Capitulo 4:

La paciencia es la virtud de los débiles y la debilidad de los pequeños.

Hermione chilló al ver a Malfoy tirado en el suelo, entre sorprendida y aterrorizada.

Intentó llegar rápidamente hasta el chico, pero se complicó un poco al intentar subir el escalón que ya había bajado. Su tamaño le impedía subir fácil o grácilmente y fue después de varios intentos y saltos fallidos que logró impulsarse lo suficiente como para con ayuda de sus piernas encaramarse en el peldaño superior.

Sin tiempo siquiera de acomodarse de nuevo el uniforme, salió trastabillando hasta donde yacía el cuerpo de Malfoy.

—Por Dios, Malfoy, despierta —le rogó apenas se arrodilló junto a él. Con unas de sus manos empezó a batir el brazo del muchacho pero no parecía funcionar. Desesperada empezó a ver hacia ambos lados en busca de algo, aunque no sabía bien el qué.

Por una parte, necesitaba ayuda y en un loco arranque de consternación esperaba a alguien, quien fuera, para que los ayudara pero a la de ya. Otra parte de su cerebro, buscaba información de que podría haber tumbado a Malfoy. Su primera opción fue Peeves lo que no hizo más que estresarla aun mas. ¿Acaso el poltergeist sí podía hacer magia? Pero entonces, ¿por qué atacó a Malfoy y no a ella?

Todas esas interrogantes no hicieron más que agolparse en las paredes de su cráneo haciendo que su preocupación fuera en aumento. ¿Y si Peeves volvía a por ella? ¿Quién los ayudaría entonces? ¿Qué podría haber usado Peeves para dejar a Malfoy así?

Luego de preguntarse todo eso, cayó en la cuenta de algo. Ni siquiera se había detenido a comprobar el pulso de Malfoy. Vio al muchacho con terror y su habitual palidez no hizo más que preocuparla y hacerla pensar que había hecho todo mal, que podría ser tarde.

Algo torpe, tomó la mano derecha de Malfoy y puso sus dedos índice y corazón encima del lado interno de la muñeca, como había visto hacer a algún médico alguna vez. Lamentablemente, Hermione no era doctora, ni sanadora ni nada de eso, y la preocupación que no hacía más que hacerla temblar y desesperar con rapidez, junto a la inexperiencia en primeros auxilios hizo que no pudiera sentir nada en la mano de Malfoy. "No, no, no" pensó, un peso inexplicable en el estomago extendiéndose dolorosamente a través de todo su cuerpo.

Rápidamente bajó su cabeza hasta el pecho del chico y apoyó su oreja sobre donde se suponía que estaba el corazón. Un ligero golpeteo hizo que el color le volviera al rostro y el cuerpo se le relajara un poco. Suspiró con tranquilidad, al menos Malfoy estaba vivo. Por más que odiara al muchacho nunca tuvo la intención de que muriera y mucho menos en frente de ella.

Se volvió a enderezar, aun de rodillas junto a Malfoy. Había exagerado con su reacción, se dijo. Si Peeves quería jugar con ellos, los mantendría con vida. Vaya, que mal sonaba eso. Era como si Peeves estuviese jugando a hacerlos sufrir. Hermione estaba algo paranoica.

—Malfoy, despierta, por favor —le rogó en un susurro. Ahora que sabía que estaba vivo, una nueva preocupación la embargó. ¿Por qué no despertaba?—. Malfoy, no podemos quedarnos aquí, tenemos que llegar rápido a la clase de pociones, ¿recuerdas?

Ella estaba usando un tono dulce, conciliador, esperando que de esa manera Draco despertara, pero al parecer no estaba funcionando. Hubo un instante de silencio, en el que Hermione trataba de pensar que hacer ahora. ¿Ir hasta las mazmorras, buscar ayuda y dejar a Malfoy ahí tirado, solo? Ese plan tenía muchos fallos. ¿Y que si Peeves volvía por Malfoy? Ella no podría cargar con eso en su consciencia, pero tampoco podía esperar a que Malfoy se despertara, podría ya ser muy tarde para llegar a la clase de pociones. La cabeza le estaba latiendo, el hambre, junto al cansancio y la preocupación no hacían buena combinación en Hermione y empezaba a dudar que sus pensamientos estuviesen siendo coherentes.

Es por eso, que hizo algo que no habría hecho de haberlo pensado un poco más. Le dio una bofetada a Malfoy. Al principio no pretendía ser muy dura, tan solo unas palmaditas en la cara pero al ver que no funcionaba, hizo cargo de todas sus fuerzas y depositó un golpe en una de las mejillas de Malfoy.

Cuando empezaba a pensar que había sido una muy mala idea, que había golpeado a un chico inconsciente sin sentido, Malfoy abrió los ojos de golpe y se levantó de un brinco, tirando a Hermione hacia atrás.

—¿Qué te pasa? ¿Estás loca? —le gritó, masajeándose la mejilla golpeada. Ella no sabía si ponerse a chillar de alegría o a llorar desconsoladamente así que impulsivamente se aferró de la pierna de Draco, abrazándola cual oso de felpa.

—Estás bien —dijo con alivio.

Draco se quedó hecho piedra ante aquel gesto. Granger abrazándolo (abrazando su pierna, que venía a ser lo mismo) y suspirando de alivio por su bienestar. Por eso, solo atinó a hacer lo que mejor sabía hacer: burlarse.

—¿Quién lo diría, sangresucia, que solo necesitaba aparentar estar muerto para que lloraras por mi? —dijo, y ella levantó el rostro, confundida—. Ahora, despégate de mí, me llenas de inmundicia.

Empezó a batir su pierna, deshaciéndose de la chica. Hermione arrugó el ceño y se levantó.

—¿Qué? No estoy llorando por ti, solo me preocupaba lo que te hizo Peeves.

Ahora sí que el rostro de Malfoy parecía un poema.

—¿Peeves? ¿Qué tiene que ver él en esto?

La cara de Hermione mostraba aun mas desconcierto que nunca. ¿Peeves no había hecho nada, o sí lo había hecho y Malfoy no se había dado cuenta?

—Yo creí que Peeves… que él te había hecho algo —susurró.

—No lo creo. Y además, ¿no habías sido tu la que dijo que él no podía hacer magia?

—Sí, pero… —comenzó Hermione pero Malfoy la interrumpió.

—Granger, me desmayé es por el cansancio y el hambre, ¿sí? —admitió a regañadientes. La debilidad no era algo con lo que él quisiera regodearse—. Prometo que la próxima vez trataré de avisarte antes para que no me golpees de nuevo —dijo él y de verdad parecía más cansado y demacrado que nunca aunque por dentro seguía siendo el mismo estúpido arrogante de siempre.

Hermione enrojeció. ¿Cómo no se le pudo ocurrir aquello antes? Así se hubiese ahorrado unas cuantas alteraciones en su sistema nervioso. Cerró los ojos y los puso en blanco bajo sus parpados. Cuando volvió a abrir sus ojos se encontró con Malfoy en el escalón de abajo.

—¿Qué esperas para bajar? —le apremió él, con impaciencia. Ella, resignada, empezó a bajar los escalones también.

Si a alguno de los dos le preguntasen que aprendieron en lo que llevaban de día convertidos en versiones modernas y mejoradas de Pulgarcito dirían sin duda alguna, que ahora si sabían cómo bajar por escaleras gigantes, cuáles eran las mejores para hacerlo y si convenía hacerlo de derecho o de revés. Ya eran una especie de maestros en el arte.

—Merlín, Granger —dijo Malfoy casi al llegar al final de las escaleras, haciendo un gesto de dolor y sosteniéndose la mejilla golpeada con ambas manos—. Golpeas duro, ¿nunca te lo han dicho?

Ella lo vio y se sintió un poco mal por dentro. Malfoy la estaba haciendo pasar ratos terribles, empezando por haberla convertido en una miniatura de ella misma, hacerle pasar hambre y trabajo (junto a dosis de nerviosismo suficientes para toda su vida), pero eso no justificaba que le hubiera golpeado tan fuerte. O si lo justificaba, pero Hermione no era de esas que se divertían con la violencia física.

—No realmente —dijo ella encogiéndose de hombros—. Solo he golpeado a una persona en mi vida: tu.

No lo decía con malicia ni sarcasmo, era tan solo una constatación de los hechos.

—No me sorprende —masculló él mientras bajaba el último escalón seguido de Hermione que le escuchó decir algo parecido a un lamento de dolor.

Al llegar al Hall principal se maravillaron con lo que tenían a su alrededor.

Siempre habían visto esa parte del castillo de soslayo, siempre pasando con rapidez por ahí para poder llegar a tiempo a su destino, pero del tamaño en que estaban ahora y la lentitud con la que atravesaban los lugares por los que pasaban pudieron contemplar con detalle toda la estructura. Además de que era increíblemente alto, Hermione pudo observar por primera vez que el techo abovedado tenía imágenes talladas en él. Desde su posición no podía admirarlas correctamente pero podía ver ciertas sombras, allí donde el cincel había marcado el bajorrelieve.

Las paredes también tenía inscripciones y figuras, y las que estaban más cercanas al suelo estaban escritas en runas antiguas. A Hermione le gustaba traducir escritos en runas para practicar pero en esos momentos, con la insistencia de su estomago gruñendo y la presión de llegar a la clase de pociones a tiempo decidió que lo mejor era dejarlo para otro momento. También se dio cuenta que los cuadros que adornaban esa zona eran más soberbios, de una manera mas como Malfoy. No se veían ni simpáticos ni conversadores y seguro que en sus buenos tiempos eran los más reconocidos en el mundo mágico. Cuadros elitistas, ¿quién lo diría?

Por otra parte, había más armaduras en esa zona del castillo que en ninguna otra, pero eso no era algo alarmante, pues aunque no se hubiese puesto a pensar nunca en eso precisamente, si lo recordaba de pasada. Vio a Malfoy de soslayo y se encontró con que él también parecía absorto en cada detalle del Hall.

Así, sin darse cuenta, llegaron hasta el pasillo que conducía a las mazmorras. A Hermione nunca le había agradado especialmente ese lugar, largo, sinuoso, húmedo y con corrientes de aire que hacían que siempre estuviese frio allá abajo pero Malfoy parecía estar contento: de todas formas, la sala común de su casa estaba cerca de aquel tétrico lugar.

En ese momento Hermione se preguntó si es que a los de Slytherin les gustaba aquel lugar o si de tener la oportunidad lo cambiarían por otro más seco y cálido. No podía saber eso con exactitud pero quizá a las serpientes les gustaba vivir allá abajo, así no sería de extrañar que tuviesen un carácter tan agradable.

Poco a poco comenzaron a descender por el escabroso camino de piedra fría. Iban a buen paso, se dijo Hermione, no muy rápido por supuesto, pero si más alegres que antes. Ya se iba acabar aquella tortuosa aventura, ¿no? Ya no tendrían que trabajar juntos, sería como librarse de un peso de encima.

Malfoy no le hablaría más y ella tampoco; harían como si ahí no hubiese pasado nada. Aunque Hermione se obligó a no darle importancia se descubrió sintiendo una especie de decepción ante esa realidad. ¿Por qué?

Dejó el tiempo para responder preguntas para más tarde, cuando un ramalazo de viento frio la golpeó de lleno. Comenzó a tiritar.

—¿Frío, Granger? —dijo Malfoy con mofa a su lado.

Ella lo vio, parecía alegre y confiado, estaba en su zona. Ella por el contrario estaba empezando a perder los nervios por el frio.

—Es fácil para ti decirlo —le respondió ella calmada. Tan calmada que se sorprendió al escuchar lo normal que sonaba su voz aunque sentía la garganta y la lengua como témpanos de hielo—. Tienes tu túnica puesta y estas acostumbrado a vivir aquí.

—Puede que tengas razón… —murmuró él y siguió caminando como si nada. Hermione no hizo más que seguirlo.

Ella estaba consciente de que siempre en las mazmorras del castillo había más frio que en cualquier otro lugar, por las paredes de piedra y la falta de sol pero nunca se había puesto a pensar que a ras del suelo era aun peor. No solo era que el ambiente en general estaba helado sino que además de eso, las corrientes de aire eran mucho más fuertes. El estomago le gruñó de nuevo, recodándole que no lo había tratado como debía ese día. ¿Sería capaz ella de desmayarse como le pasó a Malfoy? Pero, si eso ocurriese ¿Malfoy la ayudaría así como ella lo había hecho?

Está bien, tal vez ella no había hecho lo mejor golpeándolo para despertar pero al menos se había preocupado lo suficiente como para no dejarlo solo allí. Hermione dudaba que el muchacho hiciera eso siquiera. Se abrazó a si misma aunque ya a esas alturas no sabía si era por el crudo frio o pensar en la poca confianza que le tenía al muchacho junto a ella.

Siguieron caminando y bajando unos cuantos escalones más hasta que llegaron a su último destino. El salón de pociones. Ambos se detuvieron.

Draco formó una magnifica sonrisa de triunfo y Hermione sonrió aliviada. Ya todo terminaría, era cuestión de minutos.

—Yo abriré —dijo Draco y se acercó a la puerta para entrar.

—No creo… —empezó Hermione al ver que el rubio no obtenía grandes avances. Ninguno, de hecho.

—Tal vez si ayudaras un poco —le recriminó Draco viéndola con furia.

—Malfoy, debe estar cerrada —suspiró ella con su acertada lógica de siempre.

—Yo… eh ¡Ya lo sabía! —exclamó él.

Ella asintió condescendiente, no quería iniciar una nueva discusión con el chico a tan solo minutos de salir de esa bizarra situación.

—Como tú digas. Será mejor que nos sentemos a esperar que termine la clase y salgan.

Hermione se sentó justo a un lado de la puerta, con la espalda apoyada a la pared. Alivio, eso sentía. Cerró los ojos visualizando que haría cuando volviera a su tamaño normal.

Comida, eso haría primero. Comer hasta hartarse. Su estomago volvió a gruñir, demostrando que esa idea le agradaba.

Sintió como Malfoy tomaba asiento a su lado, no muy cerca pero tampoco lejos. Si alargaba una mano, podría tocarla (cosa que obviamente, no hacía).

—¿Y cuanto más tardaran en salir? —preguntó impaciente.

Hermione lo miró como si hubiera dicho que el cielo era verde.

—Acabamos de llegar, Malfoy, sé paciente. No creo que tarden mucho mas, solo llegamos rápido.

Él bufó, molesto consigo mismo por no llevar reloj esa mañana. Aun así, no dijeron mas nada. Hermione agradeció que el chico se sentara a su lado, estaba cortando muy, pero muy bien la corriente de aire frio.

Pasaron unos segundos más cuando Draco volvió a hablar.

—¿Cuánto falta, Granger?

—No lo sé, Malfoy. Cálmate, solo has pasado unos dos minutos esperando.

—Un Malfoy nunca espera —dijo él—, eso es de mundanos.

—Cómo yo, ¿cierto? No es necesario que me repitas todas las cosas en las que diferimos, yo sé muy bien cuáles son.

—¿Ah, sí? ¿Cuáles?

—Absolutamente todo —respondió ella con tranquilidad.

—Tienes razón —concedió Draco—. Aunque debería refutarlo para darte la razón, realmente —comentó luego.

Ella bajó la cabeza para que el cabello le ocultara la sonrisa. Draco podría no ser tan inteligente como ella pero era bastante astuto y sabía muy bien como hablar. Eso le agradaba. ¡No Malfoy, y no sus palabras! No, no, no. Lo que ella había querido pensar es que le agradaba tener conversaciones de ese tipo, en las que ella no fuera la única que pensara en todo, que alguien le contradijera en algo, por pequeño que fuera.

Sí, eso era justamente lo que había pensado.

—Están tardado demasiado —volvió a decir Malfoy irritado.

Hermione suspiró. Malfoy a veces se comportaba como un niño. Un niño mimado y egoísta, lo que no hacía mucha diferencia a lo que en verdad era: un adolescente mimado y egoísta. No dijeron mucho más después de eso. La falta de atención de Hermione había hecho que los quejidos de Malfoy se aplacaran.

—Oye Malfoy, aun me debes la respuesta de mi última pregunta —dijo Hermione pensativa, después de darle vueltas en su mente a ese asunto en especifico.

—¿Y qué te hace pensar que te la daré? —Draco enarcó una ceja para resaltar su escepticismo.

—Bueno… era un trato. Además, te di la oportunidad de responder cuando quisieras…

—Exacto. Y no quiero. —Su tono era tajante, sin oportunidad a replica alguna pero aun así Hermione insistió.

—Pero ya nos vamos a separar y yo pensé…

—Piensas mucho, Granger, eso es todo. Trata de ser como yo, y no hacerlo.

Ella se volvió a callar. Malfoy estaba evadiendo su pregunta (de nuevo) lo que no hacía más que avivar su curiosidad. Hermione se levantó y se fue hacía el otro lado de la puerta, para estar todo lo lejos de Malfoy que le fuese posible, para poder pensar con claridad. Una corriente de aire la azotó apenas se sentó en el suelo, recordándole que no había nadie que las tapara por ella de ese lado.

¿No le quedaba claro que él no iba a responderle esa pregunta? ¿Por qué no podía darse por satisfecha y olvidarlo?

Primero se dijo que era porque le molestaba que después de hacer un trato no lo cumpliera, y esa razón le bastó hasta que sospechó que había algo más, algo que se escapaba de su entendimiento.

Malfoy tenía razón, pensaba demasiado. Debería empezar a no hacerlo (como él había demostrado que hacía) pero le era simplemente imposible no tener la mente en algo.

El hambre, sí, pensaría en eso. Tenía mucha hambre y apenas saliera de eso comería como una desaforada.

Pero la pregunta de Malfoy… ¿Por qué él no le contestaba?

Harry y Ron, ¿Qué les diría? Eso era algo vital. Les contaría todo, desde que Malfoy estaba en el pasillo hasta que llegó Peeves y lo estropeó todo. Evitaría decirles lo que había pasado con Malfoy en las escaleras para no mostrarles que había sentido así fuese compasión por el hurón, tal vez no se lo tomarían muy bien. Y no diría nada de las preguntas…

¿Por qué le importaba tanto la respuesta?

Hermione sacudió la cabeza para despejarse. Echó una ojeada al otro lado de la puerta y vio a Malfoy apartando su mirada rápidamente. La había estado mirando: genialísimo.

Hermione se estaba cansando de todo eso. Su mente era un desastre y estar con Malfoy no hacía más que aumentar la cantidad de interrogantes que se le acumulaban dentro.

La estaba volviendo loca.

Afortunadamente, justo cuando se iba empezar a preocupar sobre las connotaciones de esa frase sonó la campana.

Ella se levantó rápidamente y fue hacía donde estaba Malfoy. Si mal no recordaba, la puerta se abriría hacia ese lado. Cuando llegó al lado de Malfoy, él ya estaba levantado. Lo que sorprendió a Hermione fue la decisión escrita en su rostro. No parecía feliz ni molesto, solo satisfecho, como si hubiese estado esperando ese momento con suficiente tiempo como para ya haber superado cualquier emoción.

Fue en ese momento que Hermione se dio cuenta que Malfoy no era bueno solo para omitir la verdad, también era excelente para evitar mostrar sus emociones. Ella lo había atribuido en un principio a que él carecía de emociones pero eso no era verdad. Podía ver a través de él, en su mirada, que muy dentro (profundamente, miles de metros bajo el suelo) él sentía.

La puerta se abrió, haciendo que se olvidase de eso rápidamente. Desde afuera podía escuchar la voz de Slughorn diciendo que la redacción que tenían que entregar ese día podían entregarla el viernes. Hermione agradeció eso, pero supuso que como ella no la había entregado, ninguno de sus compañeros tampoco.

Regodeándose en su responsabilidad no fue consciente de lo que estaba sucediendo. Sintió que Malfoy a su lado le decía "¡cuidado!" y que con un brazo la empujó hasta atrás, para pegarla en la pared. Ella sintió la fría piedra golpeando contra su espalda y luego de eso se dio cuenta de lo que pasaba frente a sus ojos.

Al igual que hace unas horas, la avalancha de estudiantes caminaba en tropel para pasar por la puerta sin mirar hacia abajo, hacia ellos. Malfoy estaba a su derecha, pegado a la pared tanto como le era posible y con su mano izquierda sobre el abdomen de la chica, reteniéndola.

De todas formas, ella no le prestó mucha atención a eso sino a las túnicas que se confundían en un alboroto de pies. Estaba tratando de buscar a Harry y a Ron pero desde su posición no alcanzaba a ver mucho. De hecho, no alcanzaba a ver nada más que los bajos de las túnicas y zapatos.

Todos los estudiantes salieron de allí rápidamente, porque tampoco eran muchos. No fue como en la mañana que era una multitud, estos eran solo los que cursaban pociones de EXTASIS, excluyéndola a ella y a Malfoy.

Malfoy la soltó cuando vio que la multitud se había alejado.

—Mierda —farfulló mientras trotaba hasta la mitad del pasillo para ver a la lejanía por donde se habían marchado los estudiantes, tal vez, buscando a sus amigos.

Luego de eso, volvió trotando hasta la puerta y se detuvo en el umbral, horrorizado.

Hermione aun estaba con la espalda pegada en la pared, impactada. Con extrema lentitud se separó de ese lugar y fue caminando hasta situarse hasta donde estaba Malfoy restregándose la cara con ambas manos en un gesto de extrema inquietud.

Dentro del salón no quedaba un solo alumno.

—¡Perdimos nuestra oportunidad, Granger! —exclamó Malfoy con los ojos inyectados en furia.

—Lo sé, Malfoy —murmuró ella en un susurro bajo—. Pero aun podemos intentar llegar al gran comedor, no estamos tan lejos…

—¡Cállate! —le espetó él. Hermione lo vio aterrorizada, nunca lo había visto tan molesto, ni siquiera en la mañana cuando Peeves los había molestado—. ¡No trates de arreglarlo! Te has pasado toda la puta mañana tratando de verle el lado positivo a esto cuando ¡no tiene ninguno! Deja esa estúpida felicidad tuya para luego, ¿quieres?

Él se encontraba a solo milímetros de su cara, viéndola directamente a los ojos, intimidándola con la mirada gélida. Ella de repente se sintió muy pequeñita, y no solo porque fuera del tamaño de un lápiz. Se sentía sobrecogida por Malfoy, tonta, insignificante. No hallaba ni siquiera su voz para espetarle lo que fuera.

Él se alejó lentamente de ella internándose en el salón. ¿Ahora que va a hacer? se preguntó Hermione pero fue incapaz de formular su pregunta en voz alta. Gracias al cielo que lo único que le flaqueaba era el repentinamente desinflado espíritu, y sus piernas, al igual que su cuerpo en general, respondía correctamente. Siguió a Malfoy por el aula de clases, por entre las mesas y sillas. Le gustaría haber sabido que estaba intentado.

De pronto él se paró y se giró para encarar a Hermione.

—¿Por qué me sigues? —dijo molesto.

Ella se creía sin las fuerzas necesarias para responderle pero el corto camino que había recorrido había hecho que reconsiderara su situación. ¿Por qué debía temerle a Malfoy? No se mostraría débil ante él, no señor. Ella le haría frente, porque si algo no era Hermione, era idiota, y no se dejaría intimidar por ningún hurón oxigenado.

—Porque me gustaría saber qué diablos pretendes hacer.

—Hablaré con Slughorn, no me importa que sea él el que me ayude. Tú puedes seguir con tu felicidad y tu optimismo el camino radiante hasta el comedor en busca de tus alegres y bienaventurados amigos.

—¿Quieres decir que hubieras preferido que todo este tiempo hubiera tenido una cara larga y pesimista, como tú? —dijo ella furiosa.

—No lo sé, pero ahora que lo dices no es tan mala idea. De todas formas, tu optimismo no nos ha vuelto a la normalidad.

—Tu pesimismo tampoco —soltó ella.

Él sonrió sardónico, haciendo una mueca inhumana.

—Yo no lo llamaría pesimismo, Granger. ¿Por qué mejor no nos referimos a él como realismo? La realidad, es algo a lo que seguro no estás plenamente acostumbrada, estando como estás, siempre bajo el brazo de San Potter.

—Malfoy, no te refieras a Harry como…

—No me importa lo que pienses —cortó él—, haz lo que te venga en gana pero aléjate de mí. Ya me harté de todo esto. Ahora, si me permites —dijo volviendo a caminar hacia el escritorio de Slughorn.

Hermione lo vio sin entender. ¿Por qué, con Malfoy, las cosas no podían ser nunca sencillas?

Fue entonces cuando algo terrible pasó. En su discusión, no se habían parado a observar a su alrededor y no se habían dado cuenta cuando Slughorn se levantó de su escritorio y fue a buscar un frasco en el estante donde guardaban los materiales. En el momento en que Malfoy se alejó de Hermione, Slughorn venía de regreso con el frasco abierto en dirección al muchacho.

Hermione, con todo y la confusión que Malfoy le había provocado no tardó mucho en entender el objetivo de su viejo profesor.

—¡Malfoy, cuidado! —dijo corriendo hasta él, cosa que nunca le quedó muy claro por qué había hecho.

Slughorn en ese momento se agachó hasta donde estaban ambos (Draco viendo a Hermione sin entender mucho y Hermione viendo a Slughorn a la vez que veía por Malfoy) y con un grácil movimiento de sus manos, el cual se debe acreditar por los años de experiencia, hizo que el rubio, seguido de la chica, entraran en el frasco de cristal.

Rápidamente el profesor lo selló con una tapa que tenía tres pequeños orificios para dejar entrar el aire. Dentro del envase, Hermione y Draco estaban dando tumbos algo confundidos por la situación, mientras el profesor caminaba de vuelta a su escritorio. Draco logró equilibrarse de rodillas para empezar a golpear el envase con sus manos, llamando al profesor.

—No te está escuchando, Malfoy. Ni siquiera lo intentes —dijo Hermione escuetamente.

—Gracias por ser tan positiva, Granger —comentó él sarcástico.

—Tú mismo me pediste que dejara de serlo, Malfoy.

Él cesó sus intentos de llamar la atención del profesor para ver a Hermione con una mirada sombría. ¿Ahora es que iba a empezar a prestarle atención? Estúpida sangresucia detestable.

Un movimiento bruco hizo que ambos cayeran y perdieran el equilibrio de nuevo. Slughorn los había puesto (o había puesto el envase, técnicamente) sobre su escritorio.

—Vosotros debéis ser muy escurridizos, ni siquiera me di cuenta cuando salieron —comentó el profesor mientras recogía sus cosas—. Pero no será por mucho. Cuando el señor Malfoy y la señorita Granger vuelvan a hacer la práctica de hoy, os usaran.

Dicho eso, se ajustó la túnica, y salió del salón dejando a una Hermione con la mandíbula desencajada y un Draco con un tic nervioso. Oyeron como el profesor cerraba con seguro la habitación dejándolos encerrados allí.

—¡Maldito viejo decrepito! —gritó Malfoy seguido de una serie de tacos perturbadores.

Hermione seguía en shock, demasiado impactada. Se giró un poco, rodeando el espacio en el que estaban. Fuera del envase estaba el libro de pociones abierto en el tema que habían estado ensayando ese día.

—Slughorn nos confundió con los doxys que estaban usando en la poción de hoy.

Malfoy detuvo su largo discurso lleno de sandeces para ver a Hermione.

—¿Qué?

—Mira —dijo ella pegándose al cristal del envase para ver a través de él, el libro—. Estaban haciendo sus propios doxycidas y utilizan a doxys de verdad para probarlos. Seguro Slughorn pensó que nos escapamos de donde tiene a los doxys guardados.

—No sé si alegrarme por saber el porqué ese viejo nos encerró aquí o molestarme porque ni siquiera se hubiera dado cuenta de que ¡somos nosotros! —gritó Malfoy.

Ella se encogió de hombros. Ni siquiera se molestó en dirigirle una mirada al chico aunque miles de comentarios optimistas se cruzaban en su mente a la velocidad de la luz.

—No hay nada que podamos hacer salvo esperar que Slughorn vuelva y se dé cuenta que no somos doxys —dijo luego de pensarlo un rato.

—Cosa que no ocurrirá hasta mañana en la mañana —le dijo Draco. Ella lo vio con curiosidad.

—¿Qué quieres decir?

—Los lunes y jueves Slughorn está libre por la tarde. Me sorprende que no lo supieras, sabelotodo.

—A mi me sorprende que tu lo sepas —respondió Hermione con cierta desconfianza—. ¿Cómo te enteraste?

—Crabbe y Goyle necesitan créditos extra y Slughorn les dijo que las tardes de los lunes podrían ayudarlo a limpiar el salón de pociones pero que los jueves por la tarde él se los tomaba para descansar, así que el salón de pociones permanecería cerrado.

Hermione analizó la nueva información con calma y luego, desdicha.

—¿Cuánta mala suerte puedo tener en un día? —suspiró ella, arrastrando su espalda por la pared del envase hasta llegar a sentarse.

Draco no le dijo nada. Esa nueva actitud pesimista de Granger no le estaba gustando mucho. Estaba considerando seriamente disculparse para que ella volviera a ser la de antes y con uno de sus comentarios alegres levantara el ánimo de ambos, pero su orgullo Malfoy podía mucho más que eso y se recordó que ni por toda la tristeza del mundo se rebajaría al punto de disculparse con una sangresucia que también era Gryffindor.

No dijo nada, solo se quedó observando a Hermione sentada en el piso. Un nuevo gruñido de su estomago le recordó que aun no había comido nada en todo el día y si no hacía nada, así se quedaría hasta mañana.

Suspiró y cerró los ojos. Si Granger quería dársela de mártir justo ahora, ahí ella, pero él aun tenía las ganas de salir de esa.

Finalmente, con decisión, dio un paso hacia atrás para coger impulso y luego golpear con todas sus fuerzas la pared de cristal.

[Continuará…]


Bienvenidas a su entrega semanal de "Del Tamaño de un lápiz" la historia que ha cautivado a millones de lectoras en todo el mundo. Cof, cof, o algo así.

*Ahora un mensaje de los patrocinadores oficiales (a.k.a. la autora):

Que difícil ha sido escribir esto. Estos últimos dos días lo he leído y releído tantas veces que puedo recitarlo de memoria, cosa que no haré (¬¬'), porque odio este capítulo.

Pero pasando a otro tema, ¿creéis que fue realista el drástico cambio de humor de Hermione? Fue mi única salida, pues tengo muchas cosas preparadas para los próximos capítulos y esto cuadraba más o menos con lo que pasará luego. Aunque sigue pareciéndome un capitulo aburridísimo.

Obviad mi falta de autoestima por favor. Gracias.

Ajam… por otro lado, hay algo que me tiene súper feliz: ¡ya casi alcanzamos los 50 reviews! Para mi es todo un record y creo que con ayuda de todas vosotras podremos alcanzar esa meta con este capítulo *Mariauxi salta de felicidad como cría de seis años con Barbie nueva*

Es por eso que os dedico estas palabras: GRACIAS, GRACIAS, ¡GRACIAS! ¡Sin vosotras esto no sería posible!

Bien, ya dejo la lata con esta nota y las veo la semana que viene, ¿vale? ;) ¡Espero que hayáis disfrutado!