Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Todos ellos son de JK Rowling. Mías, tan solo son las ideas.
Lily sonríe. Está muy guapa con el blanco vestido de novia, los ojos más verdes que nunca, y muy brillantes, luchando por retener las lágrimas. El cabello le cae grácil por los hombros, ligeramente ondulado.
Severus también sonríe. Él también está atractivo, con la corbata rojiza que resalta sus facciones. Se ha cortado un poco el cabello, aunque no mucho, y se ha aplicado varios hechizos y tratamientos muggles, por lo que su melena está limpia, reluciente y, sobretodo, sana por primera vez en su vida.
La toma de la mano. Mira al mago que va a oficiar el matrimonio. Es nada más y nada menos que Albus Dumbledore, que mira sonriente a ambos y comienza a hablar sobre el amor y el matrimonio.
Cuando el sermón acaba, diez minutos después, y Severus le pone un pequeño anillo de oro en la mano a Lily, siente que no puede ser más feliz.
Ella parece a punto de llorar. Severus amplia la sonrisa, y se acerca para besarla. Sus labios están a unos pocos centímetros…
Severus despierta en ese momento, justo cuando va a probar los labios que tanto desea.
Parpadea. No, eso que acaba de soñar nunca sucederá. Lily se casó unas semanas atrás con Potter, y, encima, está embarazada.
Snape aprieta los puños fuertemente, hasta que los nudillos se vuelven blancos. Ni siquiera pudo ir a la boda, aunque no hubiera asistido de todos modos, porque unos años atrás se peleó con Lily, la llamó sangre sucia, y ella no lo perdonó jamás.
Pero sigue amándola, con toda su alma. Es un mortifago, un sucio mortífago, y en esos momentos desearía no serlo, pero ya es demasiado tarde para cambiar de bando, porque quien entra en esa… "organización", por llamarla de alguna forma, ya no es capaz de salir, no, al menos, con vida.
Tiene ganas de llorar, pero se muerde el labio para no hacerlo; de niño se prometió a sí mismo que ya no derramaría más lágrimas.
Cierra los ojos, se tumba de nuevo en la cama, e intenta relajar su respiración y tratar se dormir un rato más.
Y justo cuando cree que está consiguiendo relajarse, oye el repiqueteo que produce el pico de una lechuza golpeando la ventana.
Sev se levanta de mala gana, abre el cristal, le arrebata la carta al ave, y cierra de nuevo el cristal, de mala gana, sin importarle que el animalito esté cansado y necesite comer o beber.
Abre el sobre desganado.
No puede creerse lo que está escrito en ese papel:
"Sev, cielo, soy tu madre…
No sé si te llegará esta carta, porque ni siquiera sé dónde vives ahora, pero Estela, la lechuza de tu tía Ester es muy buena… la he visto detectar gente que se encuentra en otro país, aunque no sé si ese es tu caso…
Sé que hace mucho que no nos vemos… es más, no tengo noticias de ti desde que dejaste Hogwarts, y de eso hace ya dos años.
Entiendo que te quisieras alejar de tu padre, no te lo reprocho, enserio, pero necesito que vengas a casa, por favor.
Sé que debería de decirte esto en persona, pero si no lo hago no puedo estar segura de que acudas… así que: estoy muriendo, Sev… me diagnosticaron cáncer poco antes de que empezaras séptimo curso, ¿Lo recuerdas? Fue la última vez que nos vimos, en el andén, el 1 de Septiembre.
Sé que seguramente estás ocupado, pero, por favor, Sev, regresa a casa.
Te quiere:
Tu madre."
Severus tira la carta al suelo. Hunde la cabeza en la almohada y se pone a llorar, rompiendo la promesa que se hizo a sí mismo.
Horas después hace la maleta y se aparece en el umbral de la casa en la que se crió.
