Capítulo 2
Sakura se sentó exhausta en una banca dentro de uno de los centros comerciales más abarrotados. Llevaba cargando varias bolsas y lo único que quería era llegar a casa. Aún le faltaba el viaje en tren y agradeció porque la estación estaba cerca de ahí. Su alivio se perdió enseguida, recordando que todavía faltaba algo por comprar.
Empezó a caminar de nuevo entre las calles de la ciudad. Pasó media hora y ya había perdido la cuenta de las manzanas que había recorrido. Pero al fin llegó: su librería favorita.
Abrió la puerta del local, esperando que hubiera menos gente ahí, pero no tuvo suerte. Intentó buscar lo más rápido posible y al fin lo encontró en un anaquel junto al final del pasillo.
Shaoran tomó el libro y dió media vuelta para regresar por el corredor. Afortunadamente no había mucha gente en ninguna de las dos cajas, parecía que nadie se había decidido por un libro aún. Tomó sus bolsas y se apresuró a salir. De hecho, se apresuró demasiado. Todas las bolsas que llevaba y otras que no reconoció cayeron al piso y por poco él cae encima también. Había chocado con alguien.
Cerca de sus pies se encontraba una chica bastante avergonzada tratando de recoger sus compras. Shaoran tuvo la sensación de que la había visto antes, pero como no pudo acordarse, no dijo nada. La chica seguía tomando sus bolsas y trataba de meter algunos regalos en sus empaques. Shaoran la ayudó rápidamente, ¿cómo pudo olvidarse de sus modales? Y... oh no, también estaba sonrojándose. Un momento, ¿desde cuándo una chica volvía a hacerlo sonrojar?
-Discúlpame, por favor- balbuceó.
-No hay problema - respondió ella sin mirarlo siquiera. Seguía inexplicablemente roja.
Ambos salieron de la tienda. Shaoran hubiera deseado decir algo más que lo disculpara, pero como no se le ocurrió nada, empezó a revisar sus paquetes. Mmm... le faltaba uno. Se volvió a mirar por el cristal, pero no vió ninguno en el suelo de la tienda. Ella lo tenía. Y descubrió con pánico que ya no estaba.
Miró a la derecha. No la encontró. Miró hacia la izquierda. Distinguió su cabello castaño y echó a correr, rezando porque no se equivocara. ¿Por qué tuvo que ser justo ese regalo? Si sólo hubiera sido el de alguien más... pero no, tuvo que ser el de su esposa. Kameko era muy tranquila si él era detallista, pero si acaso olvidaba o le molestaba algo...No quería ni pensar en la larga discusión que vendría si perdía el regalo... Al fin la alcanzó.
-Oye, creo que llevas algo mío!- la chica se volvió.
-¿Perdón?- la chica lo miró con sus ojos verdes y Shaoran se sintió extraño otra vez.
-Me parece que tomaste un paquete que es mío.- Sakura buscó entre sus paquetes y vió que tenía dos con envoltura de la librería. Volvió a sonrojarse.
-Disculpa, no me di cuenta.- y le dió uno de los paquetes.- Hasta luego.- sin esperar respuesta, siguió su camino.
-¡Papá! –Sakura abrazó al hombre en cuanto éste apareció tras la puerta. Había llegado a un pequeño apartamento un poco más allá de las calles centrales. El hombre trastablilló y trató de guardar el equilibrio. La chica lo sostuvo del brazo, preocupada- Oh, lo siento, papá, siempre soy tan descuidada.
-Siempre siendo tan dura contigo misma –rió su padre.- Simplemente sigues siendo mi pequeña Sakura, a tus casi treinta años, tan efusiva como de costumbre.
-¿Cómo va todo? ¿te has portado bien? –dijo Sakura, evadiendo el tema.
-¿Bien? ¿Quieres decir que si he vaciado la farmacia últimamente? Sí, todas mis medicinas a la hora adecuada.
Entraron y Sakura echó un vistazo rápido a la cocina, la cafetera estaba llena y encendida. Tomó dos tazas y las llenó con agilidad.
-Oh, no, no, lo preparé sólo para ti… No puedo tomarlo, nada de alcohol ni cigarros tampoco. Aunque me tiene sin cuidado, lo único que de verdad lamento es el café.
-¿Seguro que no quieres venir con nosotros a casa para Navidad? –preguntó Sakura dando un sorbo a su taza.
-No te preocupes, seguramente pasaré Navidad con Toya. –Sakura lo miró incrédula. Probablemente su hermano estaba en medio de un viaje de negocios, o ya habría aparecido para esas fechas. Su padre rió de nuevo –Está bien, no es tan seguro, pero no quiero estorbarles a ti y a Daikoku.
-Papá, ¡no digas eso! –se alarmó la chica – ¡No lo eres!
El padre volvió a reír y prometió que consideraría la oferta.
¡Muchas gracias a Nanitayi-Li y a Sari-Natsuki por sus reviews! Significan mucho para mí porque esta es mi primera historia publicada aquí. Trataré de actualizar pronto, ¡espero les guste!
