Historia y Personajes ® Diana Palmer

Adaptación by FaBiiOoLiixX

•• •• •• •• •• •• •• •• •• •• •• •• •• •• •• •• •• •• Capítulo 7: Los efectos del Alcohol

Bella vio la puerta del salón entreabierta y se asomó. Jasper estaba despatarrado en el sofá con un vaso de whisky ya vacío en la mano, el cabello despeinado, la camisa a medio sacar del pantalón, una de las botas sobre el cuero del asiento, y cantando, o más bien aullando, con todas sus fuerzas. En la mesita frente al sofá había un cenicero lleno, un paquete de tabaco vacío y aplastado, otro paquete recién abierto, y media botella de whisky.

Oh, Jasper... — gimió Bella.

Hola, Bella, ¿quieres un trago? — le ofreció levantando el vaso.

Emborracharte no te va a ayudar, y lo sabes –.

Salió llorando — murmuró Jasper — ¡Maldita sea, Bella, se echó a llorar, y él la llevó a casa. Quiero matarlo! — Masculló con los ojos en llamas y la voz dura y áspera — ¡Mi propio hermano! –.

Bella se mordió el labio inferior. No sabía que decir a eso, ni tampoco qué hacer. Jasper casi nunca bebía, y nunca se quejaba, pero parecía como si estuviera muriéndose por dentro, y no podía evitar compadecerse de él. Ella también se había sentido así cuando Edward se había marchado con Alice.

Los vi marcharse — gruñó Jasper. Se frotó pesadamente la cara con una mano y suspiró frustrado — Ella es parte de mí, todavía es parte de mí... a pesar de todos estos años, a pesar del dolor... Edward lo sabía, Bella, y lo hizo intencionadamente... –

No, Edward es tu hermano — lo defendió la joven — él no te haría daño a propósito –.

Cualquier hombre se enamoraría de ella — continuó Jasper — porque Alice es tan preciosa, es como un sueño hecho realidad –.

Aquello era lo que Bella menos quería oír en ese momento, y volvió a sentir una punzada de celos.

Pero emborracharte no es la solución — repuso suavemente poniendo una mano en su brazo — Jasper, vete a dormir –.

¿Cómo puedo dormir cuando él está con ella? — exclamó Jasper angustiado, tapándose el rostro con las manos.

No tardará. Jacob acaba de irse a casa –.

Yo no sé mucho de mujeres, Bella — dijo Jasper — y no tengo el encanto de Edward, ni su experiencia, ni su atractivo –.

Yo tampoco tengo el atractivo de Alice — dijo en voz queda, sentándose junto a él — Me temo que si nos presentáramos a un concurso de belleza perderíamos los dos. Oh, Jasper, ojalá fuera rubia... –.

Y ojalá yo fuera un tenorio — suspiró Jasper. Bella le dirigió una sonrisa y él se la devolvió.

Ten — le dijo inclinándose peligrosamente sobre la mesa para verter más whisky en el vaso — Al infierno con los dos. Esto ahoga las penas –.

Bella bebió un trago. Sabía horrible y le quemaba la garganta.

¡Dios! ¿Cómo puedes seguir vivo después de beber esto? Huele a gasolina –.

Es un whisky escocés magnífico — repuso él ofendido. Le arrancó el vaso de la mano y apuró el resto del contenido — Bella, si quieres ahogar las penas de verdad, tienes que cantar también. Voy a enseñarte una canción de taberna mexicana –.

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Cuando Edward llegó, una media hora más tarde, escuchó un dúo de voces totalmente desentonadas, provenientes del salón. Se acercó, y se quedó mirando el espectáculo incrédulo. Jasper estaba desparramado en el sofá, con una botella de whisky en la mano, y Bella estaba recostada contra su pierna flexionada, los pies descalzos sobre la mesa, y un vaso casi vacío en su mano. Estaban completamente borrachos.

¿Qué demonios está pasando aquí? — exigió saber.

Lo que pasa es que te odiamos — lo informó Bella, levantando su vaso para brindar por eso.

Amén — dijo Jasper con una sonrisa burlona.

Y cuando hayamos acabado de beber y de cantar, vamos a ir a la nave, y vamos a abrir todas las verjas, para que tengas que pasarte el resto de la noche persiguiendo vacas — añadió Bella entre risas e hipos — Hemos acordado que es lo que mejor se te da: perseguir hembras. Supongo que la especie es lo de menos, ¿verdad, compañero? — le dijo a Jasper girando la cabeza hacia él.

Cierto — asintió este. Y se llevó la botella a la boca para tomar otro trago.

Íbamos a cerrar la puerta con llave por dentro y a echar la cadena para que no pudieras entrar — le dijo Bella a Edward — pero no podemos levantarnos — confesó echándose a reír.

Dios del cielo... — murmuró Edward meneando la cabeza ante el cuadro — Ojalá tuviera una cámara –.

¿Para qué? — inquirió Jasper.

Olvídalo — contestó Edward desabrochándose los puños de la camisa y remangándose — Haré un poco de café bien cargado –.

Cuando regresó estaban los dos roncando, y la botella de whisky pendía de la mano de Jasper que apenas la tenía agarrada por el cuello. Edward se la quitó y la puso en la mesa, junto al vaso vacío de Bella. La situación era tan sorprendente como cómica. Se preguntó si los habría empujado a ella el hecho de que hubiera acompañado a Alice a casa. En el caso de Jasper sería comprensible, pero no en el de Aby, no por el modo en que lo había tratado desde que la besara. A menos que... Frunció el ceño, y observó curioso el pacífico rostro de la joven. A menos que finalmente hubiera comprendido por qué no la había tratado con delicadeza, y se hubiera arrepentido de las cosas que le había dicho. ¿Podría ser así? Lo cierto era que había dado muestras de estar celosa de Alice en el baile, y allí estaba en ese momento, totalmente borracha. « Bueno, bueno... », se dijo con una sonrisa maliciosa, « de vez en cuando ocurren milagros ».

Edward tomó a la joven durmiente en brazos y la puso en una mecedora, mientras acomodaba a su hermano, cuan largo era, en el sofá, y lo tapaba con una manta. Volvió a tomar en sus brazos a Bella, y apagó la luz del salón con el codo.

Bella se despertó mientras subía las escaleras con ella en brazos, y lo miró, parpadeando.

Estás liado con Alice — murmuró trabándosele la lengua — Lo sabemos. Y sabemos lo que has estado haciendo... — le dijo prorrumpiendo en una risa amarga. Después suspiró y empezó a cantar la canción que Jasper le había enseñado.

Para ya, ¿quieres? — La riñó Edward — Una señorita no debe usar ese lenguaje –.

¿Qué lenguaje? –.

Esa canción, que supongo te ha enseñado mi hermano, es tremendamente vulgar — murmuró Edward.

En ese momento llegó al rellano superior, y Bella cerró los ojos mientras él la llevaba a su dormitorio. Edward abrió la puerta y la cerró tras de sí. Había recuerdos demasiado frescos en aquella habitación, pensó irritado al sentir que se excitaba. Recuerdos de Bella medio desnuda sobre la cama, de Bella acorralada contra la pared. La dejó sobre la cama y observó como se acurrucaba.

Ah, no... — Murmuró él — no puedes acostarte así.

Ya lo creo que puedo — repuso ella bostezando.

Edward le quitó los zapatos y, tras un momento de duda, le desabrochó la falda. Se la quitó, y después las medias y la blusa. Debajo de la ropa, Bella llevaba unas braguitas rosas de encaje, y un sujetador a juego que apenas cubría sus generosos y firmes senos.

Aquello era un tremendo error, se dijo sin poder evitar quedarse embobado admirándola. ¡Pero es que era la cosa más deliciosa que había visto en su vida!

En ese momento la joven suspiró y abrió los ojos. Se quedó mirándolo confusa.

Me has desvestido –.

No podías dormir vestida –.

Supongo que no — contestó ella con pereza.

La joven sabía que debería mostrarse turbada por que él la estuviera viendo en ese estado, tapada apenas con aquella lencería rosa tan atrevida que había comprado en la ciudad ante la insistencia de Tanya pero, a juzgar por el modo en que Edward la estaba mirando, tal vez no había sido un dinero malgastado después de todo...

¿Dónde tienes un pijama, o un camisón? — le preguntó Edward obligándose a apartar la vista.

Tengo un camisón debajo de la almohada –.

Edward obligó a sus piernas a moverse y levantó la almohada para sacar el camisón que apenas la cubriría más que aquella lencería.

Te vas a congelar con esto — murmuró.

Tanya me dijo que lo comprara porque era muy sexy... — contestó ella soñolienta — Pensaba seducir a Jacob. Le gusto mucho, ¿sabes? –.

Los rasgos de Edward se endurecieron.

Por encima de mi cadáver –.

¿Y qué has hecho tú con Alice, eh? — lo acusó ella incorporándose trabajosamente hasta quedarse sentada — Debería darte vergüenza, cuando sabes que Jasper está loco por ella –.

— No le he puesto un dedo encima a Alice —repuso él — la dejé frente a la puerta de su casa y regresé a la sala de fiestas para buscarte.

Pues ya no estaba — murmuró ella.

Sí, de eso ya me di cuenta al llegar allí — contestó Edward.

Lo que no mencionó, fue el enorme esfuerzo que había tenido que hacer para no ir a buscar el coche de Jacob, ya que los celos le habían hecho imaginar que podía habérsela llevado a algún sitio oscuro y apartado.

Cuando pueda ponerse en pie, Jasper va a darte una paliza — le dijo Bella alegremente.

Supongo que está en su derecho — suspiró Edward — La verdad es que esta noche no he hecho más que complicar las cosas –.

Se sentó a su lado en la cama, apartando de mala gana la vista de las largas piernas de la joven, la curva de sus caderas y los senos.

¿Tienes idea de lo perfecta que eres? — murmuró distraídamente.

De pronto, Bella se puso tensa, y abrió mucho los ojos, como sorprendida.

¿Yo? –.

Sí, tú — susurró él con voz ronca — Desde las piernas a las caderas, pasando por esos deliciosos senos que... — se quedó callado al darse cuenta, enfadado, de que otra vez había vuelto a dejarse embrujar por sus encantos — Ven aquí — dijo tomándola por la cintura y colocando el camisón sobre sus muslos. De repente observó como los pezones de Bella se ponían de punta, y se le cortó la respiración. .

¿Qué pasa? — ella alzó la vista hacia él, curiosa

Esto... — musitó él rozando delicadamente sus pezones con los nudillos.

Bella se apartó ante aquel inesperado contacto. Edward buscó sus ojos, y pudo leer en ellos el deseo que había estado tratando de ocultarle. El alcohol lo había sacado a la superficie. La joven le acarició el dorso de la mano y entrelazó sus dedos con los de él, haciendo que la tocara de nuevo.

Bella... — gimió él.

Lo siento... Siento lo que te dije esa mañana, y cómo... cómo reaccioné — susurró ella. Tragó saliva, buscando el coraje suficiente en su interior para abrir la mano de Edward y colocarla bajo uno de sus senos, para que él pudiera sentir su contorno.

Bella, por Dios, no... — gimió Edward.

Pero ella hizo que frotara su mano suavemente por la exquisita cumbre, y se dejó llevar por las maravillosas sensaciones que le producía, arqueándose hacia él.

Edward... — murmuró extasiada.

No estás lo bastante sobria para esto, Bella... — susurró él.

A pesar de que su conciencia le decía que debía detener aquello, el tacto de la joven amenazaba con hacerle perder el control por completo, y se dejó llevar cuando ella se echó hacia atrás.

Gracias al alcohol he perdido el miedo — murmuró Bella buscando sus ojos — Enséñame –.

No puedo... –.

¿Por qué? ¿Porque soy fea, porque no soy sofisticada... porque no soy rubia? — casi sollozó Bella.

Y entonces el control de Edward cedió, como una cuerda demasiado tensada. Se inclinó sobre la joven, y su aliento se entremezcló con el de ella mientras rodeaba su seno por completo con la mano.

Porque eres virgen — murmuró tomando posesión de sus labios.

Bella gimió encantada. Aquel era un beso dulce, muy dulce, nada que ver con el de esa otra ocasión, cuando él se había mostrado impaciente y brusco.

Permitió la incursión de la lengua de Edward dentro de su boca, y no protestó cuando él hizo el beso más profundo, ni cuando notó que su mano se deslizaba por detrás para desabrochar el sostén.

Cuando Edward hubo retirado la molesta prenda, Bella sintió el aire fresco, y las caricias de sus manos fueron como un bálsamo para su ardiente piel.

Bella... — gimió Edward contra sus labios. Quería hacerle el amor hasta llegar al final.

La joven abrió los ojos, y dejó que su mirada vagara hasta el tórax de Edward y que sus manos la siguieran. Notó que él se tensaba cuando empezó a desabrocharle los botones de la camisa, pero no la detuvo, así que la abrió por completo, acariciando la espesa mata de vello que lo recorría hasta alcanzar la hebilla del cinturón.

Seguro que te encanta que las mujeres te acaricien el torso — dijo masajeándolo.

Nunca me había gustado... hasta ahora — repuso él con voz ronca.

Bella se removió inquieta sobre el edredón, hambrienta de más caricias y sus ojos buscaron los de él. Su cuerpo le gritaba, pidiendo algo.

¿Qué es lo que quieres? — Le preguntó él — Solo dímelo. Haré lo que quieras que haga –.

La joven tragó saliva y entreabrió los labios, insegura. Agarró la cabeza de Edward entre sus manos, y tiró de ella, arqueando su cuerpo hacia él. Y Edward comprendió, sin necesidad de palabras.

¿Quieres que te beses aquí? — susurró con ternura. Y tomó con la boca abierta la cumbre de uno de sus senos.

Bella gemía sin cesar. Aquello superaba con creces todas sus fantasías sobre lo que debía ser la pasión. Enredó los dedos en los mechones cobrisos mientras Edward seguía con sus caricias, animado por sus eróticos gemidos y la sensación de que su cuerpo le respondía. De pronto volvió a besarla en los labios, y Bella abrió la boca para darle libre acceso, al tiempo que el cuerpo de Edward la cubría.

Ella abrió los ojos al notar que los labios de él se despegaban un momento de los suyos, y mientras sus cuerpos se acomodaban con increíble perfección el uno al otro. Apenas podía respirar, y comprendió, al sentir íntimamente su excitación, lo mucho que la deseaba.

¿Tienes miedo esta vez, Bella? — murmuró Edward con voz queda.

Debería tenerlo — contestó ella.

Alzó las manos para tocar su rostro mientras Edward frotaba suavemente su torso contra los senos de ella. Contuvo el aliento, temblorosa, pero sus dedos trazaron con adoración las cejas, las mejillas, los labios...

Edward deslizó las manos por detrás de su espalda para atraerla hacia sí.

Te deseo Bella — le susurró inclinándose sobre su boca — Te deseo tanto... –.

La joven le rodeó el cuello con los brazos y lo besó suavemente.

Yo también te deseo, Edward... –.

Entonces Edward estuvo a punto de perder el control por completo. La besó hasta que tuvo que parar para tomar aliento, con la rodilla entre sus largas y suaves piernas, y una mano en su cadera. La sintió estremecerse y emitir algo que sonó como un sollozo, y aquello, fue lo que le devolvió la cordura.

Despacio, muy despacio, rodó sobre el costado, llevándola consigo y acunándola contra su cuerpo sudoroso. Tomó la cabeza de Bella entre sus manos y la apretó contra su corazón.

Quédate quieta, cariño — le dijo entre susurros entrecortados al sentir que se removía en sus brazos. Le agarró las caderas — Quédate quieta aquí a mi lado y respira. En un momento todo estará bien. No te muevas, cariño –.

Bella tenía las palmas abiertas sobre su tórax, enredadas en la mata de vello que subía y bajaba. Si estaba tan agitado como ella, ¿por qué se detenía en ese momento? No comprendía nada.

Mi vida... — murmuró Edward al cabo de un rato — Dios del cielo, si hubiera seguido un par de segundos más no habría podido parar, ¿lo sabes? –.

Bella se acurrucó contra él.

¿Por qué has parado? –.

Edward se apartó un poco para mirarla.

¿Acaso no lo sabes? –.

Supongo que porque no soy rubia... — suspiró la joven, a punto de romper a llorar por la decepción y frustración que sentía.

No, porque no estás lúcida — la corrigió él. Apartó el cabello de su rostro con ternura — Mírate Bella, estás borracha –.

Pero te deseo... — gimió la joven.

Lo sé, puedo verlo... y notarlo — la abrazó con fuerza un instante, volvió a apartarse, y le metió el Camisón por la cabeza en un hábil movimiento. A continuación, la tomó en sus brazos, apartó la colcha y la depositó de nuevo sobre el colchón, tapándola amorosamente.

Edward, quédate conmigo... — susurró Bella. Él sonrió, pero meneó la cabeza.

No, si Jasper nos encontrara juntos en la cama, me haría casarme contigo –.

Y supongo que eso sería el fin del mundo para ti –.

La expresión en el rostro de Edward se endureció. Inspiró y le acarició la mejilla pensativo.

Llevó solo mucho tiempo, Bella. Me gusta ser mi propio jefe y no tener que rendir cuentas a nadie. Soy un lobo estepario, el matrimonio no es para mí –.

Imagino que una sola mujer no te bastaría — murmuró apartando la vista. Sus sueños se habían hecho añicos. Edward la deseaba, pero no la amaba.

Él se encogió de hombros confundido y sintiéndose en cierto modo abrumado.

No, nunca me ha bastado con una mujer —le dijo ásperamente — No quiero ataduras –.

Dios me libre de atarte — murmuró Bella forzando una sonrisa cínica — No te preocupes Edward, solo estaba... experimentando. Me preguntaba por qué habías sido tan brusco conmigo la otra mañana, y quería saber si la pasión hace a la gente brusca, y ahora puedo decir que así es, porque es lo que me ha sucedido a mí esta noche. Gracias por la... lección –.

Edward frunció el ceño y buscó sus ojos.

¿Es eso lo que te ha parecido?, ¿un experimento?, ¿una lección sobre cómo hacer el amor? –.

Jacob me dijo que alguien tenía que enseñarme — le dijo ella con un bostezo — Pero ya no — cerró los ojos y volvió a apoyar la cabeza en la almohada — Um, qué sueño tengo... –.

Los ojos de él relampagueaban. ¡Lo había utilizado! Era lo único que había querido de él, solo había estado experimentando, averiguando lo que se sentía al hacer el amor. ¡Condenada... chiquilla!

Se levantó y se quedó mirando furioso el sostén que le había quitado unos momentos antes de que le dejara tocarla. ¿De qué le dejara? ¡Pero si lo había instado a hacerlo! ¿Cómo podía haber sido tan ingenuo? Le hervía la sangre al recordar lo desinhibida que se había mostrado. ¿Tal vez sí lo amara pero estaba intentando ocultárselo? ¿Y qué sentía él realmente hacia ella? ¿Solo la deseaba físicamente... o era algo más? ¿Podría soportar perder su libertad por una mujer? Porque en eso era en lo que acababa todo, en el matrimonio, la trampa.

Arrojó el sostén sobre la silla que había junto a la cama y se quedó mirando un buen rato el plácido rostro de Bella. Era deliciosa: virginal e increíblemente hermosa. Se preguntó si alguna vez lograría borrar de su memoria el recuerdo de esa noche, o si siempre se interpondría cuando estuviera con otra mujer.

Abrió la puerta y salió, cerrándola tras de sí muy despacio. No debería haberla tocado.

Tenía que alejarse de allí por unos días, necesitaba pensar, aclararse las ideas. De lo contrario, se convertiría en un infierno el tratar de no ponerle las manos encima a Bella. Además, sabía que si volvía a tenerla entre sus brazos, no se conformaría con unos cuantos besos. La deseaba demasiado, y ella le respondía con demasiado ardor. ¡Dios!, lo excitaba como nunca otra mujer lo había excitado. ¿Y si no podía controlarse, y si la tomaba a pesar de sus firmes intenciones?

No quería casarse, no quería ataduras, y eso, Bella no lo comprendería nunca. Para ella, seguramente, hacer el amor significaba que había que casarse. No, no le gustaba aquella idea en absoluto, pero le atormentaba el pensamiento de no volver a sentirla. Era maravillosa. Su boca era tierna y dulce, y dispuesta a aprender, y su cuerpo era como néctar. El solo recuerdo de su cuerpo desnudo lo hacía estremecer, por no mencionar el exquisito tacto de su piel...

Gimió para sus adentros y se dirigió a su habitación. No podía tenerla, pero tampoco quería renunciar a ella. No sabía qué diablos iba a hacer. Tal vez cuando regresara de donde quiera que se fuese, tendría la mente lo suficientemente clara como para tomar una decisión.

Entró en su cuarto, se sentó frente al escritorio, y le garabateó una nota a Jasper diciéndole que se iba unos días a Montana, a ver a unos accionistas. A su hermano le parecería raro, ya que normalmente era él quien se encargaba de esas cosas, pero seguramente a Bella no. Se preguntó cómo se sentiría la joven cuando se enterara de que se había marchado. Con un poco de suerte a la mañana siguiente ni siquiera recordaría que habían estado a punto de hacer el amor.