Hola lectores hoy no me tarde tanto ¿o sí? Les dejo otro capítulo para que lo disfruten aún no sé cómo va a acabar esto pero no creo que falte mucho para el final. Les recuerdo mi blog donde tengo biografías y fotos de estos y otros de mis personajes.

Declaimer: Algunos de los personajes y nombres no me pertenecen son propiedad de la señora Meyer.

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No cabías de la emoción, desde aquella madrugada en que al llegar a casa encontraste un mensaje en la contestadora donde tu madre inmediata mente la llamaste y después de una conversación que dejo un calor hogareño en tu pecho te animaste a unírteles en navidad, era esto para lo que habías estado ahorrando, así que la sonrisa no se te había borrado de la cara, aun cuando el tozudo de tu novio se opusiera alegando que era tu primera navidad con él, pero esto no estaba a discusión y él tuvo que ceder.

El día indicado llego y Edward te acompaño al aeropuerto, te molestaban las miradas lascivas de las mujeres que pasaban por ahí así que le plantaste un beso que nada tenía que envidiar a las películas románticas que te gustaba ver los sábados por la mañana y con ese último beso de despedida subiste al avión, ebria de felicidad y completamente ajena al hecho de que ese sería el último beso entre ustedes.

Al llegar al aeropuerto de Seattle te encontraste con tu madre esperando por ti y después de los abrazos, besos y palabras dignas de ese tipo de reencuentros ambas partieron a casa donde para tu sorpresa y regocijo se encontraba tu abuelo, igual que siempre , incluso la sonrisa de dientes blancos que aunque había perdido su calidez seguía sintiéndose bien, se miraron por un momento, tu sabias lo que él pensaba y e porque de su sonrisa forzada, tu aspecto le recordaba a tu difunta abuela , así que sin pensarlo te lanzaste a sus brazos ante la mirada de la familia, lo que siguió después sucedió tan rápido que incluso hasta la fecha aún te sorprende la rapidez con que tu vida ideal se fue a la mierda cuando todo parecía mejorar.

-¿Qué es ese olor?- gruño tu abuelo alejándose lo suficiente para verte a la cara. –Renne responde.

Lo miraste confundida –El nuevo perfume de rosas que mi compañera me regalo por navidad- contestaste casi tartamudeando viendo asustada su reacción.

-eso no, hueles a vampiro- gruño de nuevo alejándose de ti con un brusco movimiento.

-Papá eso es imposible- intervino tu propio padre mientras tu aun no salías de tu desconcierto, un vampiro, ¿Cuándo uno se te había acercado?

Tu madre camino hacia ti con el horror pintado en la cara, buscando en tu cuello alguna marca de mordida. Pero todos sabían que esas viles criaturas no atacaban sin matar y tan poco se acercaban sin atacar, al crecer en una tribu de licántropos y siendo la hija del jefe y alfa te habían criado con un firme desagrado por esas sucias sanguijuelas.

-Ella olía así después de salir con la sanguijuela- escuchaste el grito del abuelo, lo cual te saco de tus propios pensamientos, lo miraste confundida, mientras tu madre ahogo un grito.

-¿Renne como dijiste que se llamaba el chico que te pretende? –rodaste los ojos antes de responder, primero porque era imposible que Edward fuera un Vampiro y segundo por lo anticuada que sonaba la pregunta.

-Mamá por favor es imposible que Edward sea una sanguijuela- el nombre pareció volver a detonar algo dentro de tu abuelo porque volvió a tomarte por los hombros.

-¡¿Edward Cullen? Renne no seas incauta ese bastardo está intentando seducirte en venganza y así arrastrarte con él al infierno, él es el peor de las sanguijuelas- un balde de agua fría en esos momentos habría pasado inadvertido para ti, porque la verdad estaba tan clara que habías tenido que ser estúpida para no verla… o enamorada dijo una vocecita desde tu cerebro.

Lejos de ahí una menuda chica estaba sentada en el techo de una enorme casa blanca, las piernas en loto y los ojos fuertemente cerrados hacían que su aspecto de duendecillo aumentara.

-¿ocurre algo Alice?- pregunto dulcemente una mujer que se había materializado de la nada junto a ella.

La pelinegra la miro indecisa, Esme que eran una madre sobreprotectora no era su primera opción para dar este tipo de noticias pero algo tenían sus dulces ojos amarillos, que no podía mentirle.

-No nos veo, Esme, a ninguno. Hace unas horas era simplemente Edward que parecía borroso, pero supuse que sería por la chica, pero ahora simplemente desapareció al igual que todos nosotros.

Su reacción fue lo que Alice se esperaba, horror, miedo y congoja cruzaron el rostro de la maternal vampira antes de rodear el pequeño cuerpo de la que consideraba su hija menor con sus fríos brazos, Alice recostó su cabeza en el pecho de la única madre que había conocido, dejándose consolar, porque como la vidente que era sabía que la guerra con los lobos estaba a la vuelta de la esquina, Edward había lanzado piedras al avispero y ahora solo quedaba esperar a ser picado y no acabar tan mal.