Kate y Rick se levantan el domingo bien temprano en la mañana, toman un apresurado desayuno y se montan en el convertible rumbo a Lawrence, la ciudad donde Jim Beckett vive hoy día.
Llegan a la casa de Jim alrededor del mediodía.
Apenas tocan el timbre, Jim sale a la puerta a recibirlos. Y lo primero que hace es abrazar fuertemente a su hija.
-¡Katie! ¡Qué alegría tenerte aquí! Te extrañaba, hija. Ya ha pasado casi un año desde que te vi.
-Lo sé, papi. Yo también te extrañaba.
Luego, le estrecha la mano a Rick. Él la toma, y acaban por darse un abrazo. Después, Rick le entrega un vino que han traído.
-Richard, un placer verte nuevamente.
-El placer es mío, Sr. Beckett.
-Adelante, chicos. La comida esta lista para servirse.
Todos ingresan en la casa, Jim los conduce hacia el jardín trasero donde la mesa esta lista para cuatro, cerca de un asador que emana un increíble aroma a carne y verduras asadas.
-¿Estamos esperando a alguien más?
-En realidad, ella ya está aquí, Katie. No te lo he contado antes porque preferí hacerlo personalmente, ya que no sabía cómo lo tomarías.
-¿Estas saliendo con alguien? No puedo decirte nada, papá, eres adulto y además ya ha pasado mucho tiempo, es justo que rehagas tu vida tu también.
-Estoy más que saliendo, estoy viviendo con ella. A esta edad ya no planeo casarme, pero es casi como si lo hubiéramos hecho.
Kate desea estar feliz por su papá, pero en el fondo no le gusta sentir que nadie ocupa el lugar que debió ocupar su madre. Rick percibe esto y la toma de la mano.
-¿Desde hace cuanto?
-Poco menos de dos años.
Todos se giran a mirar a la autora de esa réplica. Una mujer de aproximadamente sesenta y cinco años, muy bien conservada, de estatura media, delgada, cabello rubio y ondulado que cae apenas por encima de los hombros, de ojos grandes y azulados, delicadamente vestida con un vestido floreado.
Jim se acerca a la mujer y la toma de la mano atrayéndola hacia donde Kate y Rick están.
-Katie, ella es Ángela. Angie ella es mi hija Kate.
- Tu padre me ha hablado tanto de ti que en parte es como si ya te conociera. Es un placer conocerte personalmente, querida.
-Bueno… yo no sabía nada de usted, pero encantada de conocerla.
-Angie, él es Richard Castle. Rick, Ángela.
Rick besa la mano de la mujer, la cual sonríe encantada. Mientras Kate revolea los ojos en señal de que aquello le parece exagerado.
-Los invito a sentarse, la comida está a punto.
Toman asiento. Kate junto a Rick, y Ángela frente a él, junto a Jim, quien antes de sentarse va hacia la parrilla y le sirve comida a todos.
Una vez sentados, Rick le sirve vino a Jim, Kate y Ángela, mientras él se sirve agua.
-¿No bebes vino, Richard?
-En esta ocasión no, estoy tomando unos calmantes debido a un pequeño accidente, y prefiero no mezclar.
-¡Oh! ¿Estás bien?
Rick mira a Kate, y luego vuelve a mirar a Ángela para responder.
-Sí, fue solo un raspón, pero me dieron puntos entonces…
-…Papá, Ángela, ¿Por qué no nos cuentan cómo se conocieron?
Jim y Ángela se miran y sonríen.
-Nos conocimos en el supermercado, la misma semana en que me mude aquí.
-Tu padre estaba en la sección de verduras y frutas, comprando, o más bien intentando comprar, unos duraznos. Los estaba manoseando y oprimiendo a todos, sin casi poner ninguno en su bolsa.
-Eso no es cierto. Lo que pasa es que estaban demasiado blandos, y no iba a comprar cualquier cosa.
- Como sea… Yo lo estaba observando desde otra góndola mientras compraba unas manzanas. Y luego de unos instantes me fastidie de ver que manoseara todo, entonces me acerque a él y le dije algo así como: Señor deje de tocar lo que no va a comprar. Es de mala educación. Yo no quiero llevar duraznos tocados y apretujados por usted.
-Me di vuelta enseguida para increparla o decirle que se metiera en sus propios asuntos, pero cuando la vi no pude decir nada. Me quede callado, mirándola a los ojos. Ella seguía hablando sin parar, pero yo no la escuchaba.
-Cuando termine de decirle de todo, él solo me dijo: Te invito a mi casa a tomar una malteada de durazno.
-Y ella se me rió en la cara.
-Es que sin dudas él no había oído ni una sola palabra, y luego de que yo le haya dicho cosas no muy gratas, él me responde con eso. Fue muy gracioso.
-Pero acepto la invitación. Esa misma tarde vino, y desde ese momento comenzamos a vernos más seguido. A salir. Compartir cosas. Hasta que hace unos cinco meses atrás se mudo aquí conmigo.
-Debo decirles que es una historia digna de escribir. Incluso podría transformarse en una película.
Kate lo mira a Rick fijo a los ojos.
-Ni se te ocurra, Rick.
-¿Por qué no? Vamos, Kate, es genial.
-Luego discutimos los derechos de autor, Richard.
Todos ríen.
-Ángela, tu… No lo sé… cuéntanos algo sobre ti. Imagino que de nosotros debes saberlo todo como bien tú dijiste antes.
-Resumidamente, soy viuda desde hace quince años, mi esposo Paul falleció luego de una larga enfermedad, tengo dos hijos grandes y felizmente casados, Emma y Lucas, tres nietos de dos, cuatro y siete años, que amo con toda mi alma, Érica, Tom y Lila. He sido educadora en la escuela primaria casi toda mi vida, pero recientemente solo doy clases particulares. Me gusta mucho cocinar, pintar y ocuparme de la casa.
-Debo confesar que no me sentó tan bien la noticia apenas llegamos, pero me alegra que tu y mi papá se hayan hallado.
-Gracias, querida. Tu padre me hace realmente mucho bien. Me hace feliz.
-Y ella a mí.
Jim y Ángela se dan un suave beso en los labios. Kate sonríe con cierta incomodidad.
-Entonces, Katie, ¿te quedas definitivamente en Nueva York?
-Sí, no pienso irme nunca más. A no ser que Rick se vaya conmigo. No voy a volver a cometer ese error.
-No te preocupes que no voy a dejarte hacerlo.
Rick se sonríe y la besa en la mejilla.
Luego del almuerzo y de una prolongada sobremesa, Rick y Kate emprenden viaje de vuelta a Nueva York.
Llegan al apartamento alrededor de las cinco de la tarde.
Mientras Kate se da un baño, Rick se recuesta en el living a mirar televisión.
Más tarde cenan algo liviano, y se acuestan a dormir, al otro día retornaran al trabajo y deben madrugar.
