Capitulo 7:

Lo que es igual no es trampa, ni siquiera del tamaño de un lápiz.

Hermione, Hermione, Hermione.

Esa simple palabra retumbaba en las paredes de su cráneo, aunque no lograba descifrar del todo su significado. Era como si conociera la palabra pero al ser pronunciada en otro idioma o con un acento extraño se confundiera y perdiera su verdadero sentido.

Sabía que algo tenía que ver con ella pero era tan extraña…

—Maldita sea ¡despierta! —escuchó decir por debajo de ella.

Abrió los ojos lentamente encontrándose con una oscuridad que solo le permitía ver sombras. Sombras que se movían. Espera, ¿eran las sombras o ella la que estaba en movimiento? Pero, si estaba inconsciente hasta hace unos segundos, ¿cómo sería posible estar moviéndose? Cerró los ojos otra vez, ahogada en la confusión.

Esa voz que le había apremiado a despertar le sonaba vagamente familiar. Rápidamente sus recuerdos la llevaron a pensar en un par de orbes grises, veteadas de otro gris más oscuro y con pupilas profundas y llenas de secretos. Lo tenía en la punta de la lengua, pero otro recuerdo mucho mas reciente volvió a invadir su corteza cerebral. ¡Era la misma voz que había escuchado decir Hermione! Claro que, si supiera qué rayos significaba Hermione podría averiguar que se traía la voz gritando eso. Estaba confundida.

Además, empezaba a sentirse repentinamente adolorida. Y bastante incómoda.

Empezó a removerse aunque con todas las sacudidas que sentía no significó una gran diferencia. Abrió de nuevo los ojos y esta vez aprovechó para detallar como estaba. Fue en ese momento que se dio cuenta que alguien la estaba cargando (como un saco de papas, cabe decir) y estaba corriendo con ella encima. Rápidamente hizo un repaso mental, tratando de unir lo que estaba pasando con los últimos acontecimientos que lograba recordar.

Recordaba que Crookshanks estaba por ahí, en algún lado. También que ella estaba sujeta a una especie de soga y estaban en un estante. Oh, también que era del tamaño de un lápiz y que solo había una persona cerca de ella cuando estaba cayendo al vacio: Draco Malfoy.

Tragó en seco.

Diablos. Malfoy era el que había dicho su nombre.

De la sorpresa abrió los ojos hasta que casi se le salen de sus orbitas y con la nueva información que había logrado recopilar se podía hacer un claro esquema de lo que sucedía. En la caída ella se había desmayado, Malfoy la había sujetado (y de paso había dicho su nombre) y cuando llegaron a la superficie se la cargó en los hombros y comenzó a correr con ella encima.

—¡Malfoy, bájame! —gritó al darse cuenta de toda la situación. Empezó también a patalear y a darle puñetazos en la espalda a su captor–rescatador—. ¡Ya desperté! Bájame, yo puedo correr sola.

El muchacho se detuvo y la bajó rápidamente, con bastante poco cuidado.

—Mueve el culo, Granger. El gato no tardará en venir por nosotros.

—¿Qué? —comenzó a preguntar ella pero Malfoy ya había puesto pies en polvorosa y ella no quería quedarse atrás. Ya sobraría tiempo para preguntas.

Nuevamente Malfoy, con sus piernas más largas daba pasos más largos y Hermione se quedaba atrás.

—Ven, es por aquí —dijo Draco volteándose un poco para dirigirse a ella. Redujo un poco la velocidad al verse contra la pared. Hermione se preguntó a donde estaría dirigiéndose pero luego vio una pequeña rejilla metálica que parecía ser la entrada de un túnel. Malfoy entreabrió la puertecilla y dejó que ella pasara primero. Luego, se puso en frente y aulló al túnel. Un extraño eco retumbó a través de las paredes. Malfoy se giró hacia ella y le tomó rústicamente del brazo—. Tiene una salida. Vamos —afirmó.

—¿Cómo sabes…? —Hermione estaba dudosa pero se dejaba arrastrar por el rubio por las profundidades del túnel.

—Es una larga historia, solo confórmate con que lo sé —fue la única explicación que dio.

Hermione asintió en silencio pero Malfoy no la vio. Siguieron corriendo unos minutos más por el cerrado túnel de piedra que cada vez era más oscuro y mas empinado cuando escucharon a sus espaldas un maullido. Draco apretó el agarre en el brazo de la chica y apuró la marcha, casi arrastrando a la muchacha. Hermione se dio cuenta que intentaba no dejarla muy atrás.

El camino se hizo aun mas empinado y correr en subida, como todos saben, es mucho más cansado. Aun así, la presión de saber que los estaban persiguiendo y las ganas de encontrar una salida hizo que ambos chicos apenas y empezaran a notar el cansancio.

Los maullidos se estaban volviendo gradualmente más fuertes, el corazón de Hermione empezaba a sonar como un caballo desbocado. Draco iba con paso firme por la oscuridad. Para ser la primera vez que iba por ahí, estaba bastante confiado aunque ni siquiera debía de saber donde terminaba ese camino.

Corrieron durante aproximadamente otro minuto entero hasta que Draco logró divisar una pequeña luz al final del túnel. La salida.

Hermione también pareció divisarla pero estaba más preocupada por lo que tenían detrás que por lo que les esperaba adelante. Crookshanks seguía persiguiéndolos pero ya no hacia tantos ruidos, simplemente se limitaba a farfullar de vez en cuando y eso a Hermione le era menos favorable que a que el gato hiciera muchísimo ruido, porque por lo menos de esa forma, se podía hacer una idea de cuanta ventaja llevaban.

Sintió el agarre de Malfoy aflojar hasta liberarla y se giró para ver al muchacho. Estaba parado frente a la rejilla metálica, tratando de empujarla. Hermione se le unió para ayudarle y entre los dos pudieron moverla para salir de allí. Cuando se deslizaron a través del hueco que habían abierto cayeron sobre la fría piedra de un pasillo. Sin perder un segundo, Draco se levantó y se giró para buscar algo al lado de la rejilla metálica.

Hermione también se levantó para ver que intentaba hacer Malfoy. El muchacho localizó, al lado derecho de la rejilla, una especie de palanca del mismo material dorado que servía como un seguro para que esta no fuera abierta. Rápidamente la cogió entre sus manos y lo pasó, justo dos segundos antes de que el gato llegara hasta ahí y se diera contra la rejilla, que no se movió un ápice ante el golpe.

Draco suspiró con verdadero alivio, luego sonrió y viendo al gato arañar y golpearse inútilmente contra la puerta trancada, subió ambas manos y le dedicó un gesto obsceno con sus dedos corazón.

—¡Malfoy! —se exaltó Hermione con el poco oxigeno que aun quedaba en sus pulmones.

—¿Qué? —Se giró para ver a Hermione con una sonrisa de yo–no–rompo–un–plato taimada en el rostro—. ¿Te molesta que el marcador vaya rubio sexy e inteligente: 1 contra gato feo y gordo: 0?

—Y yo que creía en la sana competencia… —murmuró Hermione mientras caminaba alejándose del rubio por el pasillo.

Él la vio sonriendo y luego se propuso seguirla.

—¿Sabes algo? —Draco sonrió con malicia cuando la chica se detuvo y se volteó para verlo—. Para no haber comido nada hoy eres bastante pesada.

Draco pasó a la chica de largo y se detuvo cerca de la pared. Empezó a respirar con pesadez y se inclinó hasta colocar sus manos sobre sus rodillas, claramente agotado. Unos cuantos mechones rubios le caían desordenados por la cara y parpadeaba rápidamente, tal vez para quitarse la sensación de ver en desenfoque.

Hermione llegó junto a él y se sentó. Podía sentir el latido de su corazón retumbando en sus oídos todavía. Tenía el cabello todo enmarañado y revuelto pero ya no le importaba mucho. En algún punto del camino uno de sus zapatos había desaparecido y ni se hable de la faltante corbata roja escarlata con franjas doradas. La parte trasera de la camisa empezaba a entiesarse a causa de la sangre secándose, pero aun así una pequeña sonrisa cruzó su azorado rostro.

—Gracias, Malfoy. —Se desparramó en el suelo, estirando las piernas y apoyando cuidadosamente la espalda en la piedra—. Viniendo de ti, es casi un cumplido.

El chico sonrió y se sentó a la izquierda de Hermione. No dijeron nada por un tiempo, tan solo escuchando sus respiraciones entrecortadas.

Cualquiera que los viera en aquel momento pensaría que estaban divirtiéndose, pensó Draco. Tenían las ropas hechas jirones, estaban despeinados, sudorosos y cansados, y como cereza del pastel que era la desdicha de aquel día, sonreían como tontos. A pesar de eso, la situación era todo menos erótica o lujuriosa siquiera.

—Oye —llamó Hermione después de un rato. Malfoy solo volteó la cabeza para darle a entender que tenía su atención—, hace un rato… cuando me salvaste tú… dijiste mi nombre.

A Hermione le pareció que el tono de su voz, a mitad de camino entre afirmación y pregunta, trataba de convencerla a ella misma. Y en parte así era. Estaba segura de lo que había oído (o todo lo segura que podía estar tomando en cuenta que se había desmayado) pero aun no entendía el porqué, Draco Malfoy, había dicho su nombre.

—No lo hice.

Escueto, preciso. La convicción en el tono de Draco la hizo dudar solo un poco.

—Sí lo hiciste —refutó ella.

—Claro que no —dijo de nuevo él, rehuyendo metódicamente su mirada.

Ese simple gesto le dio la seguridad a Hermione. Malfoy era bastante directo (e impulsivo) y solo apartaría la mirada si hubiera algo que quisiera ocultar, por ejemplo. Además, en lo que iba de día, Hermione ya lo había visto ocultando la verdad unas cuantas veces.

—Sí lo hiciste. Estoy segura —dijo ella con un gesto de suficiencia pero Draco no volteó—. No te voy a lanzar al calamar gigante, ¿está bien? Solo me daba curiosidad —se encogió de hombros.

—¿Qué? —se atrevió a preguntar Malfoy aun sin voltear el rostro—. ¿Qué haya dicho tu nombre o que te haya salvado?

—Ambas —respondió Hermione firmemente. Él suspiró y ladeó la cabeza para mirarla con unos profundos irises grises enmarcados por anillos más oscuros alrededor de los ojos. Por primera vez en lo que iba del día parecía realmente cansado.

—Eres muy curiosa, Granger —dijo con simpleza—. La curiosidad mató al gato.

—Si aun no he muerto, no veo razones por las cuales preocuparme. Además, creo que a estas alturas tengo derecho de saber unas cuantas cosas.

Cruzó las piernas y luego los brazos, en una conducta de niña enfurruñada que a Draco le pareció adorable durante la milésima de segundo que le tardó recordar que hablaba de Hermione Granger.

—Está bien, Granger. Te diré —terminó diciendo después de unos segundos, haciendo especial énfasis en el apellido de Hermione—. Lo de tu nombre, fue porque pensé que así me prestarías más atención, aunque me equivoqué estrepitosamente. Fue un acto inconsciente e impulsivo —agregó luego.

Hermione sonrió ante esa última declaración pero no interrumpió a Malfoy en su explicación, quería escuchar lo que tuviera que decir aunque no se esperaba nunca la respuesta que el chico estaba a punto de darle.

—Y te salvé, para que las mujeres del mundo mágico no sufrieran.

Hermione lo vio como si se hubiera vuelto loco (cosa que a esas alturas no sería muy improbable) y ya no supiera lo que estaba diciendo. Se descruzó de brazos para girar y ver a Malfoy.

—¿Qué tienen que ver las mujeres del mundo mágico con mi muerte? —inquirió. De verdad, estaba tratando de entenderlo pero tal vez por el agotamiento o la falta de comida o ambas, su cerebro ya no hacia buenas conexiones. O tal vez la del problema era la mente de Malfoy.

—Veras, Granger —explicó él con ese aire de superioridad que lo caracterizaba—. Si se enteran que te encogí —empezó a enumerar con los dedos de su mano—, casi te mueres pisoteada, estuviste en estado de inanición y luego dejé que tu gato te comiera, seguro me dan cadena perpetua en Azkaban, y eso, es algo que no puedo hacerle a las brujas que me adoran —concluyó con un falso tono de pena.

Sí, era la mente de Malfoy.

—Tonto —resopló Hermione en broma, dándole un puñetazo juguetón en el brazo.

—Auch —gimió sobándose el brazo y tratando de fruncir el ceño molesto pero riendo sin remedio—. ¿Es así como tratas a tu salvador?

—¿Cuál salvador? —preguntó Hermione haciendo la tonta—. Oh, ya. ¿Hablas de un impulsivo y bastante egocéntrico salvador? Puede que lo conozca.

—¿Ah, sí? —dijo Draco siguiéndole el juego

—Sí. Si es un rubio oxigenado y se comporta como primate, es él.

—Creo que he oído hablar de él. —Draco se agarró la barbilla en un gesto exageradamente pensativo—. ¿Es ese que rescata a sabelotodos en aprietos?

—Exactamente —concedió Hermione ahogando una risa.

—Ya lo recuerdo —continuó Draco sonriente—. Me contaron que hace poco salvó a una chica insoportable de su bola de pelo asesina.

Esta vez Hermione no pudo contenerse más y empezó a reír abiertamente. Draco también lo hizo y por esos cinco segundos en los que reían de un chiste interno juntos, dejaron de ser el Slytherin Malfoy y la Gryffindor Granger para ser solo Draco y Hermione, dos adolescentes que habían tenido muy poca suerte aquel día.

Poco a poco, las risas se fueron apagando hasta que se sumieron en el silencio apacible que resulta de la risa.

En algún momento, una nube se corrió para dejar que la luna filtrara algunos rayos de luz plateada por los ventanales del pasillo y cubriera a los dos jóvenes que estaban en la penumbra.

Hermione volteó a ver a Draco y lo vio apoyando de nuevo su espalda en la pared y con la cabeza un tanto reclinada hacia atrás. Tenía los ojos cerrados y parecía que estaba pensando en algo agradable por la expresión de sosiego de su rostro.

La luz plateada lo cubría todo, resaltando sus facciones perfectas y los rasgos angulosos haciéndolo parecer una estatua de mármol tallada con esmero. Así como estaba, Malfoy ofrecía un espectáculo visual perfecto, a pesar de las líneas de cansancio que se lograban ver si mirabas con el suficiente detalle. En cambio, ella seguro parecería una andrajosa sin clase alguna.

Tan embelesada estaba contemplando a Malfoy y los brazos que tenía al descubierto que no se dio cuenta cuando él subió su ceja derecha milimétricamente.

—¿Por qué no dejas de mirarme, Granger? —dijo él arrastrando las palabras, aunque no con burla o desprecio, simplemente curiosidad y abriendo los ojos para posarlos en ella.

Hermione se sonrojó ferozmente y sintió como si la hubieran pillado haciendo algo terrible. Rápidamente giró la cara para solo mostrarle su perfil izquierdo a Draco. Él por su parte, parecía disfrutar el sonrojo de la chica. No apartaba su mirada y ahora formaba una sonrisa torcida.

Le gustaba sonrojar a Granger; y no solo por el hecho de molestarla. La hacía parecer también más humana. Siempre había visto a Hermione como la distante comelibros que solo tenía contacto humano con Potter y Weasley, que de vez en cuando intervenía en sus disputas, pero ahora, justo en ese momento y después de haber pasado junto a ella por insólitos problemas casi las ultimas veinticuatro horas de su vida casi le parecía una chica normal. No era precisamente lo que él llamaría "atractiva" con esa melena indomable y esas facciones respingonas, pero ciertamente tenía su encanto.

En ese momento se le ocurrió algo muy estúpido.

No estaban muy separados, así que solo tuvo que estirarse un poco para llegar junto a su oído. Al sentirlo tan cerca Hermione dio un respingo pero no se alejó.

—Soy irresistible, ¿no es así? —susurró él en su cogote—. Acéptalo, Hermione; todas lo dicen.

A Hermione se le había erizado todo el vello de la nuca al sentir a Malfoy sobre su oreja pero no fue nada comparado al retortijón de estomago que sintió cuando el chico dijo su nombre. Fue ahí cuando recordó lo de las mariposas que siempre contaban los libros y se dio cuenta que era pura mentira. Lo que ella sentía se acercaban mas a tanques de guerras que a lindos animalitos voladores.

Había además, algo diferente en la forma en que Malfoy había dicho su nombre, algo que no había estado presente la última vez. En esta ocasión no había un tono de desesperación o preocupación y ella no estaba inconsciente. Ahora era más bien meloso y encantador. Altamente lujurioso… y ella estaba totalmente despierta.

Sonrió, y un nuevo brillo apareció en sus ojos. Volteó el rostro para quedar de frente al chico, sus narices rozándose, el vaho de sus alientos mezclándose en la penumbra, únicamente alumbrados por la luz de la luna y tratando de mantener sus miradas conectadas. Hermione parpadeó un par de veces antes de hablar.

—Y Draco —dijo ella muy bajito, sabiendo que el silencio dejaría que su compañero escuchara perfectamente. Lo vio directamente a los ojos con un aire de picardía—, cuando dices "todas" —ronroneó haciendo que Draco tragara en seco—, ¿te refieres a las ciegas o las retrasadas mentales?

El tono que usó fue tan sutil que aun después de haberse levantado y separado de él, Draco seguía analizando sus palabras.

Cuando se dio cuenta que Granger le había torcido su propio juego, logrando ponerlo en su contra, levantó la cabeza sonriendo derrotado. Hermione le tendía la mano en el aire y él la miró sin entender.

—Vamos principito. Si caminamos durante la noche llegaremos a la torre de Gryffindor antes del amanecer.

Draco enarcó una ceja pero aceptó la mano que Hermione le tendía. Se levantó, se sacudió un poco el pantalón (como si eso pudiera arreglarlo) y siguió a la chica que ya se alejaba por el pasillo.


Una vez más, Draco se pasó la mano por la cara tratando de mantenerse despierto. No haber dormido estaba cobrando factura ahora.

Según Hermione iban en buen camino pero basta decir que era tremendamente largo, y si lo único que veías eran paredes de piedra y sombras por todos lados la travesía se hacía interminable. Debían de ser más de la una de la madrugada, cargaban con un cansancio de todo un día y Draco no parecía sobrellevarlo tan bien como Hermione.

Ella lo notaba en silencio y desde la distancia metafórica en que habían quedado, a pesar de estar a no más de unos centímetros de separación. Todo lo que habían recorrido desde que "eso" había sucedido había sido en silencio.

—Es por aquí —anunció Hermione cuando llegaron a un recodo.

Malfoy la siguió sin decir nada, con los hombros caídos y tallándose un ojo. Hermione no pudo soportarlo más y decidió ser la que hablara primero.

—Así que… Malfoy. —Eso pareció llamar la atención del chico, quien levantó la cabeza para ver a su interlocutora. Ella prosiguió—: No respondiste mi pregunta.

—¿Cuál pregunta? —preguntó él confundido—. Perdona que no recuerde cual sea, después del ataque–Rita–Skeeter que te ha pegado hoy.

Ella se carcajeó un poco y se cruzó de brazos para infundirse un poco de calor en el cuerpo.

—Ya sabes —ya que había llegado hasta ahí se arriesgaría a quedar como una tonta. Ya no le importaba mucho—, quienes creen que eres irresistible.

—Todas las chicas —respondió Draco encogiéndose de hombros y con un gesto petulante en su rosto—. He de admitir que también algunos chicos. Tengo mis encantos.

Hermione bufó sonriendo. Malfoy era el ego hecho hombre.

—No puedo creerlo. Puede que seas más narcisista que Gilderoy Lockhart.

—Tú preguntaste, Granger —dijo él con simpleza, y ahí estaban otra vez, bromeando y riendo de boberías—. Pero no te voy a dar más detalles de mi vida privada.

—Lo dices como si fuera interesante.

—De hecho, lo es. Por lo menos mucho más que la tuya.

Hermione se detuvo y vio a Draco con una expresión sombría. El chico se dio cuenta rápidamente de lo que había dicho.

—Oye, Granger yo… —comenzó a balbucear pero Hermione lo interrumpió.

—No puedo creer que hayas caído tan fácilmente —sonrió ella y empezó a caminar otra vez.

Draco había quedado sin palabras una vez más. Granger podía aparentar ser muy buena y toda la cosa pero en el fondo se las traía. Draco la siguió empezando a maquinar como devolverle los truquitos en un futuro cercano.

—Tal vez tengas razón, Malfoy —dijo Hermione pensativa—, y mi vida sea plana y aburrida pero si la tuya es mucho mejor, ¿por qué no la cuentas?

—Ay, Granger —dijo mientras se estiraba y largaba un bostezo—. No quiero hacerte sentir mal. —Pasó de largo a Hermione con paso tranquilo a la vez que se felicitaba internamente.

Ella lo vio falsamente indignada. Él volteó un poco para ver su cara de soslayo y sonrió de medio lado. Tal vez Granger fuera una sangresucia Gryffindor pero le agradaba que siempre estuviera de buen humor y ahora es que de verdad se daba cuenta.

Maldición. ¿Él había pensado eso? definitivamente el agotamiento le estaba haciendo mal a su cerebro. Granger le podría estar agradando ahora pero dentro de unas horas, cuando todo volviera a la normalidad, volverían a odiarse como siempre. Y él se encargaría de eso, sin importar que esa agradable sensación que sentía en la boca del estomago subiendo por su pecho y su garganta al verla sonreír se esfumara.

¿Qué diablos le estaba pasando? Era algo extraño, diferente. No solo era algo que no había sentido en todo el día, no lo había sentido nunca. Se volvió a girar a la chica quien aun sonreía cálidamente. Le sonrió de vuelta y en ese momento el rostro de Hermione se volvió en una mueca de terror.

—Malfoy… —dijo ella muy tarde. El rubio volvió la cabeza, aun seguía caminando y se golpeó contra el pie de una armadura que se había materializado de pronto en medio de la oscuridad.

Hermione rio al ver a Malfoy cayendo y rodando.

—Malfoy, ¿estás bien? —preguntó preocupada acercándose al lugar del accidente pero la risita que contenía le daba un aspecto poco serio.

—Sí —contestó Malfoy levantándose con dificultad desde el otro lado del gigante pie de la armadura—. Perfectamente.

Ella volvió a reír, esta vez abiertamente.

—¿Te parezco gracioso? —preguntó él. Ella seguía riendo—. Te pregunté, si te parecía gracioso lo que me acaba de pasar, Granger.

—Sí, un poco —contestó ella entre risas.

—Entonces de seguro también te lo parecerá esto. —Malfoy dijo eso y se lanzó hasta adelante, hacia Hermione.

—¿Qué…? —Hermione nunca alcanzó a terminar su frase cuando unos brazos especialmente largos y fuertes la hicieron girar y caer sin ella poder evitarlo.

Malfoy se le había tirado encima, literalmente. La había hecho rodar por el suelo. Y ella estaba riendo.

—Sí, muy graciosa tu broma, Malfoy —se burló ella.

Luego se arrastró el corto trecho que la separaba de su enemigo y con ambas manos haló de su tobillo haciendo que Draco perdiera el equilibrio y cayera al suelo rebotando en su pompis de alta alcurnia.

Hermione largó una carcajada que dio comienzo a una guerra infantil en el suelo. Ella y Malfoy tiraban y halaban del otro como si sus vidas dependiesen de ello y reían al obtener una pequeña ventaja sobre el otro que duraba hasta este se recuperaba y sometía a su contrincante con una llave de lucha.

Risas y forcejeos se mezclaban mientras Draco y Hermione rodaban, se levantaban, caían y así sucesivamente. Fue Hermione, la que muy a su pesar, detuvo el encuentro.

—Malfoy, detente —pidió de pie, el muchacho boca abajo en el suelo a punto de levantarse y seguir—. Aquí hay agua.

Malfoy se levantó lentamente haciendo que el ruido del chapoteo se extendiera alrededor de él. Efectivamente, y como Granger había dicho, el suelo de esa zona estaba lleno de agua. Al menos eso parecía. Hermione se acuclilló e inspeccionó el líquido con las manos, tocándolo y llevándoselo a la nariz para olerlo.

—Es agua —asintió. Draco no pensó en eso dos veces, se agachó y con ambas manos se llevó un poco a los labios. El líquido le bajó por la garganta como un manantial sobre una piedra seca, humedeciéndolo y refrescándolo. Fue la mejor experiencia de todo el día—. ¡Cuidado! ¡Podría estar envenenada! —chilló Hermione a la vez que él se llevaba con ambas manos más agua a la boca.

—¿Envenenada? —bufó Draco—. Granger, no seas absu…

No terminó la frase, empezó a toser descontroladamente. Cayó de bruces contra el suelo y Hermione gritó arrodillándose a su lado.

—¿Malfoy? —dijo comenzando a sacudirlo por los hombros—. Malfoy, por favor… Draco… —los ojos empezaron a llenársele de lágrimas. El chico no respondía y parecía no respirar—. No mueras, por favor —farfulló con lagrimas en los ojos y la voz a punto de desmoronarse.

Draco abrió los ojos y se levantó.

—Tranquila, tranquila —se apresuró a decir—. No es nada, ¿ves? Era broma.

Hermione lo vio con ira, pero el aspecto que tenia, restregándose los ojos y con el labio inferior ligeramente hinchado, le quitaban fuerza a la vista.

—¡No fue gracioso, Malfoy! —exclamó. Empujó al chico en el pecho haciendo que este volviera a caer en el charco de agua y se levantó—. ¡Creí que te había pasado algo grave! —le gritó desde arriba.

Hermione comenzó a caminar a través del gigantesco charco que estaba en el suelo. Draco se levantó rápidamente para seguirla, ahora con las ropas ligeramente mojadas.

—Oye… oye, Granger —llamó a la chica pero ella seguía caminando hacia el frente enfurruñada—. Hermione —dijo categórico, y esta vez la muchacha sí volteó.

—Mira, si te vas a disculpar, está bien. Disculpa aceptada, pero me sigue pareciendo algo sin gracia —dijo Hermione encarando a Draco que ya la había alcanzado.

—¿Qué? ¿No te gusta que finja mi muerte? No creo que tus amigos se molesten mucho por eso.

—¡No metas a Harry y a Ron en esto! —Hermione empezaba a molestarse—. Y no, no es agradable ver morir a alguien que… —Hermione se detuvo a mitad de oración.

—¿A alguien que…? —la animó a continuar Draco—. ¿Qué odies? ¿Qué te trate mal?

—Olvídalo, no lo entenderías —negó ella y siguió caminando a través del agua.

—¡Oye! —Draco trotó un poco hasta alcanzar a Hermione y agarrarla de un brazo. Hizo que se diera la vuelta—. Tal vez si lo explicaras, yo podría entenderlo —le dijo a Hermione y su tono parecía más una acusación que una sugerencia.

—Malfoy, déjalo —repuso Hermione con voz cansada.

—¿Te importaría mucho si muriera? —preguntó él cuando ella estaba a punto de seguir caminando y por la forma en que tensó sus hombros, Draco supo que había dado en el clavo—. No debería —apuntó él—, a fin de cuentas, no soy una buena persona como tú o tus amiguitos.

—No digas eso —contestó ella suspirando afligida—. Eres mucho mejor de lo que piensas.

Él bufó.

—¿Eso piensas? Creo que no eres tan inteligente como pensaba —dijo.

—Sí, eso pienso —respondió ella muy decidida y sin saber a ciencia cierta porque decía aquello—. De hecho, hace un rato me salvaste, ¿no? Dos veces.

—Te estás alegrando por encontrar dos manzanas perfectas en un árbol de manzanas podridas.

—Pero al fin y al cabo, las únicas dos manzanas rojas te las podrías comer mientras todas las demás terminarían de podrirse hasta desintegrarse y olvidarse.

—He hecho muchas cosas malas… no creo que se puedan desintegrar y olvidar así como dices —murmuró Draco sombrío.

—Pero puedes intentar plantar un nuevo árbol con una de las manzanas buenas —dijo Hermione casi como un susurro que Draco pudo escuchar de todas formas. Mientras hablaban se habían ido acercando y ahora solo estaban a un palmo de distancia.

Draco levantó un poco la mirada y vio que Hermione lo veía con dulzura, como si entendiera todo lo que pasaba por su mente y más. Estuvieron así unos segundos, en silencio, solo viéndose a los ojos.

—No es agradable ver a morir a alguien que te importa —susurró ella y a Draco le tomó unos segundos en darse cuenta que esa era la frase que Hermione había dejado a la mitad hace un rato.

—¿Y yo te importo? —preguntó Draco sin caber en su asombro. Aquello debía ser una broma de su cerebro.

—De alguna extraña e incomprensible manera, sí —suspiró Hermione—. Y no preguntes porque… ni yo misma lo sé.

Draco no dijo más nada, no fuera a arruinar el momento con uno de sus comentarios agudos. Se sentía bien en ese momento. Estaba cansado, mojado, magullado y hambriento pero una extraña sensación de paz interior lo embriagó y le hizo sentirse mejor que nunca.

Lentamente subió una de sus manos hasta la mejilla de Hermione y la acarició. Ella se sonrojó ante el tacto pero no se movió. Su respiración se ralentizaba a medida que su corazón aceleraba con desenfreno.

Ahí donde Draco tenía la mano sentía una corriente cálida extenderse por su cara y bajar por todo su cuerpo. Lo veía a los ojos como si no hubiera más nada en el mundo, sintiendo que si apartaba la mirada solo un segundo, lo perdería. Estaba más cerca de él que nunca (y no tenía ni idea de cómo habían llegado a eso) y podía sentir el corazón del rubio latiendo bajo su mano.

Espera… ¿cómo había llegado su mano allí? Había miles de cosas sin explicar, como que ella estaba de puntillas, a solo milímetros de la cara de Draco, que la mano que no estaba en su cara la tenia posada en su cintura y lo más importante: ninguno de los dos estaba haciendo un esfuerzo por separarse.

Todo empezó a marchar a cámara lenta en ese momento. Ya no había nada en el mundo, ni agua, ni castillo… ni siquiera esa fantasma que estaba observándolos de cerca.

Oh, mierda.

—Hola —gorjeó justo a un lado de ellos, estirada boca abajo en el suelo con la cabeza apoyada en sus manos.

Ese fue el detonante. Como si quemaran, Draco y Hermione se separaron al mismo tiempo y giraron para ver la causante de la interrupción.

—Myrtle —dijeron ambos a la vez mientras la susodicha ahogaba otra risita.

—¿Interrumpí algo? —preguntó Myrtle con un tono inocente antes de ser fulminada con dos pares de miradas asesinas.

Gracias al cielo que ya estaba muerta.

[Continuará…]


Bienvenidas a su nueva entrega semanal de "Del tamaño de un lápiz", la historia en la que los protagonistas, son del tamaño de pulgarcito. Si dejáis su opinión vía review, le mandaremos completamente gratis un Draco meloso y lleno de conflictos internos para que lo mime.

*Mientras se decide en aprovechar esta oportunidad, o no, le dejamos un mensaje de nuestros patrocinadores (¿Quién podrá ser?):

No sé si os habréis dado cuenta que esto ya está llegando a su recta final. Esta semana empecé con las clases y ya no tengo taaaanto tiempo para escribir como antes, pero agradeced que ya tenga la historia casi lista (y gran parte completamente en mi cabeza). Así que en unas pocas semanas conoceréis el desenlace de esta historia; pero no os preocupéis que aún quedan otras cuantas aventuras para nuestros protagonistas.

A ver. Repasemos este capítulo paso por paso ahora. Primero, esta lo del nombre de Hermione. Al principio la pobre está hecha un lio pero apenas se entera que fue Draco Malfoy quien la llamó (porque quien más iba a ser, ¿no?) las cosas empiezan a encajar de una manera… diferente en su mente. Voy a ser realista: en ningún universo puedes besar a alguien que odies solo porque comienzas a ver que puede ser que exista una posibilidad ínfima y pequeñita que ese alguien sea una buena persona. Por eso corté los intentos de besos xD Me dije que ahí no cuadraban y ya. ¿Será que ahora me gané el odio de mis lectoras? Un review puede ser de mucha ayuda para resolver mis dudas… Y también puede servir para que me pidáis que os gustaría ver en los próximos capítulos.

Por otra parte, están las conversaciones. Hay mucha profundidad, muchas metáforas y mucho sentimiento en todas ellas. ¿Acaso eso servirá para un mayor acercamiento entre nuestros protagonistas? Tal vez sí, tal vez no. Os dejaré con la duda.

Bien, ya dejo mi cháchara para otros capítulos, las notas largas me estresan :P

¡Besos!