Capitulo 3:
Eres esclavo de lo que dices, dueño de lo que callas y pequeño por lo que preguntas.
Luego de caminar, no mucho más lejos llegaron a unas escaleras. ¿Es que ese colegio estaba diseñado para tener que subir escaleras a cada momento? ¿Quién tuvo la brillante idea de poner más escaleras que alumnos, eh?
Draco bufó mientras se adelantaba para bajar primero. Ya había superado lo de braguitas Granger porque no hizo ningún comentario al ver a Hermione bajar. Ella estuvo atenta a sus movimientos, por si acaso. Bajaron los primeros escalones en silencio. Hermione sabía que casi cualquier cosa que dijera sería utilizada en su contra para posiblemente empezar una nueva discusión así que había preferido mantenerse callada.
Draco por su parte le daba vueltas al asunto del interrogatorio del cuadro. ¿Por qué no había pensado en eso? Seguro que Granger ya había hecho una lista mental de los pros y los contras, una reflexión artística sobre el tema y había pensado en lo que haría la semana siguiente a la vez que analizaba cual contra hechizo sería el mejor para devolverlos a la normalidad.
Nunca lo admitiría, pero envidiaba a Granger. Su prodigiosa mente era algo digno de admirar, la verdad. Trabajaba a una velocidad extraordinaria y analizaba cada punto de una situación antes de dar con alguna respuesta. Siempre sacaba excelentes notas en clase, lo que era otro golpe al orgullo de un Malfoy y andaba feliz por el castillo paseando con sus amigos cada vez que lo veía. Era organizaba y se administraba de una forma insana. Pero lo que más sorprendía y repugnaba a Draco de formas iguales, era el estado de su sangre: sangresucia de pies a cabeza. Ni una gota de sangre pura corría por sus venas, y aun así era mucho mejor que él, un mago de alta estirpe (y eso lo jodía).
Se giró un poco para verla caer sin gracia alguna del último escalón y ahogó un bufido recordando las palabras de su padre. "No te preocupes Draco, algún día los sangresucias tendrán su merecido" solía decir cada vez que Draco llegaba a casa cabreado por ser superado por Granger, pero a menos que "recibir su merecido" hubiera sido encogerse como un lápiz (con un bonus de ser acompañada por él mismo) Draco pensaba que ese día nunca llegaría.
Gruñó por lo bajo al recordar ese tipo de cosas pero Hermione logró escucharlo. No le estaba prestando atención a la chica pero de pronto, cuando se volvió hacia ella, la vio moviendo los labios hacia él.
—…del escalón —alcanzó a oírla decir.
—¿Qué? —le preguntó frunciendo los labios en un gesto despectivo.
—Es mi segunda pregunta, la que prometiste responder con honestidad —le aclaró ella.
Él puso los ojos en blanco.
—Granger, no escuché la jodida pregunta.
—¿Cómo caíste del escalón? —repitió ella con paciencia.
—Ah, eso —repuso él sin ganas mientras giraban en un recodo—. Supuse que lo preguntarías.
Hermione no dijo nada más. Ya que casi cualquier cosa que dijera podría ser lo ultimo; prefirió callar y esperar a que Malfoy dijera algo más. Tenía el presentimiento de que le contestaría, solo se estaba haciendo el de rogar. Era algo que había sabido observar en Malfoy: le encantaba que lo adoraran y si no la creían, bastaba con observar el tipo de personas con las que se codeaba el niño.
Crabbe y Goyle eran como dos simios que solo cumplían dos funciones en la vida: seguir a Malfoy a sol y sombra, y gastar espacio prescindible. De hecho, ahora que lo pensaba, Hermione nunca había visto a esos dos lejos de Malfoy por más de una hora o dos. Para ellos, Malfoy era una brújula que los llevaba siempre al norte (que en este caso solo eran las necesidades del rubio) y les daba un propósito en la vida. No tenían siquiera que pensar mucho, solo debían asentir y cumplir a todo lo que Malfoy les indicara, lo que sobra decir inflaba el ya de por si hinchado ego del chico.
Por otro lado, estaba Pansy Parkinson. A Hermione le parecía ese típico prototipo de chica que se podría lanzar a brazos de cualquiera pero siempre quería estar con el que más la despreciaba, haciéndolas parecer lame botas arrastradas, porque vamos a estar claras: Draco Malfoy solo se juntaba con Parkinson porque era la única chica que le prestaba atención. O la suficiente atención para que él se sintiera complacido, lo que no hacía más que comprobar su teoría de que Malfoy gozaba con atenciones de otros.
Por eso tal vez, se dijo Hermione, también le había molestado de sobremanera tener que salir de esta situación solo, por su propia cuenta, con la única compañía de una chica que no pretendía hacerle ni medio caso.
Hermione sonrió al descubrir lo fácil que era entender a Malfoy. ¡Debería haberlo intentado antes!
—No es una gran historia —terminó diciendo él al ver que ella no le empezaba a acribillar a frases del tipo "Vamos, cuenta" como seguro solía hacer Parkinson. Hermione solo asintió lo que hizo que Malfoy continuara sin más premura—. Cuando me abandonaste, yo…
—Espera, ¡yo no te abandoné! —le refutó ella. ¿Con que Malfoy ahora solo recordaba su alterada versión de los hechos? Ya vería ese rubio oxigenado—. ¡Tú me abandonaste junto a tu varita!
—Tú no me detuviste, lo que yo tomo por sentado, convierte nuestra separación en un mutuo acuerdo. ¿O, queridísima Granger, tenías algún motivo para quedarnos juntos que se te haya olvidado decir en aquellos momentos?
—Lo dices como si hubiese sido lo correcto. Tu mismo fuiste victima de lo que nos podría pasar trabajando cada uno por su lado.
—Pero, vuelvo a remitirme a aquel momento en el que tú tampoco estabas muy consciente del peligro que corríamos estando separados.
—¡Claro que lo estaba! —aulló ella coloreada de un divertido tono carmín.
—¿Entonces por qué no dijiste nada? ¿Por qué no me detuviste? —preguntó Malfoy con saña, sabiendo el efecto que ejercía en Hermione.
—¡Porque yo tampoco quería trabajar contigo! —exclamó Hermione sin pensarlo.
Hubo un silencio mientras ambos repasaban las palabras de la chica. Malfoy se enfureció. ¿Cómo se atrevía esa sangresucia del demonio a despreciar su compañía? Estaba claro que él podía hacerlo, pero ella estaba destinada por sangre y jerarquía a servirle y obligarse a alegrarse por ello. Aun así, mantuvo la compostura pues no podía permitirse que una sangresucia (muy inteligente y todo, pero inferior para él al fin y al cabo) lo desequilibrara en aquellos momentos.
—Entonces, ya que te has hundido tu sola —le dijo con pausa, casi con un deje áspero de impaciencia—, ¿puedo continuar mi relato?
Ella respiró profundamente y contó mentalmente hasta diez antes de murmurar un quedo "sí". Debía aceptar que además de enfurecerla enormemente, Malfoy también la sorprendía continuamente. Por un momento, y cuando soltó aquellas palabras de sopetón pensó que Malfoy no se molestaría siquiera en responder su pregunta pero ahí estaba, dispuesto a hacerlo para ser escuchado por la persona que más lo odiaba en esos momentos.
Por Dios, que estaba bastante necesitado de atención.
—Bien, como iba diciendo —Malfoy subió la cabeza con altanería, dispuesto a ignorar a Hermione de ser necesario para seguir hablando—, cuando acordamos que nos separaríamos, yo empecé a caminar hacia el Gran Comedor. Ahora que lo pienso, de no haber caído en ese ridículo escalón mis tripas no estarían haciendo este horrible sonido.
Hermione no pudo escuchar el horrible sonido de las tripas de Malfoy, pero se dijo que seguramente era muy parecido al que emitían las suyas propias.
Luego se preguntó porque en vez de dirigirse al Gran Comedor solo para comer, no buscaba a alguno de sus amigos que lo devolvieran a la normalidad. Al final recordó que el muy inteligente no había pensado en eso, y probablemente la seguridad de sus tripas elitistas le hubiese ocupado la mente todo ese tiempo. Sus sospechas al fin se confirmaban: Malfoy podía ser mucho más superficial de lo que parecía.
—Cuando llegué a las escaleras comencé a bajar con tranquilidad —continuó diciendo—, ¿Cómo iba a saber, con este tamaño, que esas eran las escaleras que tenían el jodido escalón falso?
Sí, definitivamente el hambre había mantenido muy ocupado a Malfoy, no había otra opción a menos que fuera extremadamente tonto y descuidado. Hermione había reconocido las escaleras con tan solo ver el cuadro de Byron y Nan, ni siquiera había tomado mucho de su tiempo.
—De repente, con tan solo tocar el escalón con las puntas de los pies, sentí como caía al vacio. Con rapidez me así del escalón de arriba con la mano derecha —Levantó dicha mano, la cual Hermione recordaba era la que tenia torcida—, así fue que me la torcí. Traté de aferrarme para poder subir con la otra pero ya estaba colgando, y con una sola mano y nada de lo que apoyarte o impulsarte es muy difícil salir de una situación así. Por suerte —escupió al final—, llegaste después de unos pocos minutos, para ponerte a crear lazos afectivos con cuadros encantados en vez de sacarme de ahí rápidamente.
—Si no hubiera sido por Byron ambos hubiéramos acabado cayendo por el escalón —le dijo ella.
—Detalles menores —dijo él encogiéndose de hombros—, lo que no entendí bien fue porque tuviste que hacer tratos ridículos que me incluían en ellos con un retrato más viejo que Dumbledore.
Ella negó con la cabeza pero no contestó. Sabiendo lo cerrada que llegaba a ser la mente de Malfoy, sería una pérdida de tiempo tratar de hacerlo entender cuestiones que involucraran sentimientos o relaciones interpersonales de cualquier tipo.
—¿Entonces, Granger? —dijo él al cabo, después de varios minutos de caminar en silencio—. ¿Tienes alguna otra pregunta?
Su tono no era duro, y a Hermione le pareció bastante carente de cualquier emoción a excepción de un hastío indescriptible. La estaba incitando a hacer la última pregunta, tal vez para salir de eso de una buena vez o tal vez para que a Hermione no le diese tiempo de pensar en una buena. Muchas se agolparon en su mente pero ella ya estaba preparada, y con las palabras muy bien elegidas.
—¿Por qué motivos no habías pensado en lo que nos pasó todo este tiempo?
Él gruño y bajó la mirada.
—La siguiente pregunta.
—No hay siguiente pregunta, Malfoy. Prometiste responder a lo que sea que yo preguntara con honestidad.
Él pareció pensárselo un poco, como sopesando sus opciones. A Hermione le extrañó que no quisiera hablar de eso. ¿Acaso era algo que lo molestase? Eso explicaría su humor al responder las preguntas del señor McKeeby pero ¿qué era eso? ¿Algo vergonzoso? ¿Algo estúpido? ¿Algo secreto que temía decir por error?
—No estaba pensando en eso porque no era lo mejor que se me ha ocurrido en todo el día. Además, seguro ya tú has pensado bastante en eso, ¿no? —respondió.
—Estas evadiendo la pregunta —indicó ella haciendo que él se tensara y volteara el rostro para no tener que mirarla—. No importa, no te molestes en contestar. Prefiero que cuando estés preparado para responder con honestidad lo hagas, antes de tener que escucharte mentir una y otra vez.
Malfoy asintió reacio. ¿Qué había sido aquello? ¿Por qué había dejado que Granger lo dejara estar así de fácil? ¿Por qué se le dificultaba tanto responder aquella pregunta?
Tal vez fuera porque ni él mismo sabía la respuesta.
—Es por aquí —dijo Hermione de improvisto haciendo que se olvidara de esos pensamientos.
Cruzaron a la derecha en un pequeño pasillo con travesaños a la vista y una parte del techo descubierta. La piedra del suelo estaba llena de polvo —Draco podría afirmar que había cantidades de polvo más grandes que él— y se veía que era un pasillo destinado al abandono. No había cuadros, ni armaduras, pero un aura que destilaba magia por todos lados inundaba el corredor.
—Este pasillo no me gusta, Granger —le dijo con su habitual arrastre de palabras distorsionado por algo más. ¿Miedo, quizá? Draco se detuvo para observar a su alrededor.
Ella haciéndose con toda la valentía que le fue posible siguió caminando pero se giró un poco para decirle al muchacho:
—A mi tampoco, Malfoy, pero si lo pasamos rápido…
Draco nunca llegó a enterarse de que pasaría si pasaban ese pasillo rápido pues Hermione, que ya estaba más adelante que él, chilló con autentico terror y empezó a echarse hacia atrás, en su dirección.
Luego del aullido de la chica lo siguiente que escuchó Malfoy fue un "el piso se desquebraja" seguido de el sonido de un montón de piedra agrietándose.
A su alrededor, vio como al suelo se resquebrajaba así como el hielo de un lago a punto de descongelarse. Los pedazos que quedaban intactos eran de un tamaño enorme, por lo menos para ambos, pero tal vez, si hubieran tenido un tamaño normal no hubieran podido mantenerse en pie sobre ellos.
—¿Qué sucede, Granger? —gritó Draco a Hermione.
Lo que antes eran tan solo unos pasos ahora eran varios centímetros de distancia. Al separarse el piso, ambos habían quedado en partes separadas, que se distanciaron entre sí.
—¡No lo sé! —contestó ella a gritos—. Esto no es como nada que aparezca en La historia de Hogwarts.
—¿Me vas a venir con que no sale en tus malditos libros? Piensa en algo, Granger.
—¡Tampoco lo sé, Malfoy! —estalló ella, su tono subiendo varias octavas por el desconcierto que le subía a tropel por la garganta.
Trató de tranquilizarse inhalando por la nariz, y exhalando por la boca el aire. Mientras lo hacía, su mente trabajaba a toda máquina, buscando una solución a aquel problema, conectando ideas, justificando los hechos.
—¿No te parece algo extraño, Malfoy? —preguntó con un ligero temblor en la voz.
—Para nada. Si en casa tenemos pasillos que se resquebrajan por todos lados.
—No eso —repuso ella, ignorando el sarcasmo del muchacho—. ¿Te das cuenta que estamos flotando, como si los pedazos del suelo fueran pedazos de hielo sobre el agua?
Malfoy cayó en la cuenta de que tenía razón. Lo normal sería que si el suelo se resquebrajase, caería inevitablemente gracias a la gravedad pero en cambio parecía flotar como si algo lo sostuviera debajo. No había nada, lo pudo comprobar al asomarse a la orilla y ver que bajo ellos solo había aire y el pasillo que estaba justo debajo a unos cuantos metros.
—Magia —susurró sin pensarlo.
—Exacto. Algo… o alguien, hechizó este pasillo —concluyó Hermione.
Automáticamente ambos vieron a todos lados para descubrir al causante de aquel jueguito. No pasaron más que segundos hasta que la cabeza que Malfoy más deseaba ver aplastada en el mundo, se asomó por la esquina del pasillo.
Peeves, con su pajarita naranja y sus ropajes estrafalarios, escrutó la escena de arriba abajo, al parecer sin entender que pasaba. Al bajar su mirada, la posó a donde estaban ambos chicos. Los escrutó categóricamente y al descubrir quienes eran, sonrió con cinismo y se acercó flotando hasta ellos.
—Vaya, vaya. Así que Malfoy y Granger no murieron —dijo degustando el placer de la burla—, sino que se convirtieron en cositas chiquititas que lograron activar mi trampa.
—¡Deja que te atrape, pedazo de…!
—¡Malfoy! —chilló Hermione, alterada por ver al rubio en otro de sus impulsivos ataques.
—¡Por su culpa estamos así! —le espetó el aludido.
—No, no, no. Tu novia tiene razón —le dijo Peeves como un padre regañando a su hijo—. No debes tratar así a alguien con el poder que yo tengo.
—¿Qué poder, estúpido espectro de mierda? Si te cagas cada vez que ves al Barón sanguinario.
Peeves dio unas cuantas volteretas en el aire. Hermione estaba expectante a la próxima reacción de cualquiera de los dos pero temía más a la del poltergeist que a la de su encogido compañero.
—Hum… —terminó diciendo Peeves rascándose la barbilla con un aire reflexivo—. ¿Pero acaso el Barón sanguinario esta por aquí ahora? No lo creo.
Luego de eso, Hermione solo estuvo consciente de que en un momento estaba viendo a Peeves chasqueando los dedos y en el otro estaba cayendo junto a todos los pedazos del suelo. Por sobre sus gritos escuchaba las estruendosas risas de Peeves, que al parecer estaba divirtiéndose a costa suya. No podía ver a Malfoy entre todos los escombros de piedra que veía y eso la alarmó lo suficiente como para no darse cuenta que algo iba mal. O para no darse cuenta a tiempo.
Estaban cayendo demasiado. Los pasillos de Hogwarts no eran tan altos como para durar cayendo uno sobre otro más de diez segundos.
Una ilusión. Peeves los estaba engañando.
Se levantó mientras veía como todo seguía "cayendo" a su alrededor pero no se sorprendió al comprobar que se podía estar de pie sin trastabillar.
—¡Malfoy! —gritó. Si no podía verla al menos podría escucharla—. ¡Malfoy, es una ilusión! ¡No estamos cayendo de verdad!
Al decir eso todo se detuvo. Vio a Malfoy bien sujeto al borde de piedra, como si hubiera temido caerse cuando la verdad era que no corría ningún peligro. Sus ojos se encontraron una fracción de segundo pero pudo ver que las frías irises de Malfoy desprendían fuego, odio. Luego subió la vista y vio a Peeves viéndola calculadoramente.
—Vaya, Granger —le dijo mientras aplaudía—. Eres mucho más inteligente que tu novio. Me agradas.
—Malfoy no es mi novio —le escupió molesta.
—Ya que has visto mi poder, rubiecito, ¿Qué dices? —preguntó el poltergeist a Malfoy, ignorando a Hermione olímpicamente.
—¿Por qué no nos vuelves a la normalidad? —dijo Malfoy enarcando una ceja—. ¿Tu poder no te sirve para eso?
El poltergeist pareció pensárselo, mientras Malfoy esperaba, con la esperanza de que cayera en su improvisado juego y Hermione los veía a ambos, expectante.
—Así las cosas, no serian tan divertidas. Al menos para mí —terminó diciendo Peeves largando una risotada y flotando por todo el pasillo volviendo a cantar la canción de "Granger y Malfoy, escondidos en un pasillo…" que había sacado a Malfoy de sus casillas hace unas horas. Hermione lo vio de reojo solo para comprobar que el muchacho no había vuelto a estallar. Lo vio apretando y aflojando sus puños una y otra vez, como tratando de no gritar estupideces, o tal vez recordándose que esta vez no tenía una varita con la cual desquitarse.
Las risas de Peeves se fueron apagando hasta que en el pasillo no quedó rastro del poltergeist. Se había marchado, y los había dejado ahí, pequeños y entre un suelo resquebrajado.
—¿Crees que volverá? —preguntó Hermione pero Malfoy no le contestó.
Ella se aventuró a pensar que Malfoy estaba controlando su ira, aunque posiblemente estaría pensando en cómo matar a Peeves de unas cien maneras diferentes, todas lentas y dolorosas. Sin perder tiempo ella trató de acercarse a él para salir de una buena vez del pasillo. Llegó hasta el final del pedazo de suelo donde estaba parada y vio hacía abajo. Parecía una caída mortífera, tanto si medias veinte centímetros como si fueras de dos metros, pero ella estaba segura que no era real.
Muy llena de orgullo en si misma dio un paso al frente, poniendo el pie en el aire como si quisiera lanzarse de pie desde allí. Bajó el pie con seguridad y justo cuando parecía que caería irremediablemente, tocó una superficie: el verdadero suelo. De pronto, todo el piso se volvió uniforme de nuevo como si el lago que hubiera empezado a despedazarse se hubiese congelado nuevamente y volviera a ser una superficie segura para patinar, toda lisa y para sorpresa de ambos, totalmente limpia.
Caminó hasta Malfoy que levantó la mirada al verla llegar. Él notó el cambio en el pasillo, pero no dijo nada, solo taladró a la chica con la mirada. Hermione quiso espetarle algo como el porqué la miraba así pero no alcanzó a hacerlo, pues Malfoy reanudó la marcha para salir de allí y volverse a su destino. Hermione tardó un poco en darse cuenta que su compañero ya estaba lejos de ella. Trotó un poco para alcanzarlo. Quiso volverle a espetar que la esperara o algo pero al garganta la tenia bloqueada repentinamente por la furia.
Malfoy parecía estar molesto (otra vez) con ella. ¿Y a ver, por qué era esta vez? No había hecho ni dicho nada que ella pensara que lo molestaría, más bien lo había dejado estar mientras discutía con Peeves. Pero en verdad, ¿estaba molesto con ella o estaba molesto con Peeves y le cargaba el mal humor a Hermione? Vaya que Malfoy era complicado. ¡Parecía una chica!
Durante su camino hacia abajo en el que encontraron más escaleras (como si eso fuera algo sorprendente) Hermione le soltó otras cuantas indicaciones de hacia donde debían dirigirse así como unos cuantos comentarios que trataban ser afables pero desistió al ver que Malfoy la ignoraba como si ella fuera una pústula de pus esparcida en el suelo.
Hermione se puso a pensar entonces en otras cosas. Se empezó a imaginar que hubiese sucedido si todo aquello le estuviese pasando a ella sola. Aparte de que sería casi totalmente improbable, dado lo meticulosa que era ella, tal vez hasta ya hubiera salido de aquello. Luego empezó a imaginarse en esa misma situación con cualquier otra persona del castillo. ¿Qué hubiera pasado si Ron en vez de Malfoy los hubiera dejado de ese tamaño? Pues Hermione estaba segura que lo primero que le hubiera gritado hubiese sido un "¡Mira lo que has hecho, Ronald!" muy a lo señora Weasley. Pero además de eso no hubieran tenido más inconvenientes. Ella lo guiaría y Ron la seguiría porque de seguro vería que tenía la razón; habrían ido a la torre de Gryffindor sin miramientos, sabiendo que aunque no encontraran a Harry cualquier otro alumno de su casa estaría dispuesto a ayudarlos y habrían acabado con ese problemita hace mucho tiempo.
Si hubiese sido con Harry, con Ginny, o inclusive con Neville, todo sería así de fácil.
Además, ella no cargaría con esa sensación extraña de estar a punto de meter la pata con cada movimiento. Oh, sí, porque había descubierto que cualquier cosa que dijera era refutada o mal vista por Malfoy. También tenía un extraño carácter con facetas que se asemejaban a un trastorno de la personalidad múltiple, lo que hacía aun más difícil tratar de entablar conversación con él, y luego estaban también lo incómodos que eran los silencios.
Por lo general, ella solía disfrutar del silencio y cuando estaba con Harry o con Ron estar callados no era algo alarmante o perturbador. Cuando se quedaban en silencio solo sonreían y seguían en lo suyo con un ambiente agradable y apacible, pero con Malfoy eso era una tarea casi titánica o casi imposible. Él no le hablaba y no parecía querer hacerlo, y Hermione sentía que debía llenar esos vacios de alguna manera, generalmente una que la ponía en ridículo con Malfoy.
Al principio atribuyó que por la falta de confianza no sabía cómo actuar frente a él. Luego se dijo que no tenía que formar un lazo de confianza nunca, dado que eran como enemigos así que le atribuyó aquello de los silencios incómodos a la maldita actitud de Malfoy, pero ahora empezaba a dudar de ella misma. ¿Sería que esos silencios solo eran incómodos para ella? Nadie podría decirle a ciencia cierta si es que Malfoy disfrutaba o no de callar y ella no sería quien le preguntara.
Otra vez volvía a enrollarse como una persiana. Sacudió la cabeza tratando de patear esos pensamientos lejos de su mente. Últimamente Malfoy le estaba causando más dolores de cabeza que los necesarios.
Para volver a alejarse de esa situación pensó en algo que la estaba rondando por la cabeza desde hace un rato. Peeves.
Ese personaje se las traía, de verdad, y cada vez demostraba más que no era alguien de fiar.
Bueno, ciertamente nunca había sido alguien de fiar pero el caso es que Hermione nunca pensó que fuese tan inteligente. Siempre había atribuido su carácter burlón y sus ganas de entorpecer la vida cotidiana a que era en lo único que era bueno pero al parecer había más del poltergeist de lo que ella sabía.
Sabía que era indestructible (técnicamente todos los saben, lo que pone en evidencia el carácter impulsivo de Malfoy) y que había estado en Hogwarts desde hace muchísimo tiempo. Sabía que por ser un poltergeist tan solo era un espíritu, nunca había sido humano, por lo que no se le podía catalogar como fantasma tampoco, además de que era solido; tan sólido como para tumbar cosas y lanzar objetos. La otra cualidad que a Hermione le había desconcertado por tantos años era que Peeves podía desaparecerse. Ella siempre se lo atribuyó a que tenía ciertas cualidades de un fantasma pero hace solo un rato había descubierto que tal vez era otra cosa.
Peeves no podía hacer magia tampoco, lo cual era todo un descubrimiento. Él solo podía hacer ilusiones.
—Peeves no puede hacer magia —murmuró para sí misma impresionada.
Lo que no esperaba es que Malfoy la escuchara.
—¿Qué? ¿Y eso es importante porque…? —Dejó la pregunta en suspenso como esperando que la chica la completara.
Ella se sorprendió de que él le hubiese dirigido la palabra así que en vez de responderle comedidamente dejó que el mal humor que llevaba acumulándosele se escapara a la superficie.
—¿Ahora me hablas de nuevo? —preguntó ella con cierto rencor oculto en sus palabras.
—Lo dices como si te importara que te hablara o no —le dijo él. Ella puso los ojos en blanco por enésima vez en el día y siguió caminando. Esta vez fue el chico el que la siguió—. Veras, Granger, tengo mis parámetros. Puedo soportar bien tus redundantes preguntas acerca del tiempo o los comentarios sobre tus amigos, porque de lleno, no me importan.
Ella se detuvo para verlo. Tenía la barbilla en alto y estaba alzado al completo, cuan largo era, lo que hacía que al mirarla, hiciera un gesto como si estuviera viendo el sucio de sus zapatos.
—Pero —continuó diciendo—, hay estupideces que no puedo evitar escuchar creyendo que son importantes cuando la verdad, preferiría que me dijeras que te casas con tu gato.
Ella enrojeció de ira.
—Está bien, Malfoy. ¡No volveré a hablar si tanto te molesta! —exclamó y salió a (pequeñas) zancadas de ahí.
—No me molesta —escuchó decir a Malfoy desde atrás. Se detuvo en seco.
¿Qué? ¿Qué había dicho Malfoy?
—¿Qué dijiste? —preguntó ella dándose la vuelta y vio que Malfoy seguía en el mismo lugar que antes.
Él, al parecer estaba seguro de que acababa de decir lo más absurdo que había escuchado en su vida. ¿Cómo que no le molestaba que Granger hablara? Ahora tendría que dar explicaciones que ni siquiera él conocía a ciencia cierta.
—Yo… quiero decir —comenzó repentinamente atragantado—, sí me molesta.
—Acabas de decir que no te molestaba —le dijo ella perspicaz.
—Vale, pues entendiste mal —atajó él—. Lo que quise dar a entender es que quiero que me digas de una puñetera vez como es eso que Peeves no puede hacer magia, no que me agrade especialmente tu tono de marisabidilla ñoña.
Ella lo fulminó con la mirada. Bien, seguía siendo Malfoy y seguía tratándola igual de mal que hace unos minutos, seguro él muy tonto tenía razón y ella le había entendido mal. Suspiró y con resignación preguntó:
—¿De verdad te interesa?
Él pareció pensárselo unos minutos.
—Pues sí —terminó diciendo, y en su tono no había atisbo de burla o sarcasmo, lo que volvió a extrañar a Hermione. La chica lo vio unos segundos, evaluándolo con la mirada pero al no encontrar nada en Malfoy fuera de lo común (o más fuera de lo común de lo que ya estaba) dejó su mal humor a un lado.
—Estuve pensando, que hace un rato, cuando estuvimos en el pasillo vimos lo que era capaz de hacer Peeves.
—¿Entonces? —preguntó él, seguro de que estaba perdiendo su tiempo, y todo porque había metido la pata diciendo una estupidez.
—Que aquello no era magia, magia. Era solo una ilusión. Por eso el piso no se vino abajo y parecía que estaba flotando. La verdad es que nunca se resquebrajó. Igual sucedió cuando Peeves nos hizo creer que caíamos, todo era una ilusión.
—Un buen truco… —dijo él acariciándose la barbilla. Ahora que le ponía atención, podía ser que Granger tuviera razón (para variar).
—¡Exacto! —dijo Hermione—. Creo que Peeves no puede hacer magia y lo máximo que puede lograr es unos cuantos cambios en el ambiente para hacernos creer que algo está pasando. Eso me recuerda una vez que fui a una feria con mis padres y había un mago muggle. Hacía trucos increíbles y parecía magia de verdad pero luego entendí que no poseía poderes mágicos, solo podía hacer ilusiones, engaños a tu vista, demasiado rápidos o demasiado complicados como para que te des cuenta. Peeves, al igual que aquel hombre de la feria, es un ilusionista.
Draco asintió. Estaba absorto en el relato y en las conclusiones a las que había llegado Granger en todo ese tiempo mientras que él… bien, ¿en qué había estado pensando él? Oh, sí, en porque no había pensado en nada importante en el día. Irónico, ¿no creéis?
—Quieres decir —murmuró de pronto—, que el maldito poltergeist no nos puede hacer daño, ¿cierto?
—Bueno, no había pensado en eso pero supongo que tienes razón. A menos que nos empiece a lanzar cosas o de lleno se nos tire encima, no nos puede hacer daño…
—Solo hacernos creer que nos lo está haciendo —terminó Draco por ella. Hermione asintió y sonrió al ver que el rubio entendía lo que quería decir tan rápidamente. Draco también sonrió pero no por Hermione ni nada que se encontrara en el presente junto a él. Estaba sonriendo con cierto sadismo, pensando en que la próxima vez que se encontrara al poltergeist, haría papilla sus truquitos. Lo pondría al descubierto, lo humillaría. Un brillo maligno le encendió las pupilas. Hermione lo vio con reticencia pero se abstuvo de hacer comentarios, por lo que veía, su conversación con Malfoy ya se había acabado.
Siguieron caminando y caminando. Los pasillos se hacían cada vez más largos pero por lo menos no habían encontrado más escaleras.
Draco seguía saboreando la dicha de tener un plan para humillar a sus enemigos, Hermione trataba de recordar el viejo camino para llegar al vestíbulo. Cruzaron en otro pasillo, luego en otro y finalmente llegaron. Vio a Malfoy pero su expresión seguía igual que antes. O sea, seguía pareciendo un asesino en serie con estreñimiento.
La chica volvió a tomar la iniciativa encaminándose por la escalinata que los llevarían directamente al hall y de allí a las mazmorras pero luego de bajar el primer escalón se dio cuenta que Malfoy no la seguía.
—¿Qué sucede, Malfoy? Ya casi llegamos —estiró un poco el cuello para ver por encima de el escalón el motivo por el que el muchacho no le respondía.
Cuando fijó su vista bien, vio a Malfoy tirado en el suelo, inconsciente.
[Continuará…]
Chan, chan, chan, chan… Bienvenidas de nuevo a esta retrasada entrega (no–tan) semanal de su fic–novela favorita: "Del tamaño de un lápiz". A partir de este momento y en los próximos siete días tendréis la oportunidad de comentar que os pareció este capítulo y en sus manos está el poder revivir o matar a nuestro rubio protagonista. ¿Vivirá, morirá, tendrá hijos con Hermione? En un review podéis depositar vuestra opinión al respecto.
*Antes de irnos, os dejamos un mensaje de nuestros patrocinadores (a.k.a. la autora):
¡Chicaaaas! ¡Admitid que me extrañasteis, admitidlo! ¿Qué pensáis de este capítulo? ¿Qué me tiré tres con las preguntas o que lo de Peeves es una reverenda estupidez? Podéis decírmelo a la cara, de todas formas os responderé que solo es producto de mi febril mente.
La siguiente cosa que tengo que decir es que ahora que todo se ha solucionado y mi vida ha regresado a su pseudo–cauce normal seguiréis teniendo actualizaciones S–E–M–A–N–A–L–E–S.
¿Qué decís? Un review no estaría mal…
