Disclaimer: Los personajes y Hogwarts no me pertenecen. Todos son de Rowling. Mías, sólo son las ideas.

Notas de la autora: Perdón, este capítulo es terriblemente corto.

Capítulo II: Trata de no recordar

El cuerpo de Rowena se agitó bajo las sabanas, buscando, inconscientemente, a la persona que la había acompañado los últimos años. Las jóvenes manos palparon el otro lado de la cama y el tacto de las sabanas le recordó a la bruja que ya no había quien la acompañase.

Abrió los ojos, pestañeando varias veces, intentando retener, inútilmente, las lágrimas que se agolpaban en sus ojos celestes. Aunque se resistiera, necesitaba llorar, pero era demasiado orgullosa como para hacerlo así, sin más, sin resistirse. Porque sabía que el causante de su tristeza no merecía una sola de sus lágrimas.

— ¿Mamá? — dijo una suave voz infantil entre la oscuridad. La bruja se recostó sobre sí misma, alzando la mirada, escrutando la oscuridad en busca del dueño de aquella voz.

— Parecía tan real… —susurró, y se dejó caer con violencia sobre en la cama. El recuerdo de su hijo perdido la atormentaba día y noche. Lo añoraba demasiado, a pesar de que el pequeño solo había vivido unas horas.

"Tengo que olvidar… tengo que ser fuerte" pensó."¡Voy a tener un hijo! Un niño que me necesita. Que necesita a su madre".

Cerró los ojos suavemente, calmando su respiración poco a poco. Se obligó a no recordar que ahora estaba sola. Se obligó a no pensar en que cabía la posibilidad de que su segundo hijo siguiera el mismo camino que el primero.

Se esforzó en reconfortarse a sí misma. Y, al fin, sin ser totalmente consciente de ello, logró entregarse a los brazos de Morfeo.