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Kate y Gunn (II)
Edificio de Wolfram & Hart.
Centro de Los Ángeles. Al mismo tiempo.
El cuarto de entrenamiento era espacioso. Kate observó el mamparo protector y lo que había del otro lado. Colocado en el centro de la sala, un maniquí azul aguardaba, paciente.
-¿Es necesario hacer esto? – preguntó, no muy convencida del todo. A su lado, Gunn colocaba el cargador en el rifle.
-¿No me dijiste que querías aprender a usar un arma? – replicó. Aquella mañana iba de ropa sport, tan habitual en él en los tiempos en que era un pandillero e iba por las calles de la ciudad, cazando vampiros – Además, no tienes nada que temer. Acá el maestro de las armas te dará una manito.
Sonrió. Casi a pesar suyo, Kate también lo hizo.
-Las gafas protectoras – se las extendió. Ella se las puso y se recogió el cabello en una cola, para que no le molestara al tirar – y los tapa-orejas. Por protección, nada más. Estamos en un recinto cerrado. Imagina cómo sonara el disparo.
Kate también se los puso. Tomó el rifle. Era muy pesado. Con paciencia y mientras terminaba de prepararse él mismo, Gunn se colocó a su lado y le indicó que se acercara al borde del mamparo. Una vez allí, la ayudo a colocarse en el hombro el arma y apuntar.
-Apunta y aprieta el gatillo. Veras que no es tan difícil – le dijo.
Kate probó. Tenía al maniquí en el visor del arma. Su dedo se tensó en el gatillo y lo apretó.
La fuerza del disparo la sacudió hacia atrás. La bala pasó por el flanco izquierdo del muñeco, sin ocasionarle daño alguno y fue a parar a la pared del fondo.
-Despacio. Tienes que acostumbrarte al retroceso – le aconsejó Gunn. Le hizo levantar el rifle otra vez y se colocó a su espalda, ayudándola a sostenerlo y a volver a apuntar.
-No lo agarres tan fuerte – le susurró al oído – Tienes que tomarlo suavemente y dejar que tu cuerpo absorba el impacto, como si…
El muchacho se detuvo. Aspiró profundamente el aire por la nariz.
-¿Me… estas oliendo? – preguntó Kate, divertida.
-Em… no… - tartamudeó – Yo…estaba... okay, si… pero solo porque… - hizo una pausa - Bueno, porque hueles bien.
Kate rió. Gunn se sonrojó.
-¿Sabes? Esto es bien bizarro. Es como el típico argumento de una película que una vez filmé – comentó ella – Era sobre militares, yo hacia de cadete femenino y el actor que me acompañaba, de sargento. Recuerdo que empezaba con el tipo oliendo el perfume de mi nuca, en una practica de tiro como esta y… bueno… ya sabes en qué terminaba todo, je.
Silencio embarazoso. Gunn carraspeó.
-Ejem… Concéntrate en tu blanco. Presiona el gatillo – continuo - … y dispara.
Ella obedeció. En esta ocasión la bala dio en la cabeza del muñeco, donde dejó un agujero humeante abierto.
-¿Ves? No es tan difícil – Gunn la felicitó – Con mas paciencia y mas practica, serás una tiradora experta en poco tiempo.
Kate estaba exultante. Lo abrazó, con fuerza.
-¡Epa! ¿Y eso por qué es?
-Por todo – lo miró a los ojos – Charles, no sé que haría sin ti. Me estas ayudando mas de lo que podré pagarte jamás.
-Ah… de eso, nada. No necesito dinero. Eso tenemos de sobra aquí en Wolfram & Hart, aunque dado el caso, no se bien para qué.
Kate no se pudo contener. Lo besó en la boca otra vez. El la estrechó entre sus brazos y se dejó llevar.
Era un vínculo muy fuerte el que había nacido entre los dos. Por primera vez en su vida, ella sentía que tenía a alguien al lado que la amaba. No solo era sexo, como en las películas que filmaba; allí estaba al Amor, con "A" mayúscula. Allí estaba el Respeto y el Interés. Cosas que Gunn le prodigaba.
Para él, ella no era tan solo un pedazo de carne. No era la inalcanzable sexstar holywoodense de turno…
Para él, ella era Catherine Frost, una mujer hecha y derecha.
