Capítulo 3

Sakura entró corriendo al vagón. Se le estaba haciendo costumbre llegar al tren en el último momento. Todos los asientos se encontraban ocupados, y la gente de pie se apretujaba por un lugar cerca de los tubos de agarre, para evitar caerse con el movimiento. El tren ya estaba avanzando.

Sakura echó un rápido vistazo al espacio cerca de la siguiente puerta y observó que extrañamente, la gente no se apiñaba en ese pedazo. Levantando y girando las muñecas para intentar golpear a los otros pasajeros con sus bolsas (sin éxito), logró llegar tambaleándose a la siguiente puerta: la razón por la que no había gente de pie en ese pequeño cuadrante era porque otra considerable cantidad de paquetes y bolsas no lo permitía. Los paquetes pertenecientes a un hombre que ella reconoció enseguida.

-Me parece que somos los más privilegiados con el espacio en este vagón –bromeó ella, acercándose, sonriendo abiertamente. El hombre castaño pareció extrañarse de esa reacción, y Sakura recordó que ella no se había mostrado muy amistosa en su encuentro previo.

El hombre miró a su alrededor y luego la montaña de bolsas en torno a él y rió.

-Las compras de último momento debían tener mínimo una ventaja. –dijo, aún riendo. Sakura asintió con fuerza y se sintió un poco infantil. Se sonrojó de nuevo. ¿Qué le pasaba?

-Es muy bueno –le dijo al chico, señalándole el libro que llevaba bajo el brazo. Al instante se arrepintió de haber abierto la boca, parecía como si hubiera forzado mucho la conversación, pero era cierto que quería seguir hablando con él. –Una historia simple, pero bien contada.

El castaño levantó las cejas.

-Nadie que conozco lo ha leído –comentó. Sakura no supo si era un halago, o molestia, o una manera de ponerle final a la conversación. –Y tiene razón en lo que dice, una historia sincera y concisa muchas veces se disfruta más que una demasiado compleja, ¿no cree?

Sakura volvió a asentir con frenesí. Hizo mención de otro libro del mismo autor, que contenía un final espléndido, y el castaño fue quien elogió el libro esta vez, pues ya lo había leido. Estaban tan enfrascados en la conversación que él casi perdió su parada.

-Espero que no hayamos intercambiado ningún paquete esta vez –bromeó mientras caminaba hacia el andén. –Un placer en conocerla, ¡feliz Navidad!

-¡Feliz Navidad! –contestó Sakura, que dejó todos sus paquetes para despedirse con la mano.

El tren siguió avanzando y ella aprovechó que nadie subía para reacomodarse y tomar de nuevo sus bolsas. Sintió como el calor le bajaba por las mejillas, señal de que se había sonrojado otra vez, y de repente se percató de un silencio extraño. Miró al resto de los pasajeros y algunos le lanzaban miradas curiosas de vez en cuando. En una ciudad tan grande era muy raro que dos personas desconocidas se pusieran a discutir sobre sus gustos con esa confianza. Y bueno, sobre libros… muy rara vez había logrado hablar así con Daikoku. Era un tema que lo desesperaba, porque él no leía mucho.

Hizo mecánicamente el camino hasta su casa, mientras divagaba sobre el hombre del tren y lo curioso que había sido coincidir tantas veces en un día. Daikoku aún no llegaba, así que ella aprovechó para esconder las compras de Navidad en su armario. El resto de la tarde estuvo muy dispersa, y cuando su esposo llegó ella excusó su actitud en que había sido un día muy largo y en que estaba pensando en cómo y qué prepararía para la cena de Navidad. Ella se mantuvo dando vueltas por la cocina, yendo y viniendo con ingredientes y libros de recetas, algunas de las cuales había aprendido de su padre. Cerca de las diez, Daikoku vino a darle el beso de buenas noches y recomendarle que no se desvelara mucho.

Sakura subió de puntillas a la recámara no mucho después que su esposo, aunque éste ya estaba roncando profundamente cuando ella se recostó. Se sentía extraña, inquieta, y dio muchas vueltas en la cama antes de lograr conciliar el sueño.

La Nochebuena pasó sin precedentes, con Sakura y Daikoku cenando solos en el comedor, lo cual la había hecho sentir aún más la falta de su hermano y su padre, aunque los había telefoneado antes de la cena. Daikoku se había rehusado a su propuesta de cenar más cómodos sobre la alfombra de la sala, pero no dudó en correr escaleras arriba y dejarla sola cuando deseó ver la televisión.

Pero la mañana de Navidad sí que se encontraban sobre la alfombra, rompiendo papel de regalo mientras comían galletas. Tocaba el turno de Daikoku de abrir otro de sus regalos.

-El último y subimos a arreglarnos, Sakura –ante la mirada confundida de ella, él aclaró: -Recuerda que invité a mis padres a almorzar, deben llegar a mediodía. –tomó un paquete rectangular. -Apuesto que es... ¿Un libro?

Sakura se sintió un poco molesta. El tono no era de agradecimiento ni entusiasmo, sino de reproche. Ella sabía que un libro como regalo no sería el sueño ideal de Daikoku, pero estaba segura de que éste le encantaría, lo había elegido especialmente para él.

-¡Sólo ábrelo! –dijo ella, impaciente. El rostro de Daikoku fue de mayor decepción aún. Sakura se sobresaltó. -¿Qué pasa?

-¿Coco Chanel? –preguntó tratando de sonreir de forma divertida, enseñándole la portada del libro a su esposa –No sabía que querías hacerme diseñador de modas.

Después de un momento de confusión, Sakura rompió a reír, casi tan fuerte que Daikoku pegó un salto. Sus mejillas se enrojecieron de nuevo, apenada y divertida.

-¡Ya sé lo que ocurrió! ¡Fue ese hombre! –casi no podía hablar entre sus carcajadas. –Choqué con el afuera de la librería, debió llevarse mi paquete. –empezó a tranquilizarse y sonrió dulcemente. –Te había escogido un libro de arte sobre criaturas mitológicas, éste libro debe ser suyo.

-No te preocupes, había estado pensando en diseñarme un traje para año Nuevo. –bromeó Daikoku dando saltitos ridículos hacia la escalera. Sakura rompió a reír de nuevo.

Se quedó un rato abajo, acomodando sus regalos, cuando tomó de nuevo el libro para hojearlo. ¿El libro sería para ese mismo chico castaño? O de ser un regalo, ¿para quién podría ser? Sintió una punzada de celos, lo que al mismo tiempo la soprendió y asustó. "No seas tonta", pensó. "Es solo otra persona en Japón, con su vida hecha y tú tienes tu vida hecha también, con Daikoku. Y dudo que lo vuelvas a ver."

Era cierto, era otra persona cualquiera, que simplemente compartió el vagón con ella, y su gusto por los libros. Nada más. Daikoku la llamó desde arriba. Y ahora ella tenía que recibir a sus suegros.

Gracias a todos por sus reviews y por leerme :D pues ya está el tercer capítulo, espero que les esté gustando! Les respondí por mensaje, aunque no sé si les guste más que les conteste en actualización de cap., ustedes díganme.

¡Y Feliz año a todos!