La pregunta de Alex queda suspendida en el aire.

Lanie, Jenny y los chicos se excusan y se retiran hacia el living, mientras Rick se despide y se va.

Kate queda absorta mirando la sortija que sostiene en su mano.

-¿Qué sucede, amore? ¿No vas a responderme?

Kate lo mira a los ojos, al mismo tiempo que le devuelve la sortija colocándosela en la mano y cerrándole el puño.

-Lo siento, Alex. Nosotros ya hemos hablado de esto. No es la clase de relación que teníamos.

-Lo sé, pero pensé que…

-…Lo siento, pero no.

-¿Se trata de Castle, verdad?

-¿Qué?

-No soy ciego, Kate. No me vasto más que ver el cruce de miradas entre ustedes dos, la forma en que él te mira, el rostro de él cuando se fue, y ni hablar el de tus amigos, para darme cuenta que algo sucede o sucedió entre él y tú. ¿Estoy errado?

-Castle y yo estábamos juntos antes que yo me fuera a Italia.

-¿Aun lo amas?

Kate no puedo evitar sollozar.

-Alex por favor no hagamos esto. Nosotros estábamos bien. No debiste venir a Nueva York…

-… ¿Por qué no? ¿Así no me enteraba sobre él y luego tú volvías a Roma y era como si nada hubiera pasado?

-Es que nada paso. Castle siempre va a ser alguien importante en mi vida, pero yo estoy contigo, Alex.

-¿Vienes conmigo al hotel?

-No sé si…

-…Basta de excusas. Por favor. Sé que no debí venir, pero vine. Y desde que llegue me evades. Yo te di tu espacio con tus amigos, pero quiero estar contigo también.

-Bien. Me iré contigo. Déjame agarrar algunas cosas.

Kate se dirige al cuarto, toma algunas prendas y las coloca en un bolso de mano. Toma un abrigo y luego, ella y Alex se despiden de los demás, y se van. Lanie no puede evitar percibir la tristeza en los ojos de su amiga, y aunque no sabe cuál ha sido la respuesta a la proposición del italiano, intuye que sea cual sea no ha contentado a ninguno de los dos.

Kate y Alex arriban en un taxi a un lujoso hotel cinco estrellas. Suben al ascensor y enseguida llegan a una encantadora suite en el tercer piso.

-Ponte cómoda, bella. Abriré una champaña. Si quieres podemos ir al jacuzzi.

-En realidad estoy un poco cansada.

El descorcha una botella y sirve dos copas.

-Brindemos y vamos a la cama entonces.

Le entrega una copa a ella, brindan, beben.

Kate nunca antes se había sentido tan incómoda. Como si esa persona no fuera la misma con la que estaba hace un año. Algo se había quebrado entre ellos.

Alex se acerca a ella y comienza a besarla en el cuello. Luego los hombros, y luego los labios. La acaricia por la cintura por debajo de la blusa. Hasta que posa una de sus manos sobre el trasero de Kate y ella se aparta.

-¿Qué sucede?

-Nada, pero preferiría ir a ponerme algo más cómodo. ¿Te importa?

-Por mi quédate sin nada.

-Alex…

-Ve a ponerte cómoda, te estaré esperando.

Kate toma su bolso y se encierra en el baño. Mientras Alex se quita la ropa quedándose solo en ropa interior y se tira en la cama.

Kate apenas entra al cuarto de baño se sienta en el suelo apoyando la espalda contra la puerta. Esconde su rostro entre sus brazos. Se encuentra en una de esas situaciones donde comienza a replantearse todo. Hacía mucho que no le sucedía. No desde que se decidió ir a Italia. No quiere lastimar a Alex, pero tampoco desea estar con él. No en ese momento al menos. Pero decide que tal vez es solo cuestión de dejarse llevar, y debe intentarlo. Se pone de pie. Saca de su bolso una camisola de dormir de seda blanca y se la coloca. La camisola es sensual y provocativa, marca su figura y enseña sus piernas casi en su totalidad. Se mira al espejo, respira hondo y sale del baño.

Alex cuando la ve salir la contempla desde la cama con su cabeza apoyada sobre su puño izquierdo.

-¡Wow! Estas hermosa. Eres hermosa.

Ella le dedica una grácil sonrisa.

Kate deja su bolso sobre una silla y se acerca a la cama. Él le extiende un brazo, ella lo toma y él tira de ella haciéndola caer en la cama sobre él.

Alex la mira a los ojos lleno de deseo. Le acomoda el cabello detrás de la oreja.

-Te amo.

Kate se siente incapaz de responder entonces tan solo se acerca a él y lo besa en la comisura de los labios.

El parte de ese gesto, y comienza a besarla y acariciarla por todo su cuerpo. Al comienzo Kate sede ante esos besos y caricias, incluso emite algunos suspiros y gemidos. Pero luego, Alex comienza a ponerse más violento, conducido por todo el deseo que venía conteniendo, comienza a besarla con más vehemencia, a acariciarla con más ímpetu, y acaba arrancándole la camisola. Él gira sobre ella, dejándola debajo de él, presionando su impetuosa virilidad sobre ella. Continúa besándola con arrebato y cierto frenesí. El cuello, los senos, el vientre.

-Espera, Alex. Me estás haciendo daño.

El no se detiene. Kate comienza a sentirse violentada.

-Alex, por favor.

Él no la oye. Comienza a acariciarle las partes íntimas.

Kate empieza a sollozar.

-Alex, por favor detente.

Ella hace fuerza por salirse de debajo de él, pero no lo logra.

-Vamos, amore, se que lo disfrutas tanto como yo.

-No, no lo hago. Por favor, déjame ir.

El se dispone a sacarle la ropa interior, y Kate aprovecha para sacárselo de encima. Toma su camisola del suelo y vuelve a colocársela.

-¿Por qué te comportas así?

-Deseo estar contigo, Katherine.

-Te pedí que te detuvieras. ¿Qué pretendías hacer? No me estaba sintiendo cómoda, Alex.

-Lo siento. Ven aquí. Iré más despacio. Seré más dulce.

-No esta noche. Me voy.

Ella toma su bolso para cambiarse. El se levanta de la cama y la toma de un brazo de manera brusca.

-No te vas a ir. Se razonable. No puedes dejarme así. Continuemos lo que empezamos.

-No, Alex. Me voy a ir. Suéltame.

-No lo hare. No quiero que te vayas.

El sin soltarla comienza a acariciarla nuevamente y besarla. Kate se suelta de un tirón.

-No quiero hacerte daño, pero no te olvides que alguna vez fui policía. He lidiado con hombres mucho más fuertes que tu. Esta noche estas comportándote como un idiota. Mañana hablamos, hoy me iré.

-Perdóname, bella. No sé que me ha sucedido, sabes que no soy así.

Kate no desea si quiera perder tiempo vistiéndose. Así que se coloca los tacones y el tapado por encima de la camisola.

-Yo ya no sé nada, Alex.

Toma su bolso y se va.

Kate deja el edificio aferrándose a su tapado, conteniendo las lágrimas. Se siente incómoda caminando así por la calle. Mira la hora en su teléfono, son la una de la madrugada. Lo mejor es tomarse un taxi hasta lo de Lanie, pero al buscar en sus bolsillos se da cuenta que se ha olvidado sus llaves y dinero en lo de Alex o sino en lo de Lanie. A lo de Alex no regresara, y no puede despertar a Lanie a esa hora.

Camina sin rumbo fijo. Dejando caer algunas lagrimas. Su tapado comienza a ser poco para el frio que hace, no es tan largo y ella no lleva pantalones.

Luego de caminar por casi media hora, se da cuenta que se encuentra en una cuadra familiar. La del apartamento de Castle. No sabe si es correcto molestarlo a él. No está segura de que sea apropiado aparecerse con ese atuendo en su casa a esas horas. Mas lagrimas comienza a descender de sus ojos enrojecidos.

Cuando se acerca finalmente al edificio, se detiene frente al tablero metálico de timbres, arrima su dedo al botón del segundo piso, pero no se anima a presionarlo. Cierra los ojos, respira hondo, y al abrirlos de nuevo toma una decisión.