¿Once reviews? Soís lo mejor, chicas.
Oh, y algo que se me olvidó decir en el capítulo anterior: la historia esta situada en algún punto indefinido de sexto año, es como un semi-AU, en el que muchas cosas han pasado, otras no ocurrirán nunca y estiraré la verdad hasta donde se me sea permitido. Solo os aclaro que el antebrazo izquierdo de Draco sigue pareciendo pompis de bebé xD
Capitulo 1:
Si lo amas déjalo ir… y si lo odias, también.
Para muchos, Hogwarts es uno de los lugares mágicos más grandes que existen, con amplios pasillos e interminables escaleras. Pero aquella mañana, a Hermione y en especial a Draco les parecía que era aun mas grande que antes —y esto tomando en cuenta que median menos que un duendecillo de Cornualles.
Además, habían tenido la suerte (o la desgracia depende por donde se mire) de cargar con la varita del rubio. Y también cabe decir que Hermione era la que menos se quejaba.
Desde atrás le llegaban constantes resoplidos y lamentos de Malfoy, que lanzaba maldiciones contra todo el mundo, aunque en especial a Hermione. Los primeros minutos había decidido ignorarlo. Funcionó bastante bien hasta que los comentarios se volvieron mucho más agresivos y cometió el error de prestarle atención.
—Todo esto pasa porque la jodida sangresucia no ha aprendido a no meterse donde no la llaman. Seguramente los imbéciles de sus amigos la dejan meterse en sus vidas porque es tan malditamente aburrida que es como si no se metiera en nada. Y no es solo ella sino todos los estúpidos Gryffindor de este puto castillo. Todos son unos cotillas cagantes que viven de lo que les pasa a los demás.
Contando hasta diez, Hermione contuvo el impulso de gritarle que se callara. Dejaría que se descargara todo lo que pudiera (insultándola como si ella no estuviera allí) y tal vez luego intentaría razonar con él.
Entendía a Malfoy y la situación en que se encontraba: empequeñecido y degradado a aceptar la ayuda de una sangresucia Gryffindor que para más inri, era la mejor amiga de Harry Potter.
Ella en cambio, trataba de afrontar todo aquello con su objetividad característica: Si no perdía tiempo discutiendo con Malfoy, llegarían más rápido con los chicos, así ellos revertirían el hechizo y ambos podrían seguir sus vidas como si nada hubiese pasado.
Pero por supuesto que con un energúmeno como Malfoy a su lado, decir era muchísimo más fácil que hacer.
Callada y sumida en sus pensamientos no se dio cuenta que estaban llegando a unas escaleras hasta que no las tuvo justo delante.
—¡Granger! —le gritó Malfoy en un tono que dejaba al descubierto su mal humor—. ¿Serías tan amable de explicarme como coño vamos a subir esas escaleras?
Ella tardó en responder. La verdad es que no había pensado en aquello.
—Bien, Malfoy —respondió ella en un tono duro luego de analizar la cuestión unos segundos—. Tenemos unos treinta minutos para llegar a la torre a tiempo. Eso significa que debes cooperar.
A Hermione se le había ocurrido que debían subir peldaño por peldaño uno por uno, para ir pasándose la varita de Malfoy. Cada escalón era más o menos del tamaño de Malfoy y unos cuantos centímetros más altos que Hermione. Eso significaba que ella debía subir primero con ayuda del chico, Malfoy le tenía que pasar la varita y luego él se subiría solo.
Le explicó con rapidez el plan a Malfoy.
—Bien, Granger —dijo sin más y sin siquiera moverse del sitio.
—Malfoy —dijo Hermione recordando que no le había dicho la parte fundamental del plan al chico—, debes ayudarme a subir.
Draco abrió los ojos desmesuradamente dispuesto a creer que la chica estaba usando un cruel eufemismo para torturarlo mentalmente.
—¿Qué yo tengo que hacer qué? —preguntó con el típico tono que arrastraba las palabras.
—Impulsarme para subir —expuso ella con calma. Al ver la cara de desentendido que seguía teniendo el chico se explicó—: Eres más alto, y posiblemente más fuerte que yo. Podrás subirme a mi primero y subirte con facilidad luego.
—Estas bromeando si piensas que voy a tocar alguna fibra de tu ser, sangresucia —dijo él con desprecio y con alguna insinuación obscena seguramente.
Hermione se mordió el interior de la mejilla con rabia solo para no gritarle ahí mismo. ¿Qué acaso no podía actuar como alguien con madurez al menos una vez en su vida? La enervaba su actitud prepotente y sardónica, como si se creyera amo del mundo.
—Malfoy —dijo ella con la poca paciencia que le quedaba—. ¿Por primera vez en tu vida puedes dejar de lado la estupidez de la sangre y las casas para salir de un problema serio y real?
—¿Un problema serio y real? Te diré que es un problema serio y real, Granger —dijo él viéndola fijamente y al parecer alterado por lo que decía la muchacha—. Un problema serio y real es un enfrentamiento entre magos. Un problema serio es el alza de precios en el callejón Diagón. Un problema real es estudiar para los TIMOS estando en quinto año —hizo una pausa mientras tomaba aire—. Pero por amor a Merlín, Granger, ¿te das cuenta que somos del tamaño de un lápiz? Como lo mires, sigue siendo una ridiculez.
—Permíteme recordarte, Malfoy, que todo lo que nos ha pasado es por tu culpa —respondió ella—. Ahora, solo te pido que cooperes para salir de esto.
Él la vio y se preguntó porque el hechizo en vez de matar a Granger lo había condenado a soportarla.
—Debe ser fácil para ti decirlo —le escupió a Hermione antes siquiera de pensarlo—. Si subimos por estas escaleras interminables llegaremos junto a tus felices amigos. Por supuesto no se te ocurrió pensar en que yo no quiero ir con ellos y menos si para hacerlo tengo que esforzarme más de la cuenta. No pienso subir —concluyó terminante.
—Pero Malfoy… —intentó argüir ella aunque no sabía bien que decir.
—¿Por qué no lo hacemos a mi manera y bajamos al Gran Comedor? ¿No crees que sea más fácil? ¿O es que acaso eso no dicen tus preciados libros?
El tono en que lo dijo, como tomándole por tonta le recordó tanto a los años en que la fastidiaban en su colegio muggle que Hermione no pudo evitar estallar.
—¡Perfecto! Bajemos como tú dices, Malfoy, y vayamos con tus amigos, por mi no importa, ¡solo intentaba ser objetiva!
—Objetiva, claro —respondió Draco con un bufido—. Eres tan objetiva como Dumbledore, que no logra ver más allá de la suma bondad de los Gryffindor.
—¿Eso es lo que crees? ¡Pues más perfecto aun! —dijo ella agarrando de nuevo la varita pero esta vez por atrás, dejando al rubio al frente—. Lo haremos a tu manera, Malfoy. Guíanos ante los celebres Slytherin que nos devolverán a ambos a la normalidad.
La mirada altanera, el tono prepotente y el ligero flaqueo que vio cuando agarró la varita hizo que los viperinos sentidos de Malfoy se regodearan en el miedo de la chica. Porque sí, tenía miedo (o algo muy parecido), y aunque lo tratara de ocultar con toda esa capa de orgullo y valentía Gryffindor, Malfoy era demasiado Slytherin o demasiado bueno descubriendo las debilidades de los demás como para no darse cuenta, y ese ambos pronunciado con ligereza no se podía pasar por alto.
Compuso una sonrisa mordaz con sus finos labios y arqueó las cejas antes de decir:
—¿Le temes a los Slytherin, Granger? ¿Dónde quedó esa valentía de la que tanto presumen los de tu casa?
—¿De… de que hablas? No le temo a tus amiguitos, Malfoy.
—Ya… —dijo él riendo—. Solo que no confías en ellos, ¿o me equivoco? —ella no contestó. Malfoy dio inicio a la marcha hacia abajo del castillo de nuevo diciendo—: No, no me equivoco, y haces bien en temerles; a ellos no les caes precisamente bien. Vamos Granger, muévete y sígueme.
El humor de Malfoy mejoró un poco después de eso, y el silencio de Hermione no hacía más que bañarlo en autocomplacencia.
Siempre había sido difícil picarla. No valía solo con decirle que era pobre y fea (como a Weasley) o rayarla con motes ridículos (como a Potter), a ella había que encontrarle un punto débil y luego escarbar con saña en él.
Nunca había sido fácil; tardó dos años en descubrir que no le gustaba que la llamasen sangresucia pero al parecer ella se recuperó bastante fácil de ese golpe. Tardó otro año más para descubrir que le molestaba que trataran a otros seres con inferioridad (y vaya que su nariz había pagado caro por aquello) y luego otro más para saber que la chica se preocupaba por su apariencia lo suficiente para avergonzarse de sus dientes de rata y su cabello de paja.
Las pullas a lo largo de sus años en Hogwarts pueden clasificarse cuanto menos variadas, sobre todo por la habilidad de la chica de recomponerse con facilidad y la de Malfoy de encontrar nuevas debilidades.
Ahora, le era imposible no sentirse dichoso por saber que además de sacar un Aceptable en clases, la chica le temía a los Slytherin.
Aunque temer no sea la palabra correcta. Algo más como incomodar sería el término adecuado, y no era para menos: era una sangresucia Gryffindor. Tenía motivos de sobra para sentirse débil entre ellos, y si hay algo que Draco Malfoy también ha podido ver en Hermione durante todo este tiempo, es que ella odia sentirse débil ante los demás.
—¿A dónde vamos ahora, Malfoy? —llamó ella desde atrás.
Draco se volteó y por el gesto de la chica supo que le había estado llamando desde antes.
—¿Qué? —preguntó él.
—¿Qué hacia donde tenemos que ir ahora? Te detuviste hace un rato.
Eso lo descolocó. ¿Tan sumido estaba en sus pensamientos? Eso no era bueno, principalmente porque estaba pensando en Granger.
Por supuesto no era nada preocupante, solo estaba analizándola. Como un claro objetivo de burla, se entiende.
Frunció el ceño.
—Es por aquí, Granger —dijo antes de coger un camino por la derecha.
Hermione lo volvió a seguir en silencio. No sabía qué rayos pasaba por la cabeza de su acompañante pero tenía muy claro que se cocía en la suya.
Le seguiría la corriente a Malfoy, solo para no discutir más con él. Dejaría que la encaminase hasta sus fieles compañeros ofidios y luego encontraría la manera de hacer que la devolvieran a ella a la normalidad también. No era tan difícil, pero una vez más con Malfoy las cosas eran más fáciles de pensar que de hacer.
Rápidamente llegaron a lo alto de unas escaleras que debían bajar. Unas rápidas instrucciones los pusieron en marcha cuesta abajo. Hermione debía admitir que Malfoy había tenido razón; en sus condiciones, bajar sería mucho más fácil que subir y eso que no era del todo sencillo.
Hermione trataba de bajar de espaldas para caer parada sobre sus pies, lo que hacía que el vuelo de la falda se levantara un poco. No era gran cosa —de verdad, que no lo era—, hasta que Malfoy comenzó a hacer comentarios al respecto: "Lindas bragas, Granger ¿Te las regaló tu abuela?" o "Ya entiendo porque Weasley sigue siendo tu amigo". Ella se obligaba a ignorarlo.
Sabía que sus comentarios eran absurdos (aclaremos que la falda ni siquiera se levantaba tanto), pero el pudor de Hermione era algo vulnerable.
—Si yo fuera tu empezaría a preocuparme más por enfocarme en mi propio pellejo antes que por mis bragas, hurón —comentó como quien no quiere la cosa, mientras se deslizaba por el último escalón dejando a Malfoy perplejo.
¿Estaba tratando de amenazarlo? Já. Granger podía ser muy graciosa a veces.
—De nuevo tus amenazas que matan del miedo —dijo él fingiendo un escalofrío—. ¿Qué harás conmigo? ¿Me cubrirás con tus bragas hasta asfixiarme por su increíble tamaño?
Ella puso sus ojos en blancos y volvió a sostener la varita entre sus manos, mientras Draco hacia lo mismo para volver a caminar por los pasillos.
Bajaron otro tramo de escaleras con los mismos comentarios del rubio hacia Hermione–Lindas–Bragas–Granger. A cada paso que daba le dejaban de molestar un poco menos (gracias a esa habilidad innata de recuperarse de pullas idiotas) pero Draco seguía pensando que era gracioso, sin darse cuenta que la chica lo ignoraba.
De hecho, lo ignoraba porque pensaba en otra cosa. ¿Qué pasaría cuando llegaran con alguien que los devolviera a su tamaño normal? Supuso que seguirían con sus vidas en plan nada que ver con el otro, ¿no? Por lo menos eso pretendía hacer ella, y sabía que el orgullo de Malfoy seguiría sus pasos.
Además, entre menos se viera involucrada con él, mejor.
La cuestión era como explicar la falta de ambos esa mañana. No podía decir que se había quedado dormida pues había demasiados testigos que afirmarían lo contrario (Parvati estaba despierta cuando ella se fue de la habitación, los Gryffindor de la sala común la saludaron…). Podría decir que se perdió por los pasillos pero eso sería tan poco creíble como un Hagrid trasquilado. Como última instancia, se decidió porque la biblioteca podría cubrir cualquier duda que se le presentara.
Le explicaría a Harry y a Ron que se había distraído en la biblioteca leyendo un tomo muy interesante y que no se percató del tiempo. Ellos lo dudarían pero luego lo dejarían pasar como tantas otras veces, y la vida de todos seguiría siendo normal.
De repente, la idea de no involucrarlos e ir con los amigos de Malfoy le parecía mejor. ¿Es que acaso no confiaba lo suficiente en Harry y Ron? No, no era eso. Sí que confiaba en ellos, eso estaba claro. En lo que no confiaba es que dejaran a su rubio acompañante entero después de saber lo que había hecho.
Un momento. ¿Ahora le preocupaba la seguridad de Malfoy?
No era por la seguridad de Malfoy que ella hacia todo eso, era solo que no quería más problemas, ¿o sí le preocupaba la seguridad del hurón?
Perfecto, ahora estaba hecha un lío. Suspiró.
Primero que todo, tendría que explicarle sus planes a Malfoy y debería confiar en su palabra y la de los dichosos amigos que los devolverían a la normalidad en que no dirían nada. Sí, eso sería algo bueno para comenzar.
Era un plan con fallos, pero un plan al fin y al cabo.
—Malfoy, detente —le dijo cuando iban a mitad de un corredor especialmente largo.
—¿Qué sucede ahora, señorita braguitas? —dijo él con la burla palpable en sus palabras unido a esa arrogancia habitual.
Ella iba a empezar a decir algo que de seguro empezaría con una frase muy diplomática cuando un extraño sonido la hizo cambiar el curso de sus pensamientos trescientos sesenta grados completos.
—Haz silencio un momento, por favor —le pidió ella en cambio, frunciendo un poco el ceño.
Draco lo hizo, tal vez por ese por favor tan inesperado o la máscara de preocupación que ahora era su rostro, y se abstuvo de hablar para oír lo que la chica quisiera escuchar.
No pasó nada el primer minuto, pero justo cuando iba a decirle que se mirara las bragas y dejara de hacerle perder el tiempo con gilipolleces escuchó la campana.
Sí, la campana. Esa maligna aliada del colegio que anunciaba que las clases acababan de comenzar y que habían perdido su oportunidad de llegar hasta el comedor con sus amigos.
—Mierda —exclamó él consciente de lo que eso significaba.
Hermione se llevó su dedo índice a los labios en señal de que volviera a hacer silencio y él lo hizo, aunque no comprendió muy bien porqué. Ya había escuchado lo que quería, ¿no? ¿Qué le pasaba ahora?
Tal vez fue por la mirada alarmada de la chica aunque quizá haya sido por el ligero temblor que sentía a sus pies pero Draco tuvo el presentimiento de que algo no iba bien.
Un temblor. ¿Hogwarts estaba en medio de un terremoto? Lo dudaba, aunque era una posibilidad.
Lo siguiente que sintió fue un sonido extraño, diferente, como nada que haya oído nunca. Parecía como una manada de centauros corriendo por el bosque aunque bastante distorsionado al sonido habitual. Además, los temblores del suelo parecían resonar en sincronía al extraño sonido, haciendo que el ruido se apoderara de cada parte de su cuerpo, retumbando en sus extremidades y sus órganos internos.
El sonido empezó a intensificarse y con eso también a volverse más claro y distinguible. Sonaba como si algo estuviera cayendo, algo pesado y grande. Como si miles de objetos enormes estuvieran cayendo al final del pasillo, golpeando inevitablemente el suelo, destruyendo todo a su paso.
Destrucción, peligro.
La primera que hizo la conexión fue Hermione. Eso no sonaba como nada que ella hubiera oído en su vida, pero la advertencia que se oía a gritos en su cerebro era que fuera lo que fuera, no era algo bueno.
El sonido se hizo más fuerte y de pronto, ese montón de objetos cayendo se convirtió en estudiantes.
Sí, estudiantes. De esos, normales, que vestían túnicas e iban muy tranquilitos camino a sus clases de la mañana. Hasta ahora todo bien, pero ¿hace falta recordar que eran más pequeños que una palma de mano para reconocer el problema? Todos los alumnos seguían siendo de tamaño normal, lo que los hacía unas cien veces más grandes que cualquiera de ellos. Unos pisadores magníficos y venían todos juntos, sin siquiera fijarse en lo que había abajo.
Hermione gritó, o eso supuso, a Malfoy para que se escondiera o se apartara o lo que fuera, pero él no escuchó o hizo como si no la hubiese escuchado, porque se quedó inmóvil en su sitio viendo la marea de estudiantes que se aproximaban cada vez más a ellos.
Vale, ¿Malfoy estaba esperando la foto o qué diablos? ¿Por qué no se movía? Desde atrás de donde se encontraban, otra trulla de gente se encaminaba por el pasillo. Estaban atrapados justo en medio, la única solución era pegarse a las paredes del corredor o esconderse detrás de esa armadura que no parecía tan lejana…
Hermione sopesó las opciones en una fracción de segundo y estuvo segura que si se apresuraban podrían llegar junto a la armadura antes de que los aplastara la multitud.
El problema era Malfoy que parecía muy concentrado en ver a la lejanía, y la varita que solo podrían mover entre los dos.
—¡Malfoy, hay que movernos! —le gritó—. ¡Tenemos que movernos o nos aplastaran!
Al parecer, ni siquiera se dio cuenta de los gritos desesperados de Hermione. Cuando ella estaba considerando seriamente sacar a Malfoy y varita a rastras como fuese, él exclamó con júbilo:
—¡Son Nott y Zabinni, Granger! ¿Cómo no se me ocurrió llevarnos ante ellos antes? Son muy buenos en hechizos. Ellos nos devolverán a la normalidad.
Dicho esto, se dispuso a caminar hacia ellos. Se estaba encaminando hasta la infinita (y agigantada) marea de estudiantes, para pedir ayuda a unos tipos en los que ella confiaba aun menos que Crabbe y Goyle. Estaba cegado por la posibilidad de crecer de nuevo (con todas las connotaciones que pudiera tener esa frase), pero era un estúpido si pensaba que saldría vivo de allí.
—¡Malfoy, los buscaremos luego! ¡Tenemos que llegar a esa armadura antes de que lleguen! —exclamó ella alterada, jalando de la varita.
El movimiento hizo que Malfoy reaccionara y se fijara en ella pero no de la manera que esperaba.
—¿Tienes miedo de que no quieran ayudarte, sangresucia? —le dijo, con los ojos desorbitados, como un cazador cegado por la sed de sangre de su presa—. ¡Tienes miedo, admítelo! Te aterroriza pensar en lo que ellos puedan hacerte.
Ahora sí que lo había perdido del todo.
¿Qué tonterías estaba diciendo? Hermione perdió el control, la avalancha estaba a solo segundos de llegar a ellos. ¿Qué debía hacer ahora? Discutir con Malfoy le quitaría tiempo. Tiempo vital, en el más amplio sentido de la palabra. Pero no podía abandonarlo ahí y huir. No estaba en su organismo ser así.
Maldijo su suerte y desechó el plan de la armadura al ver a una de las multitudes estudiantiles a menos de dos metros de ellos.
Soltó la varita en el suelo, y como toda buena Gryffindor que era, comenzó a improvisar sobre la marcha para salvar su pellejo y de ser posible, el de Malfoy.
Al principio el rubio se desequilibró por el peso de la varita que le dejó la chica, pero no tuvo tiempo de pensarlo mucho porque justo cuando veía a Nott y a Zabinni acercándose se percató del peligro real en el que estaba.
Ellos eran pequeños. La masa de personas que tenía en frente era como unos gigantes descomunales con pies enormes. Miles de pies que no se fijaban en que ellos estaban en el suelo.
Antes de ser alcanzado por uno de esos pies sintió que alguien lo empujaba para quitarlo del paso y salvarlo de una muerte segura y horrible, ocasionada además por un zapato feo y barato.
No le dio tiempo de ver a su socorrista porque otra estampida de pisadas enormes se hizo sobre él. Sintió como lo volvían a empujar y esta vez rodaban por el suelo. Vio una mata de cabello castaño y supo que era Granger, pero no alcanzó a pensar nada coherente cuando la chica le gritó:
—¡Levántate y corre!
Él no puso pegas y se levantó para empezar a correr. Al principio no supo muy bien hacia donde tenía que correr y entre el barullo de pies y túnicas perdió a Granger con facilidad.
—Mierda —gritó, aunque nadie lo podía oír.
Todos murmuraban y reían sobre su cabeza, inconscientes de su presencia al ras del suelo. Seguían su camino parloteando y pisando la superficie.
Luego lo comprendió. No tenia que huir ni ir a algún lado. Tenía que correr de los pies que se cernían sobre él.
Gracias a Merlín captó el mensaje lo suficientemente rápido como para evitar que un pie extremadamente enorme, lo pisara. Quería felicitarse por su estupenda victoria, cuando otros zapatos empezaban a pasar por él.
Evitó uno que posiblemente era de chica pero apenas se movió otro le pasó justo por sus narices. Retrocedió un poco pero se encontró con otro que estaba detrás de él, lo que hizo que perdiera el equilibrio y cayera de culo. El talón gastado de un zapato peludo hubiera caído sobre su cabeza si él no hubiera rodado, pero otro que le aplastaría unas cuantas costillas llegó a donde él estaba. Draco empezó a incorporarse al tiempo que salía disparado por los aires hacia el frente, gracias a la punta de un pie que lo lanzó cual balón a través de ese desorden.
Estaba perdiendo lo nervios, pero la adrenalina logró que se incorporara y se quitara del camino de otro pie que le haría lo mismo.
Un poco más estable, vio que otro iba a caerle encima, pero lo esquivó en el último minuto con un audaz movimiento hacia la derecha. Al volver a equilibrarse, otro zapato empezó a caer sobre él, pero de nuevo, logró evitarlo en el último momento.
Comenzó así, una especie de danza para librarse de los zapatos que caían sin remedio sobre él. Evitó uno, dos, siete, antes de que pisara mal alguna piedrita del piso y se diera de bruces contra el suelo. Se volteó rápidamente para ver como un último zapato acabaría con su vida pero lo que vio le pareció un tanto desalentador aunque lo embargó de alivio.
No había nada sobre él. Se incorporó con rapidez, guiado por sus instintos y la adrenalina que le seguía hirviendo a través de las venas y vio que a ambos lados del pasillo, los estudiantes se alejaban cada vez más de él.
Llevó los puños al aire y exclamó un grito de triunfo. ¡Había logrado salir de eso! ¡Y completamente ileso!
Pero luego de la alegría por haber ganado una batalla que creía perdida, la preocupación empezaba a subir por su garganta.
¿Dónde estaba Granger? ¿La multitud había logrado hacerse con la chica?
Aunque Draco siempre deseó que la chica no existiera, y que los sangresucias debieran morir, saber que Hermione Granger había muerto no era precisamente como lo había imaginado.
De hecho, una sensación extraña le subía por la garganta, algo parecido a la culpa.
Si ella estaba muerta, no era más que su culpa. Él los había hechizado, él la había hecho esperar en medio del pasillo a que los estudiantes los rodearan.
Giró alrededor pero no vio rastro alguno de la chica.
Oh no. No, no, no. Mierda.
Eso no era bueno.
—¡Granger! —llamó pero no obtuvo respuesta—. ¡Granger!
Estaba a punto de colapsar cuando, detrás de una armadura (del pie de la armadura) salió una chica que tenía las mejillas sonrojadas por el esfuerzo y el uniforme desarreglado, un aspecto no muy diferente al que él debía tener en esos momentos.
—¡Estoy bien, Malfoy! Llegué a la armadura a los pocos segundos de empujarte y decirte que corrieras pero tú te habías quedado atrás.
La ola de preocupación que había cargado el chico hasta hace unos momentos se esfumó tal cual vino, y dio paso a un sentimiento mucho más potente y mucho más común en Draco: la ira.
Ira porque ella no tuvo que preocuparse tanto como él por ser pisada, porque estaba bien, escondidita en la armadura y porque él (Draco Malfoy, rey de las serpientes, principal participante en la causa de la pureza de la sangre) se había preocupado por ella sin razón.
Empezó a caminar hacia ella, con el ceño fruncido y miles de cosas que espetarle con furia cuando tropezó con algo grande y se dio de bruces al suelo.
Hermione salió corriendo a su ayuda, pero él la rechazó y se levantó dando traspiés. Ahora sí que le iba a decir unas cuantas cosas feas a la estúpida sangresucia cuando ella vio el lugar donde había tropezado con horror.
—Malfoy… tu varita —dijo señalando un pedazo de madera no más largo que su actual pierna.
El aludido dirigió su mirada a donde Hermione señalaba y encontró su varita (o lo que quedaba de ella) en el suelo.
Su varita estaba reducida a escombros.
Su anterior furia, en vez de apagarse por lo que vio, se avivó aun más, quien puede saber por qué. Muy posiblemente fue el shock de encontrar el instrumento que lo hacía lo que era destrozado, o tal vez tener alguien perfecto para volcar su ira tan cerca.
—¡Maldita sangresucia! —le gritó a Hermione, seguido de una desorbitante cantidad de tacos.
—Malfoy… —intentaba decir ella—. Cálmate, Malfoy.
—¡¿Qué me calme? —gritó aun más fuerte, carente de cualquier sentido—. ¿Estás viendo lo que hiciste?
—¿Disculpa? —lo detuvo ella. Algo era aceptar que se descargara con ella y otra muy diferente que de verdad pensara que había sido por su culpa—. ¡Yo te pedí que nos escondiéramos cuando aun teníamos tiempo y tú te quedaste parado ahí! ¡Es un milagro que lo único que haya salido destruido haya sido tu varita!
—¿Ah sí? —respondió él con los ojos inyectados en veneno—. ¿Qué me dices de tu miedo a los Slytherin? ¿Por qué no trataste de ayudarme a llegar a ellos?
—¡Porque era un sin sentido! ¡Nos hubieran aplastado sin siquiera darse cuenta! ¿Y podrías por favor dejar de decir que le tengo miedo a tus compañeros?
Malfoy lanzó otra sarta de sandeces acompañada de una buena dosis de tacos antes de calmarse. O por lo menos aparentar estar más calmado. Con la mirada que tan llena de odio había estado hace unos instantes convertida en hielo seco le dijo a Hermione en modo de advertencia.
—A partir de aquí, nos separamos, Granger.
No sonaba molesto, ni feliz, ni siquiera desdeñoso. No transmitía ninguna emoción más que la suma indiferencia. A pesar del mensaje claro y conciso a Hermione se le dificultó entender lo que trataba de decir.
—¿Qué? —preguntó sorprendida—. ¿Qui–quieres que nos separemos?
—¡Cien puntos a Gryffindor por la mejor pregunta del año! —dijo él—. Sí, querida Granger. Ya que no tengo la varita, nada me ata a ti. Puedo valerme por mi mismo a partir de aquí, así que lo único que pido, es que te alejes lo más posible de mí.
Hermione analizó rápidamente la situación. Se le ocurrieron mil razones para no separarse en sus condiciones, pero de su boca no salió ni una. Malfoy interpretó su silencio como una aceptación de su plan y empezó a caminar por el pasillo, dejando a Hermione parada junto a su destrozada varita.
Ella le vio alejarse en silencio, sin siquiera dirigirle una mirada.
¿Por qué no le pudo decir nada? ¿Por qué no le expuso las ventajas de estar unidos en aquella situación?
Tantas preguntas y siempre la misma respuesta: Ella tampoco quería trabajar junto a Malfoy, y como él había dicho, sin la varita de por medio no se necesitaban el uno al otro, no había un objetivo común. Ninguna de las razones eran suficiente pesadas para alterar el orden natural de las cosas, eso era todo.
Los instintos que había tenido hacia la debilidad de Malfoy y su deber en ayudarlo se habían esfumado y en su lugar estaba la realidad, de que sin Malfoy discutiendo con ella, llegaría hasta Harry y Ron mucho más rápido.
Por supuesto eso significaba que tendría que contarles lo que había ocurrido y Malfoy pagaría las consecuencias pero ya no le importaba. De hecho, quería verlo sufrir por todo lo que le había dicho.
Ella se había estado haciendo la dura por todo, pero le dolía que la tratara así, aunque fuera un poco. ¡No era de piedra, tenia sentimientos!
Un poco mas recuperada de la soledad que ahora le poseía, vio donde se encontraba. Estaba en el tercer piso, al parecer. Malfoy había tomado una ruta que lo haría llegar hasta el hall principal. Ella debía llegar hasta el aula de encantamientos donde Gryffindor tenía la clase a esa hora, pero para hacerlo tendría que seguir el camino que había cogido Malfoy.
Excelente. Simplemente perfecto.
Cuando se dispuso a seguir los pasos de Malfoy, recordó la varita que aun estaba en medio del pasillo hecha trocitos y se dio cuenta que era una buena excusa para darle una ventaja a Malfoy.
Con un suspiro comenzó a retirarla del medio y apilarla junto a la pared, por si acaso Draco quisiera recuperarla luego.
Fue fácil transportarla por partes, aunque le tomó un buen tiempo dado la cantidad en las que había quedado.
Cuando se aseguró que estaba toda en la esquina junto a la armadura que la había protegido de la multitud, comenzó a caminar a su destino, esta vez mucho más decidida. Ya le había dado tiempo a Malfoy para ir mucho más adelante, así que no tendría que verlo de nuevo y discutir otra vez, lo que era algo que prefería evitarse a toda costa.
Ahora estaba sola en todo, pero eso no la haría desistir. Era una Gryffindor y además la bruja más inteligente de su generación, sabría cómo salir de aquello.
A partir del momento en que Malfoy la dejó sola, ella sabía que había comenzado la verdadera aventura.
[Continuará…]
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Aprovecho esto ultimo para decir que mi blog ya tiene las puertas abiertas y que estáis cordialmente bienvenidas a visitarlo (link en mi perfil). Es nuevo y no tiene aun muchas cosas pero os prometo que lo llenaré con muchos extras de mis fics ademas de cosas que no escribiré por estos lados.
¡Gracias por todo! Nos vemos la semana que viene a menos que en una visita al zoológico los monos me secuestren. Rezad porque no pase.
