Historia y Personajes ® Diana Palmer

Adaptación by FaBiiOoLiixX


Capítulo 5: Confusión y Reencuentros

Bella se sentía muy deprimida cuando llegaron a casa; ya que, durante todo el camino no había podido dejar de pensar en Edward y la mode lo.

Jasper aparcó su elegante Thunderbird negro en el garaje, y aBella la sorprendió ver que el Volvo de Edward ya estaba allí también.

Vaya, vaya... Mira quién está en casa — murmu ró Jasper lanzando una mirada significativa a Bella — Parece que esta noche no tenía ganas de estar por ahí hasta el amanecer –.

Tal vez se ha venido pronto de lo exhausto que lo ha dejado esa rubia —repuso Bella en un tono géli do.

Jasper no hizo ningún comentario al respecto, pero parecía muy divertido. Encontraron a Edward en el salón con la botella de brandv en la mano y una copa en la otra. Solo se había quitado la chaqueta y la cor bata, y tenía las mangas de la camisa enrolladas hasta los codos, y los botones del frente casi desabrochados por comple to. Bella tuvo que hacer un enorme esfuerzo por no quedarse mirando el masculino torso. Edward se le vantó al verlos y fue hacia ellos.

Así que al fin te has decidido a traerla a casa — le gritó Edward a su hermano — ¿Sabes la hora que es? –.

Las... dos y cuarto de la madrugada — contestó Jasper imperturbable mirando su reloj de pulsera.

¿Qué diablos habéis estado haciendo? –.

Oh, pasarlo bien, ir aquí y allá... Esa clase de cosas — respondió Jasper enarcando una ceja — Bue nas noches, Bella — dijo a la joven, le guiñó un ojo y subió las escaleras.

Bella se sentía como si la hubieran arrojado a los lobos. ¿Por qué había hecho eso Jasper? Edward pare cía aún más furioso... si es que eso era posible. Carraspeó un poco.

Bueno, creo que me voy a dormir yo también — dijo girando sobre los talones. Sin embargo, antes de que pudiera dar un paso, Edward la retuvo por el bra zo y la llevó al salón, cerrando la puerta tras de sí. Los ojos dorados le brillaban peligrosamente y los sensuales labios estaban apretados en una delgada línea.

¿Dónde han estado? — Exigió saber — ¿Y qué han estado haciendo? Jasper tiene treinta y siete años, Bella, no es un adolescente –.

La joven se quedó mirándolo sin lograr articular una palabra, pero la ira que se había alojado en su in terior la salvó de la situación:

La rubia con la que tú estabas tampoco era nin guna colegiala — le espetó con tanta calma como pudo, a pesar de que las rodillas le temblaban. Se apo yó en la puerta.

Mi vida privada es cosa mía — repuso Edward a la defensiva, frunciendo las cejas.

Por supuesto — asintió ella — Ya me he entera do de que no quieres que mariposee a tu alrededor con ojos de ternero enamorado, y eso es lo que estoy tra tando de hacer — añadió.

Su respuesta pareció incomodar a Edward — Jasper es demasiado mayor para ti — insistió. Bella dejó escapar una carcajada irónica.

Le has puesto peros a todos los hombres con los que he querido salir, pero no puedes ponérselos a tu propio hermano. Jasper jamás me haría daño y lo sabes –.

Edward sabía que era cierto, pero aquello no hacía nada por disminuir sus celos.

¡Oh, por amor de Dios! — exclamó al no encon trar otras palabras.

Bella inspiró profundamente, tratando de controlar los agitados latidos de su corazón.

¿Qué te importa lo que yo haga? — Le espetó de safiante — ¡Como si tú fueras el más indicado para juz gar a nadie! ¡Todo el mundo sabe que eres un mujeriego! –.

Edward la miró furibundo, intentando contener su creciente ira.

Yo no soy un mujeriego — masculló entre dien tes — Solo salgo con alguna que otra mujer de vez en cuando –.

Casi cada noche — corrigió Bella — No es que a mí me importe — mintió con una fría sonrisa — por que me da igual con quien salgas o entres... siempre y cuando tú no metas las narices en mis asuntos. A par tir de hoy pienso salir con quien me venga en gana. Y si no te gusta, ¡ya sabes lo que tienes que hacer! — y salió del salón dirigiéndose hacia las escaleras.

¡Ni se te ocurra volver a llegar a las dos de la mañana, con o sin Jasper! — le gritó Edward desde abajo mientras ella subía.

Haré lo que me dé la gana — repuso la joven volviéndose un momento y subiendo el resto de escalones de dos en dos.

Edward dejó escapar un improperio y regresó al salón dando un portazo. ¡Maldita Bella!, ¡malditas mujeres! Sentía deseos de aullar. Estaba arruinando su vida amorosa y su vida laboral. Lo único en lo que po día pensar era en aquellos malditos preciosos senos...

Bella lloró hasta quedarse dormida. Había sido un día horrible, y cada vez que se imaginaba a Edward besando a la modelo se ponía enferma. Lo odiaba, lo odiaba con todas sus fuerzas. Tenía que encontrar pronto un apartamento y salir de allí. Después de lo ocurrido esa noche sería un infierno tener que seguir viviendo bajo el mismo techo que Edward hasta que llegara el día de su cumpleaños.

A la mañana siguiente, Bella se despertó bastante tarde. Solía levantarse relativamente temprano para arreglarse e ir a misa, pero le pareció que por un día que no fuera, no pasaría nada. Bajó a la hora del al muerzo, vestida con unos vaqueros, un suéter tejido beige y el cabello recogido en una coleta. Parecía que Edward no andaba por allí. Gracias a Dios.

Buenos días — la saludó Jasper desde la cabece ra de la mesa cuando entró al comedor — ¿Cómo fue anoche? –.

No preguntes — gimió Bella. Se sentó y miró nerviosa hacia la puerta del salón — ¿Edward está...? –. Jasper negó con la cabeza mientras se servía un poco de agua.

Está todavía durmiendo — le dijo. Aquello sí que era sorprendente. Edward no acostumbraba a levantarse tarde, ni aunque hubiera trasnochado — ¿Qué ocurrió? –.

Me dijo que tenía que estar en casa antes de las dos — explicó Bella calmadamente — y que tú eres de masiado mayor para mí — añadió con una sonrisa in crédula. Jasper se rio — Se está volviendo loco. No sé qué le pasa últimamente... El problema no puede ser su vida amorosa, la mujer rubia de ayer parecía más que dispuesta a complacerlo — añadió con terquedad.

Jasper la miró pero no dijo nada, sino que siguió comiendo el estofado con verduras que Sue les había preparado.

Oh, casi lo olvido — dijo de pronto — llamó Tanya hace un rato. Me dijo algo de unos apartamen tos que quería que fueses a ver con ella hoy –.

Creo que lo haré — murmuró Bella mirando en dirección a las escaleras.

Ya sabes lo que pienso respecto a que compartas piso con ella, pero la decisión es tuya — le dijo Jasper. La joven asintió y, tras comer algo, llamó a Tanya para decirle que sí iría con ella.

Subió a su habitación para buscar una chaqueta, pero no pudo salir porque, al darse la vuelta, se encon tró con Edward allí de pie, mirándola malhumorado y bloqueando la puerta.

Acababa de ducharse, tenía el torso desnudo y el cabello húmedo. Bella no pudo evitar quedarse miran do la extensa masa de músculos que tenía ante sí, pero rápidamente subió la mirada, solo para ver que Edward estaba bastante ojeroso. Parecía que había pasa do tan mala noche como ella.

¿Adónde vas ahora? — le preguntó fríamente. — Voy a buscar un apartamento — respondió ella sin dejarse intimidar — dentro de un par de meses y medio me hará falta –.

¿Y qué piensa Jasper de eso? — inquirió Edward entornando los ojos.

Jasper no es el que trata de tenerme encerrada en una jaula dorada — repuso Bella. Estaba cansada de todo aquello, de la ira irrazonable de Edward, y hasta de que Jasper tratara de hacer de Cupido — Escucha, Jasper solo me dejó que lo acompañara a esa cena de negocios para que no tuviera que quedarme en casa. No aparcó el coche en un lugar apartado para hacerme el amor. No es esa clase de hombre, y debería darte vergüenza haber pensado mal de él. Jasper es como un hermano para mí... lo mismo que tú — añadió apartan do los ojos de los de él — No siento absolutamente nada por ti –.

Eso es una condenada mentira y lo sabes, Bella — le espetó él en un tono gélido. Cerró la puerta tras de sí, y empezó a avanzar despacio hacia ella.

La joven dio un par de pasos atrás, se tropezó con una silla, y la rodeó pegándose a la pared. Edward parecía más peligroso que nunca.

Pues eso es lo que parece que quieres que sea, tu hermanita pequeña, para que puedas tenerme siempre atada, pero que no me interponga en tu camino ni te mire con ojos de... –

¡Cállate, ya no sé lo que quiero! — bramó él to cándose la cabeza.

Estaba demasiado cerca de ella, tan cerca que po día sentir el calor de su cuerpo y el olor a shampoo de fresias que tanto le encantaba.

Edward, tengo que irme... — le dijo con la voz quebrada.

Ignorando su ruego, él seguía acercándose a ella, con el pecho subiendo y bajando. Como si le costara trabajo respirar. Bella tenía la misma sensación. No quería estar allí ni un segundo más. Pronto se dejaría llevar por su debilidad, y no quería que él volviera a burlarse de ella como lo había hecho.

Déjame salir, Edward,.. — murmuró temblando.

Pero Edward estaba ya frente a ella, y había toma do sus labios en un beso nada suave, dejándola sin aliento. Tenía tal ansia de ella, que se inclinó más aún hacia delante, pegándose a su cuerpo por completo. La chaqueta de Bella le estaba estorbando, quería sen tir sus senos contra su tórax desnudo, así que la desa botonó y la atrajo hacia sí. Bella gimió al notar el tor so de Edward a través del fino suéter tejido.

Edward gruñó extasiado e hizo que abriera la boca, para masajear sensualmente el labio inferior con los suyos. Le introdujo la lengua, enredándola con la de ella, y dejó que todo su peso se apoyara en la jo ven, aplastándola contra la pared.

Bella estaba asustada. No había esperado un beso tan adulto, y nunca la había besado alguien con expe riencia. Aquella intimidad era demasiado nueva para ella, y también bastante turbadora. Lo empujó para apartarlo.

¡No! — gimoteó.

Edward apenas la oyó. La cabeza le daba vueltas por la excitación y su cuerpo estaba atormentado por la interrupción. Jadeante, abrió los ojos, y le horrorizó ver temor en los de ella. Estaba llorando.

Bella — susurró — cariño... –.

Déjame... — gimió la joven — Suéltame... — lo empujó con más fuerza.

Edward se apartó, y Bella lo rodeó, poniendo una buena distancia de por medio entre ellos. ¡De modo que aquello era la pasión!, se dijo aún aturdida por lo que acababa de experimentar. Le dolía la boca por el apasionado beso, y también los senos por la presión de su tórax. Podía haber sido un poco más delicado. Lo miró con ojos acusadores, se secó las lágrimas con el dorso de la mano y cerró la chaqueta. Estaba temblando. Edward se sentía como si lo hubieran golpeado en la cabeza con un martillo. No se habría esperado ja más una reacción así. La mañana anterior, en el coche, parecía haber estado deseosa de que la besara, y en cambio en ese momento lo estaba mirando con verda dero odio.

Me has hecho daño — murmuró Bella.

Edward no sabía qué decir. Preocupado, sus ojos dorados escudriñaron los de ella. Había salido con va rias chicos, no podía creer que...

¿No te habían besado antes? — le preguntó sua vemente.

Por supuesto que sí — contestó ella a la defensi va — pero nunca.,. ¡no de ese modo! –.

Edward enarcó las cejas. Estaba empezando a comprender.

¡Por Dios, Bella, así es como se besan los adul tos — le explicó.

¡Pues entonces no quiero ser adulta! — le espetó la joven — no me gusta que me traten con esa brusquedad –.

Edward la vio girarse sobre los talones y salir he cha una furia de la habitación, pero no hizo siquiera ademán de detenerla. Su reacción lo había dejado to talmente fuera de juego. Había imaginado que no sabría mucho de sexo, pero parecía totalmente ingenua.

Aquello debería haberle agradado. Pero le resulta ba por el contrario muy irritante que pensara que la había tratada con brusquedad. ¡Por Dios, tendría que haberla dejado salir con Delani!, así se habría enterado de lo que era un tipo sin delicadeza.

Maldijo entre dientes y le dio un puñetazo a la ba randilla. Su respiración todavía era trabajosa, y los la tidos de su corazón aún no se habían normalizado. Se sentía acalorado y frustrado. Estaba furioso. ¡Conde nada chiquilla, lo estaba volviendo loco!

Necesitaba otra ducha. Regresó al cuarto de baño, se desnudó y abrió la ducha. Al menos era una suerte que le desagradaran sus besos, porque no volvería a besarla hasta que a las ranas les saliera pelo.

Entretanto, Bella estaba subiendo al coche de su amiga. Las manos todavía le temblaban un poco. ¿Cómo podía haberla tratado de ese modo si la que ría? Eso probaba lo poco que le importaba en realidad. Solo había querido obtener placer para sí, no darle placer a ella. ¡Que se quedara con sus estúpidas ru bias! Lo odiaba. A pesar de todo, trató de recobrar la compostura. No quería que Tanya la notara rara y em pezara a hacerle preguntas que no quería contestar.

Aparcaron en la ciudad, y se dirigieron a la primera dirección que tenía Tanya en su lista. El apartamento estaba justo sobre una dulcería y frente a un banco. A Tanya no le gustó porque solo había un dormitorio, y quería tener privacidad. Bella prefirió no hacer ningún comentario, pero estuvo de acuerdo porque estaba en pleno centro, y seguramente habría mucho tráfico por las noches.

Visitaron varios sitios más, pero solo hubo otro que les pareció aceptable. Era una casa de huéspedes, y la habitación que alquilaban estaba en el piso de arriba. La dueña era una tal señora Hale, que las recibió amistosamente, pero daba toda la impresión de ser una de esas caseras demasiado maternales. Aquello no le gustó nada a Tanya. No quería a una mujer mayor controlándolas y dándoles sermones.

Sin embargo, Bella estaba empezando a sacar sus propias conclusiones. Seguramente tenía intención de dar fiestas en el apartamento y llevar hombres allí, y eso sacaría de quicio a Jasper y Edward.

Creo que yo sí alquilaré la habitación — le dijo a la señora Hale — Espero que pueda guardármela, no me mudaré hasta dentro de unas semanas... –.

Tanya miró a Bella extrañada, pero no se entrome tió en su decisión.

No hay problema, querida — le aseguró la mujer.

Cuando salieron, Bella le preguntó a su amiga: — ¿Qué te parece?, ¿por qué no alquilas tú el apartamento que había en el centro? Así cada una tendría su privacidad y podríamos ir a visitarnos –.

Bueno... — respondió Tanya enarcando una ceja — no me parece mal, pero yo creía que íbamos a vivir juntas –.

Seré honesta contigo, Tanya — repuso Bella — tú quieres llevar hombres al apartamento, y Edward y Jasper no me dejarían respirar si se enteraran –.

Tanya se encogió de hombros.

Como quieras — respondió — Estoy agotada de tanto caminar. Vamos a tomar un café –.

Caminando por la calle en busca de una cafetería agradable, se toparon con Jacob Black y su hermana Alice al dar vuelta en la esquina.

¡Vaya, hola Jacob, hola Alice! — los saludó Tanya.

Hola — los saludó Bella a su vez — ¿cómo es tan? –.

No muy bien, pero gracias por preguntar — sus piró Alice, esbozando una sonrisa a pesar de todo. Era una mujer realmente preciosa de rasgos deli cados, cabello oscuro y corto, y los ojos de un verde muy peculiar. Tenía una boca perfecta y era bastante alta y esbelta. Bella siempre pensaba al verla que podía haber ganado una fortuna como modelo, pero Edward le había contado que los Black jamás habrían permitido que su única hija se dedicara a semejante profesión.

Jacob también tenía el cabello muy oscuro, casi ne gro, los ojos sin embargo eran de un ónix precioso. Era tan grande como Edward, pero no tenía sus músculos. Por el contrario, su cuerpo era flexible como el de un gran felino, y por su caminar resultaba igual de ame nazador. No era demasiado atractivo, pero tenía carácter, y las mujeres solían encontrarlo irresistible.

¿Qué hacen en la ciudad un domingo? — inqui rió Jacob.

Estábamos buscando un apartamento que com partir, pero al final hemos decidido que cada una alquilaremos uno por nuestra cuenta — explicó Bella.

Íbamos a tomar un café, ¿quisieran unirse a noso tras? — los invitó Tanya.

Gracias, creo que a Jake le vendrá bien — les dijo Alice — necesita animarse un poco. Ayer tuvimos un golpe terrible, y hoy otro aún peor –.

Bella alzó la mirada hacia él. Desde luego parecía bastante alicaído, lo cuál no era en absoluto usual en él.

Lo siento — les dijo — ¿Hay algo que podamos hacer? — preguntó.

Me temo que no, pero gracias por ofrecerte — murmuró él.

Calle abajo encontraron una cafetería y, en cuanto se hubieron sentado, acudió una camarera a atender los. Una vez hicieron el pedido, la chica se retiró.

Jake me ha contado lo que ocurrió la otra no che, en ese local nuevo — le dijo Alice a Bella.

Sí, espero que Edward no te tratara con dema siada dureza de vuelta a casa — intervino su hermano.

No, el regaño de siempre nada más — mintió Bella. Logró esbozar una media sonrisa con esfuerzo.

Eres un diablillo, Bella — le dijo Alice con una sonrisa cómplice — siempre haciendo cosas que te están prohibidas.. –.

Solo quería saber lo que me estaba perdiendo — suspiró Bella con comicidad.

Y yo hice lo que pude por ayudarla — intervino Tanya — pero después de todo tuviste suerte de que fuera Edward quien viniera a recogerte y no Jasper. Edward es más tolerante –.

No lo creas — repuso Bella con irritación — últi mamente no –.

A la mención de Jasper, Alice se sonrojó y se quedó muy callada. Bella se sentía mal por ella. Jasper no había superado aún su rechazo, y probablemente jamás lo haría, algo de lo que Alice sin duda debía ser consciente.

Y hablando de Jasper... ¿Cómo está? — inquirió Jacob en un tono despreocupado, demasiado despreo cupado para resultar convincente.

Pues va del trabajo a casa, de casa al trabajo... — respondió Bella.

En ese momento regresó la camarera y tras servir les lo que habían pedido se retiró de nuevo.

En fin — prosiguió Bella — la verdad es que desde hace un tiempo no sale mucho, se ha vuelto bastante solitario –.

Yo conozco un caso muy parecida — apuntó Jacob lanzando una mirada significativa a su hermana. Alice se removió incómoda en su asiento.

¿Y cómo va el negocio? — inquirió Tanya para romper el silencio que se produjo.

Tal como está la situación se acabará yendo al diablo — confesó Jacob con pesimismo — Nuestro pa dre hizo algunas malas inversiones antes de morir, y hasta la fecha solo hemos ganado para pagar las deudas, pero este mes las cosas han empeorado y... — los rasgos de su rostro se endurecieron — Me temo que tendremos que vender a Jerónimo –.

Oh, Jacob, ¡cuánto lo siento! — murmuró Tanya contrayendo el rostro — Es tu caballo favorito –.

Y el mío también — dijo Alice con un suspi ro — pero no tenemos otro remedio que venderlo. Aun así, nos gustaría que se lo quedara alguien de nuestra confianza –.

Tal vez pueda convencer a Jasper para que se lo compremos nosotros —propuso Bella.

No creo que sea una buena idea — repuso Alice — si le pidieras eso le daría un infarto –.

Cierto — asintió Jacob sonriendo a Bella — No te preocupes, a mí también me gustaría saber que lo dejo en buenas manos, pero a veces las cosas son como son –.

Yo tengo una prima aquí en el estado de Texas que está intentando sacar adelante sola un rancho de caballos, si quieren podría preguntarle — se ofreció Tanya.

Te lo agradeceríamos muchísimo — le dijo Jacob con una sonrisa.

Siguieron charlando sobre cosas sin importancia y, mientras hablaban, Bella no pudo evitar quedarse mi rando a Alice intrigada. Era una mujer tan singular mente hermosa que parecía increíble que se hubiera sentido alguna vez atraída por alguien como Jasper, que no era muy atractivo ni elegante. Pero entonces Bella recordó la noche ante rior en Houston, cómo Jasper la había apoyado, y ya no le pareció tan sorprendente. Lo verdaderamente sorprendente era que Jasper hubiera dejado escapar a Alice, que no hubiera luchado por ella. Era terrible la idea de que dos personas se hubiesen amado tanto para convertirse un día en enemigos acérrimos. Pare cía que, después de todo, el amor no era muy durade ro, se dijo la joven.

Alice consultó la hora en su reloj de pulsera. — Jake, deberíamos irnos ya. Tengo que llamar a Barry Holman sobre esos bonos y acciones que vamos a venderle —le dijo a su hermano — Disculpenos, chicas, nos encantaría quedarnos más rato. Me ha en cantado volver a verte, Bella. Últimamente casi no nos vemos, ¿verdad? En fin, supongo que si tratara de poner un pie en el umbral para visitarte, Jasper sería capaz de quemar la casa... –.

En mi vida he conocido a nadie tan rencoroso... — murmuró Jacob airado — Y sin llevar razón, ade más –.

Déjalo, Jake — le suplicó Alice — No quiero que discutamos eso delante de Bella. Su lealtad, lo quiera o no, siempre estará de parte de Jasper, y es na tural, porque él, junto con Edward, la han cuidado y criado –.

Lo siento — se disculpó Jacob con los ojos bri llantes por la rabia contenida. Dirigió una sonrisa amable a Bella — El viernes que viene hay un baile, ¿te gustaría ser mi pareja? –.

La joven se quedó dudando un instante. Edward se pondría furioso si iba con Jacob, pero, por otra par te, si aceptaba, aquello le demostraría que no era el único hombre en el mundo.

¡Jacob, no! — le rogó Alice a su hermano — ¿No ves que si haces eso solo conseguirás empeorar más las cosas?

¿Para quién? — repuso Jacob r— ¿Podrían empeo rar acaso más para ti? ¡Por Dios, si llevas una vida casi monástica! –.

Alice dejó la servilleta con calma sobre la mesa.

Mi forma de vida no es cosa de nadie excepto mía — le dijo poniéndose de pie — Bella, si vas con Jacob a ese baile, Jasper se pondrá hecho un energúme no y saldrás pagando tú. Ya no es el hombre que era, y yo me sentiría fatal si te hiriese a ti el fuego cruzado –.

No le tengo miedo, Alice — contestó Bella — bueno, no demasiado. En realidad es Edward quien me tiene asfixiada. Creo que ir con Jacob a ese baile podría ayudarme a demostrarle que ya no soy una niña.

¿Lo ves? — le dijo Jacob a su hermana — ¡Y tú pensando que lo hacía solo por irritar a tu ex prometi do! –.

¿Y no es así? — inquirió Alice desafiante.

Tal vez — concedió Jacob alzando la barbilla con arrogancia.

Cuando salieron de la cafetería, Jacob iba delante, charlando con Tanya, mientras que Bella y Alice los seguían a paso tranquilo.

Tú también debes haber notado el cambio en Jasper, Bella — le dijo Alice — antes se reía más, no se mostraba tan frío e inflexible... no hasta que le de volví el anillo de compromiso. Eso hizo que me detes tara — murmuró. De pronto detuvo a Bella, agarrán dola por el brazo — Bella, no vayas con Jacob al baile, por favor, no hagas más daño a Jasper. En reali dad es muy vulnerable, por mucho que quiera ocultar lo... –.

Lo sé — le dijo Bella poniendo una mano sobre la de la otra mujer. Le daba la impresión de que aún estaba enamorada de Jasper — Siento que las cosas te estén yendo tan mal, Alice. De todos modos, quiero que sepas que Jasper no ha vuelto a salir con nadie más, no ha habido nadie más para él –.

Los labios de Alice temblaban. Apartó la mirada y alzó la cabeza para evitar que escaparan las lágrimas de sus ojos.

Gracias — murmuró con la voz ronca par la emoción.

Bella querría haberle dicho algo más, pero los otros estaban esperándolas impacientes. Se despidie ron al llegar a un cruce.

Te recogeré el viernes a las seis Bella, ponte algo sexy — le dijo Jacob guiñándole un ojo.

Pues tú deberías ponerte ropa de rugby, con el casco y las protecciones... por si Jasper se pone violen to — le aconsejó ella riéndose.

Tanya llevó en coche a Bella hasta el lugar donde esta había dejado el suyo la noche del club de striptese. Al fin podría recogerlo... Lo había echada mucho de me nos. Cuando llegaron allí, antes de que Bella se baja ra, su amiga le dijo:

No me gustaría estar en tu pellejo. No creo que le haga mucha gracia a Jasper... –.

Tranquila, no creo que llegue la sangre al río — repuso Bella.

¿Y qué dirá Edward? — inquirió Tanya incli nándose para ver el rostro de su amiga.

Bella se había puesto pálida como una sábana. De pronto había acudido a su mente el recuerdo del violento beso de aquella mañana. Tragó saliva con dificultad.

No creo que le imparte en absoluto –.

Yo no estaría tan segura... — murmuró Tanya — En fin, te recordaré en mis oraciones –.


Oppss... Lo siento niña... Se me olvido qe ayer tenia que subir este capi...

Pero ya aqui esta... Jejejej...

Muchas gracias otra vez por sus rr... Procurare ahora si traerlo el domingo... Les pido de favor qe si no lo hago alguien de ustedes me mande un mensajito el lunes... Claro si desean qe lo suba...

Bueno nos leemos la proxima... y otra vez perdon!... u.u