Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, solo las ideas son mias
Ocho años.
Severus Snape cumple ocho años en el lugar más inapropiado para ello.
Está en el hospital, junto a su abuela. Oye como la máquina hace un ligero "pip" cada vez que el corazón late. Le han conectado a una máquina cuyo nombre no recuerda para ayudarla a respirar.
Tiene casi todas las costillas rotas, el pulmón izquierdo perforado y otras muchas lesiones.
Parece casi irónico que las heridas no las haya causado Él, sino el coche que chocó contra el suyo porque el conductor iba borracho. Porque, sí, Tobías también pegaba a su madre, casi tanto como a Eileen.
Los médicos dicen que también tiene un trauma en la cabeza, o algo así, porque Severus no lo ha oído muy bien. Solo ha visto a su padre hacer una mueca, como si se apenara por lo que le pasa a su madre, y el pequeño ya es lo suficientemente listo como para saber que, probablemente, la abuela no saldrá viva del hospital.
Lo único que desea es poder despedirse de ella.
—Sev… —su madre se acerca a él, y posa su mano sobre la suya. Severus la mira, con lágrimas en los ojos.
—Quiero quedarme.—no la quiere dejar sola. Tobías está en el bar más cercano al hospital, y ni siquiera se ha dignado a entrar a ver a su madre.
—Cielo, la abuela necesita descansar.—Severus la mira con severidad, la observa como si se tratase de un adulto, y dice:
—La abuela no vivirá mucho tiempo… No intentes hacerme creer lo contrario, mamá. —las palabras suenan duras y Eileen no encuentra la forma de desmentirlas. Se echa a llorar como si la niña fuese ella.
Su hijo tiene razón.
Severus se acerca a su abuela, ignorando por un momento a su madre, y le coge suavemente la mano. Elisabeth abre los ojos, muy lentamente y aprieta la mano de su nieta. Sonríe, y emite unos leves gemidos, intentando hablar.
El niño se acerca para escucharla.
—Sev… ¿Cómo estás?
—Muy bien, abuela. l—a mira con compasión.
—Tienes que proteger a tu madre… —gime, le duelen las costillas. Severus se acerca un poco más a ella. —¿Me oyes? Es una buena mujer… tenéis que protegeros mutuamente. —Severus asiente.
Elisabeth Snape cierra los ojos, satisfecha.
La muerte le llega a la anciana una hora después. Suspira dulcemente, como si supiera que su hora llega, y su pecho deja de subir y bajar.
Severus no llora; sabe que para ella es una liberación…
Las palabras de su abuela se quedan grabadas en su mente. Mira a su madre, que llora, haciendo que el maquillaje que oculta los golpes se vaya…
Tobías entra a la habitación. Apesta a alcohol. Le grita a Eileen que se vaya y empuja a Severus de mala manera.
El niño lo mira con rencor, mientras su padre llora cogiéndole la mano a Elisabeth, rogándole que le perdone.
Sabe que, de poder escucharle, no lo haría.
