13
Cuando las mascaras caen
Edificio de Wolfram & Hart.
Centro de Los Ángeles. Noche.
Ángel terminó de leer el diario de Fred y lo cerró en silencio. Sentado delante de él Wesley lo observaba, angustiado.
Ninguno de los dos se atrevió a romper el sacro silencio que se derramo en la oficina. Era su forma de expresar un tributo a la memoria de Fred.
Finalmente, fue Ángel el que se decidió a romperlo. Lo necesitaba.
-Un virus – dijo – Esa es la causa de todo.
-Lo que me sigue extrañando es que no lo descubriera antes – comentó Wes – He visto a Fred analizar zombis en todo este tiempo desde que la plaga empezó y, por lo que había dicho, nunca descubrió rastros de agentes patógenos en los restos de sus cuerpos. Al menos, no de un virus que reviva a los muertos.
-Si, entiendo adonde quieres llegar – Ángel sonó sombrío – La única respuesta a este gran error en sus investigaciones, solo responde a una cosa…
-Manipulación – Wesley lo completó antes que el vampiro – Alguien estuvo adulterando las pruebas de Fred todo este tiempo.
-Para que no descubriéramos la existencia de un virus…
-…Y tenernos en esta situación de incertidumbre eterna.
Silencio. Vampiro y humano se miraron seriamente.
-¿A quien le conviene tenernos así? ¿Quién es, o son, los que se beneficiarían de algo así? ¿Quién saca réditos de todo este caos? – preguntó Wesley - ¿Quiénes, mas que nadie, se beneficiarían tras este Apocalipsis zombi?
Ángel lo entendió. Las fichas por fin cayeron en su lugar en su cabeza. Al unísono con el ex Vigilante, dijeron:
-Wolfram & Hart.
El vampiro apretó los puños. Estaba furioso.
-Eve me dijo que los Socios Mayores no deseaban este Apocalipsis. Que este no era el destino que esperaban para la Tierra.
-Evidentemente, te mintió. O solo te dijo lo que le ordenaron decir – acotó Wesley – Es mas, no me extrañaría que las sospechas de Fred estuvieran bien fundadas y ese ayudante de laboratorio, Knox, estuviera implicado. Piensa. ¿Quién mejor que alguien cercano a ella, de aparente confianza, una especie de colega, para adulterar los análisis que les hacia a los zombis? Para esconder rastros de un virus único…
-…Que podría, incluso, haber sido fabricado por ellos – a Ángel le rechinaban los dientes. Wes compartía su indignación y furia.
Ambos se pusieron de pie.
-Nos han estado manipulando y controlando todo este tiempo, pero eso se acabó – dijo Ángel – Fred tuvo que dar su vida para que nos diéramos cuenta.
-Hijos de… - Wesley sentía que le hervía la sangre – Esto no puede seguir así.
-No lo hará. Se acabó la mentira. Las mascaras han caído. Esto será lo que haremos – hizo una pausa, pensando un momento – Tú ve por el ayudante de laboratorio de Fred, ese Knox. Que cante todo lo que sabe… yo voy directo a la fuente.
El vampiro se acercó a la pared de detrás de su escritorio. Tomó una espada de entre las armas medievales colocadas en una repisa.
-Voy por Eve.
El laboratorio de Fred estaba en silencio.
Wesley entró despacio, sigiloso. Llevaba escondida entre sus ropas una pequeña pistola y planeaba usarla, a expensas de lo que Ángel creyera, con el infeliz de Knox. Pero no bien dio tres pasos, cuando sintió el frío cañón de otra arma hundiéndose en sus costillas…
-Manos arriba. Tira la pistola que traes, amigo – dijo Knox, a su espalda – y no intentes movimientos raros. No tengo ningún problema en meterte una bala en el pulmón.
-Hijo de puta – masculló Wes, obedeciendo. Dejó caer su arma al piso y extendió las manos en señal de rendición - ¿Cuánto te pagaron por adulterar pruebas de laboratorio? – se volvió para mirar al científico a la cara.
-Lo suficiente para darme la gran vida – Knox levantó su pistola. Le apuntó a la cabeza - ¿Acaso pensaban que podrían intentar algo contra nosotros y no nos daríamos cuenta? Que ilusos. ¡Esto es Wolfram & Hart! Las paredes oyen – se rió.
Un ruido seco sobresaltó a Wes. Se giró para mirar a la puerta de la habitación contigua, la aislada. La ultima morada de Fred.
Sabía que allí yacía su cuerpo, sin vida… pero sospechaba que eso había terminado hacia rato.
-Esta ahí, ¿verdad? – preguntó, pero a nadie en especial. Fue más una pregunta retórica que otra cosa. Él sabia que sí, que aquello que estaba ahí dentro era en lo que Fred se había convertido.
-Si. Ahí se encuentra – confirmó Knox, pensando que la pregunta era para él – Es irónico. Pensó que una vez infectada, encontraría la cura – volvió a reír – Nunca sospechó, en todos estos meses, que manipulé sus análisis. Nunca supo ni tuvo la mas mínima certeza de que podría ser yo quien, secretamente, hacia pequeños cambios a los resultados de las pruebas que ella realizaba.
-Hasta que fue demasiado tarde para ella, claro.
Knox sonrió.
-Se ilusionó con encontrar una cura para el virus. Realmente. Pobre chica… en realidad, no hay tal cura… pero solo porque todavía no la inventamos.
-De modo que, aparte de fraguar análisis y fingir ser su colega, ¿también diseñas virus mortales? Debe ser toda una experiencia.
Knox no dijo nada. Tensó el dedo en el gatillo.
-Se me ordenó que, si nuestros planes eran revelados, no debía matarlos. Ignoro el motivo, pero bueno… a lo mejor podemos hacer una concesión en el plan. Por ejemplo, podría aducir que te rebelaste y que no tuve más remedio que pegarte un tiro…
La sonrisa de Knox era maniática. Estaba realmente desquiciado.
-No es mala idea.
Wesley se movió rápido. Aprovechó un momento de descuido del científico y activó el arma extra que llevaba consigo: una afilada cuchilla retráctil debajo de la manga de su traje. Se la clavó velozmente a Knox en el pecho.
Tomado por sorpresa, el científico retrocedió y disparó. La bala de su pistola pasó zumbando por al lado de Wesley sin acertarle.
-¡Maldito! – Knox se tambaleó. Salía abundante sangre de su herida.
Wesley no se quedó quieto esperando a que contraatacara. Con un golpe de karate, lo desarmó y lo empujó contra una mesa cercana. Knox cayó sobre ella, desparramando el instrumental de laboratorio y cortándose con los vidrios de varios frascos que se rompieron en pedazos.
El ex Vigilante recuperó su pistola. Los papeles se habían invertido. Ahora era el científico el apuntado por un arma…
-¿Qué esperas? ¡Dispara! – bramó Knox - ¡Yo fui el que fraguo los análisis trucados y se los entregó a tu novia! ¡Yo me encargué de que nunca tuviera la oportunidad de crear una cura real, siquiera! ¡Jamás se dio cuenta! – rió a carcajadas demenciales – No me arrepiento de nada.
-No creía que fueras a hacerlo y si bien meterte una bala en el cerebro seria tentador, tengo el destino apropiado para una rata como tú.
Wesley caminó despacio hacia la puerta de la habitación de Fred. La abrió, corriéndose de en medio.
Una figura salió como una exudación de allí, a la luz. Tenia el cabello desordenado, los ojos blancos sin pupilas y un montón de venas le surcaban el rostro. Además, su piel era pálida, mórbidamente pálida…
-¡No! – gritó Knox. La zombi lo había visto y ya lo atacaba, tirandosele encima. Lo mordió en el cuello, arrancando un pedazo.
Wes no quería mirar el dantesco espectáculo que siguió a continuación, pero se obligó a hacerlo. Contempló todo hasta el final.
Knox gritó todo lo que pudo mientras la criatura subida a él lo devoraba. Acabó enmudeciendo, muerto, cuando ya no quedó más órgano o pedazo de carne comestible que no hubiera sido arrancado a dentelladas de su cuerpo y luego, consumido.
-Oh, Fred…Dios, Fred – murmuró Wes. Se llevó una mano a la boca y se la tapó, ahogando el grito de espanto que amenazaba con salírsele del interior.
La zombi se fijó en él.
Ensangrentada y jadeante, se levantó de los despojos de Knox y se volvió hacia él. La ira teñía su rostro.
-Oh, Fred… mi Fred – lloró Wesley – No sabes como lo lamento… pero te aseguro que no será en vano… te lo prometo.
La zombi ya estaba por atacarlo. Una vez que había probado la carne, deseaba más…
El ex Vigilante levantó su pistola.
Disparó.
La oficina de Eve era igual o más espaciosa que la de Ángel.
La muchacha se encontraba allí, sentada ante un imponente escritorio, cuando el vampiro entró, desmayando de una paliza al guardaespaldas encargado de custodiar la puerta. Sonrió, como si lo esperara y se cruzó de brazos.
-De modo que al fin has descubierto todo – dijo.
-Podría decirse que si – Ángel pasó sobre el cuerpo caído del hombre de seguridad. Levantó su espada, apuntándola con ella – Comienza a cantar, Eve. Hay cosas que quiero saber. Dímelo todo.
-Al principio, nos sorprendimos con los resultados. El virus era un arma biológica potente, devastadora – la muchacha entrecruzó los dedos, despreocupada – Pero luego, vimos sus posibilidades practicas. A la final, los Socios Mayores decidieron que era un buen negocio y dieron el visto bueno para liberarlo… y esperar los resultados…
"La primera cepa era aeróbica. La esparció el aire rápidamente por todo el globo. Los resultados no se hicieron esperar: por todas partes, en todos los rincones del mundo, los muertos despertaron en sus tumbas… con mucho apetito…"
-Y, mientras todo se derrumbaba a su alrededor, Wolfram & Hart crecía, ¿verdad? Haciendo negocios con sus clientes, resguardándolos en sus sucursales… a cambio de sus posesiones y de sus almas – dijo Ángel. Eve asintió.
-El Apocalipsis no duraría eternamente – reconoció – Pensábamos en poner a trabajar a nuestros científicos por una cura. Algo que podríamos inocular a la gente que trabajara para la Firma o tenía estrechos lazos con nosotros. Seria difícil, puesto que habíamos inventado el arma biológica definitiva, pero no imposible. Claro que existía un pequeño inconveniente…
-Nosotros – aventuró Ángel – Yo.
-Nunca aceptarían formar parte de todo este plan voluntariamente, así que se decidió mantenerlos ocupados todos estos meses. Mandamos a adulterar los análisis científicos de Fred, para que nunca descubrieran el virus… no contábamos con que ella se infectara y sobreviviera el tiempo suficiente para, finalmente, descubrirlo.
-Que desgracia – el vampiro sonrió, mordaz – Todos sus esfuerzo tirados por la borda, por el noble sacrificio de Fred.
-Un mero contratiempo – Eve se reclinó en su silla – El plan sigue en marcha. Se encontrará una cura; controlaremos la plaga zombi. Recuperaremos al mundo… y estará bajo nuestro control, como debe ser.
-¿Qué te hace pensar que la gente los seguirá? ¿Cómo crees que miles de sobrevivientes a este holocausto decidirán ponerse el yugo que Wolfram & Hart les tienda?
-Ángel… creo que no eres tonto – Eve suspiró – Nos seguirán por que tendrán lazo con nosotros. Sus tierras nos pertenecen, sus almas… el Nuevo Orden será PERFECTO y nosotros lo controlaremos.
-Siento tener que decirte que no será así – el vampiro esgrimió su espada – Se acaba aquí, Eve. No seré más peón de ustedes. Consideren mi renuncia.
-Aceptada – Eve levantó la mano – Pero… antes de precipitarte, una ultima cosa más: los Socios Mayores, en su infinita sabiduría, previnieron que esto ocurriría. Por eso, mandaron a incorporar, mediante cirugía, un aparato biomecánico en mi cabeza. Si mi vida termina abruptamente, emana una señal concreta que abrirá todas las puertas de acceso al edificio y barricadas con seguro electrónico – sonrió – En pocas palabras, si muero, legiones de zombis entraran aquí y se comerán a TODOS.
-Dudo mucho que los Socios Mayores decidan entregar su edificio central así como así – comentó Ángel, incrédulo.
-Sigues sin entenderlo. ¡Wolfram & Hart está en TODO el mundo! ¡Hay una sucursal nuestra en cada ciudad del globo! La perdida de la rama de Los Ángeles es aceptable, si con eso, tú mueres.
Eve se puso de pie. Se acercó al vampiro y extendió los brazos, ofreciendo su pecho a la hoja filosa de la espada.
-Adelante. ¡Matame!
Ángel bajó la espada. Eve rió a carcajadas.
-Todavía hay otra opción – dijo – Y creo que es la que los Socios Mayores desean fervientemente que tomes. Únete voluntariamente a la Firma. Véndenos tu preciada alma inmortal… y todo seguirá como hasta ahora. ¡Piensa en toda la gente en este edificio! Mantienen sus vidas normales, disfrutando de paz, seguridad, trabajo y alimentos… Todo lo que el ser humano desea. ¿Vas a ser tú el que los prive de eso? ¿El que se los quite?
Ángel cerró los ojos, asqueado. Eve prosiguió.
-¿Vas a cargar en tu conciencia con mas muertes? ¿De veras? Porque eso es lo que les espera a todos si yo muero. Una muerte horrible y dolorosa. ¡Y tú serás el único culpable!
Silencio. El vampiro abrió los ojos. Estaba derrotado.
-Él no puede matarte, Eve – dijo Wesley, irrumpiendo en la oficina – Es un héroe, un campeón. Un ejemplo que inspira a otros a la redención y a luchar contra sistemas opresivos como los que tú o Wolfram & Hart representan – levantó su pistola – Él no puede matarte… pero yo si.
Gatilló. La bala atravesó a la muchacha en el cráneo, reventándole el cerebro. Su cuerpo sin vida se desplomó sobre un reguero de sesos y de sangre.
Ángel miró al ex Vigilante con estupor.
-Era necesario – explicó este – Esos hijos de puta no pueden llevársela de arriba – las lagrimas salieron de sus ojos – Toda esta mierda, lo que le pasó al mundo… a Fred… es culpa de ellos.
-¡Pero Wes! ¿Qué has hecho?
Una sirena empezó a sonar, como una alarma, a lo lejos. El vampiro se quedó helado.
-¿Qué has hecho, Wes? – repitió.
-Acabar de una vez por todas con el cuento de hadas.
Estaba sucediendo. Incluso, desde donde estaban, podían imaginarlo.
Las puertas se abrían.
Las barricadas caían.
El ejército de veloces criaturas caníbales penetraba en el edificio.
