Historia y Personajes ® Diana Palmer

Adaptación by FaBiiOoLiixX


Capítulo 4: Tentación

Bella consiguió meterse el camisón de satén plateado, pero mareada como estaba por los efectos del alcohol, no acertaba a meter los botones delanteros en los ojales. Frustrada, alzó la vista hacia el espejo, y la sorprendió el aire tan sexy y sofisticado que le otorgaba el camisón abierto, dejan do parte de sus senos sonrosados al descubierto. Pare cía mucho más madura así. Se rio ante su ridícula fas cinación, y se dejó caer sobre la colcha rosa pálido de la cama, dejando uno de sus senos totalmen te al descubierto. La joven cerró los ojos despreocupa da. ¿Qué importaba?, se dijo dejándose arrastrar por el sueño, no iba a entrar nadie a verla.

Nadie ...excepto Edward, que abrió la puerta muy despacio y entró con sigilo para casi caerse de espal das ante lo que vio. Se quedó sin aliento.

Bella respiraba tranquila, se había quedado dormi da, Edward suspiró aliviado. Mejor así. No habría sido capaz de decir nada coherente. Nunca había pen sado en ella como una mujer, pero, en ese momento, viéndola allí recostada, con ese camisón plateado, y un delicioso seno totalmente expuesto a la vista, lo excitó tremendamente.

Se había quedado paralizado junto a la puerta, asi milando por primera vez el hecho de que Bella ya no era una chiquilla. Lo que tenía frente a sí lo declaraba a gritos. Y entonces comprendió cuál era el motivo por el cual se había sentido tan raro últimamente, por qué había estado sobreprotegiéndola, por qué andaba todo el día haciéndola enfurecer deliberadamente... Porque la deseaba.

Cerró sin hacer ruido la puerta tras de sí, y se acercó a la cama. ¡Dios, era tan preciosa! Los músculos de su rostro se contrajeron. Se daba asco a sí mismo por estar devorándola con la mirada, pero no podía evitarlo.

Se preguntó si habría permitido que alguno de los chicos con los que había salido le viese los senos. El solo pensamiento lo puso furioso, y todo su cuerpo se tensó. La idea de imaginar a otro hombre mirándola, acariciándola, abriendo la boca sobre aquellos suaves montículos y estimulando sus cumbres para endure cerlas... Sacudió la cabeza para apartar esos horribles pensamientos.

Bella — la llamó con voz ronca.

La joven se revolvió en sueños, haciendo que el frontal del camisón se abriera por completo. Edward se estremeció ante la increíble visión que se le ofrecía de los dos senos perfectos, maravillosos.

Masculló una maldición entre dientes y se obligó a inclinarse sobre ella para abrocharle el camisón. No podía creerse lo nervioso que estaba. ¡Si hasta le tem blaban las manos! Gracias a Dios que Bella no estaba despierta para verlo tan vulnerable.

La joven gimió sensualmente cuando los duros nudillos de Edward rozaron su piel, y se arqueó hacia él aún dormida.

Edward contuvo la respiración. El tacto de la piel de Bella tenía la suavidad de la seda, y era además tremendamente cálido. Apretó los dientes y abrochó cada botón, hasta el último. A continuación, la tomó en brazos y la levantó, para retirar la colcha y meterla de nuevo en la cama.

En ese instante, los ojos de la joven se abrieron pe rezosos. Observó los duros rasgos de él en la oscuri dad y sonrió suavemente.

Estoy dormida, Edward — murmuró acurrucán dose contra su cuello. El dulce aroma que emanaba de ella y la presión del frágil cuerpo femenino estuvieron a punto de hacerle perder el control.

¿De verdad? — murmuró, de nuevo con voz ronca por la excitación. La colocó sobre el colchón, acunán dole la mejilla contra su mano antes de depositarla en la almohada, sus labios a unos centímetros de los de ella.

Bella le echó los brazos al cuello, pero él los reti ró metiéndolos bajo la colcha y la sábana.

Nunca me habías arropado antes — murmuró la joven soñolienta.

Pues no esperes que te cuente una historia — contesto él con sentido del humor —, eres demasiado joven para oír las que me sé –.

Supongo que sí. Soy demasiado joven para todo... Demasiado joven —murmuró Bella bostezan do y cerrando los ojos de nuevo dijo —. Oh, Edward, ojalá fuera rubia…

¿A qué viene eso ahora? — inquirió él perplejo. Pero la joven se había vuelto a quedar dormida, Edward se quedó observándola pensativo un buen rato y volvió a salir tan sigilosamente como ha bía entrado.

Jasper salía del salón cuando Edward llegaba al pie de las escaleras.

¿La has traído a casa? — le preguntó.

Sí, está en la cama, borracha — añadió con una media sonrisa.

Jasper lo miró con los ojos entornados y el ceño fruncido.

¿Qué te ha pasado? Te sangra el labio –. Edward se llevó la mano a la boca.

Un pequeño altercado en ese local nuevo — con testó Edward con ironía. Fue junto al mini bar y se sirvió una copa de brandy —. ¿Quieres una? –.

Jasper meneó la cabeza y encendió un cigarrillo bajo la mirada desaprobadora de Edward. Les había prometido a él y a Bella que iba a dejarlo, pero siem pre recaía.

¿Cuál fue el motivo de la pelea? –. Edward tomó un sorbo de su copa — Bella –.

¿Bella? — repitió Jasper enarcando las cejas. — Tanya Delani la había llevado a ese sitio y la es taba dejando emborracharse. Cuando la encontré la había dejado sola y un tipo estaba intentando propa sarse con ella –.

El otro día fue a ese club de hombre desnudos, y hoy se va a un club nocturno a emborracharse... — murmuró Jasper pensativo — Algo le pasa a nuestra chica –.

Lo sé — asintió Edward —. Solo que no tengo ni idea de cuál pueda ser el problema. En cualquier caso no me gusta nada lo que esa Tanya está tratando de hacer, pero tampoco puedo explicárselo a Bella –.

Está tratando vengarse de ti a través de Bella, ¿no es cierto? — adivinó Jasper.

Bingo — asintió Edward levantando el copa como para brindar por él y apurando la bebida —. Estaba obsesionada conmigo, y la rechacé. ¿Qué espera ba? Es amiga de Bella. No puedo salir con una amiga de ella –.

¿Y Bella?, ¿está bien?

Sí, sí, no le ha pasado nada — lo tranquilizó Edward. Sin embargo, prefirió omitir que la había metido en la cama, y que estaba bebiendo porque estaba preocupado por ella, cosa que raramente hacía —. Ese per vertido solo la asustó un poco –.

¿Y qué hiciste?

Le di su merecido, claro está.

Bien hecho. En fin, lo único evidente en todo este asunto es que Bella sigue necesitando de alguien que la vigile de cerca.

Amén. ¿Quieres que la echemos a cara o cruz?

¿Por qué iba a querer interferir cuando tú lo ha ces tan bien? — repaso Jasper con una sonrisa burlona. Sin embargo, la sonrisa se desvaneció de sus labios al observar la seriedad en los ojos de su hermano — Edward... Recuerdas que Bella cumple los veintiuno dentro de tres meses, ¿verdad? Y creo que ya está bus cando un apartamento con Tanya –.

El rostro de Edward se endureció.

Esa «amiga» suya la corromperá, y no quiero que Bella terminé pasando de mano en mano entre los ex novios de Tanya como si fuera un entremes –.

Jasper enarcó las cejas. La voz de Edward sonaba agitada. Bien pensado, lo cierto era que estaba bastan te rara...

Solo somos los tutores legales de Bella — le recor dó —, no tenemos derecho a tomar decisiones por ella –. Edward le lanzó una mirada furiosa.

¿Y qué quieres que haga? ¿Que me quede cruza do de brazas, esperando a que aparezca un vaquero borracho y la desflore? ¡Y una mierda! –.

Se giró sobre los talones y salió como un torbelli no de la habitación. Jasper apretó los labios y esbozó una sonrisa divertida.

Bella se despertó a la mañana siguiente con dolor de cabeza y la sensación de que le esperaba un día di fícil. Se incorporó hasta quedarse sentada, agarrándo se la cabeza. Eran las siete de la mañana, y tenía que estar en la oficina a las ocho y media. Seguramente Jasper y Edward estarían desayunando ya. Al pensar en la comida le sobrevino una náusea.

Se bajó de la cama tambaleándose y fue al cuarto de baño para lavarse un poco. Cuando fue a quitarse el camisón, la extrañó encontrarse con que lo tenía abrochado. ¡Qué curioso!, hubiera jurado que la noche an terior no había sido capaz de hacerlo... Seguramente se habría despertado en un momento dado, abrochado el camisón, metido bajo las cobijas, y vuelto a dormir.

Era sábado, pero aún en fin de semana se trabajaba en la nave, porque no se podía descuidar al ganado, y también había que hacer el papeleo. Bells se había he cho ya a la idea, y se había convertido en rutina el tra bajar también en sábado. Podía tomarse la tarde libre si quería, pero en los últimos meses no lo había hecho, porque así podía ver a Edward más tiempo.

Se puso un traje de falda y chaqueta gris claro con una camisa de seda azul y se recogió el cabello con una pinza. Se maquilló un poco, y se calzó unos zapa tos de tacón. No era una gran belleza, se dijo mirándo se en el espejo, pero no iba a presentarse ante Edward, que seguramente estaría furioso, pálida como un fantasma y hecha un adefesio.

Cuando bajó, encontró a los dos hermanos desayu nando. Edward la miró muy serio cuando se sentó.

Ya era hora — le dijo con aspereza —, tienes un aspecto horrible, y lo tienes bien merecido. ¡No quiero volver a verte en un bar con esa Tanya Delani!.

Por favor, Edward... Ahora no —murmuró Bella—, siento que me explota la cabeza.

No me extraña — repuso él.

¿No puede uno desayunar siquiera en paz? — in tervino Jasper.

Cállate — le espetó Edward.

Estupendo — masculló Jasper tomando una de las galletas de Sue.

Bella se sirvió un café bien cargado.

Será mejor que te tomes unas aspirinas antes de irte, Bella — le dijo Jasper amablemente.

Lo haré — respondió la joven esbozando una sonrisa agradecida —. En fin, está visto que la ginebra no me sienta bien –.

Ninguna bebida alcohólica es buena — la reprendió Edward.

¿Y entonces por qué te tomaste casi entera mi botella de brandy anoche? —preguntó Jasper enarcan do una ceja. Pero Edward no le contestó; se puso de pie y arrojó la servilleta sobre la mesa.

Me marcho –.

¿Por qué no te llevas a Bella en tu coche? — su girió Jasper con una expresión extraña — El suyo si gue en Jacobsville –.

No voy a ir directamente a la nave — repuso Edward. No quería estar a solas con Bella, no des pués de cómo la había visto la noche anterior. Apenas podía mirarla sin recordar...

No he acabado de desayunar — contestó Bells, molesta de que Edward no quisiera su compañía — ¿Puedo tomar prestada otra vez tu camioneta? — le dijo a Jasper —. Puedo conducir. Tampoco bebí tanto –.

Claro, por eso anoche caíste grogui en la cama nada más acostarte — contestó Edward con ironía. Bella se había quedado sin respiración. Por fortuna Jasper estaba sirviéndose una taza de café y no los miró, pero Bella alzó los ojos hacia Edward, y supo al instante por el modo en que sus facciones se tensa ron, que la había visto con el camisón desabrochado. Se puso roja como un tomate, y sintió que las piernas le temblaban.

De pronto, Edward la agarró por el brazo y la hizo levantarse.

Olvídate del desayuno, ya tomarás algo en la ca fetería. Te llevaré. No estás en condiciones de condu cir –.

Jasper sí estaba mirándolos en ese momento, y sus ojos pasaron perplejos de las mejillas encendidas de Bella a la expresión tirante de Edward.

La joven comprendió que irse con Edward era lo mejor. La azoraba la idea de estar a solas con él tras lo ocurrido, pero mucho menos quería quedarse con Jasper, porque estaba segura de que le haría contárselo. Edward debía haber pensado lo mismo.

La arrastró fuera sin que pudiera darle tiempo si quiera a decirle adiós a Jasper.

¿Te importaría aminorar el paso? — le pidió ja deante mientras se dirigían al coche —. Mis piernas no son tan largas como las tuyas, y siento como si la ca beza me fuera a estallar –.

Tal vez el dolor de cabeza te venga bien después de todo — le dijo Edward —, te quitará las ganas de volver a irte a la aventura –.

Bella lo miró molesta, pero no dijo una palabra. En traron en el Volvo de Edward y este arrancó, pero no se dirigió a la nave, sino que tomó una pista asfaltada, deteniéndose en medio del campo.

Se quedó callado, observando pensativo sus manas sobre el volante, mientras Bella recobraba el aliento y reunía el valor necesario para enfrentarle:

— ¿Cómo te atreviste a entrar en mi habitación sin llamar? –.

— Sí que llamé, lo que pasa es que no me oíste –.

La joven se mordió el labio inferior y giró la cabe za hacia los pastos.

Bella, por amor de Dios, no hagas un drama de esto — le dijo él —Preferirías que te hubiera dejado como estabas? ¿Y si esta mañana hubieran entrado Jasper o Harry a despertarte? –.

Bella tragó saliva. Tras un minuto largo, con las mejillas encendidas, se volvió hacia él insegura. — Edward... No tenía todo el pecho al aire... ¿ver dad? –.

Él la miró a los ojos, y de pronto sintió que no po día apartar la vista. Estaba tan bonita... Sin darse cuenta de lo que hacía, extendió el brazo y le acarició el cuello.

No — mintió. Al ver la expresión de alivio en el rostro de ella, supo que había hecho lo correcto —. Solo te abroché los botones y te tapé con la colcha y la sábana –.

Gracias — musitó Bella.

Los dedos de Edward subieron hacia la mejilla de la joven.

Bella, ¿has dejado alguna vez a un hombre ver tus senos? — le preguntó de improvisa.

La pobre Bella balbuceó algo incomprensible y bajó la vista nerviosa.

Déjalo, no importa — replicó él suavemente —. Imagino que no...

No vuelvas a hacerme esa clase de preguntas –.

¿Por qué no? — murmuró él alzándole la barbilla para que lo mirara a los ojos —. Si quieres que te trate como a una persona adulta...

Bella se removió inquieta en su asiento. La hacía sentir tan ingenua que quería llorar.

Déjame Edward, por favor — le rogó cerrando los ojos con fuerza.

¿Tan asustada estás de mí? — le preguntó él con voz acariciadora.

Le acarició los labios con el índice, y Bella se es tremeció, abriendo los ojos al instante, todo el deseo y el temor reflejado en ellos. Fue entonces cuando Edward perdió el control. ¡Ella también lo deseaba! ¡Tanto como él a ella! ¿Era esa la razón por la que ha bía estado tan inquieta últimamente, porque estaba sintiéndose atraída por él y quería ocultárselo por to dos los medios? Tenía que saberlo.

Bella no acertaba a pronunciar palabra. Se sentía como si él estuviese tratando de leer en su mente. — No estoy asustada. ¿Podemos irnos ya? –.

¿Estás tratando de negar lo que sientes, Bella?, ¿ o vas a decirme que no quieres que te bese? –.

El pulso de la joven se aceleró ante aquellas pre guntas. ¡La había descubierto! Si no paraba pronto aquello, tendría que hacerlo ella. Tal vez le pareciese muy divertido, pero no quería que la hiriese. Trató de apartarlo, empujándolo por el hombro, pero sus ojos volvieron a encontrarse, y se sintió estremecer de arriba abajo.

Aquel contacto visual fue distinto de cualquier otro que hubiera experimentado antes. Era muy adul to, muy revelador. Los dedos de Edward subían y bajaban por su garganta, y con la boca entreabierta descen dió hacia la de ella, deteniéndose a unos centímetros, entremezclando el aliento de los dos.

Ed.. ward — susurró Bella ansiosa.

Lo escuchó contener el aliento, y tomarla por la nuca para hacer que inclinara la cabeza.

Hace mucho tiempo que quiero hacer esto — murmuró Edward mientras se acercaba más. — Lo deseo tanto como tú... –.

Sin embargo, justo antes de que su boca llegara a fundirse con la de ella, el sonido de un vehículo que se aproximaba lo hizo separarse.

Edward se sentía desorientado. Miró en el espejo retrovisor, para comprobar que un pequeño camión se acercaba por detrás. Le costaba respirar, y se notaba los músculos tensos.

Giró la cabeza hacia la joven. Se había apartado, quedándose al borde del asiento, junto a la puerta, como un animalillo asustado, y estaba temblando. Al verla así. Edward se avergonzó de lo que había estado a punto de hacer, Demonios, nunca había querido complicaciones, y Bella era la mayor de todas las que había tenido que afrontar hasta entonces.

Será mejor que nos vayamos. Hay mucho traba jo por hacer — le dijo arrancando el Volvo. Siguió ha cia delante para poder dar la vuelta en una curva y unos minutos más tarde estaban en la nave —. Ve a la oficina — le indicó a la joven —. Yo tengo que ir a Ja cobsville para tratar unos asuntos con nuestro abogado — añadió en un tono desprovisto de emoción. En reali dad no era cierto, pero necesitaba pasar unos momen tos a solas para tranquilizarse. Aquello era absurdo. Se sentía tan tenso como un chico joven la primera vez, y estaba perdiendo su sentido del humor. No que ría que Jasper lo viera así y empezara a hacerle pre guntas embarazosas.

Está bien — respondió Bella con la voz quebra da.

Edward la miró inseguro. Parecía tan agitada, que si los empleados la veían así querrían saber qué le ha bía sucedido.

No ha pasado nada — le dijo —, y no pasará si dejas de mirarme como un ternero enamorado –.

Bella dejó escapar un gemido de indignación. Le lanzó una mirada dolida, se bajó del coche, y se enca minó a la oficina sin volverse.

Edward estuvo a punto de ir tras ella. No había querido decirle eso, pero estaba perdiendo el control sobre sí mismo, y le aterraba pensar lo que podía lle gar a hacer si seguía mirándolo con ojitos tiernos. No podía hacerle el amor, era solo una adolescente, y él era su tutor. Sin embargo, por mucho que se repitió eso una y otra vez en su mente, la imagen de Bella semi-desnuda en la cama volvía a asaltarlo. Gimió con enorme frustración y pisó el acelerador para ale jarse de allí.

Bella no creía que pudiera sobrevivir a la jornada, pero, increíblemente, lo logró. En un principio le ha bía parecido imposible actuar como si nada hubiese pasado, pero por suerte, como Jasper sabía que tenía resaca, debió atribuir a ello su palidez y su comporta miento taciturno. Además, Edward no apareció en todo el día, y así al menos no tendría que soportar la humillación de tener que dirigirle la palabra después de lo que había dicho,

Creo que necesitas desconectarte un poco, Bella — le dijo Jasper acercándose cuando estaba recogiendo sus cosas después del almuerzo — ¿Te apetece venir a cenar conmigo a Houston? Tengo una cena de nego cios con un hombre y su esposa, y no me apetece nada ir solo –.

Jasper estaba sonriendo, y su amabilidad y dulce preocupación le llegó al alma a la joven. No era el hombre frío y sin sentimientos que la gente creía. Solo era un hombre triste y solitario, que debería haberse casado hacía tiempo y haber tenido un montón de, ni ños a los que malcriar.

Me encantaría — le dijo. Sí, sería un cambio agradable cenar fuera, sobre todo porque así no ten dría que ver a Edward. Claro que era sábado por la noche, y los sábados Edward casi siempre salía.

Estupendo. Iremos a casa a cambiarnos y saldre mos a las seis –.

Bella se puso para la ocasión un vestido color vino. Le llegaba hasta la rodilla, y tenía tirantes y el escote en forma de uve. No era muy sexy, pero sí elegante.

Muy guapa, sí, señor — aprobó Jasper cuando se encontraron al pie de la escalera. Bella sonrió, pero miró inquieta hacia el pasillo, temiéndose que apareciera Edward —. Me dijo que no vendría hasta tarde — la tranquilizó adivinándole el pensamiento — ¿Ha n vuelto a pelear? –.

La peor que puedo recordar — asintió ella sin querer entrar en detalles –Edward actúa últimamen te como si me odiara –.

Alzó la vista hacia Justin y vio que tenía una ex presión extraña en el rostro.

Y tú no sabes por qué... — murmuró este —. Bueno, dale tiempo, Bella, Roma no se hizo en un día –.

No te comprendo — replicó ella parpadeando perpleja.

Jasper se rio suavemente y la tomó por el brazo. — No importa. Anda, vamos –.

Jasper aparcó frente a un discreto restaurante, don de los esperaban ya los Newton, el matrimonio con el que se había citado. Jessica y Michel Newton poseían un pequeño rancho en Montana, y se dedicaban a la cría de ganado vacuno. Rondarían casi los cincuenta, pero eran muy joviales y agradables, y Bella simpatizó in mediatamente con la mujer, mientras el marido y Jasper hablaban de negocios.

La joven lo estaba pasando francamente bien... hasta que alzó la mirada hacia la pista y vio un rostro Familiar. Edward estaba allí, bailando con una rubia despampanante. Tenía las manos en torno a su cintura, y se sonreían el uno al otro como si fueran amantes.

Bella se estaba sintiendo enferma, y se notó de pronto las manos frías y sudorosas. Después del hiriente comentario de aquella mañana, esa visión era como la estocada final. Aquella era la clase de mujer que le gustaba: esbelta, hermosa, sofisticada… Aquella debía ser una de sus amantes, una de esas mujeres a las que no llevaba a casa.

¿Te ocurre algo, Bella? — inquirió Jasper de re pente. Sin embargo, al momento siguió su mirada en dirección a la pista y comprendió.

¿No es ese Calhoun? — inquirió el señor Newton sonriendo — ¡Qué casualidad! Le diremos que se acer que para ver qué opina de mi propuesta — y antes de que los otros pudieran detenerlo, se dirigió a la pista.

Señora Newton, ¿le importaría acompañarme al baño un momento? — le pidió Bella a la mujer con una sonrisa débil pero convincente.

¿Cómo no, querida? Discúlpanos, Jasper — dijo Jessica poniéndose de pie y yendo delante.

Cuando Bella pasó, junto a la silla de Jasper, este la retuvo un momento por el brazo.

Tranquila — le susurró — te sacaré de aquí en cuanto pueda. ¿Quieres algo de beber? –.

Bella bajó la vista hacia él, al borde de las lágri mas ante la inesperada comprensión de Jasper. — ¿Podría tomar piña colada con un poco de ron? —inquirió.

Por supuesto, creo que lo necesitas. Anima esa cara y mantén la cabeza bien alta –.

Gracias, «hermano mayor» dijo Bella son riéndole con cariño.

No hay de qué — respondió él sonriendo tam bién — Vamos, vete –.

Justo en ese momento se aproximaba Edward con el señor Newton,Bella inspiró profundamente, lo saludó con un gesto de la cabeza, y se marchó hacia el baño sin prisa aparente.

Diez minutos después, la señora Newton y ella regre saban a la mesa. Edward se levantaba en ese instante con la rubia colgada de su brazo. Bella hizo un esfuer zo enorme por no mostrar sus celos. ¡Cara de ternero enamorado, había dicho! ¡Se iba a enterar!

¡Hola, Edward! — lo saludó sonriendo y sentán dose junto a Jasper — Que restaurante tan estupendo, ¿verdad?, Jasper me invitó porque le pareció que me vendría bien salir un poco. ¿No te parece que ha sido muy considerado? — tomó su vaso de piña colada y bebió un buen sorbo, aliviada al notar que no sabía demasiado a ron, y de ver que su mano no había tembla do.

Claro, ya es una chica mayor — le dijo Jasper a su hermano. Se recostó contra el respaldo del asiento, como desafiándolo a decir algo.

A Edward no parecía hacerle mucha gracia la idea de que su propio hermano quisiera fastidiarlo, y cuan do Jasper le pasó un brazo por los hombros a Bella, lo miró de un modo que dio la impresión de que fuera a saltarle a la yugular como un león.

Estoy cansada, Ed — suspiró la rubia acurru cando la cabeza en el hueco del cuello de él — Nece sito dormir... después de otras cosas — le dijo sugeren te con una mirada provocativa –.

Bella alzó la barbilla, mirando a Edward directa mente a los ojos.

Pásalo bien, «hermanito» le dijo con fingida despreocupación. Incluso logró esbozar una sonrisa. Levantó su vaso, tomó un sorbo y le hizo un guiño a la rubia, quien le devolvió la sonrisa.

Edward parecía estar tratando de encontrar su voz. Ver a Bella can su hermano lo estaba volviendo loco. Nunca había considerada esa posibilidad. Jasper no era un rompecorazones, pero era un hombre maduro, muy masculino, y después de todo había atraído a una be lleza como Alice Black.

Edward no había tenido intención de salir aquella noche, pero la cita había surgido a pesar de todo, y ha bía pensado que sería un buen modo de quitarse a Bella de la cabeza unas horas. Lo cierto era que ni si quiera le gustaba demasiado, pero era alguien con quien pasar el rato sin que supusiera una amenaza para sus emociones. Lo que no esperaba en ningún caso era que se encontraran con Bella. Se había senti do realmente avergonzado, como si le estuviera siendo infiel a una esposa.

Y sin embargo... ¿Estaba Bella molesta con él? Por mucho que escudriñara sus facciones, no lograba ver el más mínimo rastro de celos. Iba más maquillada que de costumbre y aquel vestido le sentaba como un guante. Estaba preciosa. ¿Se habría dado cuenta Jasper? — Ed...— lo instó de nuevo la rubia — Estoy can sada. He tenido un día muy largo, el desfile de esta tarde ha sido agotador, y los pies están matándome. ¿Nos vamos ya? –.

Enseguida — asintió Edward quedamente — Los veré después — le dijo a Jasper.

Bien — contestó Jasper entre divertido e incrédu lo por lo tenso que parecía su hermano. — Por cierto, tal vez volvamos a casa un poco tarde, así que no te preocupes si llegas y no nos encuentras allí. He pensado en llevar a Bella a bailar — añadió con la sonrisa arrogante que Edward detestaba.

¿De veras? — dijo Bella tratando de mostrarse lo más emocionada posible.

El rostro de Edward se contrajo, y esbozó a duras penas una sonrisa.

Buenas noches entonces — dijo con esfuerzo. Y casi no escuchó lo que le decían los otros mientras sa lía del restaurante con su acompañante.

Lo has hecho muy bien — le susurró Jasper a Bella mientras se alejaban.

¡Oh, Mike, mira la hora que es! — exclamó de pronto la señora Newton. Deberíamos irnos nosotros también. Irina ya estará echándome de menos –.

Es nuestra perrita — aclaró su marido. — Jessica la mima de un modo terrible — dijo meneando la cabeza. Se pusieron en pie, y tras despedirse de Jasper y Bella se marcharon también, dejándolos solos.

Las lágrimas que la joven había estado contenien do rodaron por sus mejillas.

Lo sabes, ¿verdad, Jasper? — inquirió sin atre verse a mirarlo.

¿Te refieres a cómo te sientes? — le preguntó él con suavidad. Ella asintió con la cabeza. — Tienes que procurar que él no se dé cuenta. Es muy cabezota y aunque sienta lo mismo por ti se negará a aceptarlo una y otra vez. Dale tiempo y no lo agobies –.

Vaya, sabes mucho de hombres — murmuró Bella hipando entre risas.

Bueno, tal vez sea porque yo soy un hombre — contestó él con una sonrisa. — Anda, sécate las lágri mas y vámonos a casa — le dijo ofreciéndole su pa ñuelo. — Creo que ya hemos mortificado a Edward bastante. La idea de que salgamos juntos debe haberlo puesto furioso –.

¿Tú crees? –.

Pues claro — asintió él con una sonrisa. — Va mos Bella, no es el fin del mundo. Eres joven y tienes mucho tiempo por delante –.

— Sí, pero, ¿qué voy, a hacer hasta que llegue el fu turo? Me está volviendo loca –

Tal vez deberías ponerte a buscar en serio un apartamento — le aconsejó Jasper. — La casa estará muy vacía sin ti, pero me temo que es la única solu ción posible... por el momento –.

Ya lo había pensado yo también — le confesó Bella — pero es que Edward no me dejará jamás irme a vivir con Tanya –.

Bella... — ¿cómo decírselo sin contarle que su amiga estaba despechada con Edward? — A mí esa chica también me parece bastante alocada. Creo que lo mejor sería que alquilases una habitación en una casa de huéspedes, pero eso es decisión tuya — añadió con voz queda — No voy a decirte lo que tienes que hacer. Ya eres mayor para decidir por tu cuenta.

Gracias, Jasper — dijo ella suavemente — La mujer que se case contigo será muy afortunada –.

De pronto la expresión de Jasper se endureció, y el humor que había brillado antes en sus ojos se esfumó. — Ese es un error que no cometeré — le contestó — Ya hice el idiota una vez –.

Pero Edward dice que no dejaste a Alice ex plicarte su versión de la historia — repuso Bella —. que no la escuchaste.

El hecho de que me devolviera el anillo lo decía todo — respondió él secamente — Y no quiero hablar más de eso, Bella — advirtió con una mirada peligrosa.

Lo siento — se disculpó ella — No hurgaré más en la herida –.

Vámonos — le dijo Jasper extendiendo la mano para alcanzar la nota y pagar en la barra — Tardaremos unas dos horas en llegar a casa. Seguro que para enton ces Edward estará esperándonos y echando chispas –.

Lo dudo — murmuró Bella pesimista — La mu jer con la que estaba era muy guapa –.

A la hora de la verdad a los hombres no nos im porta tanto el aspecto como se suele decir — le confió Jasper — Además, ¿no te fijaste en lo avergonzado que estaba de que los encontráramos aquí? –.

Me da igual, voy a olvidarme de él — repuso la joven, queriendo sonar resuelta — Gracias por llevar me contigo Jasper, la cena ha sido maravillosa –

No me des las gracias — replicó él enarcando una ceja — Debería dártelas yo a ti. Lo he pasado muy bien, y es mucho mejor que quedarse en casa viendo una película — añadió riéndose.

Bella querría haberle preguntado por qué no había vuelto a quedar con nadie, y si todavía, después de seis años, seguía enamorado de Alice. Edward aseguraba que sí, pero a Jasper era imposible sacarle una palabra al respecto, y Bella no quería molestarlo abriendo viejas heridas.


Si chicas ya sé que no tengo perdón… Pero les juro que la escuela absorbe demasiado….

Y para colmo ahora estoy enferma… En compensación tratare de actualizar para el domingo….

Gracias a todas aquellas que aun me leen y las que se unieron!..

Nos vemos si Dios y mi tiempo acceden el Domingo!