Titulo: Miko: Story Synnin

Autora: Orihime No Miko

Pareja (s): ¿?

Protagonistas: Ulquiorra, Orihime, Ichigo.

(D) Los personajes pertenecen a Tite Kubo, creador del Anime/Manga Bleach.

Disfruten la lectura.


~Capítulo 3~

Teníamos un muy mal habito ¿Recuerdas? Decíamos que todo estaría muy bien y solo olvidábamos. Pensaba que siempre estabas conmigo, pero nunca nos vimos ni siquiera una vez a los ojos, directamente.

Cuando los pétalos de flor rozan mi piel es cuando yo quiero convencerme de que: lo nuestro no fue un error.


Se acercaba de puntillas, pisando primero con los dedos y seguidamente con el talón. Caminaba segura y con una expresión seria. Al hombro llevaba un arco de madera, meticulosamente creado y un bolso cilíndrico con diversas flechas reposando boca abajo.

Respiro un par de veces, concentrándose y luego observo a su acompañante quien le seguía el ritmo a la par.

-Es aquí—susurro bajito el hombre en cuestión, indicando un el dedo y el brazo extendido una puerta, unos metros más adelante.

La chica asintió y se acerco lo más calmadamente posible, ocultando sus manos ansiosas en las mangas anchas de su ropa. Se detuvo frente al umbral y mordió sus labios por la ansiedad.

-¡Gorda, obesa! ¡Gorda, obesa! ¿Quién es más gorda que tú? ¡Nadie!—escucho el ruido de una voz femenina, siniestra y enfermiza. Luego, el llanto de otra mujer y lo que supuso eran palabras de suplicas.

-¡Eres una vaca, gorda y fea! Nadie te quiere y estarás conmigo para el resto de tu vida—la misma voz habló, pero esta vez soltó una carcajada desquiciada opacando los alaridos de pena.

La sacerdotisa no espero más y deslizo la puerta lentamente, siendo observaba por el hombre que la guió hasta ahí anteriormente. Él, la vio desaparecer al interior y cerrar la puerta tras de sí. Lo único que alcanzo a notar fue la sonrisa de tranquilidad que la hermosa chica le dedico.

Sus ojos grises notaron una habitación muy amplia y casi vacía, solo un futon para dormir, una lámpara de aceite y fuentes de greda y platos vacios los cuales de seguro estuvieron desbordando en comida.

Había una mujer, solo una mujer joven de contextura delgada y largo cabello negro sentada el piso de madera, vestía un kimono de finas sedas y colores fríos. Ella le daba la espalda y se sentaba sobre sus tobillos, los cuales eran cubiertos por su pelo largo y liso.

-¿Quién es?—pregunto un voz curiosa—Vaca del demonio date la vuelta—grito con diversión a la nada.

La mujer se giró lentamente, dejando por último movimiento su cabeza.

Las fosas nasales de la invitada se abrieron un poco y su respiración delató la adrenalina de su corazón.

El rostro de la mujer era hermoso, blanco, perfilado y muy femenino. Tenía pestañas largas al parecer y unos labios muy definidos.

-¡Ohhh! Jajajaja—la risa desquiciada arraso con toda la habitación, incluso creó un escalofrió en la espalda de la pelirroja quien por instinto apretó su arco con las fuerza.

-¿Creen que una estúpida Miko podre liberarte? Ya estas perdida. Puta mórbida ¡Perdida!—se escuchaba claramente la voz, pero aun así los labios de la mujer no se abrían.

Aunque el sonido provenía de su misma dirección.

-¿Qué quieres malnacida?—pregunto con desdén—¡Vete, vete nadie necesita tus absurdos dones! ¡Huacha tonta!—

Orihime apretó sus puños unos segundos y trato de calmarse ante toda la actividad paranormal.

-Yo soy Inoue Orihime y estoy aquí para ayudarla—hablo por primera vez mirando fijamente el cuerpo de la mujer frente a ella.—Satomi Utai-san—

La mujer a mucha distancia de la puerta abrió los ojos por la sorpresa y se fijo netamente en el piso.

-Yo…—la mujer comenzó a llorar y a estirar su mano en dirección a su salvación, parecía como si antes de escuchar su nombre hubiera estado inconsciente—Prometo ser buena, lo prometo—susurro con lastima propia.

-No se preocupe. Solo deme unos minutos—susurro con una sonrisa en los labios aunque la mujer ni siquiera la miraba.

-¡Trágate esas palabras niña estúpida, la mierda como tú no merece vivir!—

Ante tales palabras el cabello negro y fino de la mujer comenzó a moverse con voluntad propia.

Los ojos de Orihime se entrecerraron.

-No hay necesidad de hacer esto, Satomi-San—

-¡La vaca no está! ¡La vaca no está! ¡No está! ¡No está!—hablo divertida esa escalofriante voz—¡PERO YO SÍ!—grito alocada.

El cabello se estiro en dirección a Orihime, volviendo más y más largo solo para alcanzarla, pero ella golpeo el tentáculo de cabello con el arco en mano y creó una barrera espiritual que lo hizo retroceder.

-¡Eres una mocosa engreída, zorra espiritual!—se escucho molesta.

El cabello comenzó a atacar a Inoue tratando de capturar alguna extremidad, pero la aprendiz era veloz dentro de sus calcetines y sobre la madera. El cabello envuelto por mala energía destrozaba todo a su paso, destruyendo puerta, paredes y arañando el piso al ser esquivado.

-¡TE COMERÉ! ¡TE COMERÉ! ¡ME LO COMERÉ TODO!—

-Deténgase, por favor— pidió la pelirroja viéndose sin más opciones que atacar directamente el cuerpo de la mujer.

Satomi solo atino a cubrirse el rostro con sus manos y a llorar arrepentida.

Los ojos grises se entrecerraron y entre los forcejeos con los cabellos, que más que eso parecían lanzas sólidas y afiladas, salto sobre uno de ellos ocupándolos como plataforma y dando una pirueta sobre el cuerpo de la mujer joven cayó sobre sus rodillas, rozando el suelo.

Alzó el rostro con determinación y el ceño fruncido al concentrarse en la nuca baja de la mujer. De ella, de entre los cabellos negros una boca con dientes blancos y lengua torcida se asomaba sin pudor alguno.

-¿Dónde te miste miserable humana?—bramaba la boca extra de la mujer, quien controlaba el cuerpo por el momento.

Orihime de entre sus mangas saco un collar de cuentas negras y un pergamino, cerró los ojos y lo presiono fuertemente entre sus dedos. Lo acerco a su boca y alzó su dedo corazón y su indicen frente a ella, en señal de oración. Susurro palabras inconcebibles para el oído y al abrirlos lanzó el blanco papel impregnado de su energía espiritual. Este se apego directamente sobre la boca maligna y en reacción el cabello controlado por fuerzas malignas descendió a hebras sedosas y oscuras sobre los hombros femeninos.

-¿Qué has hechooo? Tonta, estúpida, maldita, infeliz, cerda, asesina…—la voz chillona se fue apagando de a poco y lentamente comenzó a desvanecerse junto con el papel que se desintegro.

La mujer a unos metros de Orihime callo rendida al piso, extasiada.

Inoue coloco una mano en su pecho y al suspirar pesadamente relajo su expresión. Era la primera vez que se enfrentaba a una Futakuchi-Onna (1), y aunque no fue extraordinariamente difícil, su corazón palpitaba tan rápido que sentía que se iba a morir.

Dejó su arco a un lado y tomando a la mujer por debajo de sus brazos la arrastro con esfuerzo hacia el futon lejano. La definió en una posición cómoda y la tapó con las mantas.

Tomó sus cosas y se retiró en cuanto comprobó que la mujer respiraba con normalidad.

Camino por un par de pasillos y en una sala encontró a su anfitrión caminando impaciente de un lado a otro, quien al sentirla llegar llego a correr a su lado.

-¿Cómo está?—pregunto angustiado.

-Está muy bien, no se preocupe. Ahora está descansando—hablo con amabilidad y sonrió al ver la expresión de alivio en el hombre—Todo rastro ha sido eliminado, pero he destrozado un poco la habitación en el trayecto. Así que disculpe las molestias—la chica estuvo a punto de reverenciar cuando el hombre tomo sus hombros con apuro.

-No tiene nada porque disculparse. Usted ha sido nuestra salvadora y le estaré eternamente agradecido por ayudar a mi esposa— sonrió cálidamente el de ojos castaños.

-Muchas gracias—susurro la pelirroja.

-Si ahora es tan capaz para estas cosas, no puedo imaginar en lo que se convertirá en un futuro Miko-Sama. Sus maestras deben estar muy orgullosas de usted. Deles las gracias de mi parte—

Orihime esta vez no pudo evitar la reverencia formal.

-Le agradezco sus palabras. Para una aprendiz dejar bien el nombre de sus maestras siempre será una prioridad—

-Estoy seguro que Retsu-Sama y Kukaku-Sama deben de confiar mucho en usted, señorita Inoue—

La de ojos grises solo se sonrojo ante tales palabras.

-La Señora Satomi despertara dentro de unas cuatro horas y será conveniente que tome mucha agua y coma apropiadamente—aconsejo caminando hacia la salida.

-Me encargare de su alimentación personalmente a partir de ahora. Muchas gracias por venir—hablo el hombre corriendo la puerta principal. Notó que comenzaba a nevar.-Le traeré una manta y un sombrero, por favor espéreme—hablo desapareciendo y regresando con los dos objetos de paja.-¿Quiere que alguno de mis sirvientes la acompañe?—pregunto el hombre meticuloso—Ya es muy tarde y aunque sé que puede cuidarse sola de todo peligro, insisto en prestarle compañía en su regreso—

-No hay necesidad de ello, el templo Shinto no queda lejos, además, estoy seguro de que los sirvientes están tan preocupados por la señora como usted. Muchas gracias por su hospitalidad, adiós—susurro la sacerdotisa emprendiendo su camino de regreso al templo.

Cuando salió de la enorme casa estilo japonés las calles frente a sus ojos estaban ligeramente blancas y seguían acumulando nieve. No corría viento alguno y los grumos blancos caían suavemente. Recién había comenzado el invierno así que no llegaría con los pies congelados.

Orihime alzo el rostro y contemplo el cielo oscuro y profundo que a lo lejano se mantenía intacto.

Acomodo el sombrero de paja sobre su cabeza, abrocho su manta sobre su cuello y tránsito hacia el templo Shinto.

Cuando llego a destino cruzo el torii como si nada y sin tocar abrió la puerta de madera encontrando a sus tres convivientes reunidas tomando el té frente a una mesa de madera baja.

-Hime-Chan—la llamo Matsumoto entusiasmada, poniéndose de pie y ayudando a la más joven a quitarse la protección de la nieve y dejarlas por ahí.—¡Qué rápida!—comento la chica que con los años había desarrajado un cuerpo espectacular.

-Así es no tardaste nada—susurro la impasible Retsu, sonriendo.—Y eso que solo fue tu segunda salida oficial—

-Bueno, eso se debe a que he tenido muchas salidas no oficiales para observarlas en acción—se excuso tomando asiendo con todas las demás.

Kukaku le ofreció una taza de té caliente que acepto gustosa.

-¿Y de qué se trataba?—pregunto Ran entusiasta, sentándose al lado de su amiga.

Orihime ensombreció el rostro y todas notaron el desanimo.

-Una mujer de dos bocas—susurro entristecida.

-Bueno, querida no tienes que desanimarte—susurro una de sus maestras de forma maternal—lograste salvarla ¿no?—

-Sí—contesto de inmediato—Lo logre justo a tiempo, al parecer ya comenzaba a apoderarse del cuerpo—

-Entonces no hay de qué preocuparse—insistió la rubia.

-¡Ja! Miren quien habla, tú deberías preocuparte. La pequeña es mejor que tú—hablo por primera vez Kukaku con burla.

La damnificada inflo sus mejillas hasta ponerse morada.

-Eso no es cierto—le defendió Orihime angustiada y con sentimiento de culpa—Si no fuera por el accidente jamás hubiera llegar a donde estoy en tan poco tiempo—

-Orihime—su nombre sonó casi como un aullido de dolor en los carnosos labios.

-Si no fuera porque recibí energía de Retsu-Sama y de Kukaku-Sama yo ni siquiera…—

-Orihime basta—hablo Retsu con su sonrisa de siempre y un rostro amigable, pero en el fondo sobre su cuerpo un aura oscura la rodeaba, algo muy amenazante que erizó los cabellos de las otras tres.

Ya que habían acostumbrado a su mal genio demandante.

-Está bien—dijo la chica cerrando los ojos y de inmediato el aura aterradora desapareció.

-No importa, sé que soy buena y tú solo lo dices para molestar ya que estoy a tu nivel y soy mucho más joven y hermosa que tú—dijo la de ojos celestes apoyándose perezosamente sobre la mesa.

Orihime le sonrió entusiasta y asintió repetidas veces muy de acuerdo con el comentario hasta la mitad, hasta que escucho el resto de la oración. Fue ahí en donde se detuvo y palideció de horror.

Una venita se creó en la frente de la Shiba.

-¡Dirígete a mí con más respeto, mocosa insolente!—grito enojada golpeando la taza de greda contra la mesa.

-Insolente tú—

-Niñita mimada—

-Vieja insufrible—

-Tarada—

-Tonta—

Y así las tazas de té se fueron vaciando poco a poco, ante una Unohana desinteresada y una Orihime acostumbrada.

-Creo que iré a quitarles la nieve afuera—hablo tomando los dos objetos que se trajo consigue de su misión.

-Está bien, pero no tardes mucho—Dijo Kukaku tomando su último sorbo del tibio líquido.

-Sí—agrego saliendo del templo.

Camino lentamente por las escaleras hasta los bloques de piedra, ya casi cubiertos por el blanco.

Dejo el sombrero sobre las escaleras y agito la capa de paja en el aire con fuerza, tratando de que todos los residuos, incluso los que están entre medio de las cuerdas, cayeran al piso.

Luego de comprobar que estaba listo, lo cambio por el sombrero amarillo y con la mano comenzó a sacudirlo delicadamente.

Entonces sintió algo.

-¿Quién..?—sus ojos fugazmente se abrieron y observaron lo poco que podía ver alrededor de ella. Estaba oscuro y al estar al inicio de un bosque no ayudaba entre el sonido de las hojas y la nieve.

Pero algo había, por ahí, por los alrededores.

Cerró los ojos con fuerza y volvió a abrirlos, esta vez concentrándose en las auras de los objetos.

Los arboles conservaban un resplandor verde muy tenue y los objetos inanimados como lo son el torii y las cercas de madera, eran de un blanco ligero de purificación.

Giro su rostro en varias direcciones, pero no vio nada. Pero estaba segura que estaba ahí.

-Sé que estas aquí—hablo claro y fuerte, para que él la escuchara, pero en vez de tener una respuesta noto como de los arboles lejanos pájaros indescifrables volaban escandalizados.

Contuvo un suspiro debido al susto por el ruido, y cuando se giro hacia la escalera, a su derecha noto a un gato.

Un gato adulto con ojos azules, de un pelaje matizado entre el gris y el celeste la observaba como si fuera un pescado.

Lo había visto antes, lo vio en su misión al rio cuando tuvo que alejar a un Azukiarai(2) porque espantaba los peses por las friegas y, hoy también en los jardines de la familia Utai, y como ahora, también la observaba como si fuera comida, como si fuera una presa.

-¿Gato?—pregunto para sí misma en realidad, dejo el sombrero de paja sobre la capa en la escalera y con cuidado comenzó a acercarse al felino que la observaba erguido sobre sus cuatro patas, al tiempo que mecía la cola en un vaivén.

Cuchito, cuchito.

Orihime hacia un sólido popular al tratar de llamar al gato, chasqueando los dedos y este entrecerró los ojos. Comenzó a avanzar enterrando sus pequeñas patas en la nieve sin despegar sus ojos de la humana.

Inoue retrocedió y frunció el ceño al recordar algo muy importante: Los gatos odian el frío.

Comenzó a seguirle el juego al gato rodeándolo, mientras buscar en su base de datos si algún espíritu o monstruo tenía relaciones con los gatos. Negó ligeramente cuando lo único que se le vino como referencia fueron los nekomata(3) y los bakeneko (3*), pero este gato no mostraba síntomas de ser uno de ellos.

Rrrrr…

El ronroneo del felino taladraba sus oídos como si gritara algo que no puede ser decodificado por un humano.

Orihime subió uno de sus pies lentamente al primer escalón y cuando lo apoyo por completo el gato se detuvo y ella contuvo la respiración.

Al parecer el animal se había molestado.

No tenía la menor idea de a qué tipo de espíritu se enfrentaba.

Se quedo inmóvil y el gato también, si no hubiera sido por la cellisca que seguía cayendo y por como los arboles enormes se mecían en la punta hubiera jurado que se había detenido el tiempo y el espacio.

Orihime volvió a respirar profundamente y se preparo para lo que seguía.

Subió su otro pie al escalón rápidamente con la intención de entrar al templo, pero el gato se contrajo contra el piso y saltó al ataque muy veloz. La pelirroja salto hacia un lado tomando el gorro de paja antes de alejarse de su enemigo.

Cuando sus waraji(4) y sus calcetines se hundieron en la nevisca al aterrizar sintió como agua congelada le empapaba los huesos. Eso fue una distracción y el animal aprovecho para arremeter de nuevo contra la sacerdotisa, quien al verse sin tiempo, coloco el gorro sobre su rostro y cuando sintió peso sobre él lo lanzo lo más lejos que pudo.

La pequeña bola de pelos de indeciso color brinco hacia atrás antes de que la chica lo echara a volar con el gorro de paja y en cuanto toco el agua sólida volvió a saltar al rostro de su presa, la cual debido a la rapidez no alcanzo ni siquiera a cubrirse.

Inoue lo vio venir, volar si es posible hacia ella y hubiera jurado que una sonrisa sádica y triunfante se distinguía en la curvatura de su hocico blanco.

Pero no logro lo que quiso ya que un latigazo poderoso lo hizo cambiar de dirección y estamparse de cara contra la fría nieve.

Orihime cayó de rodillas sintiendo como sus pies se congelaban.

-¿Qué rallos te pasa?—

A los oídos de la chica llego la voz de un hombre de poco carácter y un tono grotesco y ronco. Observo a todos los lados posibles dentro de su visión y lo único que vio fue al gato junto a ella. El pequeño se levanto y sacudió su pelaje y su cola, casi como los perros.

-¿Donde estas maldito hematófago (5)?—pregunto el gato de repente acercando su pecho al piso y levantando su cola lo más alto posible—Voy a matarte—le grito creyéndose una fuera.

Orihime abrió los ojos sorprendida, no porque el animal hablara ya que estaba segura de que no era un gato corriendo, lo que le impresionaba es que había cambiado de dirección inesperadamente en su ataque.

Ella no había visto nada aparte de al peludo felino.

-¿Qué intentas hacer?—pregunto una voz profunda entre la oscuridad, como si fuera omnipotente.

-¿Cómo que qué intento hacer?—repitió estúpidamente el gato observando a su alrededor, incluido el cielo.—Trato de comer algo—se quejo alzando las patas delanteras y dejándolas caer incontables veces en señal de frustración.

-Busca en otra parte—hablo de nuevo el segundo individuo.

Orihime observaba intrigada la escena y también, por alguna razón buscaba entre la oscuridad algo que no sabía que era. Simplemente imitaba al gato por curiosidad.

-En otra parte a la mierda—grito encolerizado, erizándose por completo y quitándose con las patas los copos que caían sobre su rosada y sensible nariz—¿Sabes todo lo que he esperado por ella?—

-Pudiste haberla atacado antes—

-sí, pero cuando tienen sueño es más fácil—entrecerró los ojos fastidiado.

-Eres un vago—susurro desinteresadamente.

-No quiero pelear ¡Tengo hambre!—

Orihime entre tanto ellos discutían trataba como podía acercarse a la escalera con los pies y la garganta congelados.

-¿¡A dónde crees que vas!—pregunto el gato corriendo hacia ella a toda velocidad.

-Déjala—hablo a la defensiva el que no se ha mostrado. Tomando con su cola negra una de las patas de su compañero y azotándolo contra el piso.

Orihime observo la escena a la distancia y no pudo evitar…

-¿Murciélago?—pregunto temerosa con una comezón latente en la nariz y los ojos cristalinos.

El gato se libero al morder la extremidad de su oponente y se puso de pie sobre sus patas.

-¿Te conoce?—pregunto el de cabello celeste al cielo.

Orihime sentía las lágrimas caer y como su cuerpo se congelaba por el frío, partiendo sus labios y dejando su piel más pálida.

La cola ligeramente se deslizo por las escaleras del templo y se enredo sin siquiera rozar en el cuello blanco y delgado. Entonces apretó el agarre sobre ella impidiéndole tragar oxigeno. Ella lucho, trato de arrancarlo de su piel con sus manos, elevo su poder espiritual, trato de rezar algo sagrado…, pero nada sirvió.

El gato observo la escena a la distancia, con cautela.

Sus ojos se llenaron de angustia y se cerraron con resignación. Tenía dieciséis años, dieciséis años y sentía que todo ese tiempo, todo lo que había entrenado para estar preparada para él, para este tipo de situación, para enfrentar a ese monstruo… no habían servido para nada.

Le apre tan fuerte en un segundo que ella se desmayo.

-¿Orihime qué ha…?—Kukaku abrió la puerta de golpe al sentir la energía espiritual de su alumna desbordarse sin razón.

La vio inconsciente, boca arriba sobre la nieve con marcas rojas en su cuello.

Habían pasado seis años desde que vio una escena similar.

-¡RETSU!—grito asustada, asistiendo de inmediato a la menor.

Acerco su oído a la pequeña nariz pálida y noto que respiraba. Suspiro aliviada. Se quito la manta roja que llevaba y la coloco sobre su cuerpo. Al par de segundos junto con Rangitsu quien fue la primera en llegar la llevaron adentro del templo.

Retsu las vio ingresar con el pequeño cuerpo de su alumna y cambiando su expresión a una de furia salió fuera del templo.

Observo el cielo y la nieve, no había nada anormal, ni pisadas, ni esencias, ni olores, ni auras. Estaba limpio.

Cerró los ojos fuertemente y despacio recogió las cosas de paja sobre uno de los escalones.

-Sé que sigues aquí—hablo fuerte, para nadie a la vista—Y te contare algo—susurro divertida al presionar las cosas contra su pecho—Debiste haberla matado cuando tenias oportunidad, ella va a destruirte, estate preparado—susurro para luego entrar en el recinto.

Murciélago, quien colgaba bajo el tejado, boca abajo, abrió sus alas en todo su esplendor.

-¿Has venido antes aquí?—pregunto curioso el gato sobre el techo mientras con su pata trasera se rascaba la nuca.

-Nunca—dijo indiferente comenzando a volar de regreso a casa, seguido por el gato gris.

El animal volador cruzaba entre los árboles, veloz, perdiéndose entre la naturaliza y la oscuridad y pensando, conscientemente, que las palabras de esa mujer serian ciertas en algún minuto a futuro.


Pensé que siempre podría sonreírte y sonreirles a los demás, para ocultar el dolor que me provoca esa forma particular tuya de ser.

Igual que la primera vez que nos vimos quise seguir escuchando esa demandante voz y mientras sea así: ignorare lo que el futuro me traía en consecuencias.


Aclaraciones:

1.- Futakuchi-Onna: Literalmente "Mujer de dos bocas" Es una mujer afectada por una maldición que al pasar el tiempo se transforma en un Youkai. Esta mujer puede estar maldecida por dos razones; Una por no haber alimentado a sus hijastros dejándolos morir, entonces el espíritu de ese niño muerto se posiciona en la parte trasera de la cabeza, y la segunda es porque la mujer dejo de comer para mantenerse bella y delgada. Se dice que la boca suelta insultos y blasfemias, además de que cuando llega a cierto grado los cabellos de la víctima se convierten en sus tentáculos para así alimentarse por sí misma. Se cree que cuando no come o no satisfacen su apetito del todo produce sonidos aturdidores.

2.- Azukiarai: "El que lava azuki/Judía" Es una criatura de la mitología japonesa. Es bastante indefensa y tímida y aunque en su "frese típica" amenaza a los hombres, realmente refiere asustarlos en vez de comérselos. Se dice que cuando es descubierta su figura humanoide, esta se transforma en un anciano, en una vieja pequeña o en un bebe. Se supone que habita los ríos, las orillas mientras friega las judías.

3-3*.- Nekomata & Bakeneko: "Gato bifurcado" & "Gato monstruo", En realidad a mi juicio es lo mismo. Pero son variaciones de la misma historia y en épocas diferentes y con diferentes orígenes, pero sus síntomas son los mismos. Se supone que cuando un gato alcanza un peso y una edad considerable de vida y tiene la cola larga, en algún momento se le dividirá la cola en dos. Pueden desarrollar moderes mágicos, caminan erguidos (dos patas traseras), controlan a los muertos, cambian de forma, hablar, volar, resucitar inanimados. Su origen es variado desde su peso y edad hasta por beber sangre humana o tomar aceite de las lámparas.

4.- Waraji: Zapatos tradicionales japoneses, están hechos de cuerdas de paja y contienen una unión en el medio de la parte superior. Solo tienen una separación de dedos.

5.- Hematófago: Se le denomina así a la preferencia o dieta completamente sanguínea. Es la forma de llamar a la alimentación de los seres vampíricos o sanguijuelas. (Ej: Murciélagos, sancudos) Alimentarse de seres que nutren sangre.


Uno nunca hace esto por comentarios ni nada, pero debo decir que los que se han dado el tiempo y me han dejado su opinión me alientan mucho a seguir la historia, muchísimas gracias ^^-


Gracias por leer

Orihime No Miko