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El viaje

Edificio de Wolfram & Hart.

Centro de Los Ángeles. Un par de semanas más tarde.

El salón de reuniones era una habitación vasta y amplia, adornada con una mesa caoba grande, un par de lámparas de aspecto moderno e iluminada desde arriba con unos tubos de luz que no dejaban espacio para las sombras. Como todo dentro de Wolfram & Hart, destilaba elegancia y funcionalidad.

Presidiendo la cabeza de la mesa, estaba Ángel, sentado con sus manos cruzadas en actitud contemplativa. A su derecha, Wesley ocupaba otra silla. Leía concentradamente un par de papeles…

A la izquierda del vampiro, Fred y Gunn ocupaban sus sitios habituales. Todos, a su vez, escuchaban el informe que un hombre con camisa y corbata leía en voz alta, de pie delante de ellos.

-Es un hecho: la comida se acaba – decía el hombre, serio. Señaló un grafico a sus espaldas – Las provisiones con las que contamos pueden sustentarnos por un periodo determinado de tiempo. A lo sumo, dos meses mas… pero luego, estaremos en serios problemas. Si no hacemos algo antes, por supuesto.

Enmudeció, esperando. Ángel se arrellanó en su silla.

-Me parece, Davis, que es muy curioso – apuntó – Tenemos una infraestructura capacitada para asistir a muchas personas. Contamos con electricidad a expensas de la red pública, que ya ha caído, y en esencia, servicio de agua potable a niveles aceptables para la vida humana… Seguridad privada y sistemas de vigilancia de alta tecnología. ¿Y me dices que, de no hacer nada, dentro de dos meses tendremos una crisis alimentaría?

-Así es.

-¿Por qué no previnieron que esto ocurriría? – Ángel levantó las manos - ¿Acaso los Socios Mayores no pensaron en ello? Se supone que tenían un plan de sustentación seguro para prevenir y preservar las vidas de sus empleados y clientes. Para evitar que, justamente, cosas como estas sucedieran.

-Con el debido respeto, señor Ángel, pero la sustentación alimenticia estaba preparada para durar y sostener a un amplio número determinado de gente – explicó Davis. Ángel lo interrumpió.

-¿Entonces? ¿Dónde está el fallo?

-A eso iba – el empleado lo miró, con frialdad – El numero de la población de personas alojadas en el edificio ha crecido. Debido, principalmente a que usted – lo señaló – las ha traído. ¡Es gracias a su generosidad en sus operaciones personales de rescate que tenemos gente de sobra en Wolfram & Hart!

Silencio. Todos miraron al vampiro.

-¡No tenemos la capacidad de alimentar a tantas personas! – insistió Davis – Si se hubiera ceñido al protocolo original…

-Si me hubiera ceñido al protocolo original, Davis, serias el primero que estaría siendo comida de zombi ahí fuera – le espetó Ángel. El empleado enmudeció.

-Tiene razón – terció Wesley, interrumpiendo el clima tenso – Nos quedaremos sin provisiones dentro de cierto tiempo. Da igual que sea en un mes, dos o tres. O en una semana. Algo tenemos que hacer.

-Hay mucha gente que espera tener un plato de comida todos los días delante – reconoció Gunn – Confieso en que hasta yo llegué a creer que el servicio alimenticio seria sustentable para siempre.

-Es obvio que no es así – intervino Davis.

-Muy bien, muy bien. Entendí cual es el punto – dijo el vampiro – Organizaremos una partida de búsqueda de alimentos. La ciudad es lo bastante grande como para tener comida disponible por ahí. No todos los sitios deben haber sido saqueados. Al menos, un supermercado debe tener mercadería intacta.

-Estuvimos analizando el caso – Davis volvía a hablar – Hay un solo sitio en todo Los Ángeles que puede proveernos sustento más que aceptable: el Center Mall.

-¿El hipermercado al sur de la ciudad? ¿Pero no es esa una zona atestada de zombis?

-Como toda la ciudad – ironizó el empleado, pero rápidamente, continuo – Es el único sitio que dispone de lo que necesitamos – insistió – A no ser que quieran adentrarse a explorar las ciudades vecinas, en cuyo caso, seria muy arriesgado…

-Es cierto. Seria arriesgarse mucho – comentó Wesley – Sabemos cuantas de esas cosas hay aquí en Los Ángeles, pero ignoramos cuantas mas podría haber en urbes vecinas. Sin mencionar los peligros que eso traería y el tiempo en el que la expedición tardaría en encontrar un sitio ideal – meneó la cabeza, negativamente – El Center Mall es una opción viable. Además, Parker y sus hombres son tiradores expertos y pueden lidiar con situaciones como estas.

-Está bien. Pero yo también iré en esa partida – terció Ángel – podría haber contratiempos… imprevistos. Quiero supervisar personalmente el operativo.

-Ángel, si me lo permites, quiero ir contigo – le pidió Fred.

-De ningún modo.

-Es por pura exploración científica, nada mas – insistió la chica – Hace mucho tiempo de que no salgo del edificio. El viaje serviría para mis investigaciones. Podría observar a los zombis en su hábitat natural.

-Es MUY peligroso, Fred. Mejor te quedas.

-¡Pero…! – protestó ella. Wesley la interrumpió.

-Ángel, creo que, contrario a lo que pensamos, seria correcto que Fred fuera. Necesitamos recabar toda la información posible sobre esos seres y, aunque a mí tampoco me agrade la idea, pienso que Fred seria la persona más capacitada para hacerlo.

La chica sonrió. Con la mirada, le agradeció a su amigo la "ayudita" extra.

Ángel pareció pensárselo detenidamente.

-Bien. Puedes venir. Pero por ningún motivo te separaras de mí. ¿Está claro? No quiero tonterías, Fred. Un mal paso puede significar algo peor que la muerte…

-Lo entiendo perfectamente. Y asumo la responsabilidad.

El vampiro se levantó de la mesa.

-Dicho lo cual, es todo. Se acabó la reunión.


Los Ángeles. California.

Noche.

El camión blindado y un jeep militar siguiéndolo por detrás, salieron de Wolfram & Hart apenas se hizo la noche. Ángel viajaba en este último, junto con Fred y Parker…

Apenas abandonaron la "Zona Segura" y la barricada que aislaba al edificio del resto de la ciudad, decenas de zombis aparecieron corriendo entre los restos de la urbanización y los persiguieron, implacables.

Si sus vehículos no contaran con la protección adecuada, los muertos hubieran podido destrozarlos fácilmente y darle caza a sus ocupantes, pero por suerte, la ingeniería militar contratada por la Firma los había diseñado tal, que podían soportar hasta fuertisimas explosiones.

Fred aprovechó el viaje para observar el paisaje. En efecto, no era mentira de que hacia mucho que no salía a la ciudad y ahora la visión de la metrópoli en avanzado estado de desolación la sorprendió mucho.

Los Ángeles tenía muchísimos rascacielos. La gran mayoría de ellos seguían de pie, destrozados y todo. Otros, por el contrario, se habían derrumbado o ardido hasta sus cimientos en incendios incontrolables, que se desataron al inicio de la plaga.

Las calles estaban sucias, llenas de coches volcados. Un hábil manejo de su conductores, mas una ruta trazada con inteligente antelación, llevó a los vehículos militares sin incidentes. En no muchas ocasiones, atravesaban a toda velocidad agrupaciones numerosas de zombis, que al verlos rugían y sacudían sus brazos, corriendo tras ellos.

-Atraemos mucha atención – comentó Parker. Tomo un Walkie-Talkie y llamó al camión – Atención. Stevens, maniobra expansiva. Todo suyo, chicos.

El jeep blindado se colocó delante del camión. Las puertas traseras de éste se abrieron y unos soldados se asomaron, portando un lanzamisiles. Apuntaron a la muchedumbre de maratonistas podridos que venia fielmente por detrás y dispararon.

La deflagración fue tremenda. El pequeño misil detonó entre los muertos y la bola de fuego los engulló, haciéndolos cenizas.

La onda expansiva resultante dio cuenta de los zombis restantes, arrancándoles los miembros, por la fuerza de la explosión, o destrozándolos por las esquirlas de hormigón, metal y vidrios que volaron hacia ellos. Incluso, un edificio cercano colapsó, debilitado por la detonación, y cayó sobre la calle, enterrando a los que quedaban entre hierros retorcidos y cascotes.

-¡Buen tiro, chicos! ¡Bravo! – festejó Parker - ¡Eso les enseñara a esos podridos quien es el que manda!

A Ángel no le gustó el tono sarcástico del militar, pero no dijo nada. El jeep en el que viajaban iba ahora a la cabeza de la caravana.

No tardaron en llegar a la autopista. Tomaron un carril vacío, el que iba hacia el centro de la ciudad. El otro, el que salía de ella, estaba lleno de autos abandonados.

Fred los contempló con fascinación. Era una línea interminable de metal empotrado uno contra el otro. Incluso, muchos de ellos estaban chocados. Era evidente que cuando la plaga empezó, sus ocupantes los abandonaron, intentando huir de la marea mortal que se ceñía sobre ellos.

En vano, por supuesto. Los monstruos los cazaron y mataron allí donde los encontraban.

Fred se estremeció.

La ruta discurrió sin incidentes. Las únicas fuentes de iluminación eran los faros de los vehículos y los reflectores hábilmente montados sobre ellos. El alumbrado publico, como la electricidad en general, eran cosa del pasado.

-Te hace pensar, ¿verdad? – comentó la chica a Ángel. El vampiro enarcó una ceja, sin comprender – Quiero decir, en el alcance de todo esto. En si existirán mas sobrevivientes por aquí fuera.

-Los hay – afirmó él – Muchos mas de los que creemos. La mayoría, escondidos, resistiendo.

-A veces me pregunto si algún día recobraremos esto – Fred entrecerró sus ojos, soñadora – Creo que puedo lograrlo, Ángel. Con más investigaciones y análisis a los zombis, creo poder dar con la clave para combatirlos.

El vampiro esbozó una breve sonrisa.

-Si hay alguien en este loco mundo que puede lograrlo, esa eres tú, Fred. Confío en ti.

-Lo lograré – insistió ella – Ya veras. Encontraré la clave de todo esto… Recuperaremos el mundo – aseguró, optimista.

Como toda respuesta, Ángel se encogió de hombros en silencio.