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Cuando Kate conoció a Gunn

Era mediodía ya. Kate se había duchado y desayunado regiamente durante el transcurso de la mañana. Le habían asignado una habitación y ropa nueva y limpia, que no dudo en ponerse desechando los harapos que fueron su prenda de vestir en los meses que pasó sobreviviendo, escondida de los monstruos. Ahora, caminaba por el Lobby de Wolfram & Hart impresionada por lo que veía y oía…

Mientras el mundo fuera del protegido edificio colapsaba, la gente que lo habitaba mostraba una normalidad espantosa. Era como si la tierra de los trajes caros, los zapatos finos y los celulares ultimo modelo siguiera funcionando.

Aquella gente iba y venia atareada en la burda rutina de todos los días. Para ellos, los zombis no existían y solo había papeleo, negocios, más papeleo y más negocios.

Kate llegó a pensar que había caído en un antro de locos. No es que le fuera desconocido sitios así; en su vida anterior, antes del derrumbe de la civilización por la avalancha cadavérica, frecuentó un par de lugares como aquel. Sitios en donde tan solo importaban el lujo, el confort, el dinero y los placeres mundanos…

…Y es que el mundo del porno era una de las industrias mejor pagadas de los Estados Unidos…

Su carrera en el cine para adultos había comenzado hacia algunos años, cuando ciertos directores famosos del género comenzaron a fijarse en ella. Era realmente muy buena en su trabajo y no era como otras stars del mismo rubro. No era exigente. No daba muchos problemas. Solía ser simpática con sus compañeros de escenas y todos detrás de cámaras la querían. Sabía gustarle a sus fans y adoraba asistir a las convenciones internacionales pornográficas.

Una vez, Ron Jeremy, el veterano actor porno mas conocido del mundo, le dijo, en una charla que tuvieron en una de aquellas convenciones, de que era tan, pero tan simpática y tan profesional en su trabajo, que le extrañaba que con el carisma que tenia no hubiera hecho incursiones actorales fuera del genero para adultos.

-Las haría si me trajeran mas dinero del que gano haciendo esto, Ronald – replicó ella, provocando algunas carcajadas de otros ocasionales oyentes de la charla – Con lo que gano haciendo tres filmes al año, me alcanza y me sobra para tener una vida decente.

Nuevas carcajadas de su por aquél entonces, entorno.

Kate nunca podría haberse imaginado que, un par de años después de eso iba a esconderse en un refugio, viviendo como una indigente, mientras el mundo a su alrededor moría.

Suspiró, volviendo al presente. Iba a filmar su última película un par de días antes de que la Pandemia zombi asolara al país y al globo entero. ¿Qué importancia tenían ahora su carrera cinematográfica y su fama si la mayoría de sus fans vagaban ahora por allí con ansias de devorar su carne? Sospechaba que ninguna y, lo que era peor, es que ahora estaba rodeada de aquella gente… desconocidos completos para ella.

Caminó por el vestíbulo de Wolfram & Hart lentamente, pensando qué iba a hacer con su vida de aquí en mas, cuando se dio de bruces con aquel muchacho negro de traje a rayas, que venia por el camino contrario, con un portafolios en la mano…

-¡Lo siento! ¡Ha sido sin querer! – se disculpó Kate, ayudando al muchacho a recoger sus cosas, que se habían caído al piso por el golpe.

-No pasa nada. Enserio – le aseguró él, sonriéndole amablemente. Se la quedó mirando por un largo rato, estudiándola - ¿Sabes? Tengo la sensación de haberte visto anteriormente, en otro lugar. Lo malo es que no recuerdo dónde.

Kate carraspeó.

-A lo mejor me viste en una de mis películas – aventuró.

El muchacho pareció pensativo por un rato.

-¿Eres actriz? Caramba. Disculpa mi mala memoria, pero es que me suenas de alguna parte… ¿Cómo te llamas?

-Kate – respondió ella, titubeando – Kate Frost.

El muchacho se quedó pensativo otro momento… hasta que recordó y abrió los ojos como platos. Carraspeó y acomodó sus papeles en su portafolios sintiéndose avergonzado.

-Caray… esto… es muy…- dijo, entre tartamudeos.

-¿Extraño?

-Si. Completamente – sonrió. Extendió una mano hacia ella – Charles Gunn – se presentó. Kate se la estrechó.

-Catherine Frost, pero todos me conocen por Kate – le dijo – y, por la cara que has puesto, diría que mirabas mis películas, ¿no?

No quería sonar como una acusación. Ella más que ninguno creía en las libertades de expresión y derecho de las personas, de vivir y hacer lo que quisieran, siempre y cuando no agredieran a otros. Aun así, sus palabras movieron a Gunn a tomar una decisión…

-Te diré qué, Kate. Te invito a almorzar en la cafetería… porque me imagino que no has comido nada todavía, ¿verdad?

-Un desayuno abundante, pero tengo hambre de nuevo – rió – Creo que a este paso, me pondré gorda.

Gunn se rió con la ocurrencia. Repitió su ofrecimiento de almuerzo.

-Vale – dijo ella. Lo miró detenidamente. No solo era muy amable, sino también, muy guapo.

Repentinamente, comenzó a sentirse a gusto donde estaba. Y ya sabía la razón…


Gunn resultó ser un magnifico anfitrión, todo un caballero. Almorzaron bien en la atestada cafetería del edificio y charlaron animadamente de la vida del uno y la otra.

Se contaron sus historias, sus penurias, sus miedos… Para cuando el almuerzo acababa, Kate lo sabia todo de Ángel, sus amigos, Wolfram & Hart y mas. Y Gunn se había enterado de lo difíciles que habían sido sus meses de supervivencia en las ruinas de Los Ángeles, donde todo estaba infestado de zombis.

Al llegar a ese punto de la charla y al mencionar a las criaturas que diezmaron al mundo, Kate se ensombreció un poco. Era obvio que el tema era rispido…

-Me imagino que debe ser terrible – comentó Gunn – Digo, estar afuera.

-Ya. Considerando que aquí tienen un bonito mundo armado a su medida, pues…

-Lo admito: vivimos como si no sucediera nada puertas para afuera, pero creo que es mejor así – paseó su mirada por la estancia – Nos mantenemos ocupados con trabajo de oficina, habitamos aquí y mantenemos como podemos la moral alta – hizo una pausa. Sonrió - ¡Si hasta los celulares tienen cobertura aquí, lo mismo que la Internet Wi-fi!

-Todo eso suena maravilloso – admitió Kate – pero, ¿no sientes como si vendiste el alma por una porción de una torta de ilusiones? – Gunn permaneció callado. Ella continuo – Porque es lo que es. Una ilusión. Mantenida por esta Firma de abogados demoníaca que me constaste, pero ilusión al fin… Afuera es… bien distinto.

Gunn asintió gravemente. Pensó un momento.

-¿Sabe, señorita Frost? Es usted muy lista – dijo – y a la vez, es muy simpática. ¿Se lo dijeron?

-Lo han hecho, si – Kate se sonrojó. Gunn sonreía, afable – A lo mejor creerías que las actrices porno no tenemos sentimientos… que solo somos "un pedazo de carne".

-¡Oh! ¡Para nada! ¡Lejos de mí pensar eso! – exclamó Gunn, pero Kate lo calló al instante.

-Si lo pensaste, pues no puedo culparte. En verdad. El genero en el que trabajo… trabajaba, más bien, trataba a la mujer como un objeto. Nos despersonalizaba. Nos hacia ver como simple carne para tener un buen rato de sexo – suspiró – No puedo culparte si pensaste eso de mí, Charles.

-Kate, tranquila – Gunn estiró sus manos y las enlazó con las de ella – No he pensado eso de ti, ni puestos ya, nada malo. En verdad, respeto en lo que trabajabas y no soy quien para juzgarte por ello. De hecho, no soy nadie – puntualizó – Solo un simple abogado que finge que el maldito mundo no se acabó y hace su trabajo.

Kate se descubrió llorando en silencio. Que imagen patética daría, pensó. Si la vieran sus viejos patrones del cine porno… la despedirían sin contemplaciones.

¿Una actriz porno llorando? Que loco e ilógico se había convertido el mundo. Si lo único que podía hacer ahora era derramar lagrimas, ¿Qué le quedaría para después?

¿Existía el después?

Buena pregunta.

-Eres una buena persona, Charles – le dijo ella – Gracias por escucharme.

-Es un gusto. Realmente. Espero me creas – sonrió. Ella le devolvió el gesto, pero triste, cansada – Oye, tengo horario libre al atardecer. ¿Quieres que nos veamos y…?

Kate enarcó una ceja.

-No sé. Cenamos algo… vemos unas pelis… lo que tú quieras.

El ofrecimiento era un tanto sorpresivo, pero no fue lo que ella se esperaba.

Aceptó, gustosa de encontrarse con un hombre de verdad, uno que no pretendía llevarla a la cama de inmediato. Deseaba en lo mas profundo de su ser olvidarse del dolor vivido en ese tiempo, en que vagó sola, en el mundo de los zombis.

Tal vez el destino le traía preparado cosas buenas, después de todo, en la forma de aquel simpático muchacho negro.

Con probar, no iba a perder nada.