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El Center Mall

Los Ángeles. California.

Al amanecer.

El sol no había salido del todo por el horizonte. Todavía reinaba una penumbra insistente, lo que servia para acentuar el clima tétrico por donde se movían.

Hacia rato que habían llegado al Center Mall. Por precaución, primero decidieron asegurar el perímetro lindando con el hipermercado.

El Center Mall constaba de dos edificios grandes, del tamaño de una fabrica industrial, conectados entre si por un par de pasillos internos. Era un recinto vasto e impresionante, con un playón de estacionamiento al frente y a su izquierda. A una orden de Parker, el equipo de soldados se movió con la agilidad de felinos, las armas en alto, revisando cada coche abandonado e incendiado. Los espectros podrían estar por allí; toda precaución era buena.

Cuando el equipo aprobó el área como despejada, Ángel y Fred bajaron del jeep y se encaminaron con su comitiva a las puertas de cristal del Shopping. Las hallaron abiertas de par en par, pero la ausencia de monstruos era inquietante.

Una vaharada podrida los recibió ni bien atravesaron la entrada, acompañada de un desolador panorama de carritos de supermercado tirados por todas partes. Algunos, hasta tenían las compras semanales encima, pero debido al inexorable paso del tiempo, se habían echado a perder.

-Ok. Escúchenme todos – dijo Parker a sus hombres – Los alimentos que necesitamos son las reservas. Enlatados, envasados… conservas. No tomen nada más que esto. El resto es pura basura putrefacta o vencida.

Aquel comentario reflejaba la realidad. Cuando la corriente eléctrica desapareció, tan solo los alimentos enlatados o en conserva sobrevivieron. Tal y como lo pudieron comprobar, las heladeras del hipermercado estaban llenas de comida en mal estado al terminarse abruptamente la cadena de frío.

Ángel observo cómo los soldados operaron solos. Era evidente que no lo necesitaban mucho en está misión. Parker ordenó llevar toda conserva que se encontrase en las góndolas al camión…

-No creo que eso vaya a servirle mucho, señor – comentó al vampiro, al verlo empuñar una espada – Si nos topamos con esas cosas, el único idioma que entienden es el de esta belleza – dijo, levantando su rifle AK.

-Gracias por el consejo, pero prefiero lo clásico – Ángel caminó un par de pasos, dejando atrás al soldado y su arma. Fred lo miró y entonces Parker le tendió una pistola de su cartuchera – Por si las dudas. Recuerda: quita el seguro, apunta a la cabeza. Siempre a la cabeza.

Fred ya lo sabia, pero no se molestó en explicárselo. Tomó el arma entre sus manos y se apresuró a seguir a su amigo, entre los estantes de productos alimenticios.

Con el operativo en marcha, Ángel se dedicó a explorar. Usando sus finos sentidos de vampiro, comprobó la inexistencia, hasta el momento, de zombis… algo por demás que llamativo.

-Raro. Muy raro – comentó a Fred – Esperaba encontrar esta área de la ciudad infestada de esas cosas y sin embargo, están ausentes. La pregunta es, ¿a que se debe?

Fred no quiso comentar que abrigaba iguales sospechas que él, pero entonces llegaron a un hall central, con escaleras laterales que comunicaban con pisos superiores y tuvieron el primer sobresalto de la recién nacida mañana…

Encontraron cuerpos muertos allí.

No eran zombis, sino sus victimas.

Cadáveres con los abdómenes abiertos, las costillas a la vista y con rictus de dolor supremo en sus rostros. Estaban resecos, podridos y llenos de gusanos y moscas, las que no paraban de zumbar enloquecedoramente.

Fred no lo resistió. Vomitó, esparciendo el contenido de su estomago en el piso. Parker se acercó y miró a la pira de cuerpos con una mueca. Todos ostentaban marcas de disparos posteriores en sus frentes.

-Los zombis los atacaron, pero luego alguien debió asegurarse de que no iban a volver como ellos – explicó.

-Que manera mas atroz y horrible de morir – comentó la chica, al cabo de un rato de silencio.

-Creeme, preciosa. Prefiero a que me metan una bala en el cerebro antes de que esas cosas me coman, a que sea después – el militar escupió al piso, en señal de repudio o asco por lo que veía.

En tanto, Ángel se había detenido a examinar atentamente a los cadáveres con ojo clínico. Uno en particular le llamó la atención… estaba apartado del resto y también tenia una bala en la cabeza, pero lo que lo distinguía de los otros era que en una de sus manos sostenía un revolver vacío.

-Creo que encontramos al que hizo el trabajo post-mortem – declaró, revisando el arma – Les debió disparar a todos y luego, se suicido.

-¿Cómo lo sabes? – inquirió Fred.

-Está intacto. Los zombis no se lo han comido – apuntó – y además, te das cuenta por el ángulo del disparo. La bala entró por la boca y luego salió por arriba, mientras que los otros han sido tiroteados de frente. Sin duda, este tipo lo hizo. Disparó a los demás y se voló los sesos, completando el círculo.

-Así ninguno volvería a la vida – señaló la muchacha. El vampiro asintió. iba a decir algo más cuando un grito desgarrador lo interrumpió.

Viniendo directamente por un pasillo del segundo edificio, un enjambre de muertos vivientes corrían hacia ellos, las fauces babeantes por el hambre.

Parker llamó a sus hombres. Todos apuntaron con sus armas a la legión infernal que se acercaba y abrieron fuego. El estruendo de las balas en el recinto cerrado fue terrible. Ángel levantó patéticamente su espada, pero se quedó donde estaba.

Parker tenía razón. Aquellas cosas nada entendían de armas del medioevo. Solo se las podía combatir con plomo…

Un zombi particularmente horrible corrió en dirección de Fred. La chica, que no se esperaba encontrar en tan extremo peligro, se quedó congelada. Parker le gritó que disparara, que usara la pistola que le había dado.

-¡Disparale! ¡En la cabeza! ¡Hazlo!

Fred levantó el arma, dudó un segundo y abrió fuego. La bala dio en el pecho del muerto.

Continúo avanzando hacia ella, como si nada.

-¡Dios! – dijo, clavada en su sitio del espanto. Lo intentó otra vez, en esta ocasión, apuntando mas alto. El monstruo ya estaba casi encima suyo cuando el balazo en esta ocasión fue certero.

La cabeza del zombi se reventó como un tomate.

-¡Lo hice, lo hice! – exclamó, entusiasmada. La adrenalina recorría su cuerpo.

Pero era solo un muerto abatido. Por docenas, llegaron del otro edificio. Un soldado vio encasquetarse su rifle. Intentó cambiarlo por otro a toda prisa pero no llegó jamás a hacerlo… tres zombis se le echaron encima y comenzaron a comérselo.

-¡Formación cerrada! ¡Fuego, fuego! – gritaba Parker a los otros.

Un zombi se detuvo enfrente de Ángel, rugiendo. El vampiro recibió su embestida demencial propinándole un puñetazo y usando su fuerza sobrenatural para quebrarle el cuello con un movimiento seco.

La criatura se tambaleó, con la cabeza rota, pero no hizo acuse de recibo. Volvió a la carga con el cuello dislocado e intentó morderlo.

De una ráfaga de ametralladora, Parker lo barrió del mapa. Extendió a Ángel un fusil, perteneciente a un soldado caído en el combate…

-¡Uselo! – dijo, mientras reanudaba la lucha contra las hordas podridas.

Ángel colocó el cargador en su sitio. Apuntó y arrojó una andanada de proyectiles contra los engendros. Abatió a varios de ese modo.

-¡Fred! ¡No te separes de mí! – ordenó. Con su pistola en alto, la chica se pegó a su espalda.

-¡Esto se parece al Far West! – comentó, disparando.