Capitulo 2:
Si no puedes con tus enemigos, úneteles y si no, avergüénzalos
¿Aventura? Ja, ¿en serio? ¿En que estaba pensando cuando se dijo aquello?
Lejos de ser una aventura estaba podridamente aburrida. Al menos con Malfoy le quedaba el consuelo de poder discutir con él. Pero no, el muy burro decidió alterarse por una estupidez y pagarla con ella.
¿Qué podía hacer Hermione ante aquello? ¿Arreglar la varita? ¿Regresar en el tiempo y evitar todo lo que pasó ese día? ¿O tal vez, suplicarle a Malfoy?
¡No podía hacer nada! Aunque, si aun conservara el gira–tiempo regresar en el tiempo sería una magnífica idea...
Hermione se quitó esas ideas absurdísimas de la cabeza y volvió a enfocar su cerebro en el camino al aula de encantamientos. Había que admitir que sin Malfoy y su varita estaba yendo mucho más rápido.
Caminando sin parar estaba adelantando bastante camino, sí, pero también comenzaba a percibir las señales del agotamiento. Veamos, ella no era muy atlética que se diga y tal vez lo máximo que aguantaría seria los cien metros planos pero eso no le quitaba que estaba en una condición física decente y eso que en Hogwarts no daban ni gimnasia, ni educación física, ni nada. Comer saludable por fin estaba dando sus frutos, se dijo.
Comer. La boca se le hacía agua. No había podido desayunar por cuestiones obvias y ahora su cuerpo le estaba cobrando por ello.
Se dijo que lo primero que haría cuando volviera a la normalidad seria zamparse cinco platos de comida ella sola al más puro estilo de Ron y luego hablaría con Dumbledore para ver las posibilidades de implementar una materia que preparara a los jóvenes magos para travesías a pie y esfuerzos físicos considerables.
Pero primero tenía que llegar con sus amigos. Trató de enfocarse en eso para no pensar en cómo su cuerpo le pedía a gritos una pausa.
Lo logró, de hecho, pero empezó a preocuparse de nuevo. ¿Y que si ni Harry ni Ron lograban hacer el contra hechizo? Para empezar, ¿Qué hechizo había utilizado Malfoy? Podía ser desde un Reducio hasta una mezcla de hechizos mal realizados. Y si supiera el contra hechizo, ¿Qué garantizaba que Harry o Ron fueran capaces de hacerlo? No es que dudara de las habilidades de sus amigos —bueno, tal vez un poquitín—, pero posiblemente se les dificultara hacerlo y ella no quería acabar peor de lo que ya estaba.
La única otra opción que se le ocurría era esperar que el hechizo pasase, pero no sabía que tan potente era Malfoy, y tampoco sabía el encantamiento (o la maldición, pensó de pronto tragando en seco) que había utilizado así que los efectos podrían tardar en desaparecer horas, días o semanas y ella no quería estar así mucho más tiempo.
Lo que podría hacer era ir con Dumbledore, él tal vez comprendería y no le quitaría puntos por aquella tontería. Pero un momento, ¿Por qué le quitaría puntos si no había sido su culpa? En tal caso, se los quitaría a Malfoy y ya que ellos habían dejado de formar un equipo no se debían nada, por lo tanto Hermione no tenia de que preocuparse.
Pero por increíble que pareciese, sí le preocupaba. Solo un poquito, que conste. Tal vez no solo le quitarían puntos, sino que además lo expulsarían y Harry y Ron se encargarían de darle una paliza. Ella no podía vivir con tal cargo en su consciencia.
No, no, no. No lo expulsarían y ella misma trataría de evitar que Harry y Ron se salieran de sus cabales, ¿acaso estaba prestando atención a sus pensamientos? Que ridiculeces que eran, la verdad.
Primero, no tenia que preocuparse por lo que le ocurriera a Malfoy. ¡Por Merlín! No tenían porque expulsarlo, tan solo un castigo sería suficiente, ¿no?
Por otro lado, ni siquiera era necesario ir con Dumbledore o Madame Pomfrey o algún otro profesor. Eso lo haría si ni Harry ni Ron lograban devolverla a la normalidad, y se dijo que con sus conocimientos sería muy poco probable que eso pasase.
Cuando volvió a tranquilizarse, se dio cuenta que su respiración estaba agitada. Se detuvo para hacer una pausa. Tanto caminar no le estaba ayudando, y si encima le sumaban el peso de la preocupación se hacía mucho peor.
Respiró profundamente unas cuantas veces y subió los brazos sobre su cabeza para hacerlo mejor.
¿Por qué, eh, se ponía a pensar en esas cosas? ¿Por qué le daba tantas vueltas al asunto de Malfoy? ¿Acaso las palabras enemigo, sangresucia y odio no eran las primeras que se le venían a la mente al pensar en él? Y mira que no eran precisamente muy bonitas que se diga.
Pero así era ella. Pensaba demasiado las cosas.
Volvió a la marcha y empujó los pensamientos relacionados con el chico muy lejos. Ahora en cambio pensaba en todas las cosas buenas de su vida.
Sus padres, sus libros, la escuela, sus amigos… en esos momentos algo le vino a la mente; algo que le había estado dando vueltas desde hace unos días.
Vale aclarar que Hermione no era una chica de esas, que como Lavender y Parvati se la pasaba leyendo la revista Corazón de Bruja y pensaba en los mejores traseros masculinos todo el día. No, ella era un poco mas practica que eso.
Por eso mismo, se sorprendió a si misma cuando unos días atrás, durante la clase de pociones pensó que la sonrisa de Ron era bonita. ¿Qué? ¿Acaso era malo pensar en eso?
No, realmente, se había dicho Hermione. Pero luego, empezó a pensar que también los ojos de su amigo eran bonitos, al igual que algunos de sus gestos. Pronto se vio todo el día atrapada con ese tipo de pensamientos. Sentía la cara estallar de sangre cada vez que eso ocurría, más a menudo conforme pasaba el tiempo.
Lo había hablado con Ginny hace unos tres días, ya que ella al parecer si era una chica de esas y la muy condenada solo había canturreado una cancioncilla ridícula que decía algo como "Hermione está enamorada de mi hermano" y se había ido de la sala común muy contenta.
Aunque Hermione había pensado que iría a contarle a Ron, no lo hizo y se lo agradeció. No podría imaginarse lo incomodo de la situación si el pelirrojo le llegara a decir que sabía que ella pensaba que su sonrisa era bonita. O sus ojos, o su expresión al comer el postre (o respirar, ya que Hermione empezaba a encontrar belleza en los gestos más mundanos de Ron). Se llevó una nueva sorpresa al comprender que no sería lo mismo en el caso que lo dijera Harry, por ejemplo.
Se preguntó entonces si lo que Ginny le había dicho era cierto, lo de si estaba enamorada de Ron. ¿Lo estaría?
Había leído algunas novelas románticas en su vida y si mal no recordaba las protagonistas que siempre encontraban al amor de su vida convertido en un adonis cachondo decían que sentían mariposas revoloteando en el estomago al pensar en él, que al verlo parecía que el mundo se detenía por un instante para dejarlos a ellos dos solos y que al besarlo sentía una explosión y una fibra eléctrica descargándose por todo el cuerpo.
Vale, las ultimas cosas se las podía saltar ¡no estaba preparada para imaginarse besando a Ronald! y estaba muy segura que cada vez que lo veía estaba muy consciente de la presencia de Harry al lado. Lo de las maripositas en el estomago sí la intrigaba, más que todo porque ella creía sentirlas.
Vale, creía, porque sentía algo, sí, pero como cada vez que veía a Ron la embargaba una repulsión extrema (por tanta comida en la boca) o unas ganas enormes de estrangularlo (por esos comentarios que tanto la enervaban), no sabía identificar bien sus sentimientos.
Por otro lado, eso no era más que una hipótesis porque quedaba claro que Ron no era un adonis cachondo y ella no era la protagonista de un libro.
Por ahora, solo podía conformarse con esperar a ver qué pasaba y tratar de sonsacarle algunos consejos a Ginny para situaciones como esas. Pero dado su actual estado, lo mejor era seguir avanzando primero y luego preocuparse por sus dilemas hormonales.
Sin darse cuenta siquiera, logró divisar al final del pasillo una escalera por la que debía pasar. Llegó hasta ella lentamente, sin acelerar el paso. La verdad, su ánimo no fue a mucho mejor luego de pensar en las supuestas "cosas buenas" de su vida.
De hecho, todo lo contrario. Pensar en Ron le había hecho embargarse en otra nueva preocupación.
Suspiró. Ser adolescente estaba siendo difícil, verdaderamente difícil, por primera vez. Y no era precisamente por el hecho de medir veinte centímetros.
O tal vez sí, y resultaba que en esos veinte centímetros no cabían todos los sentimientos que flotaban por su cuerpo y se amontonaban en forma de pregunta en su cerebro. Se detuvo al borde de la escalera y la reconoció como la que tenía el escalón falso por el tapiz del Gótico Mágico* que se encontraba al lado de estas, representando a un mago con gafas de culo de botella blandiendo una varita, y a una bruja rubia (presumiblemente su esposa) muy seria y respingada. Nunca hablaban entre ellos o se comunicaban con otros cuadros, exceptuando las veces en que un estudiante metía el pie en el escalón falso y aprovechaban para burlarse de él con crueldad, sobretodo la mujer.
Por eso Hermione se dio cuenta que algo no andaba bien. A simple vista no parecía haber nadie en las escaleras, pero la mujer del cuadro no paraba de señalar al escalón falso y susurrar algo con saña a su esposo. El mago, que por lo general tenía un semblante serio e inexpresivo parecía contrariado. La comisura de su labio luchaba por levantarse para reírse pero sus ojos reflejaban desconcierto y cierta curiosidad.
Hermione bajó rápidamente los escalones necesarios para llegar hasta el que ocultaba la trampa. Desde el de arriba vio una pequeña mano que se sostenía precariamente del borde.
—¡Por las barbas de Merlín! —gritó mientras se acercaba a la pálida mano—. Malfoy, ¿eres tú?
—¿Granger? —dijo la voz de Malfoy desde abajo, algo contenida y apesadumbrada, tanto que no parecía él.
—¿Si?
—¿Por qué en vez de hacer preguntas idiotas no me sacas de aquí? —preguntó con su habitual tono de imbécil orgulloso.
Sí, era Malfoy, no había duda.
Hermione no se lo pensó mucho y le tendió una mano, en el más literal sentido de la palabra. El rubio levantó la mano con la que no se estaba sosteniendo de la escalera pero en vez de cogérsela a Hermione, dejó que ella se la agarrara a él.
—Con cuidado. Creo que me torcí la muñeca —se apresuró a aclarar.
Hermione asintió, aunque luego se recordó que Malfoy posiblemente no la estuviese viendo. Asió con fuerza la mano para darle a entender a Malfoy que lo tenía.
—Cuando cuente a tres te sueltas —le dijo. Malfoy gimió pero a Hermione eso le pareció un asentimiento—. Uno… Dos…
—¿Eres tonta, chiquilla? Detente en este instante —dijo una voz, lúgubre y penosa que obviamente no procedía de Malfoy.
Hermione abrió los ojos bastante asombrada. Giró el cuello a todos los lados para buscar la procedencia de aquella voz desconocida.
—¿Quién anda allí?
—Soy yo, aquí arriba. —Hermione levantó la cabeza hacia su derecha y vio que la voz procedía del mago del cuadro.
En vez de tranquilizarse por descubrir quien le había hablado, Hermione se preocupó más. ¿Por qué el mago de un cuadro que solo se dedicaba a callar le estaba hablando a ella?
—¿Qué sucede, Granger? —le llegó la voz de Malfoy esta vez—. ¿Por qué no terminas tú puta cuenta de una vez y me sacas de aquí?
—Eh… Malfoy. El hombre del cuadro me dijo que no lo hiciera.
—¿Qué hombre de que cuadro dices?
—Byron McKeeby para ti, muchacho patoso —saltó la mujer esta vez, con una voz estridente y que claramente podrías imaginarte burlándose o lanzando improperios crueles.
—¿Qué coño…?
—Veo que tu amigo no considera oportuna nuestra intervención —dijo esta vez el hombre del cuadro, Byron, dirigiéndose a Hermione.
—Oh, no, señor McKeeby. Malfoy no quiso ofenderlo —explicó Hermione con primor—. Él solo quiere que lo saque rápido y dado que usted tiene algo que decirme al respecto, no puedo hacerlo hasta que usted acabe.
—Muy conciliadoras tus palabras, de verdad, chiquilla —respondió Byron—. Serías una excelente política. Ahora, lo que intentaba decirte es que no puedes sacar a tu amigo de esa forma.
—¿Qué? ¿Cómo que no puede sacarme de aquí? —chilló Malfoy desde abajo.
Byron suspiró.
—Tu amigo es muy quisquilloso, chiquilla. Debería aprender a controlar su carácter.
—Dígamelo a mi —resopló Hermione.
—Eh... Granger, aun puedo oírte.
—Que buena noticia. Pensé que eras incapaz de hacerlo.
—Si aun sigues molesta por lo de esta mañana...
—¡Por supuesto que me molesta lo de esta mañana! —estalló Hermione—. Si me hubieras escuchado desde un principio...
—¿Podríamos discutir luego? Estoy empezando a no sentir mi brazo —gimió Malfoy interrumpiendo la marea de palabras de Hermione.
—Eh, sí —respondió Byron—. A lo que yo iba, chiquilla —dijo hablándole directamente a Hermione—. No puedes simplemente tirar de tu amigo hacia arriba. Su peso haría que ambos cayerais hasta abajo.
Hermione vio con nuevos ojos al retrato y pensó que no era tan malo como creía. Tenía razón, era simple lógica. Ella no era ni tan pesada, ni tan fuerte como Malfoy y al intentar tirar de él su masa, al ser mayor los arrastraría al precipicio que en aquellos momentos representaba el escalón falso para ellos.
—¿Entonces que tiene que hacer para poder sacarme de aquí? —escupió Malfoy, y aunque Hermione no podía verlo estaba segura que tenía el ceño fruncido.
—Oh, bien, no había pensado en eso aun.
—Viejo inútil —murmuró Malfoy en voz alta, suficientemente alto como para que la mujer del cuadro lo escuchara.
—¡¿Cómo te atreves a hablarle así, niñato engreído? —chilló—. Byron, deberíamos dejarlos a su suerte. Ni siquiera tienen el…
Hermione oía a la mujer parlotear en voz alta y sin pausa alguna, y le recordó bastante al retrato de La Dama Gorda que custodiaba la entrada a la torre de su casa. Tal vez se llevarían bien si se conocieran… sacudió la cabeza para olvidarse de esas trivialidades.
Se arrodilló en el borde del escalón, soltando la mano de Malfoy.
—¡Disculpa! —susurró presurosa.
El muchacho soltó una sarta de sandeces por enésima vez en el día. Hermione puso los ojos en blanco y se agachó aun más hasta que su cabeza quedara observando a Malfoy y la fatal caída que tenia debajo.
Ella no era alguien que tuviera miedo a las alturas pero ver los pisos los metros que quedaban hasta llegar al suelo le produjo el vértigo suficiente para que sufriera nauseas que de no ser porque no había comido nada en las ultimas doce horas hubieran acabado con vomito en la rubia cabeza de su compañero.
—Escúchame Malfoy —le susurró—, y escúchame bien. Trata de no abrir esa bocaza tuya mientras hablo con el retrato, ¿sí?
—Pero…
—Pero nada —refutó ella—. Necesito que me digan cómo sacarte de aquí y para eso necesito que te calles. ¿O acaso tú no quieres dejar de colgar de un escalón?
—Solo lo hago porque me duele el brazo —Malfoy entrecerró los ojos hasta que solo quedaron como finas rendijas.
Hermione asintió y se levantó justo en el momento en que Byron interrumpió el parloteo de la mujer diciendo:
—Nan, ¿Por qué no me dejas hablar con la chiquilla primero?
La mujer, Nan, giró el rostro como percatándose de la presencia de Hermione y su mirada llena de ira sobrecogió a la chica.
—No deberíamos decirle nada, Byron. El chico solo ha sido un grosero desde que cayó ahí y la chiquilla solo se ha comportado amable contigo porque quiere que le digas como salir de esta. No tienes la necesidad de hacerlo.
A Hermione le molestó el hecho de que Nan hablara de ella como si no estuviera, y también le molestaba lo que le decía a Byron porque era una completa falsedad. Tal vez la parte de Malfoy no, pero en lo que concernía a ella sí era una mentira. ¡Ella era amable con el señor McKeeby porque él lo había sido con ella primero! Aunque, quizá ella lo había sido porque de verdad quería que le dijera como sacar a Malfoy. Amabilidad por información…
¿Y que si el señor McKeeby también había aplicado esa jugada? ¿Estaba siendo amable porque también quería saber algo o porque simplemente era así con todos? A Hermione no le pareció que esa última opción fuera la acertada, dada la cara que siempre mantenía y la expresión que ponía al ver como los estudiantes saltaban el escalón sin darle la oportunidad de poder burlarse de ellos. Eso, omitiendo el hecho de que no solía hablar con nadie, le daban el aspecto de que no era alguien amable pero sí un buen impostor.
¡Por supuesto! El señor McKeeby quería algo que los chicos le podrían ofrecer pero ¿Qué era eso? Dadas sus condiciones había muy poco que ellos pudiesen darle. Hermione se aferró a esa posibilidad tan precaria cuando comenzó a hablar con una especie de plan en la cabeza. Sobra decir que dicho plan se valía bastante de la improvisación.
—Creo que se equivoca, Nan —comenzó Hermione bastante decidida—. Yo solo he sido amable porque el señor McKeeby lo ha sido conmigo. Al parecer, el que quiere que le diga algo es él.
—¿Es eso cierto, Byron? —preguntó Nan sorprendida viendo al mago que movía la varita con nerviosismo entre sus manos.
—Pues... —comenzó este, y tal vez de haber sido de carne y hueso y no tener tantos años practicando una expresión sin emoción alguna el señor McKeeby se hubiese sonrojado.
Hermione estaba que no cabía en sí. Había acertado con sus suposiciones. Recordó aquella frase de "Si no puedes con tus enemigos, úneteles y si no, confúndelos". Al parecer, no confundir pero si descubrir al señor McKeeby había funcionado.
—¿Y se puede saber qué es eso exactamente? —preguntó Nan colérica, tal vez porque no tenía la razón esa vez.
—Yo quería saber que los volvió pequeñitos —dijo Byron en un susurro.
—Entonces, ¿Qué os parece si hacemos un trato? —explicó Hermione.
—¿Qué tipo de trato? —El tono de Nan exponía claramente su desacuerdo.
—Vosotros me decís como puedo sacar a Malfoy de allí y él os dice como quedamos así.
—Me parece un trato justo —respondió Byron encogiéndose de hombros.
—Oh perfecto —Nan parecía rezumar cinismo por cada poro de pintura de su cuerpo—. Estaré en algún otro cuadro; cuando se te pase la estupidez volveré.
Estaba hablándole a Byron, claramente pero Hermione no evitó el pensar que también se dirigía a ella. Por suerte, su odio hacia la mujer se esfumó así como vino y para cuando se dio cuenta, Nan ya no estaba en el cuadro, proporcionándole a Hermione un desconcierto nada propio en su extrema sabiduría. ¿La mujer del cuadro más rígido y odioso de Hogwarts había salido a dar un paseo? Cuantas cosas increíbles se podían ver siendo tan pequeño, la verdad.
—Muy bien, chiquilla —comenzó el viejo retrato del mago—, primero que nada tienes que encontrar algo con lo que apoyarte.
Hermione volteó a ambos lados la cabeza buscando algo que le sirviera para aquella tarea. Al ver su desconcierto el señor McKeeby le respondió:
—¿Que te parece si haces una cuerda con tu túnica y la atas en alguna parte?
Bien, el señor McKeeby le había solucionado el primer inconveniente, ahora tocaba el segundo. ¿De dónde se iba a sostener? Malfoy, tan oportuno como siempre, había caído a un metro entero de la barandilla más cercana. Tendría que hacer que se moviera un poco hacia ella para poder sacarlo.
—Bien Malfoy, ya tengo un plan.
—¿Eso significa que ya puedo hablar?
—Sí, pero preferiría que te limitaras a escuchar —lo atajó ella—. Necesito que te muevas un poco hacia tu izquierda para sacarte con la barandilla de la escalera como sostén.
—Tengo la mano mal, Granger —respondió él—. ¿Cómo pretendes que lo haga?
—Venga, Malfoy, solo aguanta un poco de dolor.
—¿Por qué no aguantas tu un poco de dolor? —refunfuñó él cual viejo ochentón—. Me gustaría que sintieras lo que yo estoy sintiendo para que…
—Yo también lo estoy sintiendo —dijo ella histérica—. Tengo hambre, estoy cansada y ahora que recuerdo, hoy tengo que entregar una redacción de transformaciones y una de pociones que valen un cuarto de la nota final, así que necesito que hagas esto para salvar tu inservible pellejo de hurón y salir de esto lo más pronto posible.
Todo quedó en silencio después de ese discurso.
—Vaya, chiquilla, tienes carácter.
Ella se apartó un mechón de cabello que había caído en sus ojos mientras hablaba y musitó un "gracias" con un pequeño sonrojo.
Cuando volvió a bajar la vista hasta Malfoy vio que este refunfuñaba por lo bajo —literalmente, por lo bajo— pero se movía hacia la barandilla. Hermione vio que le costaba apoyarse con la mano derecha (la que se había torcido) y se sintió un poco mal por obligarlo a hacer ese esfuerzo pero luego se recordó que si le pasaba algo malo era toda su culpa por ser un idiota temperamental.
Mientras que él se movía, ella se saco la túnica y fue hasta la barandilla para ver cómo utilizarla de cuerda. Ella no era muy alta, por lo que la túnica no era lo suficientemente larga como para amarrarla de la barandilla y llegar hasta Malfoy.
Tendría que rasgarla en varias tiras para luego unirlas y hacer una gran tira larga. Gimió. Era su túnica favorita.
Se sentó en el suelo para empezar su tarea. Con ambas manos sostuvo la túnica frente de sí y rasgó. Escuchó el típico sonido de la tela al separarse a la fuerza una y otra vez hasta que de su antigua túnica solo quedaron jirones dispares. Se detuvo para observar lo que tenia. Era perfecto, ahora solo tendría que empezar a anudar.
Hizo varios nudos y los comprobaba varias veces hasta que al final tuvo una cuerda de tela negra siete veces más larga que ella. Agradeció que la tela de la túnica fuera tan gruesa y resistente pues los nudos no se resbalaban siquiera, lo que fue todo un alivio. Se levantó apresurada hasta la barandilla y amarró un extremo de su improvisada cuerda a uno de los barrotes.
Lo estiró con fuerza para comprobar que estuviese seguro. En ese momento la voz de Malfoy le avisó que ya no pretendía moverse más.
—Está bien —le respondió ella a la vez que se ataba el otro extremo de la cuerda a la cintura—. Quédate ahí, está perfecto.
—¡Sácame de una buena vez! —suplicó Malfoy—. No aguanto más.
—Bien, toma mi mano —le dijo y él le levantó la misma de antes, la mala—. A la de tres. Uno, dos, ¡tres!
Ella empezó a tirar de Malfoy con toda la fuerza de la que fue capaz. Sintió la presión en la cintura que ejercía la cuerda hacia atrás, y agradeció mentalmente a Byron McKeeby por haberle advertido de aquello. En verdad, Malfoy podría parecer delgado pero pesaba muchísimo más que ella.
Poco a poco se fue echando hacia atrás y vio como de repente la cabeza rubia de Malfoy hacia su aparición. Siguió tirando de él hasta que vio su rostro y sus hombros. Con el brazo que Hermione no le estaba agarrando, Malfoy se empujó el trecho que faltaba lo que desequilibró a la chica y la empujó hacia atrás haciéndola caer de culo.
Malfoy trastabilló gracias a que Hermione aun lo agarraba cuando cayó e hizo que él cayera sin remedio justo encima de ella.
Los corazones de ambos latían apresurados por el esfuerzo pero eso no fue nada comparado con el momento en que se dieron cuenta de su situación, con las caras a tan solo centímetros de distancia. En los cortos tres segundos que Hermione tardó en reaccionar solo fue consciente de los grises ojos de Malfoy y el retumbar acelerado de su corazón en los oídos.
Por primera vez Hermione detalló los ojos de Malfoy, de un gris plateado lleno de vetas grises más oscuras. Como un cuadro lleno de colores y a la vez tan simple como negro sobre blanco.
Pero los ojos fue lo único que pudo detallar antes de darse cuenta que tenia a Draco Malfoy (¡Draco idiota Malfoy!) encima. Con sus manos forcejeó para sacárselo de encima pero dado que él era más pesado pues… fue un intento infructuoso.
—Malfoy… me asfixias.
Él tardó un poco más en reaccionar pero cuando lo hizo brincó de donde estaba, poniéndose de pie en un salto. Se sacudió el falso polvo de la túnica para mantener las manos ocupadas.
Hermione se incorporó lentamente y se desató el nudo de la cintura.
—Muy bien, chiquilla —dijo Byron desde su marco.
—Gracias, señor McKeeby —respondió esta y Malfoy la vio con cara de pocos amigos.
—Oh, no fue nada, y por favor llámame Byron. Señor McKeeby me hace sentir viejo.
Hermione vio rápidamente a Malfoy que parecía querer hacer un comentario peliagudo sobre aquello. Ella lo fulminó con la mirada antes de responderle a Byron.
—Bien, Byron, gracias por todo.
—Espera un momento. Creo que ustedes también me deben algo —dijo Byron viendo a Malfoy y a la chica alternativamente.
—¡Oh claro! —recordó ella—. Malfoy, dile al Byron como terminamos así.
Él la vio con seriedad antes de estallar en carcajadas.
—Tú… idiota… ¿crees que le debemos algo a un cuadro? —decía mientras reía.
—Él me ayudó a cambio de esa simple información. Es un trato.
—Es un cuadro —replicó Malfoy con el mismo tono de marisabidilla que utilizaba Hermione—. No es real.
Dicho esto empezó a caminar para subir las escaleras pero Hermione lo detuvo al instante poniéndole las manos en el pecho.
—No me toques, asquerosa… —comenzó él arrastrando las palabras pero Hermione lo interrumpió.
—Tú, hurón, estúpido —dijo remarcando cada palabra con un empujón al pecho de Draco que lo desequilibraron un poco—. Vas a darte la vuelta y cumplir con nuestra parte del trato o si no yo misma me encargaré de lanzarte por esas escaleras y no volverte a subir.
El tono en que lo dijo, con esos ojos marrones ardiendo de furia aplacaron la poca valentía que quedaba en el muchacho y lo hicieron tragar en seco con verdadero temor. Al parecer Granger no jugaba cuando decía aquello y él era Slytherin, Merlín. Él cuidaba su pellejo.
Se giró para encarar al cuadro con la presencia de Hermione tras él.
—Yo eh…
—No te pongas nervioso, chico —dijo Byron—. No te puedo morder.
Aunque lo decía con una sonrisa y un tono afable lo más seguro es que de poder salir de ese cuadro, mordería a Malfoy y Hermione estaría ahí con su cara de haz–lo–que–te–digo encima.
—Yo, esta mañana —comenzó él—, nos convertí en lo que ve ahora.
—Vaya —contestó el mago del cuadro—, te digo, en los quinientos años que llevo colgado aquí jamás había visto algo similar.
Draco enarcó una ceja y se arrepintió de no poder haber dicho su comentario sobre la edad de hace unos minutos.
—Pero lo que trato de entender es el cómo, no el qué. ¿Cómo hiciste para hacerlos tan chiquitos? —dijo haciendo que sus dedos índice y pulgar quedaran a tan solo milímetros.
Hermione caminó hasta situarse también frente a Malfoy. Le interesaba lo que fuera a responder a aquella interrogante.
—Yo… no lo sé —dijo él rascándose la nuca—. No había pensado en eso.
Hermione abrió los ojos impresionada ¿Cómo que Malfoy no había pensado en eso? Mientras que ella se la había pensado en la cuestión… era para matarlo.
Byron veía a Malfoy calculador, con una mano en la barbilla.
—Verá —continuó el chico—, esta mañana estábamos ambos en el pasillo y llegó Peeves
—El poltergeist —asintió Byron.
—Sí, y el muy condenado me enervó y yo —hizo una pausa y Hermione supo que le costaba pronunciar las palabras—, fui un idiota impulsivo que empezó a lanzar hechizos a un poltergeist.
—¿Quién en su sano juicio lanza hechizos a un poltergeist? —preguntó el señor McKeeby retorico.
—Pues yo —dijo tajante Malfoy—. Entonces uno de los hechizos rebotó contra una armadura y nos dio a nosotros.
—¡Vaya! —exclamó Byron impresionado—. Vaya, nunca había visto algo así. ¿No recuerdas que hechizo utilizaste, chico?
—No —dijo Malfoy harto y Hermione se llevó una ligera decepción. ¿Ahora como sabría que cual sería el contra hechizo adecuado?—. No estaba pensando precisamente en que estaba haciendo, la verdad.
—¿En qué pensabas, entonces?
—En que el poltergeist es un idiota —Malfoy se sonrojó un poco pero luego terminó furibundo—: Solo quería que cerrara su puta boca de una vez antes de que siguiera diciendo idioteces.
—Ya veo… —respondió el cuadro.
—¿Ya podemos irnos? —preguntó Malfoy repentinamente irritado.
—Sí, ya habéis aclarado mis dudas. Espero volver a veros de todas maneras, vosotros sois los estudiantes más simpáticos que he visto nunca, y tu, chiquilla, tienes carácter, ya te lo he dicho. ¡Sigue así!
Hermione le sonrió y le murmuró un agradecimiento a la vez que le prometía al señor McKeeby que volverían cuando volvieran a la normalidad. Malfoy esta vez ni siquiera tuvo que ayudar a subir a Hermione ya que estas escaleras no eran tan altas como las primeras que se habían encontrado.
La chica lograba llegar y encaramarse con algo de esfuerzo hasta arriba mientras que Malfoy parecía estar saltando sin esfuerzo alguno.
Ninguno de los dos dijo nada mientras subían. Al llegar hasta arriba Hermione empezó a recordar alguna camino alterno para llegar a donde pretendían.
—Es un poco más largo pero no hay escaleras trampas por él —Malfoy no se inmutó siquiera, tan solo dedicó a asentir.
Hermione vio al muchacho y empezaron a caminar de nuevo. Seguía sorprendida por las respuestas que le dio a Byron. Primero, ni siquiera había estado pensando en eso, después, no recordaba que hechizos había utilizado y para colmo se irritó por las simples preguntas que le hizo.
Pero bueno, ella no pretendía entender a Malfoy, aunque su actitud la desconcertaba bastante.
—Oye Malfoy, aun no me has dicho como caíste en ese escalón, pensé que sabias que estaba ahí.
—Primero que nada, sangresucia, no veo el motivo por el que yo tenga que contarte que me pasa o me deja de pasar.
—Vale, si te vas a poner así… —dijo ella indignada—, pero dado que yo te saqué de allí sería justo contestar unas cuantas preguntas, ¿no te parece?
Él seguía con la vista al frente, sin mirarla, cuando contestó.
—Obviamente, Granger, también debo recordarte que tú me amenazaste a tirarme de nuevo ahí.
—Pero no lo decía en serio —dijo ella.
—¿Ah no? —Enarcó una ceja y se detuvo—. Entonces eres de las mejores mentirosas que conozco.
Ella también se detuvo y lo vio. Parecía el mismo Malfoy de siempre, con ganas de joder al primer incauto que viera e insultarlo hasta que llorara.
—Puede que sí lo sintiera un poco, sí —aceptó ella—, pero tu fácilmente podrías haberme ganado en una pelea cuerpo a cuerpo. No tendrías que haberme tomado tan en serio.
—En tal caso, no hubiera cumplido nuestra parte del trato. Agradece que tengas un excelente poder de coacción oral.
—¿Lo dice el mismo que hace unas horas se burlaba de mis insulsas amenazas?
Malfoy se encogió de hombros.
—Creo que tienes razón. Tus amenazas son insulsas, es el hambre que me hace no pensar las cosas bien. Tuviste suerte, Granger, felicitaciones.
Hermione lo vio retomar la marcha, tan tranquilo como siempre. Lo siguió rápidamente, justo al tiempo para escucharlo decir:
—Te concedo tres preguntas. Sobre lo que quieras. Solo escoge bien tus palabras y te responderé exactamente lo que quieras saber.
—Debo estar sorprendida, estos actos de bondad no se ven todos los días.
—No me gusta tener deudas con sangresucias. No me gusta tener deudas con nadie, la verdad.
—Entonces aceptas que te salvé —dijo ella.
—Sí, sí. Solo terminemos con esto. —Con un gesto de la mano le restó importancia.
—¿Prometes responder con sinceridad a todas ellas?
—Sí, y ahí va tu primera pregunta —contestó él.
—¿Qué? ¡Malfoy! ¡No es justo!
—Prometo responder con sinceridad pero no con justicia, Granger. Y yo te avisé que escogieras bien tus palabras.
Ella lo fulminó con la mirada.
—Eres más idiota de lo que pensaba.
—Gracias, Granger. Creo que no me había quedado claro después de las ultimas cincuenta veces que me lo dijiste.
Ella sonrió mientras los encaminaba a través de un pasillo que giraba a la derecha en un ángulo extraño. Al hacerlo, oyeron la campana de nuevo, anunciando el cambio de horas.
—¡Oh perfecto! —exclamó Hermione—. ¡Ahora cambiaran de clase!
—¿Los Gryffindor no tienen pociones justo ahora?
—¡Sí! Una clase doble —recordó algo de improviso— ¡con Slytherin! ¿No lo ves Malfoy? Tendremos que dirigirnos al mismo lugar.
—Wii —dijo él subiendo los brazos en una parodia a la emoción de la chica aunque su expresión daba la impresión de que aguantaba un estreñimiento terrible.
—Vale Malfoy, búrlate, pero cuando vuelvas a caer en un escalón falso yo no te sacaré.
—Y esa, es otra demostración de tus insulsas amenazas.
Ella volteó los ojos pero siguió caminando. Al poco tiempo, escuchó a Malfoy caminando tras ella pero sin decir nada. Al fin había entendido que trabajar juntos los haría llegar más rápidos y seguros. O quizás, apenas empezaba a entenderlo.
[Continuará…]
*El cuadro que describo arriba es una alusión–parodia al gótico estadounidense de Grant Wood. En él, el pintor retrató a su hermana Nan y a su dentista el Dr. Byron McKeeby. Podéis encontrar una imagen del original junto a las diferencias que describí en la historia en mi blog (link en mi perfil).
Ahora un mensaje de los patrocinadores (aka la autora):
Hola chicas. Gracias de corazón por todos los bellísimos mensajes que me habéis mandado. Espero que tengáis en cuenta que los leo todos pero por obvias razones (cofreviewsanonimoscof) no os contesto. ¿Qué os pareció este capítulo? ¿Demasiado loco? Disculpadme si tiene demasiados errores, sobretodo de coherencia, pero no pude corregirlo como se debe.
Esta semana ha sido de locos para mí, pero no ahondaré en detalles en esta nota. El tiempo para escribir se me ha agotado por completo y tenéis que estar conscientes de que solo subo este capítulo porque ya lo tenía prácticamente listo. Lo que quiero decir es que por favor me dejéis un pequeño respiro, ¿sí? Serán solo dos semanas que no actualizaré y luego volveré a las normales actualizaciones semanales, ¿vale?
Os prometo, por todo lo que queráis, que el viernes 26 de agosto volveré a actualizar. Sabed comprender que no estoy para escribir justo en este momento:(
Gracias, y disculpad las molestias.
