Flor de loto

Capítulo 20

Su completa atención estaba centrada en el objeto que estaba frente a él. En su mente, planeaba una estrategia que fuera útil y que pudiera llevarlo a la victoria. Era bastante difícil descifrar la lógica de aquello, pero confiaba en que podría ganar si se lo proponía.

Por unos cuantos segundos, alzó la mirada, encontrando frente a él y al otro lado de la mesa, a Yami. El joven esperaba su jugada pacientemente.

De manera lenta, muy lenta, buscó la pieza escogida con su mano, esa pieza que formaba parte importante de su estrategia.

Pero tan pronto la tocó, pudo notar que una sonrisa triunfal comenzaba a notarse en los labios del egipcio.

De inmediato se retractó de su jugada. Alejó su mano y se concentró en el tablero.

Tenía que existir alguna estrategia que le ayudara.

-Estás acorralado, Moki- escuchó la voz femenina. Sus ojos grises se enfocaron en la joven rubia.

-Gracias por tu apoyo- murmuró con sarcasmo. Claudia solamente rió por lo bajo.

Segundos pasaron, en los que el hermano del emperador puso toda su atención en el juego.

Pero poco después un suspiro de resignación escapó de su boca.

-No importa la pieza que escoja, igual voy a perder- afirmó. Tomó entonces la pieza que pensaba utilizar desde el principio y la movió al espacio que estaba adelante. –Tu turno- susurró luego.

Inmediatamente, Yami tomó una de sus piezas y la utilizó para capturar la del menor.

-Me rindo- murmuró Mokuba, alzando ambas manos en un gesto exagerado. –No puedo con esto. No lo entiendo- profirió.

-Pero vas bien, Moki- afirmó Claudia.

-Yami ya sacó casi todas sus piezas del tablero… yo solo he sacado cuatro- se quejó, mientras se cruzaba de brazos.

-Lo haces bien, Mokuba. Es apenas tu segundo juego. Yo he jugado al Senet durante toda mi vida- habló el ojirubí. Sí, el juego que tenía frente a él era egipcio. De hecho, era quizás el más popular de su tierra. Desde niño había jugado al Senet, ya fuera con sus maestros o con su hermano. De hecho, también lo hizo en más de una ocasión con su padre.

Era bastante reconfortante tener a alguien con quien jugarlo allí. Aunque Mokuba insistía en que no entendía bien las reglas; solo requería práctica.

-Deberías decirle a mi hermano. Él es bastante bueno en este tipo de juegos- profirió el chico.

-No creo que tenga tiempo- murmuró el ojirubí. No mentía, desde que comenzó a recuperarse, cuatro días atrás, veía cada vez menos al emperador. De hecho, eran pocas las veces en las que tenía la oportunidad de siquiera hablarle al ojiazul.

Claro, entendía que el castaño tenía deberes con los que debía cumplir, y con los cuales se había retrasado por estar cuidando de él. Pero de todas maneras, esto no evitaba que se sintiera solo. O quizás se estaba convirtiendo en una persona consentida. Era una posibilidad, aunque no era una que le agradara en lo absoluto.

Pero no podía negar, que le gustaba bastante tener toda la atención de Seto.

Tal vez de verdad se estaba convirtiendo en un adolescente mimado.

-Ha estado ocupado estos días porque ha tenido que ponerse al día con sus deberes- afirmó Mokuba.

-Entiendo eso… pero no lo sé. A veces siento que me está ignorando a propósito- susurró el ojirubí. Quizás solo estaba malinterpretando el asunto. Después de todo, el ojiazul no tenía razón para ignorarlo.

Aunque las últimas palabras que le había dirigido el castaño no fueron nada amables. La noche anterior, había logrado quedarse despierto para esperar al romano. Simplemente quería hablarle, de lo que fuera. Solo para reafirmarse a sí mismo que no estaba siendo ignorado; que Seto solo estaba demasiado ocupado.

Pero tan pronto abrió la boca, el ojiazul lo interrumpió, diciéndole, o gritándole mejor dicho, que estaba cansado, que necesitaba dormir y que por lo tanto no estaba de humor para conversar. Y para cerrar con broche de oro, ambos durmieron separados, uno a cada extremo de la cama.

Estaba bastante confundido por la repentina y extraña actitud del emperador. Y no podía más que pensar que el romano lo ignoraba.

-Yami, pero qué dices. Mi hermano solo está muy ocupado- afirmó Mokuba, al parecer con bastante seguridad.

Yami suspiró y sonrió ligeramente. Era bueno poder mirar de nuevo a los ojos al menor. Después del pequeño… incidente, en donde Mokuba había visto una escena bastante comprometedora entre él y Seto, le había costado bastante superar su vergüenza. Pero el chico parecía haber olvidado todo; o al menos eso aparentaba.

-Supongo que tienes razón-

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El dolor inundó su mano, cuando arrastró sin piedad el cuchillo sobre su palma. Sin embargo, su semblante se mantuvo neutral. No demostraría debilidad frente a un dios.

Cuando la sangre comenzó a correr, estiró el brazo y cerró el puño. Las gotas de sangre cayeron en el altar.

Y mientras los sacerdotes del templo le suplicaban a Marte que aceptara la ofrenda de sangre, sus pensamientos lo arrastraban a un torbellino de preocupaciones.

Su vida parecía presentar un problema tras otro. Primero, el asunto con el príncipe egipcio. Días enteros había pasado inmerso en la preocupación respecto a la salud de Yami. Sí, admitía que se había preocupado. El egipcio era de cierta forma su responsabilidad.

Pero Yami estaba bien ahora y los demás problemas empezaron entonces a cobrar importancia. Había estado tan ocupado estos días que había ignorado completamente al egipcio. De hecho, la última vez que el menor intentó iniciar una conversación, lo mandó a callar con rudeza.

No era culpa de Yami, pero no podía contenerse.

Los rumores de una aparente rebelión circulaban por toda Roma. El general de más confianza de su ejército lo había puesto al tanto. Y si bien nada estaba confirmado, se aseguraría de verificar la situación antes de partir.

Y quedaban pocos días antes de que esto sucediera. Mokuba ya lo sabía. Yami, por otra parte, no tenía idea. No imaginaba realmente cuál sería la reacción del egipcio cuando le dijera que iría al frente de las legiones. Aunque conociendo al berrinchoso príncipe, quizás haría un escándalo.

Le costaba admitirlo, pero el solo hecho de pensar en el hermoso joven parecía aplacar un poco sus nervios.

-La ofrenda de este ciudadano ha sido recibida por Marte. Él, poderoso guerrero, le dará la victoria en toda batalla- Tan pronto escuchó eso, se alejó del altar. Había terminado. Solo esperaba que Marte de verdad estuviera de su lado.

Pero claro, cómo no lo estaría, si había sido él quien mandó a construir ese templo.

Tan pronto caminó fuera del recinto, un esclavo se acercó con la intención de vendar su mano. Le permitió hacerlo, aunque se negó a detenerse.

Un sentimiento de gran impotencia lo inundó.

Y pensó en Yami.

El joven estaba en buenas condiciones. Pero para qué engañarse, el ojirubí se sentiría mal otra vez. Era solo cuestión de tiempo. No podía retrasar para siempre la noticia de que el faraón había muerto.

Ya lo sabía, era fácil de saberlo. Él no podía hacer feliz a Yami. Por eso, lo había ignorado esos días. Sí, tenía mucho trabajo y muchas preocupaciones, pero aceptaba ahora que la razón principal de su comportamiento había sido esa.

Quizás el menor aceptaría la situación. Tal vez no le afectaría tanto la muerte de su padre. ¿Pero hasta cuándo duraría su tranquilidad? Había visto claramente el semblante herido del ojirubí la noche anterior, cuando le había gritado que cerrara la boca. No había podido controlarse.

¿Cuánto tiempo pasaría hasta que hiciera sufrir a Yami otra vez? ¿Y otra vez? ¿Y otra vez?

No sabía por qué, pero desde que había visto al egipcio enfermar después de comer aquellos hongos, ese tipo de pensamientos lo habían inundado.

El culpable no había sido atrapado. El riesgo seguía ahí.

Y pronto, él se iría. Y la idea de dejar solo a Yami era simplemente… impensable. Ese príncipe no podría cuidarse solo. Era demasiado distraído y confiado como para hacerlo.

Con respecto a Egipto ya había tomado su decisión. Con respecto a Yami… no.

Cerró sus ojos de pronto, cuando la luz cegadora del sol apareció de repente. Había salido del templo.

Cuando ajustó su vista a la luz, caminó hacia su caballo. Varios guardas lo cuidaban, y esperaban además su llegada.

Antes de subir, miró por unos segundos sus alrededores. A las personas que caminaban, a las edificaciones y estatuas que lo rodeaban.

Este era su imperio. Realmente nunca se había detenido a mirar los detalles.

Ser emperador era una maldición y una bendición al mismo tiempo. Aunque en ocasiones, la maldición parecía sobrepasar cualquier otra cosa. Demasiada responsabilidad, demasiadas ataduras. Tenía al alcance todo lo que cualquier hombre pudiera desear, pero nunca obtenía que lo que realmente quería.

A veces, le costaba entenderse a sí mismo.

Suspiró y volvió la atención hacia su caballo blanco. Y fue apenas se montó en él, que los gritos comenzaron a escucharse.

-¡Emperador, emperador!- Gritos de aparente angustia, que llamaron su atención. Pudo ver claramente, cómo las personas se hacían a un lado para permitirle el paso a quienes gritaban.

Sus soldados de inmediato estuvieron alertas, colocándose frente a él como una barrera.

Pero en lugar de atacar, dejaron escapar gemidos de sorpresa y se hicieron a un lado.

La confusión se adentró en el ojiazul, pero solo hasta ser reemplazada por la incredulidad.

-Señor, muy malas noticias- El maltrecho soldado venía empapado en sangre, y parecía haber corrido durante días enteros. Su armadura se notaba incompleta y deshecha en la coraza. El soldado que venía con él se encontraba en las mismas condiciones.

-Habla ahora- ordenó, apretando con los puños las riendas de su caballo. Esto no podía ser bueno.

-Nos tomaron por sorpresa. Eran legiones romanas contra legiones romanas- explicó, casi sin aire.

-En el sur del imperio ha comenzado una rebelión. Aparentemente, una de las legiones rebeldes ha nombrado a su propio emperador-

El ojiazul se mantuvo en silencio. Al aparecer, esto ya no sería una guerra para conquistar nuevas tierras.

Ser emperador de verdad era una maldición otorgada por los dioses.

Pero si así tenía que ser, perfecto. Después de acabar con el intento de rebelión tendría tiempo de sobra para continuar con sus planes originales. Claro, eso si salía con vida.

-¿Señor?-

-Prepara a las legiones. Todas las que estén de mi lado. Quiero que estén listas en cuatro días- ordenó.

-Pueden prepararse en dos…-

-Cuatro días- repitió con firmeza, no dejando espacio para más insistencia.

-Sí señor, como ordene-

El castaño no prestó más atención al asunto. En todo ese tiempo, ni siquiera había mostrado expresión alguna en su semblante. Aunque estaba claro, que el sentimiento de incertidumbre crecía en su pecho.

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-Por lo que veo el príncipe ese sigue vivo- susurró entre dientes el hombre.

-¿Y ya tiene planeado lo que va a hacer ahora?- preguntó el otro, sonriendo con burla y malicia.

-Por supuesto. Solo asegúrate de no fallar esta vez-

-Le recuerdo que no he fallado. Hice lo que me pidió- corrigió.

-Está bien. Déjame decirlo de otra forma. Asegúrate de que el egipcio esté muerto antes de irte-

-Haré lo que el cliente pida-

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Cuando el ojiazul finalmente llegó a su palacio, lo primero que encontró al entrar fue a un egipcio de semblante firme. Parecía dispuesto a algo, y sabía bien a qué.

Sin embargo, no quería lidiar con esto ahora.

No era que no quisiera ver a Yami, simplemente tenía mucho en qué pensar.

-¿Qué le pasó a tu mano?- Ese era Yami, siempre preocupado por su bienestar. Aún no sabía qué había hecho para merecer la preocupación del egipcio.

Aún así, ignoró la pregunta, y de forma casi obstinada, continuó con su camino sin siquiera dirigirle la mirada al menor.

Dicho joven apretó los puños. Estaba cansado de ser ignorado de esa forma. No entendía qué había hecho mal.

-¿Querías que muriera?- preguntó, casi con tristeza. Pero sonrió cuando notó cómo el ojiazul se detenía en seco.

-No digas estupideces, Yami- Finalmente, el castaño se dignó a dirigirle la palabra.

-Solo me parece cuestionable que hayas comenzado a ignorarme tan pronto mi salud mejoró- explicó el egipcio.

-El mundo no gira a tu alrededor, príncipe- Después de esas palabras siguió con su camino. Pero solo segundos después, el sonido de pasos apresurados inundó el lugar. Y una mano en su brazo lo obligó a detenerse.

-¿No crees que ya me has ignorado bastante?- la pregunta se escuchó teñido de resentimiento y confusión. Claro, el egipcio no tenía ni idea del por qué sucedía lo que sucedía.

-No lo suficiente- afirmó el ojiazul, soltándose bruscamente del agarre del más bajo.

-Seto, no entiendo qué está sucediendo. Todo estaba bien y ahora…- Cuando alzó la mirada, que tan solo segundos atrás había bajado, notó con indignación que el castaño proseguía con su camino.

Si el emperador creía que se rendiría tan fácil, estaba muy equivocado.

Caminó de nuevo hacia él, e intentó detenerlo. Pero tan pronto su mano tomó el brazo del ojiazul, éste se dio la vuelta.

Después de eso, solo resonó el sonido de la cachetada.

Sin creer lo que había ocurrido, el ojirubí se llevó la mano a su mejilla. Pero el ardor que sintió al tocarla, comprobó que no estaba alucinando.

No podía creer que hubieran vuelto a lo mismo.

Por su parte, el castaño solo miraba su mano como si fuera la cosa más repugnante que había visto.

¿Cuánto tiempo pasaría hasta que hiciera sufrir a Yami otra vez? Esa pregunta se la había hecho en el templo. Y ya tenía la respuesta. Todos los días, y quizás más de una vez al día. Con una simple acción o una simple palabra.

Ser emperador era una maldición. Podía tener lo que cualquier hombre anhelaba, pero sabiendo que nunca conseguiría lo que verdaderamente deseaba.

Quizás fue tonto de su parte haberse permitido a sí mismo acercarse tanto a Yami. Algo así no era bueno para él, ni mucho menos para el egipcio. Sabía que algún día acabaría. ¿No era mejor ahorrarse todo ese problema?

Él era quizás la persona con más enemigos en el mundo. Era estúpido poner en riesgo al ojirubí por deseos egoístas. ¿Cuántas veces el menor había sufrido por su culpa?

-¿Por qué?- Se atrevió a juntar sus ojos con los acusadores del príncipe. Por unos segundos, pensó que quizás era mejor ganarse el odio de Yami que su aprecio.

Pero sabía bien, que era posible que le doliera saber que el ojirubí lo odiaba.

No; no solo sería doloroso. Sería agonizante.

Yami era suyo. Lo quería para él y solo para él. Era suyo y de nadie más. Ahora, mañana y para siempre. Esa posesividad que sentía no se iría. Lo sabía bien. Era la primera vez que sentía tanta sobreprotección. Ese sentimiento no se iría tan fácilmente.

Yami era suyo, y maldito todo aquel que se atreviera a ponerle un solo dedo encima. Solo él tenía derecho de besarlo, solo él podía dormir a su lado. Solo él y nadie más.

A veces no entendía sus pensamientos. Parecían contradecirse uno a otro.

Pero en ese momento sabía algo. Aunque esto acabara pronto. Solo por ese minuto, Yami le pertenecía.

Aunque tuviera que terminar con lo que nunca debió ser. En ese segundo; en ese ínfimo lapso de tiempo…

Yami era suyo. Y él haría bien las cosas. Esta vez no lastimaría más al ojirubí. Y si tenía que encadenarse a la pared para no hacer algo estúpido, que así fuera.

-No entiendo. ¿Qué hice mal esta vez? Todo iba bien y de pron… ¡mhp!- El egipcio abrió sus ojos en impresión, cuando sus palabras fueron callados por un beso. El romano lo besaba, casi con desesperación. De hecho, fue solo hasta entonces que notó que ahora se encontraba contra la pared.

Al principio, la sorpresa no le permitió moverse. Empero, poco a poco recuperó el control sobre sí mismo.

Pero no pudo evitar caer rendido ante aquella caricia.

Correspondió el beso con la misma desesperación, aferrándose con los brazos al cuello del ojiazul. Gimió levemente cuando el castaño lo empujó más contra la pared. Su cintura se encontraba aprisionada por los brazos del gobernante.

Se mantuvieron así por quizás un minuto y medio.

El romano se alejó entonces, dándole al egipcio un último pequeño beso en los labios.

Sus ojos azules miraron aquel bello rostro, notando una lágrima que resbalaba por la mejilla lastimada del ojirubí.

Con la misma mano indigna que había utilizado para golpear al joven, tocó con suavidad aquella tersa mejilla. El egipcio, giró levemente el rostro que señal de temor, pero se dejó llevar cuando la acción del ojiazul no le causó dolor alguno.

Cuando el romano terminó de limpiar la lágrima, volvió a centrar su atención en el más bajo.

-Tenemos que hablar- No podía retrasar más lo inevitable. Además, no era justo para Yami no conocer sobre la muerte de su padre. –Pero antes… vamos a cenar- agregó. Decidió que era mejor comer antes, porque de seguro Yami se negaría a hacerlo después de saber lo que había sucedido.

El ojirubí asintió, mostrando una leve sonrisa.

El castaño aprovechó el momento para archivar en su mente aquella imagen. No sabía si esa sería la última vez en mucho tiempo que vería la sonrisa del menor.

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Magi: creo que les debo una gran disculpa. Sé que me tardé demasiado en actualizar. Pero fue un bloqueo total. Escribí tres capítulos diferentes y ninguno me gustó… y al fin la santa inspiración llegó. Cuando terminé, grité varias veces de la emoción y casi lloro xD

Sé que está corto, pero espero que eso se arregle en el siguiente capítulo. Que por dicha lo tengo bien planeado en mi mente así que espero que no me dé ningún bloqueo.

Tengo que decirlo, la próxima semana empiezan los exámenes así que estaré un poco ocupada. Y después de eso empiezan las presentaciones de los proyectos -.- Pero haré lo posible por actualizar lo más rápido que pueda.

Por cierto, sip, mi péname antes era MagiGirl, pero después lo cambié por MagiDunkelheit n.n Y Roma de HBO es mi serie favorita. Tengo toda la colección en versión especial. He sacado bastante información de ahí, sin embargo, no me he basado en esa serie para escribir el fic. Aunque sí fue después de ver esa serie, que pensé en escribir un fic de Roma. Pero la idea principal, me llegó mientras escuchaba la canción "Fate" de Bleak. Es una de las canciones más hermosas que he escuchado. Y creo que se puede asemejar bastante con este fic. Si les interesa escucharla háganmelo saber para subirla al Skydrive.

Y sobre Claudia, realmente no me había dado cuenta de que su descripción es similar a la de Rebeca xD Pero nop, Claudia no está basado en ella. Fue mera coincidencia que ni yo había notado n.n

Agradecimientos a Yami224, niko-chan, Azula1991, Atami no Tsuki, Akia-Usagi, Mitsuki Asakura, Elsa Agabo, Kimiyu, manita chio, Nickte Lawliet, Rita por sus reviews. Espero que les haya gustado este capítulo n.n

Y un agradecimiento también para angelegipcio, quien me dedicó un lindo video en youtube. Y además de ser prideshipping tiene audio de Lady Gaga, quien es una de mis cantantes favoritas n.n Qué coincidencia, Lady Gaga es prácticamente la única cantante pop que escucho.

Y creo que eso sería todo por ahora.

Nos vemos

Ja ne!