga los golpeó con fuerza, lo ensombreció. Lorne había sido un gran amigo y Cordy, una gran mujer. Sus perdidas se agregaban a la lista interminable de vidas que sucumbieron cuando todo inició.
-Fred, ya te lo he dicho miles de veces. No tienes la culpa.
-Lo sé. Pero no puedo evitar pensar que, solo tal vez, si hubiéramos… - unas lágrimas escaparon de los ojos de la científica.
No pudo continuar.
Ángel la abrazó, entendiendo su dolor. Era el mismo que él sentía. Ni Lorne ni Cordelia se merecieron aquel horrible destino…
La dejó en paz con sus experimentos, al cabo de un rato. La Ciencia había tenido su turno aquella mañana. Era hora de dárselo a la Magia…
