Capitulo 6:

Mantén a tus amigos cerca, a tus enemigos más cerca y a tus mascotas muy lejos.

Draco se sumió en un sueño intranquilo, tal vez por el hambre aunque posiblemente haya sido por todas las preocupaciones que cargaba encima. Que él haya sido (sea) un niño (adolescente) mimado no quiere decir que no tenga nada de lo que preocuparse.

Empezó pensando en cuando podrían volver a la normalidad hasta quedarse dormido. Al despertar de un sueño en que era perseguido por varitas gigantes echó una ojeada al lugar de pociones hasta comprobar que todo estaba tranquilo a excepción de unos eventuales suspiros de la chica que aun estaba acomodada en sus piernas.

¿En qué estaría pensando Granger? se preguntó y con esa pregunta dándole vueltas en la cabeza volvió a quedarse dormido con sus energías aun mas mermadas. Volvió a despertarse de un sueño en el que caía inevitablemente de un escalón falso, por un precipicio que parecía hacerse cada vez más largo conforme caía.

Hermione estaba volteada cuando eso pasó. Draco empezaba a frustrarse de ver a Granger tan feliz durmiendo y compararlo con sus fructuosos intentos por coger un poco de sueño. Posiblemente fuera porque ella estaba cómoda en sus piernas, arropada con su túnica.

Sopesó la idea de despertarla pero por alguna extraña razón no encontraba las ganas para hacer eso. También comenzó a pensar en cómo podría acomodarse mejor para dormir cuando fue interrumpido por un extraño ruido. Detuvo sus pensamientos y con cuidado de no hacer mucho ruido, vio el salón de pociones a través del cristal. Estaba tan apacible como había estado toda la tarde y buena parte de esa noche. Por enésima vez en el día, se preguntó qué hora era.

Se enderezó un poco mejor, apoyando la espalda por completo en el vidrio. Como para hacer eso también necesitaba mover las piernas, la cabeza de Granger se tambaleó un poco pero la chica, aparentemente en sueños, sintió lo que estaba haciendo Draco y se acomodó de nuevo.

Otro ruido volvió a sonar en el aula, alertando a Draco, que ya a esas alturas había dejado el sueño muy atrás. Se giró de nuevo pero la única lámpara de aceite que iluminaba el salón se estaba extinguiendo por lo que ver más allá de unos pocos metros era dificultoso.

Draco oyó otro ruido pero a diferencia de los otros que se asemejaban mas a algo moviéndose pesadamente entre objetos sólidos esto era un ¿ronroneo? La repetición del mismo sonido le quitó toda duda. Había algo que ronroneaba en esa misma habitación. Trató de ver al máximo por toda el aula pero solo porque él necesitaba ver más, la luz no aumentaba. Por otra parte, tener a Granger sobre las piernas no era precisamente lo mejor para girar el cuello todo lo que él quería.

Con cuidado, agarró la cabeza de la chica y la colocó en el piso–culo–de–botella en que estaban. Al parecer, no lo hizo con el suficiente cuidado porque Granger se acomodó y empezó a mascullar cosas sin sentido. Luego de unos segundos, se había vuelto a dormir. Increíble, se dijo Draco, Granger debería pensar en vender un poco de su esencia para los que sufrieran de insomnio. Se haría rica.

Una vez sin la chica encima se levantó y escudriñó la oscuridad sin llegar a nada. Ya ni siquiera había sonidos. Estaba por darse por vencido y volverse a descansar cuando otro maullido llegó desde afuera.

No vio nada en un principio pero al ver moverse algo en el suelo bajó la mirada hasta allí, donde una gran bola de pelo se contoneaba entre las patas de las mesas. Un gato.

Draco pegó la mirada al vidrio para comprobarlo. El gato en cuestión ya no se encontraba por entre las mesas sino que en cambio, paseaba junto al estante en que guardaban los materiales para pociones.

De todas maneras, no tuvo mucha oportunidad de pensar en eso cuando el gato se acercó al frente del aula, dejándose ver con mayor claridad. Era entre marrón y rojo, color canela específicamente. La cola era increíblemente grande hasta para un gato, pequeñas patas combadas presentaban su caminar pero lo más resaltante era la cara aplastada. Era un gato feo en casi todos los sentidos y si no se equivocaba, ese era el gato de Granger.

—Oye, Granger —llamó a la chica sin despegar la vista del gato—. Creo que tienes visitas.

Hermione solo murmuró algo en sueños como toda respuesta. Draco volteó para ver a la chica. Seguía dormida.

—Granger, despierta. Tu gato está ahí afuera.

—Crookshanks… —susurró Hermione.

Draco bufó exasperado. Maldito sueño pesado de Granger.

—La verdad no me importa cómo se llama… —vio de soslayo al gato y vio como se iba acercando al escritorio del profesor, hacia donde ellos estaban. Se arrodilló junto a la chica y empezó a sacudirle el hombro—. Granger, tu gato, afuera. Despierta.

Con cada palabra le daba una nueva sacudida a Hermione que entre tanto movimiento empezó a abrir los ojos lentamente.

—¿Malfoy? Qué… —comenzó aunque no enfocaba del todo. Se apoyó sobre uno de sus brazos haciendo que parte de la túnica se resbalara hasta su cintura.

—Granger, creo que tu gato está afuera.

—¿Mi gato? —preguntó ella somnolienta pero notablemente más despierta—. ¿Crookshanks está afuera?

—Sí, sorda, eso fue lo que dije. Compruébalo por ti misma si quieres —dicho esto, Draco se levantó y vio a través del cristal en la dirección del gato.

Hermione también se levantó, un poco sorprendida por lo que decía Malfoy. ¿Cómo que su gato, Crookshanks, había llegado hasta allí?

Al levantarse, la túnica de Draco cayó por completo hasta sus pies pero ella pareció no darse cuenta. Con su cara apoyada en el vidrio empezó a escudriñar el lugar. Estaba algo oscuro, la lámpara de aceite que medio alumbraba se extinguía cada vez más, por lo que al no ver nada en un principio, Hermione tomó como una broma de Malfoy; pero justo iba a reclamarle que la despertó por nada cuando un maullido se hizo audible desde fuera del envase donde estaban.

—¿Lo ves, Granger? —dijo Malfoy pero sin mirarla directamente. Aun estaba viendo afuera del vidrio—. Está ahí.

Hermione dirigió su vista hasta donde apuntaba Malfoy y lo vio. Una bola de pelo medio fea que a ella le gustaba considerar su mascota.

—¡Crookshanks! —exclamó de la emoción—. ¡Malfoy, es Crookshanks!

Draco se giró para verla y junto sus manos a la altura de su pecho con falsa sorpresa y una expresión en su rostro de "¿En serio?".

Hermione no vio ese gesto, o por lo menos aparentó ignorarlo y se volvió a centrar en su gato que cada vez, se acercaba mas hasta la mesa.

—Malfoy, ¿sabes lo que esto significa? —Se volvió Hermione—. ¡Crookshanks nos sacará de aquí!

—¿Qué? —Draco frunció el ceño—. Sabes que es un gato, ¿no?

—Es mitad Kneazle —apuntó Hermione—, es muy inteligente.

—Que Merlín te escuche, Granger.

—Preferiría que Crookshanks me escuchara —dijo Hermione arrugando un poco la nariz—. ¿Podrías ayudarme a llamarlo? —Hermione no se detuvo a esperar la respuesta del rubio cuando ya estaba golpeando el frio vidrio con los puños—. ¡Crookshanks! ¡Estoy aquí! ¡Ven conmigo, gatito lindo!

Draco se quedó pensando en el apelativo que la chica utilizó para referirse a su horrendo gato. Fue entonces cuando se preguntó cómo había logrado entrar el gato, y se dio cuenta que cualquier lugar por el que haya podido pasar un gato les serviría a ellos para escapar. Aferrándose a esa posibilidad empezó a golpear el vidrio con el puño a la vez que llamaba al gato como Hermione.

El gato en cuestión empezó a girar su cabeza en todas direcciones, como si supiera que lo estaban llamando pero no supiera desde donde, hasta que subió la mirada sobre la mesa y pareció hacer conexión con su dueña.

—¡Crookshanks, soy yo! ¡Hermione! ¡Ayúdanos por favor!

El gato, sorprendentemente, ladeó la cabeza un poco como pensando en la situación y luego, como si lo hubiese entendido todo, empezó a dirigirse hacia la mesa.

—¡Sí! —exclamó Hermione—. ¡Lo logramos! Dios, esto ha sido todo un golpe de suerte.

—Sí —contestó Draco asintiendo—, solo tenemos que dirigirnos por donde sea que él haya entrado.

—Exactamente —suspiró Hermione. Estaba respirando aceleradamente, tal vez debido a la emoción—. Y además, Crookshanks sabe el camino hasta la torre de Gryffindor. Él nos ayudará y por fin podremos acabar con esto.

Draco asintió con una pequeña sonrisa ladeada formándose en su rostro. Iba a responder algo cuando un sonido detrás de ellos los hizo voltearse en redondo.

Crookshanks había saltado hasta la mesa y se acercaba lentamente hacia ellos.

—Crookshanks, estoy aquí —comenzó Hermione muy alegre, golpeando el vidrio nuevamente.

Draco se quedó atrás, viendo toda la escena y analizándola detalladamente. Había algo que no le cuadraba del todo… tal vez era esa extrema felicidad de Granger, la oscuridad del aula o quizá la mirada de felino depredador que tenía el gato de la Gryffindor mientras se lamía los bordes de su boca con la lengua… ¡Un momento! ¿Era solo su imaginación o el gato parecía estar hambriento?

—Granger —susurró Draco—, dime que tu gato siempre tiene esa cara.

—¿De qué cara hablas? Crookshanks, ya casi llegas. Ven, sácanos de aquí.

El gato seguía relamiéndose y Granger seguía haciéndole morritos desde dentro del envase mientras Draco observaba todo eso y se preguntaba qué rayos debía hacer.

El gato llegó hasta el envase y sonrió de medio lado, en una muy pero muy mala imitación del gato de Cheshire. Entonces, alargó una de sus patas delanteras y golpeó el vidrio que los separaba.

—¡Ja! ¡Gato tonto! Es un vidrio, nunca podrás sacarnos de aquí —se burló Draco, como maquillaje al inmenso alivio que sentía porque el gato no podía comérselos estando ellos allí dentro.

—¡Malfoy! No seas idiota —le espetó Hermione—. Se supone que tiene que sacarnos.

—Granger… no creo que tu gato tenga las intenciones de salvarnos, precisamente.

—¿Ah, no? ¿Entonces por qué crees que llegó hasta aquí?

—Hola —dijo Draco en un tono de "Planeta Tierra llamando a Hermione"—. Es un salón de pociones, lleno de ingredientes deliciosos para un gato al que su dueña no ha alimentado en todo el día.

—Deja las molestias, Malfoy. Crookshanks jamás haría algo así —Hermione estaba decidida a no hacer caso a Malfoy.

—Granger… —comenzó a decir Draco pero una sacudida hizo que ambos chicos cayeran. El gato sostenía entre sus patas delanteras el envase y le daba vueltas con brusquedad, buscando una manera de abrirlo. No parecía importarle que lo que había adentro fuera la chica que lo había cuidado por años.

Entre gemidos, quejidos y golpes, Hermione terminó encima de Draco, en una posición algo comprometedora. Claro que, ninguno de los dos pareció darse cuenta mientras cuidaban no darse un golpe duro en la cabeza.

—Tranquilo… Malfoy… Crookshanks… solo busca… una forma… de sacar…nos —explicó Hermione entre sacudidas.

—Granger… no creo… que tu gato… nos… quiera sacar… por las razones… que tú… crees —debatió Draco con un gruñido.

En ese momento las sacudidas pararon y el gato volvió a dejar al envase en su posición original. Luego comenzó a rodearlo con cierta parsimonia, analizándolo con detalle. Draco lo seguía con la mirada; aun no se fiaba del gato, le daba mala espina.

Hermione, mientras tanto seguía ilusionada por la aparición de su Crookshanks. Él los sacaría de allí, estaba segura.

Por eso, no se dio cuenta de la mirada que les dedicaba el gato.

Por eso, no se dio cuenta que el gato se abalanzaba sobre ellos con furia.

Por eso, de lo único que estuvo consciente fue de los brazos de Malfoy alrededor de ella mientras el gato arremetía contra el vidrio y hacia que cayeran irremediablemente por el borde de la mesa.

Para Hermione todo era confusión. El abrasivo contacto de Malfoy, el penetrante sonido del vidrio rompiéndose en miles de pedacitos, el duro golpe contra la piedra fría, todo parecía estar tan lejano y tan cerca de ella al mismo tiempo que no hacían más que confundir su mente y sus sentidos.

Creyó sentir el golpe de su cuerpo contra el suelo y agradeció que Malfoy hubiera amortiguado parte del mismo con su cuerpo.

—¿Estás bien? —oyó que le preguntaba.

—Sí, sí… —respondió ella—. ¿Dónde está Crookshanks?

—Lamento informarte que viene en camino a devorarnos así que ¡corre!

Hermione no entendió muy bien eso pero cuando volteó la vista y vio a su gato caminando hacia ellos con la misma actitud que tenia al cazar roedores las palabras de Malfoy cobraron nuevo sentido. El muchacho le tendió una mano que ella se apresuró a tomar para levantarse y correr en dirección contraria a Crookshanks.

Cuando empezaron a correr y el gato se dio cuenta de sus intenciones comenzó la verdadera persecución. Crookshanks cogió impulso y saltó sobre el lugar donde se encontraban los chicos justo antes de que estos se movieran y empezaran a zigzaguear por entre las mesas. El gato se enderezó rápidamente y se puso de nuevo a la carga aunque Hermione y Draco ya llevaban cierta ventaja.

Draco iba corriendo bastante rápido y Hermione a duras penas podía seguir sus grandes zancadas pero era eso o dejarse atrapar por las pezuñas de su gato. Crookshanks estaba empezando a recuperar la ventaja que habían tenido y estaba muy cerca de Hermione. Ella chilló cuando una de las uñas del gato le rasgó la parte trasera de la camisa lo que hizo que Draco se girara un poco para verla.

—¡Rápido, por aquí! —le gritó antes de tomarle firmemente una de las muñecas y jalarla hasta debajo de uno de los estantes del salón. Hermione logró agachar la cabeza justo a tiempo, antes de darse un golpe severo. Aunque ya no estaban erguidos, Draco la seguía sujetando, guiándola a través de la oscuridad y el polvo.

Fueron ralentizando la velocidad hasta detenerse, momento que Hermione aprovechó para caer de rodillas al suelo, agotada. Malfoy echó una ojeada afuera de su improvisada cueva segura y vio la silueta del gato tratando de alcanzarlos con una de sus patas. Se felicitó mentalmente por haber logrado mantenerlos a salvo por un momento. Luego se acuclilló frente a Hermione, quien respiraba entrecortadamente.

—¿Estás bien? —le preguntó. No veía muy bien su rostro gracias a la casi absoluta oscuridad pero por los gemidos contenidos podía imaginarse la cara que debía tener.

—S–sí —respondió ella—. Solo estoy muy cansada. Todo fue demasiado repentino.

—Hace un rato —insistió Draco—, cuando chillaste…

—No fue nada, Malfoy. Tranquilízate —dijo ella intentando sonar conciliadora, tarea en la que falló estrepitosamente. Draco la vio con suspicacia, posiblemente un gesto que ella no llegó a ver nunca, antes de volver a insistir.

—¿Qué fue lo que te hizo el gato?

—Nada —su tono era contundente. En la semiplena oscuridad, Draco alcanzó a ver la silueta del brazo de la chica dirigiéndose a su espalda—. Crookshanks no me hizo nada.

Al final su tono se quebró lo que le dio la seguridad a Draco que "nada" no era precisamente lo que había pasado. Rápidamente dirigió su atención a la espalda de la chica, donde creía que se hallaba el problema.

—Granger, ¿le pasa algo a tu espalda? —preguntó en un susurro.

Ella negó con la cabeza pero no dijo nada.

—¿Me permites revisarla al menos?

—No es nada, Malfoy —rebatió Hermione con el tono de voz entrecortado aunque claramente pretendía sonar cortante—. Igual no veras mucho en esta oscuridad.

—Tienes razón —murmuró Draco más para sí mismo que para la chica—. Debemos salir de aquí.

—¿Estás loco? —casi gritó ella—. Debemos quedarnos aquí hasta que Crookshanks se vaya o alguien entre al salón…

—Digamos que la curiosidad mató al gato y de verdad quiero saber que le pasa a tu espalda.

Hermione bufó.

—No es tan difícil, Granger. Creo que hasta tengo un plan y todo.

Hermione empezó a reír ante aquello pero su risa no era como solía ser. Se notaba mucho más débil.

—Escúchame —le dijo Draco—. En algún lugar de este salón hay una entrada por la que logró pasar tu gato, si logramos llegar a ella saldremos de este maldito salón.

—Pero Crookshanks nos atacará a la mínima oportunidad que tenga. Es un mal plan, Malfoy. Él es más rápido y grande que nosotros.

—Pero no creo que sea más inteligente —sonrió Draco—. Nos separaremos. Yo saldré primero y lo distraeré mientras tú buscas la salida.

—Pero…

—Nada de peros. Haremos esto y saldremos de aquí en un santiamén, ¿o es que acaso no quieres salir de este tétrico lugar de una vez por todas?

Hermione se quedó callada, lo que Draco tomó como aceptación de su plan. El chico se levantó y ayudó a Hermione a pararse también. Draco giró y empezó a escudriñar las afueras de su escondite sin encontrar rastros de Crookshanks que al parecer había aprovechado su distracción para desaparecerse. Draco de verdad quería confiar en que ya se había ido pero sabía que con la suerte que los había estado envolviendo todo el día eso sería lo más improbable. Alerta, le hizo señas a Hermione para que se acercara.

—Trata de no hacer mucho ruido. Te haré una señal para cuando sea el momento de que salgas —dicho eso salió a la exterior dejando a Hermione preguntándose cuál sería la señal.

Draco empezó a caminar por donde venían sin ver al gato por ningún lado. Estaba atento a cualquier movimiento o ruido pero o el gato se había ido o era increíblemente bueno ocultándose. Caminó unos metros más alrededor del aula, alejándose de la luz y dirigiéndose hacia el fondo por donde creía haber visto al gato salir. No se distinguían más que sombras dispares pero solo le tomó unos minutos darse cuenta de una trampilla a ras del suelo que no tenía más de treinta centímetros de alto y que él nunca antes había visto. Se acercó a ella sigilosamente y descubrió además que tenía una pequeña rejilla que hacía las veces de puerta pero que aparentemente estaba floja.

Parecía un tubo de ventilación y si no se equivocaba, por allí había entrado el gato.

Ahora, el quid del asunto radicaba en la actual localización de dicho gato, las probabilidades de peligro que tenia y si sería muy arriesgado ir a buscar a Granger y regresar.

Al parecer el gato se había esfumado como por arte de magia pero algo le decía a Draco que aun se encontraba por allí, en algún lado, solo tenía que estar atento. Comenzó su trayecto de vuelta a donde estaba la chica, con ojos en la nuca y muchas otras partes de su cuerpo. Cuando llegó hasta el estante donde se habían estado escondiendo hace un rato se sorprendió al no verla ahí.

Abrió los ojos desmesuradamente y el corazón empezó a latirle sin control. Tragó en seco tratando de sacarse lo peor de la mente. El gato no podía haber agarrado a Granger porque seguro ella gritaría y él se habría dado cuenta. Entonces, ¿dónde estaba la chica? La preocupación comenzaba a convertirlo en un manojo de nervios y volvió a salir fuera del estante, buscando con ayuda de la incipiente luz de la lámpara de aceite la figurilla de Granger.

No quería parecer desesperado pero estaba a solo un paso de ponerse a chillar ahí mismo, sin importarle si el gato lo empezaba a perseguir. Santa Morgana, ¿qué carajo estaba pensando? Era estúpido e irreverente. Era la mayor estupidez que podría llegar a cometer, arremetiendo contra su propia seguridad personal para asegurar la de una sangresucia del bando enemigo…

—¡GRANGER! —gritó con toda la fuerza de sus pequeños pulmones. El silencio que siguió a ese grito no fue nada esperanzador—. Maldita sea. ¡Granger, contesta!

Un comienzo de hiperventilación no le permitió darse cuenta de los silenciosos pasos que producía una gran figura especialmente peluda tras él. Cuando se hubo calmado un poco, escuchó algo que ni siquiera le permitió moverse: un ronroneo. Tragó en seco antes de darse cuenta que el gato de Granger estaba tras de él.

—¡AAHH! —chilló antes de ponerse a correr como poseso a través del salón perseguido de cerca por el gato.

Draco nunca en su vida pensó en lo rápido que podía correr hasta ese momento. Tampoco se había dado cuenta de lo tremendamente ágil que llegaba a ser con la suficiente dosis de adrenalina en su cuerpo. Y mucho menos se había puesto a pensar en que los gatos también lo eran.

Atravesó rápidamente el salón, cuidándose de darse de frente con patas de mesas o sillas por solo milímetros. Llegó hasta un estante y de alguna forma que ni él mismo comprendió, logró confundir al gato para que chocara contra el mismo e hiciera que su contenido cayera irremediablemente en el piso, como una lluvia de envases y cosas viscosas. Evitando que alguna de esas cosas lo golpeara Draco logró obtener cierta ventaja sobre el gato, quien había pisado alguna especia de sustancia pegajosa que lo había retenido atrás. Fue entonces cuando escuchó que alguien lo llamaba.

Giró su cabeza por todos lados, tratando de encontrar la procedencia de la voz (aunque sabía muy bien de quien era).

—¿Granger? —preguntó con un tinte de temor nada normal en él.

—Aquí arriba, Malfoy —susurró Hermione. El rubio levantó la cabeza y vio que sobre un travesaño del estante a su izquierda se asomaba la mata de pelo de la chica. Inconscientemente, suspiró de alivio—. Vamos, sube rápido —lo apremió la chica para que llegara junto a ella con una voz débil.

Malfoy se preguntó cómo habría hecho ella para llegar hasta allí cuando vio que el diseño de la madera dejaba la impresión de ser una escalera en miniatura —o una escalera perfecta para alguien de su tamaño—.

Con rapidez se encaramó allí y comenzó a subir, viendo cada dos segundos atrás donde el gato parecía seguir batallando entre todos esos ingredientes asquerosos. En el segundo o tercer travesaño aproximadamente se encontraba Hermione, inspeccionando los envases que estaban allí y sus contenidos.

—¿Qué haces, Granger? —le preguntó Draco apenas llegó a su lado.

—Busco algo para mi espalda —masculló ella. Ahí donde la luz llegaba un poco mejor que bajo un estante Draco pudo ver las expresión adolorida de la chica. Automáticamente volvió su mirada a la espalda de la chica y vio que toda la parte trasera de su antaña camisa blanca estaba cubierta de un rojo bastante brillante. Sangre fresca.

—¿Estás loca? —le espetó de repente—. ¡Estas sangrando! ¿Y por qué saliste del escondite? Te dije que te quedaras allí.

Ella lo vio frunciendo el ceño y luego desvió su mirada hacia un lado.

—Pensé… yo pensé… —comenzó a decir en un susurro con la voz quebradiza—. Que me habías abandonado y… habías encontrado la salida y habías huido.

En ese momento Hermione estalló en lágrimas arrodillándose y tapándose la cara con las manos, desconcertando completamente a Draco. ¿Huir y dejarla atrás? Ni siquiera había pensado en esa probabilidad, ¿por qué Granger sí? Luego se dio cuenta que eso habría sido más propio de él.

—Ya… —dijo quedamente, desviando la mirada de la chica unos momentos—. Oye, Granger, yo… deja de llorar —le pidió de súbito o mejor dicho, le exigió. Ella ante eso lo vio pero no dejó de hipar ni de derramar lagrimas irrefrenables—. Yo… no sé porque pensaste eso pero no creo… Merlín, no soy tan desgraciado.

Ella subió un poco la cabeza con los ojos aun aguados, se los restregó un poco con las manos antes de hablar.

—Disculpa yo no… —hipó—, pero es que eso… —otro hipido— sería algo que tú podrías haber hecho fácilmente —hipido—, no pensé que de verdad volverías… —hipido— por mí.

—Ya, claro. Ahora que ya te explicaste ¿me permites ver tu espalda?

Hermione hipó un poco pero asintió y se giró para destaparse la parte lastimada que iba más o menos desde la mitad de la espalda hasta el principio de la cadera. Al ver la herida, toda recubierta de sangre, Draco se recordó a si mismo porque no sería sanador. La sangre le hacía correr siempre en dirección contraria.

—¿Y? —preguntó Hermione—. ¿Cómo se ve?

—Bastante… —Draco tragó largo antes de responder—, horrible. Estas sangrando demasiado, hay que detener la hemorragia.

Draco pensó rápidamente en que podría usar como venda para ello y solo se le ocurrió arrancarse una de las mangas de la camisa. Hermione respiraba entrecortadamente, mordiéndose el labio para no chillar ante el contacto de la tela contra la carne viva. Draco apretó la tela y le hizo un pequeño nudo para que no se moviera de su sitio. De todas formas, vio como la manga blanca comenzaba a oscurecerse y se dio cuenta que tendría que hacer algo pero a la de ya.

Empezaba a marearse y seguir viendo aquello no ayudaba. Volvió a girar la cabeza en dirección al gato y vio que no le quedaba mucho tiempo hasta que lograra liberarse y llegara hasta ellos. Volvió a ver a Hermione y tomó una decisión contundente.

—Granger, recuéstate de la pared, yo buscaré algo para la herida.

No sabía porque lo había hecho. Cuidar de Granger, ayudarla y poner en riesgo su propia vida, todo al mismo tiempo pro ahí estaba: bajando de nuevo hasta el suelo y dirigiéndose hasta un estante más a la derecha en el que estaba seguro guardaban ingredientes para pociones curativas. A lo lejos vio que el gato tenía su felina mirada sobre él. Trató de ignorarlo y apretó el paso. Afortunadamente, todos los estantes parecían tener el mismo diseño como de escalera tallada en la madera así que apenas llegó a su objetivo comenzó a subir. Si mal no recordaba, lo que buscaba estaba en uno de las repisas superiores así que el trayecto era mucho más largo que el anterior.

Llegó y empezó a inspeccionar los frascos detalladamente. Había de todo: ancas de rana, moco de duende y había algo que rezaba agua de pantano encantado junto a una calavera. Siguió buscando, sabiendo que el frasco azul que buscaba estaba por allí, en algún rincón. Había polvos, líquidos y otras cosas estúpidamente mágicas que a veces resultaban ser más altos que Draco pero ni rastro del frasco azul que buscaba. Un sudor frio empezaba a correrle por la frente ante la creciente desesperación de su mente.

Muchas cosas dependían de que tan rápido encontrara ese frasco: la vida de Granger, la suerte del gato y su propio pellejo. El nerviosismo le hizo tropezarse contra un clavo mal clavado que sobresalía de la madera pero se levantó rápidamente ignorando el dolor en el dedo pequeño del pie.

Cuando estaba dándose por vencido lo vio, estaba premeditadamente colocado detrás de un par de botellas de suero soporífero, oculto de cualquiera que intentara robarlo, dado su gran valor.

Era un pequeño frasquito de no más de diez centímetros, de vidrio azul celeste y que contenía un líquido blancuzco en su interior. Draco comenzó a arrastrarlo cuando se dio cuenta del verdadero problema: para él, el frasco era demasiado grande y pesado.

¡Mierda!

Tenía que llevar eso al otro estante donde se suponía estaba Granger medio muriendo desangrada pero su tamaño no ayudaba.

—Rápido, Draco. Piensa en algo —se decía en voz baja sintiendo como sus neuronas se retorcían buscando una solución en aquella encrucijada. Subió un poco la cabeza cuando se le ocurrió una de las cosas más locas en las que había pensado nunca.

Sacó del bolsillo trasero de su pantalón su monedero de cuero de dragón y lo abrió. Gracias a un encantamiento de extensión indetectable podía albergar muchas más cosas de las que aparentaba (Draco por lo general lo usaba para albergar su gran cantidad de dinero) por lo que Draco rezó porque el hecho de ser pequeño no le hubiese quitado esa propiedad.

Respirando profundamente lo giró y vio caer al suelo un montón de monedas, la mayoría Galeones y uno que otro Sickle, encogidas también pero en una cantidad desmesurada para el tamaño que daba el monedero. Draco lo sacudió un poco antes de comprobar que había quedado vacío. A sus pies había una montaña de monedas y papeles sin importancia los cuales Draco ignoró. Se colocó la cartera entre los dientes para abrir el frasco con las manos.

Para su sorpresa no estaba sellado muy fuertemente. Una vez abierto, sostuvo con su mano izquierda la billetera y la sumergió dentro del frasco como si fuese un barril de cerveza. Dejó que el líquido se introdujera dentro del monedero un rato hasta que lo sacó y comprobó que estaba un poco más pesado que antes. Lo escurrió un poco y lo cerró. También tenía un hechizo para que no se abriera sino era por las manos de su dueño pero Draco no se puso a pensar mucho en eso. Saltó la montaña de dinero y estaba a punto de bajar por donde había subido cuando vio hacia abajo y se encontró a Crookshanks tratando de atraparlo a base de saltos y gruñidos.

Lívido, se echó todo lo que pudo hasta atrás hasta tropezar con un rollo de goma élfica y caer de culo sobre ella.

¿Ahora que se supone que haría? Bajar supondría la muerte segura pero no hacerlo supondría la de Granger. ¿Por qué todo tenía que ser tan jodidamente difícil? Rápidamente Draco se puso a pensar en la solución a su nuevo problema. Diablos, nunca había pensado tanto en una sola noche. Aunque claro, tampoco es que nunca hubiera tenido ese tamaño antes. Una sacudida del estante le hizo darse cuenta que si el gato no lograba llegar hasta donde estaba, sería capaz de tumbarlo para llevarlo directo a sus fauces.

Y así de fugazmente como pensó en eso, una ráfaga de inteligencia lo sacudió mentalmente y logró que conectara algunos cabos sueltos.

Para llegar hasta la chica tenía dos opciones. La primera era bajar hasta el suelo, atravesar el espacio que separaba ambos estantes y subir hasta donde estaba la chica pero el gato esperando por él abajo era un obstáculo que ocluía esa opción. La única otra salida que quedaba, era llegar hasta el otro estante por aire, atravesando el espacio entre ambos estantes de un salto. Era una idea suicida pero Draco acababa de ver que contaba con un elemento especial: el rollo de goma élfica. Resistente y elástico, podría funcionarle como liana para atravesar de un estante a otro si la amarraba correctamente de… ¿de qué podría atarlo?

¡Ya lo tenía! El clavo sobresaliente con el que se había tropezado. Cuando fue a ver, ya tenía un plan. Era como si el destino le hubiera estado ayudando a cumplir su misión de salvar a Granger. Una obra buena conllevaba a una igual… era sencillo.

Rápidamente rompió el plástico que envolvía el rollo de goma y con la punta entre sus manos recorrió el travesaño completo hasta llegar al clavo del que lo ataría. Con las manos un poco temblorosas logró hacer un fuerte nudo que comprobó cuatro veces. El gato volvió a sacudir el estante un poco más fuerte. El rubio entró en pánico, era el momento de poner en marcha el plan.

Agarró la bola de goma entre sus brazos como si fuera una pelota de playa y contó hasta tres antes de lanzarse al vacío en un ángulo de inclinación para llegar hasta el otro lado.

Aferrado con todas sus fuerzas a la gran bola de goma gritó de júbilo (o pánico) al sentir como caía y luego comenzaba a subir lentamente al otro lado. Lo que no había logrado calcular muy bien era el aterrizaje que hizo al ver que si no lo realizaba en ese justo momento se devolvería de nuevo al punto de inicio.

Unos cuantos golpes y volteretas forzadas fue lo que recibió al caer en el travesaño, rodando sobre sí mismo y el rollo de goma y tumbando algunos frascos a su paso. Al detenerse, se levantó algo confundido. Sacudió la cabeza y vio a su alrededor. ¡Había llegado al estante donde estaba Granger! La mala noticia era que no había llegado justamente al travesaño donde estaba la chica.

Se asomó por el borde y se dio cuenta que tendría que bajar un poco. Al girar la cabeza un poco vio a Crookshanks acercándose al estante donde estaba su presa ahora. Al parecer el gato no parecía querer darse por vencido tan rápidamente y levantándose sobre sus patas traseras, empezó a repetir su maniobra de sacudir todo, con más insistencia esta vez.

Draco respiró hondo, se aseguró de tener el monedero en el bolsillo trasero del pantalón y con un arranque de gallardía fue hasta el diseño de escalera y empezó a bajar, aferrándose con todo de ellas para que las sacudidas que daba el gato no lo tumbaran.

¿Por qué hacia todo eso? ¿Qué tanta importancia tenía que hubiera una sangresucia en el mundo? ¿Acaso él no estaba precisamente destinado a acabar con cada una de esas escorias para la sangre? ¿Por qué estaba tan empeñado en salvarla precisamente a ella?

Draco dejó las preguntas para luego cuando vio que había llegado. Granger seguía en el mismo lugar donde la había dejado al irse, no sabía si porque confiaba en que sí volvería o porque ya no le quedaba mucha fuerza para irse de allí. Draco rápidamente caminó hasta ella y se acuclilló a su lado, sacando el monedero de su bolsillo. Las sacudidas del gato estaban haciendo que todo se moviera y ambos chicos podían escuchar el sonido de algunos frascos estrellándose contra el piso.

—Granger, acuéstate boca abajo, por favor —le pidió Draco con una voz tranquilizadora.

—¿Qué me harás? —preguntó ella algo desconfiada pero haciendo lo que él le pedía.

—Esto es una especie de bálsamo para cerrar heridas. Se supone que debe mezclarse con un poco de saliva de crup y alguna otra cosa para que sirva como debe, pero un poco de esto aplicado directamente servirá para crear una capa cicatrizante que contendrá la hemorragia. Lamentablemente, no creo que quite el dolor.

Una vez que explicó aquello a Hermione, quitó el improvisado cabestrillo que le había colocado a la chica, descubriendo que estaba completamente húmedo y rojo y abrió el monedero para comenzar a aplicar la sustancia blanca. Metió la mano hasta el fondo y sacó un puño entero de líquido viscoso que restregó sin cuidado alguno sobre la herida. Hermione gimió en respuesta.

—Lo siento —se disculpó Draco repitiendo la operación esta vez con más cuidado.

—No importa —negó Hermione—. Sabes mucho de pociones, Malfoy.

Él se encogió de hombros a la vez que una sacudida movía el estante.

—Es lo único que de verdad se me da bien —respondió él.

—No deberías ser tan duro contigo mismo. Seguro hay cosas que también se te dan bien.

—Molestar alumnos de Gryffindor, por ejemplo —replicó Draco con sorna.

—Y salvarlos de un posible desangramiento —apuntó Hermione con dulzura. Draco se enrojeció ante eso pero Hermione no logró verlo—. También eres bueno con las palabras, aunque te guste usarlas para maltratar a todos.

Draco asintió sopesando las palabras de Granger. En cuanto terminó de aplicar el bálsamo en la espalda de la chica le bajó la camisa de nuevo, aunque por la cantidad de sangre que tenía ni siquiera parecía una camisa.

—¿Sabes? —dijo Hermione levantándose con torpeza, un poco mejor sin sangre corriendo por su espalda—. Cuando te fuiste a buscar eso —se refería al bálsamo que Draco aun tenía en las manos—, estaba segura que volverías. Es tonto de mi parte pensarlo, lo sé, pero algo me daba la seguridad de que sin importar que pasara, volverías a ayudarme.

Draco la vio unos segundos, sosteniéndole la mirada marrón, y por esos cinco segundos que vio la sinceridad de sus palabras y el alivio que significaban para ella, no estuvo consciente de mas nada en el mundo.

Otra sacudida lo hizo volver al mundo real. Las palabras de Hermione lo habían sorprendido pero ahora que ya estaba consciente de nuevo y veía que ella estaba bien, que estaban en un estante en un salón de pociones, que había una salida cerca de allí y que lo único que los detenía de escapar era un horrible gato se le encendió una bombilla sobe la cabeza.

—Granger, creo que tengo un plan.

—Creo que últimamente estás lleno de ellos —sonrió ella—. ¿Cuál es?

—Es uno bastante sencillo —comenzó a explicar Draco—, claro que, tienes que estar dispuesta a ayudarme —Hermione asintió—. Bien, estamos en un estante lleno de materiales para pociones, ¿no? Y hay algunos especialmente viscosos que pueden servir para mantener al gato ocupado mientras bajamos y vamos hasta la salida que encontré.

—¿Qué tan lejos está? —preguntó Hermione decidida a confiar en Malfoy.

—No muy lejos, unos tres metros hacia el fondo. Granger, ¿te das cuenta que lo que vamos a hacer atenta directamente contra la seguridad de tu gato?

—Sí, Malfoy —respondió ella en el mismo tono—. Y también sé que Crookshanks no tardará mucho en salir de eso y perseguirnos de nuevo.

—Entonces nuestras únicas aliadas son el elemento sorpresa y la velocidad —concluyó Draco—. Por eso, cuando cuente tres, empezaremos a lanzar cuantos frascos puedas y apenas eso pase, bajaremos por las escaleras.

—Eso nos quitaría demasiado tiempo —negó Hermione—. Vi cuanto tardaste bajando. Necesitamos una ventaja más amplia.

—¿Qué propones entonces?

Hermione solo sonrió de lado y subiendo las cejas, le contó a Malfoy lo que pretendía hacer. Draco la vio como si estuviera loca pero debía aceptar que era mejor idea que la suya propia.

—Bien, hagámoslo.

Rápidamente subieron (Hermione con un poco de esfuerzo extra) hasta la repisa en que Draco había aterrizado viniendo desde el otro estante. La idea de Hermione era descabellada pero funcionaría. Rápidamente Draco cogió el rollo de goma élfica y lo puso frente a Hermione.

—Muy bien, cerebrito, aquí lo tienes. Haz lo tuyo.

Hermione ignoró el apelativo y se puso manos a la obra para cortar el pedazo de hilo que venía del otro lado y tener una nueva punta. Draco se puso a ordenas los envases en el borde de la repisa para que fuera más fácil lanzarlos simultáneamente. Hermione encontró un clavo ligeramente más sobresaliente que el resto de la madera y lo ató como le había explicado Malfoy que él había hecho antes.

La nueva ola de adrenalina que retumbaba en todo su cuerpo la hacía trabajar deprisa y olvidar temporalmente el dolor punzante de la espalda. Hace un rato que las sacudidas del estante habían parado pero estaba segura que Crookshanks pensaba que esperarlos abajo sería mejor. Iluso.

Cuando terminó todo, se giró para ver a Malfoy apilando el último frasco. Le hizo una seña con el pulgar indicándole que estaba todo listo. Nuevamente, tenían una especie de liana que los transportaría hacia otro lugar rápidamente. Esta vez el objetivo no era un estante, era el suelo, pero eso no lo hacía menos peligroso. Hermione confiaba en que todo saldría bien pero un pequeño encogimiento en el estomago la hacía dudar.

—Granger, no puedes estar nerviosa justo ahora. Fue tu plan.

—Lo sé pero… nunca me ha gustado volar.

—No te gusta volar, nunca has besado a nadie. Eres la persona más extraña que conozco.

—Gracias —resopló ella molesta—. ¿Vas a quedarte ahí todo el día o empezaremos de una vez?

Draco volteó los ojos divertido. Fastidiar a Granger, no importa que tan emocionante o peligroso fuera todo, siempre era divertido. Hermione solo tenía que sostener la bola de goma en un extremo del estante y esperar que Malfoy cogiera impulso, se uniera a ella y se lanzara al vacio. Ge–nial.

Draco se fue hasta el otro extremo, revisó que el gato aun estuviera allí abajo y contó hasta tres con las manos para empezar a correr, tumbando a su paso todos los envases que había apilado tan organizadamente. Hermione podía escuchar el estropicio que de seguro se estaba cociendo allá abajo, el choque de vidrio contra piedra dura y los maullidos en forma de queja de su gato. Lo siento, Crookshanks, pensó durante el segundo que le picó el remordimiento, tú te lo buscaste.

Malfoy empezaba a ganar más velocidad y se acercaba a ella cada vez más.

—¡Asegúrate de sostenerte muy bien! —fue lo último que escuchó de los labios de Malfoy antes de que este se le lanzara encima y ambos cayeran de tiro libre hacia abajo.

Podían haber pasado solo segundos o días, Hermione no lo sabría nunca, pero solo quería que aquello terminara rápido. Con lo que no habían contado era que estaban mucho más arriba de lo que pensaban. Hermione comenzaba a marearse y su agarre empezaba a mermar. Sabía que se desmayaría, era la misma sensación que tenía cuando montaba en escoba, como si ella no pudiera controlar los movimientos y bandazos que daba.

Alrededor de sus ojos todo comenzó a ponerse negro, no sentía las manos y casi nada de su cuerpo, realmente; pero, de lo único que sí fue consciente fue de alguien gritando su nombre mientras era sujetada por unos brazos fuertes.

Su nombre, no su apellido.

Hermione, y luego todo negro.

[Continuará…]


Esta entrega semanal de "Del tamaño de un lápiz" fue auspiciada por las Personas Mágicas por el trato ético de los animales (MPETA), quienes informan que ningún gato fue lastimado en la realización de este capítulo.

Ahora, un mensaje de nuestros patrocinadores (supongo que ya sabéis quien es):

Muajajajajaja. Esa es mi risa malvada, chicas. ¿Qué tal el capitulo? ¿Sabéis que era más largo pero lo corté justo ahí para dejaros con la duda? ¿Ahora ya entendéis lo de la risa malvada?

Me encantó escribir este capítulo, puede que hasta más que el anterior y yo que creía que eso no era posible. Lo sé, es mi historia pero me está encantando como va yendo ahora aunque creo que ha estado todo muy confuso, decidme ¿se entendió todo bien o fue una chafa?. También tengo una pequeña duda: ¿creéis que la actuación de Draco fue muy OcC? Yo en mi mente conozco las razones por las que lo hizo pero no sé si quedó completamente claro. Igual, se explicará todo mejor más adelante (creo).

Hablando de eso, el siguiente capítulo tiene miles de cosas que estoy segura os encantaran. Se viene la calma después de la tormenta y un montón de momentos que pasaran de ser incómodos a algo paradójicamente llamado "románticos".

Oh, y si queréis que Draco os cure la espalda con bálsamo en un aula de pociones oscura solo dejadme su opinión y os lo enviaré directamente a casa.

(Y no, eso no es persuasión para que dejéis un review).

(Bueno, tal vez sí)