¡Feliz viernes! :D Hoy vengo con otra recomendación musical: What a Wonderful World de Louis Armstrong (podéis buscarla en youtube) que sería el acompañante perfecto para la escena de las galletas. Cuando lleguéis a esa parte ponedla y sonreíd :) Ahora el capitulo:
Capitulo 8:
No hay peor ciego que el que no quiere ver… o en su defecto, Draco Malfoy.
—¿Myrtle? ¿Qué haces tú aquí? —le espetó Draco furioso a la idiota fantasma. Aunque no debería estar tan molesto. Si no fuera por la intervención del Myrtle la Llorona en esos momentos estaría besando a Hermione Granger, y de seguro no estaría sintiendo remordimiento alguno.
Pero ahora, e ignorando su molestia, era una cosa de suerte que Myrtle hubiera intervenido. Si, si, era eso.
—Solo os observo. —Myrtle emitió un odioso chillido que pretendía ser una risa.
—Pero estos no son los lavabos del segundo piso —apuntó Hermione.
Estaba azorada: estaba a punto de besar a Draco Malfoy pero la interrupción de Myrtle los había detenido. Lo que importaba, era que las intenciones habían estado allí y serian con lo que tendría que lidiar luego. No era una perspectiva agradable.
—¿Quieres decir que no debería estar aquí? —preguntó Myrtle con falsa inocencia.
—Exactamente —dijo Hermione. Tenía la cara de Myrtle a pocos centímetros de sí misma.
—¡Claro! —estalló la fantasma y por la cercanía, Hermione pensó que sus tímpanos ya no volverían a ser los mismos nunca más—. ¡Como morí en ese tétrico baño, no tengo derecho a estar en ninguna otra zona del castillo! ¡Myrtle es una llorona, confinémosla a ese baño por el resto de la eternidad para que no nos fastidie!
Hermione arrugó el ceño. Ella no había querido decir eso. Solo quería saber porque alguien que ha pasado los últimos cincuenta años en un mismo baño ya no esté allí.
Recordó las palabras de Draco: "Eres muy curiosa, Granger. La curiosidad mató al gato" y se sorprendió de cuan ciertas podían llegar a ser.
—Yo no quise decir eso… —trató de justificarse pero una nueva tanda de gritos y lamentos aplacaron sus disculpas.
Draco viendo que discutir con esa fantasma sería una pérdida de tiempo, volteó los ojos y agarró a Hermione de un brazo.
—Solo sigue caminando. Ignórala —le susurró.
—¡No me ignorareis tan fácilmente! —chilló Myrtle dándole a entender al rubio que no había hablado tan bajito como pretendía—. Os quedareis aquí hasta que yo quiera.
—Oye, Myrtle —dijo Draco con un tono displicente—, no sé qué diablos quieres pero no estamos precisamente para…
—¡Oh, sí que lo estáis! —exclamó Myrtle. Luego, como si una tuerca en su cerebro hubiera cambiado de lugar de un momento a otro, su rostro pasó a ser el de una chica alegre y pacifica—. Solo quiero que os quedéis un rato conmigo. Estoy taaaan sola —suspiró con aflicción.
Draco iba a contestar algo mordaz porque ya no se aguantaba los dramas de esa estúpida fantasma pero Hermione le apretó un hombro con la mano y en un gesto mudo le indicó que se mantuviera callado.
—Myrtle —comenzó con ese tono diplomático que la caracterizaba—. Podemos quedarnos un rato contigo pero después debemos continuar… tenemos ciertos problemas que solucionar.
—¡Perfecto! —chilló Myrtle—. Seguidme por aquí —y dicho eso, comenzó a flotar hasta la puerta del lavabo de chicas que había a un lado del pasillo.
Hermione comenzó a caminar hacia el lugar pero Draco la detuvo y la hizo girar para mirarla.
—¿Estás loca? ¿Cómo que "podemos quedarnos un rato contigo"? —preguntó imitando el tono de chica de Hermione—. ¿No te parece muy extraño que de un momento a otro haya cambiado de actitud?
—Es una chica voluble, solamente —dijo Hermione con tranquilidad—. Mira, entramos, hablamos un rato con ella y luego salimos de allí.
—No creo que vaya a ser tan fácil como dices —refunfuñó Draco—. Me sigue pareciendo algo muy extraño. ¿Y qué hay con que no esté en su baño de siempre? —preguntó escéptico.
—Ella a veces sale. —Hermione se encogió de hombros—. En cuarto año, Harry estuvo con ella en el baño de prefectos.
—No quiero ni preguntar que estuvo haciendo Potter con una fantasma en un baño al que ni siquiera debería haber entrado —dijo Draco con un escalofrío.
—Piensa lo que quieras —dijo Hermione—, pero no me parece tan raro que este aquí. Claro que, inundar el baño no es algo muy inteligente de su parte si quiere seguir saliendo por allí pero…
Hermione dejó la frase incompleta a propósito y siguió caminando hasta el baño donde Myrtle estaba esperando. Draco suspiró conteniendo las ganas de halarse los cabellos. Al final terminó siguiendo a la chica, derrotado.
Al entrar al baño vieron como todos los lavabos estaban abiertos, desbordándose de agua y vertiéndola sobre el suelo de piedra. Myrtle estaba en medio del baño, sentada a lo indio en el suelo.
Draco notó que había una alcantarilla alargada que atravesaba toda la zona de los lavamanos y aunque permitía que el agua se corriera hacia los lados, no en el lugar donde estaba Myrtle, que seguía seco. Hermione y Draco llegaron junto a la fantasma y tomaron asiento al igual que ella. Myrtle emitió otro de sus gorjeos al reír.
—Me intriga como quedasteis así —dijo.
—Es una larga historia —comentó Hermione volteando a ver significativamente a Draco.
—¿Qué? —preguntó este—. Creí que ya habíamos superado eso.
—No, no lo hemos superado —respondió Hermione apuntándose a ella misma, refiriéndose a que aun seguían siendo del tamaño de un lápiz. Obviamente.
—Bien —gruñó Draco, preguntándose de nuevo porque seguía ahí—. Yo estaba en un pasillo, ella llegó, Peeves vino a molestar y tratando de matarlo nos convertí en esto que ves. ¿Feliz? —terminó su relato dirigiéndose a Hermione aunque al principio estuviera hablando a Myrtle.
Esta última asintió atenta como si fuera lo más interesante del mundo.
—Vaya… y ¿desde entonces habéis estado así? —inquirió.
—Sí, pero no es tan terrible como crees —se apresuró a aclarar Hermione—. Puede habernos pasado cosas peores.
Myrtle la vio con los ojos entrecerrados. Hermione había metido la pata sin siquiera darse cuenta.
—¡Podríais haber muerto! ¡Eso sería peor! —gritó Myrtle dolida y elevándose en los aires con su cuerpo insustancial—. ¿Pero te digo que es peor que morir? ¡Convertirte en fantasma y deambular por un castillo en el que todos te odian!
—No todos te odian —dijo Hermione contrariada. ¿Acaso hablar con Myrtle no podía ser una tarea civilizada?
—¡Sí lo hacen! ¡Todos me lanzan cosas y me molestan!
—Yo nunca lo he hecho —murmuró de pronto Draco, dirigiendo la atención de las dos féminas sobre él—. No creo que eso sea divertido. Es bastante inmaduro, la verdad —agregó con ese tonillo de soy–muy–superior–para–eso.
El rostro de Myrtle se transformó por completo en una mueca que expresaba devoción hacia el rubio. Descendió hasta llegar a su lado y empezó a acariciar la cabeza y el rostro de Draco con un dedo. Draco se abstuvo de moverse siquiera. Había logrado aplacar la furia de la fantasma y eso valía mucho más que el gélido (y bochornoso) tacto que ella le daba ahora.
—¿En verdad piensas eso? —preguntó Myrtle con un tono que seguramente pretendía ser sensual.
Asco. Ugh. Merlín santísimo.
Esos fueron los pensamientos de Draco ante tales palabras.
—S–sí —dijo casi a la fuerza—. Creo que es inmaduro molestarte. Digo, eres muy buena y muy inteligente.
—Tienes razón. —Myrtle dejó de acariciar a Draco para sentarse frente a él, dándole la espalda a Hermione—. Yo era de Ravenclaw, ¿sabes?
—Vaya, eso explica mucho.
Draco estaba a medio camino de vomitar (cosa que hubiera pasado de haber comido algo en todo el día) mientras veía que más atrás del traslucido cuerpo de Myrtle, Hermione se retorcía de la risa. La vio con ojos entrecerrados inyectados en furia. Por su culpa y sus ganas de acompañar a la fantasma un rato, él estaba en esa situación.
—¿Sabes, Myrtle? Creo que tú y yo nos parecemos mucho —dijo—. Ambos hemos sido incomprendidos y maltratados sin razón, cuando lo que en verdad queríamos era hacer lo que nos parecía correcto.
—Esa es mi filosofía de vida —exclamó Myrtle ilusionada. Luego recapacitó sus palabras y se corrigió—: o de muerte. No lo sé. ¡Es tan frustrante ser un fantasma!
—Te entiendo totalmente —repuso Draco—. Hoy he estado de este tamaño durante todo el día. Casi fui aplastado por mis propios amigos. Me he sentido relegado a segundo plano.
—¡Es exactamente como me siento! —chilló Myrtle antes de empezar a llorar. Draco no supo como consolarla (ni siquiera sabía si quería consolarla).
—No deberías llorar —le dijo en un intento de calmarla—. Por eso es que todos te fastidian. Si decidieras ignorar todo lo que te dicen podrías hasta ser respetada.
—Sí, claro… —Myrtle se cruzó de brazos con una actitud obstinada.
—Claro que sí —bufó Draco—. Si no, mira a Granger. No ha llorado en todo el día y eso que he sido casi un ogro con ella. Se ha ganado mi respeto —agregó solemnemente.
Hermione se puso seria al oír eso. No sabía si Draco se estaba disculpando con ella o solo quería consolar a Myrtle. Frases como esas hacían que pensara que el rubio ocultaba más de lo que mostraba. Además, ella sí había llorado cuando Crookshanks casi la mata y ella pensaba que Draco la abandonaría… vale, seguro que Draco decidió olvidar eso para no volver a caer en un embarazoso momento.
Myrtle se mantuvo en silencio sopesando esas palabras unos segundos. Draco pensó que había hecho el trabajo de su vida, consolando a una chica sin siquiera darse cuenta; que vamos a estar claras: para él es todo un logro, cuando Myrtle comenzó a chillar de nuevo.
—¡Por supuesto! —Myrtle volvió a elevarse por los aires a la vez que gritaba—. Siempre Granger tan perfecta… ¿pero qué hay de Myrtle la llorona? ¿Ella no puede ser una chica normal que es querida hasta por sus enemigos?
—Oye… no dije eso para que te pusieras así… —Draco estaba perdiendo la paciencia—. Mira, si quieres deprimirte en un baño el resto de tu… existencia, pues bien por ti, pero no fastidies.
Antes de que Myrtle pusiera el grito en el cielo, Draco logró ver como la palma de Hermione se estampaba en su frente mientras negaba con resignación y fue de esa manera que supo que había metido la pata. Otra vez.
Myrtle gritó hasta reventar los tímpanos de todos a un kilometro a la redonda antes de empezar a lamentarse como alma en pena. Cosa que tenía sentido ya que ella era un alma en pena. Pero el problema no era solo ese. Con cada nuevo lamento Myrtle entraba en un inodoro, reventando las tuberías a su paso. Lo hizo, una y otra, y otra vez hasta haber hecho volar en pedacitos todos los cubículos y desaparecer con un tétrico llanto.
Las tuberías rotas no tardaron en comenzar a lanzar chorros de agua por todo el baño, bañando la superficie como si de las cataratas del Niágara se tratase y Draco no hizo más que llenarse la cabeza de muchas preguntas. ¿Qué hubiese pasado si no hubiera hablado de más con Myrtle? ¿Qué hubiese pasado si no hubiera aceptado entrar en ese baño con Hermione? ¿Qué hubiese pasado si no fueran del tamaño de un lápiz?
Pues para esa última pregunta tenía una muy ingeniosa y de estar en otra situación, muy graciosa también, respuesta: si no fueran del tamaño de un lápiz, el agua no los estaría arrastrando.
—¡Maldita fantasma de mierda! —gritó Draco justo antes de que el agua lo azotara y se le metiera por la garganta.
Había agua por todos lados y sentía que lo arrastraba hacia el lado donde estaba el drenaje alargado. La luz de la luna que entraba por el ventanal del baño era intensa pero Draco no lograba ver bien con agua hasta en el cerebro. Sintió como una corriente llevaba su pequeño cuerpo cada vez con más fuerza hasta impedirle controlar sus movimientos. Se giró un poco y logró ver que si no aprovechaba sostenerse de la rejilla al llegar al desagüe, caería inevitablemente por el vertedero de agua. Contó hasta tres hasta el momento en que llegó al lugar y cuando sentía que la caída de agua se lo llevaría y lo arrastraría hasta abajo, logró asirse de uno de los tubos metálicos.
El agua seguía llegando a borbotones hasta el desagüe. Uno de sus zapatos cayó por el hueco lo que hizo que Draco soltara unas cuantas maldiciones. Estaba guindando de la rejilla por las axilas, por lo que aun tenía la cabeza sobre la superficie. Sondeó la zona con rapidez pero no encontró a Hermione por ningún lado.
—¡Granger! —gritó con la esperanza de que la chica no hubiera caído por el pozo. No obtuvo respuesta—. ¡Hermione! —volvió a gritar esta vez con un tono tan agudo que le hizo extrañarse de su propia voz.
—No deberías armar tanto escándalo —susurró alguien al otro lado de donde él estaba pegando gritos—. Estoy justo aquí.
Draco giró la cabeza y vio que Granger estaba escurriéndose el pelo del otro lado, en donde estaban los lavamanos. Exhaló el aire aliviado. Aunque el agua de los lavamanos llenaba todo el piso no parecía tener la potencia de la que salía por las tuberías rotas.
—¿Cómo llegaste hasta allí? —le preguntó arrugando el ceño. Esa chica le había dado muchas preocupaciones innecesarias ese día.
—Pues yo no me quedé a ver como Myrtle destrozaba cada uno de los inodoros —respondió ella sonriendo—. Apenas rompió el primero, puse pies en polvorosa.
—¿Y cómo lograste saltar el desagüe? —insistió Draco—. Tiene unos veinte centímetros de ancho. Imposible que lo saltaras.
—No lo salté —rió Hermione como si aquella idea ni siquiera se le hubiera pasado por la cabeza—. Giré como un tronco hasta llegar al otro lado.
—Ah —contestó Draco dándose cuenta que aquello tenía sentido. Maldita prodigio—. Bueno, ¿entonces me ayudas? —le preguntó—. Creo que puedo subir las piernas fácilmente.
Hermione asintió y en menos de un minuto, Draco ya estaba afuera. Se exprimieron las ropas todo lo que pudieron pero por más que apretaban, al final seguían chorreando agua. El agua ya estaba parando pero aun así, el baño seguía siendo un completo desastre. Ambos chicos salieron de allí con rapidez. No querían que Myrtle volviera. Draco hizo un comentario idiota sobre la fantasma que hizo que Hermione comenzara a reír y luego él mismo se le unió. Siguieron caminando entre risas. Luego de unos minutos, Hermione recordó algo.
—Hace un rato volviste a decir mi nombre. ¿También suponías que así llamarías mejor mi atención?
—Vale, creo que sí, o quizás es que ya me estoy acostumbrando —admitió Draco levantando sus manos en señal de rendición—. Pero no es mi culpa que en las últimas tres horas hayas estado en más situaciones de muerte que Potter.
—Oye… —Hermione le iba a regañar por meterse con Harry pero en cambio, comenzó a reír—. Esa… esa fue graciosa.
Draco se encogió de hombros y se metió las manos en los bolsillos.
—Todas han sido graciosas solo que eras demasiado rígida para darte cuenta. Hay veces que pienso que eres la hija perdida de McGonagall.
Hermione siguió riendo.
—Es increíble —comentó. Draco se giró inquisitoriamente hacia ella sin sacar las manos de los húmedos bolsillos—. ¡Me estas insultando y yo me sigo riendo! Creo que la hora me está afectando de veritas. —Se llevó las manos a la cabeza con una dramática representación de la frustración que no sentía.
—No es nada —repuso Draco—. Después de ver a Crabbe y Goyle borrachos puedo con casi cualquier cosa —dijo, y una pequeña sonrisa se instaló en su rostro. Al rato, ambos estaban riendo.
Draco se sorprendió de estar en aquella situación pero se sorprendió aun mas de darse cuenta que le gustaba, se sentía cómodo riendo junto a Hermione y escuchando su risa floja salir de esos labios rosados tan delicados y apeteci… espera, espera, espera. ¿Por qué estaba pensando exactamente en eso? Dejó de reír súbitamente pero Hermione no pareció darse cuenta.
Empezó a recordar entonces todo lo que había pasado justo antes de la intervención de Myrtle. La forma en que casi besa a Granger.
Que Morgana lo amparara. Había estado a punto de besar a Hermione Granger y ni él mismo tenía una buena razón para excusarse de esa. ¿Qué podría decir? ¿Qué había sentido el llamado de sus labios y había decidido cortar las distancias así como así? O mejor aún: ¿qué se había sentido demasiado extasiado y embriagado de felicidad teniendo aquel contacto con la chica? Claro que podría responder con eso, y luego decir que era mentira solo por el hecho de que era verdad. Había hecho eso toda su vida, ¿qué era una mentirilla mas para su historial?
Era demasiado, se dijo, recordando todo lo que había pasado con esa chica durante el día. Sobre todo los secretos y confidencias que habían compartido. No creía que ella se tragara sus mentiras nunca más, dado que ahora lo conocía casi tan bien, o mejor, que él mismo.
¿Qué has hecho, Draco? ¿Por qué tenía que pasar todo esto justamente con ella?
Hermione se dio cuenta que ella era la única que seguía riendo no mucho después de que el rubio parara. Al voltear, y ver la expresión de ensimismamiento que este tenía en el rostro había decidido no interrumpirlo, y en cambio, pensar en algo ella también.
Algo como por ejemplo, el casi–beso que había tenido con el chico. Le gustaría poder decir que había sido todo una tetra de Malfoy para seguir fastidiándola el resto de la vida pero eso le pareció idiota. Ella podría haberse separado de él cuando quisiera, no la había tenido agarrada ni nada pero no lo había hecho. Mejor dicho, no había querido hacerlo. Se sentía tan bien el tacto del chico sobre su piel, la conexión de sus ojos cuando estaban tan cerca que podían sentir sus respiraciones…
Había sido algo sin sentido, irreal, hasta esos momentos imposibles y bastante idealista pero había pasado y eso lo convertía en algo verdaderamente… mágico. Se sentía idiota pensando eso. Ella que siempre había sido tan lógica y práctica, ahora estaba confundida sobre sus propios sentimientos porque aunque tenía pruebas contundentes justo frente a sus ojos, se negaba a aceptarla; así como cuando Luna relataba sus historias fantásticas y ella negaba con la cabeza diciendo que nada de eso era real porque no había sido probado nunca.
Solo que esta vez no era un relato lleno de fantasía, y ella misma había hecho las pruebas.
¿Por qué, de todas las personas del mundo, tenía que ser precisamente él?
Claro que, ahondando en la ironía de todo el asunto, escapaba de la mano de ambos protagonistas darse cuenta que estaban pensando exactamente en lo mismo. Como si sus mentes estuvieran conectadas.
Hermione, aun en su ignorancia, había resuelto acabar con todo eso de una buena vez preguntándole directamente a Draco porqué había hecho todo eso.
—Oye… —Se detuvo. ¿Qué vendría ahora? Tragó en seco antes de continuar—. Draco —dijo en un susurro. Las palabras desaparecieron de su mente y se sintió como una tonta por perder el norte en ese preciso momento. ¿Es que acaso estaba nerviosa? No había hecho nada malo, ¿o sí?
—Qué —dijo él, casi exigiendo una respuesta por la interrupción en sus pensamientos. No pareció inmutarse porque Hermione hubiera vuelto a decir su nombre, esta vez sin ánimos de confundirlo, cabe decir.
—Deberíamos girar aquí —respondió Hermione de carrerilla, cruzando hacia la derecha con el rostro de color carmín.
—Pensé que dirías algo más trascendental —murmuró Draco pensando en voz alta. Los colores se esfumaron del rostro de Hermione con el soplido del viento.
—¿Cómo qué? —preguntó con un nudo en la garganta.
—No lo sé… —dijo Draco y estaba a punto de apuntar un pedante "algo como el beso que casi nos dimos" cuando otra cosa atravesó su mente—. ¿Galletas?
Hermione se detuvo confundida. ¿Eso era algo trascendental para Malfoy? ¿Una conversación sobre galletas? Ni aun siendo tan fanático del dulce como él lo era, eso podría considerarse algo trascendental.
—¿Galletas? —repitió—. ¿Es eso algo trascendental? Recuérdame regalarte un diccionario estas navidades, para que busques el significado de la palabra trascendental.
—No, tonta. —El rubio puso los ojos en blanco—. Ahí hay galletas. —Apuntó hasta el final del pasillo donde efectivamente, había un plato con lo que parecía galletas sobre él.
—¿Son… —Hermione no cabía en su asombro y comenzó a cuestionarse la poca cordura que le quedaba— son galletas de verdad?
—Averigüémoslo. —Draco se encogió de hombros y caminó lo que quedaba para llegar junto al plato de galletas.
Hermione iba junto a él aun bastante confundida. Por un lado, había perdido la oportunidad de hablar con Draco sobre el tema pero por otro, habían conseguido hacer algo mucho más interesante. Y menos embarazoso.
—Bueno… se ven como galletas —murmuró Hermione cuando llegaron al lado del plato. Inhaló profundamente alrededor de las mismas antes de hablar otra vez—. Y huelen como galletas.
—Pero la pregunta es: ¿serán realmente galletas? —apostilló Draco con un aire de misterio. Vio a Hermione un momento—. Creo que solo hay un modo de probarlo.
—¡No estarás pensando en comértelas, ¿o sí? —exclamó Hermione.
—¿Qué es lo peor que podría pasar?
—¡Podrías morir! ¡No sabes si tienen veneno! ¿Acaso nunca te ensañaron eso de "nunca aceptes dulces de extraños"?
—Yo no veo a ningún extraño por aquí cerca. —Giró la cabeza a ambos lados demostrando que no había nadie por el pasillo además de ellos—. Además, no veo el por qué desperdiciar tanta comida estando nosotros tan hambrientos.
Hermione llevó su mano instintivamente a su barriga, que emitió un sonoro gruñido. Parecía entender que tenia comida justo en frente. Draco vio a Hermione con una mirada circunstancial. Parecía tener un cartel en la frente que retaba a Hermione. "¿Tienes miedo de unas galletas?" decía de seguro.
—Velo desde este punto —continuó Draco—: si morimos, al menos lo habremos hecho por intentar no morir de hambre. Eso sería transferido a un lenguaje de mártires como un "murieron luchando por sobrevivir", ¿no te parece?
—Creo que cuestionas mis ánimos por sobrevivir.
—Entonces tú quédate allí y muere de hambre mientras yo me doy el festín de la muerte —dijo Draco con ironía.
Se acercó al plato de galletas bajo el escrutinio de Hermione y partió un pedazo del tamaño de su mano. Parecían galletas caseras comunes, no se veían potencialmente peligrosas. Lentamente se la acercó a la boca esperando el momento en que la chica lo detuviera. Ya que había sembrado la duda en su cerebro, eso sería lo más probable. Esperó… tres…dos…uno.
—¡Espera! —lo detuvo Hermione haciendo que una sonrisa ladina se formara en sus labios. Que fácil era descifrar a Hermione Granger—. Tengo que advertirte algo Draco Malfoy —dijo Hermione furibunda apuntándolo con un dedo acusador—. Si se te ocurre hacer otra de tus bromitas de muerte, te mato yo —le amenazó.
—Uy, que miedo. ¡Que amenaza! —dijo Draco temblando. Negó con la cabeza en una expresión de No tiene remedio, antes de morder la galleta.
Un silencio expectante se cernió sobre ambos mientras él masticaba la galleta. Al final, tragó y sintió como su estomago al recibir el alimento, clamaba por mas. Sonrió hacia Hermione.
—¡Oh por Dios! ¡Siento que muero! —Cayó de rodillas en el suelo con dramatismo—. Por favor, Hermione, dile a mis hijos que su padre murió… por no terminar de comerse su galleta —susurró con una voz que se asimilaba al último aliento de Hamlet.
Se estrelló contra el piso con la lengua afuera y abrió la mano donde estaba la galleta como solían hacer los malos después de morir en los finales de las malas películas de ficción. Hermione rodó los ojos. Malfoy era un idiota. Pasó de largo de él y al igual que había hecho el rubio, partió un pedazo de galleta y se la comió. Para su desgracia, estaba tremendamente deliciosa y, si la degustabas con suficiente cuidado podrías hasta sentir el lejano sabor a licor añejo que tenia.
Draco apareció de nuevo junto a ella y se dispuso a agarrar más de la galleta. Tal vez fuera el hambre, la fatiga o el cansancio pero la galleta sabia jodidamente bien. Junto al plato de galletas, había una taza con algo que parecía leche. Draco se ofreció de nuevo a probarla de primero pero Hermione se le adelantó furiosa y bebió ella en cambio.
—Esta deliciosa —comentó mientras se pasaba la lengua por el bigote de leche que quedaba sobre su labio.
Draco hizo lo mismo y comenzaron algo como una pelea por ver a quien le quedaba mejor el bigote. Al final, creo que quedaron en empate. O algo así. Siguieron comiendo sin parar hasta que decidieron que había sido suficiente. De las cuatro galletas que habían estado inicialmente en el plato, ahora solo quedaba una… y media. Pero esa última mitad la habían usado para hacer una guerra de comida.
Mucho más adelante, se darían cuenta que las galletas tenían algo más que de lo que una galleta normal debería tener pero justo en esos momentos, con el estomago lleno y relativamente más felices, solo podían pensar que las galletas habían sido obra del cielo que se había compadecido de verlos sufrir todo el día.
Satisfecho, Draco se subió al plato de galletas y abrió un espacio en medio. Con una de las galletas sobrantes como almohada, se acostó allí y bostezó.
—¿Por qué no te acuestas aquí? —preguntó Draco a Hermione ofreciéndole el lugar vacio a su derecha—. No es cómodo pero…
—Vale —dijo Hermione tapándose el rostro que tenía una gran sonrisa.
Ahogando la risa llegó hasta donde el rubio estaba y se dejó caer allí. Malfoy volteó un poco el rostro para ver como ella sonreía sin ningún sentido aparente.
—¿Por qué te ríes? —inquirió.
—Oh, es que acabó de recordar algo verdaderamente gracioso. —Draco le preguntó el qué—. Tu nombre… es Draco. Como dragón, que lanza fuego —y luego estalló en risas nerviosas.
Draco se encontraba algo desconcertado.
—¿Ese es mi nombre? ¿Draco?
—Claro, tontito —dijo Hermione. Puso sus manos sobre el estomago y giró el rostro para verlo—. El mío es Her…herrmi…hermion… —se trabó la lengua antes de poder continuar.
—No creo que mi nombre sea Draco —dijo Draco. Parecía como ido de este mundo—. ¿O sí lo es?
—Yo creo que sip —dijo Hermione componiendo una mueca extraña.
—¿Y por qué tu nunca te refieres a mi persona por mi nombre?
Hermione lo vio como si estuviera tratando de resolver un complicado problema. Se enderezó hasta quedar sentada completamente y luego se giró a ver a Draco con esa mirada de concentración aun presente.
—No… lo sé —dijo al cabo—. Nunca me pediste que lo hiciera…
—¿Y entonces como me llamas usualmente? —Draco estaba aun mas confundido que al principio.
—Mal… malf… Malo… ¡Malo–Feo! —asintió Hermione, complacida de poder terminar esa frase.
—¿Malo–Feo? —repitió él.
—Sí, señor —replicó Hermione llevándose la mano a la frente al estilo militar. Luego se volvió a acostar con un suspiro—. ¿Prefieres que… te llame Draco?
—Sería lo más logísticamente conveniente.
—Hablas raro… Draco Malo–Feo.
—Gracias, Granger.
—¡Ooh noo! —canturreó Hermione—. Si yo te llamo Draco, mínimo tú me llamas herm…herrma…
—Hermione —apuntó él.
—Eso mismo.
—Entonces es un trato —puntualizó Draco. Hermione asintió en silencio sellando ese pacto fruto de la improvisación.
Se quedaron de esa manera un rato, viendo el techo como si fuera la mar de interesante. Hermione suspiraba de frustración cada vez que intentaba pronunciar su nombre sin éxito y Draco perdido en pensamientos filosóficos que iban desde el motivo de la creación del hombre hasta la utilización correcta del cepillo de dientes. Hermione se dio por vencida cuando después de realizar el ejercicio por vez numero treinta, se dio cuenta que no podía unir el "Her" del "Mione" sin volverse un ocho.
—Hermione —llamó Draco después de un rato—. ¿No te parece extraño que nos hayamos encontrado unas galletas justo en la mitad del pasillo?
—Por supuesto que sí. Pero ya no importa. Ya las comimos y no pasó nada.
Luego de eso hipó pero Draco no le dijo nada. De todas maneras, estando muy cómodos, uno al lado del otro, muchas otras cosas quedaban opacadas en sus mentes.
[Continuará…]
Esperamos hayáis disfrutado de vuestra entrega semanal de "Del tamaño de un lápiz" y que por lo menos os haya sacado una mísera sonrisa. Si no fue así, repórtelo AHORA MISMO en un review y la autora tratará de hallar una solución inmediata.
*Mientras tanto… bah, solo viene a hablar la autora:
No puedo creer que yo haya escrito eso. Creo que yo también estaba bajo el efecto de esas misteriosas galletas mientras lo hacía. Es que… ¡me gustó tanto el resultado! No es que vaya de pronto a convertirse en mi capitulo favorito pero estoy tan satisfecha :3 Es como si las palabras hubieran quedado plasmadas en la pantalla de la manera justa en las que yo me las imaginaba… y eso que no imaginaba mucho.
¿Qué os pareció la escena de Myrtle? Al principio pensé que sería un chafa horrible eso de meter una llorona en el medio pero a medida que iba escribiendo y me iba diciendo que podía hacer Myrtle, como reaccionaria Draco y las conversaciones que mantendrían antes del caos final fue sencillísimo. Espero que el resultado no se os haya hecho tedioso o mediocre.
Ahora lo que más me gustó de todo: la escena de las galletas. ¿Escuchasteis la canción mientras leías? Al principio no la iba a sugerir pero es que es tan idónea para ese momento. Todo el mundo se ve maravilloso con el estomago lleno, ¿no? Podría haber puesto Lucy in the Sky with Diamonds que al caso también cuajaría como yogur pero el efecto hubiera sido diferente… podríais haber pensado que las galletas tenían alucinógenos y no, nada que ver. Aclaro algo por si acaso: las galletas solo tienen licor. ¿Cómo llegaron allí? ¿Quién les puso licor? Pues tendréis que seguir leyendo y con suerte os enterareis con el tiempo. OJO: Yo sí sé que pasó detrás de todo ese teatro aunque me gustaría recibir vuestras propuestas. Tal vez alguna logre acertar ¡vamos, animaos a opinar al respecto! :D
Antes que esto vaya para largo, diré un par de cositas más. En el capítulo que viene Draco y Hermione tendrán al fin la dichosa conversación sobre el casi–beso. Claro que, no va a ser de la manera que podáis llegar a pensar. Y ¡oh! cómo olvidar esto: ¿no es mono Draco Malo–Feo? *-* ¡os envío un Draco borracho a todas las que dejéis review!
¡Hasta la próxima semana! xDD
