10
Contagio
Los Ángeles. California.
Center Mall. Unos momentos después.
La batalla había finalizado.
Desperdigados por el piso del Center Mall, un océano de cuerpos en diversos estados de descomposición yacía, como mudo testimonio del combate, con los cráneos reventados en pedazos.
El grupo de Ángel había salido victorioso, no sin recibir algunas perdidas. Varios soldados compañeros de Parker perecieron durante el virulento ataque zombi. Era ahora que una quietud como de muerte se apoderaba del hipermercado, que los militares que quedaban se dedicaron a la penosa tarea de "hacer limpieza", como le llamaban.
Esto era rematar a los asesinados por los zombis con un tiro en la frente.
-Ahora entiendo por qué aquél tipo hizo lo que hizo con los cuerpos aquellos – comentó Fred, asqueada. Bajaba la vista hacia otra parte, pensando en que ir a la misión fue un error de su parte. Ella no era una guerrera, una luchadora cuerpo a cuerpo y mucho menos, una experta en armas. Su campo de acción siempre había sido la Ciencia. Estar detrás de una mesa con probetas, tubos de ensayos y manejando computadoras. Eso era lo suyo. Esa era su vida.
Decididamente, cazar zombis no entraba en su currículo de actividades.
Ángel, mientras tanto, estaba taciturno. Descansaba sentado en el último escalón de la escalera a los pisos superiores del hall con la mirada ausente y las manos apoyadas en sus rodillas. Fred ni remotamente podía conjeturar en qué pensaba el vampiro en esos momentos. Quizás pensaba en el sol, que saliendo por el horizonte hacia avanzar la mañana a paso de tortuga.
Ángel estaría bien protegido de los rayos solares mientras permaneciera en el interior del Center Mall. Tendrían que esperar hasta la noche para partir de nuevo…
Fred se alejó del funesto panorama. Se encaminó a recorrer el lugar entre sus góndolas y estantes llenos de comida en mal estado, la que no había resistido el paso del tiempo y la exposición al clima. En el camino, dejó la pistola que Parker le diera sobre un mostrador, al lado de una caja registradora sucia de polvo y abierta, sin dinero en su interior, desaparecido producto de los saqueos, sin duda.
Cerca de allí, observó con sumo interés el estado real de los alimentos en conserva que los soldados habían estado recogiendo. Era irónico pensar que esa comida enlatada y envasada sobreviviera al Apocalipsis. ¡Cuanta gente podría beneficiarse con esto!, pensó, tomando una lata en una mano. Y se beneficiaria gente, de eso no cabía duda. Los ricos y poderosos, que se escondían en Wolfram & Hart. Para ellos era este menú.
Solo ellos podrían degustarlo, mientras todos juntos seguían con sus vidas, fingiendo que la Pandemia zombi JAMAS ocurrió.
-Dios. Es patético – comentó en voz alta a nadie en particular.
Una sombra cayó sobre ella. Pensando que era Ángel que venia en su busca, se volvió para mirarle. Se topó con una cara arrugada, manchada de sangre. Le faltaba la nariz y su boca era un mar de dientes que sobresalían de unos labios agrietados. La ropa hacia rato que había desaparecido; estaba desnudo y el costado derecho de su abdomen lucia desgarrado, con lo que quedaba de sus órganos internos expuestos a la vista.
-¡Mierda! – dijo y por mas que quiso, tardó en gritar. Solo lo hizo cuando el espectro se le tiró encima y la mordió con fuerza en el brazo.
Su alarido de dolor y terror alertó al grupo. Ángel pegó un salto y corrió hacia ella. Al ver al zombi atacándola, se lo sacó de encima aferrándolo por la espalda y tironeando de él hacia atrás.
Parker llegó en ese ínterin y con su rifle entre las manos, colocó la boca del arma en la frente del monstruo, disparándole. El cadáver se desplomó, inactivo, al toque. La salva de sesos y sangre que salió despedida tras la explosión de su cabeza empapó a Ángel, que estaba a sus espaldas, pero el vampiro le resto importancia al hecho. Velozmente, se dirijio a asistir a Fred, quien con una herida en el brazo, lloraba del dolor…
-¡AAAAY! – se quejaba.
-¡Botiquín de primeros auxilios! – dijo él, volviéndose a Parker - ¡YA!
Pero el militar no se movió.
-¿Para qué? Ya es tarde para ella – declaró. Levantó su rifle y la apuntó – Le ahorrare mas sufrimiento aquí y ahora. Quitese de en medio – le ordenó a Ángel.
Como toda respuesta, el vampiro agarró el cañón de su arma y se la sacó de un tiron de las manos. Después, transformando su cara por la de demonio, le propinó al militar un fuerte puñetazo en la boca.
Parker salio despedido por el aire hacia un costado, escupiendo sangre y dientes, pero Ángel no había terminado con él. Cuando yacía en el piso, recuperándose, le dio una patada en el estomago que lo dejó sin aire… y luego otra… y otra… y otra…
Los compañeros de Parker dudaron en intervenir, pero al ver que Ángel estaba empecinado en reventarle las costillas, todos levantaron sus rifles en su dirección, apuntándole.
-¡Deténganse! – pidió Fred. Se sostenía la herida en el brazo mordido con la otra mano - ¡No disparen! – y volviéndose hacia Ángel, le dijo – Déjalo, por favor… ¡Vas a matarlo!
Ángel miró al militar caído. Su rostro se relajó y volvió a ser el de un humano. Jadeaba como si le costara respirar. Tal era su enojo que a punto estuvo de cometer una locura.
-Yo… yo… - balbuceó.
-¡Idiota! ¡Imbecil! – escupió desde el suelo Parker. Le faltaba parte de su dentadura - ¿Es que tu jodida cabeza de buque no lo entiende? ¡Se volverá como ellos! ¡Se convertirá en una de esas cosas! – intentó ponerse de pie, sin éxito - ¡Está condenada!
Se hizo el silencio. Ángel miró a Fred, sintiendo que el alma se le hundía en un negro abismo. Aquello era por su culpa.
-Estoy bien – le aseguró la chica, esbozando una forzada sonrisa – De veras – insistió – Solo háganme un torniquete o desinfecten la zona y apliquen un vendaje. Soy fuerte. Resistiré.
Aquello último sonó sin convicciones, mas como autoconvencimiento que otra cosa.
-¿Qué esperan? ¡Matenla! – rugió Parker a los demás soldados - ¡Es un futuro zombi! ¡Acaben con ella!
Ángel se colocó, protector, enfrente de su amiga. Si disparaban, las balas darían en él en lugar de ella, pero no lo matarían.
No hubo necesidad de tal cosa. Los soldados miraron a Fred y todos juntos, a una, bajaron sus armas.
Una cosa era matar zombis. Otra bien distinta, seres humanos.
-¡Traidores! ¡Idiotas! – masculló Parker. Se recostó en el piso, todo sucio por la sangre que le salía de la boca - ¡Cuando se los coma por la noche lo lamentaran!
Decidieron acampar en aquel lugar.
Dado que el Center Mall era grande, aseguraron el perímetro primero. Todo el hipermercado fue revisado, en busca de posibles zombis. No hallaron ninguno más.
Con el área controlada, cerraron las puertas y accesos del Shopping y armaron el improvisado campamento. La idea era pasar el día y la noche allí y partir al amanecer del día siguiente.
El tiempo que les quedaba lo usaron para atiborrarse de productos alimenticios y cargar el camión. Al caer la noche, una parte del grupo descansó y la otra montó guardia.
Ángel aprovechó para charlar con Fred.
La chica descansaba sobre un tendido de frazadas armado para ella, con el brazo vendado. Su semblante era sereno, para nada lo que se esperaría de una persona en semejante situación.
-Oh, Fred – murmuró el vampiro. Enterró la cara entre las manos y se las paso por ella – Ha sido mi culpa.
-No digas eso. Me descuidé. No debí alejarme del grupo y tendría que haber seguido con el arma encima, por protección.
-Fred, Fred… - repitió Ángel, desolado.
-Ángel, para ya. Te digo que fue mi culpa. Para empezar, yo quise venir. Nada de lo que pasó es por obra tuya – le aseguró – Fui una tonta y he aquí mi premio.
Se miraron en silencio.
-¿Cómo sigue esto? – inquirió Ángel.
-Te diré cómo: recogemos todas las provisiones, nos marchamos a casa y lo primero que haré ni bien lleguemos, es tomarme muestras de sangre y ADN. Quiero analizar en primera persona el fenómeno zombi.
-No hablaras en serio…
-Totalmente. Quiero sacar algo de provecho de esta desgracia y si es teniendo que padecerla, así lo haré.
Sonaba resuelta, decidida. Ángel no pudo menos que admirar el coraje y el valor de aquella muchacha.
La abrazó.
-No te dejaré – le prometió – Te aseguro que cuidaremos de ti. Hasta las últimas consecuencias.
-Mejor prométeme otra cosa – le pidió ella.
-¿Qué? Lo que sea. Solo dilo.
-Prométeme que no vas a impedir que me convierta en uno de ellos.
Ángel se quedó de una pieza.
-Es parte del experimento que pretendo llevar acabo – le explicó – Confía en mí. A lo mejor doy con una cura para esto… a lo mejor no. Pero si todo sale como lo estoy pensando, necesito tener el cerebro intacto y en su lugar… ya me entiendes.
El vampiro frunció mucho el ceño. No le gustaba la idea en lo más mínimo.
-Prométemelo – le pinchó ella.
-Fred… por favor… ¡No puedes pedirme eso!
-¡Ángel! ¡Te lo estoy pidiendo! ¡Deja que lo haga! ¡Por una vez en tu vida, deja de ser un héroe! ¡Déjame hacer lo que creo que es correcto!
Ángel resopló.
-Está bien – concedió – Se hará como quieres… pero no estoy de acuerdo para nada con esto.
-Puedo vivir con eso – Fred sonrió.
-Lo que no sé es como se lo tomara Wesley. Cuando sepa la noticia.
-Tendrá que aceptarlo, como yo ya lo he hecho. Es algo inevitable.
