La figura se alza ante él, lánguida, destilando muerte por cada uno de los poros de su piel, más pálida que la de un muerto.

-Severus, el tiempo corree… -se arrodilla ante él, el cuerpo temblándole. Debería de estar acostumbrado a estos encuentros, y a la sensación que le produce acercarse a la horrenda figura, no menos terrible que ser rondado por un Dementor. Pero no, el tiempo pasa y sigue sin soportar mirarle, siquiera.

-Lo sé, mi señor. –el chico asiente. La guerra está en su punto álgido; el Señor Tenebroso está dispuesto a acabar con lo único que amenaza su reinado de terror; un niño de un año. El hijo de Lily.

-Será esta noche. –le dice. Sev se agacha más, con la aguileña nariz casi rozando el suelo, y dice con voz queda, justo con la intensidad que necesita el otro para oírle:

-Por favor, tenga clemencia por ella, Mi Señor… Salve a la madre, aunque los otros dos mueran, se lo ruego-Solloza, ante la idea de que Lily muera, y, al pestañear, se da cuenta de que algunas lágrimas resbalan por sus mejillas. Hay algo en su interior que le dice que está mal sacrificar a un niño inocente por sus propios deseos, pero trata de ignorar ese sentimiento. No le importa que el niño nacido de Potter muera, sólo quiere volver a ver a Lily sana y a salvo.

El Señor Tenebroso gruñe algo parecido a un "me lo pensaré, Severus", y sale caminando gloriosamente de la sala en la que se ha reunido con su mortífago. En el fondo, Voldemort sabe que no le importa la madre. Si no opone resistencia, la dejará vivir, a pesar de ser una Sangre Sucia.

Severus se arrodilla totalmente, y sonríe, aun a pesar de que sigue temiendo por la vida de Lily.

Nunca antes el Señor Tenebroso le había contestado a una súplica. En esos momentos, aquel "Me lo pensaré", le parecen a Severus las palabras más gloriosas que ha oído jamás.

Algo en su interior, tal vez un sexto sentido, le dice que todo va a mejorar a partir de ese momento; algo le dice que Lily sobrevivirá.

Se levanta y enjuga las lágrimas. Sale de la Mansión de los Lestrange, en lugar en el que celebran los mortífagos sus reuniones, con paso orgulloso. Cuando llega a casa, se siente está de tan buen humor que hace una limpieza general que llevaba atrasando demasiado tiempo.

Horas después, de madrugada, se despierta con un dolor terrible penetrándole la marca tenebrosa; sabe que algo malo ha su varita y la escoba, y, sin pensarlo, vuela hasta la casa de los Potter. Por suerte, cuando Pettigrew rebeló su localización, él estaba delante.

En esos momentos, mientras emprende el frenético vuelo hacia el Valle de Godric, Severus, aunque no quiera reconocerlo, sabe que no volverá a ver a Lily sana y a salvo.