Al otro día, Kate se levanta temprano, prepara el desayuno y luego despierta a Lanie.
-No hacía falta que prepararas nada, Kate. Podrías haber dormido un poco más.
-No he perdido todas las mañas, aún me levanto temprano. Aprovecho la mañana para ir a correr, pasear al perro y hacer cosas en la casa.
-Aquí no tienes perro ni nada que hacer en la casa, ¿iras a correr? Con ese atuendo y esos tacones lo dudo.
Kate se sonríe.
-No, no iré a correr. Iré a tomar un café.
-Estamos tomando café.
-Tú estás tomando café. Yo tomare mi primera taza de café en cuatro años en el sitio donde… solía comprarme los cafés antes.
-¿Tu primera taza de café en cuatro años?
-Esa es una de las mañas que si perdí. Abandoné el café apenas puse un pie fuera de Nueva York. Tú sabes, el café era algo que tenia con él y preferí dejarlo.
-¿Quieres que almorcemos juntas hoy?
-No puedo. Tengo un compromiso.
-¿Con quién?
Kate mira seria a su amiga, sin saber cómo responder.
-¿Castle? ¿Almorzaras con él?
Kate asiente.
-¿Cuándo hablaron?
-Ayer me tope con él en Remy´s, cuando fui al baño.
-¿Por qué no nos dijiste nada?
-No lo sé. Preferí no hacerlo.
-Kate… eres mi amiga, pero Castle también se ha convertido en mi amigo, no lo lastimes por favor.
-No planeo lastimarlo, Lanie. Es solo un almuerzo.
-Estoy segura que para él no será solo eso. A pesar de todo, a pesar del tiempo, el todavía tiene sentimientos por ti, Kate.
-Lanie… yo no me he olvidado de él. Jamás en la vida dejaré de amarlo. Pero las cosas entre nosotros no son posibles. No queremos lo mismo.
Lanie no puede evitar enseñarle su rostro de desapruebo.
-No me mires así.
-Es que no comparto eso que dices. No soy de las personas más románticas que existen, pero yo creo que cuando dos personas se aman tanto como ustedes dos, no debería existir nada que les impida estar juntos. Y eres tú la que impide eso, Kate. No comprendo cómo puedes decir que lo amas, y a la vez estar con otra persona.
Kate comienza a sollozar.
-Alex es divertido, me acompaña en todo. Tal vez no lo amo, aun, pero lo quiero.
-Castle siempre te acompaño en todo. Ha puesto su vida en peligro en más de una ocasión para seguirte. Espero a que estés lista para estar con él. Resigno casi toda su vida a ti, Kate. Y ante lo único que él no puedo complacerte, lo dejaste y te fuiste a vivir al otro lado del mundo. Yo te quiero, pero debo decirte que has sido egoísta. No te importo nada más que ti misma.
-¿Por qué me dices todo esto, Lanie?
-Porque necesitabas oírlo. Y por tus ojos, se que estás de acuerdo conmigo en todo lo que te dije.
De repente suena el timbre. Lanie va a abrir. Y al instante regresa hacia Kate, acompañada de Alex, el novio italiano.
-Alguien ha venido a verte, Kate.
-¡Chao, bella!
-¡Alex! ¿Qué haces aquí?
El la besa apasionadamente.
-Quise sorprenderte. Te extrañaba.
-Pero…
-Quiero conocer a tus amigos, princesa.
Kate se sonroja.
-Ella es Lanie. Lanie, el es Alex.
Alex besa la mano de Lanie.
-Bienvenido, Alex.
-¿Dónde vas a quedarte?
-Reserve una habitación en el mejor hotel para los dos.
-Discúlpame, Alex, pero yo me quedare aquí. No debiste venir, este es mi viaje de reencuentro con mis amigos.
-Perdóname, Katherine. No te molestare, me quedare en el hotel, conoceré Nueva York.
-Bueno chicos, yo los dejo, el trabajo me llama. Nos vemos a la noche, Kate. Adiós, Alex.
Lanie se va.
-Acompáñame a tomar un café, pero luego tengo cosas que hacer. Sola.
-No sabía que bebías café.
-Solo en Nueva York.
Ambos salen rumbo a la cafetería. Allí compran dos cafés para llevar y dos Bear Claw, y caminan hacia central park, donde conversan un rato, y Alex admira el paisaje.
Doce menos cuarto, Kate se despide de él, y se toma un taxi hacia el apartamento de Castle.
Rick, vestido con su mejor atuendo, abre la puerta ante los primeros golpes.
Ambos se sonríen.
Kate entra al apartamento y contempla todo, admirando los recuerdos que tiene de ese lugar.
-La comida ya casi esta. ¿Quieres algo de vino?
-Por favor.
Rick sirve vino para ambos y la invita a tomar asiento.
-Huele delicioso, ¿Qué has preparado?
-No sé si aun te gusta… He preparado comida china.
-Me encanta.
Luego de unos instantes, Castle sirve el almuerzo.
-Me han contado que te dedicas a la moda allí.
-Sí. Trabajo para una marca diseñando distintas prendas.
-Al menos es un trabajo más seguro.
-Sí, lo es. ¿Tu… estas escribiendo algo nuevo?
-Intentando.
-He leído los últimos libros de Nikki Heat. Mi padre me los ha enviado.
-Lo sé, porque yo se los he dado a él para ti. Pero le dije que no te dijera.
-¿Por qué?
-No lo sé, por si no los aceptabas.
Kate posa una mano sobre una de las manos de él.
-Rick, perdóname por favor.
-¿Por qué?
-Por todo. Fui egoísta, y en el afán de rehacer mi vida, le di la espalda a la tuya.
-¿Eres feliz?
-Creo que sí.
-Eso es lo importante.
-¿Y tú? ¿Eres feliz?
-Algún día lo seré.
Pasan unos instantes en silencio, hasta que él habla.
-¿Estas con alguien verdad? Escritor según me han dicho.
-Sí.
-¿Lo conozco?
-Se llama Alexander Benacquista. En Italia es conocido.
-¿Es quien escribió "io ti amo, bella"?
-Sí, ese es.
-Es buen escritor, aquí no es muy conocido, pero he leído algunas cosas.
-La verdad es que… no he leído nada de él.
-¿Nada?
-No.
-¿Y qué te ha dicho por eso? Has leído Nikki Heat, y nada de él.
-Alex no sabe nada sobre Nikki Heat. Y nunca hemos hablado demasiado de sus libros.
Nuevamente silencio. Esta vez es ella quien lo rompe.
-Lanie me ha contado que Alexis esta en Los Ángeles estudiando actuación.
-Sí. Hubiera preferido que eligiera otra cosa, pero eso es lo que quiso.
-Debes extrañarla mucho.
-Muchísimo. Hablamos a diario, pero extraño tenerla aquí.
-¿No has pensado irte a vivir allí?
-No. Me agrada Nueva York. Me recuerda… Tengo buenos recuerdos aquí.
Ella asiente.
-Kate… He querido preguntarte algo, pero no sé si deba.
-Dime.
-¿Has pensando alguna vez en nosotros? Es decir, yo no he podido olvidarte, y…
-…cada día.
-¿Por qué la vida debe ser así? No se suponía que lo nuestro acabara así.
-No es la vida, Rick, esto es culpa mía.
-Kate… se que tienes tu vida, y que tu elegiste esto, pero… ¿No crees posible aun pensar en un nosotros?
-Me encantaría pensar que si, pero… ya no es mi realidad, yo… tengo una vida en Roma, un novio… que por cierto esta en Nueva York.
-¿Puedes prometerme algo?
Ella asiente.
-Prométeme que vas a pensarlo. Luego de la boda decides… Si quieres volver a tu nueva vida, regresar a tu antigua vida o construir una nueva juntos.
-Rick…
-Por favor. Prométemelo. Yo te prometo a ti, que decidas lo que decidas lo aceptare, y si eso es no estar juntos, hare lo que sea por seguir con mi vida sin ti.
-Lo prometo.
-Gracias.
El la besa en la mejilla suavemente. Ella se sonríe.
Luego comen el postre, y después se despiden hasta pronto.
