Flor de loto
Epílogo
Un majestuoso atardecer se mostraba ante su atenta mirada. Desde aquel lugar, tenía la oportunidad de presenciar ese momento del día como ninguna otra persona podía hacerlo. Era uno de los privilegios que los dioses le habían obsequiado.
Sus ojos violeta, tan parecidos al color de las amatistas que adornaban el collar de precioso oro y finas joyas que yacía alrededor de su cuello, brillaban con la luz del sol del atardecer. Era Ra, quien se preparaba para iniciar su viaje hacia el inframundo, dentro del cuerpo de la diosa Nut, mostrando los tonos naranja más hermosos, que coloreaban el cielo de manera majestuosa, iluminando también las pirámides y los templos dedicados a las deidades egipcias.
Era Ra, quien se presentaba frente al joven, recordándole de su divina existencia.
Una leve sonrisa se presentó en los labios del adolescente. La suave brisa de la tarde, le respondió acariciándole sus cabellos tricolores, como si quisiera arrullar al joven con su canto.
La mano de aquella persona se movió involuntariamente, sosteniendo con más fuerza el papiro, que se arrugó entre sus dedos. Los jeroglíficos resaltaban sobre la superficie color crema. Eran ellos, los que comunicaban un mensaje que provenía de tierras lejanas.
-Mi Faraón- una voz femenina irrumpió en el silencio. Una mujer había entrado a su habitación, anunciando en un susurro su llegada.
Solamente movió la mirada, y permitió que una sonrisa se formara en sus labios.
-Madre- Los ojos de la mujer, tan similares a los suyos, brillaron ante la luz que se filtraba del balcón. Un semblante nostálgico fue mostrado, cuando la Reina de Egipto miró el artefacto que colgaba del cuello de su hijo. Un rompecabezas armado, una pirámide invertida de oro puro, el ojo de Horus en su centro. El objeto simbolizaba una sólida esperanza, pero era también la representación de una pérdida, que como madre sufría terriblemente.
-Prevalecerá- No habló la Reina ante esto, pues no tenía palabras aptas para la ocasión. Solamente miró al monarca, a su Faraón e hijo, esperando escuchar sus palabras. –Egipto prevalecerá- No pudo evitar las emociones, pero no dejó caer una sola lágrima, a pesar de que muchas se acumulaban en sus ojos, nublándole la mirada.
-Así será- Su susurro fue llevado por el viento, a través del balcón, hacia las pirámides y hacia el atardecer. Se perdió en el paisaje, pero no pasó desapercibido por el joven rey, quien solamente volvió a mirar hacia el horizonte. Su reino, el elegido por los dioses. Egipto viviría, por mucho más tiempo, siendo testigo de muchos atardeceres.
Y en ese momento, el joven Faraón se preguntó si allá, en Roma, su hermano estaría mirando aquel mismo atardecer…
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-¿Es hermoso, verdad?- La pregunta del joven de ojos carmesí, se escuchó como un susurro curioso. Su mirada se enfocaba en el cielo, mientras que sus manos se posaban sobre el muro del balcón. Frente a él un majestuoso atardecer; un horizonte cuyos colores le recordaban la grandeza de los dioses.
-¿Qué es? Yami… ¡no puedo ver!- Al escuchar la exclamación miró a su lado, sus ojos suavizándose al ver al pequeño niño ojiazul, quien saltaba repetidamente, pues su altura no le permitía mirar por sobre el muro del balcón. No sabía cuántos meses habían transcurrido ya, desde que miró por primera vez a ese niño. Solo sabía, que con cada día que pasaba, el pequeño se iba infiltrando cada vez más en su corazón. Ya que su madre, Kisara, estaba enferma, él se había encargado de cuidarlo, negándose a ceder esa tarea a los esclavos.
-Déjame ayudarte- ofreció el egipcio, alzando al pequeño y manteniéndolo en sus brazos. Sonrió cuando la mirada curiosa del menor se convirtió en un semblante maravillado. -Es bello, ¿no crees?- preguntó, mirando nuevamente hacia el atardecer.
-Sí- afirmó el menor. Pero al mirar hacia el horizonte, una interrogante acudió a su mente. -¿Por qué cambia de color el cielo, Yami? ¿Por qué en la mañana es celeste y en la tarde naranja?- preguntó curioso el niño.
-En Egipto creemos que Ra atraviesa el cielo en su barca. Durante el día viaja en una gran barca llamada Mandjet. Y durante la noche lo hace en una barcaza pequeña, Mensektet. Creemos que Ra encarna en tres entidades distintas, durante tres momentos del viaje. Jepri al amanecer, Horajti al mediodía y Atum al anochecer. En este momento, y cada atardecer, Ra se introduce en la boca de Nut, la diosa del cielo. Y durante la noche atraviesa su cuerpo, donde lucha contra la serpiente Apofis, que siempre intenta impedir la salida del nuevo día. Y así, Ra vuelve a renacer cada mañana, y su viaje inicia de nuevo- explicó, sonriendo al mirar el semblante completamente sorprendido y curioso del niño.
-No conocía esa historia. Pero… ¿qué sucedería si la serpiente logra derrotar a Ra?- interrogó, sus grandes ojos azules mirando detenidamente al egipcio.
-Entonces el caos reinaría… y el día no volvería- respondió el príncipe. Sin embargo, y al ver los ojos temerosos del menor, habló. –Pero eso no sucederá. Ra siempre derrotará a la serpiente- afirmó.
-¿Estás seguro?- insistió el niño.
-Por supuesto- reafirmó el joven ojirubí. -¿Tienes miedo?- preguntó segundos después, cuando miró al menor, quien curiosamente se había aferrado con fuerza a su cuello. Sus ojos impresionados, que denotaban inseguridad, parecieron ser la prueba necesaria. Sin embargo, el pequeño también lo admitió con palabras.
-Mucho- susurró, y escondió su rostro contra el cuello del egipcio. –Volvamos adentro, ¿sí, Yami?- pidió, su voz apenas escuchándose.
-Lo lamento, pequeño, no quería asustarte- pronunció el joven, sonriendo ligeramente. Se alejó del balcón, y caminó dentro de la habitación exquisitamente decorada.
-Vamos con tu madre, ¿está bien?- preguntó el egipcio, recibiendo un asentimiento como respuesta.
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-Ahora podré morir en paz- La tenue voz femenina resonó por la habitación.
-No digas eso- Reprendió de inmediato otra persona, quien involuntariamente tomó las manos de la mujer entre las suyas.
-Solo esperaba esto. Por esa razón aún me aferraba a la vida. Pero ya puedo dejarme ir… ya puedo descansar…-
-Kisara…- Intentó decir. No quería escuchar a la joven hablar de esa forma. Era demasiado duro escucharla hablar así. Y sin embargo, la realidad acompañaba a esas palabras. Y quizás, era eso lo más difícil de aceptar.
-Te pido un último favor… sonríe. Por favor, quiero verte sonreír- La petición lo tomó por sorpresa. Mas pudo escuchar la súplica detrás de aquellas palabras. Sabía que no podía negarse, aunque así lo quisiera, no podía incumplir con la petición de la joven.
Y sonrió, aunque la incertidumbre, e increíblemente la tristeza, pudo notarse fácilmente en sus ojos. No solo fue difícil sonreír como tal, pues no estaba acostumbrado a hacerlo a menudo. Sino también fue emocionalmente duro, puesto que la escena que tenía al frente era una de las más terribles y difíciles de afrontar.
Pero la joven sonrió abiertamente, sus ojos iluminándose con un brillo alegre. En su semblante era posible encontrar el amor que sentía, hacia esa persona que finalmente le había sonreído.
-Gracias… gracias- repitió la joven, una y otra vez.
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Durante todo el trayecto a la habitación de Kisara, su guardia personal lo había seguido fielmente. Ya se había acostumbrado a la presencia de aquellos hombres, pero aún no le agradaba la idea de tener ese tipo de vigilancia estricta.
Por esa razón, suspiró con alivio cuando la puerta que buscaba saltó a su mirada.
La habitación era grande, cubierta de lujos. Aún las paredes coloridas mostraban perfectos murales, y el suelo presentaba un mosaico del color de las piedras, tanto claras como oscuras. La decoración ciertamente era romana. Los colores fuertes y los diseños eran la más grande prueba.
Y allí, contra una de las paredes, se encontraba una gran cama, que a simple vista se notaba cómoda. Sábanas rojizas de seda y muchas almohadas ayudaban a realzar esa sensación de comodidad.
Sin embargo, su mirada se dirigió de inmediato hacia la persona que descansaba sobre ella. Y su semblante entristeció. Kisara, la madre del niño que ahora cargaba en sus brazos, no había mejorado. De hecho, su estado de salud había empeorado en tal medida, que para la joven ya era imposible levantarse de la cama.
Fue doloroso mirar cómo la condición de la ojiazul empeoraba con el paso de los días, ante la mirada frustrada y confundida de los médicos, quienes no habían podido encontrar respuesta alguna ante los terribles síntomas de la joven. Fue terrible afrontar esa situación, intentando no solo hacerle compañía a la enfermiza joven, sino también brindarle atención al hijo de ésta.
Era en esas situaciones, cuando extrañaba a Seto de sobremanera.
Su semblante decayó aún más, cuando pensó en el emperador. No había contado los días desde la partida del romano, pues no deseaba que el tiempo lo atormentara. Sabía que ya habían transcurrido meses, quizás acercándose el tiempo a un año, pero no le interesaba saber con exactitud. Durante ese tiempo solo una vez había recibido noticias. Como Seto había prometido, un mensajero llegó a Roma. Y con alivio había escuchado cómo el hombre le narraba los acontecimientos, que hasta ese momento eran sumamente positivos. Seguidamente, y para su gran sorpresa, el hombre se había acercado, hasta darle un beso en la frente. Consecuentemente, le informó que aquella acción no era de su parte, sino del gobernante. Su corazón había dado un salto en ese momento, y deseó poder tener al castaño frente a él, para poder corresponderle.
Y sin embargo, los días habían transcurrido de nuevo. Sin noticias. Con una terrible incertidumbre que en ocasiones amenazaba con sofocarlo. Cada día que pasaba sin recibir noticias, aumentaba su inseguridad.
-… una gran serpiente- Pero intentó concentrarse en sus alrededores, cuando escuchó la voz del niño.
Lo dejó entonces sobre la cama, al lado de la joven madre, quien solamente pudo sonreír con mucha debilidad.
Un nudo se formó en su garganta, al mirar el terrible semblante de la joven. Ahora estaba demasiado delgada, sus mejillas habían casi desaparecido, la palidez era demasiada, y las ojeras pronunciadas. El solo mirar a la ojiazul era difícil. Y aunque quiso retirar la mirada, se limitó a sonreírle a la joven, intentando transmitirle un poco de consuelo.
A veces el sufrimiento parecía ser insoportable, y mientras Kisara se quejaba del dolor, él corría para llevarse al niño y llamar al médico. Por supuesto que no permitía que el pequeño mirara el dolor de su madre. Era muy joven como para afrontar esa situación.
Aunque el niño era inteligente. Y sabía lo que sucedía. Ya había llorado muchas veces en sus brazos, susurrando que muy pronto su madre moriría. Y él solo podía quedarse callado, pues no sabía qué decir ante tales afirmaciones.
-No te hará daño, corazón… no te preocupes- El susurro apenas pudo ser escuchado. La voz de la joven era apagada, casi sin vida. Estaba claro, que la ojiazul no viviría por mucho más tiempo.
-Y si lo intenta, le ofreceré a Yami como cena… y así no me comerá a mí- afirmó el niño, haciendo que una ligera risa escapara de los labios de Kisara. Yami, por su parte, miró con falsa indignación al menor.
-Es bueno saber que me aprecias tanto- se quejó, ocultando su sonrisa. Definitivamente ese niño se había infiltrado en su corazón. No sabía cuál sería el comportamiento que mostraría el emperador hacia el pequeño cuando regresara, pero él estaba dispuesto a proteger al menor.
Una tos insistente, hizo que su atención entera se enfocara en la joven ojiazul.
-¿Cómo te sientes, Kisara?- preguntó el egipcio, sentándose en la cama, al lado derecho de la joven. Con mucha delicadeza, le peinó los cabellos con sus dedos. Durante esos meses, había aprendido a apreciar a la ojiazul. Sentía un gran respeto y cariño hacia ella, y le dolía terriblemente verla en esas condiciones. Los celos se habían desvanecido por completo. Ahora valoraba la compañía de Kisara. Además de su propia madre, era ella quizás la mujer más noble y bondadosa que había conocido. Y esas cualidades, él siempre las había estimado.
-Ahora estoy mejor que nunca… no puedo pedir más- La respuesta lo confundió, y el semblante de la joven solo ayudó a acrecentar esa confusión. Kisara sonreía, de forma tal que lo dejó paralizado. Y en sus ojos azules, las señales de las primeras lágrimas podían ser vistas. Lágrimas de alegría. No había esperado esa respuesta, ni mucho menos esa mirada de parte de la ojiazul. Viendo la condición física de la joven, no podía creer que pudiera sonreír y decir que todo estaba bien.
Pero no dijo nada al respecto. No deseaba cuestionar las palabras de Kisara.
-Por cierto, príncipe. Te esperan en el salón principal- Al escuchar esas palabras volvió a mirar a los ojos a la joven.
-¿Me esperan?- preguntó, completamente confundido.
-Noticias de la guerra- Esa respuesta hizo que de un solo salto se pusiera de pie. Kisara, al ver esa acción, sonrió. Durante esos meses, había podido conocer más al egipcio. Y había comprobado que siempre estuvo en lo correcto. El príncipe era un joven de gran corazón. Y sobretodo, ahora estaba segura del amor que el joven tenía por el emperador. Sabía que Yami podía hacer feliz al gobernante. Y eso era todo lo que necesitaba para sentirse tranquila. Además, el ojirubí se había convertido en una persona indispensable para su hijo. Ante esto, no podía más que alegrarse, pues sabía que su hijo quedaría en buenas manos.
-Regreso en un momento- Pronunció con rapidez el joven príncipe. Al haber escuchado las palabras de Kisara, su corazón se había acelerado. Cada latido del mismo, le decía que corriera a escuchar esas noticias, que había esperado con tanto anhelo y preocupación. Necesitaba saber que Seto estaba bien, y que la situación progresaba favorablemente. Necesitaba aferrarse a la esperanza concreta de que el emperador regresaría. De que la espera no era en vano.
En tan solo segundos, caminó fuera de la habitación, siguiendo el largo pasillo que en ese momento pareció interminable.
Apenas notó que los guardias lo seguían, pues sus pensamientos solo estaban concentrados en el emperador.
Lo extrañaba tanto. Esos meses habían sido una total tortura. La preocupación era demasiada, y la incertidumbre era casi imposible de sobrellevar. Los días eran difíciles, y las noches se habían convertido en un tiempo de largo insomnio. En ocasiones simplemente era imposible concebir el sueño, y se limitaba a dar vueltas en la enorme cama durante toda la noche. El solo hecho de dormir en la habitación del emperador, era un constante recordatorio de la presencia que tanto anhelaba. El aroma del ojiazul, tan similar al sándalo, aún estaba presente al otro lado de la cama. Tenue y casi extinto, pero cada vez que abrazaba la almohada, podía percibirlo.
Cada día despertaba con una opresión en el pecho. Se preguntaba qué estaría haciendo el gobernante en esos momentos. A veces llegaba a preguntarse, si el ojiazul pensaba en él de la misma forma en la que él pensaba en el romano. A cada momento, en cualquier situación.
Sí, la ausencia del gobernante había sido difícil de afrontar. Por ello, esos momentos eran tan importantes. El recibir noticias era una forma de alejar la incertidumbre. Aunque el alivio fuera temporal. El saber que el romano estaba bien era lo único que parecía importante.
Soñaba con el día en que el emperador regresara. Había creado miles de escenarios, de cómo podría ser ese momento. ¿Qué haría cuando viera nuevamente al romano? Cuando estuviera frente a él… quizás lo único que podría hacer era lanzarse a sus brazos. Pues estaba seguro de que su voz se extinguiría en ese momento, y no podría hablar aunque así lo deseara. No podía imaginar cómo sería el primer beso que compartirían, o la posición en la que harían el amor.
El solo pensar en mirar esos ojos azules de nuevo, bastaba para paralizar cada uno de sus pensamientos.
Pero por el momento, debía conformarse con las noticias, y con la esperanza que estas le daban.
Por ello, cuando el salón principal saltó a su mirada, tomó aire. Su corazón volvió a acelerarse y la expectativa creció.
El lugar era grande. En su centro había varios asientos, y frente a ellos, a una distancia prudente, había un hermoso jardín, en cuyo centro se encontraba una fuente de mediano tamaño.
En ese momento, solo el sonido del agua de esa fuente podía escucharse.
Fue hasta que finalmente estuvo en el salón, que buscó con la mirada al mensajero. Esperaba que fuera el mismo joven de la última vez. Bajo en estatura, cabello negro, ojos oscuros y piel pálida. No le había preguntado su nombre, pues su afán de escuchar sobre Seto había superado cualquier otra cosa.
Y sin embargo, cuando sus ojos encontraron la figura de la persona, quien estaba de pie mirando hacia el jardín, descubrió de inmediato que aquel no era el mismo mensajero.
Pero curiosamente… era familiar. Muy familiar.
Sus ojos se abrieron en completa impresión. Su corazón quiso de pronto salirse de su pecho, palpitando con tanta fuerza, que podía escucharlo perfectamente. Las manos comenzaron a temblarle, y los ojos se le humedecieron.
La persona le daba la espalda, pero la reconocería en cualquier parte. No podía equivocarse. Su mente no le podía estar jugando una broma como esa. Era ese su cabello, era esa la complexión de su cuerpo. Su mente no podía mentirle. La decepción sería imposible de soportar. Lo que estaba viendo tenía que ser real.
Llevó sus manos hacia su rostro, cubriendo su boca cuando un agudo sollozo escapó de sus labios.
El sonido de dicho llanto, pareció alertar a la persona, quien lentamente se dio la vuelta.
El mundo pareció detenerse y el tiempo dejó de existir. Yami miraba sin poder creerlo, esos ojos azules que tanto había extrañado. Pudo ver el amor en ellos, y la alegría del rencuentro, esa misma felicidad que comenzaba a llenar su alma, sacudiéndola por completo.
Después de tantos meses. Después de tanto soñar con ese momento.
Esto no fue jamás como lo imaginó. Era mucho mejor. El mirar nuevamente ese rostro, y el alivio que eso conlleva, lo obligó a derramar lágrimas. Las emociones que crecían dentro de sí con cada segundo, eran demasiadas, y tenía que expresarlas de alguna forma.
Y quiso hablar. Quiso decir su nombre. Sellar ese momento con el nombre de la persona a la que había esperado por tantos meses, y que por fin había regresado.
Y el sonido de ese nombre escapó de sus labios.
-Seto-
FIN
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Magi: C'EST FINIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII! No puedo creerlo… creo que estoy en shock temporal O.O Es… una sensación extraña… nostalgia, satisfacción, muchísimo alivio, es bastante raro. Pero lo hice! He concluido! Se acabó! Después de tantos años le he puesto el punto final a este fic.
Ejem, intentaré tranquilizarme a ver si puedo hablarles con un poco de cordura. Ahí tienen el epílogo. Comparado a los demás capítulos es más corto, pero esa era la idea… es un epílogo después de todo. Quise dejarlo hasta ahí, porque fue lo que planeé desde un inicio, y creo que lo demás es mejor dejarlo a la imaginación. Pero creo que con esto el final queda un poco más conclusivo. Setito regresó y Yami ahora será muy feliz (sobretodo en las noches cof cof). Bah, otro final feliz a la lista… tendré que escribir algo angustiosa para compensarlo xD
Bueno, respecto a un nuevo fic… eh, todavía está en proceso de análisis. Pero es muy posible que esta semana (mañana o el miércoles) encuentren un nuevo one-shot mío, que llevará el título de "Sacrificio", enfocado en Seto y Mokuba. Ya lo escribí, es sumamente corto, de poco más de 500 palabras. Pero bueno, ya lo verán. Y también, les cuento que ayer, mientras intentaba hacer espacio en mi llave USB, me encontré con un one-shot que ni siquiera recordaba que existía. Y cuando lo leí quedé con cara de WTF? No sé, el tono que utilicé y el estilo en general me pareció distinto al que normalmente uso. Realmente no sé por qué no lo terminé en ese momento (lo escribí a mitad del año pasado). Pero eso es normal en mí, tengo como 20 fics sin terminar, que sé que nunca llegarán a ser publicados. Pero intentaré terminarlo, utilizando ese mismo tono. Recuerdo que fue un curso de la universidad (Pensamiento Crítico, para los curiosos n.n) el que me influenció para escribirlo, así que el one-shot tiene un trasfondo de demanda y crítica social. Como les digo, no es lo que suelo escribir. Pero ya veremos si logro darle una conclusión. Y con suerte también podré publicarlo esta semana. El título que tiene el fic en este momento (no sé si lo cambiaré o no) es "Homofobia", así que se pueden hacer una idea de por dónde va el asunto.
Y por cierto, el siguiente capítulo de Mente Frágil ya está en proceso. Sí, Magi se ha puesto las pilas! xD Debo aprovechar mis vacaciones y no parar de escribir! Solo espero que mi laptop no explote de tanta sobrecarga O.o No está acostumbrada a que esté tecleando como Seto Kaiba.
Y respecto a la secuela… realmente lo estoy pensando detenidamente. Ya comencé a escribir lo que sería el primer capítulo de la secuela, pero no quiero apresurarme. Antes quiero determinar si puedo escribirla, y si llegaré a terminarla. Así que tengo que armar todas las ideas. Pero ahora sé que todos ustedes quieren una continuación… es decir, nadie votó por el No en la encuesta Así que intentaré escribir esa secuela. Lo que sí no encuentro por ninguna parte es el título… ¿dónde está el título? T.T Estoy en blanco respecto a eso, pero creo que cuando ordene más mis ideas algo aparecerá, porque ciertamente no quiero llamar a la secuela "Flor de loto II", o "Flor de loto, el retorno"… no, simplemente no xD
Por el momento, y por haber sido tan lindos conmigo durante todo este tiempo (es decir, por no estrangularme ante mis grandes tardanzas en actualizar), les dejaré lo que será un posible resumen de la secuela (posible, he dicho). Para que se den una idea de por dónde van mis ideas: "Sabía que Mokuba se estaba convirtiendo en un hombre. Pero no podía ver que su dificultad de aceptar ese hecho estaba dañando profundamente su relación con Yami. Y ciertamente, la presencia de la familia del egipcio no ayudaba en lo absoluto." Creo que con solo esa última oración ya se hicieron una clara idea de lo que pueden esperar… yo solo digo mucho drama… y fuego, mucho fuego, y el pobre Yamito tendrá que hacer las de bombero. Además, podrán saber concretamente si Kisara muere o no (aunque creo que quedó claro en este epílogo). Espero poder escribirlo en pocos capítulos, porque no quiero tampoco mantenerme con esta historia para siempre. Pero sí tengo bastantes ideas… así que espero poder comprimirlas un poco.
Agradecimientos a sayori sakura, Rita, Atami no Tsuki, Azula1991, zeny, Nebyura, Natsuhi-san, Chiyo Asakura, GINA, Yuki Yogima, HIKARI NO YAMI, Yuuly, Gattu10, Yume-no-Dream por sus reviews. Debo agradecer por sus comentarios y el apoyo que me han demostrado. Ustedes hacen que escribir fanfiction realmente sea algo maravilloso. Muchas gracias a todos quienes han dejado sus comentarios a lo largo del fic. Es gracias a ellos que no he dejado de escribir. Espero escuchar de ustedes nuevamente en mis siguientes proyectos :) Mientras siga recibiendo sus palabras de apoyo, seguiré escribiendo en esta página. Así que nuevamente, ¡muchísimas gracias!
Hemos cerrado con este fic, y espero que lo hayan disfrutado de principio a fin. Yo realmente disfruté escribiéndolo, y es difícil pensar en que no volveré a agregarle más capítulo a esto… pero estoy satisfecha de haber cumplido con mi promesa de finalizar Flor de loto.
Solo me resta decir, que ya nos veremos en algún otro fic.
¡Esto fue lo primero de Magi para ustedes en 2012! Este año cumpliré siete años de escribir en esta página! Ya soy vieja, hurra! xD
Ja ne!
(PD. Se han dado cuenta de que mis notas al final de los capítulos son exageradamente largas? O.o)
