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Charla con Wesley

La oficina de Wesley quedaba relativamente cerca. Ángel se dirijio allí una vez que su charla con Fred hubo acabado. Encontró al ex Vigilante sumergido en sus libros. De hecho, en unos gruesos volúmenes de hojas amarillentas y tapas duras.

-Permiso. ¿Se puede? – preguntó, tocando a la puerta mientras entraba. Wesley levantó la vista de sus libros.

-Adelante – dijo. El vampiro se sentó en la silla enfrente de su escritorio – Estaba consultando el Codex Necrosum, la autoridad máxima en lo que a Nigromancia se refiere.

-¿Alguna novedad?

-Pasajes inquietantes de cómo los magos negros de la Edad Media conjuraban a los muertos de sus tumbas y los ponían a su servicio – Wes dejó el gran libro sobre la mesa – Nada que pueda ayudarnos, dado el caso.

-¿Ah, no? ¿No hay en los libros que hable sobre lo que padecemos?

Wesley se masajeó los ojos, cansado. Tomó un poco de café de su taza e hizo una mueca: estaba helado.

-¿Harmony? – dijo, pulsando un intercomunicador en el escritorio – Necesito el legajo que te pedí mas temprano… y ya que estas, tráeme mas café, ¿quieres? Este que tengo se me enfrió.

-Como quieras, Wes – contestó la chica, por el parlante.

-Perdona – le pidió a su amigo – Es que estuve toda la noche con esto. El café ayuda a mantenerme despierto.

-No hagas abuso de él, Wes. No es bueno para la salud y además, no queda mucho.

Wesley no supo interpretar aquel comentario. ¿Era una broma o una afirmación? Aunque, recordando, supo que era verdad. Quedaba poco café.

Y no era lo único que en el maravilloso mundo de cuento de hadas de Wolfram & Hart se estaba terminando. No muchos querían afirmarlo, en voz alta, pero las raciones alimenticias de que disponían en el edificio también estarían por escasear.

Era un hecho cierto. Podían fingir que el mundo no se había acabado tras los muros, pero la verdad era que había ocurrido.

Wes tamborileó la mesa con sus dedos, mirando alternativamente al vampiro y a sus libros.

-Vengo de ver a Fred – le contó Ángel – Me ha contado detalles fascinantes de la morfología de nuestros amigos podridos. Lo cierto es que siguen sin tenerme una respuesta de por qué se inició esto.

-La Ciencia tira el guante – Wes sonrió – Conociendo a Fred como la conozco, seguro que un día de estos encuentra la respuesta, pese a todo.

-Necesito respuestas hoy. Ahora – Ángel se cruzó de brazos – Mientras hablamos, afuera los zombis matan a mas gente. Ya es imposible calcular hasta dónde llega el desastre.

-Entiendo tu preocupación, pero si la Ciencia no tiene respuestas concretas de momento al por qué de esto, el mundo místico no te ayudara mucho.

-Resume lo que has averiguado, por favor. No omitas ningún detalle.

-Estamos ante un fenómeno sin precedentes – puntualizó Wes – Una resurrección masiva, global, de seres humanos muertos, que regresan convertidos en voraces maquinas de matar… creo que todo eso lo sabes.

Ángel asintió.

-Física y biológicamente, esos cuerpos podridos no tendrían que suponer una gran amenaza para nadie – continuo – pero sucede todo lo contrario. Son como dijo alguien, fuertes, veloces y extremadamente peligrosos.

-Es cierto.

-Al principio, creí que era obra de algún demonio poderoso – Wes señaló a sus libros – Encontré referencias a uno, Ovu Mobani, de creo que era, origen haitiano. Su poder era el de resucitar a los muertos… zombis, a secas. Pero quedó patentemente descartado cuando me enteré de que los zombis que Mobani convoca son los típicos lentos y torpes, que las películas tan bien supieron popularizar. Nada que ver con los corredores de maratón que andan por ahí fuera.

-¿Entonces?

-Pues… que como todos, me sentí perplejo, pero deseché el hecho de que fuera obra de alguna entidad sobrenatural. Al menos, que conozcamos.

-¿Y eso qué quiere decir?

-Que no tengo ni la mas mínima respuesta, tan siquiera, para darte- Wesley levantó las manos, inocente – Lo lamento. La causa podría no ser tampoco sobrenatural… Si es así, yo no he conseguido desentrañarlo.

Se produjo el silencio.

-¿Me estas diciendo que millones de muertos vuelven a la vida tan solo porque si, Wes? – Ángel sonaba como decepcionado – No lo puedo creer.

-Había gente allá afuera, cuando el pánico empezó, que decían que esto era el Día del Juicio – el ex Vigilante se reclinó en su asiento, pensativo – Nunca fui un tipo religioso, pero no creo que fuera descabellado pensar que esto es un castigo divino de alguna clase.

A Ángel la teoría de su amigo le pareció terrible. De todas maneras, no dijo nada y, suspirando, se levantó para irse.

-Seguiré en ello – dijo Wes, tomando sus libros una vez mas – Es mejor que nada.

-Suerte con eso.