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Kate y Gunn (I)

Edificio de Wolfram & Hart.

Centro de Los Ángeles. Noche.

La cena había estado exquisita.

Se encontraban en uno de los penthouses del ala oeste del edificio. La sala, ricamente adornada, daba directo a un gran ventanal con balcón. En otros tiempos, cuando todavía existía la electricidad, sus ocupantes se maravillaban con la vista espectacular de la ciudad de altos rascacielos bellamente iluminada por mil haces de luz artificial.

Ahora, salvo la luz encendida en el mismo salón, el horizonte de Los Ángeles se vislumbraba oscuro, tenebroso. Mas teniendo en cuenta la clase de cosas que se movían entre aquellas tinieblas…

Kate no pudo evitar estremecerse. Gunn se dio cuenta y le preguntó si se encontraba bien.

-Si, si, por supuesto – se apresuró a decir ella. Sonrió. Esa noche llevaba puesto un vestido de alta costura que le había devuelto la elegancia de tiempos perdidos. Además, tenía el cabello recogido y bien peinado y su cuerpo bien proporcionado olía a perfumes y otras esencias florales.

El esmero en el cuidado de su presentación aquella noche tenia un destinatario especial. De hecho, cuando Gunn había pasado por su habitación a buscarla, lo dejó con la boca abierta de lo impactante que iba.

-Estas preciosísima – había comentado él. Kate se rió. En mitad de la cena, cuando estaban charlando, le confesó que se había vestido así de elegante en otra ocasión, en la última entrega de los premios AVN, dedicados al cine de adultos, que se celebró en California.

-Me imagino que ganaste uno – dijo él, mientras servia más champagne en su copa.

-Digamos que alguno que otro. Pero la competencia era fuerte – ella bebió un trago – Por ejemplo, delante de mí tenia a Jenna Jameson, la reina del porno; Melissa Lauren, Mary Carey, Rachel Rotten, Gianna Michaels… y otras compañeras mas de trabajo que a estas alturas, o bien son comida o bien, están comiéndose ellas a alguien.

Se produjo un breve momento de silencio. Gunn la observó detenidamente.

Kate era rubia, pero el muchacho la había visto en uno de sus filmes por primera vez con el cabello rojo. Obviamente, exigencias de los estudios cinematográficos para los que trabajaba, se dijo. En vez de hacerle aquella pregunta tan frívola ("¿Tienes el cabello teñido?") el abogado abordó otro tema…

-¿Nunca pensaste hacer otro tipo de filmes que no fueran de adultos? – preguntó.

-No eres el primero que me lo pregunta – replicó ella – y la respuesta va a ser invariablemente igual: ganaba más con las películas porno que con un filme "normal". Además, nunca me consideró ningún director, fuera del género, para otra cosa. Digamos que mi área es… era, el cine para adultos.

Gunn asintió. Bebió un trago de su champagne.

-¿Era difícil lo que hacías? Quiero decir… Si se me ponen un par de personas con cámaras encendidas a filmarme mientras lo hago, me daría muchísimo pudor.

-En el cine para adultos, o te desinhibes, o te das por despedida. No hay muchas opciones. Creeme, es mas duro para nosotras las mujeres que para los varones. Principalmente, porque somos el "centro de atención" en la pantalla. Tanto del espectador como del que trabaja contigo… no sé si me entiendes.

-Perfectamente.

Otra vez silencio. Kate miraba a Gunn directamente a los ojos.

-Lo siento – dijo este – A lo mejor estás harta de que te pregunten sobre tu pasado… lo que importa es el presente.

-No, no, no. No me molesta. ¿Cómo voy a renegar de quien fui? Yo… ¿Sabes que estaba por filmar mi ultima película antes de que esto estallara?

-No me digas.

-Si. Tenia el contrato firmado y todo. Íbamos a filmar acá, en Los Ángeles, en Beverly Hills, para ser más exactos. La producción había alquilado una mansión para convertirla en un gran set de filmacion. Todo estaba listo, pero entonces… a los muertos se les ocurrió salir de sus tumbas.

Bajó la mirada, sombría. Gunn apoyó una mano sobre la suya, para darle animo. Ella se lo agradeció con una sonrisa triste.

-Espero que Ángel y tu amiga tengan éxito en su misión – deseó – La verdad es que allá afuera es el Infierno. Creo que no podría volver por más que tuviera esa opción.

-Puedes creerme: he visto salir a Ángel de peores situaciones antes. Esta no tiene por que ser diferente.

Ella asintió. La mano de él continuaba sobre la suya, calida, humana.

La cena había estado exquisita.

Hacia rato que abandonaron la mesa ante la que estaban para salir a mirar las estrellas desde el balcón. Al no existir la luz artificial en la urbe, el cielo aparecía tachonado de multitud de ellas, más de las que recordaban.

Como hacia algo de frío, Gunn se había sacado su chaqueta, colocándosela encima de su menudo cuerpo a modo de capa protectora. Ella agradeció el gesto y se dejó abrazar por él.

Los dos miraron al cielo.

-Charles…

-¿Hum?

-¿Crees en Dios?

-Nunca me lo han presentado.

Ella se rió. Él solo esbozó una sonrisa picara.

-Te lo pregunto de verdad.

-Bueno… ¿Tú crees en Él?

Kate dudó.

-Nunca pensé en Él… hasta este tiempo – confesó.

-¿A que viene ello?

-¿Y si se levantaron para castigo nuestro? ¿Y si es obra de Él?

-¿Quiénes? ¿Los muertos? – preguntó él. Ella asintió – Nah.

-Pero, ¿y si es así?

-Dicen que Dios es Amor – replicó - ¿Lo crees capaz de esto?

-No lo sé.

-Mira, te seré franco. Muchos se comen el coco intentando averiguar el porque de esto, pero creo que es una perdida de tiempo. ¿Por qué los muertos vuelven a la vida? ¿Por qué se comen a las personas? Son muchas preguntas. No tengo las respuestas.

-Ya.

-Me imagino que tú tampoco – la miró, con dulzura - ¿Importa, acaso?

-La verdad… no.

-Pues ese es el punto.

Se miraron, largo y tendido por un rato. Luego, se besaron en la boca.

-Tengo frío aquí. Volvamos adentro – le pidió ella.

Él la acompañó. Al volver a entrar en la sala, cerró la ventana al balcón.

Esa noche, por primera vez desde que se conocieran, hicieron el amor a la luz de unas velas… y se durmieron juntos.