Aquí regreso con la segunda parte, el epílogo vendrá luego, mi musa ha cambiado de idea.
Aviso: es tan explícito como el anterior...
Aclaración: Según HH Bones es una serie familiar, así que si yo escribo cosas como estas es evidente que no me pertenece, ¿cierto?
La línea que nunca existió - 2º parte
Me despierto con un escalofrío, súbitamente consciente del aire fresco de la noche sobre mi piel desnuda y descubierta. La cama está revuelta, no hemos hecho ni el menor intento por taparnos siquiera con la sabana, pero el súbito frío no se debe a eso, sino al hecho de que Booth no está allí conmigo.
Tengo la sensación de que han transcurrido muchas horas, pero la esfera luminosa del reloj en mi mesa de noche indica que sólo son las cinco y algunos minutos.
¿Se habrá ido? ¿Se habrá marchado… sin despedirse? No veo eso propio de Booth, pero tampoco es propio de nuestra relación lo que ha sucedido.
Tengo que asegurarme de que esté o no antes de hacer alguna conjetura. Y el ruido de la puerta de la heladera al cerrarse me indica exactamente la respuesta a mis dudas.
Sin meditarlo, me coloco la bata que dejo en el perchero todas las noches y me dirijo a la cocina en penumbras, pero me detengo en el salón.
La figura de Booth se recorta nítidamente a través de la luz que entra por el ventanal. Sostiene un vaso con lo que supongo es agua fría, mientras observa hacia la calle.
Sólo tiene puestos los pantalones, lo que me hace pensar que está pensando en marcharse.
Me despierto en la cama revuelta de Huesos, totalmente desnudo.
Plenamente consciente del cuerpo también descubierto de mi compañera, de la suave piel de sus pechos contra mi torso, una de sus piernas enredada con las mías.
No necesito comprobar que nuevamente tengo una erección. Es evidente. Me sucede varias veces a la semana, y estoy seguro que es sólo por ella. Por verla con un escote, con una falda, discutiendo con alguien, o examinando un hueso. Simplemente por verla. Sé que ella sería la primera en decirme que es una reacción totalmente normal en un hombre adulto sano, pero mi conciencia también toma parte en la conversación para recordarme que es mi compañera, y que lo que ha sucedido esta noche traerá repercusiones en nuestra relación.
Con el mayor cuidado me muevo para levantarme. Necesito un poco de agua fría. En realidad, necesitaría una ducha fría, pero no quiero despertarla.
A tientas en la oscuridad busco mis bóxer y los pantalones que recuerdo haberme quitado juntos, y me visto con el sigilo de un francotirador entrenado. Si ella se despierta y me mira, al menos no será tan evidente mi estado de excitación.
Conociendo a Huesos como la conozco, querrá una explicación sobre lo último que le dije. Si es que lo escuchó.
Busco un vaso y me sirvo agua fría de la botella que ella guarda en la heladera, en la esperanza de que enfríe también mi cabeza, para pensar con claridad y no recordar a cada segundo la imagen de Huesos durmiendo desnuda, con el cabello revuelto.
Bebo despacio el agua, mientras miro por la ventana del salón las luces de la calle.
¿Qué le diré cuando despierte?
¿Qué me dirá ella? ¿Qué pensará?
Una mano caliente posándose en mi hombro me interrumpe.
- Booth… - susurro, al tiempo que coloco una mano sobre su hombro. Necesito verlo, ver su rostro.
No quiero que se marche aún. Pero no sé cómo decírselo en palabras.
Así que cuando se gira para mirarme, busco sus labios en un impulso.
Luego de su mano en su hombro, lo siguiente son sus labios sobre los míos, en una caricia cálida y sensual. Su otra mano toma el vaso que sostengo y lo coloca a tientas sobre el mueble más cercano, mientras yo la sujeto de la cintura sin dejar de besarla.
Es como si sintiera sus pensamientos. Tan claro que no tengo que preguntárselo. No quiere que me vaya. Pero tampoco quiere hablar. Y aunque hay cierta parte de mi cuerpo encantada con la tercera opción, no puedo evitar un ligero sentimiento de culpa.
- Huesos, yo… - comienzo, pero ella me tapa los labios con sus dedos, con suavidad pero firmemente, y cuando la miro sorprendido sonríe y me guiña un ojo.
- Aún no vuelvo a trabajar para el FBI – susurra, mientras desliza su mano en el bolsillo trasero de mis pantalones.
Está mal. Lo sé. Es una irresponsabilidad. Una inconsciencia. Una locura.
La locura más placentera que he vivido. Una idea irracional, pero que en ese momento parece ser la única forma racional de apagar el fuego que arde en mi interior.
Son ansias de él. De besarlo, acariciarlo, una y otra vez hasta el cansancio.
Pero he puesto el cerebro en punto muerto, tal como él me dijo, y el resultado fue la comprobación de sus palabras. No fue sólo sexo. Y no quiero sólo un recuerdo de esta noche.
Así que lo beso, despacio al principio, pero luego recorriendo su boca por completo, abarcándola con la mía, las lenguas en contacto, degustándonos como dos hambrientos.
El interior de su boca está frío, por el agua, pero sus labios son cálidos y cuando apoyo la mano en su pecho la piel parece arder.
Deslizo suavemente mis uñas ahora por su espalda, y logro en respuesta que él me apriete contra su pecho, el nudo de mi bata clavándose en su vientre.
Ansiosamente busco la cremallera de sus pantalones, apartándome lo suficiente para que él también pueda desatar la única prenda que cubre mi cuerpo.
Es sólo un segundo lo que tardo en responder ansiosamente a sus besos. Nunca he podido resistirme a sus pedidos, y sé que deseo que esta noche no termine tanto como ella.
¿Cómo era el refrán? "Tanto da perderse por una oveja como por un cordero". Que Dios me perdone, pero estoy totalmente de acuerdo.
Las manos de Huesos se deslizan a la cintura de mis pantalones, desabrochándolos en velocidad record mientras yo desato su bata.
Completamente desnuda delante de mí, la luz de la luna que entra por los resquicios de las cortinas dibuja sus contornos redondeados y siento la boca seca a pesar del agua que bebí.
Cuando de un tirón Huesos me quita pantalones y bóxer a la vez, podría jurar que mi miembro prácticamente salta frente a ella y cierro los ojos para evitar correrme en ese momento.
Booth está parado frente a mí, los pantalones y la ropa interior por las rodillas. Veo cómo cierra los ojos, así que decido sorprenderlo.
Me coloco de rodillas frente a él, apoyando una mano debajo de su ombligo para empujarlo suavemente contra la ventana. Apenas tocándolo, comienzo a besar su miembro, en un roce suave con los labios que sin embargo lo sorprende, noto el sobresalto en su cuerpo.
Con un sobresalto abro los ojos, para encontrarme con la imagen más erótica que he visto en mi vida. El perfil de Huesos visto desde arriba sólo me muestra sus labios recorriendo con besos mi pene, el cabello revuelto en torno al ovalo de su rostro.
Parece que mis pulmones han olvidado esa primitiva y esencial tarea de respirar. Y suelto el aire en pausas, tratando de hacerlo despacio, para evitar anticipar el fin de tan placentera caricia.
Su boca es húmeda, cálida, y su lengua dibuja extraños arabescos sobre mi piel. Por debajo, a los costados, en la punta, y luego realiza una succión que me provoca apretar los dientes para no volverme loco.
Cuando los ojos de Booth se abren para verme allí a sus pies, noto un estremecimiento de deseo en todo mi cuerpo. Ahora que estoy allí, recorriendo su miembro con mis labios, introduciéndolo de vez en vez en mi boca, noto la tensión en su cuerpo. Levanto un poco la vista, notando su mandíbula apretada y los puños cerrados estrujando las cortinas de gasa.
Continuo, mientras lo miro, y él me devuelve una mirada tan cargada de deseo que me excita aún sin tocarme.
Huesos me mira, esos ojos azules clavándose en mi rostro mientras su boca se ocupa de mi miembro. Es increíble la sensación, y mis caderas se mueven hacia adelante antes de que tenga tiempo de pensarlo, buscando inconscientemente mayor placer. Ella no se muestra sorprendida ni ofendida, por el contrario comienza a imprimir a sus movimientos mayor velocidad.
Tiro la cabeza hacia atrás, apoyándome en el cristal de la ventana que está a mis espaldas, mientras arrugo las cortinas en mis manos tratando de contenerme el mayor tiempo posible. Pero una de sus manos se dirige a la sensible zona de mis testículos y me siento explotar en su boca cuando rasguña suavemente la rugosa piel.
Me derramo en su boca sin poder evitarlo, sin tener siquiera el más mínimo control, boqueando como pez fuera del agua, como atacado por una corriente eléctrica.
¡Dios! No es la primera vez que una mujer me brinda este tipo de atenciones y en esta posición. Pero sí es la primera en que siento mis piernas temblar, y si no fuera por lo excitado que sigo podría derrumbarme hasta caer en el suelo y allí dormirme.
Tendría que haber sabido que con ella sería distinto, que Huesos siempre me dejaría con ganas de más.
Booth se ha corrido dentro de mi boca. Y la excitación que eso me produce no puede ni compararse con otras experiencias que he tenido en materia sexual.
Cuando me separo de él, luego de su orgasmo, las últimas gotas de su semen caen sobre mis pechos, y se me ocurre entonces otra idea.
La bata yace en el piso olvidada, y no me interesa recobrarla. Observo a Booth, aún respira con fuerza, la boca abierta, las piernas ligeramente dobladas, sujetando las cortinas en sus manos crispadas como si fuera a caerse si las soltara. El cierra los ojos un momento, y es entonces cuando me levanto para dirigirme a la ducha. Mi intención es que él me siga, claro, de manera que rozo muy suavemente su rostro y me alejo inmediatamente, dándole la espalda.
Pero con rapidez y fuerza él me sujeta y me atrae hacia su pecho. Una de sus manos sostiene mi cintura, mientras la otra ya está pellizcando suavemente un pezón y siento sus dientes rasguñar mi hombro.
- ¿Adónde vas? – pregunta en un susurro ronco, jugando con los vellos de mi entrada casi distraídamente.
- Necesito una ducha – respondo, guiando su mano para que sienta el líquido derramado por él mismo.
- No – afirma él – Todavía no.
Sus palabras me sorprenden por la fuerza con que son pronunciadas, pero me sorprende más aún cuando él apoya sus caderas sobre mi trasero y percibo su erección.
¿Este es mi compañero? ¿El hombre que no podía decir "seno" delante de mí por pudor?
Si hubiera sabido antes de su extraordinaria resistencia y habilidad como amante…
- ¿Te gusta? – pregunta, frotándose contra mí, y no puedo mentir.
El "sí" que Huesos responde desmayadamente no hace más que acrecentar mis ansias.
Con mis manos en su cintura la hago girar para besarla y guiarla hasta el cómodo sofá de la sala.
Sus manos se pasean con total libertad por mi cintura, siguen hacia la espalda y en un movimiento que me pega a él por completo me alza tomándome de las nalgas. Noto su fuerza, los músculos de su espalda y sus hombros tensos, y aun así tengo la seguridad de que no me dejaría caer nunca.
Se sienta en el borde del sillón, acomodando mis piernas a ambos lados de su cadera, y con un dedo acaricia mi clítoris suavemente, encendiéndome más si cabe.
Cuando la acaricio, Huesos echa la cabeza hacia atrás, arqueando la espalda, ofreciéndome la maravillosa vista de sus pechos y todo su cuerpo delante de mí. Continuo la caricia, ahora más fuerte, y sus uñas se clavan en mis hombros de donde se está sujetando.
El movimiento de sus caderas hacia adelante es más de lo que puedo soportar en este momento. Con ambas manos allí donde termina su espalda, la atraigo hacia mí para sentir nuevamente la delicia de estar en su interior.
Un gemido se escapa de mi boca, alto y claro, al sentir nuevamente cómo Booth me penetra sujetando mi cadera con fuerza. Afirmo los pies en el sofá como mejor puedo para moverme y aliviar la tensión que crece más y más en mi interior. El se inclina hacia adelante para besar mis pechos, dejando un rastro de saliva a su paso que pica sobre la piel ya demasiado estimulada.
Sosteniéndome de su cuello, moviendo las caderas a su ritmo, sintiendo el corazón desbocado…
Huesos tiene la cabeza echada hacia atrás de manera que su cabello suelto roza mis piernas con cada movimiento. Sin soltar su cadera, llevo mi otra mano a su nuca, buscando su mirada.
Sus ojos se clavan en los míos, oscuros de deseo y pasión, pequeñas gotitas de sudor escurriéndose desde su frente a las mejillas y los labios.
Acalorada.
Apasionada.
La mujer más hermosa que he visto.
-Juntos, Huesos – la voz de Booth es sólo un jadeo cuando acelera sus movimientos y vuelve a acariciar mi clítoris, sin dejar de clavar sus ojos en los míos.
Mi cuerpo responde por sí solo, sacudiéndose en espasmos de placer en los que él me acompaña prontamente.
Con un último jadeo, me rodea por completo con sus brazos, atrayéndome a su pecho, donde me siento descansada a pesar de cierta incomodidad inevitable por la postura.
La manera en que acaricia mi espalda es demasiado suave, demasiado dulce para pasarla por alto. Me separo de su pecho sólo lo necesario para mirarlo y besarlo con lentitud.
¿Quieres dormir? – pregunta Booth, y al instante en que inclino la cabeza indicando que sí, me está cargando en sus brazos hacia el dormitorio.
Lo siguiente que noto es su respiración en mi cuello y su mano en torno a mi cintura, mientras él acomoda una manta sobre ambos y me atrae hasta que apoyo mi espalda en su pecho.
Huesos comienza a dormirse, siento el cambio en su respiración, pero segundos antes, escucho su voz suave: "También hay muchos tipos de líneas".
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