Disclaimer: Severus no pertenece. Ni ningún otro personaje que aparece, a excepción de Vanessa (no, no es una Mary Sue en potencia, tranquilos). Mías, sólo son las ideas.

Capítulo VIII: Despedidas

Severus suspira y traga saliva. Eileen ha muerto. Acaba de hacerlo en la cama de su casa, porque se negó a morir en un hospital. Decía que en una habitación de hospital todo era frialdad, que las blancas paredes le producían una sensación de desánimo e incertidumbre que no quería sentir en sus últimos momentos de vida.

Y ahora su cuerpo, todavía caliente, está allí, a solo unos metros de él, en el cuarto contiguo a la sala de estar. Ya ha llamado a los médicos para que retiren el cadáver, llegarán en unos minutos, les harán firmar el acta de defunción y… Eileen estará oficialmente muerta.

Pero ellos todavía no han llegado, y Sev está pasando uno de los ratos más tensos de su vida, porque está frente a su padre, a quien no ve desde hace dos años. Tobías lo mira. En sus ojos no es posible leer un mínimo de sentimiento de aflicción por su mujer, pero si la sorpresa, una sorpresa enorme al saber que no son sus golpes los que han apagado la vida de Eileen definitivamente.

—Me voy. —dice Severus al cabo de unos minutos de silencio, no quiere vele más. Da un paso hacia la puerta, alejándose de quien dice ser su padre. –No tengo nada que hacer aquí.

—¿Ni siquiera vas a conocer a tu hermana? —Severus lo mira. Tobías sonríe burlonamente.

Es cierto, Sev tiene una hermana. Una prostituta se presentó hace casi dos años en la casa, poco después de que él comenzase en último curso de Hogwarts, con una niña en brazos. Ahora la pequeña tiene casi tres y se puede afirmar con total seguridad que es hija de Tobías. Tiene el pelo negro, la nariz ganchuda y espesas cejas sobre los párpados, a pesar de su corta edad. Claro que Severus no la ha visto. Sabe todo eso porque Eileen se lo contó, y porque hay un par de fotografías de ella en la casa.

—¿También vas a destrozarle la vida a ella? Será la hija de una puta, pero ni ella ni su madre se merecen acabar así. —Le dice con frialdad. Y realmente lo siente por ellas, porque seguramente Tobías le ha prometido mil cosas a esa mujer, y le ha dicho que la sacará de la calle, y que se casarán y serán una familia… Pobrecita.

Severus sabe que en menos de seis meses, esa chica deseará no haber conocido al padre de su hija. Una hija que se criará como él, entre golpes y gritos de desprecio.

—No me hables así, Sev, he cambiado.

—Ya. –susurra. Y recuerda los últimos minutos de Eileen. Su cuerpo estaba lleno de cortes y magulladuras, no todos producidos por su enfermedad.

—Es cierto. Además, tu padre era una puta. Lo era, Sev. Una maldita bruja que engendró un monstruo. Vanesa en una buena chica, y la niña está sana –Le mira desafiante, y Severus no sabe qué decir, así que, simplemente, observa a su padre por última vez y cierra la puerta.

No tiene el valor de presentarse al día siguiente en el funeral de Eileen, porque no quiere ver a su hermana ni a esa mujer. Esa mujer que será tan desgraciada como lo fue su propia madre.

Tres semanas más tarde, Severus ve por casualidad, mientras camina por Londres, la portada de uno de los tantos periódicos que se venden en los quioscos. Boquiabierto, compra un ejemplar al dependiente y se sienta en el banco más cercano a leer la noticia.

Al acabar, el corazón le late frenéticamente, y no es capaz de susurrar otra cosa que "maldito, maldito...".

Su padre ha muerto. Lo sabe porque su nombre está escrito junto al de la tal Vanessa. La ha matado, el hijo de perra se ha atrevido a matarla. Y ahora él también está muerto. Y su hija.

Severus siente como le arden las entrañas, y arruga las páginas del periódico. Y siente que debería de haber ido al funeral y hablado con esa mujer. Aunque sabe que, probablemente, ella no le hubiera hecho caso.