Titulo: Miko: Story Synnin
Autora: Orihime No Miko
Pareja (s): ¿?
Protagonistas: Ulquiorra, Orihime, Ichigo.
(D) Los personajes pertenecen a Tite Kubo, creador del Anime/Manga Bleach.
Disfruten la lectura
~Capitulo 2~
Sola, estaba mirando el cielo una noche, y un cometa cruzo el firmamento. Quería verlo más de cerca, pero no podía volar como él, entre los cielos oscuros.
Su tuviera la oportunidad: ¡Desearía ser un cometa!
Retsu, se paseo en círculos lentamente alrededor de las dos aprendices con uniforme de miko.
-Muy bien Ran-chan, buena postura—felicito la mujer a la más avanzada, ya que la rectitud de su espalda favorecía el alcance y la focalización.
-Gracias—dijo la chica al momento en que cerraba los ojos en concentración y los abría al tiempo de soltar la flecha, la cual se clavo en el tercer circulo blanco del marco bicolor.
-¡Bien hecho!—dicho la otra sacerdotisa de grandes pechos—has mejorado, al menos ahora le apuntas al tablero—sonrió divertida.
Matsumoto contrajo las cejas.
-¡Esto no es fácil! Además solo mis primeros meses la tire fuera del área—se excuso—ahora al menos estoy cerca del centro—finalizo cruzándose de brazos bajo su pecho, con arco en mano.
-Hime-chan, endereza la espalda—
-Sí—dijo la chica al instante en que lo hacía.
-Hime-chan, contén la respiración en tus pulmones y hunde el estomago—dijo Retsu colocando su propia mano en la barriga plana de la anaranjada.
-Sí—
-estira tu brazo izquierdo lo mas que puedas y el derecho ténsalo hasta la altura de tu hombro—
La pequeña de nueve años, siguió cada paso con un fuerte dolor en la espalda baja que no sentía desde las clases de protocolo de los nobles.
-Enfoca el objetivo con los ojos, y mantén recta la flecha cerca de tu cuerpo—la observo un momento, y prosiguió mientras alzaba una ceja—ahora, cierra los ojos y concentra todo tu cuerpo en la flecha en tus manos—
Orihime respiro lentamente muchas veces, tratando de seguir el último paso que ordeno su maestra.
Kukaku abrió los ojos desde su posición, sorprendida. En ellos se reflejaba un color índigo muy tenue que envolvía la flecha de madera a la distancia.
-Es pesada—susurro Orihime y Unohana sonrió.
-¡Lanza!—
Inoue soltó la flecha de entre sus dedos sin abrir los ojos, y ésta, en una ráfaga rápida se perdió entre los árboles que rodeaban el templo a la distancia, dejando en el aire unas chispas de color añil.
-Wow—atino a decir Rangiku por la velocidad del objeto.
-¡Ahí, no!—soltó un puchero la de ojos grises en cuanto noto que su flecha no cayó en el tablero.
Unohana observo a una Kukaku apoyar su rostro en su mano desde el pasillo exterior del templo.
-Es buena—susurro para que solo escuchara su compañera.
-Sí, tal y como lo predijiste—aseguro con el mismo tono de voz.
-Jamás creí encontrar a alguien con más potencial que tú—susurro de forma burlesca apoyando sus manos sobre sus rodillas, y echando el pecho hacia adelante. Mientras observaba a Matsumoto abrazar enérgicamente a Orihime, mientras la felicitaba.—No creí demasiado cuando presentí esa alma perdida en medio de la tormenta. Era imposible. Nadie llega al nivel seis por sí solo. El nivel de la luz…, incluso a nosotras nos cuesta dominarlo. Aunque—Observo a Inoue detenidamente—al parecer es el único nivel que conoce—
-Estas en lo correcto, Kukaku—Unohana cruzo miradas con ella seriamente—no conoce ni siquiera el nivel terrenal. Es un alma pura, por eso se encuentra en el nivel seis—
-Si lo dices tú, te creeré. Eres la única alma pura que conozco, aunque bueno, tú no estabas en el nivel seis—
-No es gracioso Kukaku. No me gusta hablar de ello—
-Lo siento. Pero hubieras sido una sacerdotisa mucho más poderosa si no fuera por eso—
-Si no fuera por eso, ni siquiera estaría aquí—
-Retsu-Sama, Kukaku-Sama, ¿No creen que es genial?—hablo la de ojos celestes, mientras se acercaba de la mano con Orihime—Tiene una velocidad increíble, y eso que solo llevamos dos semanas practicando.—
-Matsumoto-San recuerda que aun tengo el brazo vendado—susurro Orihime desde atrás.
-¡Wa! Lo siento Hime-Chan, a veces se me olvida que todavía estas herida—se alarmo la adolescente y de inmediato comenzó a revisarle el brazo por debajo de la gran manga de miko.
-Está bien, es solo que me dolió un poco el tirón—trato de restarle importancia al asunto.
-Orihime, ¿Hoy te toca revisión no es así?—pregunto la de ojos verdes.
-Sí, creo que como al medio día—
-Entonces hay que alistarnos, falta poco—aconsejo la mayor de todas.
-está bien—
-Ya, me voy—hablo Isshin a sus hijas, aunque estas solo tenían tres años, recién cumplidos—cuida a mis chicas, por favor—sonrió a su criada.
-No se preocupe, Kurosaki-Sama, Yuzu-Chan y Karin-Chan están muy bien conmigo, Ud. lo sabe—sonrió la mujer de ojos ámbares.
-Lo sé, es solo que… me cuesta tanto dejarlas—el hombre comenzó a lagrimear mientras abrazaba a sus pequeñas que lo miraban extrañadas.
-¿No se supone que solo va a una revisión al templo?—pregunto confundida. Y en respuesta el hombre asintió—No me sorprende de Ud. Kurosaki-Sama—susurro la chica para sí con una gotita en la cabeza. Ya que no creía se demorase más de media hora.
-Por tu propia seguridad Isane-San, esta vez me llevare a Ichigo conmigo—explico mientras besaba la cabeza de sus hijas.
-¡Oh! Como Ud. Quiera y está en el jardín si lo va a buscar. Está practicando—sonrió la mujer en yukata.
-¡ahm! Ese niño, jamás dejara las espadas—susurro con diversión.—bueno, voy a buscarlo. Adiós mis amores. Adiós Isane-San—
-Adios—se despidieron las tres al unisonó.
Isshin se aventuro en los pasillos de su casa, hasta una gran puerta corrediza color moca que daba al patio exterior.
-¡Ichigo!—le grito a este en cuanto lo vio blandiendo la espada contra un enemigo invisible.
-¿Qué?—pregunto de mala gana el niño, con un tic en la seña—me desconcentras. Estaba ganando—
-Sí, sí—dijo muy entusiasmado, irónicamente hablando—Acompáñame al templo—
-¡AAhh!—se quejo el niño de once años, poniendo mala cara—¿Para qué?—
-Tengo que ir a ver a una paciente, es como de tu edad ¿vienes?—pregunto.
-¡No!—sentencio irremediablemente.
-Bien—dijo el hombre, para luego lanzar una cuerda con piedras en los extremos, la cual se enredo en los pies de Ichigo haciéndolo perder el equilibrio y caer de lleno al suelo.
-¡Oye! No soy un caballo al que puedas lazar—grito el niño tratando de ponerse de pie.
-Lo sé—dijo acercándose para después tomarlo por la cintura y colocarlo sobre su hombro—eres mi hijo y te puedo lazar—
-¿Y así tratas a tus hijos?—
-Solo a los varones—
El de cabello naranja puso los ojos en blanco al escuchar esto.
El Dr. Kurosaki tomo una bolsa situada en la entrada de la casa y se encamino hacia la casa de las sacerdotisas.
-¿Dónde está Retsu-Sama?—pregunto Matsumoto a la mujer que meditaba en una posición determinada.
-Salió a un pedido—contesto la mujer, de forma tensa.
-¡Oh!—suspiro decepcionada—Quiera mostrarle mi progreso sobre el aura—
-Tendrás que esperar unos minutos, llegara pronto—
-¡ORIHIME-CHAN!—
Escucharon un grito aterrador venir desde la entrada. Ambas féminas se voltearon y corrieron desesperadamente por los pasillos exteriores del santuario, con el corazón en la garganta y la mirada fija en el camino. Al llegar observaron un cuerpo masculino abrazar a una pequeña de nueve años, una escoba de bambú en el piso, y mas allá, debajo del Torii (*) principal un cuerpo con cabellera anaranjada tirado en el piso.
-¿Qué paso?—pregunto asustada Matsumoto en cuanto estuvo cerca de su compañera.
-Orihime-chan no deberías barrer, ni siquiera deberías moverte. Tus heridas aun están cicatrizando, deberías ser más cuidadosa con tu cuerpo—reprendió severamente Isshin a la pequeña, quien estaba a punto de romper en llanto por la impresión, hasta que un fuerte golpe hueco se escucho por ahí y las dos pequeñas cerraron los ojos por reflejo.
-¡Idiota! Casi me matas del susto, pensé que algo le había pasado a Orihime—se engrifo la Shiba, quien acababa de darle un golpe en medio del cuero cabelludo al Kurosaki mayor. Quien se sobaba adolorido un enorme chichón naciente.
-¡Por supuesto que algo le paso! ¿Cómo la puedes tener trabajando? ¡Esta herida! Eres perezosa—se excuso el hombre sentado en el suelo.
-¡No la tengo trabajando! ¡Desproporcionado mental!—
-¿Cómo se te ocurre…?—se escucho la voz de Isshina lo lejos pelear con Kukaku con vehemencia, quien se insultaban y burlaban tanto como podían.
-Retsu-Sama ¿Dónde estás?—preguntaba Rangiku al cielo, preocupada por la situación.
Inoue por su parte, lentamente comenzó a alejarse de los dos mayores y noto a lo lejos un cuerpo humano moverse con dificultad. Abrió los ojos preocupada y corrió lo más rápido que podía por sus heridas. Se acerco y arrodillo al lado del niño en cuestión. Este por su parte se retorcía en su posición, ya que además de tener los pies y los brazos amarrados, tenía un pañuelo en la boca que le impedía hablar.
-Espera—susurro Orihime con cuidado—déjame ayudarte, quédate quieto—ordeno la chica tranquilamente.
El niño boca abajo, hiso caso omiso a la voz femenina que le hablaba, y siguió tratando inútilmente de liberarse por sí solo de sus cadenas.
Orihime acerco una de sus manos a la anatomía masculina frente a ella, pero este en uno de sus movimientos le golpeo la muñeca con el talón del pie, haciendo que la chica chillara un poco.
-¡Au!—se quejo la pequeña mientras con su otra mano agarraba su muñeca lesionada.
Ichigo se volteo preocupado a ver a la persona en cuestión y lo único que noto fue un rostro muy bonito, llenarse de angustia mientras encogía los hombros.
El Kurosaki comenzó a sonrojarse lentamente mientras observaba a la chica a su lado. Sin darse cuenta dejo de moverse y simplemente se dejo caer al suelo, derrotado. La pequeña miko ejercito su muñeca un poco y rápidamente estiro sus manos hacia las cuerdas para desenredarlas y dejar libre a la persona en cuestión. Este niño, en cuanto se vio libre, en un ágil movimiento se sentó en el piso cerca de Orihime.
Esta sin esperar un momento comenzó a desatarle las muñecas y cuando se encaminaba a desamarrar su mordaza, este lo hizo primero.
-¿Estás bien?—pregunto la chica con ojos preocupados.
-s-sí, gra-gracias—respondió el pelinaranja intimidado por el poco espacio que la chica le daba para responder. Ya que cuanto Inoue trato de desamarrar el pañuelo entorno a su boca, esta paso sus brazos por sobre los hombros de Ichigo y acerco su rostro a de él, quedando a poca distancia, cosa que el chico, al ser mayor, notó de inmediato.
El niño se alejo de inmediato, volteando el rostro a un lado, ya que sentía como sus mejillas ardía en vergüenza. Orihime parpadeo un par de veces y ladeo la cabeza sin entender la actitud de su interlocutor.
-¿Quién eres?—pregunto con voz melodiosa.
-Yo soy—
-¡Fresita!—grito Rangiku al tiempo que se abalanzaba sobre el niño en un abrazo.
-Déjame, Matsumoto—le decía el chico mientras trataba de alejarla, interponiendo sus brazos como palancas entre sus cuerpos.
-¡Ichigo!—
-¿Qué?—llamo con una ceja alzada a su padre.
-¿Cómo te desataste?—
-Ella lo hizo—respondió alzando el rostro hacia Orihime.
-Orihime-Chan no debiste hacer eso. ¡Es un castigo!—le informo a su paciente alzando su dedo anular.
-¿Castigo? ¿Por qué?—cuestiono curiosa.
-Por ser un mal hijo, por supuesto—
-Con un padre como tú, cualquiera—se defendió Kurosaki menor al tiempo que rodaba los ojos.
Isshin frunció el seño, pero luego observo los ojos sonrientes de Orihime, así que no tuvo más remedio que suspirar sin victoria.
-Vamos Orihime-chan a ver cómo has estado—le tendió la mano a la niña en el piso y esta la tomo sin vacilar.
-Vamos adentro Ran, hace un poco de calor—se encamino Kukaku—Fresita, tú también—
-¡Que no me llamo FRESITA!—grito Ichigo desde el suelo.
-Al parecer ya no queda nada, solo unos rasmillones y la herida de tu espalda. Aun está un poco delicada, pero ya pasara—dijo él ayudando a Orihime a levantarse del piso, después de haberla curado con hiervas medicinales y pastas medicas antiguas.
-¡Me alegra escuchar eso!—sonrió Retsu, quien había llegado hace solo unos minutos a la habitación.
-¿En dónde estaba Retsu-Sama?—pregunto la ex noble en cuanto estuvo de pie.
-Fui a espantar los malos espíritus de una casa, nada importante pequeña—
Orihime asintió y luego de hacer las respectivas reverencias salió de la sala corriendo lentamente hacia los Jardines traseros.
A la mitad del trayecto aligero el paso, un poco cansada por el esfuerzo de correr. Acerco su mano a su pecho y comenzó a hacer respiraciones pausadamente. Llevaba un mes y medio en el templo y aun no sabia ubicarse adecuadamente, después de todo comenzó a salir hace solo unas tres semanas de la enfermería. Estaba perdida entre los pasillos interiores, porque eran todos iguales y con su poca orientación, estaba segura que no sería fácil salir de allí.
Camino a paso normal por entre los corredores tratando de encontrar los jardines, para irse, esta vez, por los pasillos que rodean la arquitectura. Camino por unos minutos, hasta que sus pies, envueltos en blancos calcetines pisaron algo sueva y peludo. Abrió los ojos asustada, y lentamente observo el piso de madera a sus pies.
Y noto…
-¿Una cola?—se cuestión a si misma, mientras se agachaba y tímidamente la tomaba entre sus manos, sin apretarla. Era negra y con un cabello muy fino y sedoso envolviéndola por completo. La pequeña siguió uno de sus extremos y tono que se apegaba a los guardapolvos superiores de las paredes, así que era muy difícil de verla a simple vista. La siguió más allá con la mirada y vio que no tenía fin, por ello cambio de parecer y siguió el extremo opuesto. Este conducía a una habitación con la puerta entreabierta.
Orihime con cautela dejando la cola en el piso, se acerco de puntitas a la puerta, apegando su espalda a la pared. Su pecho subía y bajaba aceleradamente ¿Y si era un demonio? Imposible, se respondió a sí misma, ni los demonios ni los espíritus pueden entrar a lugares sagrados. Entonces…
Acerco uno de sus ojos al espacio entre abierto y tono el extremo peludo de la cola deslizarse por el medio de la habitación, con cautela abrió la puerta lentamente, y en cuanto dio un paso dentro de la habitación la cola se detuvo de inmediato. Orihime retrocedió asustada, pero la larga extremidad se abalanzo sobre ella atrapándole un tobillo y tirando de él, hasta hacerla caer al piso crudamente. La sacerdotisa se aterro a un más y comenzó a llorar en cuanto noto que era arrastrada a una inmensa velocidad por los corredores, hacia quien sabe dónde. Con las uñas trato de detener su trayecto clavándolas con desesperación contra la madera, pero solo consiguió lastimárselas, ya que las astillas se incrustaron en su carne tibia, dejando manchas de sangre en el piso. De la nada, la cola se tenso en su pie y de un momento a otro la azotó contra el piso volteándola boca arriba y haciendo que de sus labios un gemido de dolor se escapara.
-¡A…!¡Ayu!—su llanto y su voz se detuvieron en un solo segundo y sus ojos grises enloquecidos se encontraron frente a frente con unos ojos amarillos, muy brillantes.
Su cabello anaranjado se desparramo por la madera, mientras sentía como la cola larga y gruesa se deslizaba por su pierna hacia su cuerpo, por dentro del uniforme de miko.
-¡A!—Orihime quedo con la boca abierta al tratar de hablar, ya que sintió como su aire se escapaba y sus labios eran rozados por un material parecido al hierro.
Lentamente comenzó a sentir como su energía la abandonaba, como si a través de su falta de oxigeno su vida se fuera con ello. Lo único que notaba eran unos ojos amarillos sobre ella, sobre sus propios ojos y una fría cola enredarse entre sus piernas.
El demonio abrió su boca sobre la de la pequeña, a poca distancia, y comenzó a extraer su energía espiritual lo más deprisa que podía, respirándola, inhalándola con vehemencia. Con su cola comenzaba a paralizar el cuerpo debajo del suyo, para que esta no opusiera resistencia mientras era devorada.
Sus orbes ámbares observaron los grises claros de la pelinaranja. Como expresaban el más puro terror, la más pura desesperación. Como expresaban a la perfección el miedo que la empapaba. Solo con los ojos, le expresaba perfectamente toda la angustia que la corrompía por su presencia.
La chica comenzó a cerrar los ojos lentamente y a perder con color de la piel. Él, alargo sus alas en su máximo esplendor a punto de culminar su almuerzo, pero un grito alarmante lo alerto en un segundo.
En una última inhalación desesperada, levanto el rostro de su prisionera y al final de ese mismo pasillo observo a una niña y un niño observarlos con cobardía absoluta.
-¡RETSU-SAMA! ¡KUKAKU-SAMA!—gritaba a todo pulmón Matsumoto, quien por pánico no podía mover los pies el piso, al igual que Ichigo.
El demonio negro, soltó a su presa moribunda y con un agitar de sus enormes alas negras, atravesó el cuerpo de los niños, como si fuera un huracán, desapareciendo del lugar y haciendo caer a los infantes hacia atrás por la velocidad de sus movimientos, los cuales se arrastraron varios metros al impactar al suelo.
A los segundos continuos, tres adultos aparecieron en el pasillo viendo de primera dos cuerpos repletos de pánico, con los ojos desorbitados y las manos temblorosas sobre sus pechos, como si sufrieran hipotermia crónica. Luego un rastro de sangre en líneas perfectas, creado por ocho dedos que al final alumbraban el cuerpo blanco e inmóvil de Orihime.
-¡Murcielago!—chillo Kukaku rechinando los dientes, para luego correr hacia la nuevo aprendiz, la cual perdía el sentido y el color con el pasar de los minutos.
-¡Orihime, despierta!—le pedía Kukaku a su lado sosteniendo su cabeza en su regazo mientras los ojos grises dubitativamente se apagaban.—¡Despierta!—escucho por ultimo la noble antes de colapsar en brazos ajenos.
De seguro te alcanzaría, no importaría en donde te escondieras. Entonces, me convertiría en la luz de tu presente y volaría contigo por los cielos.
Si solo tuviera la oportunidad: ¡Estaría a tu lado, por siempre!
(*) Torii: Es un arco, un portal tradicional de los templos Shinto Japoneses. Se ubica en las entradas de los santuarios, es de un color rojo preferentemente, y separa la tierra profana, de la tierra sagrada. (aparece en varios anime (s))
(*) Respecto a los "niveles de energía" me refiero a los siete Chacras espirituales.
Gracias por las sugerencias de:
*Emo Romantica 03: Tratare de mejorar sus puntos, gracias por su comentario.
*Misari: Lamento mucho no haberme fijado en ese detalle del vocabulario, lo tendré muy en cuenta. Gracias por su observación y comentario.
Orihime No Miko
