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El fin de Wolfram & Hart

Los primeros zombis tuvieron un encuentro directo con los militares encargados de la defensa del edificio, quienes vieron con estupor cómo millares de aquellas cosas muertas atravesaban sus barreras, como si nada.

Abrieron fuego con sus armas, pero la ventaja estaba esta vez del lado de las hordas de espectros que entraban, unos detrás de otros, como un enjambre.

Los militares fueron arrollados.

Los zombis entraron en el edificio.

Kate se hallaba en el vestíbulo cuando se desató la pesadilla. Repentinamente, las luces se fueron y si bien automáticamente se encendieron las de emergencia, el daño estaba hecho. Como una copa de cristal que se quiebra y se rompe en pedazos, así fue destruida la ilusión de seguridad que imperaba en el lugar.

-¿Hola? ¿Hola? – decía Harmony hablando por teléfono - ¿Qué sucede? ¡No hay más línea!

Kate no lo sabia, pero en cuanto empezó a oír los primeros gritos, viniendo desde los pisos de abajo por las escaleras, intuyó que nada bueno estaba ocurriendo…

Casi a tientas, recorrió el camino que la llevaría a la oficina de Gunn. A su alrededor, cientos de personas corrían de un lado para el otro, asustadas.

Un hombre que pasó a su lado y casi se la llevó por delante, hizo el anuncio tan temido en voz alta y a pleno pulmón…

-¡Los muertos! ¡ESTAN AQUÍ!

A Kate se le heló la sangre.

Una mano se apoyó sobre su hombro, sobresaltándola. Pensó que uno de los monstruos ya estaba allí para comérsela pero se equivocó. Con el rostro preocupado, Gunn la atrajo hacia una esquina del amplio salón, lejos de la multitud enloquecida que huía a ninguna parte.

-¡Charles! ¡Me asustaste! – se quejó ella, abriendo los ojos como platos.

-Tranquila. De momento, no han llegado a este piso, pero lo harán – afirmó él – Tenemos que salir de aquí.

-¿Salir? ¿Adonde?

-Lejos. A alguna otra parte. Ángel sabrá. Vamos – la condujo por una escalera de emergencia – Tenemos que reunirnos con Wes y él un par de pisos mas arriba.

Kate se dejó llevar. Los gritos, de vivos y de muertos, le llegaron a sus oídos mezclados desde algún lugar debajo de donde estaban.

Se encontraron con Ángel y Wes en una oficina. Los dos lucían entre angustiados y desolados. Apenas Gunn y Kate entraron, procedieron a cerrar las puertas detrás de ellos.

-Ella es Kate – les dijo Gunn – Creo que con Ángel ya se conocen, pero no con Wes.

El ex Vigilante la saludó apurado. Había planes más urgentes que atender.

-Están aquí. Es cuestión de minutos para que lleguen a este piso – informó – Tenemos que escapar del edificio como sea.

-Los vehículos están en el subsuelo – le recordó Ángel – Imposible bajar para ahí. Debe estar infestado de esas cosas.

-Entonces nos queda ir hacia arriba – Wes desplegó sobre una mesa un mapa del edificio – Existe un helipuerto en la terraza, con un helicóptero civil de la Firma a nuestra disposición. Solo tenemos que llegar ahí.

-Un momento – pidió Gunn - ¿Cómo lo manejaremos? En el hipotético caso de que tenga el tanque lleno y todo en condiciones, ¿Quién de nosotros lo piloteara?

Se produjo un silencio de muerte. Kate observaba el drama desarrollarse como si fuera ajena a él.

De camino a la oficina, Gunn le contó lo que el vampiro y el ex Vigilante le habían dicho sobre Wolfram & Hart y sus manejos… sobre como aquella Firma maldita era la ultima culpable de haber desatado el Apocalipsis que vivían en el mundo.

A ella le había sonado a locura, a pesadilla, pero era real. Aquella compañía del Infierno era la responsable de todo y ahora, seria la culpable de sus posibles muertes.

Unos alaridos venidos de alguna parte apremiaron al grupo, indicándoles que el tiempo se agotaba. Los zombis ya venían…

-Otra cuestión – apuntó Gunn - ¿Qué hay de toda esa gente allá abajo? Me imagino que no cabrán en un helicóptero civil…

-No tenemos capacidad para llevarlos con nosotros – replicó Wesley, sombrío.

-¿Vamos a abandonarlos como si nada?

Las miradas de todos recayeron en Ángel.

-No podemos llevarlos – confirmó – Es verdad. No hay espacio para todos.

Enmudeció. Apretó los puños, impotente.

-Dios… - Gunn se pasó una mano por la frente.

Ángel se agachó. De debajo de la mesa sacó una caja grande. De su interior, extrajo un par de fusiles de guerra. Se los entregó a sus compañeros, junto con los cargadores correspondientes.

-Si algo aprendí de esos monstruos es que solo las balas pueden con ellos – explicó, cargando el suyo – Estos se los saqué a los militares hace tiempo. Nos vendrán bien ahora.

Kate miró su arma, dubitativa.

-No sé si podré con esto, Charles – dijo.

-Nena, tranquila. Mira, será como en las practicas de tiro… pero ahora tendrás que esforzarte un poco – Gunn quiso transmitirle algo de confianza pero no lo logró. La ex actriz estaba aterrada.

-Ok, vamos. Lo importante es llegar arriba – dijo el vampiro, abriendo las puertas de la oficina – Después, se vera.


Los zombis se desparramaron por Wolfram & Hart. Corriendo a toda velocidad, atraparon y acorralaron gente que intentaba escapar, sin dirección concreta. Una masacre de proporciones tremendas se desató…

Harmony fue rodeada detrás de su escritorio por un nutrido grupo de muertos vivientes. La chica, al ser una vampiro, al principio se defendió bien de ellos, pero luego las criaturas comenzaron a tirarsele encima tan rápido, que fue imposible eludirlas.

La destrozaron.

La desgarraron.

Comieron su carne.

Así como con ella, uno a uno los demás miembros de la Firma en el edificio eran diezmados, mientras Ángel y su grupo subían a la cima del rascacielos, tras una dudosa chance de salvación.


Atravesaron tétricos corredores, sumidos en penumbras.

Ángel iba a la cabeza, seguido de Wes, Kate en el medio y al final de la fila, Gunn. De tanto en tanto hacían un alto en las esquinas, las armas en alto, esperando ver una legión de putrefactas cosas corriendo hacia ellos.

-Es increíble que a esos Socios Mayores no les importe nada perder este lugar ni sacrificar a su gente – comentó Kate, intentando integrarse al grupo. Si bien de boca de Gunn sabia cómo venia la mano, una cosa distinta era estar metida en el baile – Realmente, esas personas deben ser abominables.

-No son personas – le informó Wesley – Ni siquiera sabemos como son, para empezar, pero algo es seguro: no son humanos.

-Además, como Eve me dijo, existen más sucursales como estas alrededor del planeta – intervino Ángel. Mas que por afán explicativo, hablaban con Kate para distender el horror que sentían en sus almas – Nada significa para ellos la pérdida de esta, con tal de que yo muera en el proceso.

Kate iba a hacer una pregunta pero entonces los primeros zombis que vieran les cerraron el paso. Al divisarlos, las criaturas chillaron y corrieron hacia ellos, agitando los brazos.

Una ráfaga de balas del cuarteto acabó con su loca carrera. Privados ya del halito de vida, se desplomaron todos en el corredor que el grupo atravesaba…

-Oigan, conozco a este tipo – dijo Kate, mirando a uno de los zombis muertos - ¡Es ese militar!

-Parker – confirmó Ángel.

-Eso quiere decir que los ya atacados están empezando a levantarse – Wesley miró hacia atrás, con temor – Nos seguirán el rastro. Hay que moverse.

-Adelante – Ángel avanzó. Los otros le siguieron.


Harmony volvió a la vida.

Le faltaba la mitad del rostro, tenia un hueco en el abdomen donde se veían sus órganos internos y la ropa rasgada, pero aun así y todo, regresó al mundo de los vivos como un nuevo zombi.

Un incendio sin control se había desatado en el vestíbulo del Estudio Jurídico. John Novak corría, con la corbata desaliñada y el traje de oficina sucio, escapando de los monstruos que le perseguían. Muchos de ellos habían sido hacia unas pocas horas compañeros de trabajo y amigos.

Ahora, solo deseaban su carne.

Harmony se topó con él. No lo dejó escapar. Como una pantera, se le echó encima y hundió sus garras en su estomago, destrozándoselo.

Novak gritó, pero entonces un numeroso grupo de espectros se congregaron en torno de su figura, acompañando a la antigua secretaria de Ángel en su blasfemo festín.


Davis estaba atrapado.

Los zombis lo habían acorralado en un baño. Entre sus manos, portaba una pistola y pese a que disparaba con ella a los monstruos, estos seguían acercándose.

Entonces, solo le quedó una bala en el cargador.

-No pienso darles el gusto, hijos de puta – dijo y se llevó el cañón a la boca.

Apretó el gatillo, justo cuando los muertos ya se abalanzaban contra él.


El helipuerto, al fin.

Ángel y su grupo salieron a la terraza después de subir unos angustiosos tramos de escalera. La noche los recibió más oscura de lo que recordaban. A su alrededor, Los Ángeles yacía muerta.

Un hombre abastecía de combustible al aparato volador, con intención de huir de allí. Wesley le reconoció. Era el piloto del helicóptero.

-¡Quieto! – dijo, apuntándole con su rifle. El hombre levantó las manos.

-¡No disparen, por el amor de Dios! ¡Solo quería marcharme de este maldito lugar, es todo!

-Es el piloto – informó Wes a Ángel.

-Necesitamos ir en el helicóptero – declaró él.

-¡Yo los llevo! ¡Todo con tal de huir de este infierno! ¡Pero por favor, no me maten! – suplicó el piloto.

-Nadie lo va a matar. Suba y encienda esa cosa. Nos largamos.

Los deseos del vampiro fueron una orden para el hombre. Terminó de llenar el tanque y se subió al aparato. En un par de segundos, el motor empezó a andar y las aspas se pusieron en movimiento.

-¡Todos arriba! – dijo, desde la cabina.

Kate pasó primero, seguida por Gunn. Ángel entró, pero vio que Wesley no lo seguía.

-¿Qué haces? – le preguntó - ¡Vamos! ¡Sube!

El ex Vigilante negó con la cabeza.

-Yo no voy. Me quedo.

Ángel se quedó pasmado.

-¿Por qué? – preguntó.

-Fred… volvió a la vida como una de esas cosas y… tuve que matarla. Le volé la cabeza, en su laboratorio – Wes bajó la vista – Lo siento, pero no puedo ir con ustedes. Quería que llegaran aquí y tuvimos suerte de encontrar al piloto, pero no pensaba irme. Me lo impide la conciencia.

-¡Déjate de tonterías, Wesley! ¡Sube ya mismo!

Un par de espantosos alaridos surgieron de la entrada a la terraza. Los zombis se acercaban.

-No lo haré, Ángel. Olvídalo – rebuscó entre sus ropas. Sacó una libreta negra – El diario de Fred – se lo puso al vampiro en las manos – Servirá como guía para otros. Contiene sus investigaciones del virus. ¡Ahora, váyanse ya!

-Pero… pero… ¿y tú?

Los alaridos sonaron más cercanos. El piloto del helicóptero empezó a impacientarse.

-¡Tenemos que irnos ya! – dijo.

Ángel se volvió hacia Wes.

-¡Ven con nosotros! – insistió.

-No. Márchense. Váyanse ya – el ex Vigilante volvió a negarse – Y espero que tengan mejor suerte allá adonde vayan – deseó.

Ángel quería insistir. Deseaba con todo fervor agarrar a su amigo y por la fuerza, meterlo dentro del helicóptero, pero al ver las caras de espanto de sus acompañantes, desistió.

-Wes…- dijo y cerró la puerta del aparato.

-¡Sujétense bien! ¡Ahí vamos! – anunció el piloto, tomando los mandos.

La aeronave despegó. Velozmente y con las luces encendidas, se hundió en el negro y estrellado firmamento.

Wes sonrió. Estaban a salvo. Estarían bien.

Dejó su rifle en el piso y se acercó a la cornisa. Calculo ciento y veinte-tantos de pisos hacia abajo con la mirada.

Los zombis llegaron. Rugieron al verlo.

Wes se volvió para mirarlos. Les extendió un dedo en un gesto obsceno mientras daba un par de pasos hacia el vacío.

-¡Jodanse, hijos de puta! – gritó y saltó, cayendo en picado hacia el abismo.


Epilogo

Cuando todo parece perdido, nace la esperanza

El helicóptero volaba, veloz, atravesando el cielo.

Ángel permaneció mudo, lo mismo que Gunn y que Kate. Era la forma que tenían de honrar la muerte de Wesley.

Con lágrimas en los ojos, el vampiro miró el diario de Fred. Contenía valiosa información, es verdad, pero… ¿Para quién?

¿Y hacia donde se dirijian?

Súbitamente, la radio del vehículo volador cobro vida. Alguien estaba hablando por ella.

-Aquí el capitán Rhodes, llamando en todas las frecuencias– declaró una voz masculina - ¿Hay alguien allí?

Todos se miraron, sorprendidos. El piloto tomó el micrófono.

-Lo escuchamos fuerte y claro, capitán – dijo.

-Identifiquese. ¿Quién es usted y donde se halla?

-Mi nombre es George Rome… - empezó a decir el piloto, pero Ángel le arrebató el micrófono de las manos, para hablar con el capitán.

-Me llamo Ángel, capitán Rhodes. Vamos abordo de un helicóptero civil, huyendo de Los Ángeles. ¿Cree que podría ayudarnos?

-¿Cómo dijo que se llamaba?– preguntó Rhodes.

-Ángel.

Hubo un murmullo del otro lado de la transmisión. El capitán parecía discutir o hablar acaloradamente con alguien a su lado.

-Está bien, está bien– dijo – Escuche, Ángel, tengo aquí a alguien que dice que lo conoce. Lo paso con ella

¿Ella?

-¿Ángel?– sonó una voz femenina - ¿Eres tú?

El vampiro la reconoció al toque. ¡Como olvidarla! Pese a que habían pasado un par de años, la recordaba.

-Buffy… ¿Dónde estas? – sintió un alivio tremendo al descubrir que ella seguía con vida.

-¿Dónde estas tú?– quiso saber ella.

-Helicóptero. Abandonando Los Ángeles. Larga historia – resumió - ¿Crees que puedes ayudarnos?

Se produjo una pausa que se le antojó eterna. Cuando Buffy volvió, fue para dar instrucciones…

-Escucha; el capitán Rhodes les va a pasar unas coordenadas– explicó – Ese será nuestro punto de encuentro.

-Okay. Escuchamos.

-¿Ángel?

-¿Si?

-Que gusto oírte de nuevo.

El vampiro sonrió, sintiendo renacer la esperanza en su interior.

-El gusto es mío. Creeme.

FIN