Bueno, primero que nada gracias por los reviews, sobre la pregunta de qué es lo que significa el titulo, la traducción seria "mansión maldita, muertes silenciosas" o muerte tranquila, aunque queda más muerte silenciosa. El titulo esta en ruso…por que me gusta el ruso. Si encuentran cambios de escena extraños es porque los separadores me los borran.
Con respecto al segundo capítulo que Music, Dance and Love; posiblemente tarde un poco ya que tengo que buscar las canciones adecuadas para cada uno de ellos, asi que si quieren darme alguna canción aquí o en el otra fic, son recibidas.
Por si acaso tienen confusiones con los nombre les diré quien es quien.
Mathias-Dinamarca, Lukas-Noruega, Emil-Islandia, Emma-Belgica, Govert-Holanda, entre otros que no recuerdo en este momento.
NI HETALIA NI SUS PERSONAJES ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE HIDEKAZ HIMURAYA, SOLO EL PERSONAJE DE MARIA Y LA TRAMA ME PERTENECEN.
Ahora si puedes leer…
Todos habían entrado a la mansión, muchos habían aventado la maletas al suelo y empezado a buscar chamarras para tratar de quitarse el frio infernal, otros empezaron a investigar que había en la casa, todo era calmado hasta que un grito ensordecedor retumbo en todas las paredes de la casa.
— ¿Qué sucede, Feliks?—preguntaba asustado por el grito Toris.
— ¡Tipo, no hay señal!— decía mirando la pantalla de su celular mientras hacía gestos de terror.
Al escuchar eso, todos sacaron sus celulares, y el polaco estaba en lo correcto, no había ni una raya de señal, muchos empezaron a decir a maldiciones en sus respectivos idiomas natales mientras que otros se dedicaban a mirarse preocupados.
— ¿Y qué vamos a hacer si ocurre una emergencia?—Pregunto Ludwig mirando a todos.
—No lo sé—dijo Lukas—corremos al pueblo o ciudad más cercana.
La mayoría empezó a decir maldiciones a los de la universidad, por haber planeado un viaje a un lugar en medio de la nada y en un lugar donde no había señal ni para hacer llamadas. Muchos ya estaban envueltos en chamarras y bufandas para quitarse el frio, todos parecían calmados. Hasta que ciertas palabras la interrumpieron la tranquilidad en el ambiente.
— ¡Hay que tomar las mejores habitaciones!—
Ese fue el grito de guerra dicho por Alfred que hizo que la paz desapareciera, muchos empezaron a correr como locos escaleras arriba para alcanzar una habitación en buen estado. Antonio corría con Francis, Gilbert y Lovino detrás de él mientras cargaba las maletas de su hermana ya que las había confundido con las de él.
Se escuchaban los pasos de todos los que corrían por el segundo piso, incluso los gritos de algunos que ya habían empezado a pelear. Ludwig y Feliciano platicaban sobre que iban a comer más al rato, mientras subían las escaleras. María se dedicó a mirar desde el primer escalón La enorme escalera que se dividía en dos al llegar a la pared en el fondo, sobre esta había un reloj antiguo que de alguna manera llamo su atención.
Empezó a subir los escalones lentamente sin quitar la vista de este, al llegar hasta arriba camino los pasos que faltaban para tener el reloj frente a su rostro, toco con su mano los detalles en madera como si estos fueran a romperse con el simple tacto de su mano. Su mano siguió los detalles hasta llegar a las pequeñas incrustaciones de piedras preciosas que tenía, miro la forma que tenía, le recordaban a unas pequeñas alas.
— ¡No vas a dormir conmigo, bastardo!—fue el grito que llamo la atención de la chica, giro su cabeza a la izquierda, miro a Lovino pateando a Antonio fuera de una de las habitaciones.
—Pero Lovi-Love, yo quiero dormir contigo—decía Antonio a punto de llorar.
—Duerme con tu hermana, bastardo tomates—le contesto enojado el italiano— ¡Feliciano!
— ¿Qué sucede, fratello?—pregunto el menor de los dos.
—vas a dormir conmigo—
Lo único que se podía escuchar eran los reclamos de Feliciano, que entre las palabras se lograba distinguir que el chico quería dormir con Ludwig. Lovino gritaba que no lo iba dejar dormir con el macho patatas, como Lovino le decía "cariñosamente" al alemán. María miraba divertida la escena hasta que una mano en el hombro hizo que dejara de prestar atención a la escena, se giró lentamente y miro el rostro sonriente de Antonio.
—Vamos a dormir en la habitación del final en el pasillo de la derecha—le dijo.
La joven asintió y empezó a caminar con sus maletas hacia la habitación, mientras caminaba por los pasillos miraba las puertas a los lados, escuchaba la voces de la mayoría e incluso ronquidos. Cuando llego a la puerta, giro con cuidado el picaporte y empujo la puerta suavemente, miro el interior confundida.
La habitación estaba completamente limpia y ordenada, como si alguien la limpiara todo el tiempo. Avanzo un poco más y dejo las maletas cerca de la puerta, su vista se fijo en la ventana que dejaba pasar los tenues rayos de sol que el día les regalaba. Miro a través de ella, miraba un pequeño jardín lleno de flores, y mas allá lograba ver lo que parecía ser un bosque.
Frunció el ceño ligeramente, el bosque no le daba confianza por alguna razón. Continúo mirando a través de la ventana con curiosidad el jardín. Al igual que el que se encontraba al frente estaba en perfecto estado, esto no le agradaba.
—¿Qué haces?—
La chica pego un brinco al escuchar la voz, se giro hacia la puerta y se encontró con el rostro de su hermano mirándola confundido, la chica soltó un pequeño suspiro de alivio, su corazón de había acelerado ligeramente por el susto.
—Me asustaste, idiota—fue lo único que salió de la boca de la castaña.
—Lo siento—contesto el otro mientras sonreía nuevamente.
El chico avanzo a la ventana mientras que la otra se lanzaba sobre la cama. El moreno se dedicaba a mirar a través de la ventana al igual que su hermana menor, era un paisaje muy bonito y le agradaba.
—Oye, María, ¿Crees que el lago del que nos hablaron est…?
Callo sus palabras cuando se dio cuenta de que la chica estaba profundamente dormida, una sonrisa pequeña apareció en su rostro al mirarla, "casi no la deje dormir durante el viaje" fue el pensamiento del mayor. Se acerco a ella tratando de hacer el menor ruido posible y le quito las botas, tomo una pequeña cobija de la maleta y la cubrió con ella, para después depositar un pequeño beso en la frente de la chica y salir de la habitación.
Durante el transcurso del día se habían dedicado a revisar la casa, habían encontrado varias salas de estar en la planta alta, todas las habitaciones tenían baño propio, además de tener un estudio pequeño, lo que les llamaba la atención era que había dos puertas cerradas, ya la mayoría se había dedicado a querer tumbar las puertas, hasta Lugwig e incluso Ivan, pero nunca lo lograron, estaban completamente selladas.
En la tarde Francis, Lovino y Feliciano tomaron posesión de la cocina para hacer la cena, les habían dejado la comida suficiente para las 2 semanas que se quedarían ahí, además que había un pequeña bodega llena por si se les acababa la comida, o eso fue lo que Gilbert menciono.
— ¡Chicos, la cena está servida!— grito Francis, y en menos de 1 minuto todos se encontraban sentados comiendo en el enorme comedor de la mansión, todos menos una persona.
—Oye Antonio—era Emma— ¿Dónde está María?, no la he visto desde que llegamos aquí.
—Está dormida—contesto simplemente el español— Te aseguro que no va a tardar mucho en despertar.
Abrió lentamente los ojos y lo primero que noto fue el techo de color blanco, se sentó en la cama lentamente y fijo su vista en la puerta de la habitación, busco su celular dentro del bolsillo de la chamarra y miro la hora.
"son las 9:24 de la noche" pensó la chica al momento dejo de mirar la hora y empezó a mirar la habitación lentamente "debo de tener casi 5 horas dormida". Se levanto y camino a la puerta que se encontraba a su derecha y miro el interior de esta, era el baño.
Encendió la luz y camino hasta el lavamanos, miro se reflejo en el espejo que se encontraba sobre este y se dio cuenta de que su cabello era un completo desastre. Trato de acomodarlo con sus dedos y luego tomo la pequeña cinta que había en su muñeca para sujetar se cabello en una coleta. Abrió la llave del agua y puso sus manos bajo el chorro para luego lavarse la cara.
—Demonios—dijo la chica entre dientes—Esta muy fría.
Busco una toalla con la cual secarse la cara y las encontró sobre un pequeño estante, seco su rostro y volvió nuevamente a la habitación, empezó a buscar sus botas y las encontró debajo de la cama, se la puso rápidamente y salió de la habitación.
Lo primero que noto al salir fue el olor a comida, su estomago rugió, no había comido nada desde que empezaron el viaje en autobús. Comenzó a caminar, lo único que escuchaba el sonido de sus botas al chocar con el suelo. Todo era normal hasta que escucho que había pateado algo.
Lo primero que hizo fue mirar sus pies con el ceño fruncido y luego empezó a recorrer el suelo con la vista hasta que al frente, tal vez unos 2 metros, se encontraba un objeto rectangular de color negro, empezó a avanzar lentamente hacia él con algo de desconfianza. Se agacho para recogerlo y lo examino lentamente.
Era un libro, parecía algo antiguo y en la portada de este tenía unas marcas, unas alas, iguales a las del reloj, la chica abrió el libro y lo que miro dentro de el la dejo confundida. No había nada, empezó a hojearlo con cuidado, no tenía ni una marca ni una pequeña escritura. Aunque lo que más lo confundía era una simple cuestión, ¿Qué demonios hacia el libro tirado en medio del pasillo?
Siguió caminando hasta llegar a las escaleras y fijo su vista en el reloj, y en el libro, y asi estuvo por varios segundos. Y no se equivocaba, las incrustaciones del reloj y las marcas del libro eran idénticas, así que lo más seguro era que estuvieran relacionados de alguna manera.
Llego al comedor y todos las miradas se fueron directo a ella, la chica le resto importancia a esto y tomo asiento en una de las sillas libres, en medio de Antonio y Francis. Se empezó a incomodar por la mirada de todos puestas sobre ella, y no tenía mucha paciencia para ser sinceros.
— ¿Qué chingados me miran? —grito cabreada la ojiverde, haciendo que todas las miradas se quitaran de ella y volvieran a su respectivo plato.
— ¿Qué traes ahí, mon petit?—Pregunto Francis mirando el objeto entre las manos de la más joven.
—Es un libro, genio—contesto la chica simplemente.
— ¿Y de quien es?—
—No lo sé—dijo la chica mirando el plato de comida frente a ella—Además no dice nada por dentro.
— ¡Chicos!—menciono el francés ignorando a la latina y llamando la atención de los presentes— ¿A alguno de ustedes se les perdió un libro?
Todos negaron con la cabeza, la castaña frunció el ceño enojada.
—Entonces, en la casa debe de haber una biblioteca, alguien lo tomo y lo dejado tirado en medio del pasillo— menciono la chica mirando a todos que se mantenían callados.
—Que yo sepa, no hay ninguna biblioteca en la casa—Dijo Ludwig rompiendo el silencio sepulcral que se había formado.
— ¿Cómo que no hay ninguna?—
—No es broma—dijo Tino respondiendo la pregunta de la chica—Revisamos toda la casa y no había ninguna biblioteca y en el estudio no había libros.
Todos miraron a la chica fijamente, su piel se había puesto pálida, por dentro el miedo empezó a apoderarse de ella, bajo su cabeza lentamente y miro asustada el libro entre sus manos, entonces… ¿De dónde había salido el libro?
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