Holas a todas mis lectoras!!! Quiero agradecerles muchísimo por hacer que esta historia siga contando con su apoyo. Este fic con su idea loca de la Selva, de verdad será loca. Quizá ustedes puedan sentir que aún no hay acción, pero recuerden, ellos ya se estan conociendo, y por lo menos ya se percataron de que cada uno de ellos es distinto al otro, y sin embargo, eso no les molesta... Esto vendrá mas adelante, cuando su convivencia en la Selva sea diaria y se conozcan aun mas. Como algunos ya se han dado cuenta, yo no suelo tener malos malditos ni malas para poner en un horno a lo Sweeney Todd XD, mas bien tengo historias que ven por la personalidad mas humana. Si debo poner un desgraciado en mi historia es por una razón, como sucedión en juntas por siempre... En fin, solo quiero decirles que no piensen que la historia será la mar de calma, al cotrario, mientras se va fortaleciendo la amistad de Usagi y Mamoru, habrá situaciones en donde se deje bien en claro lo diferentes que son y esto originará fricción, pero siempre con esa extraña atracciñon de que pese a ser distintos no se desagradan. Ahora, la duda mas importante y que es importante para la trama es ¿Qué pasó con Mamoru? ¿Dónde esta Tina? ¿Será ella la culpable de que la relación de estos dos se trunque? en fin, respuestas que serán vistas en poco tiempo.
Bien, hoy voy a saludar de manera masiva, cosa que no me agrada mucho hacer XD, pero estoy con el tiempo limitado esta semana, y debo avanzar lo mas que se pueda tres chapter (uno de cada fic...) el día de hoy...Les mando un beso y un agradecimiento a: Patty mi gemela en FF, Jaemmy, Any, Hehra (antes Pss), a mi Amigocha Isa que siempre me deja sus Rws para difrutar, Luz, Lueni, Anyreth, Juli, Amsz88chiba, Isabel, Cherrie, Maritza, Midmoon85 y a Ana Maria!!!
Capitulo 4
¿Coincidencias? Compañeros en la Selva...
El avión aterrizó a Lima y un cielo gris recibió a los pasajeros. Si bien no llovía y la ausencia de sol no ayudaba, hacía un bochorno terrible, una densidad que se sentía, impedía incluso que las personas pudiesen respirar. Para Usagi, que estaba atenta y con una gran sonrisa, esperó a que el piloto diera la orden de desabrocharse el cinturón de seguridad. En unos segundos, mientras colocaba su libro en su cartera, se dio cuenta que Mamoru miraba a la ventana con aire pesimista. Usagi, que quería despedirse de él y devolverle el pañuelo, no supo como hablarle.
Mamoru en cambio estaba absorto. En su pensamiento solo rondaba la idea de que ese cielo gris era similar a los cielos londinenses. Sin embargo se acordó de que a Usagi le impresionaba muchas cosas, así que se volteó con cuidado. Vio como ella tenía en su mano el pañuelo que le diese en la noche. Sonrió para si. Quería desearle suerte en su estadía en la ciudad y comentarle sobre el cielo de Londres. Quería, por un extraño motivo, escuchar su voz por última vez. Quizá al hacerlo podría sostenerse aunque sea un poco y creer que tuvo un cachito de su Tina. Así que se aventuró y le hablo:
-Tsukino san, fue un placer haber compartido con ustedes este viaje, solo quería desearle suerte en su estadía y decirle como algo curioso, que el cielo de Lima tiene un parecido extraordinario al cielo londinense. -Usagi volteó a verlo y le dio una sonrisa, esto motivo a Mamoru a continuar.- A demás los españoles se enamoraron del color del cielo de esta ciudad. Según ellos el cielo es color panza de burro. De verdad le deseo mucha suerte.
-Gracias Chiba san. Espero poder disfrutar de las maravillas que puedan haber en la capital. De verdad me gustaría hacerlo.
Cuando la aeromoza dio el permiso de que las personas podían salir, Usagi inmediatamente cogió su carriola. Estaba que quería saltar de un pie por la felicidad. Pero antes de salir, volvió a fijar su mirada en el hombre que estaba a su lado, y le dijo:
-Le agradezco mucho la ayuda que me brindó ayer Chiba san. -Mamoru no podía dejar de observar la forma en que ella llevaba consigo el pañuelo.-Creo que si no me hubiera prestado su ayuda, no hubiera podido descansar. Gracias.
Usagi le tendió la mano donde llevaba el pañuelo. Pero un movimiento de manos hizo que ella se diera cuenta del anillo de oro que Mamoru llevaba consigo. Volvió a fijarse en el pañuelo y vio las letras bordadas T&M.
-Chiba san, le devuelvo el pañuelo, muchas gracias.
Mamoru reaccionó con las últimas palabras de Usagi. Esta le estaba tendiendo el pañuelo. Mamoru la volvió a mirar y sintió perderse en los ojos azules de ella. Ojos azules claros.
-Gracias Tsukino san. Y no lo agradezca.
Mamoru tomó el pañuelo que ella le ofrecía. Nuevamente una sonrisa cruzó por el rostro de ambos. Pero al darse cuenta de que el resto de pasajeros ya estaban saliendo y no quedaban muchas personas, se pararon cual resortes de sus asientos para tomar sus cosas de las casillas que estaban sobre sus cabezas. Usagi se sonrojó ligeramente, aunque ella creyó que se debía al calor del ambiente, pero eso le pasó cuando lo vio parado a Mamoru. Era alto. Y fornido. Si, era bastante atractivo. Cuando se dio cuenta de que estaba pensando esas cosas se recriminó. Ella no era como Mina que calificaba a todo hombre que se cruzase en su camino.
Mamoru al momento de salir, se dio cuanta de que Usagi llevaba prisa, pues esta corría por la manga como alma que lleva el diablo, aunque él lo atañó al hecho de su emoción de salir de una buena vez del aeropuerto.
"Me gustaría tener el entusiasmo de esa joven. De verdad que voy a necesitar su manera positiva de ver la vida. ¡Suerte Usagi!"
Cuando llegó a recoger sus maletas, vio que ella estaba cerca de la faja, esperando sus maletas. El esperaría, sabía que sus maletas llegarían al ultimo por que llegó temprano al aeropuerto de Massachusetts. Se puso a observar el aeropuerto, hasta ahora no tenía nada de extraordinario en la zona de llegada, pero seguro en alguna de las salas de espera o en los gates, encontraría sitios para tomar café o comer alguna cosa. Pero mas que hambre, necesitaba la bebida oscura. Otra cosa que se dio cuenta fue que había un cartel enorme de un hombre gordito, bueno, si es que se puede considerar gordito a ese hombre. Fácil pasaba por luchador de sumo en Japón. Pero se daba cuenta de que ese hombre salía en muchas gigantografías, algunas con traje de hombre, y otras con un vestido de mujer, pero un vestido extraño. Recordaba que ese tipo de trajes se llamaba tapada y sayas, pero no era así como el las vio en sus libros de historia. En fin, seguro era un personaje icono en Perú. De pronto ya no la vio.
Usagi había salido de manera rápida, porque ella no dejó sus maletas muy temprano en el aeropuerto de Tokio. Se dio cuenta de que antes que salir, tenía que pasar sus maletas por un detector. El hombre que la atendió era bonachón y le ayudó con sus maletas que pesaban y tuvo cuidado cuando ella le indicó que su Laptop estaba en su carriola. Salió feliz porque no le hicieron perder el tiempo declarando cosas ni revisándole las maletas. Fue cuando se encontró con un mar de gente saliendo de migraciones. Personas que esperaban a sus familiares o como en el caso de ella, a personas que llegaban por estudio, trabajo o turismo. Empezó a buscar a alguna persona que tuviera alguna pancarta con su nombre. Avanzó lentamente por la mar de las personas junto con su cochecito con las maletas, cuando por fin vio su nombre. Era un hombre no muy alto, cabello oscuro, piel cobriza y aparentaba ser un hombre de unos 45 años. Usagi se acercó y le habló con el poco español que sabía.
-Buenos días. Yo ser Usagi. Gusto mucho en conocerlo.
El bueno hombre sin querer dio una carcajada. Le pareció gracioso el español de la señorita que tenía delante. Pero al ver las mejillas de color carmín de la chica se disculpó y le habló despacio.
-Disculpe usted Señorita, no fue mi intención ofenderla. Solo que su español es gracioso. Mi nombre es Carlos Sánchez -Al ver a la chica mucho mas encendida agregó.-Verá que su estadía aquí le ayudará con el idioma. Regresará a su país como toda una hispana.
Usagi le sonrió. Ella quería practicar el idioma, así que le dijo:
-Mientras mi cerca este, corríjame.
-Entonces empiezo. Buenos días, Yo SOY Usagi, MUCHO GUSTO en conocerle. Y su segunda frase sería mientras este cerca de mi, corríjame. Bueno señorita Usagi, solo nos falta una persona mas y nos vamos directo a su hotel y ahí le indicaré a usted y a la otra persona algunas cosas. Yo soy el encargado de ustedes mientras estén en Lima. Se quedarán unos cuantos días, ya que deben comprar algunas cosas que les servirá allá, y descansarán de tantas horas de vuelo y podrán aprovechar en conocer Lima.
Con estas palabras, los ojos de Usagi brillaron de un modo especial. Estaba mas que encantada. Sentía que los Kamis estaban a su favor porque deseaba poder conocer la capital antes de internarse a la selva. Abrazó al hombre, que se quedó atónito y empezó a decir en voz alta:
-Viva! ¡Conoceré Lima!!!
Fue cuando lo vio, Mamoru salía de migraciones con la mirada perdida. Buscaba algo. Seguro, al igual que ella, buscaba su contacto en el aeropuerto. Ahí fue cuando se dio cuenta que había una pancarta con el nombre de Mamoru.
-Sr. Carlos, tome la hoja…
Carlos entendió a lo que se refería. Tomó la pancarta y la mostró, Pero Usagi, al darse cuenta de que Mamoru seguía sin mirar, lo llamó. Inmediatamente Mamoru volteó por donde venía la voz y vio que cerca de Usagi, un hombre llevaba una pancarta con su nombre.
-Buenos días Señor. Soy yo a quien busca, Mamoru Chiba a sus ordenes.
Usagi no podía creerlo. Primero que nada, el iría al mismo viaje que ella, no necesitaba ser un genio para darse cuenta y segundo, envidió por un momento el buen español que manejaba aquel hombre.
Carlos le explicó a Mamoru lo mismo que le dijera a Usagi. Así que Mamoru movió su mano por delate del rostro de la chica al percatarse que esta estaba pensativa.
-Por lo que veo, estamos en el mismo barco. -En su voz no había ningún esbozo de molestia ni queja, al contrario, parecía sorprendido.
-Así que nos vamos a la Selva. -Usagi no sabía que mas decirle, pero recordó que él no estaba muy feliz de viajar.-Sabes, ahora veremos que tanto le parece terrible este viaje.
-Pues hasta el momento no me apasiona nada. -Al ver que la chica lo miraba con una ceja levantada, agregó.-Pero veremos que tanto termina gustándome este viaje.
Usagi le dio una sonrisa sincera. No quería ser muy dura con él, y menos cuando no sabía ni a que se dedicaría en ese viaje. Ella no le había dicho ni su profesión ni se lo preguntó a él, solo mantuvieron un dialogo sobre Japón, sobre política, economía y algunas temas sin importancia ahora. Pero tendría tiempo, claro que si!
Mamoru no pudo contenerse y le devolvió la sonrisa. Se acercó donde Carlos y le preguntó con su perfecto español (que ahora Usagi se reprendía por no haberlo practicado y perfeccionarlo) donde podría comprarse un café, porque necesitaba de esa bebida ya, antes de llegar al hotel.
-Pues la idea es que los lleve a tomar desayuno, pero si desea, puedo pasar por un Dunkin Donuts o Starbucks coffee. -Mencionó Carlos amablemente.-Y ahí tomar desayuno.
Mamoru no quería que eso sucediera, intuía que Usagi quisiera desayunar algo mas que un desayuno americano. Ella solo estaba con sus manos en el cochecito para maletas. Con un esfuerzo sobre humano, pues el café era su única droga, le respondió:
-No se preocupe, mejor vayamos al hotel y después nos cuenta los planes y explica otras cosas.
Mamoru tomó su coche y caminó hasta la puerta de salida. Carlos no mencionó nada y ayudó a Usagi con el coche. Los llevó hasta una camioneta Toyota Corolla y colocó con presteza las maletas en la capota. Les permitió el pase y sentándose en el volante les pidió que se abrocharan los cinturones. La policía paraba autos por cometer esa falta. Pero para ambos esa orden estuvo de más, en su país era una rutina del día a día, ya que si amas tu vida, el cinturón debes usar.
-Bien, les voy contando. -Empezó Carlos mirándolos por el retrovisor.-se quedarán 4 días en Lima porque los vuelos a la ciudad de Iquitos sale siempre, pero el problema está en que si ustedes viajaran ahora, el transporte que los llevará a su destino no llegará a tiempo.
-¿Cómo es eso?-Preguntó Mamoru. A Usagi le pareció que eso era algo que incomodaba a Mamoru. Pero prefirió callar… Ya después diría algo.
-Pues que la lancha que los llevará al campamento, no sale todos los días.
-¿Lancha?-Mamoru preguntó con una voz de total fastidio, Usagi no pudo dejar de pensar que ese hombre necesitaba emoción en su vida. Le molestó como preguntó lo de la lancha.
-Así es.-Prosiguió Carlos.-Viajarán por río algunas horas, la verdad es que no se cuantas, eso ya lo ve la persona que los recibe allá, ya que no se en que punto se encuentra el campamento. Pero es el transporte. Una vez al mes se viaja a algún pueblo para que se diviertan un momento, y todo eso vía lancha.
-Pues no me convence mucho eso de la lancha.-Mamoru se percató de que Carlos esperaba expectante algo mas.-No es que me de temor, eso para nada, pero es que no me imaginé que fuese así de alejado el lugar como para necesitar una lancha.
-¿Y a usted Usagi le gusta la idea?
-¡Pues mi parecer experiencia mejor buena!
Carlos no se rió por esta oración mal dicha, pero le cayó mucho mejor la actitud de esa joven. El sabía, y claro que lo sabía, que ni la tercera de sus compatriotas vivientes en ciudades, harían un viaje de esa magnitud por un año entero. Le agradó y le levanto el pulgar en señal de felicitaciones. Mamoru esta vez confirmó sus sospechas: Tsukino san era mas loca que una cabra, pero no le desagradaba. No sabía porque, pero no le desagradaba para nada eso de ella.
Llegaron una hora después a un hotel llamado Casa Andina en un distrito llamado Miraflores. Era un hotel pequeño pero acogedor pero no elegante, cosa entendible, ya que solo era un hotel para descansar. Usagi miró embelesada la recepción, donde había en una esquina una mesa con caramelos, galletas de soda y termos. En uno había mate de coca, bebida típica del país, café y agua para servirse mates.
Mamoru se acercó al mismo sitió mientras Carlos se encargaba de dar los datos de ellos. Vio atento como Usagi se servía el mate de coca y le dio un sorbo a su bebida. El gesto, el puchero que puso, indicaba que no le gustó mucho. Pero Mamoru, haciendo gala de entendedor, se situó a su lado y se sirvió el mate.
-Agréguele dos cucharadas de azúcar, así el sabor le agradará.
Usagi solo susurro un gracias perdida en los movimientos del joven. Observó atenta como el se llevaba el baso a los labios y que se sentó en los puff de la salita. Ella hizo exactamente lo que le indicara el minutos atrás. Y la bebida la transporto a un mundo de relajación, de calma, y el sabor… Difícil de explicar. Jamás había tomado algo como eso y le había encantado. Cuando se volteó para sentarse en la sala, se encontró con que Mamoru la miraba divertido. Ella le devolvió la sonrisa y levantó el baso térmico como si de un brindis se tratara.
Pasando algunos minutos, el botones se acercó para indicarles que los llevaría a sus habitaciones, pero que el Tour Conductor quería hablar con ellos. Se refería a Carlos.
-Disculpen ustedes, pero como les avisé, la empresa encargada aquí en Perú del proyecto donde ambos trabajarán, desea que los lleve a algún sitio peruano a desayunar, pero había pensado que los puedo llevar a tomar un desayuno ligero y mas bien en el almuerzo los llevo a comer comida peruana, porque supongo que desearán descansar.
-Yo no molestia tener alguna. Puedo almorzar mas tarde. -Dijo Usagi animada por esto. De verdad había tenido un viaje difícil.
-Yo tampoco tengo ningún problema, solo deseo poder beber café. -Mamoru se mantenía firme con esa bebida.
-Entonces suban a sus habitaciones, descansen un momento que yo los espero para salir.
Ambos fueron por el ascensor. Mamoru y Usagi mantenían la mirada a la ventana translucida mientras observaban el panorama del hotel. Pero Usagi decidió averiguar de una vez a que se dedicaba Mamoru.
-¿Cuál será su función en el campamento?
-Seré el medico que verá a todos los miembros del campamento y apoyaré con algunas investigaciones científicas. Soy doctor. -Mamoru, luego de un silencio agregó.-Viendo que trabajaremos en el mismo sitio cerca de un año, creo que podríamos dejar de lado tanta formalidad.
Usagi estaba anonadada, se notaba que él había vivido mucho tiempo en un país como USA donde las formalidades se dejaban a un lado. Pero en vez de desagradarle la idea, le encantó.
-Bien. Entonces ¿Prefieres que te llame Mamoru San o solo Mamoru? -Preguntó algo traviesa.
-Solo Mamoru. ¿Puedo llamarte?
-Usagi, me gusta mi nombre también. El Tsukino se me hace muy serio para…
-Para un conejo.-Mamoru soltó por vez primera una carcajada fresca y sincera.-Mejor dicho, para un conejo de la luna, aunque ese sea tu apellido.
Usagi estaba colorada. Pero era cierto, llamarla Tsukino era demasiado serio para alguien con quien no creía llevarse mas de 5 años.
-Si, la verdad es que aunque sea contradictorio es muy cierto. Bien, nos vemos en un momento.
-Nos vemos.
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La velada fue muy tranquila. Mamoru se tomó 2 tazas de café y Usagi un te de frutas y tostadas con mermelada de higo. Después Carlos los llevó al mirador de Larcomar para que vean lo que se le conoce como la costa verde. Después de hacer tiempo y llevar a los jóvenes a comprarse algunas cosas para el viaje, como paraguas, botas de goma largas y mandiles blancos de hules (muy necesario en la selva) los llevó al rato a comer pescados y mariscos. (Buena elección si se tiene en cuenta de que ambos son japoneses y que están acostumbrados al pescado crudo) y se notaba que lo habían disfrutado. Carlos notó que entre ellos había menos formalidad, y se sonrió. Nunca entendió del todo como, no solo no solo en el caso de los japoneses, podían llegar hacer muy distantes entre pares.
En fin, esos 5 días pasando volando. Ya Mamoru sabía que Usagi era ecóloga y que por una investigación exhaustiva en su tesis, fue que se ganó la oportunidad de viajar. Supo que ella tenía 25 años, por lo que solo había una diferencia de tres con él, aunque ella aparentara ser mas joven. Se enteró que ella vivía con su familia y que esta era la primera vez que estaría tan lejos de sus padres. Por su parte, él le contó que desde los 18 años vive en USA por lo de su beca en medicina en Harvard. Que viajaba seguido a Europa y otros países de Latinoamérica por que la universidad lo mandaba siempre a simposios, cursos y exposiciones. Le contó también que seguía vinculado con la universidad de Harvard, pues el trabajaba en el hospital central de Massachussets, que era dirigida por los directores de las facultades de Medicina y Odontología de su universidad. Que no quería volver a Japón, no por ahora, al menos que sea solo las visitas a su madre, ya que se había acostumbrado a la vida occidental, que por mucho progreso que él viera en Tokio, aun faltaba mucho para llegar a hacer un país mas libre en lo que a paradigmas mentales se refería.
Usagi estaba que se moría de la curiosidad por preguntar lo que para ella era mas que obvio. El aro en el dedo anular de la mano izquierda, indicaba a las mil maravillas que Mamoru era casado. Pero Usagi no quería ser impertinente. El no le hablaba jamás de su esposa ni mencionaba nada. Pero de que sentía curiosidad, la sentía.
Usagi se había comunicado con su familia y con las chicas. Les contó la travesía que tendría para ir a ese rinconcito de la selva. Sus padres estaban algo alarmados, pero Rei y Minako lo consideraban terriblemente excitante. Solo Ami y Makoto veían cierto reparo en viajar de ese modo, pero cuando Usagi les explicó que ese era el único medio, ya no dijeron nada. Mamoru quedó sorprendido al ver con que soltura Usagi conversaba con sus padres y sus amigas. Nueva sorpresa. Él jamás le hablaba a su madre con tanta libertad, porque su madre era mas bien de la vieja escuela. Por eso no pudo evitar mover la cabeza en señal negativa. El llego a creer que Usagi era mas pegada a esa costumbre que él mismo. Si, realmente esa muchacha sería una interesante, no solo compañera de viaje, sino también y quizás, una amiga.
-¿Puedo preguntar algo sin que te parezca algo metiche de mi parte? -Digo después de un rato, cuando ya estaban en el aeropuerto Jorge Chávez para embarcarse a la ciudad de Iquitos.
-Si, no veo porque no, al menos que sea una pregunta indebida. -Respondió Usagi un tanto graciosa.
-Pues creo que no lo es. ¿Tu relación con las personas con las que hablabas, son así, de tantísima confianza?
-¡Claro! Mis padres lo son tanto como mis propias amigas. A las chicas las conozco desde el pre escolar. Creo que nuestra confianza traspasa todo limite.
-Yo tengo dos amigos, aunque uno de ellos, Motoki, es mi amigo desde los 12 años. El vive en USA y estudió lo mismo que yo en Harvard. Pero pese a la cantidad de confianza que nos tenemos, y al cariño, pues siempre me dice que soy un acartonado.
-Pero ser acartonado no tiene nada que ver con no tener cariño a esa persona. -Usagi jalaba con dificultad su maleta, Mamoru al darse cuenta la ayuda, ocasionando en ella un débil gracias.-a demás siempre estás haciendo cosas por los demás, incluso a desconocidos, eso no lo hace alguien que es acartonado.
-Gracias, supongo que debes tener razón. Mi esposa solía decirme que detrás de mi fachada, había alguien que sabía amar.
Con estas palabras, para Usagi quedó mas que confirmado que el era casado. Y lo mas curioso es que lo dijo como para si mismo y no para ella.
