Capítulo VI: Bienvenida

Un llanto agudo inundó aquella mañana la enfermería del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. No era muy habitual que un bebé naciera en una escuela cuyos alumnos tenían de once a diecisiete años. Pero ahí lo tenían; Rowena acababa de dar a luz a una niña completamente sana.

Rowena realmente se esforzó por ser feliz en un día como aquel, en el que su primer hijo había venido al mundo. Pero no podía evitar que su felicidad se tiñera de tristeza por culpa de su asusencia.

Pero no era la joven madre la única que echaba de menos a Salazar, no. La otra persona era cierto castaño de ojos verdes que hubiera dado lo que fuera por tenerlo a su lado en esos momentos.

Tras susurrar una sola vez "felicidades", Godric se encerró en su despacho, y , aprovechando que era domingo y los alumnos no tenían clases, decidió no salir de allí en todo el día.
Acababa de recordar una promesa de Salazar, que había roto, por supuesto, como la mayoría de ellas.

Todo había empezado una calurosa noche de verano...

Hacía calor. Salazar había decidido salir sigilosamente de la cama, dejando a su mujer profundamente dormida en ella. Ignorante de sus paseos nocturnos.
Decidió salir a pasear bajo la luna, cosa que siempre le había gustado
¿La razón?

Tenía la piel tan pálida que el mínimo contacto con el Sol la irritaba, en cambio, para él, la luna era un bálsamo de calidez.. Para Slytherin la luna era casi como una amiga. Casi no, realmente. Podía afirmar sin ninguna duda que la luna era su amiga.

— ¿Tú por aquí, Salazar? - dijo una voz a sus espaldas que no le costó reconocer.
— Soy yo el que debería sorprenderme, Godric. Sé que eres como esa mujer tuya; adoras el Sol, y odias la noche.
Ambos hombres sonrieron. Se besaron como si fuera la primera vez y se sentaron juntos junto a los muros de piedra de la escuela.
La luna era ella esa noche, y el cielo estaba plagado de estrella. No había una sola nube en el cielo.
— Salazar, prométeme una cosa - dijo Godric, poniéndose serio.
— Lo que quieras.
— Que no abandonarás a Rowena. No a excepción de que llegue un día en que ella ya no te quiera.
— ¿Por qué me vienes con esas ahora?

— Porque no podría soportar romperle el corazón a mi mejor amiga.

Por eso, sólo por eso, jamás confesaron lo suyo.
Porque no hubiera sido justo...para otra persona que no hubieran sido ellos mismos.
Y eso no les bastaba. No a Godric, al menos.