El capítulo de hoy viene acompañado de una recomendación musical: Mercy de OneRepublic (podéis buscarla en Youtube), porque la letra, es simplemente de Draco.


Capitulo 5:

Solo los borrachos, los niños y los adolescentes encogidos dicen la verdad.

¿Cuánto llevaba Malfoy en eso? ¿Minutos, horas, días? Hermione no podría saberlo a ciencia cierta, aunque sí sabía que después de repetirle unas diez veces que dejara de hacerlo había desistido en hacerle entender al rubio que lo único que estaba logrando era amoratarse todo el cuerpo.

¡Pum!

Volvió a escuchar el sonido de Malfoy cayendo al fondo del envase después de rebotar especialmente fuerte en la pared de cristal que los rodeaba. Hace un rato (minutos, horas, el tiempo no le preocupaba especialmente en esos momentos) había dejado de ver a Malfoy en sus infructuosos intentos de romper el vidrio a la fuerza, y se había dedicado a contemplar su reflejo en el cristal a su lado. Tenía las piernas recogidas y abrazadas por sus brazos y apoyaba la barbilla en sus rodillas.

A su lado Malfoy se levantó y volvió a la carga. Hermione suspiró.

—Malfoy, no está sirviendo de nada —le susurró sin apartar la mirada del vidrio en el que tenía apoyado parte de su cuerpo. Él no hizo caso y siguió en lo suyo, golpeándose con fuerza contra el cristal—. Para, por favor.

Su tono era suplicante. Draco paró y la contempló con dureza.

—¿Por qué no me ayudas? —le espetó. Ella ni siquiera se volteó para contestar.

—Slughorn puede ser ciego pero no es tonto. No pondría a un par de doxys inquietas en un frasco que pudieran romper desde adentro.

Él respiró profundamente para contenerse. Alzó una de sus manos (la que tenía buena) y golpeó con el puño el cristal. Se quedó así un rato, con el puño en la pared, la otra mano apoyada también en el cristal y la cabeza viendo al suelo. El cabello que con tanto esmero había peinado en la mañana estaba revuelto y le caían flecos que se pegaban al sudor de su cara.

En ese momento Hermione volteó para ver el porqué su compañero se había quedado callado y lo observó de esa manera, claramente devastado. Frases de aliento se cruzaron por su mente, pero no dijo ninguna. Si Malfoy quería que fuera pesimista (o "realista" como él había dicho) así sería. Ya estaba harta de discutir con él.

Esos últimos tiempos, que ya ni siquiera sabía si contaban como minutos u horas, se había puesto a pensar en cómo actuaría de allí en adelante. Nada de comentarios alegres o positivos. Se limitaría a callar todo lo que pudiera, y hablaría, sola y exclusivamente para arruinar aun más sus ánimos. De cierta manera, ese nuevo estado de ánimo le estaba sentando de maravilla con su situación actual: hambrienta, cansada y deprimida. Quería ponerse a llorar, aunque no sabía muy bien porque.

Lo único que hasta ahora había logrado contener sus lagrimales era su orgullo. No lloraría ante Malfoy, nunca.

El muchacho mientras tanto se había arrastrado hasta quedar sentado en el piso, con la espalda pegada al cristal y con las rodillas flexionadas a lo indio, justo frente a Hermione. En esa posición podía ver a la chica perfectamente, aunque el espacio en que estaban era tan reducido que sin importar donde se sentara, vería a Granger. El cuerpo le estaba doliendo como los mil demonios, empezaba a creer que golpear el cristal una y otra vez no había sido buena idea. ¿Pero que mas podía hacer? ¿Sentarse a ver la pared, como Granger? Tenía hambre, y por Merlín que nunca se había esforzado tanto en un solo día, lo único que quería era salir de esa, no importaba como.

Y esos, más o menos, habían sido sus pensamientos cuando empezó a golpearse sin sentido contra el duro y frio cristal pero ahora, con un dolor latente en cada parte de su preciada anatomía, aquello parecía la peor idea del mundo. Ese día no estaba actuando como debía.

Primero, le lanzaba hechizos a un estúpido poltergeist. ¡Un poltergeist, habrase visto! Luego por un estúpido arranque de emoción se olvidaba de todo y una avalancha de alumnos casi lo mata. Su propia varita no había corrido con la misma suerte, aunque ahora que lo pensaba, era un precio justo por todas las estupideces que había cometido en el transcurso del día. En medio de una rabieta se separaba de Granger y de nuevo sufría por ello, casi matándose en una caída mortal.

Y ahora, en otro de sus arranques de ira le había gritado a la chica que dejara su actitud optimista de lado y ahora estaba más desganado que nunca, viendo la siempre alegre cara de Hermione Granger infestada de mal humor. Oh, y para colmo, estaba encerrado en un tarrito, confinado a pasar hambre por un día entero.

Pensando todo con la mente fría, Draco llegó a la conclusión de que aquel día, cada vez que hacía algo malo (alguna tontería cargada de su típico orgullo) otra cosa mala le sucedía. ¿Cómo no se dio cuenta antes? Se habría ahorrado bastantes malos tragos.

Todo aquello había sido como una prueba en la que de seguro se estaba probando su moral y valores. Ugh, que Gryffindor sonaba eso.

Entonces, sí quería que las cosas comenzaran a salir bien tendría que ser… ¿bueno? ¿Amable? ¿Más como Potter?

No sabía porque, pero de repente a Draco ese nuevo plan no le estaba gustando nada. Pero hey, ¡tenía un plan, y eso ya era algo! Y esperad, estaba pensando en lo que les había sucedido, eso debería contar como algo. Granger debería saberlo.

—Oye, Granger —dijo, su voz sonó rasposa y tétrica, síntoma de que tenía la garganta más seca que nunca.

Al no obtener más respuesta por parte de la aludida que una cara que se giraba a verle sin mucho ánimo continuó diciendo:

—Estaba pensando sobre lo que nos ha ocurrido hoy.

Eso por lo menos pareció impresionar a Hermione lo suficiente como para que abriera los ojos con sorpresa. Bien, se dijo Draco, al menos ahora ya tenía su atención, lo que era todo un logro tomando en cuenta la recientemente adquirida actitud corta–venas que poseía la chica.

—Sí, veras —siguió, resignado a que sería el único participante en esa conversación—, estuve pensando y creo que esta es una prueba, ¿sabes? El día de hoy, quiero decir. Cada vez que hago algo malo me pasa algo igualmente malo y por cada acción buena o correctamente pensada sucede algo positivo.

Hermione lo vio entrecerrando sus ojos con suspicacia. Creía saber por dónde estaba yendo Malfoy pero ciertamente le tenía con muy poco cuidado. En realidad, creía que lo estaba escuchando al no hallar nada mejor que hacer.

—Por ejemplo —dijo Malfoy—, cuando nos separamos, casi muero en una escalera, ¿recuerdas? —Hermione asintió—. Y justo ahora, estamos aquí por mi culpa, por no pensar bien antes de actuar.

Hermione procesó la información que le daba Malfoy. En cierto sentido, parecía lógico. Era algo como el karma pero un poco mas exagerado. Y al parecer solo aplicaba a Malfoy porque todo lo malo que les había pasado ese día era por él.

—Tu… —comenzó a decir ella, con la voz saliendo como una hojilla por su garganta—. ¿Tú crees que esto sea una prueba? Quiero decir, ¿que alguien nos está haciendo que sucedan cosas malas cada vez que somos poco inteligentes…o buenos?

—No lo sé, es solo una suposición, Granger —respondió él, algo sorprendido porque la chica hubiese respondido—, pero si te pones a pensarlo, parece lógico, ¿no?

—No —respondió ella secamente. Él pareció no entender lo que le había dicho en un principio, pero cuando cayó en la cuenta de que Hermione estaba refutando completamente sus analíticamente pensados argumentos se enfureció.

—¿Cómo dices? —le espetó. Ella suspiró antes de contestar.

—Malfoy, que nos estén pasando estas cosas no es precisamente porque estés a prueba por alguna entidad desconocida. Obviamente, siempre que actúes con impulsividad o sin pensar bien las cosas nada saldrá como quieres.

—Entonces, ¿cómo piensas que podremos salir de esta? —preguntó el chico con una ceja enarcada.

—Esperando y no haciendo nada estúpido —contestó Hermione con simpleza.

Draco gruñó exasperado mientras se tiraba el cabello, desordenándolo aun más que antes. Esta nueva faceta de Granger lo ponía de los nervios.

Pero por lo menos le había ayudado a reorganizar sus pensamientos. Claramente, la idea de alguien haciéndoles todo eso sonaba bastante ridícula. Estúpida Granger con su estúpida lógica.

Por otro lado, tampoco es que Draco se hubiera equivocado tanto. Tenía razón al decir que una acción mala llevaba a una consecuencia igualmente mala (aunque no por las razones que él creía al principio) por lo que una buena acción le traería consecuencias positivas.

Así que, ¿cuál sería la primera buena acción que realizaría para salir de esa?

Draco sopesó las opciones que aún tenía y se decidió por la única que aun quedaba a su alcance: devolverle el humor a Granger para que lo ayudara a salir de esa.

Pero cómo lo haría era el problema.

Él no era alguien que se preocupara especialmente por los sentimientos de las demás personas, de hecho, solo le interesaba destruirlos. Las únicas maneras que sabía para alegrar a una persona tenían que ver bastante con comprar cosas, pero dado la situación en que estaba, ir a comprar un libro en el Callejón Diagón se veía bastante difícil.

Empezó a pensar entonces en todas las veces que había pasado por problemas existenciales y como lo habían ayudado sus amigos a superarlo.

A ver, el primero que recordaba era cuando tenía seis años y la nueva escoba que le había comprado su padre se había roto. Luego de llorar por veinte minutos, Lucius se había dado por vencido en consolar a su caprichoso hijo y había ido a comprar otra escoba. Bien, ese recuerdo no servía de nada con Granger.

Otra vez, tendría unos diez años, estaba jugando con Vincent y Gregory en su casa cuando se cayó y se raspó ambas rodillas. Su madre llegó y con un hechizo las sanó. Luego le dio un beso que lo llenó de vergüenza frente a sus amigos. Definitivamente no besaría a Granger. No, no, no.

El siguiente es de cuando estaba en su primer año en Hogwarts y Cormac McLaggen, un idiota de Gryffindor mayor que él, le dijo que su familia era más rica que los Malfoy. Eso le había dado duro y la depresión por esas estúpidas palabras le había durado unos cuantos días. Se le pasó cuando entre Crabbe, Goyle y en menor medida, él, interceptaron a McLaggen y le dieron su merecido. Nuevamente, Draco creía poco probable que Granger se contentara si golpeara a alguien.

Así se pasó varios minutos, recordando cada una de las veces en las que se había sentido deprimido o falto de ánimo y no le sorprendió ver que cada una era más superficial que la anterior. Entonces recordó una vez en la que Pansy le dijo que Daphne Greengrass estaba llorando en su habitación. Pansy le había preguntado que podría hacer en esa situación pero al parecer el consejo que le había dado no le gustó pues luego de golpearlo con un cojín de la sala común le espetó que las chicas eran un poco más complejas.

Draco recordaba vagamente a Pansy desvariando en cosas que le importaban cada vez menos, como que decir cuando viera a una chica triste o cuáles serían las mejores palabras para consolarla. Obviamente, Draco no recordaba ni siquiera una cuarta parte de lo que había dicho Pansy pero con lo poco que tenía podría ir improvisando con Granger. De todas formas, era una chica como cualquier otra.

Tomó aire con profundidad, consciente de lo que iba a hacer y recordándose que solo lo hacía para alcanzar un bien mayor.

—Granger —dijo llamando la atención de la chica.

Hermione se giró para ver al chico pero de nuevo no dijo nada. El silencio se extendió un poco más y Draco, al ver que Granger no diría nada empezó a hablar, rezando internamente porque su precario plan funcionara y no se viera como un completo estúpido.

—¿Qué tienes? —preguntó en el tono más dulce que pudo encontrar en su repertorio, ese que usaba solo cuando trataba de ligar.

Esperaba que Pansy tuviera razón y esas fueran las palabras adecuadas para empezar con todo.

Hermione lo vio asustada. ¿Malfoy había perdido la cabeza del todo? ¿El hambre y el cansancio lo habían afectado lo suficiente como para hablarle con un tono tan fogoso? ¿A ella?

—Malfoy, ¿estás bien? —le preguntó con suavidad.

A Draco le salió un tic nervioso en uno de sus ojos. Al parecer no había salido todo bien, ahora tendría que improvisar un poco.

—Por supuesto que estoy bien, tú eres la rara aquí —dijo con tranquilidad. Aunque tenía ganas de gritarle a Granger, recordaba a Pansy decir que gritar no era algo que les gustara a las chicas.

—Gracias —respondió ella algo ofendida. Draco empezó a darse golpes mentales. Ahora no solo estaba deprimida sino también se sentía ofendida. En definitiva él no servía para ayudar a las personas.

—No quise decir eso —se apresuró a aclarar—. Quiero decir, sí estas rara pero no…

—Oye, Malfoy. ¿Qué es lo que quieres? —Esta vez el tono de Hermione fue un poco más duro pero el hambre que cargaba encima se excusaba por ella—. No estoy para juegos.

Draco totalmente exasperado exhaló el aire que ni siquiera sabía que estaba conteniendo. Eso no estaba funcionando, debía intentar otra cosa.

Todo es por un bien mayor, se repitió mientras empezaba de nuevo.

—Granger. Escúchame —pidió—. ¿Por qué estas así? Y no me vengas con la excusa de que yo te pedí que te hicieras la pesada.

Ella lo vio reticente unos segundos. Se acomodó un poco para quedar de cara a Draco con las piernas también cruzadas.

—Supongo que me cansé de ser la feliz Hermione Granger, que siempre sabe qué hacer. Mucho tiene que ver que hayas estado todo el día ignorando mis consejos.

—Entonces sigue siendo todo por mi culpa —concluyó Draco y Hermione solo asintió—. Una pregunta Granger, ¿tienes hambre?

La pregunta tomó desprevenida a la chica. ¿De todas las cosas que podría haberle dicho, él venía justamente a preguntar eso? De todas formas, no había ninguna razón como para no contestarle así que se sinceró.

—Sí, muchísima. Y también sed, ¿qué hay de ti? —preguntó luego.

Draco podía escuchar la voz de Pansy felicitándole. "Muy bien, Draco. A las chicas nos encanta que nos pregunten cosas banales" o algo así.

—Igual —respondió.

—Sí, ya veo —dijo Hermione con una risita.

—¿Qué te parece tan gracioso, Granger? —preguntó él frunciendo el ceño. El humor de la chica había medio vuelto pero no por eso Draco Malfoy dejaría que se burlara de él.

—Creo que el hambre te está afectando bastante el cerebro.

—¿Por qué lo dices?

—De ninguna otra forma estarías hablando tan cordialmente conmigo.

El silencio que le siguió a las palabras de Hermione fue bastante prolongado. Ella pensó que había hablado demasiado y Draco pensaba en que tan cierto podía ser eso.

Él sabía que todo eso lo estaba haciendo para redimirse.

Vale, ya lo había admitido. Estaba arrepentido (que mal sonaba eso) pero era la verdad, y esperaba que haciendo lo que estaba haciendo, todo empezara a salir mejor.

—No creo que sea por eso —dijo Draco. Hermione lo vio sobresaltada ya que no esperaba que volviera a hablar y menos para decir eso.

—Entonces, ¿por qué es?

—No me caes tan mal, Granger. Eso es todo.

Esta vez ella empezó a reír. Había comenzado riendo para sus adentros pero no pudo contener luego unas risas que de a poco se convirtieron en carcajadas. Draco ante esto estaba estupefacto. Empezaba a dudar de la salud mental de su compañera.

—¿Granger? —preguntó dudoso—. ¿Segura que estas bien?

Ella paró de reír súbitamente, pero aun con el semblante risueño se dirigió a Draco.

—Malfoy, no puedo decir que estoy bien porque no lo estoy —respondió—. Pero, justo en estos momentos estas siendo de lo más divertido y eso ayuda bastante.

—¿Ahora soy tu bufón? Me debo sentir halagado por eso.

Ella volvió a reír. Y él se asustó un poco. ¿Qué tenía, Granger? ¿Sería que después de todo por lo que había pasado ese día había quedado loquita?

"No seas ridículo, Draco" resonó la voz de Pansy en su mente. "Ella está perfectamente. A las chicas nos gusta que nos hagan reír cuando estamos tristes."

Bien, entonces Granger no era la única que había quedado tostada. Él ahora escuchaba voces. Súper.

De todas formas, a esas alturas si la única ayuda que podía conseguir era la de una voz de dudosa existencia en su mente no se quejaría. Draco tomó aire y se preparó mentalmente para lo que sería lo más humillante de su vida. No podía creer que iba a decir eso pero era el tiempo para hacerlo:

—Lo siento —murmuró un poco atropellado por la poca practica que tenía diciendo esas palabras.

Hubo una pausa en la que Hermione había dejado de reír por completo.

—¿Disculpa? —dijo ella al cabo, arrugando la frente del mismo modo en que hacia cuando leía un tema especialmente complicado, levantando un poco una de sus cejas para resaltar que estaba sorprendida.

—Tú me oíste —replicó él, un poco frustrado pero con su tono de voz lleno de arrogancia de vuelta.

—Sí, lo hice; pero ¿desde cuándo el 'Magnifico y Superior Malfoy' pide disculpas? —se burló Hermione pero solo para ocultar la gran intriga que le proporcionaba ese hecho.

—Mira, solo lo hice. Eso es todo.

Eso es todo, eso es todo —contestó Hermione agravando la voz en un tono similar al de Malfoy—. ¿No tienes más respuestas que un eso es todo?

—Lamentablemente no, Granger. Eso es todo.

—Ash —resopló ella con frustración. Malfoy podía ser exasperante a veces ¡y ella que creía que estar encerrado allí lo estaba cambiando!—. ¿Y a que viene tú disculpa, de todas formas?

Su tono era impaciente pero Malfoy no se apresuró a contestar.

—Supongo que por todo —dijo.

—Define "todo" —pidió ella. No iba a dejar que Malfoy se hiciera el tonto en un asunto tan peliagudo como ese.

—¡No lo sé! Cuando digo todo es que agarres todas las cosas por las que te hubiera gustado que me disculpara y te contentes con eso.

Hermione lo vio recelosa. No esperaba esa respuesta exactamente.

—¿Entonces ese "Lo siento" también vale por todos los años en los que te has metido conmigo, Harry o Ron? —Él asintió sin mirarla a los ojos—. ¿Y también por cada vez que molestas a cualquier habitante de este castillo?

—Sí, Granger —replicó Draco—. También por cada vez que he abusado de mi poder de prefecto, de mi poder económico, de mi poder familiar y de cualquier otro poder que se te ocurra.

—¿También por todo lo de hoy?

—Especialmente lo de hoy —Draco suspiró—. Desde ser alguien estúpido e impulsivo hasta no prestarte atención y tratarte mal y…

—Ya entendí —dijo Hermione con una media sonrisa—. Es bueno escucharlo; quiero decir, escuchar una disculpa que de seguro te está costando hacer.

—No tienes idea de cuánto —masculló Draco entre dientes.

—Creo que todos estos años lo hemos estado haciendo mal —continuó Hermione—. Pero, ya que a partir de este momento eres un hombre redimido, deberíamos empezar de nuevo.

—¿Ah? —Draco compuso una mueca mientras mentalmente le preguntaba a la voz de Pansy si aquello era normal. Al menos Granger ya parecía la misma optimista de antes y eso le dio cierto alivio.

—Sí —Hermione se acomodó mejor en su lugar y extendió una mano hacia adelante. Dado el reducido espacio en el que se encontraban, su mano quedaba muy cerca de Draco—. Es un placer, soy Hermione Granger.

Draco empezó a entender por donde iba la chica y en vez de pensar que estaba demente se alegró por volver a escuchar la felicidad grabada en su voz. Como si nada hubiera pasado. Era su capacidad para curarse de las heridas emocionales con facilidad, de nuevo. Hermione le dio una mirada como diciendo "¿Qué esperas?" mientras intercalaba ojeadas a la mano que estaba frente a él. Draco levantó la suya propia y la estrechó con la de Hermione.

—Yo soy Draco Malfoy —siguió él el juego y luego ambos volvieron a bajar las manos.

—Bien, Malfoy. Cuéntame de tu vida. ¿De qué casa eres, qué te gusta hacer?

—Por Merlín, Granger. Es broma, ¿no? —aquello era ridículo.

—Solo hazlo —resolvió Hermione tercamente.

—Bien —gruñó él—. Soy de Slytherin, cosa que de seguro no sabías —Hermione puso los ojos en blanco para no perder la costumbre aunque el comentario del muchacho le había causado algo de gracia—. Me gusta volar en escoba y comer dulces.

—¿Es en serio? Suena como si tuvieras cinco años —rió ella.

—No, Granger, no es broma —dijo Draco a la vez que la fulminaba con la mirada—. ¿Puedo continuar?

Hermione ahogó una nueva risita pero asintió, dándole a entender que lo estaba escuchando.

—Bien, me gusta el dulce. Las ranas de chocolate, las tartas de melaza, de frambuesa, de limón y de manzana silvestre. Me gustan las varitas de chocolate y los caramelos de regaliz. Las grageas de sabores dulces, el algodón de azúcar y las nueces achocolatadas. Solo tomo café con azúcar y té con tres terrones. Pero de todo eso, el helado es mi dulce favorito. ¿Contenta?

Hermione escuchó todo con atención. Se le hacía increíble que el que estuviera hablando de su adicción al dulce con tanto fervor fuera el mismo Malfoy que horas antes la había abandonado en medio de un pasillo.

—Te toca, Granger. No pienso ser el único que hable de sus intereses aquí —dijo el chico luego y Hermione volvió al mundo de su letargo asimilativo.

—Eh —farfulló ella—. Soy de Gryffindor. —Hizo una pausa pensando en que decir—. Me gusta estar con mis amigos y leer. Me gusta la lluvia y adoro los pastelillos que hace mi madre cada vez que llego a casa en vacaciones porque son sinónimo de mi hogar. Esta vez otra pregunta —anunció luego de terminar—. ¿Qué cosas no te gustan?

Draco vio a la chica frente a él. Si el día anterior le hubiesen dicho que estaría entablando una conversación decente con ella, tratando temas tan normales, se habría reído de esa persona luego de lanzarle un par de maldiciones. Vamos, si esa misma mañana lo habría hecho, pero ahora no le parecía algo tan loco. O es que él ya se había vuelto loco por tanta hambre y cansancio.

Aun así, le seguía sorprendiendo que estuviera respondiendo en vez de simplemente ignorarla. Y no solo estaba respondiendo, sino que le estaba gustando hacerlo, y hacerlo con sinceridad. ¿Qué se supone que le estaba pasando?

—Las personas estúpidas —respondió él a la pregunta de Hermione—. Las personas, en general.

Hermione lo vio indulgente, esperando que arreglara esa respuesta.

—¿Qué? —preguntó él como si no hubiera hecho nada—. Bueno, hay excepciones pero ¡no te puede gustar todo el mundo, Granger! Ni siquiera tú, puedes ser buena con todos.

—Que tú seas un engreído que desprecie a cualquiera que considere inferior a él no significa que todos seamos así.

—Granger, sé sincera. Debe haber alguien que no te agrade especialmente.

—Tienes razón —comentó ella pensativa. Malfoy murmuró algo como "Exacto"—. No me gustan las personas injustas o altaneras.

—Ahí lo tienes —respondió Malfoy—. Ahora creo que me toca preguntar a mí, ¿no te parece? —Hermione asintió con los ojos entrecerrados. Malfoy podía traérselas. Pasaron unos segundos antes de que sus labios volvieran a articular palabra—. ¿Cuál es tu mayor temor?

A Hermione no le sorprendió especialmente esa pregunta (no viniendo de Malfoy, claro). Lo que si le sorprendía era que el muchacho de verdad parecía interesado en su respuesta en vez de solo querer humillarla. A decir verdad, le sorprendía toda la escena en la que se encontraba. ¿De cuándo a acá Malfoy no se comportaba como un completo idiota y tenía un conversación tan… decente con ella? Pero también le sorprendía ella misma y como también era correctamente amable con él.

Está bien, ella tendía a actuar así con casi cualquiera, siempre sonreía y sabía que decir con cualquiera que requisara su atención, sea hombre, mujer, animal o retrato encantado. Ella siempre, siempre era amable pero por Morgana; Malfoy es Malfoy. No tendría que ser amable nunca con él.

Aunque ya es muy tarde para impedirlo pensó, recordando todo lo ocurrido desde la mañana; desde el mismo momento en que decidió que lo ayudaría a cargar con su varita. Ese día su vida había dado tantas vueltas que era increíble pensar que hace tan solo unas horas ella estaba saliendo de su sala común para ejercer su cargo de prefecta y el chico que tenía en frente estuviera amedrentando a un niño solo por diversión.

—Eh, Granger. ¿Vas a contestar o te vas a quedar pensando mucho tiempo más?

La voz de Malfoy le pareció lejana y confusa en un principio. Vaya que estaba sumergida en sus pensamientos.

—Si —contestó rápidamente—. Sí, contestaré.

—¿Y bien? ¿A que le temes? —volvió a insistir Malfoy.

—En tercer curso mi boggart era McGonagall diciendo que suspendería todo —se encogió de hombros—. No es una perspectiva nada agradable.

—Sabes tan bien como yo que eso ya no es así —replicó Malfoy impertérrito—. Te estoy preguntando qué verías si apareciera un boggart justo en este instante.

Hermione pareció ofuscada. ¿Ahora Malfoy era un experto en miedos? Ella sabía muy bien que la atemorizaba mas, ¿no?

¿No?

Lo pensó un poco. ¿En verdad, qué la atemorizaba más? Esa parte de ella misma era una de las pocas en las que no le gustaba escarbar de más.

—La muerte —susurró luego de pensarlo unos minutos.

—¿La muerte? —dijo Draco enarcando una de sus finas cejas—. ¿Temes… morir?

Aunque su tono pretendía ser escéptico no lo consiguió. Parecía extrañado pero sus profundas orbes grises seguían llenas de curiosidad.

—No exactamente —respondió Hermione, tratando de escoger muy bien sus palabras—. Le temo a lo que la muerte significa para mí, estando viva.

—No te entiendo —dijo Draco. Ella suspiró mientras organizaba mejor sus ideas.

—Le temo a encontrar a las personas que amo muertas. A mis padres, a mis amigos, inclusive a mis compañeros o a los que ni siquiera conozco. Odio que cada día en las noticias salgan mas y mas personas que han perdido la vida por culpa de… de…

—¿La guerra? ¿Los mortifagos? —atajó Draco. Hermione asintió—. Lo siento por eso también —murmuró luego.

—No tienes porque disculparte, no es tu culpa.

Un extraño silencio es levantó entre ambos de nuevo. Draco vio a Hermione de pronto y sus ojos se encontraron. Él pudo ver en los de ella ese vaho de emociones tan puras que dolían, y en ese momento estuvo seguro de lo diferentes que eran.

Se sintió repentinamente culpable, como la peor escoria del mundo, y no solo por todo lo que había hecho a lo largo de sus años en Hogwarts (especialmente ese día). No, él se sentía mal por ser parte del miedo de la chica que tenía en frente. De corromper esa alegría, de causar estragos en su mundo lleno de felicidad. Ella no lo entendía. No entendía que ni siquiera una excusa sería válida para absolverlo de eso y ese desentendimiento era justamente lo que veía en esos ojos achocolatados.

O tal vez, ese desentendimiento fuera un entendimiento infinito, tan inmenso que no abarcaría todo. Un entendimiento paradójico.

En Hermione podría ser posible; podría ser que entendiera que no era su culpa haber nacido en una familia de mortifagos. Que no era su culpa haber sido criado exigiendo que se le tratara como un rey. Que no era su culpa que le hubiesen enseñado a despreciar a los sangresucias.

Que nada era su culpa, que simplemente era algo que había pasado.

¿Sería verdad que ella lo entendería de esa manera? ¿Sabría ella cuáles eran sus miedos?

—Creo que fue una pregunta muy compleja —exhaló Hermione de pronto con una pequeña sonrisa llena de la calidez que faltaba en ese lugar—. ¿Qué hay de los lugares que te gustan visitar?

Draco agradeció que la chica no lo dejara profundizar más en el tema y en cambio se decidiera por hablar de algo más banal y completamente diferente.

Pero, no olvidaría que a partir de ese instante sintió un poco mas de empatía por Hermione Granger, la chica más compleja que hubiera conocido nunca y con la que sorprendentemente compartía muchas más cosas de las que nunca podría haberse imaginado.

La conversación fluyó como si nada, como si fueran viejos amigos que se estuvieran poniendo al día luego de una temporada sin verse, lo que era irónico, se dijo Draco, porque no eran amigos y ya estaban cansados de ser lo único que habían visto ese fatídico día.

Draco descubrió que Hermione odiaba las zanahorias y que aun dormía con una vieja manta que tenía desde niña. Por supuesto, él también confesó algunas cosas como que cantaba en la ducha (nada mal, según él mismo) y que sus animales favoritos eran las aves.

—Se ven tan libres mientras vuelan, como si nada mas les importase —había explicado mientras Hermione escuchaba atenta pero conteniendo la risa por la interpretación que había dado el muchacho del batir de alas de un pájaro especialmente torpe.

Poco a poco, su conversación se fue convirtiendo en una extraña competencia por confesar las cosas más vergonzosas. Al principio solo eran cosas cotidianas pero cada vez las confesiones eran más pesadas y cada una parecía tumbar a la anterior.

—Una vez me dormí en la biblioteca y Zabini me maquilló como Umbridge.

—Pues yo una vez le dije "Mamá" a McGonagall frente a unos chicos mayores.

—Yo a pesar de lo que todos pueden pensar —dijo Malfoy en tono confidencial—, aun me chupo el dedo cuando no puedo dormir.

Hermione lo vio desafiante. ¿Qué podría ser más vergonzoso que eso? Lo pensó durante un buen rato antes de decidirse.

—Y yo, a pesar de los que muchos puedan pensar —dijo, armándose de valor para continuar—, nunca he besado a un chico.

—¿Es en serio? —preguntó Draco enarcando una ceja burlona. Hermione asintió ruborizándose—. ¿Ni siquiera con el lerdo de Krum?

—Viktor no es ningún lerdo —le regañó Hermione exaltada y mucho mas ruborizada que antes—, y no, mucho menos con él.

Draco rió un poco por dentro pero Hermione lo interrumpió molesta.

—Malfoy, yo no me he burlado de lo que tú dices y…

—No me estoy burlando —atajó Draco. Luego estalló en carcajadas—. Bueno, tal vez un poco —ella lo fulminó con la mirada. Era una tonta, no debería haber dicho eso, se había dejado llevar—. Pero Granger, ¿nadie?

—No, Malfoy —gruñó ella cruzándose de brazos—. Nadie.

—Y tienes ¿dieciséis, diecisiete?

—Diecisiete —aclaró ella enfurruñada—, y discúlpame por no tener un historial tan largo como el tuyo. No todos tenemos un sex appeal tan precoz.

—Mi historial no es tan largo —comentó Draco—, por alguna incomprensible razón no le caigo muy bien a todas las chicas… pero confieso que mi sex appeal sí es precoz.

Ella volteó su rostro para no tener que ver al chico. Después de todo, seguía siendo el mismo Draco Malfoy sardónico de siempre.

—Oye, Granger —musitó el rubio luego—. No le diré a nadie. A menos que… ¿alguien más lo sabe?

Hermione giró un poco la cabeza para ver a Malfoy de soslayo. Le daba curiosidad el porqué preguntaba si alguien más sabía. Bueno, el porqué preguntaba implícitamente si Harry o Ron sabían.

—No —contestó ella bajito aunque en el reducido espacio en que estaban Malfoy escuchó a la perfección—. Nadie más lo sabe.

—Lo supuse —dijo él a lo que Hermione lo vio interrogante—. Muchas cosas que te dije tampoco las sabe nadie —comentó mas para sí mismo.

Ella sonrió un poco descruzando los brazos. Al menos si a Malfoy se le ocurría hablar de más ella también podría jugar sucio.

—Entonces deberíamos acordar que todo lo que pasó en este envase se queda en este envase.

—Pensé se sobreentendía —murmuró Draco, desequilibrando a Hermione. Por frases como esas, tan profundas y tan poco pensadas a la vez, era que había estado empezando a agarrar confianza con el rubio.

—¿Quién diría —empezó— que le contaría mis mayores secretos a mi peor enemigo?

—Me preguntó lo mismo, Granger. Me pregunto lo mismo —dijo Draco antes de volver a sumirlos en un nuevo silencio, pero que a diferencia de otras veces, era completamente agradable, que le daba al frio ambiente una mezcla de confortabilidad y calidez, propias de las emociones que Hermione sentía al llegar a casa. Propias del lugar donde pertenecía.

Dios, ¿qué estaba pensando?

—La respuesta es que soy un idiota que solo piensa en sí mismo —dijo Malfoy repentinamente.

—¿Qué? —preguntó ella desconcertada. Al parecer los pensamientos de Draco no iban por el mismo curso que los de ella.

—La respuesta a tu pregunta de hace unas horas, de porque no había pensado en lo que había hecho. En todo lo que nos había pasado —aclaró Draco—. Supongo que es porque soy un idiota que piensa que huyendo de la verdad puede cambiar las cosas que hace, puede evitar las consecuencias. Supongo que es porque soy así, pero…

—¿Pero? —insistió Hermione al ver que el muchacho no continuaba.

—Nada, Granger. Solo olvídalo, ¿sí?

—No tienes nada de qué avergonzarte. Yo no me burlaré de ti —y aunque era un comentario serio tenía ciertos tintes de rencor que alegraron un poco a Draco.

—Eres muy resentida, ¿sabes? —ella no respondió, solo articuló un habla con los labios. Malfoy se dio por vencido, era ahora o nunca—. Pero creo que no debería serlo. Ser así de estúpido y egoísta. Debería cambiar.

Hermione asintió pues por primera vez en su vida no tenia palabras para decir ante esa extraña confesión. ¿Malfoy redimido? ¿Malfoy queriendo cambiar su actitud arrogante y narcisista? ¿Malfoy confesándole cosas cada vez más personales? Todo eso era una alucinación por el hambre, sí señor. ¿Qué otra cosa podría ser si no?

—Malfoy —dijo ella después de unos largos minutos en silencio. Él levantó la cara para escucharla—. ¿Sabes qué hora puede ser?

Iba a responder un escueto "no" porque ¿qué diablos le pasaba a Granger? Él hablándole de cosas importantes y ella preguntándole sobre la hora; cuando un gruñido descomunal salió de su estomago.

—Creo que es la hora de la cena —respondió en cambio.

—Sí, eso creí —dijo Hermione sosteniendo su barriga, la cual también empezaba a sonar molesta—. Ya que es obvio que nadie vendrá por nosotros hasta mañana, deberíamos descansar.

Draco la vio, vio las ojeras que tenía bajo los ojos, las facciones demacradas y los hombros caídos por el cansancio.

—Sí, deberíamos descansar —repitió, sabiendo que era lo mejor.

—Aunque no será muy cómodo que se diga —acotó ella mientras se acomodaba con las piernas estiradas y la espalda pegada a la pared de cristal. Tenían que dormir sentados para que pudieran caber allí sin molestar al otro. Hermione cerró los ojos y en esa posición murmuró un "Que descanses, Malfoy".

Draco vio todo eso sin decir palabra. ¿Ahora que se supone que debería hacer? ¿Dormir incomodo? Ja, era una broma de Granger, claro.

Ni por muy arrepentido que estuviese de su comportamiento podría ser feliz en esas condiciones. Eso era para conformistas, no para un Malfoy.

Aunque, dadas las condiciones en que estaban alguien tendría que vigilar, ¿no? ¿No era así como hacían los héroes de los libros cuando estaban perdidos? Uno vigilaba mientras otro dormía. Claro que, Draco debería dormir y Granger vigilar, pero ya que la chica estaba dormida él haría el gran sacrificio de quedarse despierto a vigilar.

Por supuesto, si Granger preguntaba por qué lo había hecho no le contaría sobre sus propios beneficios personales.

Lo que no sabía, es que vigilar era tan aburrido como cuidar gusarajos. Otra vez, el tiempo parecía estar jugando con su mente convirtiendo las horas en segundos y los minutos en días. Pero, se dijo, ni por todos los helados de chocolate del mundo él dormiría como un preso en la cárcel.

Volteó a ver a Granger que estaba virada hacia la derecha, tan cerca de él que si estiraba un poco el brazo podría tocarle la cara. Obviamente estaba incomoda (Draco se anotó un punto mental por ello) pero eso no parecía ser un problema que el cansancio que sentía no pudiera combatir.

Verla dormir tan profunda y pacíficamente le infundió a Draco un extraño sentimiento en el pecho. Los rastros de fatiga que le había visto hace tan solo… eh, minutos, eso, habían desaparecido y en su lugar parecía…

Un momento Draco, pensó, ¿Qué parecía Granger exactamente?

No se dio tiempo de responder esa pregunta mental, cuando sintió a Hermione temblar y arrebujarse en contra del frio cristal con la ropa que aun cargaba encima. Fue en ese momento que Draco recordó que la chica había utilizado su túnica para salvarlo en el escalón falso y que en esos momentos y con el frio que se condensaba en las mazmorras debía estar congelándose.

Él en cambio, además de que estaba más acostumbrado a esas temperaturas, aun cargaba su túnica consigo.

¿Qué debía hacer entonces? ¿Darle su túnica a Granger? Un nuevo escalofrío sacudió a la chica mientras él pensaba qué hacer. ¿Qué se suponía que hacían los hombres redimidos?

De repente, una versión de si mismo vestido con pantalones ajustados negros, una camisa igualmente negra y —para hacer aun más extraño el asunto— un par de cuernos y una larga cola que terminaba en punta de flecha, apareció en su hombro izquierdo.

—Es una sangresucia, Draco —le dijo—. No te debería importar que se muera congelada.

Un pequeño ¡puf! marcó la aparición de otro Draco en su hombro derecho, con la diferencia que este vestía una túnica estilo Dumbledore, larga y completamente blanca. Adicional a eso, tenía una especie de aureola dorada sobre su cabeza. Draco tuvo que reconocer que le gustaba más la versión de su hombro izquierdo.

—Pero Draco —dijo esta afeminada versión de sí mismo—, ella sacrificó su túnica para salvarte, ¿no es justo que tú hagas lo mismo por ella?

—¡Cállate, idiota! —exclamó el Draco de su hombro izquierdo con un arrastre de palabras muy propio de él mismo. Ese Draco empezaba a caerle cada vez mejor—. ¿Qué ganaríamos con eso? Además, la chica ya sabe demasiado de él, es mejor que muera antes que esté contando todas esas cosas sobre Draco.

—Draco —le llamó el Draco de la derecha, quien totalmente contrario al de la izquierda hablaba pausada y pacíficamente, dirigiéndose directamente al Draco de verdad—, sabes tan bien como yo que ella nunca haría eso —el Draco malo bufó—. No le hagas caso. Quítate la túnica y préstasela un rato.

—¡Serás tonto! —gritó el Draco vestido de negro—. ¿Qué ha hecho ella por nosotros más que estorbar?

—Si no fuera por ella no estaríamos aquí —indicó el Draco bueno.

—Si ella no hubiera aparecido en un principio nada de esto hubiera pasado.

—Pero creo que ella tampoco merecía que la trataran como Draco ha hecho durante todo el día y menos como ella ha estado comportándose. De seguro fuiste tú el que le hizo hacerlo.

—Por supuesto que fui yo, tú no te dejas aparecer mucho por aquí.

—Draco no me ha dejado hasta hace un rato —suspiró el bueno—, cuando hablaba con la chica.

—La chica, la chica —canturreó el otro—. Todo lo que dices es sobre la chica. Por eso era mejor cuando estábamos solo Draco y yo.

—Tu…

—¡Un momento! —gritó el verdadero Draco exaltado. Hermione se removió un poco más así que bajó la voz—. ¿Podríais no hablar de mí como si yo no estuviera? ¿Y qué es eso de que solo estábamos tú y yo solos? —preguntó dirigiéndose hacia su izquierda—. ¿Y como que yo no te he dejado aparecer por aquí hasta hace un rato? —preguntó esta vez al Draco de su derecha—. Hasta donde yo sé nunca os había visto. A ninguno de los dos.

Ambos mini–Draco intercambiaron una mirada.

—Yo soy tu consciencia —dijo el Draco de blanco—, y él es mi contraparte, la tentación. Ambos somos parte de tu cerebro, Draco. Yo represento las cosas buenas de las personas (en este caso tú): los sentimientos, las buenas acciones y la pureza de corazón.

—Y yo represento las cosas divertidas de la vida, Draco —intervino el Draco de negro—. La rebeldía, las mentiras, el egoísmo y el narcisismo. De hecho, muchas de las cosas que has hecho en tu vida son obra mía.

Draco miró a ambos con una cara de desconcierto.

—¿Y que se supone que hacéis? —preguntó.

—Te ayudamos a decidir que debes hacer. Que caminos seguir —aclaró la consciencia.

—Claro que, casi siempre has hecho lo que yo te sugiero. —Se acercó un poco a la oreja de Draco y susurró entre dientes—: Nuestro amiguito bueno no tiende a pasearse mucho por mis dominios.

—¡Te escuché!

—¿Y eso por qué sucede? ¿Por qué mi consciencia apareció justo hoy? —inquirió Draco.

—Porque tú mismo lo has hecho así. —La consciencia de Draco suspiró y desplegó unas alas que hasta ese entonces Draco ni siquiera había observado para bajar hasta su regazo y hablarle desde allí.

—¡Ese truco no es justo! —gritó el Draco que representaba la tentación encaramándose por el pecho de Draco para bajar hasta donde estaba el otro—. ¿Por qué él puede tener alas y yo no?

Draco se encogió de hombros sin saber la respuesta. Aquello cada vez era más raro. El Draco alado, que con alas y aureola parecía un ángel, estaba caminando hacia donde estaba Hermione con los brazos tomados tras su espalda.

—Veras, Draco —comenzó a decir de espaldas a Draco, viendo a Hermione—. Toda tu vida te has empecinado en seguir los consejos de este demente —señaló al diablillo quien solo sonrió orgulloso—, dejando a un lado todos tus lados buenos y ocultándolos tras miles de puertas con cerrojos. Allí estaba yo, encerrado viendo como a diario te empeñabas en tratar mal a todo el mundo y declarándote amo y señor de la tierra.

—Pero fue divertido, ¿no Draco? —sonrió el diablillo. El ángel lo ignoró para seguir hablando.

—Pero no fue lo correcto. Hoy, durante todo el transcurso del día he visto como esta chica ha tratado de ayudarte a salir de problemas con un temple de acero. Como, sin importarle todos los años de malos tratos que le has dado, estaba dispuesta a dar la cara por ti. Vi en ella una oportunidad, la única que me has dejado ver en años.

Hizo una pausa y se volvió hacia Draco.

—Hace un rato, mientras hablabas con ella fue como volver a nacer. Las puertas se caían más y más a medida que conversaban tan profundamente y fue en ese entonces cuando volví a ver que no era tan tarde para arreglarte, no es tarde para llevarte por un buen camino.

—Oye, deberías anotarte en la lista de los que ha salvado Granger antes de que se acabe el espacio —dijo Draco.

—¿Podrías dejar de hacer eso? —dijo el ángel dirigiéndose al diablito.

—Lo siento —contestó este encogiéndose de hombros—, es divertido.

—Draco, no es tarde para hacerte entrar en razón. Puedes cambiar, si me dejas dirigirte.

—¡Tonterías! —exclamó el Draco malo—. Draco quiere seguir siendo como es, ¿no es así?

—Yo… —comenzó Draco—. No sé si… ¡Dejadme pensarlo!

—Draco, ella es nuestra salvación. Ella es buena y pura.

—Por eso mismo debes destruirla. —El diablillo apretó los puños—. No dejes que este idiota te lave el cerebro.

—Yo… —Draco no sabía que elegir.

—Draco, dale la túnica. Es un buen comienzo —la voz del ángel empezó a sonar distorsionada y lejana.

—¡No Draco! —la voz del diablillo también sonó como si se estuviera alejando—. ¡Deja que se salve sola!

—Despierta, Draco —dijo el ángel y esta vez sonó como el eco de alguien que está a kilómetros—. Despierta y préstale la túnica para que entre en calor.

En ese momento todo se desvaneció y Draco abrió los ojos. Se había quedado dormido.

Se restregó un poco la cara con las manos y vio que aun se encontraba en el mismo envase en el salón de pociones. Granger estaba a su lado. ¿En qué momento se había acercado tanto?

Todo había sido un sueño. No había rastro de ninguna versión extraña de él por ahí, diciéndole que hacer. Draco se enderezó cuando oyó a Granger tiritar de frio.

¿Ahora que debía hacer?

Draco lo pensó y se decidió por lo que jamás en su vida pensó que haría: le prestaría la túnica a Granger. Lentamente se levantó para sacársela y luego se volvió a sentar en donde estaba. Vio a Hermione, durmiendo pacíficamente, con la única perturbación de un frio nada normal calándole hasta los huesos.

Sujetó la túnica con ambas manos, abriéndola cual sabana y se la pasó a la chica por encima de los hombros. Al ser Draco más alto que ella, la túnica llegaba a cubrirle hasta los pies. Hermione al sentir el nuevo contacto caliente relajó un poco el cuerpo y se dejó llevar por la calidez de su improvisada cobija.

Granger tenía el sueño pesado, se dijo Draco, antes de cruzar los brazos y acomodarse mejor para "montar guardia". Giró el rostro hacia el otro lado donde no estaba la chica y se quedó así hasta que sintió algo sobre sus piernas.

Al volverse al lugar vio la cabeza de arbusto de Granger, descansando en sus muslos. En un primer instante estuvo tentado a quitársela de encima pero luego de verla dormir tan plácidamente… se dijo que no pasaría nada malo si Granger se quedaba allí unas horas.

Suspiró. Se estaba volviendo un ablandado y en su mente casi podía imaginarse la batalla que estarían teniendo su parte mala y su parte buena.

Sonrió mientras cerraba los ojos. Creía saber cuál de las dos iba ganando.

[Continuará…]


Espero que hayáis disfrutado de esta entrega semanal de "Del tamaño de un lápiz". Con mandar un mensaje al 0-800–LÁPIZ o clicando en el botón de review de abajo podrá llevarse un mini–Draco edición ángel o diablillo totalmente gratis.

*Mientras tanto, un mensaje de los patrocinadores (a.k.a. Mariauxi, la autora, you know):

Me ha encantado escribir este capítulo. Tanto así que me extendí como loca pero no podía parar de escribir. De lejos ha sido mi favorito :) ¿Qué os pareció la conversación entre Draco y Hermione? ¿La esperabais u os cogió por sorpresa? ¿Y sobre el debate interno de Draco? Eso fue lo más divertido de escribir de todo aunque no sé si al final se entiende bien. Cualquier cosas, hacédmela saber por review.

Anyway, ¿alguna sugerencia? ¿Alguna petición/escena que queráis que aparezca más adelante? Es la oportunidad de hacerla, estoy abierta a todo :D

¡Nos leemos la semana que viene! Besos.